Capítulo 13: Extinción.
Esa vez la escoltaban 4 guardias, dos en la guardia y dos en la retaguardia, caminando a paso ligero por los pasillos del castillo, se sentía cercada e intimidada por la dureza marcial de sus facciones, más comprendía la actitud, los extraños podían esconder malas cuartadas.
Lo único que mermo el tenso recorrido fue el encanto que la luz vespertina provocaba al chocar con los vidrios de colores, dándole un cálido mood, pintado de ilusión.
La llevaron al corazón de la monarquía y al fondo, sentado en su trono el regente esperaba pacientemente; ver aquel hombre corpulento de inflexible mirar, provoco que su reverencia y palabras de respeto patinaran en la inseguridad.
El rey tardo unos segundos en corresponder, recargo su mentón en su puño derecho. La apariencia juvenil y el temblor de su habla, ponía en tela de juicio la veracidad de los rumores, entonces deseoso de conocerle más empezó diciendo:
- Entonces… ¿eres tú quien apoya en la región norte?
Afirmo con tartamudez, evitando tener contacto visual, quizá para no faltarle el respeto, quizá para encubrirse. El rey asintió e hizo más preguntas, al mismo tiempo que miraba disimuladamente a las esquinas del salón como buscando entre los huequitos sombríos una segunda (o quizá) tercera opinión. Entonces decidieron creer y sucedió que a medida que pasaba el tiempo, la valentía y la buena voluntad, le concedió el beneficio de la duda.
Una carreta andaba por suelo rocoso, tambaleándose y chillando de pura vejez, un par de maldiciones salieron de un humilde campesino que llevaba las riendas, zarandeándose al igual que su viejo transporte.
- Siempre se pone así cuando llueve – Dijo medio mirando hacia atrás donde llevaba unos paquetes de heno y un pasajero.
Su acompañante apenas puso atención, su mente acaba de regresar de su flashback, luego su mirar navego en las nubes, perdiéndose otra vez, pero no se desperdició en el ayer, si no en el ahora, empezó por su accidental libertad, paso por la tristeza de ver el mal estado del reino y termino con la incertidumbre del que haría después de encontrarle.
- No hago más que decir mentiras, lo mande a buscar un objeto desfragmentado, pero importante bajo un nombre inventado; ya no cabe duda, lo sabemos.
Luego se restregó la cien y murmuro.
- No fue nuestro error, solamente fue mío.
La noche envolvía su siniestra tul como siempre y frente al ígneo vaivén de una fogata, Link se recuperaba de un mal percance; cerca de alli, se encontraba su fiel compañera observando silenciosa y defensiva a su amo y amigo.
Había pasado hace un par de horas, Link tenía pensado dormir bajo techo, pero al parecer los problemas no dejaban de seguirlo; Epona no supo muy bien cómo empezó el asunto, solo escucho vidrios hacerse añicos y el vitoreó de la violencia, al ratito Link salió a su encuentro, golpeado y con la ropa sucia.
- Dormiremos afuera – Fue lo único que le dijo, antes de halar sus riendas con violencia.
Increíble, no encontraba otra forma de definirlo; empezó justo después que el enigmatico señor, le entrego "la solución" y la encomienda de dejar aquel texto vacío en Torombo, (destino al cual estaba ansiosa de llegar). La bestial forma no hacía más su relevo, pero otras situaciones estaban pasando.
Link hundió su rostro en sus manos, al tiempo que intentaba retener una incandecente ira a cada respiro, que más parecía un bestial ronquido; al verlo en semejante estado, Epona le invadió el temor, algo que nunca había pasado.
Al notar la intranquilidad de su compañera, Link le llamo quebrado por el remordimiento, recordó que hace algunos días estuvo a punto de levantar su mano contra ella, también se acordó de algunos incautos que fatalmente habían roto los límites de su ínfima paciencia; Link volvía a estar como siempre, rehuyendo todo contacto. Luego llevo su mano hacia el amuleto, replanteándose el deseo de arrancarlo, ya que su magia (sea cual fuere) enloquecía su maldición, provocando ansiedad e ira, siendo lo segundo lo más peligroso, además en el dorso de su mano derecha, había aparecido una pequeña mancha negra. Entonces cansado de ese sentir aferro el amuleto dispuesto a quitárselo, pero desistió al escuchar el relinchar de su compañera, instándole a la costumbre.
No había otra forma de decirlo, increíble que hiciera lo que hiciera, siempre había una cuña con que lidiar.
El viaje a Torombo no fue demasiado largo, lo difícil fue encontrar el lugar donde debía depositar el texto, algo que suponía sencillo al tener la joya de la hechicera, pero que desgraciadamente había perdido en quién sabe dónde. Llego gracias a los vagos relatos de Akela y a un par de sobornos, ya que la ubicación de ese clan se manejaba con demasiado hermetismo, cosa que no comprendió al ver que no era más que una aldea casi al fondo de un vallecito triste, era marchita, silente y llena de raíces invasoras rotas y feas.
- ¿Para qué ocultar lo que ya está muerto? – Se preguntó Link antes de entrar a la aldea.
Se adentraron despacito, jalados por curiosidad, el sonido de los cascos rebotaba en el silencio; "su extinción fue como una puñalada en la espalda" recordó de uno de los aldeanos al mirar tanta ruindad y huesos roídos por el tiempo; esa raza se había ido a un indefinido éxodo de olvido.
Siguieron su recorrido hasta llegar a una estructura, la más sobresaliente entre todas las casitas de bajareque, Link desmonto, le dijo a Epona que esperara, mientras investigaba, pero antes de hacerlo una inscripción capturo su atención.
"Kxheiwx lawacudso udt jkhodwxk no shouko fouso"
Link frunció el ceño al no comprender el extraño lenguaje, respiro hondamente y se adentró esperando que esas palabras no fueran una advertencia importante.
Con espada en mano y con los sentidos prendidos al máximo, Link examino el interior de aquella estructura, encontrando lo mismo que afuera, el siniestro escenario de muerte, extinción, con fastidiosa polvazón y pilares tenebrosos. De repente la alforja de Link empiezo a brillar, era el libro el que emitía tal luminosidad, sorprendido Link saco el texto y lo utilizo como guía; finalmente se libraría de esta enigmática tarea. El brillante palpitar condujo a Link a una enorme habitación donde había decenas de libreras carbonizadas y carcomidas por polillas, libros en igual o peor estado que las libreras y algunos cuerpos desperdigados en avanzadísimo estado de descomposición.
Con un hondo suspiro, Link hizo acopio de su valentía para adentrarse por el funesto entorno, siempre con la guardia alta por cualquier sorpresa.
- ¿Habrá sido esto una academia? ¿Un templo? ¿Una asamblea? ¿O las tres a la vez?
El libro brillo con más intensidad al llegar a una mesa y bajo sus patas podridas yacía un cadáver, Link lo miro con ojos de tristeza, al distinguir (pese a su pútrida apariencia) que era un hombre de edad avanzada, quizá en vida fue algún catedrático.
- Que demonios habrá pasado aquí – Se preguntó.
El brillo del texto volvió a captar su atención, aventó el texto en la mesa con desgano; el libro dejo de brillar al instante. Deseoso de salir de aquel pueblo espantoso, Link se dispuso a marcharse, pero antes volvió a ver al cadáver y noto que había quedado en una extraña posición, su brazo estaba extendido, presumiblemente señalando alguna cosa. Sus ojos siguieron la trayectoria del brazo y encontró amontonado en una pila de cenizas unos papeles desgastados.
Jeed A jxucc fujj ke vaduc hojk, A jxucc coulo kxaj bdencotwo…
jxo 'j kxo jumo fohjed, rekx xulo kxo jumo xouhk, jumo fuad…
Link gruño y sacudió la cabeza, tener letras parcialmente legibles pero incomprensible mensaje, le irritaba enormemente, solamente dos palabras sobresalieron de todo ese revoltoso dialecto; después de eso ya no quiso leer más.
Link salió de la arruinada estructura, a la hora que la tarde apagaba sus colores de fantasía, Epona levanto su mirada, al ver la figura de su amigo sobresalir poco a poco de ese boquerón oscuro.
- Mi querida Epona – Dijo al tiempo que acariciaba su crin - Esta vez me conduzco a ciegas a una nueva aventura, porque aún no me he liberado de este mal.
El equino resoplo y zapateo enérgicamente, dispuesta a acompañarle pese a los riesgos. ¿Qué habrá pasado? Se cuestionaba Link mientras cabalgaba hacia la salida, tanto lo abstrajo las dudas, que no reparo que desde el principio estaba siendo observado.
Notas de la autora:
Buenas, buenas, al fin se dignó en escribir la señora xDDD lo sé gentes, lo sé y les pido disculpas, las clases me tenían atareada.
Bien en esta ocasión tenemos un capitulo un poco corto y quizá aburridito, solo puedo decirles que este es "un capitulo ancla" es posible que los que vendrán sean así también un poco faltos de acción.
Para los que se preguntaban que paso con Link después de recibir el amuleto aquí está la respuesta, si el efecto secundario les parece poco, crean que no es así, a mi manera de ver la ira es uno de los estados más peligrosos para un ser humano (en este caso Hyliano xD) ya que se actúa sin pensar, basta con ver que casi le hace algo a Epona.
No me cansare de repetir, atención a los detalles.
Comentarles que, no sé cuándo publicare los siguientes episodios, porque como dije estaba en un par de clases que me interesaba y ahora deseo practicar lo aprendido, no les doy fecha pero esperaría no dejar el fic xD
De nuevo muchas gracias por la paciencia, sus comentarios y visitas.
Saludos cordiales.
