Secuestro de Irina

Pov Kate

— Estoy harta de Victoria— hablaba Irina con molestia mientras me encontraba con ella y con Tania una tarde a un mes de la desaparición de los hermanos Vulturi.

— Se cree lo más fantástico que existe en el universo— contestó Tania casi a los gritos.

— No grites, alguien podría escucharte— la hice callar nerviosa ante la idea de que Victoria pudiera escucharla.

—Me tiene sin cuidado— gritó Tania fuera de sí.

En ese mismo instante Victoria entró en la habitación y rápidamente me levanté de mi cama donde estaba sentada junto a mis hermanas, considerando el estado de ánimo de Tania, lo más prudente era alejarla de Victoria lo antes posible, a menos que quisiera que estallara una guerra próximamente.

Salimos de la habitación y nos dirigíamos rumbo a la cocina para ver si podíamos encontrar algo para comer.

Al salir de la cocina íbamos cargadas con varios bizcochos, comiéndolos alegremente.

—Lo mejor que podemos hacer es pedirle al tío Carlisle que la cambie de cuarto— dije alegremente cuando logré tragarme un pan con grasa que me había metido entero en la boca.

Mis hermanas cuyo humor había mejorado luego de la pequeña colación, asintieron.

Luego de terminarnos todos los bizcochos, seguimos caminando sin rumbo fijo, al doblar la esquina me llevé el mayor susto de mi vida. Un hombre nos esperaba al otro lado de la esquina y cuando levanté la vista, su arma quedó depositada en mi cabeza, automáticamente retrocedí a lo que el hombre respondió disparando hacia Tania que a duras penas logró apartarse quedando tendida en el suelo.

El hombre avanzó mirándome atentamente y agarró a Irina por el brazo pero no iba a permitir que se llevara a mi hermana delante mío por lo que con decisión la agarré del otro brazo y tire de ella interrumpiendo el avance del enmascarado.

—Suéltala— ordenó apuntándome con su arma, lo ignoré y tiré más fuerte, él tenia fuerza pero podía superarlo si ponía empeño y pensaba hacerlo.

—Kate, suéltame, sobrevive, es mejor que cuides de Tania, recuerda el pánico que le tiene a las armas— habló Irina intentando mantener un tono de voz calmo pero sin lograr engañarme.

Nerviosa, dude unos minutos en los que no le quite los ojos de encima al hombre que pretendía llevarse a mi hermana, parecía peligrosamente nervioso por lo que lo más probable era que terminara disparándome, incluso sin querer.

—Si no la sueltas, las tres morirán— amenazó el hombre, sintiéndome la persona más cobarde del mundo, solté a Irina y me agaché al lado de Tania dejando que el desconocido se llevara a Irina.

Cinco minutos después Tania levantó la cabeza de mis piernas donde había estado llorando.

—Soy una tonta, debí haberte ayudado— exclamó mirándome con la cara bañada en lagrimas.

—Ahora eso no importa, solo podemos intentar avisar a algún adulto— le respondí levantándome del suelo, Tania me imito y ambas nos separamos intentando encontrar a alguien a quien avisarle.

Cuando estaba a punto de rendirme y me preguntaba con desesperación, donde se habían metido los adultos, encontré a mi tío, lo malo era que mis primos y sus amigos, lo acompañaban.

Asustada me acerqué, estaba nerviosa por lo que pudieran llegar a pensar los chicos. Si la juzgaban por su cobardía, no los podría culpar, ella misma se avergonzaba de sí misma.

—Kate, que te ocurre— me preguntó el tío, sin poder mirarlo a la cara comencé mi relato entre sollozos.

Cuando terminé de hablar escuché un llanto que me hizo levantar la cabeza alarmada, mi madre estaba presente y en mi nerviosismo no la había visto, ese hecho me hizo sentir aún peor.

—Lo siento, debí haberle hecho frente, lo intente pero…— en ese punto Fred se separó de su novia y vino a abrazarme seguido de Edward, el resto de los chicos sonrieron y me palmearon el hombro intentando demostrarme que no me culpaban.

—Si lo hubieras provocado ahora tendría una prima secuestrada y otra muerta— me dijo Fred con la brutalidad que lo caracterizaba

Antes de que pudiera responderle, Papá llegó a nuestro lado acompañado por Tania, con delicadeza separó a mamá del tío y la abrazó mientras le acariciaba el pelo.

En ese momento Bella salió corriendo seguida de Benjamín, Bree, Jasper, Emmett y Rose, intentando de forma mal disimulada que mi familia y yo nos quedáramos solos, acompañándonos entre nosotros para intentar superar el dolor y el miedo.

Esa misma noche, cuando Tania y yo íbamos a acostarnos, nos cruzamos con Victoria a la que no habíamos visto en todo el día.

—Hola par de tontas— dijo Victoria componiendo su odiosa sonrisita estúpida y presuntuosa.

Por primera vez desde que la conocíamos, ni Tania ni yo estábamos con ánimos para responderle la provocación, nos limitamos a ignorarla y en completo silencio, ocupamos nuestras camas.