El imperioso despertar de la máquina vino con un temblor y un rugido cual bestia enjaulada.
Las luces parpadeaban y explotaban dependiendo de su cercanía al robot rojo; también estaba el agente externo, que provocó el despertar del sistema de seguridad; quien ni corto ni perezoso emprendió una carrera por su vida en las escaleras, cuya temblorosa estructura dificultaba su huida.
Pisotón, halar... el rojo se mueve frenético para destruir sus ataduras sin perder de vista al infractor, las cámaras que tiene por ojos esmeralda brillan con reconocimiento ante la firma de calor y las pulsaciones del joven de plateados cabellos; no hay donde esconderse. Una mano gigante se alza, apuntando entre la entrada y el camino de escaleras que llevan a ella.
Afortunadamente, Vali logra saltar a tiempo para empezar a correr; la pared de la derecha mostrando como la mirada esmeralda no lo perdía de vista; las garras formaron un puño que voló hasta ella. El impacto fue grande, las luces se apagaron en una gran sección y Vali se arrastraba con dificultad luego de haberse lanzado, un sentimiento de nostalgia le invadió cuando registró el dolor en sus articulaciones inferiores.
Una tormenta de nieve como no se había visto antes en décadas, una luna llena que se alzaba en su cúspide que iluminaba un bosque helado en el viejo continente; es un ambiente donde el color blanco cubre todo y la vida próspera como puede. Ahí, pasos cansados, dolorosos y lentos dejan un rastro sangriento, quizás el niño de cabellos plateados ya había perdido la conciencia, pero su cuerpo se seguía moviendo, moribundo. Paso, paso, paso... ojos apagados, carentes de vida o esperanza; aquellos que lo cazaban lo dejaron a su suerte, sabiendo que moriría en esta tormenta de nieve.
Respiraciones débiles, casi inexistentes, pero aún presentes; el niño no cae ante el frío por mera fuerza de voluntad.
No obstante, la fuerza de voluntad no es suficiente. El niño se enfrenta a algo mayor con su atrofiado cuerpo, carente de cualquier moral de los primates, es esa fuerza endemoniada la naturaleza misma.
Por ello, el niño no vio las columnas de hielo cayendo y chocando entre sí, mucho menos el par de ojos dorados que le observaban antes de que una mano gigante lo alcanzara; el niño se había desmayado antes de siquiera inclinar su cuerpo.
Los escombros vuelan sin control y la fuerza repentina del viento estremece su cuerpo sin saber cuánto ha corrido. Vali alcanza una esquina, cruzando para empezar a buscar otra salida mientras llama a su unidad desde la mini computadora de su muñeca. Por el contrario, la máquina roja cesó sus ataques, pero Vali es capaz de sentir el peso de sus pasos alejándose a otro lugar.
Ahora, ¿por donde debe ir? El camino que tomó para llegar fue derrumbado, y no tiene un mapa del cual guiarse. Su máquina debería estar esperando o...
—¡Je! Esto asustará al Teniente, pero no es que me importe.
O bien abriría su propia maldita salida. Con ese pensamiento, Vali calculó las coordenadas en las que la máquina blanca debería estacionarse para su encuentro; su plan fue una idea tomada de la máquina de demolición que era su contrario, tal vez debería agradecerle por ello, de una forma que disfrutará, claro.
Presionando el botón de enviar, Vali protegió su cuerpo antes de que un fuerte impacto estallara a unos metros de él, una mano de metal asomándose en espera. Eso fue más rápido que subir unas escaleras. Corrió hasta ella y el brazo se volvió para acercarse al pecho donde la cabina ya abierta le esperaba, Vali saltó y cayó en su asiento para hacer sonar los huesos de su cuello y cerrar la cabina. El sistema operativo le dio la bienvenida y al mismo tiempo que acomodaba su casco un fuerte temblor sacudió un lecho rocoso adyacente al castillo; se estaba abriendo, abriendo como una puerta...
—¡Woah! —Vali sacudió los controles por instintos y el giroscopio se descontroló por el movimiento repentino antes de ajustarse en menos de un segundo. Había esquivado un disparo, y solo una máquina sería capaz de moverse en el campo a base de PEM.
—Un poco violento, ¿uh? Bueno, eso está bien... Después de todo, eres lo contrario a mi MW, no espero menos que tal demostración de poder.
Los pasos resonaron en la arena y el mundo presenció el despertar del Domination, de hecho, los disparos hace mucho que cesaron, solo el sonido de los motores de los equipos terrestres que se alejaban.
Ambos se veían, analizando, más el Rojo que el Blanco, pues Vali no cabía en su propia emoción por tener una batalla al fin.
—Sin embargo, es un poco decepcionante. No tienes piloto y hay un límite de lo que una computadora puede hacer... Es casi irrisorio que te hable, pero esto es algo que hago para desahogar mi descontento por la situación.
Suspiró audiblemente, quizás una burla, mas el Rojo disparó en ese momento y Vali movió su Dividing Shield para protegerse rápidamente.
—... Una computadora bien programada, ya veo —la realización vino con una risa seca.
El Blanco alzó su rifle y apuntó, sus propulsores cobraron vida para desplazarse hacia adelante; el Rojo haciendo lo mismo con su propio rifle; ambas máquinas giraron en círculos, arena levantándose a su paso.
El gatillo fue presionado, ambos disparos se cruzaron y luego de eso vinieron los siguientes mientras ambas máquinas se acercaban. El Rojo se detuvo para impulsarse hacia arriba en un salto entre disparos, cubriéndose en las paredes del castillo cuando Vali aún estaba al descubierto. Sin embargo, esto no duró mucho, ya que zigzagueando se acercó hasta el castillo para evitar disparos que nunca llegaron, ¿se le habían acabado las cargas? No podía ser tan optimista. Su respuesta llegó cuando una pared estalló y un cuerpo rojo colisionó con él, una espada cuya cuchilla vibratoria cortaba lento pero seguro su Dividing Shield.
—¡¿Cómo?! —exclamó toda su sorpresa.
El Dividing Shield es un escudo de energía, no puede ser cortado o penetrado. Una espada vibratoria sería destruida ya que el escudo se configuraría para contrarrestarla y un disparo de un rifle láser sería desviado y su poder disminuido, por ello, es sorprendente la capacidad de Domination para cortarlo, aunque sea con relativa dificultad.
Una sonrisa salvaje emergió en los rasgos de Vali. Apenas podía ver los chispas, pero estaba seguro de poder conectar un golpe seguro al motor si la distribución de las piezas era similar a su propia máquina y tal vez un poco más.
Los ojos de Domination se iluminan, la fuerza de sus brazos parece aumentar cuando el equilibrio que había entre ambos se rompe a su favor; Vali retrocediendo mientras sus oídos silban de agonía por el corte que solo aumenta en su Dividing Shield. Vali se da cuenta, el Rojo es más fuerte, pero su máquina es más ágil, de nada servirá tanto poder si no logra asestar un golpe; la simple lógica llega con la realización de que haber subestimado a una computadora le estaba pasando factura.
Vali alza su escudo, la cuchilla vibratoria roza el brazo del Blanco peligrosamente, pero le da una abertura por donde salir. Empuja, luego gira a la izquierda disparando un misil y esquivando por poco un mandoble rápido del Rojo. La explosión le da suficiente empuje para separarse unos metros y volar en círculos en torno al Rojo, cuyo cuerpo sale de la cortina de humo, el brazo con la espada severamente dañado.
El Rojo toma altura, Vali escucha el sonido de algo abriéndose y pronto observa como una andanada de misiles vienen hacia él; el sol de mediodía atestiguando el encuentro.
La sonrisa de Vali no cedió.
Vali cargó, propulsores rugiendo al límite, cargó hacia el muro de misiles con su escudo desplegado; él mismo era como un meteoro que ascendía; la energía de las explosiones se distribuyó en la máquina, su asiento temblando mientras varios medidores caían en picada y la estructura de la máquina gemía en agonía. Con escudo alzado, Vali cargó con un grito; su objetivo permanecía ahí frente a él. Le parecía arrogante. Altivo. Pero eso solo hacía que sus ganas por derribarlo fuesen mayores.
Por supuesto, una máquina no puede denotar sorpresa. Aún así, Vali se permitió una sonrisa divertida al pensar que fue contra los pronósticos del Rojo.
Ambas máquinas impactaron. Los cuerpos de metal cayeron al suelo del desierto.
La batalla había terminado sin un ganador.
Con una dolorosa tos y un gemido lastimero, Vali despertó en la cabina de su Mobile Weapon, músculos tensos mientras sus manos se adecuaban en los controles por instinto. Las estrellas bailaban en su visión, recuperándose con lentitud.
—Ngh...
Rojo. La mayoría de sus monitores estaban lanzado alertas, el sistema mismo parecía caerse ante las fallas que la máquina presentaba. La pierna izquierda estaba fuera, pero las reparaciones habían alcanzado un 97%.
Era suficiente, se dijo a sí mismo. La máquina blanca se levantó con algo de esfuerzo y observó a su alrededor, una de sus cámaras fallando en dar una imagen correctamente, estática cubriendo parte de las pantallas. Comprobó la movilidad antes de empezar a caminar a las puertas del hangar, donde encendió las linternas para pasar por los pasillos por donde la luz del sol no llegaba. Alcanzó a ver una lanzadera, similar a las que usaban las naves para salir del planeta, pero en pequeña escala. Debió ser una nave pequeña, imaginó.
Se sorprendió al ver un rifle, el mismo modelo que el que usaba el Rojo. Su propia máquina no tenía uno para sí, por lo que usaba un modelo de producción en masa. Lo tomó, junto a un cargador. Lo pintaría después, claro.
Suspiró. La compuerta del generador de energía infinita —por más que el nombre le causara arcadas— estaba ahí. Su objetivo, el objetivo de esta misión, estaba ahí. Lento, casi doloroso, se acercó a él. El sonido de las pisadas de la máquina reverbera en sus oídos, un eco que eclipsa su corazón emocionado.
No, no es un eco...
Se da cuenta muy tarde. Vali gira, encontrándose con el desfigurado puño del Rojo, Supremacy no pudo hacer más que caer al recibirlo por completo; la imagen haciéndose más borrosa. El Rojo corría, casi desesperadamente, hacia la compuerta. Vali no esperó a que la imagen se recuperase —o que su propia visión lo hiciese— para disparar su nuevo rifle.
Lamentablemente, fue un fallo de su parte.
El disparo rozó a Domination, lo sacó de equilibrio, sin embargo, también le dio a la compuerta y la dañó lo suficiente como para que el Rojo pudiese abrirla con solo fuerza bruta ante la mirada de Vali que solo podía luchar por levantarse. Disparó una vez más, está vez fue un impacto directo al torso. La máquina roja casi cayó por un momento para recuperarse en el siguiente y abrir así la compuerta.
Al mismo tiempo, la máquina blanca logró ponerse sobre sus pie y caminar, rifle apuntando a su contrario solo para detenerse al ver una caja negra, algo que Vali reconoció en un instante, pues grabó esa imagen en su mente...
—¡El generador...! —no era como lo esperaba, él imaginaba que fuese algo más grande que apenas pudiese ser cargado, sin embargo, el que Domination lo esté tomando con un solo una mano llega a ser casi hilarante para lo que era la pieza de tecnología más grande que verían sus ojos.
Bajó el rifle, tragándose la deshonra y la rabia. Era como si el Rojo, como si sus ojos se burlasen de él. No obstante, Vali tomó esto por lo que era.
—Para haber perdido con una computadora de todas las cosas —chasqueó la lengua para bajar el rifle que tomó—... Te concedo la victoria, Rojo, esto es jaque mate.
Sí, lo era. No podía arriesgarse a disparar cuando el Rojo ya estaba tan terriblemente dañado. Si disparaba y estallaba, el núcleo lo haría con él. Si disparaba y le daba al núcleo era más de lo mismo. Ambas decisiones conducían a un final de muerte.
El Rojo retrocedió, su mano libre alcanzó el rifle ya cargado y disparó a un lado, haciendo una abertura por donde cayó. Vali pudo escuchar el sonido de los propulsores del Rojo, probablemente había una cueva debajo de todo esto.
Vali suspiró.
A Azazel no le iba a gustar esto.
—Undead—
Parte 1: Guardián del pasado
02 – Rojo, desencadenado
Apenas podía mantener la altitud cuando se llegó al final del túnel, él no esperaba que el suelo del hangar secreto hubiese cedido de esa forma, pero era algo que debía pasar con el pasar de los años. Sí... El pasar de los años... Las memorias eran confusas por ahora, mas la información llegaba poco a poco, definitivamente más lenta dado que parte de la energía estaba destinada a las reparaciones y que la mayoría de satélites a los que estaba acostumbrado estaban desconectados.
Uno de tantos cambios, supuso. Cuando sus piernas se estabilizaron el la arena del desierto decidió darse un momento en observar el ambiente y declarar para sí que la Norte América actual era un mal lugar para vivir. ¿Pero siquiera vivía algo aquí? La respuesta lo esquivaba.
Las nanomaquinas lanzaron una señal, el trabajo de reparación del brazo estaba terminado. La mirada esmeralda se posó en el maldito artefacto que se supone debía proteger, sentimientos mezclados sin saber cómo sentirse al respecto. Quería protegerlo, mas no quería protegerlo. Sin embargo, decidió callar cualquiera de esos pensamientos, no le ayudarían en nada. Como una máquina, tan solo debe cumplir su cometido.
Dio un paso, casi todas las alarmas se dispararon no pudo hacer más que maldecir su suerte cuando se quedó sin energía por completo y cayó a la arena.
¿Eran esos Mobile Weapons de esta era?
Domination se apagó por completo.
