Llegué a la comisaria sin la perra, la cual se tumbó en mi cama y volvió a dormirse, "Mamá sal tú, yo me quedo durmiendo". Josh estaba en su mesa revisando los papeles que tenía sobre la mesa.
-He venido lo más rápido que he podido -dije casi sin aliento al llegar a la mesa-. ¿Dónde está?
-Le están fichando, ahora cuando esté le llevaran a la sala de interrogatorio.
- ¿Qué hacías en la discoteca?
-Llorar mis penas, ya que no has querido venir a cenar conmigo -dijo sonriendo, pero sin darle importancia-, Han llegado los resultados del laboratorio, esta vez se han dado prisa. La sangre que encontramos en el centro social coincide con la de Benito Romero. En la cuerda que cogiste encontraron tejido de la víctima. Mara dijo que le ataron, la usarían para eso. En ellas también había algo de sangre. El tejido que encontraron en la daga concuerda con la sudadera que encontraste, además encontraron sangre en ella que coincide con la primera víctima.
- ¿Y el soporte vacío que había en la vitrina? -pregunté intrigada, si eso coincidía, el caso estaba cerrado.
-El plato fuerte -me entregó unas fotos, las primeras con el soporte y el arma por separado, las últimas con el arma colocada en su lugar.
- Le tenemos, por fin le tenemos -dije emocionada, aunque tampoco quise pegar saltos de alegría.
Dos minutos después, Arturo Díaz pasaba por la comisaria, lo metieron en el la sala de interrogatorios.
-Es el momento de la diversión -cogí todo lo necesario para el interrogatorio y junto con Josh entramos.
-Buenas noches-
-Buenas noches, no sé qué hago aquí, pero yo no he hecho nada -dijo sin emoción.
-Bueno, creo que en eso discrepamos un poco -me senté frente a él y Josh a mi lado-. Yo creo que si lo ha hecho. Le enseñé unas fotos de las víctimas. Fotos que hizo Mara cuando estuvieron en su mesa-. ¿Los reconoces?
-Si, son Amanda y Benito. Ya les he contado todo lo que sé de ellos.
-No, no todo. ¿Por qué los mató? -pregunté mirándole a los ojos, sería.
-Yo no los he matado, ya les expliqué cuando los vi por última vez.
-Si, lo hizo, pero, las pruebas nos cuentan otra historia -Josh me dejó seguir sin decir nada-. Las pruebas nos cuentan que -le enseñé una foto que hizo la cámara que captó al encapuchado entrando a la casa de Amanda-, usted entró en casa de Amanda Smith, la mató con su propio cuchillo que después escondió en un doble fondo de la pared -le enseñé otra foto del lugar donde estaba el cuchillo.
-Yo no la maté.
-Durante la mañana de ayer creímos que mataste a Amanda Smith cuando supiste que iba a recibir una gran herencia. Pero cuando vimos tu apartamento desechamos la idea. ¿Por qué la mataste? -preguntó Josh tranquilamente, mucho más que yo.
- ¡Yo no la maté! -volvió a gritar.
-Abuso de drogas, robo, posesión, etc., etc., etc. -dijo mirando los antecedentes.
-Hemos encontrado tus huellas en el arma, además de las fibras de algodón que coinciden con una sudadera que estaba en tu armario, la cual tenía manchas de sangre en el puño.
-Estabas sin dinero, apenas te quedaban unos 20 € en tu cuenta. Y después de todo lo que habías hecho para volver a la sociedad y ahora estabas sin blanca y no sabías que hacer -empezó Josh con su habitual tono tranquilo-. Pero viste la oportunidad en ella. Y como se resistió al final la mataste.
- ¿Alguien te mandó matarla? -pregunté mostrándole el cuaderno-. Tenías muchos nombres escritos, todos tachados, incluso los dos de las víctimas, todos menos uno, ¿Es la siguiente? ¿Cómo lo hiciste? ¿Y por qué la cruz en el hombro? ¿Quién está detrás de todo esto?
- Hechas de menos esa vida ¿verdad? eras popular, hasta que te encontraron h te encerraron 10 años.
- ¿De dónde sacaste las armas?
Empezamos a atosigarle a preguntas sin parar, hasta que se volvió loco y explotó, mostrándonos una personalidad completamente diferente, tenía la mirada ida, y sonreía de oreja a oreja.
- ¡Vale! sonrió-. ¡Yo la maté! -confesó. Cerré el cuaderno-. Me esforcé mucho por cambiar, por querer ser como los demás. Por cambiar mi vida. Y lo estaba consiguiendo hasta que llegó ella. Apenas tenía 30 años, era guapa, de mi estilo, sin preocupaciones, pensando que hará al día siguiente -podía verse como se le caía la baba mientras hablaba de ella -comenzó a tocarse los brazos excitando se mientras pensaba en ella-, era preciosa y tenía que ser mía.
- La seguiste hasta su casa.
-Si… -se relamió.
-Y la mataste.
-No… primero disfruté de ella.
-Pero no la violaste.
-No, yo no hago eso, a mí me gusta disfrutar de otra manera.
- ¿Como lo hiciste? -preguntó.
- Fue bastante complicado, ella era fuerte, si… si… - dijo, seguramente recordando la escena - Pero con cara tan tétrica que me estaba dando hasta miedo-, la cogí de las manos y la besé en la cara. esa carita tan bonita. parecía de porcelana.
Nos explicó todo lo que hizo con ella. pero su ADN no estaba en el cuerpo de ella. La lavó antes de matarla, después dejó que se desangrará y la llevó a aquel edificio en el que sabía que nadie vivía desde hace años en el cual también murió una familia.
- ¿Y la marca en el hombro? -pregunté.
-No sé de qué me estás hablando -dijo cruzándose de brazos. Le enseñé la foto de la quemadura.
-Esa no es mi marca, ellos me dijeron. que lo hiciera, es su marca.
- ¿Y Benito Romero? Él no tenía dinero, pero lo mataste después de saber que Amanda le había prestado dinero -dijo Josh tranquilamente.
-Bueno, lo de él fue diferente -dijo ahora dándoselas de chulo-, sencillamente se metió en donde no debía. Empezó a hacer muchas preguntas sobre Amanda. Se enteró que había discutido con ella y me lo echó en cara, él fue simplemente un cabo suelto que había que amarrar. Después… - me miró fijamente a los ojos-, vi que él también estaba en la lista, así que no tuve opción. cogí la ballesta que había en mi casa y le asesiné con ella -Se río de manera diabólica sin separar los labios.
-Entonces el dinero no era lo que buscabas -dijo Josh.
- No lo necesitaba, con cada muerte de las personas de esa lista ellos me entregarían cierta cantidad de dinero -dijo tranquilo, pero sonriendo. una sonrisa que me recordó a un payaso malo en las películas de terror.
- ¿Quiénes son ellos? ¿A qué te refieres?
No dijo nada, simplemente se encogió de hombros.
-Son gente con poder.
- ¿Pero por qué haces esa marca? ¿Por qué con la ballesta? ¿quiénes son todas esas personas de la lista? ¿Dónde está la persona que falta? -en cada una de las preguntas él se encogió de hombros y sonreía- ¿por qué una cruz? ¿¡qué sabes de los templarios!? -ya empezaba a cansarme por lo que me levanté y empecé a hacerle preguntas en voz en grito y dando golpes a la mesa. Me acerqué a él y le golpeé la cabeza contra la mesa de acero, bastante fuerte, pero no demasiado para que no se desmayara.
- Quiero un abogado -dijo por último y muy tranquilo.
Lo único que a mí me apetecía era agarrarme y matarle. pero Josh me agarró y me lo impidió. entro la capitana y me obligó a salir.
- ¿Qué le pasa inspectora? No está siguiendo el reglamento -dijo Beckett malhumorada.
-Discúlpeme capitana, pero ese hombre ha asesinado a dos personas, tenía una libreta llena de nombres. algo tenía que hacer para que nos contara para quien trabaja.
-Y mire ll que ha conseguido, que pida un abogado, ahora no podrá hacer lo que quiera con su abogado presente.
A partir de ese momento no pudimos hacer nada. Por la mañana vino un abogado de oficio. Estuvo 2 horas hablando con él. Escribiendo en su ordenador, y algo que me jodía aún más.
- ¡Está mintiendo! Nos está ocultando muchas cosas - dije enfadada y paseando de un lado a otro.
-Lo sé, pero no podemos hacer nada, las pruebas son concluyentes, él mató a las dos víctimas. Solo queda esperar.
-Pero mírale - le señalé cada vez más enfadada-. se está riendo, se está riendo de nosotros. No puedo soportarlo -Caminé hasta la sala y me puse un café con leche bien cargado. Me cabreaba que estuviera tan tranquilo cuando podía estar a punto de entrar en la cárcel varios años.
-Escucha, que se ría lo que quiera, ¿qué trato puede hacer que le impida pagar por lo que hizo? - tome un sorbo de café y esperamos.
-No lo sé. Pero lo que sí sé es que, si él lo hubiera querido, no le hubiéramos arrestado. Se ha entregado por algo -dije completamente convencida.
El abogado salió de la sala de interrogatorios y se dirigió a nosotros directamente.
-Bien, mi cliente confesará, pero quiere una serie de cosas antes.
- ¿De qué se trata?
-En primer lugar, no quiere un juicio, él reconoce que asesinó a esas personas, quiere una cárcel de máxima seguridad, con la palabra de la capitana Beckett que nunca se le meterán una celda de aislamiento, es claustrofóbico.
-Eso nosotros no lo decidimos -dijo.
-Son sus peticiones -dijo el abogado-. En segundo lugar, se citará una vez al mes con la inspectora Williams, solo con ella.
- ¿Por qué?
- Tiene información que compartirá con usted en esas reuniones.
-Bien, lo hablaré con el juez -la capitana Beckett se marchó a su despacho. El abogado se quedó con nosotros.
- Antes de irse, quiere decirle la primera información -Miré por el cristal y él estaba sonriendo y haciéndome señas para que fuese con él.
-Bien -decidida a ir para allá, Josh me cogió del brazo.
-No lo permitiré, ese hombre está loco.
-Si, lo está, pero si hay alguien detrás de todo esto es mejor descubrirlo cuanto antes, antes de que encuentren a Anna Petter, la última de la lista.
Me encaminé hacía él. Seguida por el abogado, el cual tenía que estar presente mientras estuviera en comisaría.
-Por favor siente se -dijo con su sonrisa y amable.
- ¿Que quería decirme?
- Por favor tráteme de tú, a partir de ahora nos veremos mucho. Vuelve a empezar, y por favor sonríe.
- Buenos días Arturo, que querías decirme -dije con una gran sonrisa forzada.
-Eso está muy bien -dijo sonriendo también-. Te voy a dar la primera información -presté atención-.
-A los que buscas están en todas partes, pasean como lo haces tú. Tienen familia, hijos, perro, madre, padre. Estamos en todas partes, no debes fiarte de nadie. Han estado ahí desde siempre -se calló y se inclinó hacia atrás en la silla.
-Bien, eso yo no lo considero información que me valga, así que creo que no habrá trato -me levanté de la silla y caminé hacía la puerta.
- ¿Ni siquiera por el nombre de la persona que inició ese cuaderno? -lo dijo relajado, demasiado relajado, pero con la sonrisa de payaso que había tenido desde que entró el abogado.
- ¿El primer nombre? Si mal no recuerdo, el primer nombre de la lista era Benito Romero.
- No me refiero al primer nombre que figura, si no al primer nombre que empezó ese cuaderno -se levantó y caminó hasta mí - Verá inspectora, antes los de arriba, me entregaban los objetivos de dos maneras, una foto, y un nombre. El como lo hiciera era cosa mía. Después decidí que no era muy normal ver a alguien con un montón de fotos en el bolsillo, así que me deshice de todas. De todas excepto de una -caminó por la sala con la cabeza elevada, recochineándose en lo que había hecho-, esa una la dejé y siempre la llevo conmigo. A primera vista podía no ser nada importante, pero créeme cuando te digo que ahora, tu mundo cambiará. Todo lo que has creído que era, cambiará para siempre -entraron dos policías a la sala, ya se lo iban a llevar a la cárcel, ya que no habría juicio por confesión y por el trato que estoy segura que el juez había aceptado.
- ¿Qué quieres decir?
-El pasado Inspectora, el pasado es incierto -dijo él antes de que se lo llevaran. Le vi cómo se iba por el pasillo. Cuando se acercó al ascensor se giró mientras le esperaba -Por cierto, los días 7 de cada mes. La estaré esperando -me soltó un beso y se fueron junto al abogado.
El abogado se despidió, después de darme los datos para contactar con él, y para que él se comunicara conmigo para los días 7.
Cuando se marchó en el furgón corrí a coger el cuaderno que lo tenían como pruebas. Hoy era día 7. Por el camino me crucé con Mara, pero no la hice caso.
- ¡Cath! ¿Qué ocurre? - revisé todo, el cuaderno, los papeles que habían llevado allí, pero nada- ¿Qué estás haciendo? -escuché que decía, pero no la hice ningún caso, quería encontrar aquello que siempre llevaba con él. Tenía que estar allí. Pero no.
-Inspectora -dijo un policía desde la puerta.
- ¿Qué?
-Debe venir conmigo, han encontrado algo en el calabozo donde estaba el sospechoso.
Reaccioné rápidamente y salí corriendo por la comisaria hasta los calabozos. Había muchos vacíos, pero en otros había gente detenida. Al llegar al calabozo había otra persona dentro, pero era un policía. El cual estaba vigilando para que nadie lo tocara.
Era un cuchillo clavado con mucha fuerza en la pared. Los agentes que habían cogido al culpable para sacarlo y llevarlo a la sala de interrogatorios, no lo pudieron ver antes, ya que si miras de frente estaba oculto a la vista. Solo se veía desde dentro, mirando hacia fuera.
Había un papel doblado y clavado a la pared.
"Esto es solo el principio"
Cogí el cuchillo, lo saqué con fuerza, cogí el trozo de papel, el cual no era tal, si no un papel de fotografía. Con miedo, pero con decisión desdoble el papel. Era en blanco y negro, en él aparecía un hombre vestido de traje, muy elegante. Sobre él una cruz roja tachándole. Tenía el pelo corto y baba que cubría su rostro. Estaba sonriendo ante la noticia que le estaba dando la persona que estaba frente a él. En la foto había una chica de pelo largo, muy sonriente que tenia las manos a la altura de sus ojos, mostrándole al chico un objeto, pequeño. Ese objeto marcaba un cambio en sus vidas. Era un chupete.
Las piernas empezaron a temblarme, Mara consiguió cogerme antes de que me cayera. Empecé a llorar, no dejé que ninguna lágrima se quedara dentro. Era imposible pararlas. Sentía rabia, ira, dolor, tristeza y deseos de matar, por suerte el cuerpo no me respondía. Mara me quitó la fotografía y la miró mientras me colocaba la cabeza en sus piernas, sentándose conmigo. Noté como su mano comenzaba a temblar, pero la calmaba y la obligaba a abrazarme.
- ¿Qué ocurre? -escuché la voz de Beckett muy cerca de mí. Entre lágrimas vi que la capitana ordenaba a los cotillas a retirarse. Mara la entregó la foto.
-Era su novio. Lo mataron una noche. Alguien entró a su casa. Ella también estaba allí, murió en sus brazos. Ella recibió un disparo en el abdomen -escuchaba la conversación muy lejana, pero Mara no se había movido de mi lado-. Perdió a su hijo y a su novio la misma noche.
La capitana no dijo nada. Mara me llevó a su casa cuando terminamos de hacer todo el papeleo. Por la mañana, cuando llegó el abogado, la llamé para que fuese a por Loba y la paseara, que yo no podía en ese momento. No quise hablar con nadie. Prefería seguir con mis pensamientos, terminar todo y salir cuanto antes.
Al llegar a casa Loba corrió hacia mí, me lamió por toda la cara. Y yo la di un enorme abrazo, las lágrimas me volvieron a salir.
-Cath … -dijo con voz temerosa-. Estoy aquí, lo sabes.
-Si -la abracé muy fuerte, agradeciéndola lo de aquella mañana.
-Piensa en esto, por fin le has encontrado. Has encerrado al culpable, ahora ya puedes descansar, él ahora descansa en paz -dijo mientras colocaba las cosas de la cocina.
-Si - me entregó una cerveza y ella se puso otra-. Pero, no estoy tranquila. Creo que hay algo mucho más en todo esto. Pero ano sé el qué.
-Bueno, tranquila, ahora a relajarse y a pasar página.
- ¿Estás loca? Tengo que quedar con ese imbécil todos los meses para que me dé información del grupo que lo contrató -me quedé pensando-, solo de saber que la muerte de David fue contratada por un grupo de psicópatas, me pone la piel de gallina -dije frotándome el brazo.
-Lo encontraras, estoy segura. Siempre haces lo que te propones. Algún día lo harás y seguro que el mundo te tiene una gran recompensa.
- ¿Sí? Pues que se la quede. Hubiera preferido que no se los hubiera llevado.
-Venga -me abrazó de nuevo-. ¡Oye! -gritó emocionada. Sacó de su bolsillo una llave - ¡No me habías dicho que ya te había llegado! A mí también mira- sacó otra llave exactamente igual.
- ¿Cómo es que tienes otra? -pregunté extrañada.
-No te acuerdas tonta. Te dije que iban a abrir una discoteca y que el día de apertura era muy exclusivo. Pedí las entradas hace dos meses.
-No puede ser, esta llave me la entregó una chica en la cafetería del pueblo.
-Cuando me dijiste que te ibas a casa de tu madre te la envié allí junto con las entradas del concierto.
- ¡Ah vale! Ahora lo recuerdo, pero no vi ninguna llave.
-Eso es tu loca cabeza -me dio dos golpes en la frente.
-Ya sabes como es. Bueno, ahora solo tengo que relajarme un rato hasta el próximo día 7. No lo hago por gusto, que conste -dije mientras me servía otro poco de cerveza.
-Lo imagino.
-Al menos ahora me puedo concentrar en otro asunto -dije dando un sorbo.
- ¿Nunca bajas el ritmo? Relájate, vete a correr con Loba como hacíais antes, relájate, tómate unos días de papeleo, eso seguro que te despeja la cabeza.
-Es posible, pero no tiene nada que ver con la comisaria, mira - le enseñé los papeles que me había dado la entrenadora de Loba. Le hablé de lo que tenía pensado hacer con todo ese tema, y esperaba que me ayudara -. ¿Me ayudaras? -pregunté. Ella miró a la perra, que estaba jugando con uno de sus juguetes que Mara se había llevado.
-Si, no lo dudes.
Pasaron varios días sin ningún follón en la comisaría. Josh se había marchado de nuevo a La Capital, ya no tenía que estar aquí, puesto que había venido solo para estos casos. Pero seguíamos en contacto. Nos llamábamos todas las noches antes de dormir. Y prometió que volvería pronto a por esa cena.
Mientras tanto, los días cambiaron para las dos. Volvimos a salir a correr por las mañanas a correr. A las dos nos vino bien, aunque bajamos nuestras marcas personales. La falta de costumbre. Tras eso íbamos las dos a la comisaría. Había días en los que ella se quedaba en la guardería que había para los hijos de los policías, y otros días que se quedaba durmiendo a mi lado. Mientras tanto yo me dedicaba al papeleo. Desde que resolvimos el caso había mucho que hacer. Pruebas que había que documentar, además de buscar gente relacionada con Arturo Díaz. Desde que descubrí que él fue el culpable de la muerte de mi hijo nonato y de David, no quería rendirme, quería acabar con ellos.
Pero la mayor parte del tiempo la dedicaba al asunto de Loba. No descansaría hasta que aquel hombre estuviera entre rejas, se le acabarían los días y las ganas de hacer daño a un perro.
Cogí el documento que me había dado la entrenadora de Loba.
En él aparecían todos los nombres de las personas que estuvieron en contacto con los padres de Loba. Entrenadores, veterinarios, todo. Y también reflejaba el nombre y las direcciones de las personas que se quedaron con el resto de la camada de ellos, en total 8 perros nacieron el mismo día que Loba. Eso 8 perros fueron dados en acogida a distintas familias para que los cachorros sintieran el calor humano y supieran comportarse con ellos antes de poder unirse al cuerpo de policía siempre y cuando los dueños, durante ese tiempo, no quisieran quedarse con ellos. Pero los 8 tuvieron mucha suerte, todos fueron adoptados por las familias de acogida y ahora vivían con ellos como una gran familia y fuera del cuerpo. Investigué a todos ellos, pero todos parecían normales. Todos tenían hijos o apunto de tenerlos. Tenían trabajos estables y una vida buena. Todos salvo uno. El hombre que adoptó a Loba murió a los pocos meses de adoptarla. Pudo devolverla al cuerpo de policía. Pero no lo hizo, y la perra acabó donde yo la encontré. Me centré en esa persona. Era un hombre bueno, al igual que el resto, pero tras sufrir varios infartos el hombre murió. Según los papeles que me envió el veterinario que hizo el cambio de nombre, Loba se marchó con la persona que cuidaba aquel hombre. Ethan Guy.
A partir de ese nombre todo empezó a cuadrar. Ethan fue acusado de maltrato animal, así como de maltrato doméstico por el hermano de su mujer. Pero todos los cargos fueron retirados cuando la mujer de este lo negó todo. Meses después la mujer entró en coma por una paliza. Pero no encontraron nada para acusar al marido. La mujer seguía en el hospital.
Desde que conocí el nombre y todo lo relacionado con ese hombre le seguía a todas partes. Le hacía fotos cada poco. Le seguía e intentaba pillarle infraganti. Pero nada. Todo parecía muy normal en su vida. Iba a trabajar, y volvía a casa.
Hablé con la familia de la mujer. Todos ellos sabían que Ethan era el culpable, pero nunca pudieron probarlo. Les pedí que me contaran todo lo que supieran de él. Al principio no me ayudaron mucho. Me contaron cosas que ya sabía. Hasta que llegó el punto clave de la historia. Con lo que podría encerrar a ese cabrón durante años, y si era posible a muchos más como él.
- Había fines de semana en los que él se marchaba, y cuando volvía parecía que había ganado la lotería. Nos decía que era su fin de semana de juegos con los amigos -la cara del hermano era de desconcierto-, pero no nos lo creíamos.
- ¿Por qué?
-Cuando volvía, el coche estaba lleno de barro. Y en su coche siempre había cadenas, correas y collares de puntas, como los que se les ponen a los perros para amaestrarles. Nos resultó raro, por que ya no tenía a la perra, murió dos años después que el hombre al que cuidaba.
- ¿Cuándo empezaron esas salidas?
-Pues creo que hace unos 3 años.
- ¿Qué crees que hacía todo eso allí? -pregunté, sabiendo por su historial cual sería la respuesta.
-Los collares, el barro, las correas y sabemos que tuvo una perra que abandonó, creo que o hace apuestas con animales, o las organiza él -el chico lo dijo con mucha sinceridad, sin sonreír ni una vez.
- ¿Sabe dónde podía ir o en que fechas?
-No, no sé el lugar, pero sé que se iba los últimos días del mes. O el último fin de semana. Es cuando -miró a su hermana-, podíamos verla sin que él nos dijera que nos marchásemos.
-Gracias, me han ayudado mucho.
Me marché de allí directa a la comisaría. Le conté todo el caso a la capitana, aunque ya estaba bastante al día de lo que hacía. Solo me quedaba saber el sitio. Pero no fue difícil encontrarlo. Revisé las propiedades de Ethan, pero no salió nada. Entonces revisé si el hombre al que cuidaba tenía alguna propiedad. Exacto, tenía un terreno a las afueras de la ciudad. Ese era el lugar, no había duda. Un día muy de madrugada cogí el coche y conduje hasta allí. La encontré cerca de un bosque. en aquellos terrenos había un pequeño edificio construido, parecía una antigua fábrica abandonada. Entré al no ver ningún coche allí. Lo que vi, no lo dudé llamé a la policía y a la protectora de animales. Hasta la capitana Beckett apareció allí, con compañía, pues habían arrestado a Ethan Guy y lo habían llevado hasta aquel terreno. Al principio se mostró extrañado, pues no entendía que hacía allí, ni sabía nada. Pero cuando enseñamos a los perros todos se echaron en sumisión hacía él. Era culpable. No solo por el maltrato de los perros, ya que todos ellos presentaban grandes heridas de mordidas o golpes de puñetazos; si no también por que dentro de la fábrica encontramos un ring de combate, con sangre por todos lados que descubrimos gracias al luminol. Todo el suelo era una masacre. Y detrás de la fábrica, el cuerpo de los perros muertos, enterrados. Todos ellos con muchas heridas que se desangraron.
Pero no todo acabó ahí, conseguimos arrestar también a varios apostadores de esas peleas, sus huellas estaban por las pareces o la barra de bebidas que había allí. No tenían antecedentes, tampoco pudimos demostrar que habían estado allí en alguna pelea o anterior mente, pero todos ellos ahora tenían historial policial.
Di las buenas noticias a la familia de la mujer, la cual despertó del coma.
-Y tengo otra noticia. No sé como os la tomareis, pero… -empecé a contar- la perra que tuvisteis, no murió hace tres años. En realidad, la abandonaron atándola a una cañería.
- ¿Cómo lo sabes? -dijo la mujer con las pocas fuerzas que tenía.
-Porque… - hice una señal y la puerta se abrió dejando pasar a Loba como una loca saludando a todos los que estaban en esa habitación-. Yo ya encontré.
Loba babeo a la chica y se quedó a su lado. Ninguno de los que estábamos en esa habitación pudimos aguantar las lágrimas. Incluso a Mara, la tía dura se le calló una lágrima.
Tras un par de horas allí, nos marchamos.
- ¿Ya está todo? -pregunté subiendo al coche.
-Si.
-Pues vamos.
Las tres llegamos al centro de entrenamiento y residencia de los perros policía. Loba estaba contenta, pero no como siempre, algo la tenía desconcertada. Saqué del coche un ramo de flores que había llevado. Al entrar, allí había un montón de gente, niños, adultos, perros. Todos ellos con husky.
-Buenas tardes -saludé al llegar.
-Buenas tardes -contestaron todos.
-Muchas gracias por venir hoy, sé que era un poco precipitado y extraño, ya que ninguno de los que estamos aquí nos conocemos. Verán yo …-les conté la historia de los padres de los perros que estaban allí. Al principio todos estaban tensos, pero a medida que les iba contando todo se relajó y sonrieron, incluso algunas madres lloraron-, es por eso que, en el aniversario de su muerte, quería hacerles un homenaje e ir a entregarles unas flores y…
-Woof -ladró Loba avisándome para que no se me olvidara.
-Si, si - cogí mi mochila-, y unos huesos - la gente se rio. Fui entregando unas flores a los niños y los adultos, mientras que loba iba guiando a los perros para que cogieran un hueso cada uno, incluso gruñía a los que intentaban comérselo.
-Vaya con los genes -dijo un padre.
-Ahora entiendo el comportamiento de este loco, es muy calculador y muy protector.
Todos caminamos hasta llegar a una pequeña verja, la abrí. Era un cementerio de perros caídos en acto de servicio. Dejamos atrás dos filas de tumbas hasta que llegamos a dos que estaban muy juntas. Poco a poco, fuimos dejando la flor y los huesos. La mayoría de nosotros dijimos unas palabras en honor a ellos.
Tras esa pequeña escapada para que los hermanos se reencontraran después de tantos años volvimos a casa y dormí como nunca.
