Capítulo 7: Un después y un ahora.

Apartado y ocupado Akela se hallaba en el estudio de la capitana, su mente se dividía entre la redacción de sus quehaceres y las preguntas, preguntas que giraban en torno a su compañera a quien extrañaba; no porque necesitase ayuda para manejar los asuntos de la aldea, más bien eran otros motivos ajenos al deber, motivos que se esforzaba en esconder. Afortunadamente un inesperado repicar y el anuncio de su regreso puso fin a su espera, dejo reposar la pluma en el tintero e inmediatamente salió a recibirle.

Impa y la escolta se encontraban conversando cuando Akela llego; rápidamente los ojos de capitana y lugarteniente se encontraron, regocijándose disimuladamente por volverse a ver. Un prolongado bostezo saco a la pareja de su sincrónica hipnosis; Akela estaba tan pasmado viendo a la capitana que no había notado la presencia de la bebe, pero antes de pronunciar alguna palabra, Impa despacho a su tropa y se llevó al comandante a su oficina; una vez allí Akela espero una explicación, Impa necesito varios respiros antes de comenzar su relato, le explico su llegada, su experiencia, de como aquella mujer gasto sus últimos minutos suplicándole una oportunidad de vida para su pequeña; semejante experiencia mantuvo a su lugarteniente mudo e incrédulo hasta Impa termino, Luego con un dejo de atrevimiento y escepticismo Akela pregunto si estaba segura de asumir tal responsabilidad .

- ¡Akela! ¿Acaso no me estas escuchando? – Bramo con toda seguridad - Esa mujer me reconoció como Sheikah desde el primer momento, le di mi palabra, así que la decisión ya está tomada, será tratada, educada y entrenada como uno de nosotros.

Impa estaba más que decidida a cumplir su palabra, sin embargo detrás de su palabrerío honorifico, un sentimiento nuevo había despertado en ella, sentimiento que Akela empezó a comprender al posar sus ojos en tan inocente criaturita, entonces la conversación finalizo como siempre, poniendo sus manos en el hombro de la capitana y reiterando su apoyo.

La llegada de la pequeña supuso un antes y un después en la vida de la capitana quien se vio obligada a dividirse entre Zelda y sus responsabilidades militares, no obstante esto no supuso ninguna disminución en su gestión como líder de la aldea; era difícil, pero hermoso al fin y al cabo, sin mencionar que su comandante conscientemente se dejó arrastrar por esta nueva experiencia. Sin embargo al pasar los días Impa noto ciertas irregularidades en la pequeña, una nula reacción al movimiento y una decoloración en sus ojos, angustiada, hizo llamar al médico de la aldea, quien al no más hacer acto de presencia hizo varias pruebas; al finalizar, con una decaída expresión revelo un desgarrador diagnóstico, la pequeña estaba totalmente ciega.

Cerrando los ojos y apretando sus puños la capitana exteriorizo toda su tristeza, entonces deseosa de escuchar algún signo de esperanza pregunto si existía alguna cura para su mal, más el médico le dijo que debido a la misteriosa naturaleza de su ceguera nada podía hacerse.

Cuando el doctor se retiró, el silencio reino, Akela quien estuvo presente, observaba como su compañera luchaba por asimilar la noticia, noticia que también resentía, luego Impa dejó escapar una leve risita, tratando de enmascarar su pena, se dio la vuelta para evitar la incómoda mirada compasiva de su amigo, detestaba que la vieran así.

- Es increíble, Zelda no es mi hija… yo no debería…

- ¡Basta! – Interrumpió súbitamente, luego abrazo a la capitana y entre susurros le aseguro que no importaba los desafíos que viniesen, que todo estaría bien.

En ese momento el sendero pintaba negro e imposible de recorrer, no obstante hay un dicho popular que profesa que a la falta de un sentido, los cuatro restantes se desarrollan, noción que se descubrió tiempo después. Impa se encontraba en su despacho, cuando un estruendo la distrajo súbitamente, miro por la ventana y vio que no muy lejos de allí unos bueyes habían destruido unos cuantos corrales, con un suspiro de fastidio la capitana volvió a sus labores no sin antes mirar tristemente a Zelda quien jugaba felizmente. A los pocos minutos una gallina se coló por la ventana, revoloteando y picoteando a cada rincón.; enfadada por semejante distracción, se dispuso atrapar a la patosa ave, sin embargo se contuvo al observar con suma atención, lo que ella interpreto como un milagro, el cacareo y el aleteo del ave habían llamado la atención de la niña quien con sus tambaleantes pasos seguía al inquieto plumífero como si de verdad lo estuviera viendo, entonces Impa sonrió, levanto a Zelda y le hizo una promesa, a pesar de que ella no tenía edad para interpretarla.

- No dependerás de nadie, más que de ti misma, te enseñare a "ver" con tus oídos; no esperes de mí una suave maestra, al contrario seré muy estricta, así deben ser forjados los Sheikahs.

Se tuvo que esperar algunos años para poner en marcha tal promesa; promesa que serían como las páginas vacías de un libro nuevo, el momento de iniciar con la tradición, que todo aquel nacido y/ o criado en la casta militar debía ser instruido en las artes de la sombras, costumbre que había estado allí desde el inicio de los tiempos.


Cuando el tiempo sobraba, Zelda tenía esa costumbre, de apreciar el atardecer aun si fuera de manera distinta, le gustaba pulir las entorpecidas notas de su lira, mientas sentía la transición de calor a frio, esa que se siente cada vez que el sol se oculta, su cuerpo cansado y a veces adolorido producto de la dureza de su entrenamiento, no le privaba de tales sensaciones.

A veces en esas tardes contadas le acompañaba Fao, pupilo de Akela, un niño juguetón, parlanchín y de buen corazón, con quien entrenaba ocasionalmente, cuando Impa obligadamente se ausentaba para atender otros asuntos, rápidamente Zelda y Fao forjaron un lazo de empatía que evoluciono en hermandad, quizá porque ambos compartían un sentimiento de soledad.

Pero a veces el tiempo escaseaba y las enseñanzas se extendían hasta el anochecer, y no quedaban ganas de nada más que rendirse al sueño; cuando eso ocurría Impa cargaba a su pupila en su espalda y al llegar a casa, la dejaba en su cama; entonces en medio de la humildad y la tul nocturna, Impa cariñosamente revolvía los cabellos de la niña, mientras la miraba del mismo modo, de esta manera exteriorizaba esos sentimientos que no debía o no podía mostrar en sus faenas, luego le invadía un miedo, el miedo a la verdad que acechaba tal cual depredador, pero independientemente de lo que deparaba la verdad, Impa aprovechaba esos solitarios espacios, para exteriorizar el sentimiento de madre.


Como un virus la delincuencia y conflictos diversos se extendían por todas las provincias de Hyrule, trayendo como consecuencia escases de recursos, obligando a los Sheikahs a viajar para comerciar con las aldeas vecinas, en ese momento la preparación de Zelda tomo otro rumbo fuera de las paredes de la villa. Cansados y largos eran las cruzadas de maestra y pupila, quienes se adentraban por pueblos desconocidos, solitarios y serpenteantes senderos, polvosos o lodosos dependiendo de la estación o mero capricho de la naturaleza, reponiendo energías cuando el hambre y la tul oscura envolvía la claridad; pero estos viajes escondían ciertas amenazas, que no eran provocado por ladrones, sino por lenguas entrometidas, que despertaban las dudas y un vehemente deseo de conocer la verdad del origen.

Un día entre tantos, en medio del intrincado bosque, el sonido de lucha, alborotaba la calma, maestra y alumna estaban practicando sus técnicas de lucha; a pesar de su ceguera Zelda podía luchar tan bien como los demás aprendices, gracias al desarrollo de sus demás sentidos, siendo el oído el más destacado, tanto que le permitía "ver" de un modo distinto.

Pero en este encuentro la mente de la joven estaba turbada, incapaz de discriminar entre los fantasmas de sus dudas y su entrenamiento, hasta que finalmente recibió un par de golpes y una patada que le hizo volar y chochar con la dureza del tronco.

- Estas distraída – Expreso con seriedad su maestra al mismo tiempo que se acercaba.

Mareada y respirando agitadamente la joven se disculpó por su falta de atención.

- Cuantas veces tengo que repetírtelo – Regaño Impa – En una batalla real no hay lugar para distracciones ¿acaso crees que tu oponente tendrá piedad de ti porque eres ciega? De nada sirve que tu oído te compense enormemente, si no puedes controlarlo.

Zelda estaba a punto de responder al regaño de su tutora, pero la repentina aparición de Akela se lo impidió, entonces la Sheikah suspendió el entrenamiento y le ordeno volver a la aldea, sin decir más Zelda dejo a solas a sus tutores.

- A veces eres demasiado estricta.

- Mira quien lo dice, tú también eres así con tu pupilo.

- Exijo lo que debo, además presiento que algo está perturbándole.

Aunque no lo dijo, Impa considero valida la teoría de su compañero, ya que era algo que también había notado, luego se reprendió a si misma por no darle la debida importancia, al final prometió que una vez terminara la charla con Akela, hablaría con ella; ignorando que Zelda por primera vez había desobedecido sus órdenes.

Una inusual rebeldía se apodero de Zelda, quien lejos de dirigirse a la aldea tomo un camino alterno que la llevaría a un rio que conectaba a una cascada que estaba a una hora de distancia, en ese momento simplemente quería estar sola, perderse, simplemente perderse. Guiada por el constante golpeteo de su bastón de madera Zelda llego al lugar en cuestión sin problemas, al llegar allí se deleitó con la belleza natural, el coro de las aves, la tibieza climática y un olor a frescura que encantaba, luego se sentó cerca del rio y hundió sus manos en el agua, de repente le entro una cólera.

- ¿Porque no puedo ver cómo la gente normal? ¿Porque tarda tanto en decirme la verdad?

Se preguntaba irascible mientras golpeaba el agua y desesperadamente restregaba sus ojos, pidiéndole a las divinidades, que le devolviera algo que nunca había tenido, luego de la ira vino el llanto y por último el cansancio, que no tardo en derrotarla. Despertó una hora después, asustada y desubicada, luego recordó su desacato, dejando escapar una risita al pensar en lo que le esperaba.

- Impa ya se ha de haber enterado que no estoy en la aldea, va matarme cuando llegue.

Pero antes de dar el primer paso, Zelda escucho risas y leves movimientos en los arbustos, entonces agarro una piedra y la lanzo, tal maniobra obligo a tres Bulblin a abandonar su escondite y rodear a su presa, el ruido de la cascada dificultaba la localización de los enemigos.

- Concéntrate – Se repetía mientras intentaba leer los pasos de los atacantes.

Uno de ellos tomo la iniciativa y con un torpe movimiento dejo ir su pesado maso sobre ella, Zelda se hizo a un lado y rápidamente azoto su bastón en la espalda de su enemigo, restándole importancia a la caída de su compañero, el siguiente Bulblin dirigió su ataque hacia la cabeza, pero Zelda logro agacharse, enredo el bastón en las piernas de la criatura y lo derribo, el tercer adversario quiso aprovechar que ella estaba en el suelo para golpearla, pero antes de dejar caer el garrote, la joven deslizo el bastón y logro golpearlo en la parte baja de su cuerpo, dejándolo rápidamente fuera de combate.

Temiendo que más de ellos le atacaran, Zelda se dispuso a partir, pero el sonido de una trompeta irrumpió la armonía del bosque, como abejas atraídas por la miel, aparecieron más Bulblin y de entre ellos apareció montado en un monstruoso jabalí, un Bulblin más grande y por consiguiente más fuerte, este nuevo enemigo se rio y ordeno a sus subordinados atacar.

De inmediato la situación se volvió malísima para Zelda que debía lidiar con el escandaloso cauce y sus numerosos contrincantes, cobardemente varios Bulblin la atacaron simultáneamente quien a muy duras penas lograba bloquear y/o esquivar sus embrutecidos asaltos, al ver la tenacidad de la joven el Bulblin mayor apuro las riendas de jabalí con la intención de embestirla, Zelda escucho los pesados cascos acercarse y se arrojó de lado para evitar la acometida, sin embargo tal maniobra la dejo mal posicionada, oportunidad que no dejo escapar un Bulblin quien la derribo con un fuerte golpe en la espalda, en seguida las demás criaturas se unieron a la paliza, el malvado líder al verla derrotada y aturdida, bajo del jabalí y se acercó con hacha en mano.

- Es nuestra ley, el derrotado debe morir – Expresaba triunfante aquel cobarde.

- No sabía que pudieran hablar – Fue lo único que pudo expresar con sabor a sangre en su boca y humillación por la derrota.

La criatura levanto su hacha, listo a dar el golpe final, de repente los demás Bulblin vieron que su jefe dejo caer su arma, después cayó el dos con Kunais clavados, uno en la garganta y otro en la cabeza, fue lo último que vio la joven antes de desmayarse.

La noche estaba ya presente cuando Zelda recupero la conciencia y con el la percepción del dolor, al palpar la suave superficie supo de inmediato donde estaba y luego sintió el nerviosismo al detectar la presencia de su tutora, quien pacientemente esperaba su despertar, lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza.

- ¿Se puede saber qué demonios pensabas al alejarte así? – Reprendió su maestra.

Zelda apretó la cobija y no contesto.

- Te iban a matar, gracias a las diosas que Akela y yo llegamos a tiempo.

- Lamento que estés enojada Impa – Respondió la joven reforzando su calma.

- No estoy enojada – Contesto – Estoy decepcionada por tu desobediencia Zelda ¿Qué está pasando contigo?

Al oír la palabra decepción, el respeto y la calma se vino abajo, apretó con más fuerza las sabanas y exclamo.

- ¡Pues lamento que estés decepcionada! ¡Lamento mi ceguera, que es como una maldición! Y ¡Lamento no cumplir tus expectativas, de no ser como los demás Sheikahs! Simplemente… porque no soy tu hija.

Un frio extraño recorrió por la espalda de la capitana, al saber que el momento había llegado, ese que Akela le había advertido, el momento en que Zelda pidiera respuestas de su procedencia.

- ¿Quién te dijo eso? Pregunto, con la inútil intención de retrasar lo inevitable.

Zelda guardo silencio.

- Dímelo – Suplico la Sheikah dejando de lado la cólera que le había provocado su insubordinación. – ¿Alguien de la aldea? ¿Fao talvez?

- Nadie de la aldea, fueron cosas que escuche en nuestros viajes, en aquellos pueblos, eran susurros, susurros que no pudiste o no quisiste escuchar, pero como sabes mi oído es mucho más agudo que el tuyo, al menos esa ventaja tengo. – Expreso entre tristes sonrisas.

Impa seguía enmudecida, Zelda aprovecho su silencio para continuar.

- Podrías ocultar la verdad dentro de la aldea, pero fuera de ella no tienes ninguna potestad, Impa yo… siempre tuve la certeza que tú y yo éramos diferentes, es solo… es solo que esperaba que tú me lo dijeras.

A pesar de que las emociones de la Sheikah era un desorganizado conjunto, logro comprender su anterior comportamiento, entonces libero un suspiro, acerco una silla y con un súbito bajón de tono dijo.

- Ya veo, entonces… ¿Quieres saber la verdad?

Un simple "si", fue su respuesta, entonces Impa volvió su mirada al inquieto danzar de una vela, como queriendo pedir prestada fortaleza de la llama, cosa que pareció funcionar ya que Impa relato aquel pasado tan trágico envuelto en la incógnita, sin omitir detalles, tal como Zelda se lo había pedido, al finalizar dijo.

- Como ves yo también desconozco muchas cosas de tu origen, lo único que lamento en estos 10 años es no haber sido totalmente sincera contigo y… no haberte dicho lo mucho que me enorgulleces.

Al finalizar esa frase y al ver que Zelda era incapaz de dar un veredicto, Impa se retiró.

A la mañana siguiente las aves madrugadoras inauguraban una nueva jornada, Impa estaba fuera de casa desvelada, el miedo de haberse ganado un posible repudio la carcomía por dentro. El leve golpeteo de una madera y unos pasos le arrancaron del trance, se volvió y vio a su pupila frente a ella, el viento frio jugueteo con los cabellos de ambas, antes que Impa supiera la tan ansiada respuesta, Zelda rápidamente abrazo a su maestra y entre lágrimas se disculpó por lo del día anterior, Impa repaso su mano en su cabeza y le dijo.

- Esta bien hija mía, no te preocupes más.


En pleno amanecer comenzó, el retumbar de una trompeta de guerra, libero una sorpresiva lluvia de flechas llameantes que aterrizaron sobre los techos de madera y paja, provocando rápidamente varios incendios; una segunda corneta retumbo e inmediatamente una horda de Moblins y Bulblin aparecieron arrasando todo lo que encontraban a su paso, uno de ellos había acorralado a una mujer y su bebe, la malvada criatura reía mientas levantaba su espada para asentar el fatal golpe cuando de repente fue halado por una cadena que se había enrollado en su macizo cuello, el enfurecido ente arremetió contra su captor, pero antes que hiciera cualquier cosa su garganta había sido cortada.

- Busquen refugio, nosotros nos encargaremos – Le indico su salvador quien no era nada más ni nada menos que Akela.

Rápidamente la pacifica aldea se convirtió en un atroz campo de batalla, los filos chocaban, el dolor resonaba y la sangre de Sheikahs e invasores manchaban por doquier, desde lejos dos líderes observaban inexpresivos como sus congéneres eran masacrados rápidamente, entonces uno de ellos volvió a tocar la trompeta, entonces los arqueros volvieron a propinar una lluvia de flechas, la capitana que luchaba codo a codo con su alumna al ver las mortales saetas venir se abalanzo sobre ella para apartarla, luego un Moblin dejo ir un fuerte corte de su espada, que choco con el blindado brazo de la capitana que instintivamente interpuso para proteger a Zelda, luego agarro un puñado de polvo y se lo arrojo en los ojos, la criatura chillo de ira unos minutos antes de sentir el filo de la espada de su oponente cortarle la garganta. A los pocos minutos llegaron Akela y Fao preguntando por el estado de ambas.

- Estamos bien, pero no lo estaremos por mucho si no detenemos a los arqueros, Akela, ¡vamos!

- Como tú digas – Respondió su lugarteniente.

Entonces Impa ordeno a Zelda y a Fao resguardarse, mientras ellos detenían a los arqueros; con valentía pero sin desatender la cautela los lideres salieron a enfrentar a los arqueros, en el camino otros Sheikahs se les unieron, esquivando y resguardándose como podían de las saetas, cuando el recién formado grupo estaba cerca, las cobardes criaturas se echaron a correr, pero no hubo piedad para ellos, rápidamente los gritos de dolor y agonía invadieron todo el lugar, después de eso hubo mucha calma y una desagradable pila de cadáveres, pero entre los ajusticiados no se encontraban los líderes de las bandas, entonces temiendo que esos seres buscaran más refuerzos Impa ordeno al grupo regresar a la aldea atender a los heridos y hacer un recuento de los daños, mientras que Akela y ella buscaban a los líderes Moblins y Bulblin; fue así como la búsqueda dio inicio, adentrándose entre la arbórea densidad, hasta que finalmente encontraron al susodicho par.

- Se metieron con la aldea equivocada – Amenazo Akela mientras giraba su cadena.

Las criaturas gruñeron en pos del miedo, la capitana y su compañero estaban seguros que habría una pelea, mas no fue así, los monstruos se arrodillaron y con una daga que escondían en sus anchas cinturas se atravesaron ellos mismos la garganta, tal acción dejo perpleja a la pareja, ya que era sabido que a pesar de su brutalidad, esos seres preferirían luchar antes de recurrir a un método de escape tan cobarde.

- Regresemos - Dijo la capitana - Ya no hay nada que hacer aquí.

Mientras regresaban, ambos analizaban de manera independiente lo que había ocurrido, tanto fue su ensimismamiento que no sintieron cuando estaban muy cerca de la aldea, Impa se detuvo y miro con suma tristeza el devastado entorno.

- Saldremos de esta.

Impa se limitó a asentir, luego su compañero noto un violento temblor en el brazo derecho de su compañera, tomo su brazo, miro con preocupación la armadura destrozada y una herida profunda.

- Pero mira que descuidada eres - Regaño Akela.

- Es solo un rasguño, ya déjame y volvamos a la aldea.

- ¡No seas tonta! ¿Que no ves que es una herida profunda?

En seguida Impa y Akela se envolvieron en un dulce forcejeo, que termino cuando Impa dejo escapar un quejido de dolor, que rápidamente provoco las risas de su comandante.

- Ves que si te duele – Expreso triunfante mientras sacaba de sus bolsillos un pequeño bote, luego el Sheikah retiro el destruido metal y empezó a untar la medicina, Impa estaba avergonzada haciendo lo posible por retener cualquier expresión de dolor, para no volver a ser objeto de burla de su comandante. Cuando Akela termino de aplicar el remedio, rasgo un pedazo de su ropa y empezó a vendar la herida.

- Sabes, entiendo que quieras mantenerte fuerte para todos nosotros, pero no debes olvidarte de ti misma, tu cuerpo, es tan vulnerable como el de cualquier mujer.

- ¡No digas tonterías! – Exclamo Impa con un notorio sonrojo de sus mejías.

- Solo digo lo que es cierto, por mucho que intento ser fuerte a tu lado y frente a los demás, soy consciente que soy tan inmune como cualquier hombre.

Cuando Akela termino el vendaje, Impa cerró y abrió su puño varias veces, sintiendo una enorme comodidad por aquel detalle, agradeciéndole de una manera totalmente impropia de su personalidad; entonces sucedió, producto de la soledad, y un sentimiento encadenado, dejándose llevar por la inconciencia y una mutua hipnosis, sus labios se juntaron, dejando en libertad aquel deseo que ambos habían apresado.

Un mes había pasado desde la ofensiva, pero los Sheikahs continuaban en plan de recuperación debido al encarecimiento de recursos, pero he aquí que el destino les tenía preparada nuevas experiencias; era una mañana nublada cuando ellos llegaron, cuatro caballeros provenientes del castillo, pidiendo una audiencia con la máxima autoridad de la localidad, rápidamente Impa y Akela hicieron acto de presencia, con el debido respeto ambas partes se saludaron, el caballero explico que el motivo de su visita era entregar una carta de parte del actual gobernante de Hyrule, una vez entregado el recado la escolta pidió permiso y se retiró.

Sin esperar un segundo, Impa abrió la carta, la leyó en voz alta para que su lugarteniente se enterara del contenido, al final el típico silencio que provoca la reflexión se presentó, y más tarde Akela pregunto.

- ¿Iras?

Impa tardo varios minutos en confirmar su viaje, ya que no deseaba alejarse demasiado de su gente, pero contra un decreto real nada podía hacerse, así que preparo todo lo necesario para su viaje, a la mañana siguiente ella partió, le encargo como siempre la villa y por supuesto el entrenamiento de su alumna. Entonces Akela la vio partir encomendando a las diosas por su seguridad.

Impa había ido a muchas partes, pero nunca tan lejos como Hyrule, fueron semanas de cansado andar hasta que ella y sus acompañantes llegaron al lugar en cuestión, grande fue su sorpresa al notar cierto descuido en el reino, dejadez que la gente veía con normalidad, una que se camuflaba de una tristeza que se veía y se sentía a medida que se adentraba en sus empedradas calles.

- Definitivamente este no es el Hyrule del que me habían hablado – murmuro para sus adentros.

Al llegar a la entrada del castillo un misterioso hombre la esperaba, usaba largas túnicas color rojo, su mirada profunda llevaba un alma que inspiraba desconfianza, sin embargo cuando este estuvo frente a frente con la Sheikah su expresión cambio a una más amable, pero no por eso Impa dejaba de sentir aquel recelo.

- Agradecemos su tiempo venerable capitana – Saludo aquel oscuro hombre.

Impa le miró fijamente antes de llevar su mano a su pecho y corresponder al saludo, saludo que fue más por educación que por gusto.

- Mi nombre es Agahnim y yo seré su anfitrión, ahora por favor sígame, la corte nos espera.

Con un sentimiento de incomodidad y desconfianza Impa siguió aquel misterioso hombre.

Después de varias semanas Impa regreso a la aldea y trajo buenas nuevas, una nueva etapa para su gente, una luz de esperanza que no tardo en comunicar a su mano derecha, sin embargo Impa presentía que dicha esperanza tenia ciertos sinsabores que no podía explicar.


La vida de los Sheikah mejoro desde que Impa aceptara ponerse a las órdenes del nuevo reino hace ya cinco años, quienes comenzaron como espías ocasionales, Hyrule vivía una era oscura y conflictiva, causada por rebeldes y algunas intervenciones externas, por eso fue mal llamada la era del caos.

Paulatinamente los deberes de los Sheikahs tomaron otro sentido, tareas que consistían en rastrear, encontrar y eliminar; no era la primera ni la última vez que los Sheikahs mancharan sus manos de sangre, sin embargo Akela sentía que aquellas vidas que arrebataba su clan eran injustas, esas voces muertas de odio, voces de aquellos que negaba la legitimidad del actual soberano, muy a pesar de que el poseía aquella prueba tan irrefutable, entonces afloraron en el sentimientos de rebeldía, que no pudo callar, a partir de allí comenzaron las críticas, que con el paso del tiempo evolucionaron a fuertes discusiones con la recién nombrada general.

Un día entre los días, Akela había sido informado que unos rebeldes escondían armas en una pequeña comunidad abandonada, sin demora alisto un escuadrón y partió atender personalmente el asunto.

Estaba en la región de Latoan, marchita, olvidada casi fantasmagórica, con mucho cuidado Akela guio a sus hombres atreves del lugar, el sonido de la erosión y el chillar de las ratas le daban un toque tétrico, con señas Akela dio la orden de dispersarse, varios minutos duro aquel sigilo hasta que fue irrumpido por el estruendo de muebles estrellarse, rápidamente el comandante se apresuró a llegar al lugar del disturbio, una vez allí, la cólera lo invadió al ver a cuatro de sus hombres apunto de matar a unos niños, sin pensarlo Akela tomo a uno de ellos y le dejo ir un puñetazo tan fuerte que le rompió la nariz.

- ¿Que creen que están haciendo?

- Señor estábamos tratando de sacarles información.

- ¡Te das cuenta que solo son unos chiquillos!

- Pero señor, esta es una guerra ellos deben saber algo – Se apresuró a contestar uno de sus hombres.

Mala respuesta, ya que Akela enterró su puño en su nariz al igual que lo había hecho con el otro soldado, sus demás compañeros decidieron callar no querían recibir aquella descarga de furor, por fortuna su ira fue frenada con la intervención de otro soldado, quien le informo que habían encontrado lo que buscaban, entonces el capitán ordeno regresar al castillo no sin antes decirle a los chicos que se fueran.

- No podemos – Contesto uno de ellos. – Nadie se acerca por aquí, así que es el lugar más seguro que tenemos, no queremos ser víctimas de algún malvado.

Entonces Akela se volvió a ellos, movido por la compacion les dio dinero y les indico donde podrían estar a salvo, una vez hecho eso se marchó.

Al regresar al castillo se dirigió sin escala al despacho de Impa, a quien encontró abstraída en sus deberes, él sabía perfectamente lo mucho que le molestaban las interrupciones, mas no le importo, estaba harto, necesitaba dejar salir toda aquella indignación.

- Impa cometimos un grave error, hasta cuando seguiremos sordos y ciegos de esta situación.

La general frunció el ceño, sin mirarle le respondió haciendo acopio de su paciencia.

- ¿Que paso esta vez?

- Los susodichos soldados cobardemente levantaron su espada contra unos pobres niños que se refugiaban de la guerra.

Impa cerró los ojos, suspiro y no respondió, no deseaba discutir, la indiferencia de su superiora detonaron su impaciencia, estrello las palmas de sus manos contra el escritorio y exclamo mostrando una violenta indignación que muy raramente dejaba ver.

- ¿Que pasa contigo? ¡Te desconozco!

- ¡No! - Replico – Yo te desconozco ¿acaso olvidas nuestro rol? Ha sido nuestro deber por generaciones, además sí yo no hubiera aceptado ponernos al servicio de Hyrule, aun seguiríamos hundidos en la precariedad.

- ¡Pero a cambio de que! siento como si hubiéramos vendido nuestra alma al diablo, nosotros somos honorables guerreros, no matones de callejón, ¡porque diablos no entiendes eso!

- ¡Eres tu quien no se ubica, las guerras son así, llenos de muerte y horror!

Akela no concebía como aquella fuerte pero bondadosa mujer, se había transformado según el en un títere de un deber ancestral que estaba costándoles sus códigos de honor, entonces con mucho pesar decidió apartar sus sentimientos, para recurrir a una cláusula de ley de su aldea.

- No me dejas otra alternativa Impa, en todo este tiempo he tratado de ser paciente, pero te niegas a escuchar, aprovechare que Zelda y Fao no están aquí, para hacer lo que debo.

- ¿De que estas hablando? – Pregunto Impa al mismo tiempo que se levantó de su silla.

- Sabes lo que dice nuestra ley cuando hay dos candidatos al liderato de nuestra aldea.

- ¡Te has vuelto loco!

- Si yo gano tomare el mando y me llevare a nuestra gente, si pierdo dejare que tu hagas lo que creas conveniente conmigo, así es nuestra ley.

- No levantare mis manos contra ti.

- Negarte es una grave deshonra para ti, al saberlo los demás te creerán cobarde, oportunidad que yo aprovechare a mi favor, tú decides.

Pronto Impa se vio entre la espada y la pared, ya que nunca imagino tener que competir por el liderazgo, mucho menos con Akela quien a lo largo de los años había formado un lazo especial, pero tampoco podía permitir cualquier tipo de desestabilización, así que a regañadientes y con un gran nudo en la garganta ambos acordaron enfrentarse al amanecer.

Amaneció nublado y con ganas de llover, el enfrentamiento de Akela e Impa tomó por sorpresa a los demás miembros de su clan, de tal forma que hicieron los preparativos a la carrera, ya que estos encuentros eran casi un ritual, que pasaba con poquísima frecuencia.

En la intimidad de su nuevo territorio en una arena polvosa se llevaría a cabo, lejos de los foráneos que se dejarían llevar por vánales emociones que provocaban las típicas peleas callejeras, para los Sheikahs no era nada de eso.

Los contendientes estaban en las esquinas esperando el arranque del encuentro, que no querían iniciar, a pesar de que sus endurecidos semblantes dijeran lo contrario.

- Lucharan sin armas, el encuentro será sin límite de tiempo y finalizara hasta que el oponente admita la derrota o quede inconsciente, el ganador decidirá el destino de su contrincante no importando que este sea la pena capital. – Explico uno de los Sheikah que había sido seleccionado como observador. – Sí alguno de los dos desea desertar del desafío, ahora es el momento.

Esas últimas palabras hizo temblar a los contendientes, el sudor empezó a correrles frio por el rostro, inclusive la tentación de declinar les cincelaba la mente y corazón, pero después vino el orgullo, el orgullo de líder y el orgullo de querer tener la razón, así que ninguno dijo nada, el observador al no ver ninguna señal de titubeo dio inicio al encuentro.

El encuentro comenzó entre dudas, los dos se acercaron al centro de la arena rodeándose a sí mismos, intentando retrasar al menos una milésima de segundo el lio en el que estaban, nubes negras cargadas de lluvia y energías tupian el cielo, el estallido de aquella aglomeración energética, fue el arranque de la contienda, fue Impa quien lanzó el primer golpe, que choco en el brazo de su oponente, quien respondió casi de inmediato con una serie de golpes, el silencioso publico observaba seriamente ese veloz intercambio de puños y patadas, ansiosos por causar algún daño, con sus rápidos ataques Impa hacia retroceder a Akela por momentos, a veces Akela hacia retroceder a Impa con la potencia de sus ataques y es que Impa era veloz, tanto que Akela lograba esquivar y/ o bloquear por mero instinto; Akela por su parte era un poco más lento pero no por eso dejaba de ser peligroso, Impa sentía aquella potencia, cuando obligadamente interponía sus brazos para bloquear.

La lluvia empezó a caer, pero ninguno se inmuto el encuentro continuaba su curso, hasta Impa hizo un giro completo para esquivar un puñetazo, en esa milésima de segundo en la que estaba de espalda, Akela aprovecho para patear la rodilla de su oponente, a su vez Impa concentro su energía en sus palmas y la descargo contra el hombro derecho de Akela, tal ataque obligo a ambos a separarse, la lluvia seguía cayendo con fuerza y los contendientes resentían silenciosamente las lesiones, el furor de la batalla había disipado aquella reticencia que tenían al inicio, retomaron su postura dando a entender que esto seguía adelante, sin embargo Akela noto debilidad en la postura de Impa, debido a la lesión, sabía que ella estaba de pie solo por dignidad, entonces reanudo su ataque y sintió una disminución en su defensa, que aprovecho al propinar un golpe en su estómago que la hizo retroceder, Akela estaba a punto de dar un golpe final, pero para su sorpresa y como último recurso Impa giró completamente su cuerpo y utilizo la trayectoria rectilínea del golpe para proyectar a Akela; un rayo partió el cielo y los gritos de lucha dejaron de acompañar a la escandalosa lluvia, los espectadores miraron sorprendidos como Akela yacía en el suelo, con los dedos índice y medio de su oponente encima de su tráquea.

- ¿Te rindes? – Pregunto Inexpresiva la general.

Akela tardo varios minutos en responder y darse cuenta que había sido vencido, su adversaria empujo un poco sus dedos como medida de presión, la dificultad de respirar y el tragar de su saliva, le obligo a asentir y admitir su derrota. Todo mundo estaba perplejo y expectante de la decisión que tomaría la capitana quien a pesar de haber ganado sentía un mal sabor de boca.

- Impa ha ganado la contienda- Anuncio el Sheikah, luego se dirigió a la ganadora con estas palabras - El destino de su oponente queda en sus manos general.

Fueron largos segundos de espera, escuchando la bulla del chaparral, hasta que al fin Impa cerró los ojos y tomo una dura decisión.

- Puedes hacer lo que te plazca, ir a donde quieras ir, pero lejos de nuestra tribu y de Hyrule, a partir de este momento quedas relegado de tu cargo.

Humillado y dolido Akela se levantó, arranco una pluma roja que adornaba su brazo izquierdo, la dejo caer y sin decir palabra alguna se marchó, Impa también se marchó cojeando e internamente dolida, en ese momento ambos desearon que la lluvia lavara todo recuerdo, aquel suceso y aquel sentimiento romántico que los unió alguna vez.

Habían pasado tres días desde aquella fatídica contienda y la rutina siguió su curso, como siempre Impa se autoimpuso una férrea barrera para parecer fuerte e indiferente ante los demás, sin embargo la ausencia de su capitán, actuaba como un cáncer silencioso, le extrañaba, se preguntaba una y otra vez si había y estaba haciendo lo correcto, pero ese sentir apenas comenzaba, ya que no sabía cómo les daría la noticia a Zelda y Fao.

Era una noche manchada de nubarrones que escondían el resplandor del astro nocturno, las calles de Hyrule estaban solas y pintaban de un negro tal que las contadas antorchas no lograban iluminar, Impa andaba allí, regresando de unas compras, cuando escucho unas cadenas rastreras, la general se alertó pero continuo como si no hubiera oído, de repente de las sombras salieron disparados dos Kunais que Impa esquivo y quedaron prendidos en la pared.

- Muéstrate cobarde – Rugió la capitana.

- No esperaba menos de ti Impa ¿dime como está tu pierna? – Pregunto con sorna su atacante mientras salía de las sombras.

Tartamudeando la general pronuncio el nombre de su atacante, este en cambio la miro con una tristeza matizado de un sentimiento oscuro, que espantaba.

- ¿Akela que estás haciendo? te di la orden que te largaras de aquí.

- No respondo más ante ti.

Enseguida Akela saco una espada corta y su característica cadena e inmediatamente ataco a la capitana, quien se limitaba a esquivar, pronto su contrincante se cansó de ese vaivén de ataque y defensa para recurrir a una estrategia muy sucia cuando pateo la rodilla lastimada de Impa quien rápidamente cayo de rodillas, Akela aprovecho esa debilidad para dejar ir un corte descendente, rápidamente Impa bloqueo el traicionero ataque con su espada.

- Eres un maldito cobarde – Exclamo Impa con incredulidad mientras forcejeaba con su antiguo capitán.

Luego Impa dejo de forcejear para que Akela se fuera con todo impulso para poder rodar y alejarse de él, el Sheikah libero otro Kunai con tal velocidad que Impa apenas esquivo y el filo le hizo un leve raspón en la mejía, después Akela libero su cadena y esta se enredó en la espada de su oponente, de inmediato la pelea se volvió mucho más cerrada, la general se limitó a mover la cabeza y la cintura para esquivar las furiosas estocadas del enemigo, de nuevo Akela volvió a patear la lastimada rodilla, haciendo que se doblara del dolor, oportunidad que no desperdicio Akela para herirla en el hombro, Impa aprovechó también ese momento para girar su enredada arma y herir a su oponente en el costado, el dolor obligo a ambos a separarse y quedarse mirando de una manera totalmente contraria a la que solían verse.

- Me decepcionas Akela, nunca pensé que llegaríamos a este punto y lo peor es que recurrieras a métodos tan cobardes.

- Aunque no lo creas me duele hacer esto, pero tú ya no escuchas y tengo que hacer lo que debo por el bienestar de nuestra aldea.

- Sobre mi cadáver.

- Que así sea.

Los dos iban a retomar su combate, cuando lejanas antorchas los interrumpieron, eran guardias que venían a toda prisa, atraídos por el escándalo de lucha, entonces Akela se vio en desventaja miro a su contrincante y le dijo, antes de perderse en las sombras.

- Ruega a las diosas para que nunca nos encontremos.

Herida e impactada Impa no tuvo valor para seguirlo, se limitó a esperar a los guardias para ordenarles buscar al asaltante, pero ella no quiso participar en la persecución, en cambio se dio la vuelta y regreso cojeando a casa, al llegar a la comunidad, los demás Sheikahs al verla en ese estado le ofrecieron llamar un médico, más ella amablemente se negó y se encerró en su casa, enseguida busco en la repisa algún remedio, al no más tenerlo en mano Impa se dejó caer al suelo, el bote medicinal rodo varios centímetros, entonces sucedió, por primera vez la general lloro amargamente, en aquel silencio hogareño, siendo el ígneo baile de una vela el único testigo de aquel dolor.

Varios días después, Zelda y Fao regresaron de una agotadora misión, grande y doliente fue su sorpresa de haberse enterado de lo que sucedió en su ausencia, al principio ninguno quería creer que aquel hombre con el que compartían un lazo tan fraterno, había cometido semejantes faltas, pero el respaldo de todos los testigos, obligo a los jóvenes a aceptar la amarga verdad.

Entonces el tiempo pasó, los Sheikahs continuaron sirviendo fielmente al emperador, ya que la guerra había tomado otro enfoque, ahora la disputa consistía en encontrar algo que pomposamente relataba el folklor de su tierra, sin embargo y a pesar de las apariencias, el recuerdo de la traición dolía como herida recién hecha. Y he aquí que la general observaba el atardecer, esperando paciente e impaciente a la vez, el regreso de su alumna, de su hija y de su recién adoptado subordinado.

Todas las historias aquí referidas corresponden a un antes un después y un ahora.


Notas de la autora:

Uff… hoy si nos vamos a descocer hablando gentes, hay mucho que decir de este capítulo.

Primeramente, este capítulo es una continuación totalmente directa del anterior, véanlo como una segunda parte.

La estructura: el capítulo está compuesto por pequeños relatos separados por la típica línea, que aunque se vean independientes van a llegar a lo mismo, digo esto, por si lo sienten poco coherente.

Espero no haberles aburrido ya que acá profundizo en el estilo de vida de los Sheikahs, siempre me han llamado la atención y por eso me tome tantas libertades, siento que son tan geniales que merecen un poco más de atención.

Contarles que este capítulo fue difícil, ya que (y créanmelo) trate de hacer un contraste entre la dura Impa que todos conocemos y una más humana, que a pesar de su rigidez no deja de mostrar sus sentimientos cuando la situación lo requiere o la obliga a hacerlo, realmente me encantaría, casi se los pido de favor que al momento de dejarme el review me digan si logre hacerlo.

Respecto al punto anterior una de las cosas que me llama poderosamente la atención, es la relación que tienen Zelda e Impa, que a lo largo de sus apariciones Impa siempre funge el papel de protectora, consejera, etc. Siendo para mí el Ocarina of time la mejor de todas, tanto que me agarre directamente de allí y le di más fuerza, noción que se ve aquí y talvez en fics futuros.

A pesar y al igual que el capítulo anterior este es gravemente revelador, aun así hay huecos que serán explicados más adelante.

Por último y antes que me lo digan o me regañen, si soy horriblemente dramática ajajajajajaja… pero no se preocupen en el siguiente episodio ya pasamos a otro tema, también lamento esta y las demás demoras que tendré.

De nuevo gracias por pasarse en especial a mi lectora y nueva amiga Goddess Artemiss quien ha estado pendiente y aguantándome desde el principio xD.

Espero sea de su agrado, have a nice day xD