"La noche ya había caído, era el momento de tomar mi venganza. Me he preparado para esto, para este día. Él por fin caerá, le arrebataré lo que más quiere, el poder. y lo haré con la misma arma con la que él me quitó lo que más amaba.

La ciudad ahora era de los señores de la noche, y de las chicas de compañía. Parejas que entraban en tabernas, burdeles y casas. Las mujeres se vendían por unas monedas, eran las reinas de la calle, y las reinas de la noche.

Las personas parecían más pequeñas desde mi altura. El cielo era lo que me envolvía, y siempre a mi lado mi fiel amiga el águila. La miré, ella me miró y alzó el vuelo mostrándome el camino a mi meta.

Corriendo por los tejados, saltando de casa en casa, evitando ser visto por los hombres que patrullaban las calles y los balcones de las casas nobles.

Allí estaba, mi objetivo cada vez más cerca. El gran edificio del gobernador custodiado por más hombres de los que pueda imaginar.

-Vamos -le dije a unas cortesanas que andaban por la calle.

Ellas se acercaron a los guardias que custodiaban la entrada principal los cortejaron con su magia y ganaron, se fueron con ellas y me dejaron el paso libre.

-No ganan tanto como para oponerse a ellas -dije sonriendo.

Agachado en el último tejado. Oculto por la capucha, la cual no dejaba que entrase la luz de la luna llena que ese día se alzaba ante mi victoria. Cuando tuve el camino libre caí al suelo, me oculté en las sombras y pasé por la puerta, ahora sin vigilancia.

Segundo paso el patio exterior. Los hombres del gobernador patrullaban con sus espadas envainadas, pero preparados para desenvainarlas cuando la ocasión lo requiera.

Desde mi posición difícil saber dónde estaban esos guardias, pero gracias al águila pude ver que dos se acercaban por la derecha, a punto de girar en la esquina del edificio. Me oculté en la sombra, pero no era suficiente, podrían descubrirme, así que decidí escalar. Un pie, después otro hasta una altura de 2 metros, lo justo para estar sobre sus cabezas. Me agarré a los barrotes de la ventana más cercana y cuando aquellos guardias pararon debajo de mí, sin sentir piedad me lancé sobre ellos matándolos en el acto. Otros dos guardias se acercaban poco a poco, podrían ver a los guardias caídos, pero los oculté tras un seto y seguí escalando hasta el tejado.

Agarrándome a la cornisa, distinguí otras 4 figuras que patrullaban la azotea. Esperé a que uno de ellos estuviera a mi altura, lo cogí y lo lancé al suelo. Sin esperar a escuchar el "¡Pum!" me moví por la cornisa hasta la torreta más cercana, allí había otro guardia. Me acerqué sigilosamente por detrás y con mi inseparable arma lo maté impidiendo que acabara con aquel silencio.

Ya no hacía falta ninguna baja más en aquel lugar, solo me ocultaba de la vista de los guardias que se acercaban.

Tercer paso, adentrarme en el edificio desde el patio interior, o más bien desde la azotea que daba al patio interior.

Allí estaba mi objetivo, mi venganza, caminando de un lado a otro en su despacho de la tercera planta comenzando desde abajo, sin ser consciente de que la hora de su muerte había llegado por fin. Me descolgué en el momento justo en el que el guardia entraba a una habitación. Pero en aquel pasillo, el 6º no sería tan fácil ocultarse, pues todas las antorchas estaban encendidas, y el suelo crujía al caminar. Ocultándome en el techo, vi pasar al guardia, pero él no me vio y pude llegar a las escaleras que bajaban al siguiente nivel. El gobernador cada vez más cerca de mí, yo cada vez más sediento de ver como moriría. Conseguí bajar el al piso sin bajas. Pero en el 3º piso, todo era distinto, los guardias se habían multiplicado, pues se había dado la voz de alarma.

- ¡Alto ahí! -gritó uno de ellos, y empezó a dispararme, pero bajé del techo y los conseguí esquivar. Ahora había que defenderse cuerpo a cuerpo.

Pasaban uno tras otros, cayendo muertos a mi paso, todos ellos por ponerse en mi camino. Y allí estaba en las puertas que ocultaban mi venganza. Entré, pero no había nadie. Pero solo tenía que mirar dos veces. Él estaba detrás del escritorio, acobardado temblando.

- ¿Por qué tiemblas? -dije cuando lo encontré -Te dije que vendría a por ti. Solo tenías que esperar.

Llegué al escritorio y lo separé de una patada dejando a mi victima al aire.

-Si lo vas a hacer hazlo cuanto antes -dijo levantándose.

-Bien, me alegro que lo entiendas, pero eso no evitará que sufras.

-Lo sé -dijo serio. Cogí la daga que guardaba en el cinturón.

- ¡Esto por mi esposa! -le apuñalé en el pecho. Noté que el pulso se le ralentizó y la sangre comenzaba a salírsele por la comisura de los labios-. Y ¡Esto por mi hija! -le apuñalé aún más fuerte.

Escuché que los guardias que quedaban se acercaban a toda prisa por los pisos inferiores. Dejé a mi víctima allí tirada en el suelo, le saqué el puñal y me marché de allí, dejándole aún vivo, pero jadeando.

Escalé al edificio más alto, miré la ciudad. Mi venganza estaba completa, todo por lo que había luchado durante esos años. Ya podía vivir en paz."

Me desperté llena de babas de la perra que me estaba despertando a lametazos. Aún era pronto, pero había dormido muy bien y estaba descansada. Así que me puse la ropa de deporte como ya era rutina para nosotras salimos a correr por la ciudad. Ese día nevaba, pero era agradable sentir los pequeños copos de nieve en el rostro. Pero hoy a la perra no le apetecía correr si no que quería jugar en la nieve, así que la dejé jugar en la nieve durante una hora, y después nos fuimos a casa.

Nos preparamos como de costumbre y las dos nos fuimos a la comisaría. Loba se quedó en su camita y se quedó dormida. Llegué pronto así que me quedé trabajando. La última vez que estuve en casa de la víctima. Vi que había un banco enfrente de la calle. Así que les pedí las cintas de la grabación y se las di a Miriam para que las revisara.

A las dos horas aparecieron los resultados y la daga. Tras hacerle todas las pruebas la habían limpiado. El hombre de la tienda tenía razón, esa daga estaba grabada, tenía un nombre en ella.

- "Haytham Kenway" -leí en voz alta-. ¿Tú le conoces? -dije mirando a la perra, la cual me miraba sin comprender-. Bien, miremos a ver quién es.

Empecé a teclear aquel nombre, pero apenas encontré nada.

Mientras tecleaba recordé el sueño de aquella noche y me di cuenta de que en el sueño había muchas similitudes con lo que me pasó el día anterior. Aquel destello dorado que nos ayudó a encontrar la Daga, pero después en el sueño el destello se volvió rojo, muy rojo. No sabía con quién hablar de eso, así que decidí hablar con Mara. A ella le encantaban estas cosas tan friquis. A lo mejor era simplemente que esos casos se me estaban subiendo a la cabeza y veía cosas que no eran.

Cogí a Loba y nos fuimos las dos al depósito. Mara ya había empezado a trabajar.

-Hola Mara -dije al entrar. Dejé a la perra esperando fuera para no contaminar el cuerpo que tenía en la mesa.

- ¿Qué haces aquí? No te he llamado.

- ¿No puedo venir a ver a mi amiga? -pregunté sonriendo.

Se me quedó mirando pensativa, entonces me fijé en la mujer que yacía en la mesa.

- ¿Qué ha ocurrido? -pregunté intentando pensar en cómo decírselo.

-Aún no lo sé la acaban de traer, parece que alguien la ha apuñalado, ¿Qué te pasa? -se apoyó en la mesa esperando que la contestara-. No sueles venir a verse si no te llamo.

-Vale -respiré-. Ayer después de seguir una pista sobre cómo era el arma homicida volvimos a casa de la primera víctima, revolvimos todo el apartamento y no encontramos nada. Pero cuando nos íbamos a ir, vi algo.

Mara me miró levantando la ceja.

-Fue un segundo, pensé que lo había imaginado, pero después lo volví a ver, era como un destello amarillo, o dorado, no lo es -hablaba mientras caminaba de un lado a otro de la sala-, cuando miré, dentro de la pared, estaba el arma homicida, la misma que nos habían descrito, tanto el coleccionista como el anticuario. ¿Qué crees que me pasa?

-Bueno, en primer lugar, no creo que hayas visto nada, simplemente estás demasiado metida en ese caso que ya crees ver cosas. Llevas muchos años trabajando será que has visto tantas cosas que ya estas acostumbrada -dijo no muy convencida.

-Bien, puede ser, pero…

- ¿Pero? -preguntó curiosa.

-Esta noche …-Le conté todo lo que había soñado, sobre aquel destello rojo, y la misma daga y todo-. ¿Qué crees?

-No lo sé, te digo lo de antes, este caso te está afectando demasiado.

-Es posible, pero… -en ese momento lo vi, lo volví a ver-. Creo que esta victima tiene algo en el cuello -extrañada miró el cuello, pero no encontró nada-. -Gírala, creo que está en la nuca Mara lo hizo, pero tampoco había nada. Pero el destello dorado no se había ido, ahora permanecía en mi vista. Me agaché para mirar más y encontré una fibra del mismo color del pelo de la víctima, cogí unas pinzas y le entregué aquello a Mara-. ¿Ahora me crees?

Ella cogió las pinzas y se quedó callada mientras me marchaba. Cogí a Loba y caminando volví a la comisaria. Al llegar Josh ya estaba allí sentado en su silla trabajando en el ordenador.

-Buenos días -dije al llegar.

-Buenos días ¿Dónde estabas? -preguntó mirándome.

-He ido a dar una vuelta y he ido al depósito, tenía que hablar con Mara.

- ¿Algo del caso?

-Si, la he contado que encontramos el cuchillo y que encaja con las lesiones de la víctima. ¿Has visto el informe de los resultados de la daga?

- Si, parece que es nuestra arma homicida. La sangre coincidía con la primera víctima. Pero no se han encontrado nada más, no hay huellas ajenas, solo las de Amanda Smith.

-Pero han encontrado una muestra incrustada en el mango de la daga. Pero parece que está hecho de lana de gran… calidad… -dije sin entender- Todo esto encaja con el tipo de arma -me senté en la mesa y empecé a teclear a toda máquina.

- ¿Corazonada? -preguntó acercándose a mi ordenador.

-Es posible. Mira -le señalé la pantalla.

- ¿Enserio? -preguntó mirando a la pantalla con curiosidad - estarás bromeando.

-No lo creo, todo encaja, puede que sea una locura, pero según varios libros, y páginas web muchos de ellos huyeron antes de ser quemados en la hoguera -Josh me miraba intentando entender que pasaba-. Si unimos todas las pistas, es posible que los descendientes de ellos estén matando por venganza. O simplemente que quieran hacerse de nuevo con las armas de sus antepasados.

-Bueno, es factible -dijo entendiendo algo más-. Pero no podemos estar seguros hasta que nos lleguen los resultados de la ballesta de mano. Puede que sea solo conciencia.

-Bien, pues meteré prisa al laboratorio -llamé de inmediato.

-Cath -llamaron desde la sala de audio. Los dos fuimos a ella-. He pasado una y otra vez las grabaciones del banco que me enviaste.

- ¿Y tienes algo? -pregunté. Ella asintió rápidamente.

-He encontrado dos cosas o mas bien, a dos personas. Este fue grabado cuatro días antes de que muriera-. Miriam pasó las imágenes a doble velocidad hasta que en la cámara mostró las 21.36.

En el video se vio como alguien llamaba a la puerta del portal de la chica. No parecía nada extraño, pues era un edificio de 3 plantas con 7 pisos en cada una. Podía ir a ver a cualquiera. Entró en el portal. Segundos después se encendió una luz en el piso de Amanda, y por la ventana aparecieron Amanda y ese hombre. Miriam paró el video.

- ¿Quién es? -pregunté señalando la pantalla.

-No lo sé, pero se queda en casa durante varias horas, y parece que discuten bastante -volvió a pasar el video a mayor velocidad hasta que pasaron 4 horas. En ese momento aquel hombre salió del portal y la cámara le captó por completo. Paró el video de nuevo.

-Genial Miriam, pásalo por reconocimiento facial, es posible que nos de una pista de quien es.

-Puede que sea Adam James -dijo Josh, sabíamos que era el psicólogo de la víctima. Necesitaría una consulta de última hora.

-Pero 4 horas es mucho tiempo, debía ser un asunto serio.

-Pero eso no es todo -dijo Miriam parándonos la conversación-, encontré otra cosa el día que la victima murió -Miriam puso otra cinta que llevaba el nombre de 23 de diciembre. La chica pasó la cinta a gran velocidad hasta las 7 de la tarde-. Este hombre aparece durante horas, sentado en el mismo sitio.

-No se le ve la cara -dije.

-Ya, y así durante toda la cinta, he intentado cambiar la luz y contrastar los pixeles, pero nada ha dado resultado, está muy bien cubierto.

-Sabía que allí había una cámara -dijo Josh.

La cinta siguió pasando hasta que se vio como entraba la victima a su casa.

-Y aquí viene lo extraño -dijo Miriam.

El encapuchado comenzó a escalar por el edificio y entró por la ventana que daba al callejón.

- ¿Esto esta bien? -preguntó el chico-. ¿No está modificada?

-No, lo he comprobado más de una vez.

Los tres miramos la cámara, pasó otras dos horas hasta que se vio salir al sujeto, el cual llevaba un bulto a su espalda.

-Nadie lo vio, la oscuridad del callejón le ocultó -dije.

-Los siento, intentaré aclarar la imagen de nuevo, a ver si consigo algo nuevo -dijo Mirian poniéndose manos a la obra.

-Tranquila. Nos sacas una foto de la cara del sospechoso que discutió con la víctima, a ver si el portero puede identificarle.

-Es buena idea.

Agradecimos a Miriam su trabajo. Llamé al portero del edificio de Amanda para que se pasara por la comisaría a contestar a unas preguntas, también hable con el portero del piso de Adam James, para ver si podrían identificarlo.

Tras media hora de espera los dos porteros entraron en comisaría. Yo me encargué del portero del edificio del sospechoso, y Josh del portero de la víctima.

-Buenos días -dije al entrar a la sala de interrogatorios.

-Buenos días, ¿Han encontrado al asesino? -preguntó antes de que me sentara frente a él.

-Estamos cerca -dije con seriedad-. Señor Daniels, hemos encontrado una grabación del 18 de diciembre, se tomó frente a la casa de la víctima. Quería saber si usted puede identificar a este sujeto -Le entregué la foto tomada. El la miró con dificultad, ajustándose las gafas en más de una ocasión-, se que puede ser complicado, pero…

-Es Adams James, es el dueño del piso.

- ¿Está seguro? -pregunté

- Si, completamente, pagaba regularmente y en efectivo, todos los meses.

- ¿Cuántas veces iba la víctima al piso?

- No sé, unas dos veces por semana.

- ¿Alguna vez iba el Señor James a casa de sus pacientes? -pregunté mientras escribía.

-Eso no lo sé. Deberían de hablar con su secretaría -dijo él tranquilo.

- ¿Secretaría? ¿Sabe su nombre? -cogí el boli de nuevo.

-Ana Peter.

- ¿Sabe algo de ella?

- No mucho, solo que es la secretaría del señor James, está en silla de ruedas, pero no sé por qué, nunca se lo pregunté. Es muy feliz, siempre estaba sonriendo. Tenga -sacó el móvil del bolsillo de su chaqueta- nos intercambiamos los teléfonos cuando mi mujer se quedó paralítica, ella la ayudó mucho, la ayudó a sonreír -dijo sonriendo de oreja a oreja -cogí el teléfono y lo apunté en las hojas.

-Bien, creo que eso es todo por ahora señor Daniels, nos ha ayudado mucho.

Le estreché la mano y le acompañé a la puerta. Al volver, Josh salió de la otra sala de interrogatorios con el portero de la víctima. Se estrecharon la mano, sonrientes y se marchó. Josh se acercó a la mesa de trabajo.

-Bien, si -empecé yo - el portero le ha identificado como Adams James.

-Si, y parece que aquel día no era la primera vez que iba a su casa a altas horas de la noche.

Le conté lo que me había dicho el portero y los dos estuvimos de acuerdo en llamar a la secretaria, ella podría tener todos los datos de Amanda Smith además de algo más personal y puede que sepa donde está Adam James.

-Inspectora, los resultados de la ballesta -dijo un agente trayendo de nuevo otra carpeta.

Lo dejé sobre la mesa y empecé a mirar las páginas.

-Vaya, parece que empiezas a tener razón -dijo mirando las fotografías que le habían sacado.

No había ninguna huella que nos pudiera ayudar, al igual que en el primer caso. La sangre pertenecía a la victima numero dos.

- Según los investigadores la madera con la que está hecha la ballesta es muy antigua. -dije mirando las páginas ala vez que las fotos de la ballesta. Una de ellas estaba amplificada mostrando la fecha 1460 Y han encontrado una fecha marcada, a fuego.

-Esto ya empieza a ser demasiado raro. Dos armas antiguas, en la actualidad, las dos usadas para asesinar a dos personas que no tienen nada en común.

-Espera, primero hagamos una cosa -empezó Josh cuando vio que empezaba a ponerme nerviosa otra vez-. Nadie nos dice que la ballesta sea antigua, puede que la hayan hecho parecer de esa manera, deberíamos traer a un tasador para que nos saque de dudas. Después ya haremos las conjeturas.

-Bien -dije algo más tranquila y con una tila en la mano.

Después de comer un sándwich y mirar una y otra vez el informe, un tasador vino a la comisaria. Le llevamos a la sala de reuniones, con la ballesta. El tasador y coleccionista se colocó los guantes de látex y empezó a examinar el arma con detenimiento. También escribía sus notas mientras pasaba fotos. Estuvo una media hora mirando el arma por todos los ángulos visibles. Al igual que las flechas, las que también examinó con detenimiento, el metal, la madera que une el metal.

-Bien -dijo dejando la ballesta y quitándose los guantes.

- ¿Qué ha encontrado? -pregunté.

El tasador nos miró con mucho interés en el arma.

-Bien, según mi experiencia en armas antiguas, he de decir que estamos ante un invento del mismísimo Leonardo Da Vinci.

- ¿Perdone? -preguntó Josh antes que yo.

-Sé que suena extraño, pero es verdad. Durante años he estado investigando la historia de Leonardo Da Vinci. Sabemos que además de pintor era un gran inventor, hizo muchos bocetos, y algunos de ellos los consiguió llevar a cabo, no muy bien claro está. Pero nunca se rindió.

-Pero eso que tiene que ver con esto.

-Miren -nos entregó una foto de un boceto muy antiguo, pero por las marcas, era enorme, de unos 25 m.

- ¿Que tiene eso que ver? No se parece en nada.

-Este es el boceto original que Leonardo Da Vinci. Pero miren -él nos entregó otro boceto. Mucho más pequeño-. Este -su voz se hizo más seria- este boceto. Se sabe que es de él por que esta hecho con el mismo papel y la misma tinta que todos ellos y miren…

-Es la misma -dije mirando el arma que teníamos en la mesa y el boceto que nos mostraba.

- ¿Eso está autentificado? -preguntó Josh tan confuso como yo.

-Si inspector, yo mismo tuve la suerte de tenerlo en mis manos y lo investigamos con todos los métodos que conocemos para autentificarlos.

- ¿Y usted puede asegurar que esta arma está hecha por Leonardo Da Vinci?

- Si, sin duda -dijo muy convencido de si mismo-. He de contarles algo.

Nos sentamos enfrente. Tras llevarle un café.

-Les confieso que lo que les voy a contar muy poca gente lo sabe. A finales del siglo XV Leonardo Da Vinci fue -paró un momento antes de seguir-, secuestrado por Cesar Borgia, la ballesta gigante fue uno de los inventos que le obligaron a construir. Cesar Borgia pertenecía a la Orden de los templarios.

- Eso no está documentado -dije-, me he documentado desde que apareció la cruz en el cuerpo de las victimas por primera vez.

-No todo lo que vea en la red es cierto. Los templarios no han desaparecido, hay una historia mucho más siniestra de lo que se sabe. Se les hizo parecer buenos a ojos de la gente. Pero los historiadores conocen otra historia.

-Cuéntenosla.

-Lo siento, pero mi campo son los inventos, sobre todo los de Leonardo Da Vinci, no sé mucho más. -bebió un poco de café y respiró hondo-. Esta arma fue diseñada por él, pero apenas se sabe nada de ella, ni en donde ha estado todo este tiempo.

-Pero esta arma no tiene la cruz roja como la tiene la daga -le enseñamos una foto, la cual, al verla, sintió una gran curiosidad, pero lo mostró mínimamente, Josh no se había dado cuenta, pero yo sí.

-Esta daga se hizo para un templario, este en concreto -señaló el nombre.

- ¿Cuál es la diferencia? -preguntó.

-Que la ballesta, no fue hecha para ellos, si no para otra persona.

- ¿Puedes saber para quién?

-No. Lo siento. Ojalá pudiera serles de más ayuda.

Sin que nos diera muchas pistas se marchó con su maletín.

-No tenemos mucho, pero todo nos lleva a los templarios. Alguien se esta haciendo pasar por ellos.

-Intentan traerlos a la vida o algo así.

-Pues quiera quien sea, no lo está haciendo de la mejor manera posible -dije sonriendo. A lo que él me correspondió con lo mismo-. Bueno, nos vamos a casa, que ya se ha hecho tarde -me despedí de Josh cogí la correa de la perra y salimos las dos de la comisaria.

Esa noche si nos marchamos a correr, había que aprovechar que apenas había gente en la calle y ella disfrutaría mucho más corriendo. Pero de nuevo ella no quiso, y se puso a jugar con la nieve. La dejé jugar durante un rato largo y después nos marchamos a casa. Ella se quedó en su cama jugando con sus juguetes. Cuando salí de la ducha escuché ladrar a la perra, pero no me asusté, puesto que antes de eso había sonado el timbre de la puerta. Abrí.

- ¿Qué haces aquí? -dije abriendo una rendija, lo justo que me daba la cadena.

-Bueno… -Escondía algo en la espalda- me preguntaba -lo sacó-, si ¿Querrías cenar conmigo? -dijo por fin mostrando un pequeño ramo de lirios.

-Pero… -cerré la puerta quité la cadena y la volví a abrir - pasa -cerré la puerta tras él-.

-Toma espero que te gusten.

-Son preciosas, las pondré en agua.

La perra corrió a él y se puso juguetona. Le caía bien y se notaba.

- ¿Qué me dices? ¿Cenas conmigo? -volvió a preguntar. El chico estaba muy bien arreglado, iba trajeado, pero no era el mismo traje, parecía más cuidado-. Venga -insistió al ver que no decía nada y no sabía que hacer-, llevamos dos meses con estos casos, nos merecemos un poco de distracción.

- ¿Y no tiene nada que ver con que hoy sea San Valentín? -dije yo. El miró el reloj.

-Vaya, no me había dado cuenta -dijo, pero sin convencerme.

Loba ladró alegre y juguetona, dando uno de sus juguetes a Josh para que se lo lanzara.

-Hasta ella sabe que lo necesitas -volvió a ladrar.

-Bien, me habéis convencido -acaricié la Loba y me fui a cambiar de ropa.

Intenté no tardar mucho, pero llevaba demasiado tiempo sin tener una cita y me costó varios cambios de ropa convencerme, quería estar a la altura de su ropa. Cuando estuve preparada salí ya preparada.

-Bien, ya estoy.

- ¡Waw! -dijo mientras se levantaba-. El uniforme de inspectora no te hace justicia -ahora si me creía lo que decía.

-Gracias -dije notando que los mofletes se me pusieron colorados de inmediato.

Dejé a Loba su comida y su agua, una luz encendida y después nos marchamos. Subimos a su coche. Hablamos un poco. Nada de trabajo, me dijo unas dos veces. Accedí a eso. Me llevó hasta un restaurante bastante romántico. Al entrar había corazones como decoración. La luz estaba más baja de lo normal, dejando mucha intimidad a la multitud de parejas que estaban cenando en ese momento.

-Tengo una reserva a nombre de Josh Michael.

-Por aquí señor, su mesa está lista.

La maître nos condujo hasta una mesa cerca de la ventana. Llegamos en el momento justo, pues empezó a llover de inmediato. Josh pidió una botella de vino. El ambiente era el idóneo para las parejas enamoradas. Se veía mucha alegría, muchas manos sobre la mesa, muchas sonrisas. La cena legó en seguida. Pero antes de empezar a cenar, varías personas comenzaron a aplaudir, pues dos mesas más lejos de nosotros un hombre acababa de proponer matrimonio y la mujer le dijo que sí, y se dieron un gran beso. Me alegré y miré a mi acompañante.

- No me habrás traído para proponerme matrimonio, ¿verdad?

-No -dijo sonriendo pinchando su carne.

Nos reímos durante el plato principal. Me contó cosas de su familia y de sus amigos, anécdotas de su vida. Estaban muy unidos. No tenía hijos ni pareja, pero si tenía unas sobrinas preciosas a las que parecía querer mucho.

- ¿Y tú? -me preguntó

- ¿Yo qué? -contenté.

-Cuéntame algo de ti.

-De mí, no hay mucho que contar la verdad -dije dando el último bocado.

-Venga, algo tiene que haber.

-Está bien -me convenció-. Pues la verdad es que no hay mucho que contar, pero. Mi madre es la que me crio. Nunca conocí a mi padre. Ella dijo que murió en un accidente cuando yo era muy pequeña.

-Vaya, lo siento.

-No pasa nada, fue hace tiempo, además no tengo ningún recuerdo de él -sonreí-. No tengo ningún hermano, pero mis primos fueron como mis hermanos.

- ¿Y dónde están? ¿no pasasteis las vacaciones juntos?

-Bueno, ellos viven a 600 km de aquí -al decir eso se sorprendió mucho.

- ¿Qué ocurrió? - no quería hablar de eso, y mi cara lo demostró.

-Vale, no hace falta que lo cuentes si no quieres -medio sonreí.

La camarera nos quitó los platos y nos entregó la carta de los postres. Pero no me dejó pedir. Me quitó la carta y me dijo que me fiara de él. Lo dejé. Me disculpé y me levanté para ir al baño. Me miré al espejo y recuerdos de hacía 3 años me venían a la mente. Pero me lavé las manos y se me pasó.

Salí del baño dispuesta a volver a la mesa. En ese momento al otro lado de la acera, iluminado por los faros de un coche me pareció ver a alguien. Pero me recompuse y seguí, ya que, al mirar mejor, no había nadie.

Cuando llegué a la mesa había un brownie con helado de vainilla en mitad de la mesa.

-Chocolate, muy obvio.

-Bueno, es el postre estrella de este restaurante, venga pruébalo.

-Esta bien- cogí un trozo mezclándolo con el frío helado-. Mmm, vale, creo que tienes razón, está demasiado bueno.

Terminamos el postre. Josh pagó la cuenta. No me dejó ni pagar la mitad.

Tras eso me puso su chaqueta por encima para no mojarme y llegamos gasta el coche. Por suerte dejó de llover antes de llegar a un Pub. Estaba bastante concurrido, la gente se agolpaba en la puerta haciendo cola para entrar. Pero él se la saltó. Llegamos hasta la puerta le dijo su nombre al Puerta y nos dejó entrar de inmediato.

-Vaya, veo que conoces a mucha gente -dije sorprendida.

-Si, bueno, hace años ayudé al dueño de este local y él me lo agradece dejándome entrar, poniéndome siempre en la lista.

-Amigos hasta en el infierno.

-Lo que sea para impresionarte -dijo sonriendo.

Nos movimos entre la gente. Él me agarró de la mano para guiarme hasta la barra. Pedimos unas copas y nos sentamos en una mesa alta cerca de la pista de baile, tras una valla, que servía de separación entre la pista y la zona de mesas. El sitio estaba al completo, con la música puesta a todo volumen, pero no lo bastante para no dejar que la gente se comunicara. Y al igual que en el restaurante la mayoría de las mesas estaban completas por parejas que reían o se besaban.

Los dos bebimos, bailamos, y nos olvidamos un rato de nuestro trabajo.

El teléfono comenzó a sonarme de inmediato. Lo miré.

-Perdona tengo que cogerlo -le dije-, ¿me pides otra copa? -el asintió. Llegué a la puerta, pero antes de salir el Puerta me puso el típico sello de discoteca para poder volver a entrar-, Gracias -. Me alejé un poco de la puerta y descolgué-. Hola mama.

- "Hola cariño ¿Qué tal?"

-Bien, todo va bien. Perdona el trabajo me ha engullido tanto que no he podido llamarte.

- "No pasa nada cariño."

- ¿Qué te pasa? No suenas muy bien.

- "Estoy bien, de verdad, es solo que te echo de menos, todos te echamos de menos."

-Y yo a vosotros.

- "Y porque no te vienes, no te vemos desde hace tres años, anda por favor, por nosotros -dijo muy interesada."

- …

- "Vamos cariño, por mi -su voz sonó mucho mejor."

-Vale, déjame que mañana hable con la capitana y prometo que te llamaré -dije sonriendo.

- "Vale cariño, si no me llamas, te llamaré yo -dijo acusadora."

-Esta bien está bien -colgué. Y volví dentro.

Las copas habían llegado a la mesa en el momento justo.

- ¿Ocurre algo? -dijo preocupado.

-Nada, todo está bien.

Nos tomamos la copa y me sacó a bailar. Me negué al principio, pero me tomó de la mano y no aceptó un "no" por respuesta. Era una canción para bailar agarrados. Nos movimos lentamente, al igual que el resto de las parejas. Las luces ayudaban, relajaban el ambiente y dejaban intimidad. Pompas de jabón empezaron a volar por la pista, parecía como un cuento, algo irreal, pero sin embargo lo era. Notaba como pasó su mano por mi cintura. Nos miramos a los ojos, y no sé si era por el ambiente, las copas, pero, nuestras bocas se juntaron hasta fundirse en un beso largo y tierno. Sus manos se posaron en mi cintura y me empujaron suavemente hacia él.

Entramos a su casa besándonos por todas partes, notaba sus labios en mi cuello mientras que mis manos le iban quitando la chaqueta del traje y la dejé caer al suelo. Él hizo lo mismo conmigo. Me un impulso me levantó y me hizo rodear su cuerpo con las piernas, lo que hizo que se me cayeran los zapatos acompañando a las dos chaquetas, mientras él se seguía moviendo.

Me tiró sobre algo blando, lo que supuse que era la cama. Se quedó de pie quitándose la corbata y dejándola en el suelo. Gateó hasta mi por la cama hasta llegar de nuevo a mi boca que empezó a besar sin parar. El cuello, el pecho. Al final toda la ropa quedó en el suelo y nada en la cama. Josh se movía lento pero seguro, mientras sus manos acariciaban mi cuerpo desnudo, mientras sus labios pasaban por los míos, por mis mejillas o por mi cuello.

-Llevo esperando esto desde el día que te conocí -mijo mientras me acariciaba la piel con dulzura.

- ¿Y eso?

-Me impresionaste cuando te vi, ¿tanto te sorprende?

-Bueno, no suele pasarme estas cosas.

Reímos ante aquello y vi el reloj que se iluminaba en la mesilla.

-Madre mía que tarde es -me incorporé de la cama y empecé a recoger mi ropa.

- ¿A dónde vas? -me preguntó desde la cama.

-Buen, verás, tengo una loca que estará esperando que la saque a hacer pipi -dije mientras me ponía mi ropa interior. Me volví a sentar en la cama para no caerme ya que empezaba a tambalearme.

-Déjame llevarte, estamos algo lejos de tu casa -me dijo mientras su boca se paseaba por mi cuello y mi hombro derecho, la piel se me puso de gallina.

-Esta bien, esta bien. Pero para -dije sonriendo dejándole hacer.

- ¿Por qué? Si sé que te gusta - no me dejó terminar de ponerme la ropa y volvió a tumbar me en la cama, repitiendo lo de aquella noche.

Dos horas mas tarde, después de desayunar me llevó a casa. Nos despedimos en el coche y subí a casa. Loba estaba como loca. Aprovechó que no estaba y durmió en mi lado de la cama la cual dejó hecha un lio. Me duché, me cambié de ropa y me fui dando un paseo a la comisaría para hablar con la capitana. El teléfono comenzó a vibrar.

- ¿Sí? -contesté. La persona al otro lado habló rápidamente, y tras eso colgó-. Creo que nos reclaman -le dije a la perra la cual cambié la dirección hasta una cafetería. Allí estaba la loca del teléfono.

La encontré sentaba en la terraza de la cafetería. Me pedí un café para acompañarla y me senté frente a ella.

- ¿Qué te pasa? Parecías muy angustiada por teléfono.

- Ya, lo siento, no era mi intención.

-Tranquila Dime, ¿Qué te pasa?

- ¿Te acuerdas cuando viniste por lo del destello ese que viste?

-Claro -no sabía cual sería su reacción por eso.

- Pues esta noche han dado con el asesino, gracias a lo que tu encontraste. ¿Cómo lo hiciste?

-No lo sé, ya te lo dije, fue como un destello, como si lo viera a través, pero no sé cómo.

-Bueno, sea como sea lo han arrestado gracias a ti. Creo que ha sido un récord.

-No les habrás dicho que fui yo, ¿verdad?

-No, claro. Pero oye, si encuentras mas cosas así… los asesinatos se resolverán antes -dijo sonriendo.

Pasamos un rato agradable. Le hable de aquella noche. Y ella se alegró, pero entonces…

- ¿Qué es eso? -dijo sorprendida. Su voz cambió completamente. De alegre a .