Lina Elnath, Abby Lockhart: MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS, CHICAS! Gracias por seguir a Marah y su historia hasta aquí. Espero no decepcionarlas. Muchos abrazos y papuchis para ustedes.
Kari: Me gusta que te haya gustado esa adición. Me pareció que le hacía falta. Marah siempre estaba metiendo la pata y nunca la hacían responsable de nada. Recordarlo todo es castigo suficiente.
LCrosslux91: no sabes cuánto agradezco tus palabras y que te hayas decidido al fin a escribirme. Espero no decepcionarte y entregarte un fic que honre tu confianza y tu lealtad. Sigue en sintonía con Marah por favor.
Perséfone X y Tsuki Girasol: muchas gracias bellas por seguir a Marah y sus locuras.
Gracias a todos los que han dado fave a esta historia. Este capítulo es para leerlo escuchando "An arrow from the Sun" de la banda Therion.
Sin más preámbulos,
XXVII
AN ARROW FROM THE SUN
No lo pude evitar. No era lo que el protocolo indicaba, y a mi siempre me importaba muchísimo el protocolo. Pero no esta vez. Me lancé sobre ella y la abracé con todas mis fuerzas. Ella me devolvió el abrazo. Nos soltamos. Había perdido toda mi concentración, toda mi tranquilidad, ¿qué había sucedido? ¿Por qué los dioses se empeñaban en poner obstáculos así de insalvables en mi camino, porque Eva, porqué ella, por qué? Aioria me volteó hacia él y me miró a los ojos.
-Tranquilízate, Marah.-me susurró impetuosamente, porque notó que aquello me había lanzado dos kilómetros fuera del ring.-Cualquiera sea el resultado, estaré orgulloso de ti. Ve y da lo mejor que tengas. Ve ahora.
No alcancé a escuchar qué le decía Aioros a su alumna, pero también la hizo concentrarse de nuevo y la envió al combate.
Caminé como un zombie hacia la arena, seguida de Eva. Cada una tomó posición. Estiré el cuello y lo moví hacia los lados. Todo mi cuerpo temblaba. Ella era mi amiga. Mi muy querida amiga. Y era mi rival por la armadura. Ambas habíamos deseado este momento muchos años. Habíamos sangrado y llorado para llegar a éste lugar. Habíamos sacrificado tanto, ¡tanto! Al mirarla ví que ella también se había derrumbado, estaba verdosa, como si la situación le produjera un asco tan intenso que tuviera ganas de vomitar.
Teníamos que terminar con eso de una buena vez y honrar a nuestros maestros. Tenía que hacer que ella volviera a ser la guerrera implacable que yo sabía que era. Estaba muy afectada emocionalmente. Yo también, pero antes de una pelea siempre la sangre me ardía. Esta vez no era la excepción. Y de allí estaba sacando fuerzas.
-"Vamos, Eva. Esto terminará pronto y una de nosotras será parte de la Orden. Lo que sea que pase, me sentiré honrada y feliz de haber luchado contigo. Hagámoslo, por Athena". –le dije, vía cosmo. La ví suspirar hondamente. Inclinó su cabeza ante mí. Y yo la mía ante ella. Tomamos posición de combate. El ruido de los espectadores era increíble. ¿La alumna de Aioros contra la alumna de Aioria? Esto tenía que ser un espectáculo para ellos, uno supremamente entretenido. Para nosotras y para nuestros maestros, era una tragedia.
Me permití un instante de distracción para tratar de ubicar a Aimeé con la mirada. Actualmente se encontraba en Atlantis, pero si los Generales Marina estaban aquí, quería decir que ella también estaba aquí. Y efectivamente, la encontré sentada cerca a Isaak de Kraken, y vi que tenía los ojos azules llenos de lágrimas. Sentí una puñalada de dolor en el pecho. Esto debía ser terrible para ella. Volví a concentrarme en Eva.
Al parecer, a ella también ya la adrenalina le había subido la sangre a la cabeza.
Vino hacia mí tan rápido que casi no pude verla. Me rodeó, me tomó por la espalda, me dio una primera patada en el abdomen que me lanzó hacia arriba varios metros en el aire y luego saltó hasta alcanzarme. Cuando lo logró, me dio una segunda patada espantosa en el la columna que juré que me había roto órganos internos, lanzándome a toda velocidad hacia el suelo. Encendí mi cosmo y le ordené a las partículas de mi cuerpo que se endurecieran. Si cayera al suelo con esa fuerza y esa velocidad, desde esa altura, me mataría.
Una gran ola de arena se levantó, dejándome en la mitad de un cráter de un metro de profundidad y varios de ancho en el suelo. Ignorando el dolor, me puse en pie, salí del cráter de un salto, y corrí a toda velocidad, para alcanzarla en pleno descenso hacia el suelo, lo cual logré. La tomé de los tobillos y la lancé contra de las paredes de la arena con toda mi fuerza, contra la cual se estrelló, agrietándola. Cayó al suelo y esperé a que se levantara. Cuando se puso en pie, volví a encender mi cosmo y corrí hacia ella. Su estatura y su fuerza la ponían en ventaja, y yo no era lo suficientemente rápida como para que ello constituyera mi única carta.
Inicié una serie de puñetazos y patadas de wu-shu que ella deflectaba o bloqueaba. Le dí un puñetazo ascendente en la mandíbula, ella me dio otro en el pómulo derecho que inmediatamente me hinchó el ojo. Me concentré en su abdomen, dándole una serie de golpes muy rápidos mientras ella golpeaba mi cabeza con sus puños, tratando de alejarme de sí. Encendí mi cosmoenergía y ejecuté el truquito del bombazo que había usado contra Denes y contra Hannas. Ella me imitó, usándolo en mi cabeza. Ambas salimos disparadas en direcciones opuestas. Nos estrellamos contra la arena, levantando polvo. Siempre me maravillaba de lo mucho que bajaba el volumen de los alaridos de la multitud cuando se estaba en medio de una pelea. Aún no perdía la cabeza, lo cual era muy buena señal. Nos pusimos de nuevo en pie y corrimos una hacia la otra, enzarzándonos de nuevo en la batalla. Recuerdo haberle roto la nariz de una patada. Recuerdo que me dio puñetazos con tanta fuerza en el abdomen que me hicieron toser sangre. Teníamos marcas de las uñas de la otra en todas partes, de agarrarnos. A Eva ya se le había soltado el pelo de su coleta, lo que le daba un aspecto feroz. El mío supuse que también estaba despeinado. Paramos un momento, hiperventilando, yo sosteniéndome las costillas con los brazos, mirándonos a los ojos.
-"Creo que esto ha durado demasiado, Kitty, ¿por qué no subimos las apuestas?"-Le dijo Eva a mi cosmo. Encendí mi cosmoenergía. El abdomen me dolía muchísimo. La expandí todo lo que pude, las chispas eléctricas haciendo ruidos a mi alrededor. Eva también encendió el suyo, y si no retrocedí y huí corriendo, fue porque el dolor me impedía moverme.
Su cosmoenergía al parecer era afín al elemento fuego. Nunca me había enfrentado a algo así. Nunca. Un resplandor intenso y llameante de color naranja la envolvía por completo.
-"No te asustes. Marah. Vas bien".-la voz de Kanon de Géminis me tomó por sorpresa. Aumenté un poco más la potencia de mi cosmo, que empezó a verse como un derrame de electricidad en una línea de alta tensión. Los ojos de Eva me observaban con cautela, el pedazo de su labio que no estaba manchado de la sangre de su nariz había palidecido.
-¡LIGHTNING PLASMA!-grité. Ella esquivó gran parte de los miles de rayos que componían el lightning plasma que yo había aprendido de Aioria de Leo. Otros la rozaron y le hicieron cortaduras en su blanquísima piel que sangraron de inmediato, tiñendo su ropa. Contraatacó. Estiró su puño en mi dirección y gritó.
-¡ATOMIC THUNDERBOLT!- una ráfaga de luz naranja se aproximó hacia mí a toda velocidad, y como le había pasado a Eva, la esquivé por los pelos, pero aún así su sola potencia me lanzó a varios metros de mi posición inicial. Me puse de pie rapidísimo, no iba a permitir que me sucediera lo mismo que me pasó con Hannas. Me dolía todo un costado del cuerpo.
Eva y yo paramos un momento, hiperventilando, mirándonos a los ojos y evaluando los daños propios y en nuestra contrincante. A esas alturas ambas sangrábamos por diversos cortes, heridas y raspones, teníamos moretones y yo probablemente tenía costillas rotas, un dolor sordo y punzante me atenazaba. Pero no debía dejar que Eva se diera cuenta, así que fingí estar completamente bien. Así como ella seguramente estaba fingiendo para no mostrarme qué le estaba doliendo en realidad.
La ataqué con el Lightning Bolt. Le acerté de lleno. Gritó hasta caer al suelo y golpearse, pero se volvió a levantar, con la ropa humeando y ramalazos de electricidad visibles aún sobre su cuerpo, haciéndola gemir y cerrar los ojos. Sin embargo, se puso en pie de todos modos, temblando violentamente. No me quedaba más que aplaudir su tesón.
Recordé el miedo que me había embargado cuando Aioria me había enseñado el Lightning Bolt, el primer ataque que había aprendido. Y las quemaduras que me había causado. Era muy peligroso. Era muy doloroso. Si Eva lograba levantarse tan fácilmente de mi Lightning Bolt, que hasta a Kanon había podido atontar con él en un par de ocasiones, quizá ella estaba muy por encima de mi nivel.
De ser ella, yo estaría gritando en el suelo. Aioria me había hecho probar la mordida del Relámpago de Voltaje en varias ocasiones, y en algunas de ellas yo había quedado inconsciente.
Había cometido un error al atacarla con algo tan poderoso como el Lightning Plasma en primer lugar. El Lightning Bolt era muy parecido a su Atomic Thunderbolt, pero el de ella, y yo suponía, el de Aioros, hacía uso de la onda de choque de la electricidad más que de la electricidad en sí misma, como el ataque de Aioria. Me empecé a poner nerviosa. ¿Tendría Eva un ataque de mayor poder que el que ya me había mostrado? Seguramente sí. Y yo ahora tendría que empezar a atacarla con cosas más dañinas y peligrosas. Mala idea.
Eva me estaba haciendo morder el polvo. Era físicamente mucho más fuerte que yo, más alta, más poderosa. Y por alguna razón, sentía que estaba mucho más furiosa. Que tenía tanta ira contenida en su interior hasta ahora nunca demostrada que era como un dique que se hubiera roto. De un puñetazo tipo uppercut a la mandíbula me lanzó volando hacia el cielo, y luego caí a la arena con un golpe que me quitó todo el aire. Ignorando el dolor, di un par de vueltas en rollo sobre el suelo y me puse en pie, alejándome de ella. En su cara tenía una curiosa expresión de fastidio.
Por un momento recordé su sonrisa, el día que la conocí en la cocina de Géminis. Su aura cálida, alegre y dulce, tan lejana de esta mujer que estaba harta de luchar conmigo, que me había atacado con todas sus fuerzas.
Comencé a andar lateralmente, buscando un punto débil en su defensa, casi rodeándola, como haría un depredador. Ella comenzó a hacer lo mismo en sentido contrario al mío. Esto iba a ponerse bueno. Eva desapareció. Y reapareció a cincuenta centímetros de mí. Me tomó por el cuello y me estampó contra la arena, levantando una nube de polvo que aproveché para golpearla con ambas manos en sus oídos. Me soltó y moviéndome extremadamente rápido, parecí desaparecer, me perdió de vista. Lancé una patada a su cabeza que reventó la piel sobre su ceja.
Estuvimos danzando sobre la arena caliente un largo rato, enzarzadas en una sesión de sparring que no parecía tener fin y de la cual no ganábamos absolutamente nada más que la sangre de nuestra contrincante y mucho dolor. Ninguna de las dos iba a ceder. Ninguna de las dos iba a rendirse. Pero tampoco ninguna de las dos estaba dispuesta a ganar definitivamente. Ambas sabíamos lo que eso implicaría.
Paramos para respirar. Limpié con mis nudillos sangre que me barbotaba del labio inferior. Ella limpiaba su ceja izquierda, que estaba sangrando, para que el líquido no afectara su visión. ¿Qué me estaba pasando? Los ojos se me aguaron de lágrimas recordando cómo Eva se había hecho cargo de mí cuando había quedado inmóvil, lavándome, cuidándome, hablando sin cesar para distraerme. Dirigi mi mirada al suelo, a punto de rendirme. Si alguien se merecía una armadura, era Eva.
-"No te atrevas a deshonrarme"-gruñó estridente la voz de Eva en mi cabeza, enviándome también a través de su cosmo la emoción cruda que sentía, ira y dolor, arrepentimiento y ambición, y esperanza. También tenía los ojos llenos de lágrimas. –"No me deshonres rindiéndote, pelea conmigo hasta el final, ¡dame lo que tengas, lo que Aioria y Kanon te enseñaron, no seas ridícula!
Sonreí agradeciéndole su bravata. Sentí mi corazón estallar de amor y agradecimiento por ella a pesar de que estábamos golpeándonos, y así se lo hice saber vía cosmo. Ella también sonrió, mostrándome todos los dientes. Una sonrisa feroz que me gustó y me atemorizó a partes iguales.
Volvimos a atacarnos sin previo aviso. Ya sabíamos que el Cosmo no nos serviría de nada. Ya nos habíamos atacado con el repertorio de nuestros maestros, habíamos visto las técnicas y no nos pillaríamos desprevenidas.
Aumenté mucho más mi cosmoenergía, dispuesta a jugármelo todo por el todo. Eva captó lo que yo iba a hacer, y empezó realizar una serie de movimientos con sus brazos que me recordaron a las poses que ejecutaban los practicantes de tiro al arco japonés, mientras yo miraba directamente al sol, tratando de extraer toda la energía que me fuera posible de los átomos de luz a mi alrededor, para formar un círculo con mis brazos. Esta sería la tormenta solar más potente que había lanzado en toda mi vida.
-¡SOLAR STORM!-grité.
-¡CENTAUR STAMPEDE!-gritó Eva, al unísono conmigo. Nuestros ataques pasaron rozándose uno al otro y antes de me me diera cuenta, la estampida de centauros de Eva me estaba pisoteando completa. Sentí un dolor más allá de lo imaginable, al parecer todos mis huesos quebrándose, y grité, en mis oídos los gritos de mi contrincante, al estar sintiendo el plasma del sol quemándola. Pensé que nos habíamos matado y empecé a llorar de angustia. Mi cuerpo se demoró una eternidad hasta caer al suelo, con un impacto que me sacó todo el aire, sentí el golpe sordo del cuerpo de Eva al estrellarse contra la arena. Volví a toser sangre. No podía moverme. Tenía que levantarme. Quien se levantara ganaría. Tenía que levantarme.
-"¡Vamos, Marah, levántate!"-gruñó Kanon en mi cabeza, seguido de Aioria, seguido de Afrodita de Piscis, lo cual me produjo un conato de risa.-"Levántate, ¡LEVÁNTATE!
Intenté incorporar la cabeza. Me fue imposible. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Respiré hondo y encendí mi cosmoenergía de nuevo. El dolor me estaba llevando a un estado de irracionalidad que abracé, era mi escape, mi salida, mi oportunidad. El nivel de mi cosmoenergía aumentó. Sentí el de Eva estallar también. Me incorporé sobre los codos, temblando, rodé sobre mi costado derecho para evitar lastimarme el brazo izquierdo, que parecía partido, al igual que las costillas de ése lado de mi cuerpo, y me incorporé sobre las rodillas. Ví que Eva también estaba incorporada sobre las rodillas. Y ambas, con el cosmo ardiendo más allá de nuestros límites, nos pusimos en pie al unísono y adoptamos de nuevo posiciones de combate.
Me dolía todo. Absolutamente todo. Estaba más que exhausta. Pero mi cosmoenergía no flaqueaba, seguía vivísima, los estallidos eléctricos sonando casi como miles de latigazos, la estática levantando partículas de polvo, piedras sueltas y mi cabello en el aire, lo mismo que Eva, que tenía toda su esplendorosa cabellera suelta y flotando alrededor de ella como si se encontrase bajo el agua.
Así que esto era el Séptimo Sentido. Y sabía qué sucedería. Yo usaría el Photon Burst y ella, la técnica final que su maestro le hubiera enseñado, y en unos segundos, ambas estaríamos muertas. Sonreí de nuevo, casi feliz ante esa perspectiva, morir en un combate glorioso con mi hermana de armas por una armadura. ¿Quién podría desear una muerte mejor? Miles de puntos de luz se materializaron a su alrededor, esperando su señal para ser lanzados. Miles de partículas se arremolinaban en mis brazos, destellando, girando sobre mis puños, dispuestas para ser lanzadas a mi señal. Los latigazos de energía eléctrica y luz líquida pasaron a sonar como relámpagos bajo el agua, y la presión en mis brazos se estaba haciendo insoportable.
-"Gracias, Marah"-dijo la voz de Eva en mi cabeza.-"Te quiero".
-"Y yo a ti, gracias por todo. Me alegra que todo acabe aquí, contigo".-le dije también, via cosmo. La ví sonreír mientras un par de lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Cerré los ojos.
-¡INFINITY BREAK!-gritó Eva.
-¡PHOTON BURST!-sollocé.
Algo muy extraño sucedió. Sentí el cosmo de la Diosa expandirse súbitamente y luego ambos ataques se disolvieron antes de llegar a su destino. Trastabillé antes de poder enfocar la vista en Ella. Estaba de pie y nos apuntaba con la Niké. Ella había terminado el encuentro. Me asusté infinitamente. Eso era malo. Muy malo. Seguramente ambas habíamos perdido el combate. Athena volvió a sentarse en su trono. Y nos sonrió.
El heraldo tocó el pífano. Shion se puso de pie tras una pequeña charla en susurros con la Diosa.
-¡Athena declara un justo empate en éste combate, y concede a ambas contrincantes la victoria! Eva aprendiz de Sagitario y Marah aprendiz de Leo, por favor, acérquense al palco.
Las piernas me fallaban. Ya que mi cosmoenergía se había apagado, mi cuerpo se negaba a avanzar un centímetro más, me costó un esfuerzo sobrehumano caminar los metros que me separaban de Shion. Muy lenta y trabajosamente, lo logré. A mitad de camino, me encontré con Eva, que también tenía serias dificultades para desplazarse. Nos apoyamos una en la otra, sonriéndonos, llorando de felicidad. Una ovación estalló en el Coliseo. Caminamos juntas hasta el Palco, donde habían retirado la tela que cubría las cajas de Pandora. Shion descendió hasta la arena y nos pidió que encendiéramos de nuevo nuestras cosmoenergías. Casi sentí alivio al percibir aquel torrente de energía eléctrica recorriéndome. A mi lado, el aura de Eva también vibraba.
Dos cajas empezaron a moverse se elevaron en el aire, y se abrieron con un gran resplandor. Eva y yo nos vimos levitar a un medio metro del suelo, en una sinergia con nuestras armaduras. Yo lloraba de felicidad, casi sollozando. Mi armadura. Por fin.
Flotaba ante mí. Representaba la figura de una mujer poniéndose a sí misma una corona de altos y estrechos picos. Era de color plata viejo con detalles en amarillo tostado, era una armadura de líneas largas y delicadas, casi parecía joyería grande puesta sobre mi cuerpo. Era elegante y hermosa.
Me envolvió el cuerpo, resonando con mi cosmo. Los cubrebrazos se adhirieron a mis brazos, las grebas a mis pantorrillas. Mi armadura tenía un cinturón que me cubría la zona pélvica, y la pechera se adjuntó a mí, amoldándose a mis pechos. Noté que la protección de la pechera me llegaba hasta el cuello. Las hombreras de doble capa se pegaron a mis hombros, y finalmente, la tiara descendió sobre mi cabeza. Descendí al piso, todavía con mi cosmoenergía vibrando en armonía total con mi nueva armadura, me sentía llena de paz, de felicidad, aquel objeto era un ser vivo sobre mí, conectándose conmigo, susurrándome, confortándome. Me protegería a toda costa, me coronaría de gloria, si yo le servía a Athena con todo mi ser, lo supe dentro de mí, en mi corazón, y asumí que era la voz de la armadura, hablándome. No lo podía creer. Seguía llorando de felicidad. Miré a mi lado. Eva ya había descendido al suelo, su cuerpo cubierto por un hermoso ropaje azul metálico con detalles magenta. También tenía una tiara y protección en el pecho, hombros, brazos y piernas. Nos sonreímos, llorando, pletóricas de felicidad.
-¡Por empate en justa lid, Marah, ahora serás conocida como Marah, Santa de Plata de la Corona Boreal. Eva, tú serás conocida como Santa de Plata de la Flecha! Apréstense a prestar juramento a Nuestra Señora Athena.
Eva y yo nos arrodillamos en el suelo, poniendo nuestras manos derechas sobre nuestros corazones.
-Eva, Santa de plata de la Flecha, ¿juras proteger, luchar y defender a Athena, al planeta Tierra y a todos sus habitantes, grandes o pequeños, honrar a tus compañeros de Orden y obedecer las órdenes que Nuestra Señora en Su Sabiduría te dé, con tu vida, con tu sangre, tu corazón y tu cosmo? -dijo Shion, sonriéndonos complacido.
-¡Si, juro! ¡Lo juro, mi Señora Athena, la honraré y la defenderé con mi vida!-gritó Eva, sollozando, perdiendo un poco la compostura a causa de la emoción. No me imaginaba lo maravilloso que debía ser esto para ella, librarse por fin de la vida de servidumbre casi obligada siendo menos que una vestal en el Santuario por tantos años, ganándose un lugar en la orden, un lugar de respeto y admiración. Una Santa de Plata, el más alto rango en el que esta era habíamos llegado las mujeres en el Santuario de Athena. Una Santa de Plata, sólo en rango por debajo de las capitanas de la orden, Marin y Shaina. Sólo un rango por debajo de ser una Santa de Oro, una de las guerreras más poderosas de la Tierra, compañera de orden de la increíble Aimeé, embajadora y estratega del Santuario ante Atlantis.
Y ante ella, yo había empatado. Yo también había ganado una armadura. No me lo podía creer.
-Marah, Santa de plata de la Corona Boreal, ¿juras proteger, luchar y defender a Athena, al planeta Tierra y a todos sus habitantes, grandes o pequeños, honrar a tus compañeros de Orden y obedecer las órdenes que Nuestra Señora en Su Sabiduría te dé, con tu vida, con tu sangre, tu corazón y tu cosmo?
-¡Si, lo juro!-dije, intentando que mi voz sonara firme, fracasando estrepitosamente.-Juro que honraré, defenderé y daré hasta mi última gota de sangre si es necesaria por Athena y por su causa; juro que nunca traicionaré al hogar que he encontrado en su Santuario y la protección que su cosmo bendito me ha proporcionado.
Shion me observó intrigado. Esa última parte del juramento había sido invención mía.
-Pónganse en pie, Santas de Plata de la Orden de Athena. Pueden reunirse con sus Maestros.
Eva y yo abandonamos la arena en medio de una atronadora ovación del público. Jamás creí que esto me sucedería a mí. La armadura se pegaba a mi cuerpo como una segunda piel, como ropa, no me pesaba en lo absoluto, incluso me proporcionaba una sensación dulce y hermosa, como si un gato ronroneara feliz, ayudándome a no sentir dolor. Un par de vestales nos entregaron las respectivas cajas de nuestras armaduras, y casi saltando de contentas subimos los escalones hacia las gradas, gente que ni conocíamos palmeando nuestras espaldas. Vi a Aimeé llorar de felicidad y alivio sobre el hombro de Isaak de Kraken, que sonreía y le acariciaba el cabello tratando de calmarla. Aioria me tomó en brazos y me levantó del suelo, dándome un beso en cada mejilla y luego juntando su mejilla con la mía, moviéndola un poco, con los ojos cerrados, apretándome contra él, mientras decía:
-¡Yo sabía que lo lograrías, lo sabía, estoy orgulloso de ti! ¡Tan orgulloso! ¡Qué pelea! ¡Por todos los dioses, mikró mou, qué pelea diste!
Mis pies se movían al compás de los movimientos de Aioria, que me voleaba, pletórico de dicha, de un lado para otro, como si yo fuera una muñeca. No tenía fuerza para evitarlo, tampoco, así que dejé que lo hiciera. A mi lado, ví cómo Eva había levantado a Aioros del suelo en un abrazo rompecostillas que él le estaba devolviendo con energía. Gran Gato me dejo en el suelo al fin, mirándome con orgullo e inflando pecho. Aldebarán me abrazó. Casi me mata. Kiki me abrazó. Mu me dio la mano caballerosamente, sonriendo. Milo de Escorpio me guiñó el ojo ganándose una mirada de advertencia de Saga, que también me dio la mano. Afrodita de Piscis me miró sonriendo desde su lugar, dos gradas más arriba de donde yo estaba y me miró de arriba abajo, asintiendo con la cabeza aprobatoriamente. Chloe de Cáncer me sonrió.
Kanon de Géminis me tomó en sus brazos y me besó. Le devolví el beso olvidando que estaba ensangrentada y sucia. Al parecer no le importó. Me lamió los labios ensangrentados enfebrecido e incluso sentí su virilidad hincharse entre nuestros cuerpos. Me deseaba. Y yo a él. Llena de adrenalina, podría habérmelo follado allí mismo, en el Coliseo, en los bajos de las gradas. Pero no haría eso con mi armadura puesta. No deshonraría mi lugar en la Orden ni a mi protectora de plata y oricalco. Nos separamos.
En sus ojos había una chispa de felicidad tal, de orgullo, admiración y amor por mí que jamás había visto. Me deslumbró y me conmovió que en esa mirada me transmitiera tantas cosas, él, que siempre estaba en guardia, jamás mostrando ninguna emoción, y que parecía siempre tan frío y descorazonado. Pensar que ese hombre sintiera cosas así por mí era un milagro. Decidí que ese sería el recuerdo de mi momento más feliz sobre la faz de la tierra, me llevaría a la tumba el brillo de los ojos de Kanon, el orgullo de Aioria y su honor como maestro restaurado por siempre a toda prueba ante el Santuario, las lágrimas de felicidad y alivio de Aimeé, la sangre y la sonrisa de Eva y el Cosmo de Athena, que bendecirían el ropaje sagrado que las estrellas me habían concedido desde antes de mi nacimiento.
