Tras estar en aquella celda empecé a sentir claustrofobia, no había nada más que una cama mal echa y un retrete. ¿Como era posible que no tuviera nada? Tras meses de estar en una celda la gente empezaba a escribir en las paredes o a intentar actividades para mantenerse ocupados, pero él no, el vivía en aquella celda con lo mínimo, y tampoco parecía molestarle.

- ¿Has encontrado algo? –preguntó Beckett.

-No, nada de nada. No parece que tenga nada.

-La verdad es que era un hombre extraño. No entraba a ninguna actividad. Era la oveja negra de toda la prisión, siempre con una horripilante sonrisa en la cara, no importaba lo que le pasara –dijo el hombre que iba con Beckett. Salí de la celda y me presenté a ese hombre.

-Catherine Williams.

-Alec Finnia –me contestó estrechando mi mano-. Soy el director de la prisión.

-Encantada de conocerle.

-Lo mismo digo. Como le iba diciendo, era la oveja negra de la prisión, siempre solitario. Tuvo mas de una pelea con otros presos, pero siempre mantenía esa sonrisa.

-He hablado con él todos los meses, ¿Cómo no se me avisó de nada?

-Él mismo lo pidió de esa manera, incluso a su abogado, así que no podíamos hacer nada. Más de una vez estuvo en el hospital debido a las heridas producidas -dijo el director con tono de no saber cómo explicar mejor todo aquello-. Bien, como le iba diciendo a la Capitana Beckett, tanto yo como todos los presos y toda esta prisión están a su entera disposición. Vengan cuando quieran. Hagan lo que necesiten para averiguar cómo ocurrió esto.

- ¿Podrían hacernos una copia de todas las cintas de la cámara, desde hace una semana?

- ¿Una semana? Es demasiado tiempo –dijo el director.

-Lo sé. Pero quitando que era un asesino, también era una persona, y en esta prisión hay otra persona que lo ha matado. Y voy a descubrir quién es, y no creo que esto haya sido de un momento a otro. Normalmente las intenciones tardan en florecer varios días.

-Vale, sin problemas, les diré a los guardias que os den lo que necesitáis.

-Necesitaré también todos los informes que tengan de los prisioneros, tanto médicos como los oficiales de la policía, pasan…

-Todo lo que necesites se lo daré.

-Muchas gracias –sonreí por primera vez. Sentí que estaba siendo demasiado bruta con el director, que no había hecho nada.

Tanto Beckett como yo nos marchamos de la prisión tras estar varias horas allí. Estuvimos revisando todo lo necesario. Las celdas contiguas de todo el pasillo. El sol ya estaba poniéndose, dejaba ver sus grandes rayos del sol naranjas y el sol colándose entre las colinas que ocultaban la prisión a los viajeros.

Las dos nos marchamos a casa de Beckett, ella para llegar por fin a su casa, y yo para recoger a mi perra que se la habían llevado allí. Al llegar la perra estaba dormida en la misma habitación de los niños.

-No querían irse a la cama, así que Loba se fue a la habitación y se quedó tumbada en medio de las dos camas.

Al abrir la puerta la perra se levantó con cuidado para no despertar a los niños y salió de la habitación. Tras despedirnos nos marchamos las dos dando un paseo a casa. Me había dejado el coche en la comisaría, y estaba bastante más lejos que mi casa, así que preferí caminar hasta allí y mañana ya cogería el coche.

Llegué a casa. Loba parecía estar algo cansada, así que la di de cenar y se marchó a su cómoda cama, mordisqueó un poco su hueso de cerdo y después se quedó dormida.

Yo me preparé un sándwich para cenar y una copa de vino. Me senté en la butaca en la cocina y me puse los papeles encima de la mesa y empecé a mirarlos. Ante mi tenía una carpeta con todos los informes de los prisioneros, y en una caja todas las cintas de las cámaras de la prisión que tendría que llevar a la comisaría al día siguiente para que Mirian las analizara. Mientras tanto yo me puse a leer todos los informes que me dieron. Pero no había nada que encontrar. Unos presos habían tenido que ir a la enfermería, por motivos de salud, o incluso alguno de ellos habían tenido que ir al hospital, unos porque habían tenido enfrentamientos con otros presos, y habían acabado heridos. Otros con pensamiento de escaparse se habían tragado ciertas cosas que les produjeron heridas en el estómago y tuvieron que ser operados. Pero por suerte ninguno de ellos consiguió escapar.

-Cualquiera de estos parece un posible sospechoso, pero no sabré nada hasta que revisen las cámaras -Cerré la carpeta. Recogí las cosas y me marché a dormir. No estaba muy cansada, pero estaba segura que mañana sería un día largo.

La mañana llegó muy pronto. Loba estaba muy despierta, se tiró sobre mi cama y empezó a lamerme la cara para que me despertara y fuésemos a correr. Me preparé como siempre y salimos las dos a la calle. Hoy hacía mejor día que el día anterior. Así que, en vez de correr por la ciudad, fuimos hasta las afueras. Allí había un gran parque para correr. Estaba completamente vallado, por lo que Loba podía correr sin correa. En cuanto llegamos la dejé suelta y ella comenzó a jugar con otros perros mientras que yo me quedé haciendo ejercicio por mi cuenta. De vez en cuando echaba un vistazo y allí estaba ella, jugando con otro de su raza. Al verlo supe quien era. Uno de sus hermanos. Corriendo por el parque me encontré al dueño de este. Los dos empezamos a hablar un poco. Mientras que los perros corrían y se lo pasaban bien. Cuando se hizo la hora todos nos marchamos. Cada uno a su casa. Al llegar a casa le puse la comida a la perra, se había ganado una de sus latas. La cogió con mucho gusto. Y después se marchó a su cama. Me preparé un café y me tomé unas galletas de almendras. Mientras loba jugaba con sus juguetes, yo me duché y me preparé. Y después nos marchamos las dos a la comisaría. Al llegar Loba se marchó a su sitio. Yo llevé las cámaras a Miriam

-Intentaré analizarlas lo antes posible -dijo ella cogiendo toda la caja.

-Gracias, eres la mejor.

Yo volví a mi sitio y empecé a teclear en el ordenador. Buscando todo lo relacionado con esa prisión. Pero no conseguí ver casi nada. Tampoco conseguí nada extraño de las huellas que llevé al laboratorio. Todo era normal, y la mayoría de las huellas eran del prisionero. Así que solo quedaba la autopsia.

Fui hasta el depósito. El forense parecía haber terminado ya con el cadáver y estaba en su mesa pasando informes.

-Buenos días doctor.

-Buenos días inspectora -dijo mientras se levantaba de la silla-. La estaba esperando.

- ¿Ha descubierto algo?

-No mucho para ser sincero. Tras realizarle la autopsia no he encontrado nada extraño en el cuerpo aparte de los tatuajes por todo el cuerpo, no tenía nada en el estómago, salvo la comida de esa noche-dijo mostrándome un recipiente del interior del estómago, cosa que me dio más asco que ver el cadáver encima de la mesa-, lo que no he sido capaz de encontrar es la misma cruz que sus víctimas tenían.

-Puede que simplemente lo matara un preso, ¿a plena noche, dentro de su celda? -dije sin comprender nada de todo aquello.

-No tengo respuesta para eso -dijo el forense mirando el cadáver.

- ¿Y la causa de la muerte? -El forense giró la cara del muerto hasta mostrarnos la incisión que tenía en el cuello.

- Le apuñalaron, por lo que parece por algún cuchillo sin guarda.

-¿Cómo sabe eso?

-Lo apuñalaron con mucha fuerza, yo diría que le clavaron la hoja entera, pero no tiene guarda, pero si hay esto -Me entregó una foto-. Supuse que, con la fuerza originada, el culpable tuvo que apoyarse en el otro lado del cuello de la víctima, así que busqué huellas, pero no encontré nada. por desgracia, o en este caso por suerte algunos polvos para huellas volaron y se pegaron alrededor de la incisión del cuello. Al aplicar también los polvos encontré una huella, y por la amplitud, parece de la palma de una mano.

- ¿Quiere decir qué el asesino tenía el cuchillo en la mano? -por más que me imaginaba aquella arma, solo podía imaginar que la mano era atravesada por la espiga de la hoja – ¿Cómo explica la falta de sangre en la escena del crimen?

-Aún estoy esperando los resultados de los análisis, pero según el expediente que me entregó el médico de la prisión, se le tuvo que administrar un potente coagulante en vena para parar una hemorragia debido a un apuñalamiento por parte de otro preso.

- ¿Entonces?

-Lo único que puedo decir a estas alturas, es que el coagulante actuó con rapidez en torno a la herida, lo que editó que sangrara.

-Esto cada vez se vuelve más extraño -dije cansada de que no fuera más fácil resolver todo el asunto de estos asesinatos tan raros.

Con un nuevo dolor de cabeza nos despedimos y salí con todo el informe del forense. Al llegar a mi mesa Loba no se había enterado que me había ido. Releí de nuevo el informe del forense, pero me quedé parada para pensar en todo aquello. Ya estaba entre rejas, porque lo han matado ¿era posible que Arturo fuese simplemente un peón? ¿Había alguien moviendo los hilos? ¿Lo habrían matado por contarme todo aquello? Demasiadas preguntas sin respuesta. En ese momento Mirian me llamó desde la sala de audiovisuales.

-He revisado todas las imágenes de la prisión, me he centrado sobre todo en las cintas de las cámaras que enfocaban al pasillo de la víctima. Pero no encuentro nada. Todo parece muy normal. No he encontrado nada. ni en el comedor ni en ninguna estancia de la prisión, al menos los días previos al asesinato.

- ¿Qué quieres decir?

-Todo parece muy normal, pero al ver las cámaras del día del asesinato noté algo extraño. Los pixeles y la resolución son muy distintas a las demás -me mostró una de las cámaras, la que indicia sobre el pasillo de los presos, en el que residía la víctima. En otro monitor me mostró la misma grabación, pero dos días atrás. Al verlas si eran diferentes, la resolución del día del asesinato era peor que la otra. Y no solo eso, si no que es exactamente igual.

- ¿Y a qué se debe? -pregunté

-Han hecho un trabajo muy elaborado para los guardias de la prisión que solo tienen que mirar las cámaras. Es decir, al ojo humano es imposible detectarlo. Pero si lo pasas por el ordenador puedes ver que han grabado encima de la original.

-Entonces el asesino cambió las cintas.

-No, no exactamente, la cinta que me has dado es la de ese mismo día, hasta que llega la noche. Después de que los presos entran de nuevo en su celda -la chica comenzó a teclear con decisión-. Mira. Cuando todos los presos entran en la prisión… -La grabación empieza a fallar, pero solo por un segundo. Y entonces todo parece normal. La resolución baja bastante

-¿Entonces?

-No sé como lo han hecho, no creo que sea cosa de una sola persona, esto hay que hacerlo en el momento, Alguien tuvo que manipular las cámaras en el mismo momento que asesinaban a ese preso.

-Es cosa de dos personas.

-Lo más probable es que sí.

-¿Podrías sacar la grabación original? La cámara captaría al culpable.

-Si, en ello estoy, me está costando bastante, es un trabajo bastante bien realizado, pero podré sacarlo sin problemas, pero me llevará más de un día.

-Bien, mientras yo iré a hablar con los guardias, a ver que es lo que pasó.

Volví a mi mesa. No me había dado cuenta de ya era por la tarde, ni siquiera había comido. En un momento Loba llamó mi atención con su pata. Necesitaba salir a la calle. Caminamos por las calles de la ciudad. El aire de la tarde nos hizo bien a las dos, yo me despejé un poco y Loba pudo corretear un poco por el parque. Me cogí un perrito caliente de un vendedor ambulante que había en el parque. Me senté a la sombra de un árbol y dejé que la perra se cansara. Lo necesitaba, la pobre había estado tirada en su cama durante todo el día. Tras la hora de la comida las dos volvimos a la comisaría. Ella a su cama, pero por suerte aparecieron algunos hijos de los inspectores y se pusieron a jugar con la perra, a la cual le encantaba. Por suerte se le pasaron las horas mucho más rápido. Cuando se hizo la hora de irse, cogí a la perra y nos marchamos al garaje, allí estaba mi coche desde hacía dos días. Loba subió a su sitio habitual. Arranqué el coche, pero en el salpicadero del coche encontré una nota. La abrí. En ella se encontraba el mismo símbolo que había, en la biblioteca, en los sobres, y sobre esta un gran texto

Llegué a casa, pero como aún era pronto decidí irme con loba a dar un paseo. No nos marchamos a ningún parque. Tampoco se quejó mucho, creo que se sintió aliviada de hacer algo diferente. Caminamos por toda la ciudad. Era grande, así que nos costó un rato, pero ella consiguió cansarse y descubrir nuevos olores y conocer a nuevos perros. Tras tres horas de paseo volvimos a casa. Se estaba muy bien, en la calle hacía calor, pero en casa se estaba fresquito ya que tenía todas las persianas bajadas para que no entrase el calor.

Necesitaba hablar con alguien y que me diese otro punto de vista a todo esto, así que llamé a Mara. Pero como era normal, me salió el contestador. Así que la dejé un mensaje, "Hola Mara, necesito hablar contigo cuanto antes, llámame cuando puedas" colgué. La última vez que la vi me dijo que su novio había vuelto de viaje y que pasaría con él todo el tiempo que pudiera porque después se tenía que volver a ir. Mientras pensaba en todo lo que estaba pasando, limpié la casa he hice la colada. Cuando se hizo de noche me hice una ensalada y le dejé el pienso a Loba, pero parecía estar muy cansada, por que no se despertó en ningún momento, así que la dejé tranquila para que comiera cuando quisiera. Tras zapear un poco por la tele decidí irme a dormir. No tenía mucho sueño y el calor asfixiaba. Así que decidí quedarme en el salón para compartir el aire frio. Pero no tenía nada de sueño, y me puse a recorrer la casa con la mirada. -La casa necesita una reforma cuanto antes. Pero creo que será mejor ir a comprar nuevos muebles- pensé. Hice una lista enorme de cosas que necesitaría. Cogí el ordenador y me puse a buscar en la tienda de muebles y compré todo lo necesario, entre decoración y nuevos muebles me llevó bastante tiempo hacerlo. Pero aun así no conseguía que me entrase el sueño, y era muy tarde para ponerse a desarmar los muebles que ya tenía. Eso era mejor hacerlo por la mañana, con luz y sin problemas de ruido. Así que decidí irme al gimnasio que había bajo mi casa. Era 24 h así que no había problemas. Entré con la pulsera, que te daban al hacerte socio, y dejé las cosas en la taquilla.

Era un gimnasio de nueva generación, además de ser 24 h, tenía ultima generación. Las taquillas se cerraban y se abrían con las huellas dactilares y la pulsera así era imposible que alguien te robase. Además, en cada taquilla tenías siempre una botella de agua reciclable que estaba personalizada únicamente para ti para que no se te perdiera. En la sala central, aunque eran las 3 de la mañana había bastante gente, muchos de los que trabajaban por la zona aprovechaban para ir a esas horas. Todas las maquinas fueron echas por la misma empresa. Abstergo, el mismo nombre que la discoteca a la que Josh me llevó. Últimamente se veían muchos productos Abstergo por toda la ciudad, y según los telediarios empezaban a ampliarse a otras ciudades cercanas. El presidente de la empresa hizo una entrevista en la que sus palabras textuales fueron: "Abstergo es el futuro del mundo, todos podremos disfrutar de los productos de última generación y haremos de este mundo, un mundo mejor." Y después sonrió. Me subí en la cinta de correr, no programé nada, simplemente me puse los cascos y la máquina escogió la canción -Lista de producción de Catherine Williams- se leyó en la pantalla. Mis cascos se conectaron a la máquina y esta por si sola empezó a reproducir música. Cuando te haces socio de este gimnasio pasas un test en el que te preguntan un montón de cosas para que todo lo que encuentres en el gimnasio te sea más cómodo de utilizar. Eliges comida, bebida, y tus géneros de música favoritos. Todos tus datos están en la pulsera, BodyBand, por lo que siempre que entras al gimnasio el sistema te detecta y empieza a funcionar. NO me gustaba mucho esos sistemas tan modernos, me gustaba mucho trabajar con ordenadores y darles yo una orden, y que por complicada que fuera la ejecutase en ese mismo momento, pero que un ordenador controlara todo el gimnasio no me daba muy buena espina. No me hubiera inscrito en él, pero que fuese el único abierto 24 h era un acierto. Me venía muy bien en los días que no conseguía dormir. Escapaba de la rutina de correr siempre con Loba y me permitía ponerme en forma más rápido.

Tras conseguir un récord en la cinta, cosa que la máquina me recordó y me felicitó por eso, fui a cargar mi botella de agua. Pasé la pulsera por el lector – Bienvenida Catherine ¿Qué bebida desea para hoy? - Coco y piña -contesté a la máquina. Esta me recargó la bebida por completo – Aquí tiene su bebida revitalizante Abstergo, que tenga una buena noche. La cogí y le di un gran sorbo. Tras eso me fui a otras máquinas. Hice un poco de brazos y después arremetí contra uno de los sacos de boxeo. Al terminar este también me deseó una buena noche. Ya eran las 5 de la mañana y el despertador tardaría una hora en sonar, así que decidí dar por finalizado el gimnasio por esa noche. Volví a las taquillas la abrí con el dedo. Dentro de esta ya había una toalla nueva, que no había cuando llegué, al igual que un par de zapatillas, gel y champú. Lo cogí todo y dejé la ropa dentro de la taquilla. Me puse la toalla alrededor del cuerpo, las zapatillas en los pies y directa a las duchas. Estuve poco tiempo dentro de la ducha, pero gracias al agua que recorría mi cuerpo notaba que los músculos comenzaban a destensarse. Salí de la ducha y tiré los productos del baño a la papelera que había al lado. También eran reciclados para otros productos. Tras ponerme mi ropa normal, dejé la toalla y las zapatillas en los contenedores para que los limpiase. Tiré la botella a la papelera y salí del gimnasio seguida de una despedida por parte de la máquina – Que pase un Buen día Catherine esperamos verla muy pronto- obviamente no iba a contestarse a una máquina, así que salí sin decir nada.

Aunque los rayos del sol empezaban a hacer su primera aparición del día, ya había varios comercios abiertos, la mayoría de ellos bares o sitios donde vendían desayunos. El olor de los bollos recién hechos me envolvió por completo, así que entré en una pastelería, me pedí un café y un donut y desayuné allí mientras jugueteaba con el móvil. De nuevo la industria Abstergo era noticia en la portada de todos los periódicos. En una de las imágenes reconocí al presidente de dicha empresa, y tras este el símbolo de su industria. Entonces lo recordé. El símbolo que vi en la palma de la mano de Arturo. Terminé el donut casi atragantándome, y cogí el café y subí a casa. Loba ya estaba despierta, estaba bebiendo en su cuenco y comiéndose la comida del día anterior. Esperé a que terminara de comer, llamé de nuevo a la guardería para que viniesen a por ella y yo salí corriendo al trabajo, ese día no me daba tiempo a ir con ella. La di un beso en la frente, dejándola los morros en el pelaje y salí corriendo a por el coche. Entré y conduje hasta la comisaria, y desde ella me fui corriendo al depósito. El forense se dio un buen susto al verme allí a esas horas, pero no tenía tiempo para explicaciones. Le pedí que me enseñara la mano derecha del sujeto. Y allí estaba, la misma marca que había visto en la discoteca. La misma marca que estaba en todas las máquinas del gimnasio, La marca de Abstergo. ¿Y ahora que hago con esto?

Volví a la comisaria, a sentarse en mi sitio a pensar que hacía con esa información y si sería útil. Así que me puse a revisar todas las cosas que encontraba sobre Abstergo.

Creada en 1937 gran organización que se dedica, no a una ni dos su no a muchas organizaciones para hacer de este mundo un mundo mejor, en el que no haya enfermedades incurables. Crean recetas y medicamentos para diversos tratamientos, como el cáncer y la diabetes, además de participar en nuevas investigaciones sobre farmacología y biotecnología. Al lado de esta noticia había un vínculo a varias fotografías que mostraban los laboratorios de Abstergo. Además de muchos niños felices que estaban en los hospitales. Había también varías entrevistas a familiares o a pacientes que habían sido curados de cáncer o que habían recuperado algo de movilidad en las piernas, después de un horrible accidente.

Abstergo Fitness desarrolla productos y programas centrados en la optimización de la salud, ya que es una preocupación popular en el siglo XXI. Incluyen la pulsera Bodyband para un mayor control del cuerpo humano. Estas BodyBand las pueden encontrar gratis en nuestros gimnasios Abstergo, abiertos 24h. Me miré la pulsera que había en mi muñeca. Siempre la llevaba, desde que me hice socia, y de eso había ya varios años, y nunca pensé que sería algo como eso.

Continué leyendo. Otro de los departamentos de Abstergo, se dedica al diseño y producción de tecnología y equipo militar de vanguardia.

Abstergo Financial Group ofrece una amplia gama de servicios financieros que ayudan a los consumidores y a las corporaciones a administrar su dinero, incluidos los bancos, cooperativas de crédito, compañías de seguros…

Seguí leyendo durante un rato. La industria Abstergo se encargaba de varias cosas en el mundo. Es posible que sí quisiera hacer un lugar mejor. Entonces ¿Por qué Arturo mataría de esa manera? Amanda y Benito eran personas inocentes que no habían hecho daño a nadie, no debían de morir.

Había muchas dudas en mi cabeza que no dejaban de dar vueltas, pero sin encontrar ninguna solución. Por suerte el teléfono sonó en ese momento y me sacó de mis pensamientos. Era la guardería en la que dejaba a Loba, me llamaban para pedirme consentimiento para llevarse a Loba de excursión durante el fin de semana. Me quedé mirando la cantidad de papeles que tenía encima de la mesa y todas las cosas que tenía que hacer con el caso, así que accedí encantada. Ellos sabían cómo cuidarla, además de que me dijeron que los hermanos de ella también estarían. Habían llamado a sus dueños y algunos habían accedido. Una cosa menos de la que preocuparme. Seguí buscando e investigando. Tras un rato en el que la comisaría ya se había llenado de policías otra llamada me sacó de mis pensamientos. El laboratorio de pruebas no había encontrado nadie que coincidiera con la huella de la palma que el forense encontró el día anterior. Aún seguían trabajando en ello, pero necesitaban algo con que compararlo. Pero no podía darles nada por que ni yo misma sabía, aún, como encajar que esa palma estuviera en ese sitio.

Tras varias horas después el teléfono sonó nuevamente. Ahora era Mirian, la cual había conseguido desdoblar las imágenes. ¡Por fin una buena noticia! Dejé todo como estaba, llevándome únicamente el teléfono. Al llegar a la sala de audio visuales Mirian estaba sentada frente a la gran pantalla del ordenador, había otra silla al lado, así que me senté en ella.

-¿Qué has encontrado?

-Puede que haya encontrado a tu asesino. Conseguí desdoblar la grabación y este ha sido el resultado.

-Pásalo -las dos atentas al vídeo.

Todo estaba en silencio cuando todos los presos volvieron a sus celdas. Solo se veía la luz de emergencia tintinear sin cesar. Entonces una persona, o alguien, cayó desde arriba a la barandilla que había enfrente de la celda.

-¿De dónde ha caído? -pregunté al verlo.

-No lo sé, no encontrado ninguna otra cámara en donde salga. Las demás están bien, no han sido modificadas.

La imagen siguió, se quedó unos minutos mirando dentro de la celda. Por desgracia no podíamos sacar una imagen del sujeto, pues iba completamente tapado, de arriba abajo y ocultaba su rostro por una capucha que acababa en pico. Se me vino a la cabeza aquella persona con la que hable en la azotea del edificio frente a casa, a la que Loba ladraba con alegría. Sus labios se iban moviendo, pero apenas se escuchaba nada.

-No he podido recuperar el sonido, al poner el otro archivo sobre este desactivaron el audio y no he sido capaz de recuperarlo -dijo Mirian con algo de pena.

-No importa -me quedé mirando detenidamente sus labios intentando descifrar lo que decía, pero nunca se me dio bien hacer eso. Simplemente me dediqué a observar.

Las manos de Arturo aparecieron por los barrotes de la celda. Los dos estaban manteniendo una conversación, pero no sabía de qué se trataba. Entonces, el encapuchado se bajó de la barandilla y se juntó a los barrotes de la celda, introdujo su brazo derecho dentro de la celda mientras que el otro lo dejó fuera. Hasta que con el derecho empujó a Arturo hasta dentro de la celda, haciendo que sus brazos volvieran a ocultarse en la oscuridad. El sujeto sacó la mano.

- ¡Para la imagen! -la grité. Por suerte no se asustó y lo hizo en el momento preciso.

La imagen que teníamos ante nosotras era el sujeto sacando la mano, pero tras esta se le pudo ver el filo del arma.

-No sujeta el arma con la mano -dije pensativa.

-Parece que la lleva en la muñeca -dijo Mirian también observando con detenimiento.

-De esa manera es como pudo dejar las marcas de su mano en el cuello. Al hacer fuerza para clavársela dejó la huella, y por eso no encontramos la guarda del puñal, por que en ningún momento tocó en la herida.

Después de esa escena el sujeto desapareció saltando por la barandilla.

- ¿Dónde se ha metido? -pregunté al ver que había desaparecido de la pantalla.

-No lo sé, después de ver esto le busqué en el resto de las cintas, pero no lo encontré por ningún lado, se esfumó -dijo Mirian mostrándome las imágenes una a una, pero es verdad, no salía en ninguna de ellas.

- Gracias, mándame esta grabación al ordenador.

-Ahora mismo.

Mirian se puso manos a la obra.

Tras eso volví a mi mesa e informé a Beckett de lo que acababa de ver en las imágenes. Beckett puso la misma cara que yo cuando lo vi por primera vez, pero no supo que decir, así que simplemente la mantendría informada de todo.

Volví a mirar una y otra vez la grabación intentando captar algo de la conversación que habían tenido, pero era imposible, esa persona apenas vocalizaba. Sabía que lo estaban grabando, entonces ¿porque no se muestra? parece que conocía al preso. Y si habían remplazado las grabaciones, ¿por qué no vocalizar?

Todo aquello era demasiado extraño. Pero otra llamada me sacó de mis pensamientos. Eran los repartidores de los muebles, llegarían en una hora. Recogí todo y salí de la comisaría, pero me llevé los informes de los presos así como la grabación que me había pasado Mirian.

Al llegar a casa aún no habían llegado por suerte, así que me di prisa y empecé a vaciar todos los muebles que iba a remplazar para que se los llevasen. Lo conseguí hacer a tiempo. Me dejaron las cajas allí, mientras unos de ellos iban bajando los antiguos muebles, otros dos comenzaron a montar el resto de os nuevos. Tardaron menos de lo esperado. Compré el mueble de la televisión, compré nuevos muebles para el salón, para la habitación, y las mesillas, compré un montón de cosas que ellos montaron en menos de una hora. Cuando se fueron empecé a recolocar las cosas que ya tenía, y después me puse a colocar las nuevas que había comprado.

-Bien, parece que ha cambiado un poco -me tiré al sofá cansada. Me cogí la carpeta y empecé a revisar todos los informes junto con la foto. Esperaba encontrar a alguien, algún preso que se pareciera. Pero no, no había nadie. Aunque tampoco podía estar segura de eso, solo se lo veía la boca y con eso no arreglábamos nada.

Todo se me estaba amontonando. Empecé a pensar, los sobres con tinta invisible que aún no había mirado. Ahora la prisión. Abstengo, que aún no sabía por dónde cogerlo. Repase las notas que había cogido de todas las entrevistas con Arturo. Según lo que había entendido de la última es que hay dos grupos: templarios y Assassin's. Arturo parecía pertenecer a los Templarios, porque si me guio por lo que dijo, los Assassin's están en contra de ellos, así que es posible que uno de ellos lo matara. Al seguir con lo que he encontrado esta mañana las Industrias Abstergo deben ser uno de los bandos, los templarios, los cuales se han hecho con el poder, por decirlo de alguna manera. Ahora solo me falta encontrar al otro bando, y de esa manera poder encontrar al posible asesino de Arturo.

-Muy bien, y ¿Y ahora como me centro yo con todo esto? Nada tiene ni pies ni cabeza. Es posible que el director de la prisión sepa quién es este. Pero tengo que encontrar la manera que se le vea la cara, y encontrar la manera por la que entró a la prisión sin hacer sonar todas las alarmas.

Tras intentar entender toda la información me fui a hacer la cena, hoy que no tenía a loba podría hacer muchas más cosas o centrarme en el caso, pero Un así la echaba mucho de menos. Cuando llegué a la cocina vi los sobres. Los tenía pegados con un imán a la nevera, cogí una cerveza y me la quede mirando.

-Debo de estar loca – cogí los sobres y los puse sobre la mesa del salón. Cogí la luz negra que tenía en el bolso. Apagué la luz y encendí la linterna. Enfoque la linterna a la pulsera de "La Biblioteca" en ella apareció el símbolo que estaba en los sobres. Bien, si una discoteca es un grupo, la otra será lo contrario…-pensé en voz alta antes de pasar la linterna por el sobre. En ese momento apareció un mensaje.

"Donde otros hombres siguen

Ciegamente la verdad recuerda

NADA ES VERDAD

Donde otros hombres están limitados

Por la moral o la ley recuerda

TODO ESTÁ PERMITIDO

Actuamos en las sombras

Para servir a la luz. "

No entendía nada de lo que había en el sobre, parecía una especie de dicho o un párrafo con el que quedas atrapado en una secta para siempre. Sin muchas ganas cogí el otro sobre e hice lo mismo, pero ahora el párrafo se convirtió en una sola frase.

"Entra en la oscuridad y sigue el camino del Águila"

Me quedé mirando aquella frase una y otra vez, y no pude contener las lágrimas.

-David… - no sabía como, pero esas palabras estaban escritas por él, reconocería esa letra en cualquier parte.

Deje la linterna en la mesa pero sin dejar de alumbrar aquel mensaje. Coloqué el sobre, lo olí, era una tontería e imposible, pero para mí olía a él. Entonces vi algo extraño. La pulsera lucia más que antes. Me la quité, volví a coger la linterna e iluminé la pulsera de nuevo, me aparecía el símbolo de siempre, pero bajo este… di la vuelta a la pulsera y encontré una dirección.

-¿Qué es esto? -parecía una dirección, pero a saber dónde. Metí la dirección en el ordenador. Cogí las llaves del coche y me marché allí. No estaba muy lejos, pero lo suficiente para tener que conducir. Llegué hasta unos antiguos almacenes de trasteros. "Abierto 24h" entre sin dudarlo, llegue hasta la recepción y allí había un hombre muy entrado en años, apenas le quedaban un par de pelos carnosos en la cabeza. Usaba lentes de aumento e iba vestido con un chándal y playeras, miraba la televisión que estaba a todo volumen, era un programa del horóscopo, uno de tantos que echaban a esas horas de la noche.

-Buenas noches – dije en primer lugar.

-Dígame -dijo aquel hombre levantándose de su silla y presentándome atención a mí.

-Estaba buscando esto -le entregué un papel en el que escribí, antes de salir de casa, unos números y letras que había también en la pulsera.

-Bien, acompáñame -dijo el señor sonriendo de oreja a oreja. Empezó a caminar delante de mí. Le seguí sin decir nada-. Qué raro, hace mucho que no venía nadie preguntándonos este trastero, ya pensaba que se habían olvidado de él, si no fuera por que lo pagan todos los meses… hace tiempo que lo hubiera subastado – el hombre se rió-. Bien, aquí es – se paró delante de una puerta, idéntica a todas las que había en el pasillo. En la puerta de esta se encontraba el número que había en la pulsera, y al principio del pasillo las letras que indicaban en cual nos encontrábamos.

- Pero no tengo la llave -dije preocupada al ver el cerrojo.

-No pasa nada querida, es una cerradura dactilar, si su huella está en el sistema del cerrojo se abrirá sin problemas. La dejo sola. Si necesitas algo estaré en recepción – se marchó por donde habíamos venido.

Me quede mirando la puerta y el cerrojo. No estaba segura de si funcionaria… pero por alguna razón había acabado aquí. Cogí el candado y con cuidado y muy temerosa coloqué el dedo pulgar sobre él. Sentí cierto cosquilleo al notar pasar el lector, entonces se escuché un clic y el candado se abrió. Lo cogí para que no se cayera y abrí la puerta con decisión.

Aquella habitación estaba llena de cajas, aunque había poca luz para distinguirlo. Había bastante polvo que salió volando cuando abrí. Tuve que taparme la boca para que no entrara más de lo necesario. Entré en el trastero, encendí la luz y pude ver con claridad todas las cajas que había allí. Estaban muy bien apiladas en sus estanterías. Algo debía de haber en ellas que el dueño quería preservar. Pase por el pasillo que hacían las estanterías. Ninguna de ellas llevaba indicación de lo que podía haber en ellas. Llegué hasta el final y vi una enorme lona que ocultaba algo. Algo me decía que debía de destaparlo, pero la oscuridad, el silencio, todo daba pie a una película de terror. No le hice mucho caso a mi cabeza, que empezaba a volar por el cine de miedo, y si a mi intuición. Cogí la lona. Debía de estar desde hacía años allí, al tocarlo noté una enorme capa de polvo. Lo quité con cuidado para que el polvo no volara de nuevo por toda la sala.

Bajo la manta de polvo se encontraba un escritorio, y sobre este una gran pantalla de ordenador, ratón, teclado y otras cosas que reconocí y que no había visto por años. Y frente al escritorio, una silla. Me senté en ella, aprovechando que no tenía ni rastro de polvo. Mire al ordenador y pasé la vista por todo el trastero, intentaba averiguar quien tendría algo como esto en un lugar así tan apartado. Hasta que en una de las cajas lo vi. Me levanté lentamente sin dejar de mirar aquel símbolo que últimamente veía por todos lados. Lo toqué, por puro instinto, pero rápidamente cogí la caja, no pesaba mucho, así que la bajé al suelo y la abrí con decisión. Dentro de esta había un montón de libros, CDs, pero todo eso quedó en un segundo plano cuando vi un sobre perfectamente doblado y sellado con el mismo símbolo. Delante de este estaba mi nombre

"Águila:

Sonara muy de película, pero si has llegado hasta aquí por tu propio pie, seguramente yo no estaré contigo ni con nuestro hijo. Espero que ya esté muy grande.

Créeme cuando te digo que dejar todo esto, ocultarte toda la verdad sobre el mundo, y sobretodo dejaros a los dos, es lo más duro que haré en toda mi vida. Os quiero y siempre os querré y cuidaré de los dos esté donde esté.

Hay demasiadas cosas que contarte, y me queda muy poco tiempo para explicarme. Si llegaste hasta este trastero es que las cosas se han complicado. Solo te puedo decir que seguramente mi gente habrá empezado a contactar contigo. Conociéndote dudarás de todo lo que escuches o leas. Pero déjame decirte que la historia se ha modificado en favor de un grupo que aparecieron hace siglos llamados Templarios. Existen aún en nuestro mundo. Y de la misma manera que existen ellos, existimos nosotros para detenerles. ¿Recuerdas cuando me preguntaste lo que significaba esa enorme A?"

Al leer aquellas palabras de su puño y letra, no pude evitar que las lágrimas cayeran y emborronaran parte de la carta. Me sequé las lágrimas con la mano y releí de nuevo las últimas líneas y recordé aquel día. Apenas acababa de enterarme que estaba embarazada.

*-Catherine -dijo una voz detrás del teléfono.

-Si… -dije completamente dormida.

-Perdona que te despierte cariño, pero necesitamos tu ayuda ¿Podrías venir?

-Hmm -contesté como pude intentando despertarme -Si, iré en cuanto pueda.

-Gracias cariño, te estará esperando un gran café, te quiero.

-Y yo a ti -le contesté colgado en móvil y sin ningún cariño por haberme despertado

Me vestí tan rápido como pude. Pero antes de salir tuve que ir a vomitar, como últimamente todas las mañanas. Me lavé los dientes y salí corriendo. Cogí el coche y me fui al edificio del FBI. Cuando aparqué fuera llamé a David para que estuviera en la puerta cuando llegara. Así sería todo más rápido. Al llegar él me estaba esperando, ya había rellenado todos los documentos necesarios, y tenía en la mano la tarjeta de visitante y en la otra un gran café humeante.

-Gracias por venir tan rápido -dijo David. Pero, aunque quería mostrar una cara de "No pasa nada" pero solo me salió una de medio cabreo por despertarme tan pronto y no darme un beso ya que llevábamos casi 3 días sin vernos. Me dio el café y un beso en la mejilla. Entramos en el ascensor, se colocó dando la espalda a la cámara y me abrazó con mucha fuerza y me dio un gran beso -No sabes lo que te echo de menos -me dijo con tono cansado.

-Se te ve muy cansado.

-Si, lo estoy, necesito dormir algunas horas en la cama, el sofá del despacho no es muy cómodo.

Llegamos al piso 14. Entramos en una sala llena de ordenadores y de pantallas gigantes por todos lados.

- ¡Por fin! -dijo un hombre con traje que estaba mirando las pantallas sin cesar.

-Perdón por la tardanza -me disculpé, aunque tampoco era mi trabajo el estar allí, ni lo que yo hacía.

-Discúlpanos tú por sacarte de la cama a estas horas, pero estamos desesperados con este caso.

-No importa, siempre que pueda ayudar… ¿Dónde me pongo? -pregunté mostrando la mochila con mi ordenador.

Me mostraron una silla libre, con un ordenador de última generación.

Me mostraron lo que tenía que hacer y abrí mi ordenador. Los conecté entre sí como había hecho otras veces y me puse a teclear y a buscar lo que ellos necesitaban. David se mantuvo a mi lado.

- ¿Estas bien? A estas alturas te estaría trayendo otro café.

- Me he levantado con el estómago un poco revuelto -mentí

Necesitaban buscar a un sospechoso y no lo encontraban por ninguna parte, según parecía se había hecho la cirugía estética y ahora su cara era irreconocible por las caras. Pero antes de ponerme con todo eso necesitaba meter todos los informes que tenían para que mi ordenador buscara lo que ellos necesitaban. Mientras ellos trabajaban enfocándolo desde otro lado, yo me dediqué a buscar lo que necesitaban. Pero por el camino encontré muchas cosas que no sabían.

Estaban buscando a un prisionero fugado, pero no en nuestro país, si no a 12.000 km. Según trabajaba, escuchaba las conversaciones que tenían entre ellos, no debía de hacerlo, pero tenía muy buen oído desde que nací. Según lo que estaban diciendo, "Alguien les había chivado" que en dos días ocurriría un atentado terrorista en nuestro país, así que tenían que encontrar a ese prisionero fugado antes de que cause una catástrofe. Según decían se había hecho una gran cirugía estética y se había colado en nuestro país. Y según el chivatazo, vendría directo a nuestra ciudad. Tenía que encontrarse sin dudarlo. Revisé todos los informes que me habían dejado y metí los datos en el ordenador. No hizo falta hacerlo a mano, que tenía un escáner de mano que simplemente tenías que pasar ese escáner por el documento y ya lo tendrías. Eran demasiados documentos, pero no tenía nada mejor. Así que me lo tomé con un poco de tranquilidad y lo metí todo en el ordenador. Tecleé con rapidez y puse todas las fotos y la cara del sospechoso a buscar entre todas las cámaras de la ciudad. Cuando lo puse me marché corriendo al baño a vomitar de nuevo. "¿Pero por qué? "Pensé mientras me miraba al espejo y me limpiaba un poco la cara. Salí del baño y David estaba fuera esperando.

-¿Te encuentras bien? –preguntó muy preocupado.

-Sí, creo que cené algo en mal estado. Estoy bien, después cogeré algo de la farmacia.

David me abrazó mientras caminábamos de nuevo hacia mi mesa. Miré el ordenador, pero no había encontrado ningún resultado. Empecé a pensar cómo podía encontrarle. El jefe de la unidad se estaba impacientando, y nos agobiaba a los demás.

-¿Y si preguntáis a vuestro sujeto si conoce a un cirujano facial que pueda hacer lo que ha hecho? Puede que ese cirujano tenga más documentos sobre sus clientes.

Todos se miraron.

-¿Por qué piensas eso?

-Me resulta muy extraño que alguien pueda dar un chivatazo de esa manera si no conoce la verdadera cara del sujeto y la que le han fabricado, por así decirlo.

-¿Podría servir de algo? Ese Green apenas nos dice nada de lo que sabe.

Los agentes se marcharon durante una hora larga. David se quedó conmigo mientras yo seguía buscando la manera de encontrar la nueva cara del sospechoso.

-Creo que tengo una idea –dije mientras escribía en el ordenador los comandos necesarios para lo que necesitaba -. ¿Tendríais una foto del sospechoso de perfil? -David me miró muy extrañado, pero yo sabía lo que hacía.

-Iré a mirar – apenas tardó unos segundos en poner todas las fotos en la gran pantalla – aquí tienes todas las fotos que se le hizo, la única que tenemos más nítida es la que se le hizo en prisión.

-No, esa no me vale. Si le estamos buscando por la ciudad con las cámaras que hay en la calle, necesito casi la misma nitidez en las dos imágenes –dije mirando todas y cada una de las fotos-. ¡Ahí, la segunda a la derecha! –la señalé

-Si apenas se le ve.

-No importa, es lo bastante natural que podemos encontrar.

David me pasó la foto al ordenador. Y desde él me enlacé con la pantalla grande. Con la foto que me había pasado David comencé a buscar por la ciudad. Pasaron más minutos en los que no pasaba nada. David se había colocado al mi lado. Me moría por abrazarle y besarle y secuestrarlo hasta casa para que durmiera conmigo, pero estábamos en su puesto de trabajo, así que los dos nos contuvimos todo lo que podíamos. Tras varios minutos más aparecieron en la gran pantalla dos coincidencias. Una de varios años atrás, y otra más actual.

-¡Ahí está! –gritó David señalando la gran pantalla. Empezó a teclear en el ordenador hasta que salieron sus nombres. Eran distintos, pero era la misma persona, de eso no había duda

-No ha soltado prenda, no sabe de nadie que pueda realizar ese trabajo. Pero lo conoce por que el mismo sospechoso se le presentó.

-Ya no será necesario su ayuda señor. Hemos encontrado al sujeto.

-¿Cómo? Preguntó sin entender.

-Usando su oreja –dije sin titubeos, pero todos me miraron bastante extrañados, pensando que es una broma pesada –las orejas de las personas son como una huella dactilar, es complicado, por no decir imposible, cambiar la composición. Así que simplemente necesité una foto de perfil del sujeto cuando se escapó, y con ella solo había que buscar la nueva cara.

-Dan Brown, esa es la cara y el nombre que necesitan.

Todos los integrantes del FbI se pusieron manos a la obra para encontrar a ese hombre. David insistió en llevarme a casa así que hasta que terminara de trabajar ese día me quede dormida en el sofá de su despacho.

-Cath, Cath –dijo David susurrando. Me desperté de un susto-. Tranquila, tranquila. Vamos a casa – me ayudó a levantarme, cuando me desperté pudimos salir del despacho. Pasamos por la sala principal donde estaban todos los agentes trabajando en los informes.

-Gracias por ayudarnos querida. No lo habríamos conseguido sin ti. Has salvado muchas vidas gracias a tu habilidad –dijo el jefe sonriendo y estrechando mi mano. Realmente eres un águila con el ordenador. Tienes una gran habilidad de ver todo en pocos minutos – sonreí por el halago-. La oferta de trabajo sigue en pie. Siempre serás bienvenida al FbI cuando estés preparada –dijo él dándome una tarjeta de visita-. Si en algún momento cambias de opinión, llámame.

Nos despedimos de ellos y me fijé en la gran imagen que estaba en la gran pantalla.

-Algún día me tendrás que explicar que significa esa V al revés –David se rió, era la décima vez que le pedía eso, pero nunca me lo decía – No es una V al revés, es una A –dijo cuándo nos subimos al coche. Me quedé completamente dormida *

Sonreí, pero no de felicidad, todo aquello era un mal recuerdo de lo que perdí más adelante.

"Esa A es nuestro símbolo, el símbolo se los Assassin's. Nuestroa antepasados ocultaban su rostro con una capucha, ese diseño dio paso al símbolo."

Recordé al chico de la azotea, así como al asesino de Arturo en la prisión. Los dos vestían con la misma capucha, y es verdad que la capucha mostraba esa A.

"Te mentí. Nunca trabajé para el FBI, era una tapadera. Puedo explicarte muchas cosas sobre nosotros, pero todo lo que necesitas saber está en las cajas que te he dejado.

La razón por la que te escribo esta carta, es para avisarte de que un mal se avecina. Los Assassin's contactaran contigo, ellos serán los que te informen de todo. Con ellos serás la mejor Assassin's que se haya visto.

Seguramente ya sabrás algo sobre nosotros en la antigüedad, antiguamente los aspirantes a Assassin's debían saber ocultarse, ser capaz de alcanzar un objetivo sin que este se diera cuenta. También aprenden a luchar entre otras cosas… pero nosotros en este tiempo tenemos otro tipo de entrenamientos, y tú sin saberlo ya tenías esa parte hecha. Por eso te regalo este ordenador. Tú más que nadie sabrá usarlo.

Ojalá fuese yo el que te enseñara todo esto y moverte por este mundillo, pero creo quesera imposible. Espero vivir hasta ver la cara de nuestro hijo

Te quiero te querré.

Tu yo siempre

David."

Las lágrimas cayeron sin cesar, no de tristeza, si no se rabia por no tenerle, por que no me hubiera explicado todo esto él mismo, por que me mintiera. Tardé mucho en serenarme. Cuando conseguí que las lágrimas me dejasen ver por completo empecé a mirar todas las cajas. En la mitad de ellas había muchos libros, todos ellos hablaban de la verdad sobre los templarios y otras cosas que apenas miré. Solo pude mirar el ordenador que había allí. Pase la mano por él, quería saber si era "ese" ordenador. Tras la pantalla había un relieve de un corazón realizado con una chincheta. Se lo hice el primer día que tuve que ayudarles.

Después de dos horas largas, cargué todas las cajas al carrito que había fuera para leer los libros que Davis había guardado para mi. Después de eso cerré el trastero dejando el ordenador allí dentro, que no me cabía nada más. Volví a la recepción.

Perdone.

Dígame señorita.

¿Quién es el que paga este trastero?

No lo sé señorita, además esa información no se la podría dar, el propietario manda el dinero por el banco – dijo el hombre apenado.

Entiendo, muchas gracias de todas maneras.

Subí las cajas al coche y conduje hasta casa. Poco a poco fui subiendo las cajas. Dejen los libros en las estanterías. Era tarde, pero no podía dormirme, en tan solo un momento habían pasado demasiadas cosas. Me preparé una copa de vino tinto y algo de cenar y me puse a ojear el primero de los libros.