Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


18. Alma: Preguntas.

«No luches contra monstruos, no sea que te conviertas en uno de ellos.»

—Nietzsche.


¿Por qué?

Me pregunté aquello decenas de veces. Se lo pregunté a ella, aunque no me oyera.

¿Por qué, Annie Leonhart?

Cualquiera que la viera sólo pensaría que es una chiquilla más, una mocosa de quince años, frágil e inocente. Pero eso sólo era parte de su disfraz, de la actuación que estuvo montando todo el tiempo para que nadie sospechara de ella, una imagen que inspira misericordia y perdón.

Pero Annie Leonhart no tiene perdón. Menos el mío.

Desconozco su historia, más allá de lo que Arlet nos contó en la reunión y lo que Hange pudo averiguar. Excelentes calificaciones, puesto número 4 de su promoción, y la única del top diez de su generación que se unió a la Policía Militar (a excepción de un tal Marco que murió presuntamente por sus manos).

Y el titán femenino, para variar.

Arlet no tenía muchos argumentos en su favor, como "la vi transformarse en titán", pero estaba suficientemente convencido con lo que vio. Primero se presentó con el equipo de maniobras del chico muerto cuando los titanes que Hange capturó fueron asesinados, luego el titán femenino reaccionó al sobrenombre de Eren que pocos conocían, y por último estaba el parecido físico. Annie Leonhart tenía los ojos azules y el cabello rubio, al igual que aquel monstruo.

No era mucho con lo que trabajar pero debíamos apresurarnos antes de que un segundo ataque se diera. Si aquella bestia llegaba a aparecer en medio de la ciudad cientos de personas morirían. Aquella perra no había mostrado remordimiento al asesinar uno por uno a cerca de 20 soldados, incluyendo mi escuadrón, aplastándolos como insectos. Unos cuantos civiles más sin posibilidad de defenderse no resultarían ningún reto para ella.

Por otro lado estaba el asunto sobre Eren. Con el fracaso de la expedición las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto, arrestando a Erwin y ordenando la inmediata ejecución de Eren. Así que, con el tiempo corriendo en nuestra contra, Erwin aprobó un plan ideado por Arlet para salir de aquel problema.

Funcionó. Annie Leonhart cayó en la trampa y terminó revelando su identidad como titán cambiante y enemiga de la Humanidad. Mató a más gente en el proceso, y al final, derrotada, intentó escapar. No estuve en el lugar de los hechos durante el acontecimiento, pero me enteré de todo con detalle. Mikasa Ackerman, la hermana adoptiva de Eren, fue quien le puso fin a la huida cortándole de un solo tajo los dedos. Pero al final las cosas no salieron tan bien, y aquella bestia se refugió en una especie de cristal indestructible.

El cristal fue llevado al distrito de Youtebiya, y puesto bajo vigilancia constante. Debíamos estar alerta si despertaba y detenerla antes de que se transformase. Por lo cual, con el fin de restringir sus movimientos se le llevó bajo tierra, oculta en la más oscura profundidad. Hange se encargó de ella. Dirigió los experimentos para tratar de sacarla de allí, sin éxito. También a menudo la interrogaba, haciéndole las mismas preguntas que me acosaban a mí. "¿Por qué? ¿Cuál es tu propósito con todo esto? ¿Tienes idea de a cuántas personas mataste?"

Sólo la visité dos veces. La primera vez acompañando a Hange, que inútilmente trató de sacarle algo. La segunda vez fui solo.

¿Por qué?

¿Sabes cuántas familias destrozaste?

No sólo asesinaste a mis hombres, también a mi esposa. ¿Estás conforme con eso, o seguirás matando gente por placer? ¿Es eso? ¿Te complace quitar las vidas como si fueras su dueña? ¿Te sientes superior por decidir quién vive y quién muere?

Nunca tuve una respuesta. Annie Leonhart se encerró allí, como si fuera su propia tumba. Tal vez estaba muerta, y ese cristal era lo que mantenía su cuerpo conservado. Intentar interrogarla sólo era una pérdida de tiempo. Estrellar el puño en su ataúd de cristal tampoco funcionó.

Pero había una parte de mí que quería creer, que aún encerrada en esa cosa con sus ojos cerrados, Annie Leonhart podría oírme, que podría sentir mi ira y mis deseos de retribuirle todas y cada una de las muertes que causó. Tal vez hasta podría usar uno de esos métodos "especiales" de Kenny. Quería infligirle tanto daño como pudiera, que se retorciera de dolor hasta ya no poder más, suplicando misericordia, devolverle todo el dolor que había causado, hacerle pagar con creces las muertes de cada legionario allá afuera y cada soldado que aplastó con tan solo transformarse. Vengarme por Iván, por Ness, por Siz, Oluo, Eld, Gunter…

Petra.

Pero Petra no hubiera estado de acuerdo. Me miraría con los ojos muy abiertos, con esa mirada tan intensa que censuraría de inmediato esa idea sin decir una sola palabra. Se horrorizaría por ver ese lado tan oscuro que yo mismo apenas empezaba a descubrir, y tal vez sí terminaría alejándose de mí como temí cuando le hablé sobre mi pasado. Y no la culparía por ello, porque hasta yo me estremecí al pensar esas ideas y descubrir que no me contendría si tuviese la oportunidad de realizarlas.

Ella no lo aprobaría. No justificaría las acciones de Annie Leonhart y estaría de acuerdo en que pagara por sus crímenes, pero tampoco aceptaría que me dejara dominar por ese lado oscuro y terminara cayendo en su mismo nivel. Seguramente diría que no existiría entonces diferencia entre ambos, que la criatura que se divirtió asesinando soldados de diversas formas no distaría mucho del hombre que la torturaba por venganza; y que no debería dejarme dominar por esos sentimientos por muy fuertes que fueran porque sólo acabarían destruyéndome.

Pero ella ya no está aquí para tratar de redimirme. Ese es el problema, que está muerta y es culpa de esa maldita niñata encerrada en su sarcófago de cristal, totalmente ajena de lo que pasa alrededor, descansando tranquilamente mientras familias enteran lloran a sus hijos y niños esperan en vano el regreso de sus padres.

Es tan malditamente injusto. Ella sólo se encierra en esa cosa y ya, mientras afuera hay gente que sigue sufriendo por su causa. El hijo de Kathy nunca conocerá a su padre, los sobrinos de Oluo se quedaron solos por completo, los Schulz y los Ral perdieron a sus únicos hijos, y decenas de familias fueron destrozadas. Y a Annie Leonheart le importa una puta mierda.

Ese nombre no encaja con ella. Annie no tiene gracia para con nadie. Así que, supongo que torturarla un poco si logramos sacarla de ahí no debería afectarle mucho. Es un maldito titán y se puede regenerar cuanto quiera. En cuanto a mí, ya estoy lo suficientemente podrido como para preocuparme en mancharme más.

Pensar en torturar a una chiquilla de quince años. Vaya mierda, ¿en qué clase de monstruo me estaba convirtiendo?


¡Hola!

Pasaba por acá a publicar un par de capítulos de esta historia que recién me animé a escribir. Sin embargo, les pido que me disculpen, pero esto no significa que voy a regresar a fanfiction.

Gracias por, como siempre, el apoyo demostrado, y aprovecho para desearles una felices fiestas y un exitoso año 2017.

—Fanfiction, 22 de diciembre de 2016

PD: En "Momentos" 51 encontrarán una sidestory de este capítulo.