Capítulo 8: La bruja y los moradores del cielo.
Con secuelas de niebla y humedad había amanecido, por causa del chaparrón que había azotado la noche anterior y en cada arboleda las aves cantaban, agradeciendo aquella bendición. Una sinfonía acompañaba esos cantares, una que parecía hacer un bellísimo dueto con la alegría ambiental, Zelda era la autora y la lira su instrumento, sentada en un tronco muerto se deleitaba con cada nota que ella misma componía con delicadeza y destreza.
Y allá en la distancia, los ramales se estremecían, las hojas liberaban aquellas prisioneras gotas de roció, todo porque se acercaba un merodeador. Cauteloso pero deprisa avanzo aquel extraño, hasta detenerse en unos arbustos a observar a la musa, luego saco una daga, aferro una cadena, dispuesto a atacar, entonces la joven sin detener su sinfonía hablo entre delicadas sonrisas.
- Eres muy ruidoso Fao.
Avergonzado por haber sido descubierto, el merodeador de un salto salió de su escondite, se acercó a la joven y exclamo.
- ¿Qué dices? Mis habilidades sigilosas son excelentes ¡no te rías!
- Lo sé, pero a mí no puedes engañarme.
- Eso es porque tienes ese maravilloso, súper sensible oído, ¡no es justo! - Se quejó el joven Sheikah.
Sin dejar de reírse Zelda intento calmar el bochorno de su compañero, luego ambos se sentaron en el tronco e iniciaron otros temas de conversación.
- ¿Entonces lo conseguiste? – Pregunto Fao.
En seguida Zelda saco de su bolsillo una caja delicadamente envuelta, lo destapo y le mostro el contenido, Fao repaso un par de veces sus rojizas pupilas sobre el objeto, como queriendo encontrarle una utilidad inmediata, entonces suspiro con fastidio y pregunto del mismo modo.
- ¿Un cristal negro? ¿Esta porquería es el susodicho talismán? – luego rasco su alborotada cabellera y agrego – En fin… debemos llevar esta cosa con la bruja para que ella haga lo que sea que tenga que hacer.
- ¿Qué dices? ¿Entonces iremos…?
- Así es, por eso he venido, para guiarte y asegurarme que todo salga bien.
Zelda frunció el ceño y suspiro con desagrado al enterarse de las nuevas disposiciones.
- Sé que la bruja no es de tu santa devoción, pero debes comprender que es imposible refutar, además no te preocupes, no permitiré que te falte al respeto.
Con un ademan afirmativo Zelda reprimió su incomodidad, se dejó guiar por su compañero y juntos emprendieron el nuevo viaje.
Mientras marchaban, el campo parecía humear debido a las hileras de sol que evaporaban la humedad rezagada, en todo ese tiempo Fao no desaprovecho la oportunidad para platicarle a su compañera alguna pasada, adicional a su oficio, Zelda se limitaba a escucharlo y sonreír cuando algún comentario gracioso salía a relucir, al finalizar Fao le pregunto si le había sucedido algo interesante, Zelda respondió que no había pasado nada extraordinario, sin embargo estaba mintiendo, su memoria trajo de manera espontánea los breves momentos que vivió con aquel tímido muchacho, muy a pesar de que su invitación de tomar él te fue más por espiar sus intenciones, que por mera cordialidad, entonces… ¿los Sheikahs siempre estaban obligados a desconfiar y actuar con doble intención? se preguntó entre dientes.
- ¿Disculpa? - Interrogo el guerrero de las sombras mientras depositaba su mirada en ella.
- No me hagas caso – se apresuró a contestar con bochorno por haberse dejado escuchar.
- ¿Tienes algo que compartir con tu querido hermano? – cuestiono inquisitivamente con la evidente intención de sacarle lo que calladamente guardaba.
A sabiendas de que Fao no se conformaría con un "nada" como respuesta, reitero la pregunta, además de que ella misma deseaba conocer su opinión.
- ¿A qué viene eso? ¡Claro que si! – Contesto sin ningún rodeo – nuestra profesión nos rodea de enemigos, que no desaprovecharían la oportunidad de acabar con nosotros si nos descuidáramos, eso ya deberías saberlo.
Aunque la respuesta era más que obvia, a Zelda no le gustaba admitirlo en su raciocinio, pese a que esa ennegrecida rutina de espionaje y asesinato se había repetido una y otra vez. Entonces obligadamente conforme con la respuesta, decidió no cuestionar más su rol, sin embargo hubo algo que no pudo disipar prontamente: el vacío de no haberse despedido de aquel muchacho.
Habían pasado los días de andar y andar ¿Cuántos habían sido? ¿Cuántas noches se había gastado en reponer fuerzas? La cuenta se había perdido entre la distancia, el cansancio y un tanto de ansiedad. Link seguía rutas y objetivos análogos a los de jóvenes Sheikahs, ellos buscaban una hechicera, el simplemente un consejero, que se encontraba (según las indicaciones del sabio Kaepora) en la montaña del dragón.
Diversidad de rumores rodeaban la montaña del dragón, resaltando su peligrosidad por sus gélidos senderos y por el comportamiento territorial de los Ornis, seres que compartían características tanto humanas como de aves. Según los lugareños se asentaron allí, después de haber logrado huir de las guerras, desde entonces solian ser desconfiados y hostiles con los extraños, entonces… ¿Qué estaría haciendo Akela allí? , sea lo que sea era imperioso encontrarle.
Link se vio obligado a dejar a su fiel Epona en uno de los ranchos del pueblo, ya que el alevoso territorio no era apto para un caballo. Entonces Link emprendió su travesía, soportando el frio viento montañoso y su forzado intercalo de humano-bestia, pero en una de esas noches Link quedó prendido en la belleza sideral; una espontánea remembranza se cruzó por su mente, Zelda era el nombre de aquel recuerdo, un nombre que la llenaba de admiración por su independencia a pesar de su invidencia y al final de todo aquello se dijo.
- Que lastima que no alcance a despedirme de ella.
Al amanecer Link despertó arisco, al sentir varias presencias merodeando desde las alturas, Link se encontraba oculto en las fauces de una cueva, indeciso si salir abiertamente o seguir marchando solapadamente; Kaepora le había comentado que a pesar de que los Ornis eran muy celosos con su territorio, lo cierto es que eran amantes de la tranquilidad.
- Si continuo escondiéndome pensaran que he venido con malas intenciones.
Entonces decidió arriesgar, salió de la cueva y adrede se dejó encontrar, no paso demasiado para que uno de ellos localizara al intruso, llamara a sus compañeros y rodearan al joven. Afortunadamente Link sabia como manejar la situación, se quitó la espada que descansaba en su espalda y se las ofreció a los patrulleros con toda y funda, un ritual arriesgado, pero necesario para poner en evidencia sus pacificas intenciones.
Cuatro eran los Ornis que allí se encontraban, sorprendidos por el conocimiento que el poseía de sus costumbres y su sosegada disposición; aun así la prudencia no debía ser obviada.
- ¿Quién eres y a que has venido? – Interrogo uno de ellos, quizá el líder del grupo.
- Mi nombre es Link y he venido en busca de un amigo.
- ¿Quién es ese al que buscas? – volvió a preguntar.
- Su nombre es Akela y tengo entendido que se encuentra por los alrededores.
Hubo un breve silencio y un cruce de miradas inquisidoras, antes de que el líder volviera a dirigirse a Link.
- ¿Traes magia contigo? – Pregunto.
Link no entendió la pregunta.
- ¿Qué si traes algún objeto mágico o practicas algún tipo de hechicería? – Reitero con brusquedad.
- Ignoro las artes mágicas mi buen señor, solo soy un guerrero errante que busca el sabio consejo de un amigo.
Gracias a su educado y fluido lenguaje y una requisa de sus pertenencias Link pudo continuar, pero bajo la desconfiada mirada de los guardianes y una extraña advertencia, que decía que si estaba mintiendo el mismo territorio se encargaría de revelar la mentira.
Link se adentraba más y más al hogar de los Ornis, pero a cada paso se sentía más incómodo, se mareaba por momentos y sentía como una invisible energía, punzándole cada parte de su cuerpo, al llegar al portón principal, los síntomas eran cada vez más insoportables, tanto que no lo pudo ocultar, de repente todo se volvió oscuro, un golpe en la nuca, le apago la conciencia.
Incontables horas habían pasado y Link estaba recluido en una celda, despertó confundido, debilitado no solo por el dolor del golpe, si no por algo que había en la zona, algo que no sabía que era, poco después los barrotes resonaron, uno de esos seres entro al reclusorio y se detuvo frente a la celda del joven; vestía con una túnica larga color purpura, su piel era oscura y su mirar expresaba una personalidad severa. Hubo un breve cruce de miradas entre Link y aquel Orni antes de que el dijera estas palabras.
- Comprobaremos si es verdad lo que dices, si es así, se te liberara, si no prepárate a recibir tu castigo.
Link no tuvo fuerzas para contestar, el entorno era demasiado pesado para él, poco después más Ornis aparecieron, abrieron la celda y lo sacaron de allí. La escolta condujo al prisionero por abiertos pasillos. Pese a su estado Link observaba con admiración la hermosa decoración y los tótems finamente tallados, pero aquella apreciación turística se interrumpió bruscamente cuando a fuerza de vuelo, lo llevaron a una habitación que no era más que una cueva creativamente arreglada, una vez dentro obligaron a Link a arrodillarse y mantener la mirada hacia el suelo.
- Veamos si es cierto lo que dices – dijo el severo Orni.
A los pocos minutos Link escucho que alguien entro, alguien que no le permitieron mirar, largos minutos sucedieron antes de que el recién llegado, hablara y se colocara frente al prisionero, Link se alegró a mas no poder al reconocer al recién llegado.
- Entonces es cierto, tú conoces a este joven.
- Si Odli le conozco es un buen amigo mío, por favor te pido que lo liberes.
Con un autoritario gesto Odli ordeno a sus camaradas liberar al joven y colocarle un collar que tenía tallado el rostro de un dragón, una vez colocada aquella reliquia las molestias que Link sentía se esfumaron.
- Akela, confió plenamente en ti, pero el patriarca se ha enterado de lo sucedido y debo informarle.
Akela no se opuso, enseguida el prisionero fue llevado ante la presencia del monarca; si bien Link sabía que Akela no permitiría que algo le pasara, no dejaba de estar un tanto nervioso, algo muy normal dadas las toscas circunstancias a las que había sido sometido.
Llegaron ante la presencia del eminente y fue Odli quien explico lo sucedido, después se le cedió la palabra a Akela y Link estaba callado obligadamente confiado esperando un veredicto. Cuando ambos finalizaron, el patriarca se levantó de su trono, coloco la palma de su mano en la frente del joven, se mantuvo en esa posición no más de un par de minutos, luego volvió su mirada a los presentes y dijo.
- Es cierto lo que dices, una extraña esencia rodea a este joven, indefinida, pero he decidido confiar en tus palabras Akela, tu amigo será liberado pero estará bajo tu responsabilidad.
Akela asintió comprometido, luego el patriarca dio la orden de liberar a Link y que se le explicara el porqué de todo lo sucedido. Link suspiro aliviado, hizo una breve reverencia y acompañado de su amigo salió de la presencia de los Ornis. Akela se llevó a Link a un observatorio para explicar el porqué de tanto barullo.
- Lamento que hayas tenido que pasar todo esto, pero este territorio está protegido por un campo que hace difícil la estadía de hechiceros.
- Yo no soy practicante de esas artes – Reclamo Link confundido y resentido.
- Quizá tu maldición hizo que el campo reaccionara, tuve que mentir diciendo que tenías secuelas de un embrujo.
Link sintió un chispazo de remordimiento, ya que su presencia había forzado a su amigo a mentir.
- No te preocupes por eso, más bien dime que necesitas de mí, si estás aquí significa que Kaepora te dijo dónde encontrarme, más aun no te has librado de tu mal ¿estoy en lo correcto?
Link confirmo su teoría, luego le explico lo sucedido con la información que le había proporcionado y del osado favor que la bruja le había encomendado, la reacción de Akela no se hizo esperar, abrió los ojos de par en par y exclamo el nombre de las divinidades, después de eso no hubo más que silencio. Link comprendió su reacción, después de todo aventurarse a Forsaken era el equivalente a arrojarse a una jauría de leones.
- Link, no puedo darte un consejo, para que vayas a una aventura tan peligrosa - Dijo Akela con suavidad. - Es por eso que iré contigo.
- Akela…
- Es mejor que te guie personalmente, lo único que voy a pedirte es paciencia y un poco de asistencia.
- ¿Asistencia?
- Si… Odli me pidió ayuda para romper la barrera de un hechizo que aqueja al hijo del patriarca y a la mitad de la población, están hundidos en un profundo sueño, es por eso que los Ornis son muy cautelosos con la magia, según tengo entendido fue un castigo impuesto por una bruja.
- Entiendo – Dijo Link.
- Se lo que tengo que hacer pero necesito un poco de ayuda ¿aceptas?
Comprometido y agradecido Link estrecho la mano de su gran amigo.
Al anochecer Link estaba recluido en una recamara que se le había cedido, echado en la cama, levanto la cabeza al sentir las ondulaciones del viento colarse en la ventana, acariciando su negro pelaje y las vio, brillando en la bóveda oscura, las estrellas estaban tan lejos, pero a su vez tan cerca, quizá la altura provocaba tal ilusión, en ese momento Link se sentía agradecido y tranquilo ya que en este periplo no estaría solo.
Lejos, lejos de las latitudes y del ilusionado muchacho, otros viajeros llegaban a su destino. Estaba refundido entre sombras de miedo, ramificaciones verdes oscuras y (en esa ocasión) una neblina tal cual extenso fantasma, una puerta de madera se interponía en el paso de los misioneros, Fao aferro su mano a un anillo de bronce que allí colgaba , tres veces llamo a la puerta. Como por arte de magia la puerta se abrió de par en par, permitiendo el paso de los Sheikahs, pronto se encontraron en el corredor de un palacio, mas esta lujosa estructura tenía algo, algo incómodo, Zelda apretó el hombro de su compañero, el se volvió a ella y pregunto.
- ¿Tienes miedo?
- No – Contesto la joven mientras respiraba hondamente.
De pronto, un agujero morado apareció en el suelo, de allí salió un ser, vestido con una capucha y túnicas del mismo color que el agujero, adornado con variedad de joyas, pero en donde debería estar el rostro, un ojo carmesí relucía en un vacío de oscuridad. Al no más estar cara a cara con los Sheikahs se inclinó con reverencia y los condujo al interior de la fortaleza, al llegar al salón principal, cortésmente les pidió que esperaran, entonces desapareció y apareció frente al salón del trono.
- Mi señora los Sheikahs han llegado.
Entrometidos pilares de luz de luna encubrían la identidad de la soberana, quien al escuchar la noticia dejo de agitar una copa de vino, sonrió con malicia y se dispuso a recibir a los invitados.
Minutos después Zelda volvió a presionar el hombro de su hermano, al escuchar ese imperdible taconear ladino acercarse más y más. Y se presentó una mujer de cabello blanco cuidadosamente recortado, con ese vestir tan atrevido y esos ojos purpuras, que expresaba una hibridez entre astucia y coquetería.
- Bienvenidos guerreros de las sombras, espero que traigan buenas noticias - Expreso aquella mujer con amarga amabilidad.
Notas de la autora:
Que revoltijo de sagas estoy haciendo Dios mío, xD estoy metiendo Wind waker, Twiligth Princess, Hyrule Wariors, Link to the past y seguire metiendo mas xD ajajajajajajaja….
Bueno… nueva personaje revelada. Ok. Señores señoritas, antes de que sus mentes empiecen a maquinar teorías y me digan Ahhh… ya se para dónde vas, ¡tranquilos! No se dejen llevar por las apariencias, apenas vamos por el capítulo 8, no he dicho muchas cosas de la trama principal y esto va para largo ademas hay cosas que vamos a cambiar ligeramente, en su momento lo sabrán.
Por ultimo quiero aprovechar este espacito xD para felicitar y hacer la propaganda, la publicidad xD a Goddess Artemiss y a Fox Mccloude por la historia hibrida que están creando, le llamo así, hibrida porque es creada por dos personas, con estilos diferentes de narración y puntos fuertes en cuanto a temáticas, la historia se llama Lasos del destino, la recomiendo.
Bueno gentes muchas gracias por pasarse por mi historia y comentarme créanme que los aprecio mucho y… como decían en Mortal Kombat: Have a nice day ^ ^
