Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


14. Alma: Desenlace 850

«Y sobrevino el silencio, el silencio precursor del desastre.»

—Tulio Febres Cordero.


Lo más difícil no fue ni siquiera las expediciones que siguieron, sino las despedidas. Quería ser egoísta, tenerla sólo para mí, pero no podía hacerle eso. A diferencia de mí, ella no estaba sola, tenía gente que amaba y a quienes debía ver antes de partir. Pero al final la esperaba terminaba, y ella llegaba siempre un día antes de lo pautado. Fueron los mejores días de mi vida, y los más esperados, porque por fin podíamos tener un momento para nosotros solos más prolongado, sin tener que ocultarnos y seguir fingiendo que nada pasaba. Fue uno de esos días de libertad a su lado, que me di cuenta de que quería que el resto de mi vida fuera así, estar siempre a su lado.

Nos casamos en secreto en uno de esos viajes al pueblo que solían hacerse antes de cada expedición. Nos alejamos del grupo lo suficiente para llegar a la capilla y pedirle al encargado que hiciera lo suyo. No usamos anillos, lo único simbólico que hicimos fue intercambiar las capas. Le compré un libro de un nuevo cuentista llamado Louis o algo así, muy conocido en Sina, y ella me compró un nuevo pañuelo para el cuello. También nos mandamos a hacer un retrato, más bien un dibujo sencillo en carboncillo para recordar la ocasión. Nunca la había visto tan feliz.

Y yo lo estaba, también. Cuando regresáramos de la expedición y ella volviera a casa a su descanso habitual yo buscaría una casa para los dos, y cuando hablara con su padre haríamos una ceremonia pública. En realidad me importaba un rábano complacer a la gente o que se escandalizaran por lo que habíamos hecho, pero para poder estar con ella libremente tendría que hacerlo. Una boda pública. No más ocultarnos, no más fingir que nuestra relación era estrictamente profesional. Finalmente podríamos estar juntos sin ninguna barrera, tomarnos de la mano en momentos de tensión, compartir habitación sin levantar chismorreos. En cuanto a Erwin, simplemente le haría llegar una notificación. Ese cejotas me debía bastante y no podía negarse.

Pero nuestros planes se vieron interrumpidos. Llegando de la expedición, se nos llamó a acudir cuanto antes a la muralla María. Le ordené a Petra reunir refuerzos y me adelanté.

Ni siquiera había llegado a la muralla Rose cuando una de esas malditas bestias ya estaba masticando a uno de los soldados. Lo maté en un instante. Era Lion, aún seguía con vida, pero estaba muy herido. Petra, Eld y Gunter llegaron justo después. Había más titanes cerca, debíamos deshacernos de ellos. Les delegué a los hombres acabar con los de la derecha, y yo me encargué del resto, mientras que le dejé a Petra la tarea de cuidar de Lion. Hange también hizo lo suyo, aunque se puso a jugar con el equipo de maniobras y a hablarles a esas bestias como si pudieran entenderle. Aunque bueno, después de lo de Ilse quien sabe.

Perdí de vista a Eld y Gunter y me apresuré a donde estaba Petra con Lion. Sólo con verle, supe que no sobreviviría. Angustiada, Petra me dijo lo que yo ya sabía, el sangrado era imparable. Esta siempre fue la parte más difícil para ella, ver morir a sus compañeros sin poder hacer nada. En su lecho de muerte, Lion quería saber si había sido de utilidad, si su muerte serviría de algo. Le dije aquello que me ayudaba en los momentos más difíciles, lo que se había vuelto parte de mi vida como legionario. Que su espíritu me acompañaría y me daría fuerza, que no moriría en vano. Me extendió la mano, ensangrentada, y se la apreté sin dudar. Murió en ese momento. Petra derramó algunas lágrimas, pero se calmó al ver que se había ido en paz, tranquilizado por mis palabras.

Erwin llegó después, ordenando la retirada. Al igual que hacía cinco años, el titán colosal había aparecido y abierto una brecha en el muro, causando que los titanes entraran nuevamente en la ciudad y empezaran a masacrar gente. Los cadetes recién graduados de la generación 104 estaban tratando de contenerlos, pero no podían hacer mucho. Sólo eran novatos, después de todo. Debíamos llegar allí cuanto antes.

Nos apresuramos a llegar hasta allí usando los caballos, pero la distancia hasta la muralla Rose era bastante larga. Además, nos vimos obligados a detenernos varias veces y luchar. Dos relámpagos cayeron del cielo, iluminando todo con una luz muy fuerte por un momento. Eso no era normal. Según los relatos, el titán colosal apareció tras la caída de un gran relámpago del cielo, y justo después se le unió el titán acorazado bajo las mismas circunstancias. Teníamos que detenerlos. Ese maldito titán acorazado abrió una brecha entre Shiganshina y la muralla María, causando que perdiéramos un tercio del territorio y miles de vidas. Si se abría otra brecha entre Trost y la muralla Rose, perderíamos mucho más que un pedazo de tierra.

Me adelanté con el equipo de maniobras. Desde el cielo, pude ver que algo muy raro estaba pasando. Un titán estaba tapando la brecha con una enorme roca. Un maldito titán. ¿Cómo era eso posible? Los titanes no habían demostrado inteligencia de ese tipo, y sólo existían para devorar humanos. Los titanes no levantaban rocas que pesaban toneladas para tapar un agujero que otro titán causó. Pero exactamente era eso lo que sucedía, justo frente a mis ojos.

Llegué al muro, y en la puerta había dos titanes rodeando a un mocoso rubio y a otro inconsciente. Novatos. Acabé con los dos titanes y exigí una explicación. ¿Qué demonios estaba sucediendo en Trost?

La respuesta fue la historia más ridículamente inverosímil que había oído, y el origen de muchos desastres. Al parecer, el mocoso inconsciente tenía el poder de transformarse en titán a voluntad y mantener su mente humana. No sólo eso, como titán había masacrado un buen número de titanes y había sido capaz de seguir órdenes, como la de tomar esa piedra enorme para tapar el agujero. Era increíble, pero estaba sucediendo. Un titán amigo de la Humanidad.

Pero el tiempo de escuchar historias se acabó y debí marcharme a matar más titanes. Teníamos que limpiar la ciudad de esas malditas bestias. Tardamos casi un día en lograrlo, la mayoría fueron eliminados por los cañones de la tropa Garrison, y el resto por nosotros, los miembros de la Legión de Reconocimiento. Más de 200 personas murieron, entre soldados y civiles, y casi 900 resultaron heridas. Pero por primera vez en la historia, la Humanidad venció. Detuvimos una invasión y salvamos muchas vidas.

Fue ahí cuando Petra alcanzó su record, matando tantos titanes como pudo. No la volví a ver hasta bien entrada la noche, cuando se nos ordenó retirarnos y descansar. Fue un largo día, pero un día importante en la historia, y, pese a la tragedia, los soldados lucían muy animados por la nueva perspectiva de lograr una victoria para la Humanidad. En cuanto al chico titán, las opiniones variaban. Muchos lo veían como un héroe, una esperanza para la Humanidad, otros como una amenaza. Y por esto último, se llamó a un juicio contra el mocoso que se había transformado en titán frente a todo el mundo.

La policía militar lo tenía en custodia. Todos estaban alerta con respecto al asunto. Oluo decía que había que ejecutarlo de inmediato, Petra pensaba que se le debía dar la oportunidad de explicarse, Eld y Gunter pensaban que no se debía confiar en él y había que mantenerlo a raya. Yo creía que era muy extraño ese poder, pero si servía de algo había que aprovecharlo. Fui a verlo en su celda la tarde siguiente. No parecía nada fuera de lo normal, era un mocoso común y corriente como los demás. Su único deseo, según manifestó, era unirse a la Legión de Reconocimiento y matar a los titanes. Por mí, estaba bien, pero al igual que Eld y Gunter no confiaba en él y le advertí que al menor movimiento sospechoso, lo mataría.

El juicio se dio al día siguiente. Fui llamado como testigo, y comencé a cansarme de todo el asunto. Erwin quería usar su poder para recuperar la muralla María, la policía militar quería ejecutarlo, y los locos de los muros andaban gritando cosas sobre herejías y blasfemias contra las murallas. Los comerciantes exclamaban estupideces como reforzar las puertas para que los titanes no entraran, como si los malditos monstruos se fueran a quedar tranquilos mientras se hacía el trabajo. La situación empeoró cuando se descubrió evidencia de que el chico titán atacó a su compañera, y que ambos siendo niños, mataron a tres criminales. Los alegatos comenzaron de un lado y del otro, la Policía Militar acusó al mocoso de ser un titán infiltrado, e incluso acusaron a su hermana de serlo también. Él trató de defenderse, pero eso no ayudó en nada. Se me agotó la paciencia, así que salí de mi lugar y en presencia de todos le asesté una paliza al infeliz.

La Policía Militar trató de detenerme, los muy cobardes temían que a causa de la ira se transformara allí mismo. Qué gallinas, si tan sólo un momento atrás hablaban de disecarlo. Erwin intervino, solicitando el permiso para investigarlo y llevarlo a la siguiente expedición. Yo me haría responsable de él, si se descontrolaba, no dudaría en matarlo. Con eso, el juicio finalizó a favor de la Legión de Reconocimiento. Eren Yeaguer sería admitido como miembro, y su poder puesto a prueba.

Hange estaba más que feliz. Su obsesión siempre fueron los titanes, y ahora que tenía uno frente a frente, con posibilidades de investigarlo sin poner en riesgo la vida de nadie, se había vuelto imparable. No dejaba de dar vueltas alrededor de él, observándolo y toqueteándolo, y le hizo toda clase de preguntas, como cómo era el dolor a causa de la golpiza que le di, o si era capaz de regenerar sus miembros como los otros titanes. Qué asco.

Erwin no me reprendió por mi actuación, de hecho le agradeció al mocoso por soportarlo, ya que gracias a ello teníamos permiso de investigarlo. Le dio la bienvenida y todo. Hange sí se quejó por mi trato, dijo que le había sacado un diente, pero Eren no se quejó. Creo que me tenía miedo. En cuanto a Petra, pensaba que me había excedido un poco pero le aliviaba saber que al menos, con él de nuestro lado, la Legión de Reconocimiento tendría la oportunidad de salir victoriosa en nuestra siguiente expedición.

Fue un largo día. Y los días que siguieron fueron más duros, con las investigaciones a Eren de quien yo era responsable, y el entrenamiento con los nuevos miembros de la Legión. Mi matrimonio público tendría que esperar, había mucho trabajo por hacer primero. Petra lo entendió, jamás se quejó, dijo que esperaría lo necesario y que nuestra prioridad era nuestro deber como soldados y guardianes de Eren.

Fue cuando, de forma oficial, creé mi primer escuadrón. El Escuadrón Élite de Operaciones Especiales inicialmente estuvo conformado por los mejores soldados en toda la Legión. Eld Gin, segundo al mando, Gunter Schulz, Oluo Bossard, y por supuesto, Petra Ral, o mejor dicho, Petra Ackerman. Lo hubiera sido si hubiese estado viva para cuando descubrí mi apellido.

Mi escuadrón y yo estábamos a cargo de Eren. Pese a las diferencias de pensamiento entre los miembros del equipo con respecto a este asunto, todos se comprometieron en su tarea de proteger a Eren de lo que fuera, incluso si con eso ponían sus propias vidas en riesgo. Lo segundo, en lo que nadie quería pensar, era que si se descontrolaba seríamos nosotros quienes pondríamos fin a su vida.

Y no pasó mucho para poner a prueba la lealtad de mi equipo en cuanto a eso último. Sucedió un día, sin previo aviso. Nos mudamos al cuartel en Karanese para comenzar las preparaciones de la siguiente expedición. Por un lado practicamos una nueva formación propuesta por Erwin que reduciría pérdidas humanas y a la vez protegería a Eren, y por el otro, la cuatro ojos se ocupó de investigar al mocoso mientras mi escuadrón y yo le vigilábamos de cerca.

Perdimos casi todo un día de trabajo por la incapacidad de Eren en transformarse. El mocoso afirmó que las anteriores veces se había transformado mordiéndose la mano, pero aunque lo estaba intentando nada pasaba. Lo confinamos a un pozo con el propósito de restringir sus movimientos si llegaba a descontrolarse, y estuvo horas allí tratando de transformarse sin éxito. Finalmente, para el atardecer, lo sacaron de allí y se le dio un descanso. Se sentó a la mesa con Eld, Gunter y Oluo; y Petra y yo nos alejamos del grupo para hablar. Fue de improvisto, un rayo iluminó todo por un momento y algo estalló justo detrás de nosotros. Perdí de vista a Petra un momento, y para cuando me di la vuelta queriendo saber qué había sucedido, ella y el resto de mi escuadrón rodeaban al cuerpo incompleto de un titán.

Estaban bastante alterados, todos empuñaban las cuchillas, listos para atacar. Les ordené calmarse, pero no me escuchaban, estaban demasiado impactados por la repentina transformación del mocoso. Todos le gritaban a la vez, ordenando probar que todavía era amigo de la Humanidad y no una amenaza, que no se moviera, que dijera algo, lo amenazaban con matarlo allí mismo. Petra quería que me alejara de él, como si supusiera una amenaza para mí y no comprendiera porqué estaba tan tranquilo. Le ordené retirarse, pero estaba tan alterada que no obedeció sino que me contradijo. Eren acabó por perder los estribos y les gritó que se callaran. Con eso por fin se tranquilizaron.

Hange llegó inmediatamente después, muy emocionada por el espécimen que podía investigar. Se acercó y lo tocó y comenzó a balbucear cosas, pero Eren se soltó y el torso a medio formar comenzó a evaporarse. Después de eso las cosas se calmaron. Hange se retiró y mientras, mi escuadrón se reunió en el salón dejándome a solas con Eren. El mocoso estaba sorprendido por la reacción de mi escuadrón, y al parecer algo herido por descubrir que no confiaban en él. Los defendí, explicándole que sus maneras de actuar no reflejaban insensibilidad, sino que se comportaron como lo harían en el campo de batalla. Dudar puede significar la muerte, y mi equipo sabía eso muy bien. La única forma de sobrevivir es actuar rápido, y aceptar las consecuencias por difíciles que sean.

La reunión comenzó después de eso. Hange comenzó a explicar lo sucedido horas antes. Sacó una cucharita de té que encontró sostenida por la mano del titán que Eren creó. La cucharita estaba intacta, como explicó la cuatro ojos, sin deformarse por el calor o la presión de la mano del titán. Eren dijo que justo antes de transformarse se le había caído el cubierto y estaba tratando de levantarlo. Eso llevó a Hange a la conclusión de que para poder transformarse, Eren necesitaba un motivo. La primera vez que se transformó en titán tenía como propósito matar a los titanes, la segunda proteger a sus amigos de la bala de cañón, la tercera fue para levantar la roca, y la última vez fue para levantar una cucharilla.

Mi equipo entendió finalmente que la transformación a titán no fue a propósito, sino accidental. Se miraron unos a otros, asintiendo en una señal que de inmediato entendí. Petra fue la primera en actuar, y los demás la siguieron. Para el asombro de Hange y Eren, se mordieron la mano, y se disculparon cada uno a su modo. Petra fue quien le habló más personalmente, con aquella arrebatadora sinceridad impresa en sus ojos. Estoy seguro que Eren nunca olvidará sus palabras, y yo tampoco.

Confía en nosotros.


-Fanfiction, 16 de marzo de 2016.