Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. El Soldadito de Plomo le pertenece al maestro Hans Christian Andersen.


22. Alma: Significado

«¿Es ese el destructor o el creador?

Con las llamas del odio empuñamos las espadas.

¿Es ese nuestro destino o nuestra voluntad?

Lucharemos hasta que el ardiente viento arrebate nuestras alas.»*

—Bauklotze, Hiroyuki Sawano, 進撃の巨人 OST.


La salida a la expedición 58 estuvo muy animada. Partimos en medio de los gritos de aliento de la muchedumbre, y algunos soldados, incluyendo a Erwin, respondieron con el mismo entusiasmo. Vaya tontería.

Preparamos nuestra salida de manera que, primero, fuera durante una fase en que la luna no se viera, y segundo, que se hiciera de noche. De esa forma avanzaríamos sin problemas y los titanes no resultarían una amenaza. De hecho, durante el camino divisamos a uno descansando, y por increíble que pudiera parecer, se quedó inmóvil y nos ignoró por completo.

El resto del trayecto hasta Shiganshina transcurrió sin problemas, y llegamos para el amanecer. Erwin autorizó el uso de nuestros equipos de maniobras y nos ordenó estar alerta, ya que podría haber titanes ocultos y esta vez no nos ignorarían.

Shiganshina lucía tan desolada y destruida como recordaba. El enorme hoyo en la muralla María era visible desde nuestra posición, ya que nos dirigíamos hacia allí con el fin de sellar el muro y distraer al enemigo. Era más que seguro que Reiner y compañía estarían por allí, y aunque desconocíamos qué tanto sabían sobre las habilidades de Eren, lo más probable es que dedujeran que contábamos con alguna forma de sellar la puerta, pues de lo contrario no estaríamos allí. Como parte del plan para mantener a Eren a salvo una centena de soldados nos dirigimos hacia allí con el rostro cubierto. Así, nos mantendríamos a salvo ya que el enemigo no se arriesgaría asesinando a alguien que podría ser Eren, y para cuando averiguaran quién era él ya el muro habría sido sellado.

Sin embargo, algo raro sucedía. No había ni un solo titán en el área, como Hange notó, aun cuando estábamos en el terreno del enemigo. Pero aun así, el plan debía continuar y debíamos movernos. Eren logró transformarse en titán y cerrar el agujero con éxito, en un movimiento rápido que no tomaría más de un minuto. Ahora el siguiente paso era sellar la puerta interior de Shiganshina de la misma manera. Después de asegurarnos de que Eren se encontraba bien, partimos hacia allí.

En el camino vimos la bengala de Erwin ser disparada, lo que causó confusión en el grupo. Algunos se preguntaron si la misión había sido detenida, y Hange nos instruyó a desplegarnos por la muralla y esperar órdenes. Desde allí, vimos al grupo de soldados que estaba con Erwin moverse alrededor de la muralla como si buscaran algo. De hecho, sí había algo allí, o más bien, alguien. Reiner se las había arreglado para ocultarse dentro de la muralla, y asesinó al soldado que lo descubrió. Estuvo a punto de cargarse al cabeza de coco también, pero llegué rápidamente y me lancé sobre él con las espadas. Lo apuñalé en el pecho y casi logro decapitarlo por completo, pero el muy maldito logró de alguna forma frenar la hoja y fui incapaz de acabar con su miserable vida.

Me vi obligado a soltarlo, y Reiner cayó del muro golpeándose con fuerza, pero resultando ileso. Segundos después, se transformó en el titán acorazado. Erwin ordenó buscar más enemigos, pero justo en ese momento, a lo lejos aparecieron decenas de titanes recién transformados, dirigiéndose hacia nosotros, y dirigiéndoles, quien debía ser el titán bestia. Era justo como lo habían descrito, un enorme titán con la apariencia de un simio. Arrojó un enorme pedazo de escombros hacia nosotros, impactando en la base del muro y cortando nuestra vía de escape al tapar el agujero de la puerta. El malnacido sabía lo que hacía.

No había escapatoria. Detrás de nosotros teníamos a Reiner transformado, y delante a una horda de titanes. Pero como era de esperarse, nada de esto desalentó a Erwin, solo avivó el deseo de luchar contra el enemigo. Aunque por lo pronto, se nos ordenó evadir al titán acorazado y no atacarlo, pese a que estaba escalando la muralla.

Las cosas solo parecían empeorar. Un titán que se desplazaba a gatas apareció detrás del titán bestia llevando consigo un cargamento de barriles, y Erwin barajó la posibilidad de que poseyera inteligencia también. Aparte de eso, el titán bestia golpeó el suelo y de inmediato un grupo de titanes pequeños comenzaron a correr hacia nuestra dirección, más específicamente hacia donde estaban los caballos. Seguramente era la misma estrategia que usó durante el ataque al castillo de Utgard: eliminar a los caballos para dejarnos sin escapatoria alguna. Sin caballos no teníamos forma de salir de allí, nos encontrábamos en territorio ocupado por titanes, y una retirada sin caballos sería imposible.

Qué astuto. Lo había planeado todo. Fácilmente podría dejarnos allí sin suministros y simplemente esperar hasta que estuviéramos tan débiles que no pondríamos resistencia. Entonces fácilmente podrían llevarse a Eren sin tener que luchar. Pero Erwin también era astuto, así que no tardó en planear una estrategia para resolver el problema. Envió a un grupo a proteger a los caballos, y les ordenó a mi escuadrón y al de Hange acabar con el titán acorazado. Sin embargo, nos dejó a Armin y a mí fuera de la batalla contra Reiner y me envió a proteger a los caballos y buscar la oportunidad de acabar con el titán bestia. Me tomó un momento llegar allí, y para cuando alcancé al escuadrón designado por Erwin ya los titanes estaban llegando. Maté a un par de ellos e instruí al escuadrón para que avanzara y se llevara a los caballos de allí.

Mientras tanto, Eren luchaba contra el titán acorazado, de acuerdo a los planes de Erwin. Hange y su escuadrón le apoyaban en la pelea, usando las lanzas relámpago, un nuevo tipo de armamento diseñado por Hange con el fin de matar a Reiner en su forma titán. Pero las cosas se salieron de control. De repente escuché un potente rugido que provenía del otro lado de la muralla, donde debía estar desarrollándose la lucha contra Reiner. Seguramente fue él, pero no tenía forma de saberlo hasta que me reuniera de nuevo con Hange y sus hombres. Momentos después, el titán bestia arrojó al aire uno de los barriles que cargaba el titán cuadrúpedo, en dirección al otro lado del muro.

No sabía qué esperar de todo esto. Podría tratarse de cualquier cosa, no podíamos confiarnos. Fueron momentos de expectativa que terminaron abruptamente con una gran explosión que destruyó una buena parte de la ciudad y que debió haber borrado del mapa a cualquier desgraciado que estuviese cerca. Incluso si hubiera sobrevivientes, todavía podían ser golpeados por la lluvia de escombros que dejó la explosión. No pude evitar pensar en mi escuadrón y en el de Hange, si habrían logrado refugiarse a tiempo, o si habrían muerto. Definitivamente Berthold había estado oculto en aquel barril, aunque por algún motivo no se transformó al instante sino que esperó. Pensaba en esto cuando una lluvia de rocas comenzó a caer donde me encontraba, matando a titanes y soldados por igual. Las rocas se detuvieron pero solo fue una pausa antes de una segunda arremetida.

Mierda. Mierda. Mierda. Las rocas comenzaron a caer de nuevo, como si fueran balas y más soldados murieron. Apenas tuve tiempo de refugiarme tras unos edificios para evadir el ataque, y buscar al equipo de Marlo para advertirles de lo que sucedía y ordenar la retirada hacia la muralla. Nos movimos velozmente hacia allí, y en el camino nos encontramos a Erwin. Nos informó que la mayoría de las casas fueron reducidas a nada por las rocas, lo que reducía nuestras posibilidades de ocultarnos. Aparte de eso, no podíamos escapar por el otro lado de la muralla ya que el titán colosal iba hacia allá, quemando todo a su paso. Encima de eso, perdimos tres escuadrones durante el último ataque, por lo que la Legión solo contaba con Erwin, Marlo, unos pocos soldados y yo. Maldita sea, nuestras posibilidades se veían más y más reducidas.

Erwin no sabía nada sobre el estado de Eren y los que estaban con él, pero la respuesta no tardó en llegar. De la nada Eren en su forma titán salió disparado, estrellándose contra el tope del muro. Parecía inconsciente, pero no podíamos ocuparnos de él por el momento, teníamos que idear una vía de escape. Le sugerí a Erwin despertar a Eren y hacerlo transportar a algunos soldados para que escaparan y se salvaran, y mientras yo intentaría matar al titán bestia y acabar con todo esto de una maldita vez. No más titán bestia, no más titanes atacando las murallas y poniendo las vidas de todos en riesgo. Estaba dispuesto a ponerle fin a este larga pelea, incluso si moría en el intento, porque de todas formas no había forma de que todos superáramos esto y regresáramos a las murallas con vida. Hiciéramos lo que hiciéramos, las posibilidades de sobrevivir eran prácticamente nulas.

Pero Erwin tenía otros planes. Sacrificarse él mismo, y a los soldados restantes para darme la oportunidad de acabar con el titán bestia. Me dio la razón, cualquier cosa que hiciéramos no iba a salvar nuestras vidas, así que lo mejor que podíamos hacer era aprovecharlas para ganar. No podía creerlo. No quería escucharlo. Ese bastardo estaba dispuesto a dejarse matar, incluso si eso significaba que nunca podría llegar a obtener las respuestas que toda su vida quiso encontrar, ese propósito por el cual tantos de los nuestros murieron. Mike, Nanaba, Nifa, Gelgar, Lynne, Henning, Lion, Ilse, Isabel, Farlan, Oluo, Gunter, Eld, Petra…

Pero tanta era su determinación que terminé cediendo. Acepté el plan de Erwin de irse al infierno con todos esos soldados para darme una apertura. Acepté el sacrificio de Erwin y tomé la responsabilidad de matar al titán bestia. Esas muertes que estaban por producirse no serían en vano, yo personalmente me encargaría de acabar con ese maldito titán mono y mandarlo al infierno de donde salió.

Erwin les declaró el plan a los soldados, logrando convencerlos. La elocuencia y los discursos ridículos siempre fueron lo suyo. El plan incluía que yo me acercara furtivamente al titán bestia y usara los titanes que estaban en línea tras él para enganchar los cables del equipo, mientras los demás iban hacia él directo a sus muertes. Debo admitir que fue el mejor discurso que le oí. Darle valor y significado a las muertes de nuestros compañeros caídos con su sacrificio, y heredarle esa voluntad a los que quedan vivos para que ellos entonces hagan lo mismo por ellos.

Conmovidos por estos ideales, y con el fin de lograr algo y no dejar las muertes de los camaradas muertos en vano, Erwin y sus soldados se lanzaron a la carga en una misión suicida, disparando sus bengalas para entorpecer los ataques del titán bestia y ganar el mayor tiempo posible.

Muchos no sobrevivieron a la primera oleada. Erwin resultó herido, pero la misión continuó. El titán bestia lanzó una segunda avalancha de rocas, acabando así con la mayoría, pero los que quedaron con vida no se rindieron sino que siguieron avanzando. Sus ideales y convicciones eran más fuertes que el dolor, o el miedo a la muerte. Ahora tenían una última misión por la cual no rendirse, una causa por la que luchar hasta el final. En palabras de Erwin, algo que no dejara las muertos de nuestros compañeros en el olvido, algo que les diera significado.


—Fanfiction, 25 de diciembre de 2016

Traducción hecha por mí.