Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.
6. Continuum
«La muerte es hermana del sueño, ¿verdad?»
—El Príncipe Feliz, Oscar Wilde.
« ¿Capitán, no ha pensado cómo sería vivir en el mundo exterior, libres, sin titanes?»
La lucha se había agravado, pero estaban resistiendo como nunca. Era el momento definitivo, la batalla final por la libertad suprema. O al menos así lo sentía.
El aire estaba viciado, el olor a sangre, sudor y humo impregnaba sus fosas nasales y el viento no podía llevarse los sonidos de gritos, cuchillas y llantos que aturdían sus oídos. Pero nada de eso podía distraerlo, tenía una misión que cumplir.
Se movía con una agilidad que desconocía, pero con la que se sentía totalmente acoplado, como si fuera una parte de él. Las técnicas de combate y los movimientos que usaba no eran nada que hubiera aprendido en el ejército, pero eran letales y realizados con sorprendente familiaridad. Volaba, giraba, cortaba. El aire le despeinaba el cabello, la brisa le golpeaba con fuerza en la cara, la sangre manchaba sus cuchillas gastadas y su uniforme rasgado. Se ponía a salvo, cambiaba las hojillas, y repetía todo de nuevo.
A veces era más complicado que eso, y tenía que luchar. Tomar decisiones en cuestión de milisegundos, reaccionar con velocidad, debilitar al enemigo con ataques por todos los flancos. Lo estaba haciendo bien, mejor que nunca. La comprensión de que pronto todo acabaría y finalmente la palabra "libertad" tomaría un sentido pleno le animaba a continuar, no importaba cuán cansado se sentía, o cuán hastiado del repugnante olor a sangre estuviera, o cuán asqueado de ella se sintiera, debía continuar. La voluntad que había tomado de cada compañero perdido, cada ala caída, le empujaba a seguir aunque su cuerpo ya no podía más. Tenía que lograrlo, por el bien de todos. Acabar con los últimos titanes.
Lo estaba logrando, de verdad. El número de bestias disminuía, y su voluntad por continuar le empujaba hacia adelante. No podía dejar de pensar en aquella chica que le había abandonado en el mundo de los vivos hacía tanto tiempo, y en la pregunta que le había hecho. Le gustaría poder respondérsela. Y por ello no se iba a rendir.
El más fuerte de la humanidad, como se le había llamado, peleaba con su último juego de cuchillas. El gas se le estaba acabando también. ¿Acaso podría lograrlo? Sí, tenía que hacerlo. La esperanza de la humanidad estaba en aprietos.
Guardó las filosas placas de metal, y saltó al siguiente árbol, y al siguiente, y al siguiente. Cada vez el gas era menor, pero tenía que lograrlo. Con su poderoso giro, logró eliminar en cuestión de segundos el brazo que apresaba a la víctima. La bestia lanzó un potente rugido y se decidió a atacarle, a vengarse por el atrevimiento. Debía ser preciso, las navajas no aguantarían más de un golpe. Lo intentó. Y falló.
Las cuchillas, inútiles, cayeron inertes al piso desde aquella peligrosa altura. La monstruosa criatura le tomó de la capa usando el dedo índice y el pulgar como si fuera un insecto. Lo levantó desde su nuca y le trajo al frente.
Levi no tenía escapatoria. Y, de frente a las fauces de su verdugo, se dio cuenta de que tampoco le importaba morir. El recuerdo de que hacía mucho tiempo que lo deseaba, pero no lo había hecho por múltiples razones que nada tenían que ver con el miedo al dolor, regresó con fuerza a su memoria. Una pequeña lucha comenzó a desatarse en su mente. ¿Vivir o morir? ¿Luchar o dejarse ir sumisamente? ¿Renunciar al nuevo mundo que estaba por nacer, o darle la bienvenida para responder a aquella pregunta que tanto había anidado en su mente los últimos meses?
Escuchó los gritos de los otros soldados, pero éstos se oían lejanos y distorsionados, como si le llegaran a través del agua. ¿Qué querían decirle? Bah, no importaba. Con su mano libre intentó zafarse del agarre, pero sólo logró que se cerrara más sobre su torso. Un crujido se dejó oír, y la señal de dolor le llegó de inmediato. Lo comprendió entonces. Y dejó de luchar.
Sí, estaba listo para irse de ese apestoso mundo, en los albores de su libertad. Pues, ¿de qué le valía en mundo entero, libre y lleno de paz, si no tenía a nadie con quien disfrutarlo? No había nadie con quien ir a conquistar tierras lejanas. No había nadie con quien descubrir nuevos mundos, lagos salados y montañas de hielo, no había nadie con quien compartir la libertad de un mundo fuera de la jaula. Ahí estaba su respuesta.
No quería un mundo nuevo, éste igual seguiría siendo opaco y muerto sin ella.
«Vamos, ¿qué esperas? ¿Me vas a comer o qué, maldito titán apestoso? Hazlo rápido, no quiero tener que soportar tu mal aliento ni la sensación de tu asquerosa saliva sobre mi cuerpo.»
Oyó que alguien le gritaba con desesperación "¡Capitán!", pero sólo sonrió con ironía como respuesta. Qué divertido, justo ahora que iba a morir esos mocosos le agarraban suficiente estima como para lamentar su inminente muerte.
El titán le elevó más, llevándoselo a la boca, dándoles tiempo a los otros de reagruparse para atacar antes de que fuera demasiado tarde para el capitán. Abrió sus fauces, y el legionario vio la boca negra y la gran hilera de dientes que le esperaba. Cerró los ojos, pero era extraño, podía seguir viendo lo que pasaba. La mandíbula comenzó a cerrarse, y adivinó lo que vendría.
.
.
.
No, ése no era él, ésa no era su vida, ése no era el mundo en el que vivía, ya estaba harto y se quería despertar.
En esa vida, en ese mundo y en su sueño, el titán juntó con fuerza los dientes poniéndole fin a aquella miserable vida. Y trayéndola de vuelta a la nueva.
Se despertó sobresaltado, incorporándose de un salto en la cama. Estaba sudando y su corazón latía con fuerza. Aquello había sido sólo una pesadilla, pero se había sentido tan condenadamente real que…
Que podía sentir un cosquilleo en su cuello y una sensación lejana de dolor que iba desvaneciéndose de a poco. Se tocó el cuello, como si quisiera asegurarse de que todavía estaba pegado a su cabeza. Lo estaba, por supuesto.
Respiró hondo, aliviado, y el naciente sol del este le dio la bienvenida con un delicado rayo que inundó la habitación como un símbolo icónico de esperanza.
Esperanza de una nueva vida de libertad.
La frase llegó por sí sola a su mente, y decidió que ya era suficiente. Se terminó de levantar de la cama, y desnudándose, se dirigió al baño a tomar una ducha.
Debía preparase. Era lunes, y en tan sólo un par de horas estaría reunido con la persona que le daría la solución que tanto buscaba. Debía sentirse emocionado, emocionado porque ya no habría más pesadillas, emocionado porque tendría una respuesta. Era lunes y era fantástico.
Pero, ¿entonces por qué se sentía tan abatido?
Un mundo libre pero desolado por su ausencia.
Ignoró el pensamiento, pero aun así la palabra "desolación" no le abandonó en todo el día, aun cuando llegó a la dirección indicada y Samuel Lucas le invitó a pasar con una sonrisa amable, listo para darle respuestas y soluciones.
Le contó el sueño de esa madrugada a Lucas, de principio a fin, con lujo de detalles. Por algún motivo, podía recordar muy bien todo. El olor de la batalla, el color de las bengalas, el siseo que éstas producían al ser disparadas. Su capa verde ondeando al viento, con unas alas blancas y azules estampadas en la espalda como si salieran de ésta, listas para remontar el vuelo a un cielo más limpio y azul. La sensación de las correas ajustadas a su cuerpo, el pañuelo atado en su cuello. Los gritos de los caídos, la sangre salpicándole en la cara, las manos tensas alrededor de las espadas.
El dolor de su propia muerte.
Lucas estaba impresionado y no paró de tomar notas durante todo el relato. Luego procedió a preguntarle qué había hecho el día anterior con lujo de detalles, qué había comido, qué había visto. Pero contrario a las notas de hacía 24 años en adelante cuando todo comenzó, no había nada que pareciera desencadenar la situación. Ningún libro sobre Gulliver (el soldado ni siquiera sabía de esa película con Jack Black), ningún cuadro de Goya, ninguna imagen del sistema muscular humano, ninguna palabra relacionada con gigantes o revolucionarios luchando por la libertad.
Lucas estaba pasmado. Y sinceramente, no supo qué hacer cuando indagó más atrás y no encontró nada que hubiera llevado a su subconsciente a eso. Parecía más bien que…
No, no quería aceptar semejante idea tan absurda y ridícula.
… que hubiera visto todo eso en realidad en algún momento de su vida.
—Dígame, ¿alguna vez antes de esto, soñó con su propia muerte?
Se tomó un momento antes de responder.
—No, nunca.
—¿Cuándo fue que los sueños regresaron? ¿Recuerda la primera vez que tuvo uno luego de todo este tiempo? —procedió a preguntar, ocultando su incomodidad.
—Febrero 23.
—¿Y recuerda qué fue lo que soñó?
Claro que lo recordaba. Contrario a cuando era un niño, las pesadillas no iban perdiendo color y detalle, sino que ahora las recordaba claramente, con tanto detalle como el sueño de esa mañana.
—Iba a caballo, y llovía muy fuerte. Estaba buscando a alguien en medio de la lluvia, hasta que mi caballo derrapó y caí al suelo. Cuando alcé la vista, encontré la cabeza decapitada de una chica pelirroja. No muy lejos de allí, había uno de esos malditos monstruos gigantes, regurgitando algo. Era un chico, tal vez de mi edad, no lo sé. Lo que sí sé, es que eran mis amigos y sus muertes fueron tan impactantes para mí, que me lancé a atacar al gigante en venganza. Ahí me desperté.
Lucas lo escuchó, hurgando en su memoria en busca de un sueño como ése entre todos los que había leído. Se levantó de su asiento, en búsqueda de la caja donde había dejado los diarios, buscando uno en particular.
—Eso fue luego del accidente, ¿no? —declaró hojeando los diarios.
—Sí.
Lucas volvió a tomar asiento con uno de los diarios en la mano.
—Creo que ya veo el problema —comenzó, pero no parecía muy satisfecho de haber dado con el meollo del asunto—. Mi hipótesis siempre ha sido que sus peculiares pesadillas se originaron tras diversas situaciones de mucho estrés, y que luego continuaron tras cumplirse ciertos patrones. El detonante que causó que todo comenzara fue la muerte de su padre. Los primeros sueños relatados hablan de encontrar a alguno de sus progenitores muertos, pero siempre había rostros diferentes en ellos. ¿Lo recuerda?
El soldado hizo memoria, pero no pareció encontrar mucho de utilidad.
—Creo que sí. No estoy seguro.
—"Mi papá estaba muerto, pero no era la cara de mi papá, pero a la vez sí era mi papá" —citó—. Esto se repitió varias veces. Ahora, a mediados del mes de febrero usted tuvo un lamentable accidente donde varios de sus compañeros a su cargo fallecieron… —el soldado frunció el ceño con pesar ante la mención— lamento que haya sido así. En fin, días después de eso, usted soñó esto que me relata. Definitivamente, el accidente y la muerte de sus amigos fue el detonante para que las pesadillas volvieran, sin embargo, me temo que tal vez esto no sea del todo cierto —dejó salir un suspiro cansado al terminar de hablar.
—¿Qué quiere decir? —interrogó confundido—. ¿No acaba de decirme que "situaciones de mucho estrés" causan las pesadillas?
—Sí… pero no —hizo una pausa tratando de organizar sus ideas—. Escuche: "Estaba en un lugar que parece el campo. Estaba buscando a alguien pero no sé a quién, sólo sentía que era muy importante. Estaba lloviendo muy duro y había mucho barro, pero seguía buscando a esa persona. Llegué a un lugar donde había mucha sangre y barro en el piso, cuando vi a una muchacha y a un muchacho muertos. Me dieron ganas de llorar. Después apareció un monstruo gigante que me agarró y me quería comer. Fue horrible, me dio mucho miedo y me quería despertar pero no podía. Entonces el monstruo me comió y allí me desperté y sentía el pecho como si realmente me hubiera mordido.
»Estaba en el campo y estaba lloviendo mucho. Estaba buscando a un muchacho que era mi hermano pero yo no tengo hermanos en realidad. Había un gigante como el del vídeo sobre pinturas que nos mostró la maestra, y escupió en el suelo a un muchacho rubio que parecía que estaba muerto. El gigante me atacó pero yo me defendí. Le gané pero me sentía triste por el muchacho muerto.
»Vi la cabeza de una muchacha pelirroja en el suelo con los ojos abiertos."
El hombre terminó de leer los sueños escogidos de los diarios, con los ojos llenos de preocupación.
—Me temo que la muerte de sus compañeros no ha sido exactamente lo que creó esos sueños, sólo los trajo de vuelta. Hay más, pero me tomaría un rato buscarlos uno por uno…
Pero Aleix no le escuchaba ya. Se sostenía la cabeza con las manos, los ojos abiertos fijos en la nada. ¿Qué era lo que le acababa de decir?
Muchacha pelirroja, muchacho rubio. Legionarios, compañeros, amigos.
Hermanos.
Cabello recogido a los lados, sonrisa altiva.
Cientos de imágenes llenaron su cabeza una tras de otra, superponiéndose entre sí como un millón de fotografías regadas por el piso en un desordenado collage. ¡Sr. Low! Sonidos y voces comenzaron a llegar gradualmente, como si sintonizara un radio hasta dar con la estación correcta. ¡Sr. Low! Nombres estaban a punto de llegar, como un pensamiento que se aparece voluntariamente sin ordenarle a la mente crearlo. ¡Sr. Low, sr. Low, sr. Low!
—¡¿Sr. Low está usted bien!?
Sentía que se iba a desmayar, su mente no podía aguantar tanto. Se fue hacia adelante aún sentado en la silla, pero Lucas fue lo suficientemente rápido para sostenerlo antes de que se fuera de bruces contra el suelo.
—¿Sr. Low puede oírme?
Recobró el sentido de realidad de golpe, y Lucas estaba frente a él, sosteniéndole de los hombros, claramente alarmado.
Parpadeó varias veces y alzó la vista, como si lo acabaran de pillar dormido e intentara disimular que había estado despierto todo ese tiempo.
—S-sí, ¿por qué lo pregunta?
Lucas pareció aliviado.
—Usted estaba… —no parecía seguro de continuar— como en trance… Creo que tal vez sea mejor que lo dejemos así por hoy.
—No —respondió él con seguridad—. Quiero continuar.
—Pero…
—Estaré bien, sólo me duele un poco la cabeza.
Lucas dejó salir el aire y aceptó continuar. Le ofreció una aspirina y un vaso de agua antes de seguir con todo aquello.
—Bien, le estaba diciendo que antes, siendo usted un niño, tuvo diversos sueños similares al que me cuenta ahora, pero ninguno tan detallado. Me preguntaba si tal vez hay algo que no me ha dicho, como la muerte o desaparición de algún amigo de su infancia, o de un compañero de escuela.
Aleix negó, más calmado, pero taciturno.
—No, no murió nadie durante mi infancia aparte de mi padre.
—Bueno —dijo Lucas algo apenado—, eso nos pone en una difícil situación. Como le dije, todo esto inició tras morir su padre, cuando empezó a tener pesadillas donde él o su madre morían. Pero las mismas fueron cambiando, y pasaron de ser sobre sus padres, a ser sobre gente que no existe, como amigos, hermanos y hasta una novia. Creo que… —comenzó a elucubrar— que esos demás sueños se deben al temor a perder otras personas cercanas a usted, ¿y qué persona más cercana a un hombre que sus hermanos, amigos o compañera sentimental?
Aleix lo meditó en silencio, pero por algún motivo no se sentía muy convencido. No porque dudara de las habilidades de Lucas como psicólogo, sino porque algo en el fondo de su corazón le hacía sentir que iba más allá de temer perder a alguien, que esos sueños estaban muy arraigados en él como para pertenecer a algo creado por su psique. Además, no podía sacarse de la cabeza a esos dos. La chica pelirroja y el rubio con quienes había soñado esa mañana, y quienes, por un momento, le parecieron tan cercanos como el propio Erick, su hermano menor. Pero eso era ridículo, aquel dúo sólo existió en su cabeza perturbada.
El médico le estaba diciendo algo pero no le escuchó, y tuvo que repetirlo.
—Le preguntaba si tuvo amigos imaginarios cuando era niño.
—Sí —tuvo que admitir—. Cuando tenía como cinco años pero no lo recuerdo. Mamá decía que le llamaba Falún o algo así.
—¿Falú? —inquirió el médico enarcando una ceja.
—Eso creo.
—Es un nombre judío —indicó Lucas—. Vaya, eso es interesante. Ahora dígame, ¿tuvo amigos reales?
—No, no realmente.
Eso podía explicarlo. Los amigos imaginarios eran señal de sentimiento de soledad.
—Tampoco tuvo hermanos hasta que cumplió diecisiete, cuando nació su hermano menor —el aludido asintió—. Sus primeros amigos los vino a tener estando en el ejército, y… —Lucas pareció apenado por un momento— desconozco si ha tenido o no una novia.
La respuesta fue directa, más no descortés. Casi triste.
—No.
Lucas se recostó en su asiento.
—Necesitaré pensar mejor en todo esto. Sus sueños me indican un claro temor a perder personas importantes para usted, pero esas personas no existieron hasta después de que sus primeros sueños cesaran. Eso me deja muy desconcertado, siendo sincero. Usted soñaba con que perdía a personas que no existen porque en realidad temía perder personas que tampoco existían. ¡Eso no tiene ningún sentido!
—Pero ahora tengo un hermano. Y amigos. Y sigo soñando lo mismo.
—Pero, perdone mi intromisión, no tiene una novia, pero todavía sueña que la suya muere —no hubo respuesta—. No se preocupe, sr. Low, le prometo que voy a ayudarle. No dejaré morir su caso, voy a investigar y lo resolveré así sea lo último que haga. No voy a dejarlo solo, así que confíe en mí.
Las palabras no se borraron de su cabeza, ni la voz que las susurró en su mente, que, lejos de ser masculina y paternal, era suave, dulce, y femenina.
Confía en nosotros…
Creo que este es mi capítulo favorito hasta ahora :)
Sobre el título, es un término que escuché hace tiempo en clase, como que todo está ahí, sin un fin, como un círculo. Quise relacionarlo con el fin y el principio de las vidas de Leví Ackerman y Aleix Low, como si enlazáramos el final de la vida de Leví con el inicio de Aleix en un círculo, uniéndolas de tal forma que ya no hay principio ni final sino que son una sola cosa.
Algo así, espero puedan entenderme xD
—Fanfiction, 10 de agosto de 2015.
