Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


Capítulo 9. Alma: Obertura

¿Era yo la misma al levantarme esta mañana?

Me parece recordar que me sentía un poco distinta.

Pero, si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿entonces quién demonios soy?

¡Ah, este es el gran enigma!*

—Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas.


El mundo es cruel. Es doloroso, es injusto, apesta a muerte y destrucción.

La vida no tiene ningún sentido. Vivir para delinquir, delinquir para vivir. Un círculo que estoy destinado a repetir hasta el día de mi muerte. No hay escapatoria, todo será igual hoy y para siempre. Despreciado y odiado por las demás personas, dejado a un lado para morir. No hay bondad, no hay justicia, la paz es una mentira. No hay felicidad.

No hay una razón para vivir.

Estoy condenado, condenado a pudrirme aquí sin conocer la luz auténtica del sol, sin nadie a mi lado, hundido en la más pútrida soledad. La muerte es casi un favor, pero trato de no pensar mucho en ello. Después de todo sigo con vida, y supongo que ésa es mi maldición, condenado a vivir y ver morir a los demás. Los envidio. Envidio a mi madre que me dejó cuando sólo era un niño que apenas podía lavarse solo si tenía la suerte de encontrar el agua suficiente. La envidio por abandonar este mundo oscuro y podrido, por ser libre y no tener nunca más que soportar sed frío o hambre, por no tener que pensar que tal vez un día estos muros caerán y todos seremos comida de titán.

Los titanes tienen la culpa. Es culpa de ellos que vivamos así, apiñados como ratas en esta maldita jaula que llamamos muros. Pero los titanes no tienen la culpa de todo, la humanidad también lo es. Por despreciarnos así, por condenarnos a esta oscuridad sin ninguna posibilidad de vivir dignamente.

Y tal vez yo también lo soy, por ser un sucio criminal que sólo sabe robar y matar. Pero ellos me han llevado a esto, así que no me arrepiento. Se lo merecen.

Ya he olvidado cuánto tiempo llevo así. Años, veinte o tal vez más. No es que haya olvidado contar, el viejo Kenny se encargó muy bien de enseñarme, pero cuando vives bajo tierra planeando el asalto que será tu siguiente comida no es que estés pendiente de qué fecha es hoy. Tampoco es que sea difícil saberlo, bastaría con tomar un periódico prestado para saberlo, es sólo que no sé con exactitud cuándo empezó todo.

Sólo era un mocoso, como esos que me dan lata cada vez que intento limpiar la entrada. No sabía ni contar, mucho menos leer. Mi madre no tenía la profesión más peculiar del mundo, en el barrio donde nací si no vives del crimen vives de la prostitución. A ella le tocó lo segundo, y así fui concebido. Nunca supe quién era mi padre, aunque tengo mis sospechas. A veces pienso que podría ser el viejo Kenny, pero el bastardo nunca fue capaz de decirme qué tipo de relación tenía con mi madre y no lo he visto en años. Y más le vale que siga siendo así, no pienso darle precisamente una "cálida bienvenida" si vuelvo a verlo por aquí. Por supuesto ella tampoco me dijo nada, por más que se lo pregunté, ni llegó a verme crecer lo suficiente para que llegara el momento en que dejara de acosarla a preguntas sobre quien fue el hombre que me engendró. Tampoco es que me importe, ella se encargó de cuidarme sola, sea quien sea ese hombre, por mí puede ser excremento de titán si quiere.

Por mucho tiempo sólo fuimos ella y yo contra el mundo. Siguió trabajando en lo mismo toda su vida, hasta que estuvo demasiado enferma para continuar. Sólo era un niño y no podía cuidarla, pero lo hacía a mi manera. Me daba cuenta que ella dejaba toda su comida para mí, y al final eso fue lo que la mató. Yo siempre intentaba que ella comiera más, trataba de dividir la comida a la mitad, pero ella no aceptaba. Me decía que era para mí, que ella ya había comido, que comería después. Todo era mentira por supuesto, pero yo era demasiado estúpido para darme cuenta. Sólo podía sonreír como idiota y decir "sí mami". Al final estaba tan delgada que podían verse sus huesos, sobresaliendo espantosamente entre su piel macilenta y fría. Perdió calidez, sus ojos perdieron luz, y su rostro belleza. Fue tan rápido. La enfermedad se abalanzó sobre ella devorándola poco a poco hasta no dejar más que un cascarón vacío de huesos y piel.

Mi madre fue una mujer muy bella en sus días de salud. Solía pensar que era la mujer más hermosa que conocía, aún con todas esas mujeres caminando por el burdel, con los labios rojos, ojos maquillados y sonrisas coquetas. Mi madre les ganaba en belleza y actitud, aún sin todo ese maquillaje y vestidos. Ella tenía el cabello muy largo y negro, y los ojos oscuros. Ya no recuerdo su color, pero poseían una mirada amorosa y bondadosa al mirarme. Aún me pregunto cómo pudo amarme cuando tenía que matarme. Eso es lo que hacen las prostitutas, si quedan embarazadas buscan la forma de matar a sus hijos. Pero mi madre no lo hizo. Me dejó con vida y se quedó conmigo. Las cosas hubieran sido mejor para ella si sólo me hubiese matado, pero ella prefirió dejarme con vida. ¿Por qué? Al final, eso sólo la condujo a su propia muerte, porque hizo lo impensable: Me amó y dejó que viviera a su lado.

Me amó.

Es mi culpa que haya muerto. Era pequeño, era tonto, era ingenuo. No podía hacer nada para salvarla. Y ahora es demasiado tarde para pensar en ello.

Me quedé sólo en el mundo. La única persona que tenía, la única persona que no me miraba con desprecio, la única persona que me amó, había muerto. Sólo era cuestión de tiempo para que el dueño del burdel se diera cuenta de que su foco de ganancia había muerto y me echara a la calle. Tendría que vivir como los otros niños abandonados, rogando la misericordia de otros, tratando de robar sin ser pillado, matar.

No tenía salida, no tenía esperanza. Era muy ingenuo para pensar en todo eso, sólo sabía que pronto me echarían y tendría que pensar en qué podría hacer para sobrevivir. Mientras, el hambre empezó a apoderarse de mí. El hambre era una sensación común, típica, pero desde que mi madre había muerto no había comido nada y estaba devorándome lentamente, preparándome el mismo camino que recorrió mi madre. No me iba porque no quería separarme de ella, no quería que la arrojaran por ahí como un perro muerto. Ni tampoco sabía qué hacer.

Sólo era un mocoso con escasos cinco o seis años de vida, demasiado frágil para actuar por su cuenta.

Entonces llegó él. Kenny, un tipo alto y con sombrero, cuya apariencia de matón al principio me inspiró miedo. Nunca antes de eso lo había visto. Iba bien vestido en comparación con la gente que usualmente llegaba allí. Preguntó por mi madre. Le dije que estaba muerta.

Kenny me llevó con él. Sin darme tiempo a pensar, sin darme condolencias. No hizo preguntas, salvo por mi nombre.

Me llamo Levi. Y esta es mi sombría vida.


Bueno señores, y aquí comienza uno de mis mayores desafíos como escritora de fanfiction. Retratar directamente a Leví. De antemano pido disculpas si en algún momento notan el infame ooc, y agradecería inmensamente que me lo hicieran saber. La ventaja de fanfiction es que permite ese feedback que nos da a los escritores la oportunidad de corregir nuestros errores a tiempo, así que por amor a las murallas, ¡hagan uso de él!

Hasta el momento, he avanzado hasta el capítulo 16. He estado haciendo mis cálculos, y creo que esta historia tendrá entre 25-30 capítulos. Si todo sale bien, para el mes de junio del año siguiente estará terminada. Lamento mucho que esto sea así, pero cambiaré las actualizaciones a cada quince días para poder ver qué rumbo tomará el manga con la expedición 58; y, aunque tengo casi todo planeado, complicaría mucho las cosas si ocurre algo imprevisto en el manga (como que termine pasando algo como lo que teoricé en el foro Cuartel General de Trost por ejemplo…)

Fanfiction, 09 de septiembre de 2015.