Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.
2. Familia
El aroma a café flotaba por toda la sala como un espíritu juguetón. El fantasma de un lejano recuerdo soñado quiso asomarse en su cabeza, pero fue ignorado inmediatamente ante el sonido de aquella voz anhelada, suave y femenina, reconfortante y maternal.
—Buenos días, querido. ¿Dormiste bien?
No fue capaz de responder. No había dormido bien, para nada. Imágenes y fragmentos de sueños recurrentes que no pensó ver de nuevo, estuvieron allí acechándole como espectros buena parte de la madrugada.
Otra voz se encargó de responder, con susurros teñidos de inocencia.
—Tuvo una pesadilla.
La mujer no dijo nada, sólo se limitó a servirle una taza de humeante café negro a su hijo mayor. Conocía de primera mano la situación de su hijo, cómo desde niño era acechado regularmente con pesadillas extrañas a las que no le encontraba sentido. Con el tiempo había aprendido que éstas volvían tras situaciones de mucho estrés, y que no podía hacer mucho para calmarlas. Sólo podían esperar el paso de los días, hasta que éstas se fueran desvaneciendo poco a poco.
—No es nada —intervino él para sorpresa de todos—. Estaré bien.
Dio un sorbo al café, y se quedó callado.
El resto del desayuno no dijo nada más, demasiado metido en sus pensamientos. El ambiente era cálido y familiar; su hermano, todavía demasiado emocionado por su regreso, no paró de parlotear sobre la escuela, sus amigos, y un montón de cosas más que había hecho durante su ausencia. Su madre le escuchaba atentamente, sin dejar de sonreír, una sonrisa tan ancha y hermosa que podría iluminar todo el salón. Él, en cambio, se sentía un poco extraño allí, pero tendría que empezar a acostumbrarse porque su vida sería ésa a partir de ahora.
Observó en silencio a su hermano, en extremo feliz y animado, contándole con orgullo todos sus logros. Era un chico bajo y delgado, diecisiete años menor que él, quien pese a haber tenido muy poco contacto con él todos esos años, le quería como a nada en el mundo y le admiraba grandemente. Siempre decía lo mucho que quería ser como él, y que cuando terminara la secundaria también iría a la Armada y lo primero que diría allí sería quien era su hermano.
Escuchar todo aquello le enternecía, aunque sus facciones duras y serias no lo demostraran.
—Bien jovencito, está muy interesante la conversación, pero ya es hora de irse a clases…
—¡Pero mamá! —protestó el menor—. Quiero quedarme…
—Erick… Ya hemos hablado de esto.
El chico hizo un puchero, como si con eso pudiera hacer cambiar de opinión a su madre.
—Pero…
—Sin peros. No faltarás a clases.
Erick le lanzó una sutil mirada a su hermano, pidiéndole que intercediera por él, pero el mayor estaba muy ocupado mirando su taza casi vacía, como si fuera lo más interesante del mundo.
O eso parecía…
—Vamos —dijo levantándose—, yo te llevo.
El ofrecimiento borró todo deseo de saltarse las clases, y con un sonoro "¡genial!" Erick llevó casi a rastras a su hermano hasta el auto sin darle oportunidad a su madre de terminar de preocuparse de si su hijo mayor estaría bien conduciendo.
No me maten, prometo que la historia avanzará y pronto entenderán algunas cosas. Lo que sí puedo decirles, es que presten atención a todas y cada una de las palabras porque no están puestas al azar. Tienen su razón de ser, y si leen bien podrán ir entendiendo que le pasó a Leví y cuál es su historia.
Gracias por su atención, hasta el próximo capítulo!
—Fanfiction, 15 de junio de 2015.
