Respuesta

En el bosque de Gravity Fall solo se podía escuchar el ruido de los insectos callados por el ruido de los pasos y respiraciones agitadas de una persecución. Pacifica era perseguida por los guardias de la mansión por las orillas del bosque.

— Rápido, se escapa. — Decía un guardia iluminando a Pacifica mientras corría.

— Pedimos refuerzos. — Lo decía un guardia detrás de él.

— Hazlo. — Respondió el primer guardia.

El segundo guardia sacó un radio sin parar de correr, oprimía el botón mientras pedía refuerzo, pero nadie contestaba. Pacifica llegó a una parte donde la hierba era alta suficiente paro no poder verla y solo la luz de la linterna se notaba.

Ella recordaba que estaba cerca del pueblo. Corrió lo más rápido que podía haciendo que no se fijara en una piedra, lo que hizo que la linterna saliera volando frente a ella, mientras que ella rodaba una pendiente a su izquierda, quedando detrás de unos arbustos

— ¿Dónde está? — Decía el primer guardia.

— Creo que entro más al bosque. — Decía el segundo guardia.

— Bien... Dejémoslo así, vámonos. — Cuando terminó de hablar el primer guardia caminaba de regreso a la mansión.

— Yo iré por él. — Decía un guardia más joven.

— Haz lo que quieras, yo me iré. — No le puso atención.

Dos guardias junto con el más joven decidieron quedarse y entrar más al bosque. Mientras que Pacifica recuperaba el conocimiento, levantaba la cabeza escuchando voces arriba de ella por lo cual no se levantó. Con cuidado se dirigió a un árbol, cuando ella utilizaba como apoyo el árbol, mientras que los guardias bajaban por la pendiente y sacudiendo el polvo.

— Hey, ¿porque lo haces? — Preguntaba el más viejo de los tres.

— No lose, me sentía incómodo. — Contestaba el más joven.

— Par de tontos cállense, Dom de todos modos te vas a volver a ensuciar y tu Omar apaga tu linterna. — Lo decía señalando a cada uno.

— Ok, Ok. John solo cálmate. — Lo decía Dom mientras subía y bajaba sus manos.

Pacifica se alejaba de ellos sin hacer ruido. Después de 10 metros de distancia los guardias empezaron a detrás de ella.

— Omar. — Preguntaba Dom.

— Shhh, ¿Qué quieres? — Lo decía susurrando Omar.

— Por qué nadie quería entrar más al bosque. — Siguiendo a Omar.

— Chico, ¿Cuánto tiempo llevas? — Preguntaba Omar.

— Solo. Unos días. — Los decía Dom con nerviosismo.

— Eso lo explica, hay rumores entre los guardias de criaturas tan alta como un oso e igual de fuertes. — Omar dejo de escuchar ruido atrás.

Omar se dio la vuelta, sin encontró a Dom de tras de él. Llamo a John mientras sacaba una pistola.

— Que pasa Omar. — Lo decía John acercándose a Omar

— No lo sé... un puma. sea lo que sea saca las armas. — Omar hablaba con nerviosismo y encendiendo la linterna.

Pacifica vio como a Dom se lo llevaba una criatura de tamaño de un lobo pero sin una cola. Caminaba hacia atrás, cuando no vio a nadie atrás empezó a correr en el momento se escuchó unos disparos, Pacifica se detuvo solo escuchando unos gritos que parecía una conversación alterada.

Pacifica decidió no esperar más, salió de ese lugar lo más rápido posible, se detuvo antes de salir del bosque reviso que tuviera todas sus cosa y aguardo la peluca que tenía puesta. Entraba lo más despacio que podía sin que nadie se diera cuenta adonde ella se había ido, reviso su reloj eran 3:20, subió al ático para poder dormir el tiempo que le quedaba. Entrando en la habitación viendo a Mabel durmiendo, abrazando a su cerdo. Pacifica se dirigió a su cama escondiendo su mochila debajo de la cama y acomodándose para solo esperar que el amanecer no llegará pronto.

Las horas pasaron y Pacifica dormía plácidamente, soñando que los gemelos y ella regresaba de una aventura, los tres chicos llegaron a la cabaña del misterio. Pacifica fue la primera en llegar, abrió la puerta de la cabaña. Ella se sorprendió que ya se encontraba en su antigua vivienda; en la mansión noroeste.

En ese pasillo de la mansión iluminada con solo unas velas en la pared iluminando, Pacifica vio que en el final del pasillo una persona vestida de un traje negro entró a la pintura que rompió en la fiesta de la mansión. Pacifica caminaba hacia la pintura empezando a escuchar voces, pero no sabía de quién era y apenas entendibles.

— Ten esto. — Escucho una voz distorsionado y con eco.

— Un collar? — Escuchaba una voz de hombre.

— Sí, no es lindo. — La voz con eco lo decía con felicidad.

— Por qué tengo que utilizar esto.

— Es para que utiliza tu cuerpo cuando quiera y tu garantía. — Dijo la voz con eco.

Pacifica decidió entrar en ese lugar para ver quien eran los que hablaban. Al entrar por la parte rota de la pintura, término en otro lugar. Se encontraba confundida ya que ella no se encontraba en el cuarto secreto, si no se encontraba en un cuarto que no solía entrar; era el estudio, donde su padre hablaba con la persona importante.

En ese lugar tenía algunas diferencias notables, no tenía el teléfono en el escritorio, a cambio de eso se encontraba un tintero, a lado una pluma fuente y el olor a madera de pino con tabaco inundaba la habitación. En ese momento la puerta se abrió, entrando un familiar de Pacifica que apenas conocía.

Se sorprendió ya que el hombre que había entrado era su abuelo, Teo. El abuelo de Pacifica solo caminaba hasta su escritorio sacando unas velas y tiza. En el medio del estudio dibujo 2 círculo un en medio de la habitación y el otro rodeando el primero, puso las velas en forma de un cuadrado en el segundo círculo en cada esquina. Al encender las velas, salía de los círculos y comenzando a hablar en un idioma que no conocía. Los ojos de Teo cambiaron de color a azul, rojo, verde y terminando en color amarillo. En los circulo más pequeño se iluminó de color blanco y empezó a salir una criatura con una figura de triángulo de color negro, mostrando de momento una sonrisa de un lado a otro y ocultándose en la oscuridad de su cuerpo. Abría su único ojo de color negro con la pupila pareciendo de un gato, después haciendo una explosión de energía que hizo que las velas cambiarán a azul neón y cyan. Mientras que su color negro se cambiaba a un color dorado.

— Valla, el nuevo mundo. — Hablaba Bill rodeando a Teo.

— Eres pirita. — Hablaba Teo con voz firme mientras lo rodeaba y sin perderlo de vista.

— Sí, pero es un sobrenombre, me llamó Bill Cipher.

— ¿Qué? Bueno, no importa. Quiero un hacer un trato contigo.

— Qué me darás a cambio. — Se ponía enfrente mirando con el único ojo que tenía.

— Sé quién eres... así que sé cómo liberarte también. — Contestaba Teo.

Al escuchar eso Bill entrecerró su ojo con felicidad haciendo su ojo como si fuera una sonrisa.

— Bien, tiene toda mi atención familiar de llama. Qué deseas.

— Quiero que escondas todos nuestros males con su consecuencia y que crees solo recuerdos buenos de nuestra familia.

— Bien, comenzare alterando su memoria de todos, pero cuando termine me tienes que liberar para poder borrar todo lo que tenga que ver con tu familia. A si que tenemos un trato. — Bill extendía la mano a Teo mientras se envolvía en una llama azul.

La habitación se encendió en llamas, cuando las llamas se apagaron se encontraba en la misma habitación, con el abuelo de Pacifica lucía más viejo junto con un teléfono antiguo.

Se movía la sombra de la lámpara que se encontraba, moldeándose a la forma de Bill y saliendo del muro mientras tomaba su color dorado y abriendo su ojo.

— Bien, hice que toda la persona olvidara todo lo malo de tu familia. — Hablaba Bill sacando su bastón de la nada y golpeando el escritorio.

— Bien. — Miraba Teo con unos ojos fríos.

— Ahora cumple tu parte. — Reclamaba Bill con voz fuerte.

— Bien, tomará algo de tiempo para que te libere. — Cuando Bill escuchó lo que tenía que decir Teo. El empezó a flotar a una pared y transformándose en una sombra mientras desaparecía gradualmente.

Pacifica dirigió su vista cuando Bill atravesaba el muro de donde salió, y cuando volteo la mirada vio a su abuelo en el suelo, sangrando por la boca y una herida en la frente. A su alrededor había un círculo que ocupaba la mitad de la habitación con símbolos ilegibles en todo el piso, sin tocar ningún mueble ni pared. Alguien tocaba la puerta del estudio.

— Papá está bien, Papá. — Se meneaba el picaporte de la puerta y abriéndola.

Un adolescente entró en la habitación, Pacifica se sorprendió ya que quien entró era su padre, Preston. Preston corrió hacia su padre.

— Hijo trae ayuda. — Lo decía Teo señalando la puerta.

— Pero Pa-

— ¡Solo hazlo! — Alzaba la voz mientras de oprimía más fuerte su pecho.

— ¡Ayuda! Mi padre está herido.

Pacifica salió de la habitación siguiendo a su padre gritando por ayuda, su padre entró en la habitación de su abuelo mientras que ella lo seguía, cuando entro a la habitación y vio a su abuelo en la cama vendado de la cabeza y del torso, escribía un libro de piel delgado con un lápiz de carbón. Preston entró a la habitación y era más grande que antes.

— Preston, ven un momento. — Estiraba su brazo manteniendo la palma de la mano abierta y acercándose a su cuerpo un par de veces.

— Que pasa padre. — Preston se dirigió hacia su padre.

— No sé cuánto tiempo me queda.

— No entiendo, a que te refieres tus heridas ya nos son graves.

— Preston, ten esto. — Agarro el diario dándoselo a Preston. — Desde ese día he visto muchas cosas por esa criatura, no es un dios, ni un demonio no se realmente que sea o si tenemos conocimiento de donde venga, pero por mi culpa abrí un portal donde hay cosas muy raras. — Tosía bruscamente mientras se oprimía el pecho. — Este diario tiene formas de evitar que el entre en nuestros sueños y que no puedan ver algunos lugares. Pero las otras criaturas pueden entrar a nuestro mundo. — Tosió bruscamente con sangre. — Hijo lo siento, por mi culpa intente tener todo y ahora Bill puede ver nuestro mundo. Hijo, no confíes en él ni en nadie… Busca la manera de destruirlo y cerrar el portal sino lo haces el entrará a nuestro mundo y créeme que si llega a hacerlo será el Apocalipsis.

(1) Cuando Preston entró con su padre la segunda vez tenía 19 años