Decisión

Sábado por la mañana. El sol incidía con fuerza en los cristales del gran edificio de Abstergo. La gente empezaba a agolparse ante las puertas. Los seguratas controlaban a dicha gente intentando que hicieran varias filas y ordenadas. Me coloqué en una de las filas. Cogí mi cámara de fotos y empecé a inmortalizar todos los momentos y las cosas que veía. Fotografiaba a la gente, los seguratas, los árboles, la entrada principal. Sobre las 10.00 de la mañana las puertas se abrieron dejando pasar a todos. Pasábamos en grupos de 20 -25 personas. Nuestros efectos personales los pasábamos por un detector de metales, al igual que nosotros. Tras los controles nos íbamos con uno de los guías de aquella empresa.

-Buenos días y bienvenidos Industrias Abstergo -dijo una sonriente chica de unos 30 años. Vestía con una bata blanca con el logo de Abstergo y el nombre-. Me llamo Silvia y hoy seré su guía. Espero que lo pasen bien – La chica comenzó a caminar hacía la primera sala del edificio-. Industrias Abstergo apareció por primera vez en nuestro país a principios de siglo, pero esta gran industria lleva décadas ayudando a las personas con sus novedades en tecnología -la chica se paró sonriendo a la gente-, En esta visita verán alguna de las grandes novedades que Abstergo les tiene preparado para la gente de toda la ciudad como de este país, ya que este gran edificio se ha convertido en el más algo de toda su industria. Acompáñenme y lo descubrirán -la chica caminó hasta el gran ascensor.

Las luces del edificio estaban apagadas, pero apenas te dabas cuenta, ya que la luz natural entraba por los grandes paneles de cristal que cubrían toda la fachada. Apenas te dabas cuenta donde empezaba el techo y se dividía en pisos. El suelo parecía estar recién barnizado, era muy brillante y de buena calidad. El logo se alzaba con un holograma sobre la recepción en el medio del piso. Desde la puerta de acceso se podía ver al otro lado un gran jardín lleno de color, árboles, arbustos, algunas fuentes y flores que daban más color al jardín. El grupo entero caminó hasta un enorme ascensor de cristal en el que entramos las 20 personas.

-Como pueden ver, tenemos unas impresionantes vistas de la ciudad desde todos los ángulos disponibles -empezó de nuevo la guía-. Este edificio se compone de 32 plantas. Visitaremos algunos de los departamentos que mejor resultado nos están dando. Al final de la visita, tras una comida a la que todos ustedes están invitados el presidente de la compañía, que ha venido expresamente hoy para todos ustedes, les dará una mejor presentación de Industrias Abstergo -el ascensor seguía subiendo, desde las alturas se veía por completo el jardín-, si pueden verlo, nuestro jardín interior, sobre el que estamos, está construido de tal manera que desde el último piso, el despacho del presidente, se dibuje perfectamente el logo de nuestra empresa -toda la gente se agolpó en el cristal para verlo con más claridad. Yo no lo vi muy bien, ya que estaba al principio de este, en las puertas, pero algo pude distinguir, las tres franjas del jardín que no se tocaba formaban un triángulo perfecto, el mismo triángulo de la discoteca.

-"Piso 22 Biblioteca histórica" -dijo una voz robotizada dentro del ordenador.

-Bien, si me siguen por aquí -la chica salió en primer lugar y después los demás. Ella empezó a caminar por los pasillos de aquel piso. Todo era muy distinto que en la recepción. Las paredes seguían siendo de cristal, pero ahora el techo era oscuro, con motivos más antiguos, clásicos, y todo estaba decorado con varías estanterías llenas de libros, y mesas con ordenadores y pequeñas lámparas también apagadas, había mucha más luz que en el piso 1 -Bien, si observan todos, nos encontramos en la biblioteca principal de Abstergo. Aquí tenemos volúmenes de todas las épocas de Abstergo. También tenemos una pequeña exposición de los antecesores de Abstergo.

-Pero estos trajes son de los templarios -dijo un entre el público.

-Si, es cierto. Es un pequeño secreto que los dueños de Abstergo han mantenido en secreto. Realmente Abstergo es el descendiente de los conocidos templarios -las personas se sorprendieron mucho cuando la guía soltó esa noticia-. El primer presidente de Abstergo Es un descendiente directo de los Templarios. Se licenció en historia antigua en donde vio que esta Orden de la Iglesia luchaba por el bienestar de las personas, y al conocer su linaje, quiso que esa tradición no se perdiera, y así nació Abstergo -Empecé a mirar por todas las vitrinas que había en aquella sala. Todas ellas tenían en su interior cosas de los templarios, ya fuesen vestimentas, o armas, incluso papiros muy antiguos. Delante de los trajes había varías placas con el nombre y las fechas en las que se usó ese traje-. En los ordenadores podrán encontrar toda la información necesaria sobre Abstergo y los templarios.

La gente más joven se agolpaba en los ordenadores, al igual que los niños, los cuales veían con ilusión los videos que había. Mientras tanto yo caminé por las estanterías. Muchos de esos eran sobre los templarios. Algunos de los libros hablaban sobre una única persona. Reconocí muchos de los nombres por los libros de David. Los cogí y busqué información de los Assassin's entre sus páginas, pero no había nada, no existía ese nombre, ni nada relacionado con esa organización. Algo que no me extrañaba nada.

-Bien, si son tan amables de seguirme -dijo la chica. La gente empezó a levantarse de los ordenadores y a caminar hasta la chica que estaba en la puerta esperando a que todos salieran de la sala. Caminé hasta el resto del grupo, pasando por la zona de los ordenadores que estaba en el medio de la sala. Todos salimos, los últimos, unos niños que querían terminar el juego –como ven, todos nuestros departamentos están señados, No queremos que cualquiera entre en nuestras instalaciones y puedan estropear nuestros libros, son único en el mundo y debemos protegerlos -La chica pasó su tarjeta de identificación y la contraseña por un escáner que había al lado de dicha puerta -Sigamos si son tan amables.

Volvimos a coger el ascensor, y ahora bajábamos.

-"Piso 17 Área de Salud"

-Esta área comparte 4 pisos enteros. Si me siguen, les enseñaré lo que se hace en esta área. y después iremos bajando y os mostraré el resto -la chica empezó a caminar por delante de nosotros. Mientras tanto yo saqué mi ordenador modificado.

Del tamaño de un móvil, hice que se abriera por la mitad y que la pantalla se multiplicase haciendo que pareciera una Tablet actual, pero más potente. Gracias el Pendrive que coloqué en el ordenador, cuando pasé cerca de ellos antes de salir de la biblioteca, podía meterme de lleno en el ordenador. La pantalla que tenía ante mí era la misma que había en los ordenadores.

-En esta área nos encargamos de todos los animalitos heridos que viven en la ciudad, les damos de comer y los curamos, les damos una segunda oportunidad -siguió diciendo Silvia. Todos se habían pegado al cristal que separaba una sala, en donde estaban todos los animales, del pasillo en donde nos encontramos. Mientras miraba el móvil, iba atenta a lo que hacían los demás para no sobresalir.

Volvimos a caminar hacía la siguiente sala. Ahora en esa, los animales parecían estar micho mejor y ya comían decente y jugaban con los cuidadores que estaban allí.

-Aquí en estas instalaciones estamos creando un programa de adopción para estos animales, pero si no pudieran tenerlo en sus casas, también tenemos un programa de apadrinamiento en donde pueden venir cuando quieran y jugar con ellos mientras que nosotros les protegemos de las calles y de la mala nutrición -Muchas de las familias soltaron un gran "Oooh" cuando se les explicó aquello, y la mayoría de los niños tiraban de las camisas de sus padres pidiéndoles tener un perrito o un gatito. Pero por las caras de los padres, yo diría que se irían como vinieron.

Tras terminar el pasillo de veterinaria, por llamarlo de alguna manera, llegamos al pasillo de abajo.

-"Piso 16, Rehabilitación"

Silvia seguía guiándonos por las distintas áreas. Ahora nos encontrábamos en los pasillos de fisioterápica. Paseábamos por los pasillos mientras ella nos explicaba las distintas funciones de cada sala.

-En esta área nos dedicamos a la recuperación y movilidad de las articulaciones de los pacientes -dentro de la sala se pudo ver varios sanitarios ayudando a hombres y mujeres. Algunos de ellos se levantaban de su silla de ruedas, a pulso apoyándose en las barras que tenía enfrente, y con gran esfuerzo movía sus piernas. El dolor en su rostro era muy apreciable. Otros de ellos ya estaban muy avanzados y caminaban o se movían por su propia cuenta-. En Abstergo hemos desarrollado una vacuna que hace que las células madre se multipliquen con más rapidez pudiendo adelantar la recuperación de los pacientes. James -Silvia saludó a uno de los pacientes, y este le devolvió el saludo-, lleva solo un mes con nosotros, tuvo un accidente de moto y quedó paralítico de cintura para abajo. Vino a nosotros cuando aún estaba en el hospital en el que ya llevaba 3 meses, y aunque cuando vino no se fiaba de nosotros, poco a poco ha conseguido caminar por su cuenta, ayudado de dos bastones, pero puede hacer vida normal -los dos sonrieron-. Sigamos -Todos seguimos a la guía-. En esta área también fabricamos articulaciones, para ayudar a todas aquellas personas que bueno… han sufrido alguna amputación -dentro de la sala había mucha gente. Todos ellos trabajando, caminando con su pierna de acero, otros su mano o su brazo, pero lo más alucinante es que, si no se miraba con atención, no se notaba que fueran prótesis. Pero todos parecían muy contestos. Hablaban los unos con los otros y entrenaban en su discapacidad.

Bajamos otro piso, esta vez por las escaleras. Antes de llegar, ya había sido capad de entrar en las tripas del sistema informático. Pero allí había demasiadas cosas como para encontrar lo que necesitaba. Así que empecé a descargar todo lo necesario en el móvil, esperando que lo que necesitaba se encontrara en esos archivos. Solo tenía espacio para una carpeta. Pero tenía que salvar muchas trampas, muchas contraseñas entre otras cosas, pero poco a poco se iban descargando.

En el piso de abajo, según iba contando Silvia, se encontraba el laboratorio. En él todos los científicos intentaban encontrar curas y vacunas a las distintas enfermedades, desde el Alzheimer, hasta el resfriado común, hasta cada uno de los tipos de cáncer que podía haber. Era el área de investigación. Y justo bajo esta, en el piso 24 se encontraba un área de construcción de aparatos de salud, como las prótesis que vimos en el piso 16, y aparatos para los hospitales. Todo lo relacionado con la salud.

Seguimos bajando. Solo quedaba el 50% de los datos que tenía que descargar. Y solo podía pensar en cómo iba a recuperar el pendrive cuando todo terminara.

Piso 12 área recreativa, creaban juguetes para niños y niñas. Además de tener una guardería para los padres que trabajaban en la empresa.

-Y esta es nuestra última parada -Todos entramos a la cafetería-. Todos ustedes disfrutaran de un menú completo realizado por nuestros expertos -todos los que estaban allí nos miramos extrañados-. Industrias Abstergo ha desarrollado una nueva manera de comer -dijo Silvia muy contenta mientras nos explicaba el proceso-, con estos alimentos Industrias Abstergo quiere asumir el rol de nutricionistas en un 200% Según nuestros informes, la nutrición de las personas de esta ciudad está muy por debajo de otras ciudades, sin hablar de ciudades cercanas. En Abstergo nos hemos concienciado con esto y queremos dar a nuestros ciudadanos métodos para su nutrición.

-Pero yo trabajo todo el día y no tengo tiempo para hacer la comida en casa, tango niños y a mi madre en casa -dijo una señora un poco agobiada por las palabras que estaba diciendo la guía.

-Eso no será un problema. Los productos Abstergo se adaptan a todos, incluso los propios niños podrán hacerlo solos. Esperen aquí un momento -la chica se marchó, y nos dejó a todos con la boca abierta con demasiadas dudas. Yo mientras aproveché para mirar el móvil. Ahora la pantalla no era negra, solo mostraba la barra de descarga entera y un 100% al lado.

- "Bien, ahora solo tengo que recuperar el Pendrive" – pensé. Mientras tanto la guía volvió.

-Bien, como les iba contando Abstergo ha diseñado un nuevo producto en el que nuestra nutrición sea lo más importante. Y lo han hecho de esta manera -nos enseñó una pequeña bolsa-. Dentro de esta pequeña bolsa se encuentran todos los nutrientes necesarios que yo debo comer.

-Pero según usted ha dicho se adaptan a las necesidades de cada uno.

-Si, gracias a esto -nos enseñó un aparato pequeño, gris y con un pequeño contador en un extremo-. Esto es un contador de calorías, funciona de la misma manera que un glucómetro, un medidor de azúcar en sangre. Solo hace falta colocar el dedo aquí, y sin que cause nada de dolor, el aparato con extraer unas gotas de sangre y nos calcula la cantidad que necesitamos y la clase de nutrientes para un mes. Simplemente hay que llamar aquí, a la central de Abstergo y ellos mismos os lo envían a casa para todos aquellos que lo quieran -dijo sonriendo-. Y ahora, os animamos a todos a probarlos -la chica se hizo a un lado y nos mostró una enorme cola de gente que se había unido a la línea de comida.

- ¿Pero no entiendo? -pregunté yo-. Porque parece un sobre de medicamentos simplemente.

-Si, es algo parecido. Usted condimenta su plato de comida con un poco de esto y cuando usted lo coma, ellos se encargan de hacer el trabajo, bajan el tanto por ciento de grasa, o lo suben, dependiendo de lo que su cuerpo necesite.

-Entiendo, pero tengo otra pregunta ¿Debo pincharme cada vez que lo quiera?

-No es necesario, pero de esta manera tendremos un mejor registro de los nutrientes que su sangre necesita durante un periodo de tiempo.

-Entonces puedo pedir cada mes los mismos sobrecitos sin necesidad de un pinchazo previo -dije sonriendo.

-Si, no habría problema de que fuese de esa manera, pero seguramente no podrán ser igual de efectivos.

-Entiendo.

- ¿Desea probarlos?

-Si, pero antes, querría ir al baño.

-Bien, saliendo por el pasillo a la izquierda, los baños están señalizados.

-Muchas gracias -dije saliendo de la cafetería.

El pasillo estaba lleno de gente, muchos de los cuales eran trabajadores, todos ellos con sus batas blancas. Miré a mi alrededor. Y entonces lo vi. Seguí a un trabajador que estaba saliendo de una sala privada, así como ponía en el cartel de la puerta, se necesitaba una identificación de tarjeta como Silvia usó para abrir y cerrar la biblioteca. El señor salió, había dejado su bata dentro de la habitación. Me dirigí hasta ella, decidida sin dudar ante nada. Cuando llegué la puerta se cerró. Pero no hubo problema. Del bolsillo del pantalón saqué la tarjeta, y la pasé por el lector. La puerta se abrió sin problemas. Entré. Por suerte no había nadie a la vista, pero si se escuchaba una ducha encendida, así que debía darme prisa. Me moví con rapidez hasta la zona de las taquillas, una de ellas estaba abierta. Cogí la bata que colgaba de la puerta, al igual que la montaña de carpetas que estaban sobre su taquilla. Con rapidez observé un poco la carpeta y lo que contenía, me pareció interesante, así que le hice una foto a lo primero que encontré para analizarlo después en casa. Tras coger todo lo necesario salí de allí de la misma manera. Pero algo más elegante. Me hice una coleta alta y me puse las gafas que siempre llevaba conmigo. Al menos para disimular un poco. Me dirigí hacia el ascensor. El camino más rápido para llegar a la biblioteca. Llegué al ascensor sin problemas. Una vez en él solo tuve que dar al nivel 22 para que me llevara hasta allí. Las puertas empezaron a cerrarse lentamente, pero alguien lo impidió.

-Perdona, no sabía que había alguien -dijo esa persona. Entró y se colocó a mi lado, suspiré para tranquilizarme. Le dio a la planta 32.

-No importa, no tengo prisa -dije yo antes de ponerme a mirar los papeles que llevaba encima.

-Vaya, parece que este mes hemos tenido unos resultados óptimos en el Animus -dijo aquel hombre con una enorme sonrisa mientras ojeaba la carpeta por encima de mí.

-Si, creo que no tendremos que preocuparnos por los resultados -dije intentando que no se notara que no sabía de lo que hablaba.

-Si, parece que la gente está respondiendo muy bien. Y siempre está bien tener curiosos que desean conocer su linaje -no entendía nada de esas palabras, pero según hablaba parecía muy importante para él.

Aquel hombre iba vestido de traje de pies a cabeza. Con un peinado elegante y muy refinado, sería uno de los jefes.

- "Piso 22 Biblioteca histórica"

-Bien, creo que ya hemos llegado a su planta -dijo el hombre muy amable. Las puertas se abrieron-. Espero que nos veamos más a menudo señorita -dijo él despidiéndome. Las puertas se cerraron y el ascensor siguió subiendo.

Por suerte en el pasillo no había nadie. Y la puerta, estaba cerrada, como era obvio. Saqué la tarjeta que le quité a la guía cuando me acerqué a ella preguntándola por aquellos sobrecitos, por suerte ni se enteró. Abrí la puerta y entré. La dejé como estaba y me acerqué rápidamente hasta el ordenador donde había dejado aquel pendrive. Allí seguía. Nadie se había percatado de él. Lo cogí, pero me quedé pensando que todo parecía demasiado fácil. Algo tenía que haber más. No podía quedarme con las ganas de saber más cosas sobre Industrias Abstergo. Pero por desgracia desde ese ordenador no podía hacer nada. En cuanto intentara hacer algo fuera de lo normal, seguramente saltarían las alarmas. Así que solamente desconecté el Pendrive. Pero me quedé mirando la carpeta que tenía ante mí. Algo tenía que haber allí que a él le parecía importante. Y aquello del linaje, ¿A qué se referiría? Me senté en la silla y empecé a pasar las páginas una a una, intentando entender todo lo que decía, pero no entendía nada. Solo algo de: sujetos que cedían a un experimento para "Viajar al pasado" ¿Eso era posible? Después de todo el informe, en otra carpeta había un modelo de gafa 3D, con la tu mente podía viajar al pasado. Pero era solo un prototipo casero. Lo realmente interesante estaba al final…

Había pasado 1 hora desde que entré en la biblioteca, las voces de la gente me sacaron de aquellos papeles. Al mirar por la ventana la gente que había ido a conocer las instalaciones, ya estaban saliendo. No tenía tiempo, tenía que salir también con ellos para no llamar la atención... Eran demasiadas páginas para poder fotografiarlas, pero tenía que hacerlo. Algo me decía que en esas hojas había algo relevante. Había dibujos de las gafas, modelos de un extraño sillón que llamaban Animus. Informes sobre sujetos fallidos, sujetos confirmados, todo lo que hacían en algún lugar de este edificio.

Cerré y puse el mismo código que Silvia había usado al salir. Cogí el ascensor y recé para que todo saliera bien y poder salir sin problemas. Mientras bajaba les hacía fotos a las páginas, pero había llegado al piso principal y solo le pude hacer fotos a 10 de ellas. Al llegar al primer piso la gente estaba haciendo cola para salir. Mucho de ellos salían con bolsas. Otros daban la mano a sus guías y sonreían haciéndose fotos en los jardines. Caminé de nuevo hasta la puerta de los vestuarios, pero no paraba de entrar y salir gente, era imposible entrar sin que me vieran y eso no entraba en mis planes, tenía que pensar cómo salir de allí, sin que me vean y sin los papeles que llevaba en las manos. A lo lejos pude ver a la guía que había tenido durante todo el día. Ella me vio, me asusté, rápidamente entré al baño. Me quité la bata y la tiré a la papelera e hice lo mismo con la carpeta, no tenía tiempo para hacer más fotos. Me quité las gafas, me coloqué el pelo como antes, me mojé la cara para tapar la rojez de las mejillas y salí del baño. Caminé lentamente hacia la entrada principal cuando…

-Disculpa -me llamaron desde atrás. Silvia, la guía estaba allí -¿Se encuentra bien? No ha he visto en el comedor ni en la sala de actos.

-Si, disculpe, cuando salí del baño no les encontré en la cafetería y me perdí un poco intentando buscarles.

-Lo importante es que se encuentra bien -dijo sonriendo -tenga, me he tomado la libertad de cogerle unas muestras -medio una bolsa de papel, y dentro de esta había una revista y varios sobres de nutrientes que nos había enseñado-. Ya que no se ha hecho la prueba, le he cogido un tamaño estándar, espero que le gusten y le sienten bien. En cada sobre encontrará las instrucciones de uso. Gracias por venir a Abstergo y ser parte de nuestro aniversario -Silvia era muy bajita y menuda, demasiado delgada, no parecía que usase esos productos que nos había vendido. Llevaba un moño alto, sinceramente no era muy agraciada. Tenía la nariz grande y llevaba unas gafas bastante grandes para su cara. Detrás de ellas se escondían unos enormes ojos de color café. El labio superior lo adornaba un superficial bigote, pero siempre llevaba una enorme sonrisa. Bajo la bata, la ropa tampoco pegaba con una mujer del siglo actual. Llevaba unos pantalones llenos de parches y una camiseta muy fea, ni un gato se la pondría. Era la típica chica que nunca había sido popular, pero tampoco del montón. Vestía como la típica empollona.

-Gracias. Y muchas gracias por la visita -dije cogiendo la bolsa, me di media vuelta y marché hacia la puerta principal.

-Espero que se lo hayan pasado bien y que les gusten nuestros productos, Abstergo siempre piensa en la gente de a pie, si tiene alguna consulta, estaremos para ayudarle -dijo el mismo hombre trajeado que me había encontrado en el ascensor, iba dando la mano a todas las personas que habían ido a hacer las visitas.

Tras un último vistazo a aquella escena seguí caminando, pasé los controles y…

-¡Señor Cross, Señor Cross! -dijo una mujer tras de mí. En ese momento me paré y volví a girarme.

-Por supuesto, no faltaba más -dijo aquel hombre trajeado.

"-Nos has traicionado a todos Cross, nunca serás mejor que yo…"

Al llegar a casa, entré dando golpes. Tiré la bolsa al suelo, di un portazo a la puerta para cerrarla y me cabreé y empecé a golpear todo lo que estaba a mi alcance. Rompí una lámpara, tiré los cacharros de la cocina. Rompí revistas. Grité como si no hubiera un mañana, hasta que me tranquilicé. Loba la pobre no paraba de ladrar intentando que me callara, pero no la quise hacer caso. Me apoyé en la pared y me fui resbalando hasta acabar sentada en el suelo. Loba, sin temor se acercó a mí y se tumbó a mi lado. Posó su cabeza en mis muslos y me dejó acariciarla.

-Perdona. No quería asustarte -dije mientras la acariciaba su cabeza-

-¡SE PUEDE SABER QUE HA PASADO AQUÍ! -dijo una voz entrando a mi casa. Era Mara estaba alucinando con el destrozo de la casa.

-Demasiadas cosas -dije yo sin moverme del sitio.

-Bien, pues ya estas tardando en explicarte -dijo ella dejando su bolso en la encimera de la cocina.

Mara empezó a recoger las cosas que había por el suelo, mientras que yo me quedaba sentada, pero no dijo nada. Por alguna razón solo se mantenía callada, sin mirarme.

-¿Qué tal con tu novio? -pregunté.

-Ha tenido que volver a irse, parece que el trabajo se le está acumulando demasiado -dijo con voz apenada mientras recogía los cristales.

Me levanté y empecé a ayudarla. Gracias a ella terminamos rápido de recoger el desastre que había causado.

-¿Qué te ha pasado? -volvió a preguntarme-. Te dejo sola una semana y te encuentro de esta manera, poco tiempo te ha faltado para empezar a lanzar cosas por la ventana.

Mientras nos tomábamos una copa de vino le conté todo lo que sabía, todo lo que había averiguado y lo que no.

-Vale, ahora entiendo la rabia. Pero no puedes hacer nada, por más que él sea el que mató a David.

-Lo sé, además el caso está cerrado. Dijeron que fue un robo que salió mal. Yo salí tarde del hospital y ya no se podía hacer nada. Además de que apenas recordaba lo que había pasado.

-Pero ahora lo has recordado, ¿no puedes abrirlo? -preguntó.

-No serviría de nada, solo tengo un apellido, y no un rostro por lo que es imposible que lo relacionasen. Cross se librará por el asesinato de David. Simplemente espero pillarle por otra cosa.

-¿Por qué dices eso?

-He tratado con gente como él, si algo no les gusta o no sale como ellos quieren siempre harán algo para cerrar el asunto, aunque sea matar a gente inocente -dije.

Le conté muchas cosas, pero no pude contarse lo de aquella sociedad secreta conocidos como los Assassin's, era mejor mantener el secreto.

Tras charlar durante unas cuantas horas, Loba y yo acompañamos a Mara a su casa, y así salíamos las dos.

Era una noche agradable, no hacía calor y daba gusto estar en la calle. Así que dejé que Loba corretease un rato en el parque mientras que yo intentaba repasar las páginas que había leído, pero no recordaba nada de ellas. Apenas había entendido nada, había muchas formulas químicas y físicas, con las que no estaba familiarizadas. Así que miré las fotos que había hecho, pero igual, apenas entendía nada. Tras estar unas horas allí, y que ya empezaba a estar cansada después de todo el día en tensión. Volvimos a casa.

Loba no estaba muy a favor de volver a casa ya que se había pasado sola todo el tiempo, pero no tuvo más remedio. Después de darle de comer se tranquilizó y se quedó en su cama son su hueso.

Antes de sentarme en el sofá, terminé de recoger lo que ´habíamos dejado por allí. Tiré a la basura los trozos de la lámpara y la bombilla rotos. Siguiente paso, la bolsa de Abstergo, que seguía en el suelo. La cogí, saqué los sobres con polvos y la revista. Iba a tirarla cuando algo se movió en su interior. Volví a mirar, pero no había nada en su interior. La arrugué con fuerza para tirarla, pero algo noté en ella, y no era cartón. Volví a estirarla, pero no había nada. La dejé en la encimera palpé toda la superficie, pero ni en las asas ni en las caras de la bolsa. Pero cuando palpé la base encontré un bulto anómalo para una bolsa de ese estilo. Cogí un cuchillo y con cuidado separé todas las aristas que había. Al abrir toda la bolsa encontré pegado con celo un trozo de algo… no pesaba. Era una micro tarjeta SD. Dudaba que hacer. Pero al final metí la tarjeta en el ordenador, pero nada más meterla no había nada. Estaba completamente vacío.

-¿Me estáis tomando el pelo? -seguí mirando, lo saqué y lo volví a meter, pero igual. Estaba vacío. Entonces solo se me ocurrió hacer una cosa. Mirar en los datos de la tarjeta. Pero no estaba vacío. Al contrario, Estaba completamente lleno, tampoco era muy grande, por lo que era fácil llegarlo rápido. Pero en el ordenador no me aparecía nada.

Si había algo ahí dentro, tenía que saber que era. Mis dedos comenzaron a teclear por el ordenador, Algo había ahí dentro que no me dejaba ver, y tenía que descubrir que era. Así que me puse a danzar. Puse música, mis cascos para evadirme del mundo entero y mis dedos al igual que mi mente se pusieron manos a la obra.

Tenía que crear un programa nuevo que me permitiera ver lo que no se veía. Me inspiré en todos los mensajes que había tenido hasta la fecha, todos ellos invisibles al ojo humano, pero con un poco de magia conseguí leer las palabras. Pues era algo parecido, solo que había que usar muchos comandos para conseguir que se pusiera el programa a trabajar sin necesidad de estar en el ordenador mirando. Creé los comandos como si fueran el Paint. Me llevó bastante tiempo, se había hecho de noche y me estaba entrando bastante hambre, además de que Loba ya se había levantado de su cama y empezaba a caminar hacía mi para que la sacara a pasear. Antes de salir con la perra puse el programa a funcionar. Pero no podía tener la tarjeta dentro del ordenador ya que por desgracia el ordenador seguía diciendo que no había nada, y debido a la antigüedad del ordenador no me dejaba hacer todo lo que yo quería. Pero por suerte tenía un lector exterior, me lo regalaron los del FBi una de las veces que fui a ayudarlos. El lector era una caja de color negro con una pequeña pantalla de ordenador. al colocarlo encima podía mostrarme lo que había dentro de él sin necesidad de introducirlo dentro del propio ordenador. El programa funcionaba conjuntamente con el lector en el momento en que un dispositivo hacía contacto con la pantalla. Al ponerlo, empezaron a leer. Mientras que el programa del ordenador empezó a trabajar intentando leer lo que había.

-Venga, vámonos, esto tardará bastante -me marché a la habitación, me puse el chándal y salí con la perra.

Llegamos al parque y solté a la perra. Me hubiera gustado que se quedara a mi lado, pero por el calor ella prefirió darse un chapuzón al lago y corría a mi lado, pero por su camino personal. Por suerte ya era tarde y no había niños en la calle. Mientras corría empezaba a pensar en todo lo que me había pasado desde que volví hace casi un año. Mas de un asesinato. Las desapariciones de Adam James y Ana Petter. Los cuales no habían aparecido en ningún momento, aunque tampoco teníamos un rostro de ellos, por lo que era más complicado. Después todas las extrañas notas que había ido descubriendo desde mi cumpleaños, sin contar con la llave de esa discoteca, la cual apareció de repente y no como Mara me dijo, pero no sabía cómo decírselo. Además de que tampoco me había servido de mucho esa llave. Aún la tenía, la llevaba siempre en el llavero esperando que en algún momento alguien me dijera para que valía.

Tras un par de horas en el parque volvimos a casa. Pero para aclarar mis dudas dimos una enorme vuelta a la ciudad. Pasamos por las afueras de la ciudad. Frente a las dos discotecas. "Abstergo" y "La Biblioteca". Ya había mucha gente allí. Agolpados frente a las dos puertas. Eran las discotecas del momento y nadie se lo quería perder. Me quedé mirando los dos edificios, primero el de "Abstergo" y después "La Biblioteca". De todas las personas que había en aquel lugar, solo yo sabía lo que eran cada uno de ellos, y el por qué, teniendo tanta ciudad donde colocarse, habían preferido estar frente a frente, enfrentadas desde que ambas existen.

-Sabes Loba, las señales vienen de ellos, de alguna manera sé que David me manda todas esas pistas, quiere que vengue su muerte. Y eso es lo que haré -dije sonriendo mientras miraba la Base de los Asesinos, "La Biblioteca"

Las dos volvimos a casa. Y lo primero que hice fue mirar de nuevo el móvil que me había llevado a la visita y miré el archivo que me había descargado. Y para mi sorpresa no eran los informes de los trabajadores de la empresa, o de los templarios. Si no el resto del informe que tuve en mis manos y que apenas pude leer. Estaba todo allí. Las gafas de 3D, y esa extraña silla. Todo estaba allí. Pero seguía sin comprender nada de lo que era. Algo de linajes, de viajes en el tiempo… pero nada parecía lógico. Solo pude ver algunas palabras que si reconocí. "Orbes ocultos" "Assassin's" pero otros datos revelaban que algunos orbes fueron ocultos a principios del siglo XIX.

*-Los sujetos 22, 23 y 24 había sido un fracaso. La sincronización no se pudo completar. Y los sujetos murieron en el proceso.

- El sujeto 26 estuvo más cerca que ninguno de encontrar un orbe, pero su homólogo del siglo XIX murió de enfermedad. La sincronización llegó a su fin por lo que nos fue imposible dar con el escondite del Orbe.

-Nuevas pruebas con el sujeto 30: Está dando muy buenos resultados, pero parece ser que su homólogo aún es joven… debemos esperar hasta nuevos resultados.

Sujetos del 27- 29; fracaso completo. El efecto sangrado los dominó tras varios días de sincronización. Ahora se recuperar en el área psicológica, dudamos de una completa recuperación y que nos reporten la localización de todos los orbes que encontraron.

-Nuevos Experimentos próximamente: según el sujeto 30, una mujer del siglo XIX, encerró el último de los orbes, pero nunca dio la localización. Por lo que las pruebas de sincronización nos han llevado hasta el Nacimiento del homólogo del sujeto 30. Debemos esperar que el sujeto cumpla su vida en el siglo XIX, y que el efecto sangrado no corrompa su mente.

Esperamos descubrir nuevos datos sobre este sujeto. *

Tras unas cuantas horas, me hice la cena, sin mucha hambre, pero algo debía de comer. Apenas había algo en la nevera así que cogí lo primero que vi, un poco de queso y un tomate, pues una ensalada caprese. Al terminarla vi en la mesa los dos sobres de nutrientes que me había traído de Abstergo. Lo cogí, lo miré por todos los ángulos que había. Pero no me convenció a usarlo, así que lo dejé de nuevo sobre la mesa. Me senté en el sofá y empecé a pasar los canales. Mientras tanto el ordenador seguía funcionando. Aún no había conseguido descifrar el pendrive. Tampoco sabía que podía haber dentro que me valiera de algo, y mucho menos imaginar el por qué me lo habían entregado. El estrés del día empezaba a ser mínimo en mi cuerpo, y eso daba pie a que mis ojos comenzaban a cerrarse. Al final me quedé profundamente dormida en el sillón.

*Era el mejor día de la semana, no solo porque por fin había salido el sol de entre las nubes, sino porque hoy era el día más largo del año. Siempre me sentía muy bien ese día. Siempre hacía sol y por la noche había fiesta en la plaza principal de la ciudad. Había cohetes, y música por todos lados. Y ese día mi marido estaría conmigo. No suele ir a eventos de este tipo, pero le pedí que ese día lo reservara solo para mí. Por suerte me lo prometió y no era muy fácil. Era un hombre muy ocupado, ya que se tenía que hacer cargo de todos los negocios que su padre le había dejado cuando murió. De buena tinta sabía que no era fácil atender a tantos asuntos. Mi padre hacía lo mismo antes de que muriera. Tras eso yo me dediqué a estudiar el trabajo de mi padre, pero poco después me casé y todo lo suyo se lo quedó mi hermano, el cual tras casarme perdí el contacto con él y con todo lo que conocía.

Solo quedaba hacer un par de cosas antes de la fiesta, y una de ellas era ponerme guapa. Pero primero quería pasar por la biblioteca para devolver un libro. Dejé el libro, que tenía desde hacía un par de días, en la recepción y busqué entre todas las estanterías uno que me llamara la atención. Cogí uno pequeño. Era una historia de amor. En la historia, el chico era consumido por una maldición que le hizo parecer una bestia por fuera, pero seguía siendo un hombre por dentro. Se enamora de una dulce muchacha, valiente como ninguna que haya visto antes, pero que la tenía presa en su castillo. Pero al final ella se enamora de él, pero nunca sabrá cual es su verdadero aspecto hasta el final, hasta que la muerte le arrebata de sus brazos.

Tras coger el libro firmé en la lista y me marché después despidiéndome de la amable señora que había detrás del mostrador. Y ella siempre me devolvía el saludo con una enorme sonrisa.

Después de eso me fui a mi costurera, pues me había hecho el vestido para ese día.

Tras terminar todas las tareas, volví a mi casa. Al llegar era la hora de comer, así que dejé las cosas en mi habitación y marché al comedor, en donde, como era normal, no había nadie. Me senté en mi sitio y esperé que los criados trajeran la comida.

Mientras esperaba unas manos se colocaron delante de mí, un peso se colocó en mi pecho. Cuando lo vi, era un precioso collar, sencillo, pero con un hermoso colgante.

-Sé que es tarde, pero Feliz cumpleaños amor mío -al mirar, un caballero de ojos claros y cabello moreno me miraba fijamente, se inclinó ante mi y me besó lentamente en los labios.

Cuando el sol estaba ocultándose nos marchamos a la fiesta, los dos, perfectamente vestidos y decididos a pasarlo muy bien.

Casi todo el pueblo se encontraba ya allí, la música sonaba por todo lo alto. Había parejas bailando, niños correteando y gente comiendo.

Tras saludar a todos los invitados nos sentamos a una mesa a comer y a hablar sobre los asuntos de la ciudad, política entre otras. Algunos de esos temas me interesaban bastante, pero otros como la política los aborrecía por completo.

-¿Qué piensa usted Señor Connor? -preguntó uno de los Señores.

-Pues verá Señor, yo pienso que los asuntos a tratar se pueden dejar para otro momento del día, hoy, estamos de celebración. Señora Stone, ¿Me concede este baile? Si su marido me lo permite, por supuesto -dijo con una agradable sonrisa. Yo miré a mi marido.

-Sin problemas, ojalá supiera bailar, la sacaría yo mismo, pero he de confesar que solo la pisaría. -dijo sonriendo-, diviértete, Elena.

-Señora Stone -Connor me cedió su brazo, me agarré de él y salimos a bailar los dos.

El baile fue tranquilo, solo escuchando la música. En esta clase de bailes escaseaba mucho el contacto con la pareja, por lo que solo nos mirábamos a los ojos*

Desperté con el horrible sonido del despertador. Me giré, pero en ese momento no noté más cama. Me desperté de un susto, pues estaba en el borde del sofá a punto de caerme, tuve que sujetarme con las manos en la mesa para no caer al suelo. Ya despierta, y con el corazón latiendo sin parar, me levanté, marché a la habitación y apagué el ordenador. Marché al baño a lavarme la cara. Como me quedé dormida en el sofá, no me había dado tiempo a quitarme el maquillaje, y ahora tenía los ojos de un panda. Tomé agua y jabón y froté hasta que todo se quitó, no tuve que estar mucho, por suerte. Antes de desayunar me puse el traje de faena, cogí a Loba y salí a correr con ella, me vino bien, porque el ordenador aún no estaba listo, no le quedaba mucho. Corrí por el parque, no había mucha gente debido a las horas que eran, pero el sol ya empezaba a amanecer. Pero nosotras seguimos a lo nuestro. Cuando dieron las 7 de la mañana volvimos a casa. Volvimos a batir nuestro propio reto, así que tras darle la comida a Loba la entregué una chuche de las suyas, cosa que agradeció y se fue muy contenta a su cama a comérselo con rapidez. Tras eso me puse un tanque entero de café y una tostada de queso crema con mermelada, tuve un antojo de repente. El ordenador ya había terminado de leer el pendrive, pero lo que encontré era algo que no me esperaba. "Introduzca la contraseña" -Genial, y ahora que… -pensé. Miré el pendrive e intenté buscar algo más dentro de él que me permitiera saber que debía de poner, pero nada. No había nada relevante -bien, pues tanto tiempo para nada-. Dejé el ordenador tal cual y me puse a desayunar. Cogí el café y la tostada. Delante de mí, en la encimera se encontraba la revista de Abstergo. No tenía mejor cosa que hacer ni que leer, así que la cogí y mientras daba un mordisco a la revista empecé a pasar las páginas. Cada una de ellas hablaban de los distintos departamentos que tenían. Hacían especial ahínco en las gafas 3D, y en un nuevo aparato que te permitirá tener una experiencia real en tu antepasado y poder ver lo que él vio, pero aún era un prototipo, por lo que aún no estaría disponible por completo. Pero buscaban voluntarios para probarlo con humanos, ya que con animales se habían obtenido unos resultados muy buenos. Al leer aquello, recordé el informe que descargué. Hablaba de lo mismo. Pero aún no entendía el por qué aquello parecía tan importante… algo me daba muy mala espina, pero no sabía por qué. Dejé ese artículo y seguí. Mientras leía el resto de la revista, estaba terminando de desayunar. Al final estaba el artículo de los juguetes de los niños, y junto a este un dibujo de garabatos, y en la cabecera del dibujo -Busca la llave oculta-. Mientras terminaba de desayunar me puse a buscar la llave, tenía buena vista y solía encontrar las cosas con solo mirarlas, incluso en los típicos "Une los puntos", desde pequeña se me dio bastante fácil saber de qué animal se trataba sin necesidad de dibujar. Pero en aquel revoltijo de líneas no había nada que se pareciera a una llave. Pero cuanto más miraba el dibujo más me quería hacer sonar. Hasta que me acordé al ver la parte inferior izquierda. Ahí estaba la misma cruz que encontré oculta en el diario de Amanda Smith.

-¿Estáis de broma?

Rápidamente dejé el café, y fui a por el archivo que tenía de todo lo relacionado con el caso. Dentro de la carpeta se encontraban los informes, fotografías de las armas, fotografías de las víctimas y de todos los sospechosos. Y entre todo ese jaleo de papeles, se encontraban las fotocopias que le hice al cuaderno que Amanda Smith tenía entre sus cosas. Busqué entre todas las páginas, entre todos los garabatos, y encontré el que buscaba. Los comparé entre los dos, aunque el de la revista era más pequeño eran idénticos entre sí. De alguna manera el que me hizo llegar esta revista, sabe que yo tengo ese diario, podía ser alguien de la comisaría, nadie más podría saberlo. Tenía que estar atenta.

Dejando eso atrás, me preparé con rapidez, me duché, me vestí y me peiné, y salí junto con Loba a todo correr, cogí el coche para tardar menos. Al llegar, Loba se marchó a su cama mientras que yo me senté en mi sitio. Tenía un montón de papeleo por terminar ya que no había ido por unos cuantos días debido a mi suspensión. Me puse a terminar los informes y a redactar todos los que tenía pendientes. Intenté tardar lo menos posible, ya que desde que lo descubrí, solo podía centrarme en una cosa y quería averiguar lo que se escondía detrás.

Ya era por la tarde y apenas había podido hacer nada de lo que quería, pero era lógico, el trabajo era lo primero. Antes de marcharme a casa decidí ir a los archivos. Como el caso ya estaba cerrado no me supuso ningún problema entrar y coger lo que necesitaba. Rebusqué en la caja, pero el cuaderno no estaba, algo que no era posible ya que yo misma lo había dejado dentro de ella y archivado. Le pedí al policía que guardaba los archivos que me enseñara la lista de los que habían tenido acceso a esa caja. Pero no había nada extraño. Todo estaba en orden, yo fui la última que firmó la hoja detallando lo que había dentro de ella, y el cuaderno estaba apuntado… así que… ¿Cómo había desaparecido, y quien lo había robado? Visualicé las cámaras, pero nada, no había nada extraño. Nadie había sacado ni metido nada de ese pasillo desde que cerramos el caso… ¿Entonces? Me marché de la comisaría con muy mal sabor de boca. Alguien había robado y no nos habíamos percatado… yo podría decírselo a la Capitana, pero como explicar para que necesitaba el cuaderno…

Tras llegar a casa solo pude usar las páginas que tenía fotocopiadas del propio cuaderno, por suerte, de alguna manera fui precavida y ahora las tenía conmigo… Las coloqué todas en la mesa, bien repartidas entre ellas e intenté buscar la llave de la que hablaba la revista. Pero no encontré nada. En ninguna de ellas.

Loba, animada, subió al sofá, y con el rabo de aquí para allá, tiró algunas de las hojas al suelo.

- ¡Loba…! – me levanté del sofá-, mira que eres patosa… -me agaché. Cogí la primera hoja. Pero al coger la siguiente…- Creo que has dado en el clavo Loba.

-Woof -dijo muy contenta.

-Algún día me explicaras como lo haces… -la acaricié.

Cogí todos los papeles que se habían quedado en el suelo y me dirigí rápidamente al ordenador. Escaneé todos los folios. Con ellos intenté ir combinándolos, si mirabas los folios por separado no encontraba nada. Pero entre ellos se unen con las líneas que forman los garabatos. Con los programas propios del ordenador intenté ir girando los papeles, e intentar cuadrarlos entre sí, pero no había manera. Parecía que cuadraban, pero, no, solo lo había unas de ellas. Entonces, solo se me ocurrió hacer lo mismo, pero de forma automática. Dejé que el ordenador hiciera el trabajo mientras.

El teléfono me sonó. Tardé en cogerlo, pues lo había perdido entre los cojines del sofá.

-Williams -contenté apurada.

-Soy Beckett, tengo algo que te va a alegrar la noche -la escuché con mucha atención, y esperé a que ella me diera esa gran noticia-. Tengo contactos en las altas esferas, me he cobrado algún favor que me debían y tengo el archivo completo que querías.

- ¿Lo dice enserio? -dije notando como me temblaba tanto la voz como las piernas que me hicieron caer en el sofá.

-Mañana en la comisaría hablamos sobre eso.

Colgamos.

Por la noche apenas pude dormir bien. Era imposible conciliar el sueño. Solo pensaba en esa persona y en lo que podría esconder. Podía no ser nada, ser solo paranoillas mías, pero él tenía algo, sabía algo que yo no.

Por la mañana, dejé el ordenador funcionando, las hojas se seguían moviendo y buscando la manera de encontrar esa misteriosa llave. Gracias a un pequeño cambio en el programa de fotos propio del ordenador, ahora las hojas van rotando una a una intentando conectarse con sus contiguas o rotan entre ellas para encontrar la dichosa llave. Pero ahora dudo que se a una llave como tal. Algo debía haber en ese cuaderno que alguien no quería que encontrase. Por suerte tengo los folios.

Junto a Loba nos marchamos a la comisaría. Llegué con muchas ganas de hablar con la Capitana, pero algo me decía que no sería como yo esperaría.

Entré al despacho.

- ¿Quería verme Capitana?

-Siéntate -ella sacó la carpeta en donde creo que estaría el informe que tanto esperaba-. Le leído el informe. Como capitana tenía que hacerlo. Como tú jefa te puedo obligar a no hacer lo que seguramente pensarás después de leer el informe. Pero también he de decirte que tenías razón. Parece ser que ese Alec Finnia está conectado con el asesino Templario.

-Lo sé, no puedo decirla como lo sé. También sé que ellos dos están conectados con el asesinato de David.

-Eso es lo que me preocupa. Que quieras tomarte la venganza por tu parte.

-Beckett yo…

- Cath, te entiendo. Sé lo que intentas hacer, pero quiero que lo hagas de la mejor manera. Y yo voy a ayudarte.

- ¿Cómo?

-Destaparemos esa sociedad, si quieres, claro.

-Claro -pero no estaba muy segura de lo que decía, no quería involucrar a alguien más en este tema.

Tras pasar varios minutos más de conversación, salí del despacho con el informe en la mano.

Me senté en la mesa. El informe estaba delante de mí. Tenía demasiadas ganas de abrirlo, pero me daba miedo abrirlo y averiguar que no había nada de lo que esperaba, aunque según lo que dijo Beckett, todo apuntaba a que sí. Pero guardé el informe en el bolso y lo dejé para después. Loba me miró sin entender nada, pero golpeó un par de veces el bolso insistiendo en que lo mirara. Pero no la hice caso y seguí trabajando.

AL llegar a casa dejé el bolso en la mesa, di de comer a Loba y me quedé pensando en que hacer. dejé la carpeta frente a mí. Podía abrirla y quitarme todas las dudas y poder cerrar ese tema y seguir con otra cosa, o dejarlo tal cual y poder pasar de todo este tema.

-Woof -ladró Loba.

- ¿Estás segura?

-Woof.

Seguí mirando la carpeta, pero en ese momento el ordenador sonó. Me distraje con él. Dejé la carpeta a medio abrir en la mesa y me acerqué al ordenador rápidamente. En la pantalla del ordenador los distintos dibujos se habían ordenado por completo, pero nada, no había nada en ellos, seguía habiendo garabatos todos lados. -No entiendo nada-. Miré la pantalla intentando buscar esa llave, pero nada. Me habían engañado otra vez. Cogí los papeles que estaban en la mesa y los superpuse los unos con los otros. Y como hace meses, encontré el mismo dibujo de la cruz templaria en ellos. Lo único que encuentro son las líneas completamente unidas entre sí, no hay nada más aquí dentro…

Tras intentar buscar por todos lados algo que nunca encontré dejé el ordenador encendido y me fui a hacer la cena. No tenía mucha hambre, así que me hice una macedonia y poco más. Mientras cenaba tenía la televisión encendida con el programa de turno y en la mesa tenía la carpeta con toda la información necesaria. Loba estaba dormida, muy dormida. Así que haciéndola caso abrí la carpeta y empecé a leerla. Poco a poco empecé a sonreír. Todo lo que ponía allí me servía para presionarle y que me diera información que necesito para el caso que me incumbe.

Aquella noche estuve estudiando tanto el informe de Alec Finnia, como los garabatos del ordenador. Pero solo supe que hacer con Alec, el ordenador empezó a funcionar por si solo, parecía que estaba buscando algo, por lo que lo dejé hacer. Eran las 5 de la mañana y me quedé dormida sobre el ordenador.

La luz del sol, que entraba por la ventana, me despertó. El despertador sonó en la habitación. Con los parpados aún pegados, fui hasta la mesilla y lo apagué -Tengo que terminar con esto de una vez-. Me metí a la ducha y me preparé como siempre, sin muchos cambios. El pelo en una coleta, algo de rímel y pintalabios de brillo. No me gustaba maquillarme en exceso. Para ese día tenía que estar preparada, después de mucho tiempo de espera, todo esto podía acabar si jugaba bien mis cartas. Si Alec conseguía inculpar a Cross con una confesión escrita todo quedaría zanjado y David podría descansar en paz después de varios años. Y la organización estaría desnuda sin alguien que la dirigiese.

Dejé a Loba en casa después de salir con ella a pasear. No teníamos muchas ganas de ir a correr y yo quería hacer las cosas cuanto antes.

Tomé algo de café y cogí el coche. Llamé a la Capitana para avisarla de donde estaría durante la mañana, y que no me esperara durante la mañana, esperaba tener lo que quería antes de comer. Beckett iría a la prisión a medio día para ayudar.

Al llegar a la cárcel llegué a la prisión, dejé la pistola reglamentaria, pasé por el detector de metales y junto a Alec Finnia llegamos hasta su despacho.

-Bien, espero que el caso Díaz esté ya resuelto -dijo él sentándose en su silla, tras su escritorio.

-Aún estamos en ello, pero me gustaría hablar con usted de un asunto.

-Bien. Usted dirá.

Se acomodó en su silla.

-Durante la investigación y gracias a las grabaciones que usted nos proporcionó, hemos encontrado que una de sus cámaras, en concreto la del pasillo de la víctima, es proporcionalmente mayor que las demás.

- ¿A qué se refiere? -de la carpeta que llevaba conmigo saqué la imagen del asesino apoyado en la barandilla.

-Encontramos una grabación. La grabación original. Y sobre esta grabaron el pasillo que nos mostraron, en calma y sin ver que se estaba produciendo un asesinato.

- ¿Está segura de eso?

-Si, completamente -le enseñé la fotografía. Su rostro no cambió mucho.

- ¿Saben quién es?

-No, por desgracia aún no sabemos quien es, esperaba que usted nos pudiera dar un nombre.

-Imposible, está completamente encapuchado, ¿Cómo espera que lo haga?

-No lo sé, era el único que podría hacerlo. Pensamos que alguien podría querer herirlo de alguna manera.

- ¿A mí?, no ha sido a mí al que han matado.

-No, eso es evidente -Volví a abrir la carpeta-. Pero después de los innumerables accidentes que han ocurrido en esta prisión desde que usted se hace cargo.

Me miraba desafiante, pero sin hacerse notar. Solo me miraba fijamente a los ojos mientras yo iba leyendo el informe que tenía en mis manos.

-A los pocos meses de ser usted nombrado director, murieron dos presos en extrañas circunstancias, pero según los policías encargados de la investigación, se atribuyeron a accidentes por escapismo. Un año después otro hombre también muerto de manera misteriosa, pero según esto se le paró el corazón, su propio médico firmó la hora de la muerte. Meses después de eso, un preso apuñaló a otro en el comedor, "Por llevarse más ración de comida", según pone aquí…

-Eso no tuvo nada que ver conmigo. Ellos hacen y ellos merecen su castigo -dijo un poco más nervioso.

-Si, pero es muy extraño que desde que se creó esta prisión nunca se hayan dado tantos casos como los que se dan desde que usted es el presidente.

- ¿Qué está queriendo decir con eso inspectora? -preguntó él apoyando los codos en su mesa.

-Pues que es usted el hombre con menos suerte del mundo, o es el cabecilla de los asesinatos que he mencionado, así como otros que no he nombrado.

-Muy bien -dijo muy tranquilo- Digamos que yo estoy detrás de todos esos sucesos, como lo demuestras.

-No puedo -dije firmemente-, está todo demasiado bien hilado para encontrar al culpable. Pero por la experiencia que este trabajo me ha hecho tener, sé que usted está detrás de todo esto. O es posible que usted sea solo un peón y que alguien de mayor poder mueva todos los hilos que tiene expandidos por la ciudad.

- ¿Alguien cómo? -dijo él con una sonrisa burlona, de desabrochó el botón que le quedaba en la americana.

- Daniel Cross -lo miré a los ojos, esperando un pequeño asentimiento por su parte.

-Si, he escuchado hablar de él. Es el presidente de industrias Abstergo, ¿No?

Me levanté de la silla y empecé a caminar por el despacho buscando algo que me ayudara, pero nada había fuera de lugar. Había diplomas, premios y fotos, y tras él una enorme ventana que daba al patio en donde los presos pasaban sus ratos libres. Ahora mismo estaban en él. Unos jugando al baloncesto, otros levantando pesas, y alrededor de ellos unos cuantos guardias armados que vigilaban la tranquilidad del momento.

-Cuando vinimos a por el cuerpo de Arturo Díaz, nos llevamos también los informes de todos los presos que había en ese momento en la prisión.

-Si, yo mismo ordené que se los entregaran.

-Lo sé, y fue muy amable por su parte. Pero cuando estuve investigando quien pudo ser, algo me extrañó. Estaban todos los informes de los trabajadores y los presos, incluido el del médico, pero faltaba uno de ellos.

- ¿Cual? -dijo sin sorpresa.

Delante de mí, en una estantería llena de estatuillas, entre ellas pude ver algo familiar, algo que ya había visto antes. Un destelló dorado apareció delante de mí, pero solo eso, no había nada concreto como cuando vi el puñal, no había nada simplemente un destello dorado delante de mí. Pero desapareció rápidamente.

-El de usted -dije sin mostrar sorpresa ante ese destello.

-Debe de ser un problema, yo mismo ordené que le proporcionaran todos los informes.

-Si, eso pensé en un momento, así que volví a pedir su informe, y me lo entregaron sin mayores preguntas. Y cuando lo vi, algo me extrañó. Pues todo estaba clasificado.

El no dijo nada, solo me miró.

-Y supongo que alguien de su nivel no ha podido desclasificarlo, por lo que alguien de más arriba lo habrá hecho.

-Si.

- ¿Y que ha encontrado?

-Trabaja para Abstergo, o los antiguamente llamados Templarios, la cruz de la corbata lo confirma. Y bueno según otras investigaciones, los prisioneros que matasteis no eran tales. Eran enviados de la Orden de los Asesinos para matarte a ti. -dije seriamente-. Y estoy segura que tú y los guardias que están tras la puerta, lo modificasteis todo para que parecieran esos accidentes que pone en tus informes.

-Bien, eres una chica lista. Pero no lo bastante.

Por la puerta aparecieron los guardias que había estado sintiendo desde hacía varios minutos. Todos ellos me apuntaron con las armas. Levanté las manos y me puse de rodillas.

-Sabiendo lo que sabes, no deberías haber venido. Sabías lo que iba a pasar.

-Sí. Lo sabía. Y aún así vine.

-Ya se quien eres, si -él comenzó a caminar por el despacho-. Durante varios meses se ha comentado que alguien está haciendo demasiadas conjeturas. Alguien que apenas sabe nada de nuestro mundo. Si, Arturo me habló de ti y de todo lo que te ha contado, intenté que se quedara calladito, pero tu amenaza hizo que te contara más de la cuenta.

-Pero tu no lo mataste -lo miré mientras me mantenía en la misma posición, rezando para que no me ejecutaran.

-No, pero esos Assassin's me hicieron el favor -dijo demasiado contento.

- ¿Y qué me harás ahora? ¿Me matarás?

- ¿Que has venido a hacer?

-Tú no me interesas, nunca lo has hecho, desde que leí tu informe solo quise que me dijeras cosas de Daniel Cross -dije empezando a enfadarme.

-Ya te lo he dicho, simplemente he escuchado de él, no sé nada que el resto del mundo no sabe.

-Es el presidente de Abstergo, el que mueve los hilos de esa Organización vuestra.

- jajaja -comenzó a reír a carcajada limpia-. No tienes idea de lo que hablas, apenas eres una cría que no tiene idea del mundo. Alguien ajeno a todo que solo piensa en vengarse de ese Cross. Hay gente mucho más poderosa y mucho más peligrosa que un simple mercenario que viste de traje.

- Entonces…

-Si, él es como yo, un simple peón en medio de una enorme partida de ajedrez. Y al igual que nosotros, tú eres prescindible -con un solo golpe de cabeza, los guardias cargaron su arma y colocaron la mano en el gatillo.

Por mi mente solo pasaba aquella perra a la que dejé en casa, ¿Quién se ocuparía de ella? ¿Y el por qué no podía dejar las cosas tranquilas? No cerré los ojos. Me mantuve erguida mirando a mi enemigo. Se sentó en su silla y sonrió.

-Sabes, no estoy sola -dije sonriendo.

La ventana se rompió en mil pedazos. Aparté la mirada cuando los cristales comenzaron a volar por todos lados. Escuchaba algo golpeando el suelo, pero nada más. Cuando volví a mirar, ya no tenía guardias a mi alrededor, solo había un encapuchado que me miraba fijamente, pero sin mostrarme su rostro. Me levanté rápidamente.

-Ya llegué a pensar que no aparecerías.

-No somos tus muñecos de acción, esta será la primera y la última vez que ayudemos. Vuelve a tu trabajo, nosotros no estamos para alguien como tú -dijo aquella voz enfadada y robótica. Empezó a correr hacía la ventana.

- ¡¿Y LAS VECES QUE OS HE AYUDADO YO?! -grité por toda la sala. Pero no hizo caso y se marchó.

Frente a la ventana, sentado en su sofá estaba Alec, esposado y amordazado. La alarma empezó a sonar por toda la prisión. Al mirar por la ventana estaban apareciendo policías de todos lados. Salían de sus coches. Todos eran policías ajenos a la prisión. Al final de todos los coches patrulla había un coche que reconocí, al igual que a la persona que salió de él. Rápidamente cogí al director de la prisión y lo llevé fuera del despacho. Caminé por los pasillos.

-Espera, espera, espera -dijo él-. ¿Y si hacemos un trato?

-Si no es por Cross, no hay nada que me pueda interesar -dije mientras salía a la calle en donde estaban todos los policías junto con Beckett, a punto de entrar.

-¿Tampoco por Ian Wallace? -dijo sonriendo.

-¿Quién es? -nos paré, delante de todos.

-La mano derecha del Gran Maestre. Pero se esconde tras… -se derrumbó, delante de mí, con un tiro en la cabeza. Muerto al instante.

Los policías junto con Beckett se colocaron en torno a mí, todos ellos apuntando a los tejados de la prisión, pero no había nadie.

Las ambulancias llegaron hasta la prisión. Habían encontrado a los guardias amordazados y escondidos en una de las celdas vacías. No sabía como responder a las preguntas que Beckett me hacía. Aunque es verdad que tampoco sabía cómo había sucedido ni quien había hecho las cosas.

La investigación duró varías semanas. Me mantuvieron al margen de todo lo que sucedía y me habían encerrado en la comisaría como sospechosa. Pero tras varios polígrafos en los que todo parecía normal. En los que no había pruebas de que yo fuera la que ataqué a esos hombres y la que rompí el cristal de la ventana, se me exculpó de todos los cargos. Pero el daño ya estaba hecho. Hacía tiempo que sabía que si todo seguía de esa manera acabaría mal. Y por suerte no fue así, seguía con vida, pero ¿a qué precio? Estaba claro que todo lo que había hecho desde que empezaron aquellas notas y esos asesinatos no había valido para nada. Por más que buscaba, por más que intentaba averiguar toda la verdad, no había manera. Todo era un callejón sin salida con puertas a ninguna parte. Lo dejé. Todo.

- ¿Estás segura? -dijo Beckett sonriendo tristemente.

-Si, sé que si sigo aquí al final pondré a alguien más en peligro.

- ¿Y qué harás ahora? -me preguntó ella muy curiosa.

-Tengo varios proyectos que dejé sin acabar hace 4 años, creo que los retomaré, me vendrá bien un cambio de aire. Es hora de volver a casa -dije mirando toda la comisaría.

Todos los policías habían preparado una gran despedida por todo lo alto. Había cervezas y una gran cantidad de comida, incluso para Loba que se lo estaba pasando muy bien jugando con los más pequeños de la oficina, los hijos de los inspectores, que habían ido a despedir a la cuatro patas.

-Que tengas mucha suerte, aquí siempre tendrás una amiga para lo que quieras.

Me despedí de todos. Hubo lágrimas y muchos abrazos por parte de todos.

Al día siguiente empecé a empaquetar las cosas en cajas y cajas. Apenas tardé un par de días. Cuando terminé con todo cogí el coche y me marché de allí. Dejé las llaves al portero y todo vacío, tal y como me lo encontré. Dejé el sofá y los cacharros para cocinar, que era lo que estaba en el piso cuando me mudé.

El camión de la mudanza salió por delante de mí. Sabían la dirección a la que ir, y mi madre estaría allí esperándoles. Yo me tuve que desviar del camino. Dejé el coche frente al trastero. Allí volví a dejar todos los libros que me había llevado, al igual que el ordenador de David. Abrí la única caja fuerte que había allí. De mi bolso saqué el destello dorado del despacho de Alec. Estaba detrás de la estantería, solo había que abrir un pequeño hueco que había y allí estaba llamándome de alguna manera.

-Te quedarás aquí hasta que sepa que hacer contigo -dije dejando aquella esfera dorada dentro de la caja fuerte. Cerré el trastero y me marché de allí.

Tardé varias horas en llegar a la nueva/vieja casa. El camión de la mudanza estaba descargando todas mis cosas y poniéndolas de nuevo en la casa.

-Hola mamá -dije dándola un gran abrazo.

-Como me alegra tenerte aquí -dijo ella.

-Si, yo también me alegro de a ver vuelto a casa.

-¿Estás seguro de que quieres vivir en esta casa? -me preguntó ella mirándola.

-Si, estoy completamente segura.

Delante de mí se alzaba una casa enorme. La misma casa en la que mataron a David. He vuelto a casa.