Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.
Capítulo 11. Alma: Decisión
«Abandonado, vivo para aquellos que perdí en el camino.
Y no puedo recordar como todo empezó a quebrarse
Sufres, vivo para luchar y morir otra vez»*
—Fade away, Breaking Benjamin.
Isabel y Farlan están muertos por mi culpa.
Al principio, creí que sería sencillo. La primera parte del plan fue así. Tomamos los equipos y salimos con ellos, juntos los tres por primera vez. Isabel lo hacía muy bien, pese a la inexperiencia. Ser pequeña le ayudaba, lograba mantener un buen equilibrio, su flexibilidad le permitía moverse sin problemas en el aire y esquivar obstáculos. Farlan ya sabía usarlo desde hacía tiempo, así que también se movía bien. No faltó mucho tiempo para llamar la atención de la Legión de Reconocimiento. Iban cubiertos con una capa sin insignia, pero las alas de la libertad en sus hombros se hicieron visibles con el movimiento.
Lo habíamos logrado. Opuse un poco de resistencia, enganchando los cables a los lados y echándome hacia atrás dejando que los soldados se adelantaran. Continuamos huyendo, y pronto perdí de vista a Isabel y Farlan. Habían sido atrapados, y rápidamente yo también.
Fuimos esposados y arrojados de rodillas al suelo. Quedamos rodeados por los soldados de la Legión sin posibilidad de escape. Aunque tampoco era lo que planeáramos. Fuimos sermoneados por el tipo rubio que me detuvo. Hizo las preguntas de rutina, quienes éramos, de dónde conseguimos los equipos, quién nos enseñó. Estúpido. Aprendimos por nuestra cuenta. Como se esperaba, nos dio dos opciones. Unirnos a la Legión o ir a prisión, donde según ese tipo no nos iría nada bien dado nuestros antecedentes.
Uno de esos inútiles me estrelló la cara contra un charco de agua. Ese imbécil me las pagaría después. A Farlan y a Isabel les pusieron unas cuchillas en el cuello. Era obvio que yo era el líder, el que debía tomar la decisión. Acepté, y Erwin Smith nos dio la bienvenida a la Legión de Reconocimiento.
A los soldados no les agradó la noticia, sobre todo al líder del escuadrón donde nos pusieron. Hablaban de nosotros a nuestras espaldas, y durante los primeros días tuve varios altercados con el líder que nos asignaron. No le gustaban mis métodos y cuestionaba todo lo que hacía, aunque tuviera éxito.
Con la expedición cada vez más cerca, los entrenamientos se volvieron más duros, pero Isabel y Farlan lo sobrellevaron bien. Isabel tenía talento con los animales, así que se le hizo muy fácil aprender a montar a caballo, y Farlan era hábil con el equipo de maniobras. Mientras, en nuestros ratos libres nos encargamos de buscar los documentos incriminatorios, sin éxito. Buscamos en muchos lugares, incluyendo la oficina de Erwin Smith, pero no hallamos nada.
Estuvimos discutiendo dónde podrían estar ocultos los documentos, y Farlan e Isabel llegaron a la conclusión de que debía llevarlos consigo. A Farlan se le ocurrió tomarlos durante la expedición, ya que su atención estaría en los titanes. Era un buen plan, pero muy peligroso. Lo mejor era que Isabel y Farlan se quedaran, y yo me encargara de todo. Se los dije, pero discutieron conmigo, e Isabel se enfadó bastante. Estaba muy ofendida, pensaron que los subestimaba, pero en realidad estaba preocupado. Nunca habíamos salido de los muros, ni tampoco habíamos enfrentado un titán. Podían morir, mi instinto me lo decía. Pero no le hice caso.
Más tarde esa noche, intentaron convencerme de dejarlos acompañarme. Isabel insistió mucho al respecto, como solía ser ella, terca y tenaz, no se rindió hasta tener una respuesta afirmativa. Farlan fue menos expresivo al respecto, pero al igual que ella, me pidió una sola cosa: que confiara en ellos. Al final no pude evitarlo, y acabé rindiéndome. Acepté dejarlos venir conmigo, sin pensar en las consecuencias. Me dejé cegar por la ilusión, por la falsa esperanza de que cumpliríamos nuestra misión en un abrir y cerrar de ojos, y volveríamos sanos y salvos a las murallas, donde podríamos ser libres y vivir en la superficie.
Qué estúpido fui, un estúpido, iluso y ciego. Mi decisión acabó por llevar a Isabel y Farlan a sus muertes.
Al principio pareció fácil, sin titanes a la vista, únicamente concentrados en seguir cabalgando hacia delante. El mundo exterior, visto por primera vez, en verdad parecía fascinante, podíamos ver montañas perdiéndose a lo lejos, y el cielo se veía mucho más grande allí fuera de lo que lucía desde el interior de las murallas. Isabel y Farlan estaban fascinados, sobre todo Isabel, cuyo espíritu infantil pareció más vivo que nunca aquella mañana. No paraba de hacer exclamaciones de asombro, y en varias ocasiones se distrajo del camino por estar mirando a su alrededor.
Sin embargo, la tranquilidad rápidamente se vio interrumpida. Tres titanes aparecieron de la nada, y se nos dio la orden de atacar. Nunca había visto algo igual. Los titanes eran como seres humanos, pero tan altos como un edificio, e iban totalmente desnudos. No tenían órganos reproductivos, y corrían rápido. Uno de ellos mató a un soldado, decapitándolo. No fue para nada un espectáculo fácil de asimilar, pero debíamos seguir y no dejarnos dominar por el temor. El líder de escuadrón mató al titán, pero los otros dos comenzaron a perseguir a Isabel y Farlan.
Fue como si una especie de instinto de supervivencia hubiera despertado en mí. Era como cuando me metía en alguna pelea en el distrito subterráneo, pero esta vez había algo diferente. Era como si mi cuerpo se moviera solo. Hice que el caballo regresara de vuelta, y antes de alcanzar al primer titán salté del caballo y puse en marcha el equipo de maniobras. Me sorprendió la facilidad con la que maté al titán en el primer intento. Una gran nube de polvo se levantó cuando el cuerpo cayó al piso, quitándome la visibilidad. Cuando salí de allí, vi como Isabel y Farlan venían de regreso, directo al titán que restaba.
Saltaron de los caballos al mismo tiempo, yendo directo a la nuca del titán para matarlo, pero Isabel fue atrapada. Me moví lo más rápido que pude para salvarla, pero ella se liberó sola cortándole los dedos. Casi al mismo tiempo, Farlan llegó hasta su nuca y lo mató. Estaba gratamente sorprendido de que esos dos hubieran podido encargarse solos del problema, saliendo ilesos. Y, por un momento, pensé que no me había equivocado al dejarles venir conmigo.
Después de eso nos reagrupamos y continuamos con la expedición. Al poco rato comenzó a llover con fuerza, y quedamos atrapados por la neblina. Había muy poca visibilidad, lo que impedía ver si algún titán se acercaba, pero eso también lo hacia el momento perfecto para acercarme a Erwin Smith y cumplir nuestra misión. Dejé atrás a Isabel y Farlan, para evitar sospechas, y les dije que dijeran que me había ido a explorar el terreno en caso de que preguntaran por mí. Fue la última vez que los vi con vida.
No sé cuánto tiempo estuve cabalgando, pero en todo ese tiempo no dejó de llover ni la neblina se disipó. Estuve a punto de caer por un precipicio, y apenas tuve tiempo de frenar. Aún con la poca visibilidad vi sangre en el piso, y varios cadáveres. Una bengala negra estalló, disipándose rápidamente sin alcanzar el cielo. Fue disparada por un soldado moribundo, cuyas últimas palabras fueron "espécimen anormal" señalando hacia algún punto frente a él.
Había escuchado sobre este tipo de titanes, pero no esperaba que nos encontráramos uno. Son titanes que muestran un comportamiento diferente al usual, se han conocido especímenes que pueden saltar muy alto, que se mueven en sus cuatro extremidades, o que se mueven más rápido que el promedio. Hay que matarlos, sus conductas son tan impredecibles que es mejor no arriesgarse. La masacre que estaba presenciando había sido causada por uno de ellos, y el maldito seguía con vida.
Vi sus pisadas, y sin dudarlo las seguí. A mi paso me topé con miembros humanos, desperdigados por la hierba. Era repulsivo, como ver los restos de comida podrida que deja un perro tras hurgar en la basura. Un titán había hecho eso, había matado a varios soldados, y dejado sus restos tirados por ahí. El viento me golpeaba el rostro y casi no veía nada, pero no me detuve. Entonces el caballo tropezó con algo, y con un horrible relinchido derrapó, tirándome al suelo.
Ni siquiera pude pensar en el dolor por la caída. Fue como si hubiera sido borrado de mi mente, no fui capaz de ver o pensar en otra cosa. La cabeza de Isabel estaba justo a mis pies, con los ojos aun abiertos. La mitad del cuerpo de Farlan fue escupido justo después por el titán.
Fue un momento de inmenso dolor, de ira. No pensaba ni razonaba, aquel instinto de horas atrás, pero ahora más feroz se apoderó de mí, al igual que la ira. Saqué las cuchillas y me levanté, me elevé en el aire y fui directo a esa maldita bestia. Ni siquiera pensé en mi seguridad, o que era un espécimen más peligroso al promedio, que podía matarme como había hecho con los otros. Sólo había una imagen en mi mente, Isabel y Farlan, muertos.
Perdí la cabeza. Perdí la cuenta de las veces que lo corté, que giré ida y vuelta para volverlo a cortar, una y otra vez, sin darle tiempo a regenerarse. No sé cuántas cuchillas gaste, sólo sé que cuando se partían, las cambiaba por unas nuevas y volvía a atacar, cortando todo a mi paso. Sólo quería destruirlo, hacerlo pedazos, hacerle pagar por asesinar a mis amigos, pero no fue suficiente. Aun cuando cayó, decapitado por mí y muerto, el dolor no se fue, ni la sed de venganza, ni la ira ni la culpa ni nada.
Erwin Smith y su grupo no tardaron en llegar a la escena. Estaba tan cegado por el dolor que a la menor provocación me lancé a atacarlo, sin importarme que no estuviéramos solos. Ni se inmutó. El muy maldito sabía todo, lo sabía y aun así dejó que siguiéramos tras él, nos usó como peones, y como resultado, Isabel y Farlan murieron. Estaba tan furioso que me lancé a matarlo, pero uno de sus soldados me detuvo. Fue como si me drenaran toda la ira, y en su lugar sólo quedó el dolor. Me dejé caer al suelo, recordando las palabras de Isabel y Farlan aquella noche en el tejado.
"Confía en nosotros"
"Cuento contigo, hermano"
Comencé a arrepentirme de haberlos dejado atrás, de haberlos llevado conmigo. Los guié a su muerte. Mi decisión fue lo que los mató.
No sé cómo pasó, pero ese hombre, Erwin Smith, supo lo que pensaba. Me aconsejó no arrepentirme de mis decisiones, porque eso causaría que en el futuro dudara al momento de tomar una decisión y le delegara la responsabilidad a otro. Según él, eso acabaría por conducirme a mi propia muerte. Ni siquiera tuve que meditar en ello para saber que tenía razón. Isabel había dicho que no podíamos saber lo que pasaría, y es verdad. Siempre ha sido así, pero apenas me di cuenta de ello. Aunque confíe en mis propias fuerzas y en la de mis compañeros, no puedo saber qué camino tomarán mis decisiones. Tal vez pueda suponer qué pasará, pero nunca podré saberlo a ciencia cierta a menos que lo haga. Y, no podré hacerlo si dudo. Erwin Smith fue capaz de ver eso, aun antes que yo lo hiciera. Y tal vez, de no haber sido por él, nunca me hubiera dado cuenta. Fue entonces que tomé una dura resolución: no lamentaría mi decisión. Seguiría a ese hombre.
Isabel y Farlan ya no están conmigo, pero les recuerdo siempre. En cada expedición, cada vez que salimos, cada vez que paso por debajo del muro para salir al mundo exterior, pienso en ellos. En ese breve momento en que paso por la puerta me hace recordar nuestra vidas en la ciudad subterránea, y cuando veo algún ave volando por el cielo inevitablemente pienso en Isabel y aquella ave que cuidó con tanto esmero. De vez en cuando, hay una pareja de novatos que entra a la legión con grandes sueños de libertad, y al verlos, es como ver a Isabel y Farlan de nuevo, vivos y felices. Sé que no son ellos, porque ya se fueron y nunca volverán, pero no puedo evitar compararlos mentalmente cuando veo chicos como ellos.
El dolor se ha atenuado con el tiempo. Al principio fue difícil, el momento en que los encontré muertos y esa pausa entre la muerte del titán y la llegada de la legión, fueron breves pero intensos momentos de dolor en que las lágrimas terminaron saliendo solas. Ahora es más sencillo, recordarlos y no sentir esa opresión en el pecho, pero aun así no creo que el dolor se vaya jamás. No creo que vuelva a sentir algo como eso de nuevo, y tampoco lo quiero. No creo poder soportar algo como eso de nuevo.
No quiero soportar algo como eso de nuevo.
¡Hola de nuevo!
Disculpen los dos meses sin actualizar, digamos que se me agotó la inspiración; y aparte de eso escribir cosas tan fuertes emocionalmente, aunque ustedes no lo crean, crea un desgaste tanto físico como emocional en el escritor. Los siguientes 7 capítulos están listos desde hace como tres meses, pero entre tantas cosas este capítulo quedó incompleto, y por lo que mencionaba al principio fui totalmente incapaz de terminarlo. Hoy me decidí a romper con eso, y vi el ova 2 de nuevo para retomar ideas, y pues ¡ta-dá! Aquí estamos de nuevo.
Advierto que es posible que no actualice cada quince días como dije aun cuando los siguientes 7 capítulos están listos. ¿Por qué? Necesito hacer algunas correcciones, ya que de aquí en adelante ¡sorpresa! saldrá Petra, y de verdad necesito revisar ciertos párrafos que todavía no me convencen.
Ya saliendo un poco fuera de tema, anuncio que tengo varios proyectos pendientes para este fandom. Tengo pensados un par de oneshots, algunos están escritos a medias rogando a gritos ser terminados para publicarlos, así que estén muy atentos a mi perfil para más actualizaciones.
Una cosa más, les invito a pasarse por el Cuartel General de Trost, el foro de Shingeki no Kyojin en español, donde tenemos juegos y prontamente muchos retos para que participen y dejen salir su ficker interior, o simplemente lean nuestras teorías y headcanons.
¡Hasta el próximo capítulo!
—Fanfiction, 19 de noviembre de 2015.
PD: Como siempre, la traducción es cortesía de esta servidora.
