Lunes por la mañana, de vuelta al trabajo. Dejé a la perra en la guardería con los demás perros policía. Allí se entrenaba y jugaba con otros perros. Corriendo a la comisaría, ya que me había entretenido en la guardería. Los policías encargados del entrenamiento de los perros me explicaron como Loba había mejorado más que algunos perros que llevan allí tiempo. Les parecía demasiado curioso y buscaron por su chip a su familia.
Según parece Loba venía de unos padres policías que murieron en acto de servicio. La hembra había muerto mientras buscaba un niño en unos escombros, lo encontró, pero hubo un derrumbamiento, se puso encima de su entrenador y lo salvó a él, pero ella tuvo que ser sacrificada porque tenía muchos daños en el cuerpo, y aunque podían operarla seguramente la quedaran muchas secuelas, con mucho pesar. Y el padre murió mientras perseguía a un ladrón, este se giró y lo disparó, por desgracia le pilló muy cerca del corazón y murió al llegar al veterinario. Esos dos perros se conocían desde que eran pequeños y se hicieron parejita, por decirlo de alguna manera, y tuvieron camada. Unos 8 perritos fueron dados en acogida a familias hasta que tuvieran la edad para entrar en el cuerpo de policía, pero la mayoría de las familias se encariñaron del perrillo y lo adoptaron definitivamente. Loba fue uno de ellos. Tras amamantar los días mínimos, la acogió un hombre de mediana edad. Unos meses después dijo que se había encariñado mucho de ella y se la iba a quedar. Después de eso se le perdió la pista. Después de saber todo aquello les pedí el nombre de aquella persona. Por la protección de datos no me lo podían dar, les expliqué como me había encontrado a Loba y lo que la habían hecho. No me dieron el nombre de esa persona, pero por su cara supe que no se quedaría con los brazos cruzados.
Tras eso llegué a la comisaría. Pasé por la sala de interrogatorio y encontré a Josh dentro. No iba a molestar, sea lo que fuere, la otra persona estaba hablando y explicándose. Con un café en la mano llegué a la mesa. Tenía un montón de papeles por la mesa. Me puse a leer todos los informes. Había avanzado bastante en la investigación. Mucho más que yo. Que no pude encontrar a esa secretaría.
-Hola, cuanto tiempo, desaparecida -dijo Josh.
-Hola -dije sonriendo-, parece que has avanzado mucho -seguí mirando todos los informes.
-Que trabajadora, acabas de volver y ya estas mirando. -dijo mientras se sentaba en su mesa frente a mí.
-Has hecho mucho, y yo no he podido encontrar a la secretaría.
-No importa, creo que tenemos un mejor camino que seguir -cerré el informe y le escuché con mucha atención-. He interrogado a un compañero de Benito. Parece ser que la víctima iba dos días en semana a terapia de grupo.
- ¿Por qué?
- Perdió a su madre hace relativamente poco.
-Vaya. ¿Cómo lo supiste?
- Cuando te marchaste fui a hablar con sus compañeros. Según ellos no tenía nadie que quisiera hacerle daño, pero sufría mucho, estaba muy distraído.
-Es lógico, si perdió a su madre hace poco…
-Si. Busqué terapias de grupo en la ciudad sobre la perdida de ser querido. Encontré varías por toda la ciudad, pero en ese momento ha venido este compañero para hablarme de Benito. Ya había hablado con él, pero parecía bastante agobiado.
- ¿Te dijo algo?
- Benito estaba teniendo problemas económicos -me extrañó, ya que yo misma había visto las cuentas bancarías y nada se salía de lo común-. No se lo quería decir a su mujer. Alguien le había prestado una gran cantidad de dinero, pero para que su mujer no lo supiera le pidió a su compañero que se lo guardara hasta que pudiera devolverlo todo.
- ¿De qué problemas se refiere?
- No lo sabe, no quiso decírselo -me entregó una hoja doblada-. Mira, Esta es la cantidad de dinero que fue ingresado en su cuenta bancaría - lo miré intrigada, 4.000 €
-Es una extraña cantidad teniendo en cuenta el trabajo. Por desgracia el dinero se ingresó en efectivo, por lo que no podremos saber de dónde viene.
- Deberíamos volver a hablar con su mujer, debería saberlo, y puede que ella sepa algo.
-No lo creo, ella parecía bastante apenada, y cuando fuimos a su casa apenas pude ver algo fuera de lo común, casa, hijos y solo un sueldo.
-Bien, pues por ese camino, no podemos ir.
- Solo nos queda mirar esa terapia.
-Vale, pongámonos a ello, después me contaras que tal con tu madre. ¿Con una cena? -me sonrió pícaro.
-Depende de lo que encontremos.
Empezamos a teclear, había muchas terapías que se hacían por toda la ciudad y a todas horas y días. entonces se me ocurrió algo. Busqué el informe necesario. Lo revisé de arriba abajo,
- ¿Qué haces? – me preguntó un par de veces, pero no le contesté.
- ¡Lo tengo! – al ver mi cara, él se levantó y se puso detrás de mí, para ver la pantalla.
-Ahora lo entiendo, vamos.
Nos subimos al coche. Pusimos la información en el GPS y marchamos a esa dirección. Una vez lo ves, no es muy complicado saber cuál era la terapia a la que iba la víctima. Teníamos su coche, su móvil, y todo lo que tuviera un GPS. Él trabajaba a las afueras, y tanto su casa como las terapias están en el centro de la ciudad, por lo que podría desplazarse con el coche, podría acertar o fallar, por suerte en este caso acerté. Llegamos. Estaba en un centro social.
Al entrar había una pequeña recepción con una señora de pelo canoso y patas de gallo al otro lado mirando sin cesar el ordenador.
-Buenos días – le enseñé la placa-. Somos los inspectores Williams y Michael.
- ¿Están aquí por el asesinato de Benito? –dijo ella con voz triste mientras se levantaba de la silla.
-Así es señora. ¿Sabe algo?
-No, pero a lo mejor Arturo sí, ahora está en terapia, pero ya están acabando. Sala 8 pueden esperar en la puerta.
-Bien, gracias.
Nos despedimos y caminamos hasta esa sala. Dentro se escuchaban voces. Muy serenadas, tranquilas. Las palabras eran emotivas. El que hablaba seguramente sería Arturo. Estaba hablando con la gente mientras les intentaba motivar para seguir adelante sin dejar de pensar en sus seres queridos. Pocos minutos después comenzaron a salir mientras que otra persona se quedaba dentro apilando las sillas que antes estaban alrededor formando un círculo. Era un hombre muy delgado. aparentaba unos 36 años. vestía con Jersey y camisa bajo este, con unos pantalones vaqueros. 3l rostro le quedaba casi tapado por la poblada barba castaña que tenía.
-Buenos días, ¿usted es Arturo? –preguntó Josh mientras le enseñaba la placa.
-Arturo Díaz, ¿en qué puedo ayudarles agentes?
-Venimos por Benito Romero.
-Es una desgracia lo que le ha pasado -dijo con voz apenada.
- ¿Qué puede decirnos de él?
-Era una gran persona, perdió a su madre hace 1 año y le estaba costando mucho levantarse. Su mujer le acompañó en la primera sesión. Hable un poco con ella y me dijo que se pasaba el día llorando y tuvo muchos accidentes en su trabajo. Algo que no era propio de él.
- ¿Cuánto hace que no lo ve?
-Pues el 3 de enero, más o menos. Era nuestra primera sesión del año. Les pedí que trajeran un regalo que les hiciera su ser querido para que hablaran de él y nos contaran su historia. Fue un buen día, algunos lloraron, pero la mayoría nos acabamos riendo por las anécdotas
- ¿Se vio apenado?
-No, para nada, fue el día que mejor le vi. Tras la reunión hablamos un poco y me dijo que se habían reunido con toda la familia desde el funeral y se lo pasaron muy bien –nos explicó Arturo.
- ¿Sabe algo de un préstamo?
-Sí, me dijo que gracias a la terapia todo le estaba yendo mucho mejor en su trabajo incluso le habían ascendido. Y quería hacerle un gran regalo a toda la familia. Un compañero suyo le guardó el dinero en su cuenta para que su mujer no lo encontrara, quería hacerle un regalo.
- ¿Sabe de alguien que quisiera hacerle daño? –él negó
-Era una persona muy amable, que quería ayudar a gente que ha pasado por algo similar como él. Me preguntó cómo podía hacerlo. Yo le dije que cuando él estuviera completamente seguro de haber superado la muerte de su madre, que hablara conmigo y le ayudaría sin problemas –dijo con una sonrisa mientras recordaba aquel día-. Pero el jueves siguiente no le vi, y ya me preocupé, él nunca faltaba a la terapia. Poco después lo vi en las noticias y lo entendí.
-Gracias por su ayuda, no salga de la ciudad puede que lo necesitemos.
-Vale –ya casi salimos de la sala cuando…- Agentes, sé que no pueden hablar de esto, pero, ¿saben algo de Amanda Smith? Vi también la noticia en la tele y …
- ¿De qué conoce a Amanda Smith?
- ¿No lo saben? –preguntó muy sorprendido-. Venía a terapia, en el mismo gripo que Benito.
Nos sentamos en 3 sillas que aún quedaban sin recoger.
-Háblanos de ella. ¿Por qué venía? Por lo que sabemos tenía psicólogo.
-Creo que no. Simplemente venia aquí. Perdió hace años a su hermano, era la única persona que le quedaba y que durante muchos años cuidó de ella. Pero cuando él murió la dejó sola. Era fuerte, pero aquello la destrozó. Dejó los estudios y empezó a trabajar en un café.
- ¿Conoce a este hombre? –saqué el móvil y le enseñé la foto de Adam James, el cual seguía desaparecido.
-Sí, es Adam James, le vi un día que acompañó a Amanda hasta la puerta. Se despidieron con dos besos en las mejillas. Era la primera vez que lo veía, y al ver que ella estaba más feliz le pregunté. Pero me dijo que era un viejo amigo de la familia y que le estaba ayudando con el dinero que les habían dejado sus padres a los hermanos y que ahora todo recaía en ella, y no sabía cómo administrarlo.
- ¿Cuándo dejó la terapia?
-Poco antes de navidad dijo que ya se encontraba muy bien y que dejaría la terapia para poder estudiar de nuevo. Seria enfermera.
- ¿Qué relación tenían Benito y Amanda? -pregunté esperando que todas las preguntas se respondieran pudiendo terminar con este caso.
-Se llevaban muy bien, muchas veces les veía yéndose juntos. Se iban a comer a casa de él, o a casa de ella con toda la familia. Ella les ayudaba con lo que podía, se quedaba con los hijos de él cuando ellos no podían o cuando querían salir juntos. Digamos que entre los dos se ayudaron, se hicieron compañía.
-Vale, muchas gracias señor. –nos despedimos y salimos de allí-. ¿Qué opinas? Pregunté.
-No lo sé. Tendríamos que mirar el testamento que la familia de Amanda la dejó. Si era suficiente, puede que los 4.000€ salieron de allí.
-Es posible, pero en su casa no estaba. Si es verdad que ella y Adam James estaban tan unidos puede que lo tenga él, aunque espero que no, aún no hemos dado con él ni con la secretaría.
Antes de volver a la comisaría, paramos a comer unas hamburguesas en un bar cerca de la comisaría. Hablamos del caso. De todos los frentes abiertos que teníamos. También hablamos de la visita a mi madre. Aunque no había mucho que decir, no le mencioné la llave, al fin y al cabo, había sido una broma. Pero para mi sorpresa él me dijo que los caso sin resolver que él tenía en la capital y los que teníamos ahora no coincidían. Y en la capital, el resto de sus compañeros habían conseguido atrapar al asesino. Así que solo teníamos dos asesinatos en la ciudad relacionados. Josh me invitó a su casa esa noche, dejándome llevar a la perra, pero le dije que me lo pensaría.
Llegamos a la comisaría mientras Josh seguía intentando llamar a la secretaría, pero ya no sonaba ni el contestador, los sonidos daban a entender que el número había sido eliminado. Era lo último que podíamos hacer. Miriam tampoco pudo encontrar el móvil, por lo que podía ser un número desechable y que por lo que fuera ya no lo necesitaba. Cuando llegamos, en la sala de espera vimos a una persona, no era raro verla, pero esa chica me sonaba.
- ¿Avril? –pregunté al ponerme frente a ella. Avril era la amiga de Amanda Smith, trabajaban juntas en la cafetería. Ella fue la última persona que la vio con vida, antes que el asesino.
-Inspectora –dijo ella con la mirada llena de lágrimas.
- ¿Ocurre algo? –me senté frente a ella. Rápidamente cogió su bolso, y sacó una carpeta - ¿Qué es?
-No lo sé, solo decía que viniera aquí y te lo entregara.
- ¿Quién te dijo eso?
-No sé. un hombre extraño -dijo asustada.
"Entregar a Catherine Williams, en mano"
- ¿No sabes nada? –pregunté leyendo la nota una y otra vez, sin entender por qué tanto empeño en mí.
-No, simplemente me entregaron esto en la cafetería hace una hora y vine aquí corriendo.
- ¿Quién te lo entregó? –pregunté curiosa.
-No lo pude ver bien, tenía una sudadera negra con la capucha puesta. Intenté que se la quitara, pero me dijo que tenía un problema con el sol y que no podía. Pero se sentó en la mesa con más luz.
- ¿Qué te dijo? – pregunté.
- Quería que te trajera esto de inmediato. Y solo entregártelo a ti.
-Vale tranquila, ya está-. Intenté tranquilizarla. La llevé una tila. Mientras se tranquilizaba entró Josh al ver que hacía un rato que no volvía a la mesa.
- ¿Qué ocurre? –dijo al entrar. Me disculpé con ella me junté con Josh. Salimos de la habitación.
-Parece que un hombre encapuchado le ha dado esta carpeta y quería que me la entregara.
- ¿Qué tiene? –la abrí.
- No puede ser –dije al leer la primera página. Se la enseñé.
- ¿El testamento? –me miró sin entender.
Volví a entrar en la habitación he intenté sonsacar todo lo que pude a la chica. Pero no me dijo nada. Solo que era un chico y por la voz era adulto. Nada más. Después de eso se marchó.
Al ir a la mesa Josh estaba revisando el testamento de arriba abajo.
-Cuéntame algo que nos ayude.
-Parece que la familia de Amanda era bastante rica.
- ¿El testamento es original?
-Creo que sí, pero será mejor que lo llevemos a un notario, o a alguien que nos pueda ayudar.
-SI, pero será mejor que después de sacar huellas. Esto nos ha aparecido de repente. Y apenas unas horas después de hablar de esto con el terapeuta.
-SI, creo que tienes razón.
Escaneamos el testamento y se lo enviamos a un abogado y notario para poder saber si es real y que nos cuente lo que reamente es. Después de eso dejamos el original en el laboratorio para que lo analicen y le saquen las huellas.
A las pocas horas, ya tenían los resultados del laboratorio, no había huellas reconocidas en la base de datos, así que no teníamos nada. El notario también nos había dicho que el testamento era autentico. Amanda Smith iba a recibir 4 millones. Tanto en efectivo como en un negocio que perteneció a sus padres desde hacía años y del cual se encargaba su hermano.
Gracias al notario, encontramos al abogado de los Smith. Nos explicó todo lo que pasó con los Smith y su hermano y como Amanda recibió toda aquella herencia y lo que hizo con ella.
-Entonces, ya sabemos de dónde sacó Benito Romero el dinero.
-Amanda Smith se lo dio. Para un amigo. Ella quería cambiar de profesión, así que usaría el resto de la herencia para sus estudios.
-Bien un asunto resuelto. Ahora solo queda saber… por que murieron -Josh se quedó pensando - ¿Qué ocurre?
-Estaba pensando en el terapeuta. Él sabe muchos secretos de los que van a las reuniones. Al igual que la segunda víctima le contó lo de su ascenso y el cumpleaños. Él es su manera de escapar, no solo de los problemas por la muerte de alguien cercano. Él se hace cercano a ellos.
-Eso no lo sabemos, voy a llamarle para que venga y aclarar todo –cogí el teléfono, pero comunicaba. Lo intenté de nuevo, pero volvió a pasar lo mismo-. Bien, no lo coge y comunica –Volví a marcar, esta vez al centro social. La recepcionista me lo cogió, pero me dijo que se marchó después de salir nosotros y que tenía que salir de viaje por un asunto personal durante unos días-. Bien, creo que vas a tener razón.
-Tengo la dirección de su casa, vamos –dijo mientras se preparaba con la pistola, las esposas, la placa y todo lo necesario para arrestarlo si lo encontramos.
Rápidamente, nos subimos al coche. Conduje con la sirena puesta mientras Josh buscaba en sus cuentas.
- Parece que nuestro amigo Arturo esta sin pasta en las cuentas. Apenas le quedan 20 €, parece que tiene muchas deudas, médicos, alquiler, compras. Yo diría que está a punto de explotar.
-Puede que al enterarse de la herencia de Amanda él quisiera que le prestara algo y ella se negara.
-Es posible, pero tendremos que preguntárselo. Ya hemos llegado.
Salimos del coche a toda prisa, subimos a su casa.
- ¡Arturo Díaz! – nadie respondía. volví a llamar a la puerta - ¡Policía abra la puerta! –grité, pero nadie contestaba; aunque escuché como los vecinos cotilas miraban por la mirilla - ¡Arturo Díaz, policía! –Sin que contestara nadie, Josh se puso frente a la puerta, nos entendimos con un vistazo. Me preparé con la pistola apuntando a la puerta. Josh le dio una patada y la puerta se abrió de un tirón rompiendo la cerradura.
Entramos y con las pistolas preparadas miramos por la casa. Empezamos a mirar por el apartamento cuando ya confirmamos que no había nadie.
El piso era muy pequeño, lógico para alguien que no tenía dinero. Y por cómo estaba, lleno de ropa en el suelo, la comida tirada.
- Nos será difícil encontrar algo en esta basura -dije mientras empezaba a mirar por la sala de estar, la cual estaba desordenada, como el resto de la casa.
-Cath, creo que he encontrado algo -Al llegar a la habitación Josh tenía una caja frente a él. Me puse los guantes y abrí la caja con cuidado. Cogí el soporte vacío y leí la descripción. "Ballesta Leonardo Da Vinci" Dentro de la caja había un vacío que coincidía con la ballesta que teníamos.
-Creo que tenemos al asesino –lo miré.
-Sí, parece que nuestro amigo el terapeuta guarda unos cuantos secretos. Lo encontré al ver que había un libro bajo el colchón. Bajo la cama se escondía un cuaderno. Lo abrimos, contenía muchos nombres, entre los que se encontraban las víctimas. Solo uno de ellos faltaba por tachar, y no me gustaba nada el nombre que era.
-Bueno, parece que nuestro desaparecido es un asesino a sueldo, pero no muy bueno. Haré unas llamadas –dijo Josh cogiendo el teléfono. O cogí el mío y llamé al laboratorio para que vinieran a recoger muestras de toda la casa, además de la capitana para que sepa lo que estaba pasando.
En menos de 30 min el apartamento estaba lleno de gente; cogiendo muestras, contando el dinero, sacando huellas, y sangre, que es lo que esperaba realmente. Mientras los del laboratorio buscaban, nosotros íbamos mirando por todo el piso. Mientras yo buscaba algo que pudiera darme una pista, Josh buscó en su ordenador.
-Mira - me enseñó el portátil-. Parece que nuestro amigo no es como parecía-. En el portátil aparecieron los datos de Arturo Díaz. Tenía 40 años, nacido en La Capital. Condenado 5 años por posesión de drogas, robo de un coche y muchas otras cosas. Salió con la condicional hacía 6 años. desde entonces todo pareció irle mal. Tenía un psicólogo al que visitaba 3 veces por semana para poder reinsertarse en la sociedad. Tras eso, y según el psicólogo había cambiado para bien, queriendo ayudar a la gente con sus problemas. Así es como acabó en el centro social.
No se encontró nada de sangre en el apartamento de Arturo. Entonces recibí una llamada del laboratorio. Habían desmontado las armas, la daga y la ballesta, en la daga encontraron unas fibras de algodón de color negro, que se habían enganchado en la punta cuando se rompió esta. Entonces fui al armario de la habitación y vi varias camisas, camisetas, pantalones y sudaderas. Algunas de estas de color negro. Las miré todas y encontré que una de ellas tenía las mangas deshilachadas. Metí esa chaqueta en una bolsa de pruebas y seguimos. Envié al laboratorio varias huellas para que las cotejaran con las
- ¡Cath! -llamó Josh-. Han dado un aviso, han visto a alguien entrando al centro social, los vecinos están escuchando mucho ruido.
Salimos los dos corriendo y dejando al laboratorio allí terminando de recoger pruebas.
Al llegar al centro social entramos despacio, pero tuvimos que forzar la puerta principal. No fue difícil. Entramos con las linternas y las pistolas en lo alto. Pero no encontramos a nadie, ni en las demás salas ni en la que entramos nosotros. Entonces escuchamos movimiento al final de la sala. Iluminamos la estancia. Pero solo encontramos un gato negro que se había colado.
-Maldita esa -dije dejándola pistola en su funda. Me acerqué a los interruptores y encendí la luz. Todo estaba en orden.
- ¿Te asustan los gatos negros? -preguntó Josh con retintín.
-No, es solo que no me lo esperaba. Un momento -me concentré, había un fuerte olor-. ¿A qué huele? ¿Lejía? - caminé por la sala, buscando el punto fuerte del olor. Hasta que llegué al final, en donde estaba el gato-. Aquí huele mucho.
-Espera -Josh se acercó a mí y sacó un pequeño spray y empezó a rociar un poco por el suelo. Apagamos la luz y con una linterna de luz negra pudimos confirmar que era legía -Parece que han intentado limpiar algo y han destruido pruebas.
Ya pensaba que no encontraríamos nada, cuando al pisar por ese lugar las tarimas chirriaron. Estaban sueltas. Haciendo un poco de palanca conseguimos sacar un par de ellas. Bajo el suelo encontramos algunas gotas secas de sangre. El suelo, al estar suelto se había filtrado. Tomamos una muestra de sangre. Buscamos por toda la sala. Las sillas estaban perfectamente colocadas y apiladas. Las cortinas, por las que entraba la luz de las farolas, recogidas por ¡Cuerdas! Observé una a una pero no encontré nada, hasta que encontré una que no tenía el mismo nudo que las demás. La cogí y la observé. Pero no vi nada a simple vista, así que la guardé en una bolsa de pruebas que Josh sacó de su bolsillo. Después observar todo salimos del edificio. Les entregué las pruebas recogidas a la científica, en su laboratorio.
-Gran día -dijo Josh mientras brindábamos con unas cervezas en el bar que había bajo la comisaria.
-Si, hubiera sido mejor si nos hubiéramos dado cuenta antes.
-Mañana le cogeremos estoy seguro -me tranquilizó.
Nos despedimos, él insistió en llevarme a cenar, pero tenía que volver a por mí perrilla. Que seguía en la guardería.
Llegué a la guardería. Todos los perros estaban fuera jugando entre ellos. Loba me reconoció enseguida y fue corriendo a por mí. Saludé a los entrenadores y me marché de allí. Subí a la perra al lado del copiloto. Pero antes de subirme al asiento del piloto, una agente de policía entrenadora se acercó a mí casi corriendo.
-Espera Cath, tengo que hablar contigo. Tengo información que te gustará. Me entregó un papel con varios datos-. Esto es extra oficial, los jefes no pueden enterarse de esto.
-Tranquila.
-Algunos de los que estamos aquí han entrenado a los padres de Loba y de sus hermanos. Nosotros no podemos hacer nada, esperamos que tú sí. Esta es toda la información que hemos reunido en poco tiempo, espero que puedas hacer algo con eso.
-Vale, se hará, te lo aseguro - tras eso nos fuimos a casa.
Ya no hacía tanto frío. A la primavera aún le quedaba por llegar, pero las temperaturas estaban empezando a subir y se agradecía. Cenamos las dos y después salimos a dar un paseo por el parque. Apenas había gente a esas horas, así que Loba pudo jugar tranquilamente. De vez en cuando venía para que la tirara un palo, pero a ella le gustaba jugar sola, corriendo tras los pájaros. Mientras tanto yo leí el informe detenidamente. Cuanto más lo miraba menos me gustaba lo que veía y más sabía qué hacer. Pero sería más adelante, cuando este caso estuviera cerrado por completo.
Era de madrugada cuando empezó a sonar el teléfono. Pensé que era el despertador. Pero eran las 2 de la mañana, y no podía ser. Lo cogí, pero no vi quien era.
"- ¿Diga? -dije con voz dormida.
- ¡Lo tenemos Cath, lo hemos encontrado! -dijo Josh emocionado al otro lado del teléfono.
- ¿Qué? -dije aún dormida y pensando que no había escuchado bien.
- Arturo, le tenemos, lo llevamos a la comisaría.
- ¿Dónde estaba?
-Recuerdas la discoteca donde te llevé. Allí -dijo más emocionado todavía.
- ¿En Abstergo? ¿y que hacía allí?
-No lo sé, estaba montando mucho jaleo, y cuando le vi le llevé fuera y lo arresté, por suerte ni me reconoció.
-Espera ¿Estás con él?
-Si. Te espero en la comisaría, seguro que lo querrás interrogar."
