La autopsia de la mujer no nos reveló mucho aparte de que le quedaban pocos años de vida. Tenía los brazos llenos de heridas y de pinchazos de agujas. Había sufrido malos tratos. La bala por suerte no salió de sj cuerpo y pudimos identificar el arma con la que fue disparada. Los agentes de policía encontraron al sospechoso a pocas manzanas de la escena del crimen. Llevaba consigo la pistola. Las huellas estaban en ella y encontramos semen de él en los órganos sexuales de la víctima así como en la colcha. Todo encajaba. Era un caso rápido que pudimos ventilar en un día.

Ya me caía del sueño. Había estado casi dos días sin dormir y con demasiadas cosas en la cabeza. Y aún tenía otro asunto pendiente que no sé cómo resolvería.

Al llegar a casa el sol ya se estaba poniendo. Y eso que era verano. Estaba demasiado cansada para hacer nada, así que saque a Loba para que corretear en el parque. Durante una hora la estuve tirando la pelota al agua. Ella se tiraba en plancha, la cogía y me la daba y otra vez vuelta a empezar. No se cansaba. Tras un rato nos marchamos a casa. No tenía ganas de cenar. Así que simplemente me duché y me metí en la cama. El sueño me envolvió en menos de un minuto, ya me preocuparía de ese asunto por la mañana.

La mañana apareció muy temprano, por suerte descanse bastante bien y conseguí levantarme con ganas. Me vestí y salí con Loba a correr. Ya empezaba a hacer calor, pero no justo para poder estar en la calle. Corrimos hasta el parque, pero seguí adelante para ir altas afueras de la ciudad. A esas horas esa parte de la ciudad estaba completamente desierta. Era la zona de las discotecas y de los bares nocturnos, por lo que no había nadie. Llegamos hasta La Biblioteca, ahora que era de día y no había gente pude ver con mayor claridad el edificio. Por fuera parecía realmente una biblioteca. Las puertas tenían verjas de color negro, por los cristales de esta no se podía ver nada aparte de las cortinas que separaban las distintas áreas. Me acerqué lentamente, pero no había nada que pudiera ayudarme. Loba estaba olfateando alrededor del edificio. La seguí, últimamente estaba muy extraña y sus instintos se habían agudizado, y podría encontrar algo interesante. La solté la correa y dejé que fuese a sus anchas. Me quedé esperando frente al edificio, esperando algo de la perra, pero nada. Lo único que había olido era un poco de agua que había en el callejón.

-Bien, parece que es hora de llegar a casa -miré el reloj. Ya era demasiado tarde -¡Vamos Loba! Ya es muy tarde.

-Woof, Woof – empezó a ladrar en el callejón. "ya empezamos"

-Quieres callarte ya, vas a despertar a todo el mundo– camine hasta ella con la correa en la mano. cuando estuve a su lado la agarre al arnés -Venga, tenemos que marcharnos -Tiré de ella, pero no se movía. Miraba fijamente a la puerta.

Estábamos frente a la entrada a la trastienda de la discoteca, el nombre estaba puesto en la puerta. Pero… algo me llamó la atención. La Biblioteca", entre las palabras se encontraban una pila de libros y en el lomo de uno de ellos se encontraba la misma V invertida. Era muy sutil y no se veía desde la entrada, ya que las luces de neón ocultan ese símbolo.

-Que extraño -dije. En ese momento me acordé. ¡El sobre! aquella marca en la pulsera, todo parecía tener conexión con este lugar. Llamé, a la puerta, pero nadie contestó- es lógico, acabarán de cerrar y se habrán marchado. Volveré cuando sepa de que va todo esto. Venga, vámonos – tire de la correa y volví a casa. De nuevo con dolor de cabeza. Ahora la discoteca tenía el mismo símbolo que en los sobres.

Al llegar a casa me duché y me preparé para ir a la comisaría. Me preparé un café enorme y me senté en mi silla y empecé a pasar informes. Y a repasar todo lo que me contó Arturo Díaz en la reunión del día anterior. Lo revisé todo una y otra vez. Pero nada tenía sentido. Templarios, asesinos, y aquellas extrañas marcas en la palma de su mano. Y con una única pista "Lo contrario a lo que yo tenía dibujado en el papel." Primero tenía que acordarme de donde vi aquel dibujo y después tenía que encontrar una relación con La Biblioteca. Durante el resto del día intenté acordarme de algo, pero nada. Mi mente estaba en blanco. Cuando se hizo la hora decidí irme a casa a descansar la mente un poco. Cogí a la perra y las dos nos marchamos a dar un gran paseo. Incluso volví a pasar por la discoteca de esa mañana, pero por más que me quedaba mirando el cartel, no encontraba nada con que relacionarlo salvo los sobres que me habían entregado y que aún no sabía qué hacer con ellos.

Tras varios minutos de estar mirando el cartel, la puerta se abrió. Un hombre alto, de unos 50 años salió de ella.

-Hola, ¿puedo ayudarla en algo? -me que mirando aquel hombre. Me parecía muy mayor para salir de una discoteca. Y más cuando estaba cerrada. Podía ser el dueño.

-No, muchas gracias, solo estaba mirando el logotipo –dije volviendo a mirarlo.

-Bonito ¿verdad? -el hombre se colocó a mi lado, y los dos miramos hacía las letras, apagadas ya que aún había mucha luz.

-Si, y también es un curioso nombre para una discoteca.

-Si, me lo dicen mucho, pero esto antes fue una auténtica biblioteca, hace muchos años -empezó a contar.

- ¿Y ahora una discoteca? Curioso cambio.

-Si, pero ha pertenecido a mi familia durante generaciones y no quería venderla, así que decidí hacer una discoteca. Es la única manera de que los jóvenes de hoy en día entren a una biblioteca –dijo con una gran sonrisa y riéndose por su pequeña broma.

-Vaya, es una buena idea. Entonces antes los libros eran reales y ahora son de attrezzo. Están muy bien hechos.

-¿Ha estado usted aquí?

-Si, estuve la noche de la apertura, una amiga consiguió los pases VIP y me regaló uno por mi cumpleaños.

-Vaya que suerte, no se repartieron mucho –el hombre me miraba, para tener 50 años se le veía muy bien y en muy buena forma.

-Disculpe, soy una mal educada, me llamo Catherine Williams –le estreché la mano.

-Robert Smith -contentó él. Noté que la correa se tensaba. Loba estaba olisqueando al señor.

-¡Pero bueno! -tiré de la perra, pero ella se resistió y siguió tirando de mí. La cogí del collar y la obligué a sentarse a mi lado-, Eso no puedes hacerlo, maleducada –la reñí-. Discúlpeme, ella no suele hacer esto, pero hace unos días que esta insoportable –pero para mi sorpresa el señor Smith no se enfadó, sino que se río y se agachó al lado de la perra y la empezó a acariciar, a lo que Loba respondió con ruiditos de que le gustaba.

-No pasa nada, los perros son muy listos. Ellos saben muy bien de quien se pueden fiar y de quien no. Y nos avisan si no son buena gente, ¿Verdad Loba? -ella ladró agradeciendo el comentario.

-Vaya, es bueno saberlo - acaricié a la perra – Bueno, nosotras nos vamos, no quiero robarle más tiempo.

-No se preocupe joven -comencé a caminar para volver a casa-. ¡Espera! -me llamó. Al girarme le vi metiendo la mano en el bolsillo interior de la americana –Tenga, unas entradas para usted y su amiga, vengan cuando quieran, serán bienvenidas. Muéstrenlas y podrán entrar directamente sin esperar cola.

-No, esto, no puedo aceptarlas.

-No aceptaré un no. Siempre está bien divertirse en estos tiempos que corren, acéptalas por favor –por su cara no me dejaría devolvérselas y esperaría, por alguna razón, que volviera.

-Vale, pues muchas gracias.

-Encantado de conocerlas –dijo despidiéndonos.

Llegamos a casa, las dos cansadas. Puse el pienso y llené el cuenco de agua de la perra, mientras yo me tomaba un café y leía las noticias diarias ella comía y bebía lo necesario antes de irse a su cama a jugar con sus juguetes. No había nada. Todo estaba igual de mal o igual de bien que el día anterior. No se habían dado más casos como el que yo llevaba, asi que no tendría apenas trabajo, más que pasar los informes o mirar las pruebas que ya habían sido investigadas por la científica. Pero como era normal en mí, me gustaba después analizarlas por mi parte, esperando siempre encontrar algo que me valiera. Y tomé otro sorbo de café y leí las noticias de política. Normalmente obviaría ese tipo de noticias, pero últimamente lo único que se daba en la tele era la sucesión del alcalde de la ciudad. El actual es muy querido por la comunidad, pero el pobre está enfermo y necesita descanso absoluto, según los muchos médicos que lo han atendido. "Pobre, lleva años en el cargo y que ahora tenga cáncer…" pensé para mí. Apenas había mucha más información. Desde hace varios meses, desde que se descubrió su enfermedad, muchos candidatos han estado haciendo obras de caridad, dando discursos, o besando niños, y todos estos con una enorme sonrisa. Solo quedan unas dos semanas para que uno de los candidatos sea elegido.

-Bueno, lo de todos los días –cerré la aplicación y me marché a duchar -antes de quitarme la ropa, me quedé mirándome al espejo-. Creo que necesito un cambio –pero así me quedé, con ese pensamiento. Me metí a la ducha y empecé a pensar en muchas cosas. Pero nada que mereciera la pena.

Al salir de la ducha terminé de prepararme, me segué el pelo, me pinté y me peiné y me vestí. Hoy preferí dejar a Loba en casa, cuando salí de la habitación me la encontré durmiendo boca arriba en su camita y al lado del aire acondicionado. Me marché sin hacer mucho ruido para no despertarla.

Me fui en coche, no solía hacerlo, pero algo me decía que ese día tenía que hacerlo, algo pasaría, bueno o malo, no lo sé, pero algo.

Dejé el coche en el garaje de la comisaria. Y subí hasta mí piso. Me senté en la silla. Empecé a pasar y revisar todo lo que tenía encima de la mesa. Tras una hora de trabajo aparecieron 2 terremotos a mi lado.

-¿Dónde está Loba? –dijo el niño.

-Se ha quedado en casa, que estaba muy cansada –dije al pequeño.

-Jooo –dijo la niña.

-Jacke, Reece, dejad a Cath –dijo Castle mientras se acercaba a mi mesa.

-No importa, ya sabes que adoro que tus hijos vengan a mi mesa –les abracé a los dos.

-Joo papa, no ha traído a Loba.

-Está cansada, ella también necesita descansar de unos trastos como vosotros –venga, vamos a ver a mamá.

Los pequeños, tras darme un beso se marcharon al despacho de Beckett.

Al verlos no pude evitar sentirme muy mal. Miré la foto en la que estábamos los dos, David y yo él con la mayor cara de felicidad que le había visto hasta ahora, mientras me abrazaba con la oreja en la tripa y yo mirando el body que me había regalado. Entonces, algo llamó mi atención en la foto. Exactamente en el móvil de David que estaba sobre la mesa. "¿Cómo era posible? ¿Qué hacía eso ahí?" Pero entonces el teléfono que tenía sobre la mesa empezó a sonar, me sacó de mis pensamientos.

-Catherine Williams –dije contestando la llamada. La otra vez era de un policía, un carcelero de la prisión en donde estaba Arturo Díaz-, ¿¡Cómo!? ¿Qué quiere decir? ¿Está bromeando? –las dos partes del teléfono, no parábamos de gritarnos el uno al otro. Tanto los inspectores como todo el que andaba por allí dejaron lo que estaban haciendo y me miraron a mí, que no paraba de gritar por toda la comisaria. Incluso Beckett salió de su despacho debido a mis gritos. Colgué con un gran golpe seco. Beckett se a cercó hasta mi mesa. Oculté mi rostro por mis manos y apoyé las rodillas en la mesa, pero no pude sentarme, mis piernas no respondían, mi cerebro se había apagado de un momento a otro y no podía pensar con claridad.

-¿Qué ocurre? –dijo Beckett con seriedad, pero a la vez preocupada por mi reacción.

-Arturo Díaz, lo han encontrado muerto en su celda -Beckett no sabía que decir-. Le han asesinado en su celda.

-Venga, vamos –dijo ella.

Las dos nos marchamos en el coche de Beckett. Ella dejó a Castle y a sus hijos. Antes de irnos les pedí que fuesen a mi casa y que se marcharan con Loba y la sacaran. No les importó mucho, además a los niños les hizo mucha ilusión.

Las dos llegamos a la prisión. Se escuchaba a un kilómetro. Ya que se había dado la alarma en el momento que encontraron el cadáver. Al llegar nos saltamos el control rutinario, pero si tuvimos que dejar las pistolas. Rápidamente llegamos al área donde estaba el cadáver. Al pasar por el pasillo, todos los policías estaban controlando las celdas contiguas. Pero los demás presos no pudieron evitar mirar entre sus barrotes. Todos intentaban mirar. Llegamos hasta la celda en cuestión. Había dos policías en la puerta para evitar que nadie entrara. Y dentro de esta se encontraba el médico de la prisión, aunque en este caso ya necesitábamos un forense. Que ya estaba en camino por que le habíamos llamado desde el coche. Mara estaba de vacaciones, así que vendrá el sustituto.

-Bien, que ha pasado –dije al entrar en la celda.

-No lo sabemos –dijo el policía que estaba controlando desde dentro-. Al abrir las celdas para la hora del desayuno todos salieron, menos él. Me acerqué a la celda y lo vi. Estaba sentado en la cama. Sin moverse. Me extrañó asé que entré en su celda, y cuando lo toqué estaba frio. Y se derrumbó. Ya estaba muerto.

-¿A qué hora ha ocurrido todo?

- 9 de la mañana.

-¿Y nadie ha escuchado nada? –preguntó Beckett sin entender como había ocurrido.

-No –dijo el mismo policía-. Yo mismo he estado de guardia durante la noche. Me he paseado por estos pasillos durante toda la noche. Y todo ha estado en silencio.

-¿Revisaron las cámaras? –me arrodille ante el cuerpo, lo miré de arriba abajo, no podía tocarlo hasta que viniera el forense y lo analizara. Su cara no mostraba nada. Era como si se hubiese muerto de repente. Entonces vi que en su cuello se iluminaba algo, era el mismo destello dorado que vi cuando encontré el puñal que mató a Amanda Smith. Al verlo pude ver que en su cuello había un agujero de entrada. Pero apenas pude ver nada de sangre, lo que era muy extraño. Pero lo dejaría en manos del forense.

-Si señora –dijo uno de los policías que estaban fuera de la celda-. Yo mismo estuve delante de ellas todo el rato, pero no hubo ningún problema. Todo estuvo en silencio durante toda la noche. Además de que es imposible que la celda se abriera, puesto que el puesto de control controla las celdas de esta área. Y no se ha abierto ninguna.

-¿Encuentras algo inspectora? - preguntó Beckett.

-Puede, hay una incisión hecha por un arma en el cuello, pero no veo sangre por el suelo, lo que me lleva a que este no es el auténtico escenario del crimen ¿Han revisado otras áreas de la prisión?

-Sí. Hemos revisado todas y cada una de las habitaciones, incluidas lavandería y comedor. Pero no hemos encontrado nada fuera de lo común. Y todos los presos están en sus celdas sin que falte ninguno.

-No podemos hacer nada hasta que llegue el forense. Revisemos las cámaras, puede que haya algo que se les haya pasado –dije muy seria mientras me quitaba los guantes de látex que evitaban dejar huellas en un escenario del crimen.

Seguimos a los guardias que se encargaban de la seguridad de esa área. Otros dos se quedaron custodiando la celda hasta que llegase el forense. Al llegar a la sala de control vi otros dos policías que estaban revisando las cámaras. Se podía ver a los dos policías que estaban en la celda, las manos de los presos de las celdas contiguas. Y a los pocos segundos al forense entrando por la celda con su maletín, iba acompañado del director de la prisión.

-Bien, muéstrenos las imágenes desde la última vez que se ve al prisionero hasta que llegamos nosotros.

Las imágenes mostraban una fila de presos caminando hacia sus celdas, al llegar entraban en ellas. Después de eso las celdas se cerraron. No había nada sospechoso, incluso se podían ver los brazos de Arturo entre las rejas. Aceleramos la imagen hasta que las luces se apagaron y apenas se pudo ver nada. Había una luz de color claro cada pocos metros que iluminaba el pasillo. Revisamos toda la noche, pero no había nada.

-Necesitaremos las grabaciones de las cámaras. Las revisaremos en la comisaria con más tranquilidad.

Nos sacaron una copia y nos las guardamos para después enviárselas a la experta.

Beckett se quedó hablando con el director de la prisión mientras que yo entre junto con el forense.

-Buenos días.

-Buenos días doctor, ¿ha encontrado algo? –pregunté volviéndome a poner a la altura del cadáver.

-Nada fuera de lo normal, salvo esta incisión en el cuello el cual fue el causante de su muerte. Murió durante la noche. Yo diría entre las 3-4 h de la mañana.

-En las cámaras no hay muestras de que nadie entrara ni saliera de la celda. ¿Cómo explica la falta de sangre?

-Aún no lo sé. Tendré que pedirle el expediente al médico para concretar muchas cosas.

-Bien, yo iré a pedírselo. ¿Qué más puede decirme?

-No sé cómo, pero este hombre murió sentado. Es extraño, pero así es. No podré decirla nada más hasta que le realice la autopsia.

-Bien, con eso bastará por el momento.

Cuando ya hubimos terminado, el forense se llevó el cuerpo, y por suerte apareció el médico que le dio el expediente de Arturo antes de que yo se lo fuese a pedir. Tras eso se marcharon todos. Pocos minutos después las celdas contiguas se abrieron para dejar paso a los demás prisioneros del pasillo. Se iban a comer, así que por suerte estaría sola y podría concentrarme sin tantas voces.

-Pueden dejarme sola, por favor –le dije a los policías que estaban en la puerta-. Y cierren la puerta.

-Perdone, pero eso no será posible.

-No es necesario que se alejen de la celda, pero me gustaría saber que vio el cadáver antes de que lo mataran.

Los policías quisieron evitar hacerlo, pero insistí en ello. Se separaron de la puerta y esta se cerró por completo. El estar allí daba algo de impresión, me sentía como un animal enjaulado. Pero no podía preocuparme por eso, así que simplemente me quedé observando las paredes de la celda. Cogí mi linterna para alumbrar mejor. Empecé a buscar por todo el lugar. Debajo de la cama, entre las sábanas. Entre el colchón. Intenté encontrar un hueco, por pequeño que fuera, por donde alguien se pudo colar, pero nada. Todo estaba en orden. Nada de artilugios para intentar escapar. Nada de agujeros. Nada que me ayudara a descubrir cómo había pasado. Así que solo quedaba la puerta. Me coloqué frente a ella. En la misma postura que vi desde las cámaras, con los brazos por fuera, pero no había nada. Desde esa postura era imposible llegar a la cerradura y mucho menos evitar que se viera por la cámara. Desde dentro. Colocándome en el punto ciego de la cámara intenté abrir la celda, pero nada, se escuchaba demasiado para no alertar a los guardias que vigilaban durante la noche. Y también era imposible desatornillar las bisagras con lo que había en la celda. Imposible. No había manera de salir ni de entrar, no sin que te pillaran. Y tampoco había ventanas por la que alguien pudiera entrar. Imposible, cuando las puertas se cerraban era una caja imposible de abrir.