Recuerdos

Pacifica caminaba en las solitarias calles del pueblo maldiciéndose a sí misma por dejarse llevar y no haberlo pensado mejor; pensaba que sería mejor tomar un taxi, pero aun así no podía correr ese riesgo, así que decidió caminar a un que era pesado.

Al llegar lo único que tenía que temer era de los sirvientes de sus padres, ya que ellos no se encontraban en la mansión, porque ellos tenían que ir a una fiesta para afirmar que ellos no dependían del pueblo. Al llegar a la mansión, Pacifica se encontraba exhausta, sentándose en una piedra antes de salir del bosque. Sacó una peluca color rojo de cabello corto, su linterna y una cuerda. Saco el cristal del bolsillo de su chamarra. Uniendo el cristal con la linterna. Antes de acercarse a la mansión decidió probar con la piedra en donde se había sentado. Apuntando a la piedra y encendió la linterna, salió un rayo azul agrandándola y doblando un par de árboles que estaban cerca. Pacifica se sorprendió y lo apago inmediatamente la linterna. Haciendo que se cayera y rodará en el suelo al agarrar la linterna sacudía la tierra que tenía cubriéndola.

Cuando vio lo que pasó ella solo pensaba que había tomado un cristal que agrandaba, pensaba en como poder entrar a la mansión, su primera idea era poner una piedra pequeña cerca del muro y hacerla crecer para poder brincar, pero pensó que si no lo hacía bien, lo haría crecer demasiado pudiendo romper el muro y sería peor. Su segundo pensamiento le pasó por la mente pero también fue descartado rápidamente ya que era hacerse crecer y entrar a la mansión, además de que sería imprudente, ya que no sabía cómo encogerse para esconderse de nuevo de sus padres o de quién la busque. Dio un suspiro y prefirió la manera menos arriesgada.

Saco su celular con la batería separada de los bolsillos internos de su chamara, abrió su celular pensando por un momento si esto era buena idea, pero siguiendo con su idea. Conecto la batería al celular, encendiéndolo, entraba a una aplicación y tecleaba unos números. Después de presionar en botón de "Enter" La puerta se abrió dejando entrar a Pacifica, cuando paso la puerta tecleo el mismo número haciendo cerrar la puerta, rápidamente abrió su celular de la parte trasera y sacó la batería, aguardándolo en el bolsillo de su chamarra de donde lo saco.

Escuchaba el ruido de unas personas acercándose, seguido de unos haces de luces. Pacifica se escondió en unos de los lados izquierdo cerca del arbusto en forma de "N". Mientras unos guardias llegaban a la puerta con sus linternas.

— Ves algo. — Lo decía un guardia con sombrero, viendo la entrada de la mansión.

— No, crees que sea otro fanático. — Lo decía el guardia con barba, meneaba su linterna al muro y después al jardín.

— No lo creo, si fueran un fanático sabrían que los señores se acaban de ir. — Respondió el del sombrero.

— Entonces crees que es un ladrón. — Respondió con sobresalto e intentando no gritar.

— Sí, tú ve al lado izquierdo. Yo iré al lado derecho y le hablaré a todos los demás que estén atentos. — Sacaba un radio transmisor y caminaba hacia el lado derecho de la mansión.

Pacifica veía como caminaba el guardia hacia su lado, empezó a caminar dirigiéndose hacia una de las ventanas del primer piso. El guardia le daba la vuelta al arbusto y caminando hacia la mansión, Pacifica cuando vio que se dirigía hacia ella decidió escalar el pino lo más rápido que podía, pero evitando hacer ruido. El guardia llegó enfrente de la mansión, viendo de un lado a otro con su linterna, sacaba su radio y presionando un botón.

— No veo nada en los alrededores de la mansión.

— No hay nada aquí tampoco. — Contestaba una voz en el radio.

— ¿Y los de adentro?

— Aún no han terminado de revisar.

— Está bien, yo seguiré buscando.

Pacifica entró empujando una de las ventanas, abriendo uno de sus lados. Y terminado en el segundo piso. Sacaba otra linterna de tamaño de un lápiz e iluminando el pasillo, caminaba por los pasillos de la mansión dirigiéndose a donde estaba las escaleras principales. Cuando llegó a las escaleras y subió al segundo piso. Y caminando la tercera puerta a la derecha, donde se encontraba la habitación de Pacifica.

Abría la puerta de su habitación con miedo y de forma pausada al ver que está abierta, mientras recordaba la última vez que entró. Encendía la luz de su habitación utilizando el interruptor que se encontraba lado de su tocador, al ver que no había nadie buscaba el su closet lo que se podía llevar sin que le pesará tanto, tomaba unos cuantos pantalones y playeras poniéndolo en su cama, haciendo que la linterna con el cristal cayera y rodará, terminando en frente del tocador. Cuando fue por la linterna, empezó a escuchar algunos pasos afuera, Pacifica después de agarrar la linterna apago las luces de su cuarto escuchando con uno de seguridad revisaba los pasillos e intentando abrir algunas puertas al azar. Cuando llegó enfrente de su cuarto solo se pegaba más a la pared y conteniendo su aliento. Cuando vio que seguía su camino sin intentar abrir su cuarto solo saco aire que tenía conteniendo y esperando que ya no escuchara el sonido de sus zapatos.

— En que tiempo llegan. — Decía un guardia caminado por el pasillo.

— Como en 10 minutos, asegúrese de que no allá nadie en la mansión. — Lo decía alguien en el radio.

— Entendido.

Pacifica volvió a ponerse nerviosa por no saber si sus padres vendrían antes de lo que esperaba. Pacifica tropezó haciendo que encendiera la linterna con el cristal iluminando un libro reduciéndolo cinco veces su tamaño. Apagaba la linterna lo más rápido que podía, se acercaba a su mesa de noche para encender una lámpara y se dio cuenta que, había reducido el libro, se preguntaba como lo hizo. Ya que pensaba que solo lo hacía crecer el cristal que había tomado, al verlo más de cerca se dio cuenta que el cristal se había movido; ya que la cuerda se encontraba enroscada en sí misma. Lo movió del otro lado e iluminó el libro haciéndolo crecer a su tamaño normal. Pacifica daba una gran sonrisa por saber que podía llevarse todas sus cosas que quería. Aguardo parte de su ropa cómoda junto con pelucas de color distinto.

Cuando terminó de encoger todas sus cosas vio por la ventana que alguien entraba a la mansión, salió del cuarto y se dirigió a las escaleras para bajar antes de que alguien subiera. Pero antes escuchó el ruido de una puerta seguido de pasos dirigiéndose a la escalera, Pacifica entraba a la puerta más cercana sin darse cuenta de cual era, escuchaba unos pasos que venía por el pasillo en donde estaba escuchando las voces de sus padres.

— Creo que pudo haber salido mejor.

— Sí, lo bueno es que ya arreglamos el pequeño incidente.

— Te importa si vamos mañana, me encuentro muy cansada.

— Si, está bien. De todo modo no estoy de humor.

Cuando Pacifica dejó de escuchar a sus padres subía el cristal de la lámpara; para poder iluminar sin hacer crecer las cosas, recordando que este lugar fue donde entrenaba esgrima. En el lado derecho pegado a la pared se encontraba un aparador donde estaba distintos trofeos con su nombre grabado. Caminaba a donde estaba el aparador recordando que cuando competía era feliz. Al recordar cómo se sentía en las competencias, haciendo que sonriera sin que se diera cuenta y cambiando su felicidad, y entristeciéndose cuando vio un trofeo con una foto de ella y abajo su equipo; que solo era la máscara y su espada. En la foto estaba Pacifica sonriendo, alzando su brazo al aire junto con su espada de esgrima y utilizando como apoyo su pierna izquierda sobre su máscara; casi como su tatarabuelo Nathaliel.

Pacifica al darse cuenta de que estaba llorando se secó las lagrima dirigiéndose a la puerta, pensó en como poder salir, Primero pensó en cómo podía Salir puso de nuevo el cristal y reducido unas 3 mancuernas a tamaño de nueces. Y después abrió la puerta lo suficiente para poder ver, vio que sus padres no estaban ni ningún personal de seguridad. Caminaba por los pasillos tan solo escuchando sus propios pasos.

Pacifica se dirigía a la puerta principal con más calma y dejando de sujetar tan fuerte su linterna.

— ¡Suene la alarma! ¡Hay alguien en la mansión! — Lo decía un guardia hablando por su radio. Mientras Pacifica lo miraba que se encontraba en las escaleras principales.

Pacifica abrió la puerta lo más rápido que podía y saliendo, corriendo, seguida por el guardia.

— El sospechoso salió de la mansión está en el jardín. — Volvía a hablar el guardia mientras oprimía el botón del radio y la seguía.

— Estamos asegurando la puerta. — Contestaba otro guardia por el radio.

Pacifica salía corriendo hacia la puerta viendo cómo se aseguraba la puerta con unas barras de metal automáticamente, volteaba la cabeza viendo que el guardia que la perseguía casi la alcanzaba. No se detuvo solo saco la linterna poniendo otra vez el cristal y girándolo, sacó una mancuerna, lanzó la primera mancuerna y apuntaba con la lámpara, no pudo agrandarla tan solo choco contra la puerta. Lanzó la segunda mancuerna y logró agrandarlo lo suficiente, golpeando la puerta, pero solo logró abrir un agujero del tamaño de su linterna. Pacifica llegó a la puerta deteniéndose, utilizando la puerta como apoyo para no golpearse. Solo podía ver como se acercaba el guardia, giró el cristal e iluminando al guardia.

Reduciéndolo al tamaño de una ardilla, cuando el guardia se dio cuenta de su tamaño salió corriendo al lado contrario de Pacifica. Con más calma sacó la última mancuerna colocándolo en la grieta y moviendo el cristal para iluminarlo. Encendió la linterna haciéndolo crecer y abriendo la puerta por la mitad rompiendo las barras de metal, escuchaba como se acercaba los demás guardias. Al ver que venía un gran numero salió corriendo lo más rápido que podía por el camino de tierra seguida por los guardias, Al ver que la seguía, arrancó el lazo que sostenía el cristal con la linterna y salió del camino dirigiéndose al bosque.