Final de la aventura.

Pacifica y Dipper había caminado más de 1 hora en el bosque aparentemente sin ningún rumbo. Mientras que Dipper solo estaba caminando y pasando las páginas del diario 3.

— Dipper. ¿Cuánto tiempo más vamos a caminar? — Hablaba Pacifica con cansancio y molestia en su voz.

— Bueno, depende de qué.

— Depende de qué. — Contestaba Pacifica con enojo, pero Dipper no se daba cuenta de lo que decía y contestaba con cierta inocencia.

— De cuál sería la mejor aventura.

— Entre cual estamos. — Deja de hablar molesta y volviendo a su tono normal mientras se acercaba a Dipper

— Pienso que los gigantes, la montaña cantante o el Chupacabras.

— Puedo ver el libro.

Dipper le entregaba el diario, Cuando lo tomó Pacifica cambiaba las hojas con interés en cada página. Volteaba las hojas y deteniéndose en una página.

— Ya elegiste algo, Pacifica.

— Creo que sí, vamos por aquí. — Señalaba Pacifica la parte de alteración de altura.

— Bien entonces vamos para allá.

Se dirigieron dónde estaban los cristales, caminando en todo el bosque. Y Dipper pensando que haría con Pacifica después. Ya que ella de seguro no quería regresar a su casa en un tiempo.

— Dipper, mira. — Esa pregunta sacó a Dipper de sus pensamientos.

— Que, ya llegamos. — Lo decía con sorpresa.

— Sequía tus indicaciones y no me llevo a nada.

Pacifica caminaba junto con Dipper, aprendiendo a leer el mapa que tenía el diario, haciendo que Pacifica no viera una raíz cerca de una pendiente. Rodaba sin control y lo único que ella podía hacer era cubrirse la cabeza, cuando paró de caer Pacifica se quedó anonadada por ver ese lugar.

Un lugar donde parecía que había entrado a un cuento de hadas, unos cristales que brotaba de la tierra iluminado por el sol haciendo que dos tipos de luces salieran de ellos en diferentes direcciones, uno de color azul y el otro de color morado, a sus alrededores estaban tres osos que medía 20 cm. Una lechuza de tamaño normal que volaba a lado de su cabeza, dirigiéndose hacia el rayo morado reduciéndolo a la estatura de 5 cm. Se dirigía hacia el rayo azul, pero una libélula hizo que cambiara de rumbo haciendo que la libélula entrara al rayo azul y creciendo 2.30m y después alejándose de los cristales.

— ¡Pacifica! ¡Estás bien! — Lo decía Dipper bajando de la pendiente.

— Sí, estoy bien, es simplemente e…extraordinario. — Lo decía con alegría y asombro mientras se deleitaba con la vista.

Pacifica y Dipper miraron por un momento los cristales. Hasta que escucharon un gran rugido. Dipper y Pacifica se dieron la vuelta y diciendo a Pacifica que corriera y dando un pequeño tropiezo poniendo su mano izquierda en el suelo y la derecha utilizando como apoyo en su rodilla, mientras tomaba un cristal que se encontraba cerca de su mano y volviendo a ponerse de pie con ayuda de Dipper. Cuando Pacifica seguía el paso de Dipper metía el cristal dentro de su pantalón y hablando con la mayor claridad que ella podía mientras corrían.

— Dipper. Que pasa, porque o de que corremos.

— Es un Gremloblin.

— ¿Un qué? — Lo decía Pacifica con miedo, aunque no sabiendo que era sentía que era muy malo, ya que aprendió de que si Dipper tenía miedo es porque es algo muy malo.

— Solo te diré que es una criatura peligrosa, y me odia por un incidente.

Se escuchó un rugido seguido del ruido de un objeto pesado cayendo al suelo a lo lejos junto con el ruido de un árbol cayendo cerca de ellos. Dipper y Pacifica se dirigieron corriendo más adentro del bosque, corría dirigiéndose hacia donde estaba un lago donde Dipper sabía que se encontraba.

Pacifica se quejaba por pasar por los arbustos, llenándola de ramas y hojas, pero cuando escucharon el rugido más cerca de ellos dejó de quejarse y siguiendo a Dipper. Pararon de correr cuando llegaron a un pequeño barranco que medía 10 m, abajo del barranco estaba el lago. Pacifica se negaba a saltar y Dipper la jalaba para que saltará y cayera en el lago, escuchó el rugido junto con el ruido de algo que caía cerca de ellos, formando una nube de tierra, cuando la nube de tierra desaparecía. Los ojos de Pacifica se abrieron por ver esa criatura.

Una criatura de tres metros de altura y de tres de largo, una piel verde negro que parecía la piel de un reptil, pero con hongos saliendo en los hombros. Unos ojos totalmente rojos y con un brillo aterrador, una nariz como de un simio, unos colmillos parecido a de un gran jabalí, pero en toda su boca y un par de alas negras como de un murciélago.

— ¡Pacifica! ¡Vamos! — Decía Dipper jalando a Pacifica hacia el barranco.

— Pero… Qué es es…eso. — Lo decía pausada y con miedo. Viéndolo como se acercaba con pasos fuerte y lento.

— ¡Solo ven! — Contestaba Dipper con temor mientras veía que el Gremnomo empezaba a correr y extendiendo sus alas.

— Pero. Cómo es posible. — Dipper jalo a Pacifica hacia el lago, mientras que el Gremloblin pasaba volando sobre de ellos.

Mientras caía vieron volar al Gremloblin en donde estaban. Habían caído 5m y el Gremloblin se acercaba hacia ellos. Pacifica estaba cayendo antes que Dipper, observaba cómo el Gremloblin se acercaba rápidamente hacia Dipper.

Cuando ella vio eso empezó a tener miedo de que le hiciera daño a Dipper, estiraba la mano lo más rápido que podía, pero viendo que apena se movía hacia donde ella quería, para poder agarrar el pie de Dipper y alejarlo. Mientras que el Gremloblim se acercaba rápidamente estirando sus garras. Ambos se acercaban cada vez más a Dipper, pero cuando Pacifica pudo sujetarlo de su pierna alejándolo del Gremloblim chocando en el lago, haciendo que se separarán los dos niños y del monstruo.

Después de poco tiempo salió el Gremloblin del agua y volando lejos del lago, volviendo al interior del bosque. Se veían unas pequeñas burbujas saliendo del agua. Saliendo Pacifica buscando aire, respiraba agitadamente y buscando con la mirada a Dipper, pero no lo veía. Al darse cuenta de que no había salido se volvía a sumergir para buscarlo. Después de un rato, Pacifica sacaba a Dipper del fondo, llevándolo a la orilla. Al llegar vio que Dipper estaba inconsciente.

Pacifica puso a Dipper en la tierra y empezó a preocuparse ya que no respiraba, ella intentaba recordar qué hacer en estos casos. En el pánico empezaba a presionar en la boca del estómago con ambas manos y dando respiración boca a boca, seguía de nuevo con lo que había hecho unas cinco veces más. Hasta que Dipper escupió el agua que tenía en los pulmones.

— ¿Pa…Pacifica que paso? — Lo decía con confusión y con una voz débil.

— Dipper. — Lo decía Pacifica con un rostro de felicidad y cambiando enseguida a uno de molestia y dándole una bofetada.

— ¿Porque lo hiciste? — Se sentaba dipper con enojo y confusión.

— Por… no importa. — Cuando terminó de hablar se dio la vuelta evitando mirarlo.

Se quedaron callados por un momento hasta que Dipper decidió volver a hablar.

— Creo que es hora de irnos. — Lo decía con incomodidad. Mientras se ponía de pie.

— Bien. — Hablaba Pacifica sin mirarlo aún y poniéndose de pie.

— Pacifica… que harás ahora. Me refiero a tu familia.

Pacifica se quedaba callada viendo al suelo

— No lose. — Lo decía con una voz triste.

— Pacifica, porque no vienes a la cabaña del misterio... al menos por un tiempo mientras pensamos en algo mejor. — Lo decía Dipper con nerviosismo.

— Creo que es el mejor plan, al menos por ahora. — Lo decía con felicidad. — Ya vámonos que tengo frío. — Empezaba a caminar mientras que Dipper se quedaba de pie.

— Sí, vámonos. — Caminaba rápido hasta que llegó al lado de Pacifica y caminando a la cabaña del misterio.

Dipper y Pacifica caminaron por un tiempo sin decir nada, y cuando llegaron a la cabaña del misterio y en ese tiempo su ropa ya se había secado por completo. Cuando llegaron cerca de la cabaña del misterio veía que se encontraba el tío Stan junto con una multitud de turistas, diciendo de todas las atracciones que se encontraba dentro de la cabaña.

— ¿Eso es raro? — Hablaba Pacifica con un tono serio y después a uno de sarcasmo — Mejor que vallan al bosque eso sí es raro. — Lo decía riéndose.

— Si claro, y que termine tan asustados como tú.

— Oye, no esperaba eso. — Contestaba Pacifica mientras le golpeaba el hombro de Dipper. — Bien, creo que tenemos que esperar a que se valla todos para estar seguro.

— ¿Seguro de que?

— De que tus padres no hayan enviado a nadie más a buscarte.

— Dipper cuanto tiempo falta.

— Media hora, por q…— No pudo terminar de hablar por el ruido del estómago de Pacifica.

— No me mires así, que tengo tiempo sin comer. — Lo decía Pacifica avergonzada de ella junto con un rubor en su rostro.

— Ten Pacifica, creo que bastara por el momento. — Dipper rebuscaba en su bolsillo de su chaleco y sacaba una barra de cereal.

Mientras Pacifica comía la barra de cereal, empezaba a preguntar más del diario. Dipper le contestaba que era un libro con los misterios de Gravity Falls. Ella preguntaba que si esa cosa era la peor de las criaturas. Dipper contestaba que no hay una criatura que él no ha podido ver y otras que no ha podido vencer solo podía contenerla. Pacifica le preguntaba con curiosidad y miedo.

— ¿Cómo se llama? Dipper.

Dipper pensó por un momento si era buena idea decirlo.

— Se llama Bill Cipher. — Se escuchaba a lo lejos una voz gritando, el nombre de Dipper. Dipper abrió los ojos por saber que venía Mabel.

— Que haces… ¡Pacifica!

Dipper tapada la boca de su gemela.

— Mabel es una larga historia, pero te contaré después, está bien. — Lo decía Dipper con pánico intentando que su hermana no gritara más.

Mabel solo movió la cabeza arriba abajo.

— Y bien cuál es el plan. — Lo decía Pacifica, ya mando la atención de los gemelos.

— Nos aseguraremos de que no haya nadie en la cabaña. Y esperemos lo mejor con Stan. — Lo decía con desánimos Dipper.

— Y donde dormirá Pacifica. — Lo decía Mabel con curiosidad.

— Hablaremos eso después ¿Ok?

Cuando la cabaña del misterio cerró Dipper y Mabel fueron a ver que todo salieron. Cuando se dio cuenta que nadie estuviera adentro incluyendo a Soos y Wendy llevaron a Pacifica a la cabaña.

— Niños cual es la sorpresa. — Lo decía Stan en la cocina.

— Bien pero no te exaltes. — Lo decía Mabel asomando la cabeza en la cocina.

— Como digas, solo muéstrame lo. —Lo decía escéptico.

— Solo, cierra los ojos. — Cerraba los ojos Stan.

— Bien, ábrelos. — Lo decía Dipper mientras que Stan abría los ojos.

— ¿Que hace ella aquí? — Un rostro de sorpresa y con un tono alto.

— Stan, solo tranquilízate. — Lo decía Dipper subiendo y bajando sus manos.

— Sabes esto tomará más que un tiempo, yo… mejor me voy a la cama después me cuenta la historia. — Se marcha de la habitación Stan con un rostro de cansancio.

— Bien, creo que lo tomó mejor de lo que pensaba. — Dipper lo decía con un rostro sin expresión.

— Dipper donde dormirá Pacifica. — Lo decía su hermana sacándolo de su pensamiento.

— No te gustara la respuesta. — El rostro de Pacifica mostraba nerviosismo.

— Espera donde se supone que voy a dormir. — Hablaba rápidamente, Pacifica.

— Tranquila Pacifica, tu dormirás en nuestro cuarto. — Hablaba con un tono tranquilo.

— Pacifica dormirá conmigo, será una pijamada. — Brincaba de alegría.

— Mabel, no dormirá en tu cama.

— Entonces donde en el piso o e… — Mostraba una sonrisa traviesa. — Dipper, busca un nuevo amor. — Lo decía mientras se reía.

— ¡Que, prefiero dormir en el sue…! — Lo decía Pacifica con miedo e ira.

— Tranquila, yo dormiré en el cuarto de descanso. — Interrumpió a Pacifica por miedo a recibir otra bofetada.

— Pero aun así Pacifica estará conmigo. — Mabel abrazaba a Pacifica mientras que ella tenía un rostro de incomodidad.

Unas horas después de que todo fueran a dormir, sonaba una pequeña alarma despertando a Pacifica. Despertó Lo más rápido que podía, apago el reloj que tenía en su muñeca, al apagar la alarma Pacifica miraba a la otra cama con miedo. Mabel se movió un poco, poniéndola nerviosa de que despertara, pero vio que volvía a dormir.

Salió de la cama con la pijama de Mabel, tomaba su mochila y saliendo del cuarto al bajar las escaleras intentando no hacer ningún ruido, pasando por la sala dirigiéndose a la salida de la cabaña, y deteniéndose cuando escucho el sonido de unos pitido lo que hizo que Pacifica entrará en pánico y apoyándose en la pared. Cuando se escuchó el sonido de una puerta cerrarse, caminaba despacio a la puerta mirando de un lugar a otro buscando de dónde venía el sonido, pero sin encontrar nada, decidió olvidarlo dirigiéndose a la puerta y abriéndola, dio una mirada hacia atrás esperando no encontrar a nadie que la siguiera.

Cuando Pacifica bajo la mochila sacaba una chamarra larga negra, y sacando una linterna junto con el cristal que cambiaba de tamaño, metiéndolos ambos en su chamara. Cuando terminó de guardarlo volvió a ponerse su mochila en la espalda y empezando a caminar en el camino del bosque y diciendo en voz alta.

— Es hora de hacer mi nueva vida.