Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


15. Alma: Breakdown

«No ha quedado nada de ti

Puedo verlo en tu mirada

Entona el himno de los ángeles

Y despídete por última vez.»*

—Anthem of the Angels. Breaking Benjamin.


Fue una tarea difícil ocultarle a Petra la verdad. Se suponía que entre nosotros no había secretos, y así había sido desde que empezamos a estar juntos. Al principio, cuando ella me pidió que le hablara de mi pasado, del Levi anterior a la Legión de Reconocimiento, me negué. Mi pasado en la ciudad subterránea había sido demasiado oscuro, demasiado manchado de sangre. No quería que supiera esa parte de la historia, que viera al hombre que vivió entre la suciedad y el crimen y guió a sus únicos amigos a su muerte. Pero ella insistió, quería conocerme, que le abriera mi corazón como ella había hecho conmigo.

Así que accedí. Por primera y única vez, conté mi historia. Le dije todo, de principio a fin. Le hablé sobre mi madre, Kushel, quien me crió y me amó cuando tuvo que matarme. Le conté sobre Kenny, sobre las peleas, la historia tras cada cicatriz en mi cuerpo. Por primera vez en seis años pronuncié en voz alta los nombres de Isabel y Farlan. Le hablé del cabello increíblemente rojo de Isabel y cómo lloró cuando un malnacido se atrevió a cortarle una de sus coletas. Le hablé de la bondad de Farlan y su dedicación a cuidar de esa avecilla que Isabel llevó a casa. Le hablé de los sueños y metas de los tres, de finalmente vivir en la superficie y comenzar una nueva vida. Le conté de mi dolor cuando los encontré muertos en el exterior, de mi descontrolada ira al vengarlos.

No tuve reparo en confesarle mi apatía y hastío por la vida, de mi pesimismo con respecto al futuro. De hecho, fue un alivio el por fin encontrar un modo de decirle que su presencia en mi vida había borrado toda esa amargura y me había dado una razón de vivir, me había devuelto el deseo de luchar por la libertad de este mundo para que finalmente ambos pudiéramos llevar una vida en paz. Le manifesté la lucha interna por alejarme de ella, y cómo finalmente me rendí cuando me di cuenta que era inútil tratar de luchar conmigo mismo.

Ella me escuchó con atención, sin interrumpirme ni una sola vez. Hubo varias veces que vi sus ojos humedecerse, y mantuvo mi mano entre la suya todo el tiempo, apretándola ocasionalmente. Cuando terminé, me abrazó con una fuerza que nunca antes había usado, y nos quedamos así, toda la noche, hasta que me quedé dormido.

Ella conocía todo de mí, y yo todo de ella. No existían secretos entre ambos, por lo que ocultarle el verdadero motivo de la expedición fue sumamente difícil.

La veía prepararse a diario, atacando con maestría objetivos de madera que aparecían de repente para abalanzarse sobre Eren. La observaba sacar sus cuchillas con velocidad asombrosa, lista para atacar; la veía permanecer cerca y alerta en los entrenamientos con el chico titán. Ella, como el resto de los soldados, creía que nuestra misión era únicamente salir y regresar. Pero yo sabía que era mentira, que el verdadero motivo era otro. Y no podía decírselo.

Odiaba ocultarle la verdad. Cuando me pillaba mirándola me sonreía ampliamente, y yo sentía aquella sonrisa como una puñalada -y sé cómo se siente una- a causa de mis mentiras. Ella nunca sospechó nada, se creyó todo aquello. Si le hubiera dicho la verdad se hubiera preparado mejor, tal vez estuviera viva. Pero ya no vale la pena pensar en ello.

Sin saberlo, la noche anterior a la expedición sería nuestra última noche juntos. Estaba en uno de los balcones, lidiando con el insomnio. Cuando estaba con ella podía dormir mejor, pero con la misión ya encima no podía darme ese lujo. Ella todavía no se había ido a dormir, y cuando le pregunté qué hacía despierta tan tarde terminó confesándome que había estado con la loca de Hange. Otro secreto menos de parte de ella. La herida en la mano no se había curado, de hecho todavía se notaba muy bien la marca de sus dientes. Fue allí cuando inconscientemente le dije que la amaba. Debería aliviarme que al menos pude encontrar la manera de decírselo a tiempo, antes de morir, pero no es así como me siento. Quisiera poder tenerla a mi lado y decírselo una vez más, pero ya no puedo. Y me odio por eso. Odio a esa maldita perra rubia, odio a Erwin por obligarme a ocultarle la verdad, me odio por incluirla en mi maldito escuadrón, odio a Eren por ser a quien protegía. Y me vuelvo a odiar porque sé que ella no querría que yo manchara mi alma con tanto odio y resentimiento y se entristecería si me viera así.

La 57ava expedición fuera de las murallas fue un completo fracaso. Y la mayor tragedia de mi vida.

Salimos temprano aquella mañana. La gente de Karanese parecía particularmente optimista con esta misión, seguros de que con la ayuda de Eren ganaríamos. Qué ingenuos.

Ni bien salimos de la muralla Rose cuando apareció un titán excéntrico, del cual se encargó el equipo de apoyo. Pero no tendríamos a este grupo apoyándonos en toda la expedición, sólo nos ayudarían hasta llegar a la muralla María. El resto dependería de nosotros y cuán bien lográramos evitar el enfrentamiento con titanes. Para ello, Erwin ideó una nueva formación, distribuyendo a los soldados de manera que el equipo más calificado estaría al frente, avisándole al resto si aparecía un titán. Mi escuadrón y yo quedamos en la centro, protegidos por todos los flancos. Disponíamos de bengalas de diferentes colores que servirían para comunicar los mensajes más importantes, y ayudarnos a evitar a los titanes.

Rojo la aparición de un titán. Verde cambio de curso. Negro titanes excéntricos.

Todo estaba pasando de acuerdo al plan, o eso fue lo que pensé. Pasó un rato cuando vimos humo verde en el cielo. Oluo disparó la señal y seguimos el curso señalado. Entonces apareció uno de los soldados para informarnos que parte del ala derecha fue aniquilada por lo que debíamos movernos a la izquierda. Petra se separó de la formación y fue a avisarle al otro grupo.

El humo negro en el cielo confirmó que algo andaba mal.

Seguimos el curso indicado, y como estaba planeado, nos adentramos en el bosque de árboles gigantes. Por supuesto que Eren y mi escuadrón no sabían esto, era parte del secreto. El mocoso comenzó a cuestionar la decisión por el peligro que representaba adentrarnos allí, pero después no volvió a decir nada. Eld, Gunter, Oluo y Petra tampoco, aunque ya para ese momento debían estar pensando lo mismo que el mocoso novato. ¿Qué era lo que realmente estaba pasando?

Seguimos adentrándonos en el bosque unos momentos más sin novedades. Pero de improvisto, otra señal negra fue disparada justo detrás de nosotros. Le ordené a mi equipo sacar las cuchillas para atacar en cualquier momento, aunque sólo era parte de la actuación. No era necesario porque había centinelas en todo el camino, ocultos, listos para atacar. Fueron largos segundos de expectativa. Me preparé mentalmente para lo que vendría.

Entonces apareció. Un titán de unos catorce metros de altura, con apariencia femenina y sin piel, sólo músculos. Mató un soldado y siguió corriendo tras nosotros. Debíamos apresurarnos, así que le ordené a Eren aumentar la velocidad. Por poco lo atrapa, pero derrapó y eso le restó tiempo, dándonos oportunidad de huir.

Pero era muy rápido, y nos alcanzaría pronto. Mi escuadrón comenzó a inquietarse. Petra pidió activar el equipo de maniobras y luchar, pero no era el momento. Ya estábamos cerca del punto, sólo teníamos que resistir un poco más. El titán femenino asesinó dos soldados más y Petra rogó de nuevo mi permiso para luchar. Estaba desesperada, viendo los soldados morir intentando detener en vano a la criatura. Eld y Oluo se sumaron a la petición, y escuché el ruido de sus cuchillas siendo ensambladas. Fue difícil, guardar silencio en una situación así. Pero las órdenes que me pedían no podía dárselas.

¡Capitán! ¡Capitán! ¡Capitán!

¡CAPITÁN SUS ÓRDENES!

Aún puedo escuchar esos gritos en mis pesadillas.

Finalmente, nos acercamos al punto de reunión. Les mandé a cubrirse los oídos y disparé la señal sonora, sin humo. Tras el silencio y el corto momento de calma que siguió, les recordé su lugar a mi alterado escuadrón. Nuestra misión era proteger al mocoso de Eren, sin importar qué. No podíamos permitirnos perder la cabeza. No hizo falta más, aceptaron mis palabras y recuperaron la compostura. Seguimos cabalgando sin más cuestionamientos, aunque el mocoso siguió preguntando a dónde íbamos.

El titán femenino apareció de nuevo, y junto a ella, los refuerzos. El chico titán entendió que los soldados estaban allí para detener a la bestia, y que morirían en el proceso. Él quería detenerse y que lucháramos, y así nadie moriría. Pero ese no era el objetivo de la misión. Mi escuadrón lo entendió de inmediato, y trataron de mantener a Eren concentrado en su única tarea, seguir adelante y mantenerse con vida. Pero mucha gente estaba muriendo para poder lograrlo, y el mocoso no dejaba de preocuparse y lamentarse por las muertes de todos aquellos soldados. Él no podía aceptar el dejar que sus compañeros murieran mientras él huía, y Petra trató de razonar con él, pero fue inútil. Eren Yeaguer tenía el firme propósito de exterminar a los titanes y salvar cuantos compañeros pudiera.

Yo también hubiera deseado poder impedir todas esas muertes, pero era inevitable. Para que la esperanza de la humanidad se mantuviera con vida era necesario el sacrificio.

Eren intentó transformarse, y Petra trató de detenerlo, pero él no la escuchaba. Era imposible razonar con él, así que terminé dándole un ultimátum. La decisión era sólo suya. Confiar en sus propias e inexperimentadas habilidades, o confiar en nosotros, sus protectores y la Legión de Reconocimiento. Era imposible saber qué consecuencias derivarían de lo que decidiera allí, así que debía sopesar ambas elecciones y quedarse con la que no lamentaría.

Pareció estar a punto de decidirse a confiar en sus propias fuerzas, cuando Petra le repitió aquellas mismas palabras de la reunión.

Confía en nosotros.

Entonces, Eren tomó su decisión, justo a tiempo para llegar al punto estipulado en el plan real. Confiaría en nosotros.

Erwin dio la orden, cientos de arpones fueron disparados al titán femenino, imposibilitando su movimiento. Salimos del bosque sin problemas, logrando cumplir la misión. Le ordené a mi equipo seguir sin mí, usar el equipo de maniobras de allí en adelante y ocultar a Eren del titán femenino.

Fue la última vez que los vi con vida.

Regresé con Erwin y el resto. El titán femenino estaba totalmente inmovilizado, el plan había funcionado. Pero para ello, muchas vidas de la unidad de retaguardia fueron sacrificadas. Sin ellos, no lo hubiéramos logrado.

Erwin ordenó una segunda ronda de disparos antes de intentar descubrir la identidad de esa maldita bestia. Era alguien como Eren, un humano capaz de transformarse en titán. El que protegiera su punto débil con sus manos era prueba de ello. Mike y yo nos lanzamos entonces a cortar sus manos para luego sacar a la persona en la nuca del titán. Pero en el momento justo cuando nos abalanzamos con las cuchillas, hizo algo totalmente inesperado. Endureció sus dedos con un material tan fuerte que nuestras cuchillas de rompieron con el impacto. ¿Qué demonios era ella?

Me quedé en la base de la cabeza. Tenía debajo de mí al monstruo que asesinó tantos soldados. Estaba seguro que podía escucharme, aunque no hablara. Tal vez había endurecido sus manos, pero eso no impediría que cortáramos sus brazos, músculo por músculo, hasta que cayeran y no pudiera protegerse. Y también estaban los explosivos, si lo anterior no funcionaba podríamos volarle las manos y finalmente ver quién era el maldito infeliz que se ocultaba en su nuca. Se lo hice saber, palabra por palabra. Entonces la bestia dio un potente grito que sacudió todo el bosque.

La tierra comenzó a temblar, y unos tres titanes vinieron corriendo hacia nosotros. Parte del equipo trató de detenerlos, pero los titanes los ignoraron y siguieron corriendo. Esa maldita había hecho algo. El grito de momentos atrás llamó a los titanes. Me preparé para atacar, y maté a los que habían llegado. Pero siguieron llegando más y más titanes, y en lugar de atacarnos a nosotros los humanos comenzaron a devorar al titán femenino. Qué ironía. Ahora tratábamos de proteger a ese monstruo. Matamos tantos como pudimos, pero eran demasiados. Además, el vapor que emitía el cuerpo herido empezó a obstruir la visibilidad. Erwin tuvo que dar la orden de retirada.

El vapor aumentó tanto que se hizo imposible ver lo que sucedía. Fácilmente, la persona dentro del titán podía escapar sin ser visto, y de hecho así lo hizo. Erwin ordenó reagruparnos fuera del bosque para regresar a Karanese, y me dispuse a regresar con mi escuadrón. Con lo sucedido, era más que real su inocencia. No me equivoqué al confiar en ellos, ninguno de ellos era el infiltrado. Pero si el titán femenino había demostrado tener habilidades más allá de lo común, era posible que volviera a transformarse y perseguir a Eren. Mi equipo me necesitaba y debía volver con ellos lo más pronto posible. Pero el maldito de Erwin se opuso y me ordenó reabastecerme aunque no lo necesitaba. Cometí el error de confiar en su decisión.

Me marché en búsqueda de los suministros, cuando dos señales verdes fueron disparadas una tras la otra. Eso era extraño, ya Erwin había dado la señal de retirada y todos nos reuniríamos fuera del bosque. Un extraño presentimiento se apoderó de mí, y me di prisa en llegar a los suministros para encontrarme con ellos. Pero cuando llegué era demasiado tarde.

Confiaba en mi equipo, en que podrían cumplir su misión de proteger a Eren, eran los mejores soldados de la Legión después de todo. Cuando los escogí para este escuadrón, no pensaba en los lazos de amistad que había creado con ellos tras tres años luchando juntos, ni siquiera pensaba en Petra como mi compañera sentimental. Había evaluado cuidadosamente sus habilidades en combate, analizado sus capacidades y puntos fuertes. Eld era un líder nato, valiente como ningún otro, capaz de tomar decisiones rápidamente en los momentos más críticos. Gunter era fuerte y tenía una gran capacidad para percibir las cosas, y trabajaba bien bajo presión. Oluo aunque era fanfarrón y arrogante era extremadamente hábil en el campo batalla, capaz de matar más de treinta titanes él solo. Petra era muy ágil con el equipo de maniobras, y aunque la fuerza física no era su mayor fortaleza, trabajaba muy bien en equipo. Los cuatro se llevaban bien, eran excelentes luchando juntos y habían desarrollado sus propias estrategias de pelea para los enfrentamientos con titanes. Confiaba en ellos, y creí que podrían resistir el suficiente tiempo mientras yo no estaba.

Pero me equivoqué, de nuevo. Ellos resistieron, pelearon, no se rindieron. Llevaron a cabo su misión hasta el final: proteger a Eren. Pero lograr esto les costó sus vidas.

No había llegado hasta los suministros cuando un potente rugido sacudió la tierra. Eso no significaba nada bueno. Tomé el camino de regreso en dirección al sonido, esperando que no ocurriera nada grave. Pero en el fondo sabía que mis esperanzas eran en vano, algo terrible había sucedido. Y cuando llegué a donde el grito de Eren tuvo origen, encontré mi respuesta.

Primero fue Gunter. Colgaba de un árbol cabeza abajo, muerto. Le habían cortado la nuca como si fuera un maldito titán. Tenía que ser obra de un humano. Deseé encontrar a los demás con vida, pero en el fondo sabía que no era así.

Después fue Eld, no muchos metros de donde encontré a Gunter. Había sido cortado a la altura del torso, como si se lo hubieran arrancando de un mordisco. La otra parte yacía no muy lejos de allí, junto a su equipo destrozado.

Oluo fue el siguiente y uno de los que más me impactó. Boca abajo, sus manos aún aferraban las cuchillas.

Observé todo aquello desde el aire, con sumo pesar. De todas las veces que había encontrado compañeros muertos, esta era la más difícil. No me había sentido así, tan herido desde Isabel y Farlan. Pero mi escuadrón había acabado por volverse algo personal para mí.

Sólo faltaba una persona.

Deseé con todas mis fuerzas que ella siguiera con vida. Que hubiera logrado salvarse de aquella masacre y estuviera escapando con Eren a un lugar seguro. Que el mocoso aquel se había transformado intentando protegerla y enfrentarse a esa perra. Pero no había punto en desear aquello. Ya lo sabía, pero me negaba a creerlo hasta verlo con mis propios ojos.

Encontré algo al pie de un árbol manchado de sangre. Descendí unos metros, y aunque ya lo sabía pero seguía tercamente tratando de negar, era ella. No creo que pueda borrar esa imagen de mi memoria jamás. Me persigue en pesadillas todavía, tan fresca como en aquel horrible momento, y me seguirá persiguiendo por la eternidad.

Su columna estaba doblada en un ángulo anormal, y su rostro se había manchado con sangre que aún seguía saliendo de su boca y nariz. Sus ojos estaban abiertos, pero habían perdido esa luz que los caracterizaba. Miraban hacia el cielo pero ya no había vida en ellos. Petra estaba muerta.

Algo se rompió en mí. Es lo único que puedo alcanzar a decir. No hay palabras que puedan describir el inmenso dolor que sentí en aquel momento, los sentimientos fueron demasiados para poder nombrarlos uno por uno.

Algo se rompió en mí y nunca más pudo ser reparado.


-Fanfiction, 01 de abril de 2016.