Principio del fin
— Pacifica, Pacifica ¡Pacifica! — Gritaba Mabel y meneando a Pacifica.
— ¿Mabel? — Lo decía Pacifica soñolienta. Levantándose, utilizando de apoyo sus manos, para sentarse en la cama.
— Pacifica ¿estás bien? — Lo decía Mabel con un rostro de preocupación e incomodidad.
— Si estoy bien, ¿qué hora es? — Pacifica se acomodaba un mechón de su cabello sintiendo que estaba sudando.
— Son las 7 de la mañana, pero si quieres duerme un poco más. — Hablaba Mabel con una sonrisa en su rostro.
— Creo… creo que es hora de levantarnos. Vamos, Mabel. — Ella se levantaba de la cama.
Después de unos minutos Mabel y Pacifica se vistieron con su ropa y sin su peluca, se dirigía Pacifica a la cocina con Mabel.
— ¿Nadie se ha levantado? — Lo decía con confusión Pacifica.
— No, usualmente Dipper sigue durmiendo y sin mencionar a Stan.
— Qué te parece si preparamos algo para comer.
— No lose, la última vez que cocine los chicos se quejaron de que los brillos no se podían comer y sin hablar de que les eche mucha azúcar a las bebidas. — Se notaba un sonrojo en el rostro de Mabel.
— Creo que te fue mejor que a mí, termine quemando toda la comida. — Lo decía con una sonrisa vergonzosa. — ¿Por qué no cocinamos juntas? tal vez salga algo que se pueda comer. — Pacifica daba una sonrisa a Mabel.
— Tal vez funcione, vamos.
Pacifica y Mabel empezaron a sacar huevos, leche, miel y tocino.
— Qué podemos hacer con esto. — Preguntaba Pacifica.
— No sé. — Pensó por un momento. — Ya sé que te párese panqueque con tocino.
— Suena bien los panqueques y tocino.
— No y tocino es con tocino.
— Te refieres a que. — Decía señalando la harina y tocino.
Pacifica y Mabel cocinaron por un tiempo Pacifica vigilaba que Mabel no pusiera algo extraño a la comida como brillantina u otro tipo de comida y Mabel se encargaba de cocinar ya que Pacifica intento cocinar, pero quemó unos panqueques. Mientras Mabel sacaba los panqueques y el tocino mientras que Pacifica ponía la mesa.
— Pacifica, puedes venir. — Decía Mabel llamándola a la estufa.
— Que pasa Mabel. — Mabel le entregaba el sartén.
— Puedes agarrar esto por un momento. — Decía Mabel saliendo de la cocina.
Pacifica se quedó quieta confundida por ese momento con Mabel. Decidió ignorarlo y sacar el panqueque antes de que se quemara poniendo en el plato que estaba alado de la estufa y llevando el plato lleno de panqueques, dirigiéndose a la mesa.
— Me preguntaba. Quién estaba cocinando. — Decía Stan sentado en la mesa.
— Mira Stan, Pacifica nos preparó el desayuno. — Decía Mabel entrando a la cocina y guiñandole un ojo a Pacifica.
— Sí… pensé que sería una buena idea para agradecerle lo que hace por mí. — Hablaba al principio pausada pero luego hablaba normalmente.
— No sería una buena idea que Pacifica se quedará aquí y que nos ayudará. — Lo decía Mabel acercándose a Stan con una sonrisa.
— Muy bien… Mabel, no es que no quiera ayudarla es solo que yo pensé que solo era una noche que ella se quedaría aquí. — Hablaba Stan con incomodidad a Mabel.
— Pero tío.
— O niña, no lo hagas. — Mabel se quedó observando a Stan con unos ojos tristes.
— Por favor. — Decía Mabel en un tono suplicante y sin dejar de ver a Stan a los ojos.
— No. — Lo decía cortante Stan e intentando no hacer contacto visual.
— Tío Stan. Por favor.
— Bien, pero si hay problemas negaré todo y diré que no sabía nada.
Dipper entró a la cocina escuchando a están aceptando que se quedara Pacifica en la cabaña, comieron todos panqueques mientras que Mabel decía a Dipper que Pacifica había cocinado el desayuno.
Unas horas después Pacifica subió al desván, pero antes preguntaba a Mabel si tenía una linterna en la habitación, cuando la residió y se fue Mabel de la habitación, sacó su mochila debajo de la cama y después busco el cristal, que utilizo para hacer crecer una peluca castaña y utilizando la ropa que uso cuando Salió con Dipper. Bajaba del desván para ver si podía ayudar a alguien. Cuando llego a la trampa de turista, Pacifica se puso un poco nerviosa ya que temía que alguien la reconociera.
— Prima donde has estado. — Decía Dipper alzando su brazo para que la pudiera ver.
— Sí, lo siento es que mi cabello era un desastre. — Pacifica daba una sonrisa forzada mientras devolvía el saludo.
— Ven, ¿por qué no nos ayuda en la caja? — Lo llevaba a la caja.
— Solo tengo que hacer esto. — Decía cobrando a unas personas.
— Lo imaginé que sería mejor que estuvieras aquí, tengo que ir adentro por un momento. — Caminaba hacia el cuarto de descanso Dipper.
Pasaron media hora en la caja cobrando a los turistas y cuando no, viendo a Mabel como perseguía a cualquier chico de su edad y un poco mayor. Cuando entro Wendy a la cabaña llegó corriendo y deteniéndose enfrente de la caja registradora, mirando a Pacifica.
— Quien eres tu. — Decía señalando a Pacifica y con tono de confusión.
— Soy… soy la prima de Dipper y Mabel.
— Cool, pero cómo te llamas.
— Soy… — Pacifica se quedaba callada y pensando en un nombre.
— Vamos, no seas tímida. — Hablaba Wendy con una sonrisa.
— Hola Wendy. — Decía Mabel detrás de ella.
— Hola Mabel, estaba conociendo a tu prima, pero es muy tímida, verdad. — Decía en voz baja para que no escuchara Pacifica.
— Ella es Hilda Pines. — Lo decía Mabel mientras abrazaba a Pacifica.
— Hilda ¿porque no descansa? Antes de que Stan me descuente más. — Lo decía Wendy poniéndose en su lugar de trabaja mientras que Pacifica bajaba del asiento.
— Bien, después regresó. — Decía saliendo de la caja.
Pacifica salió de la cabaña viendo a Stan llamando la atención a los turistas y metiéndolos a la cabaña, Pacifica decidió seguir al grupo para saber por qué mucha gente entraba. Entró con los turistas, mientras que Stan les mostraba fotos de un caballo montando otro caballo, un pie grande y un antílope humanoide. Stan se detuvo a lado de una manta, Pacifica por curiosidad se acercaba para ver cuál era la atracción.
— Damas y caballeros, se sorprenderá y se asustarán con el chico lobo adolescente — Jalaba una cuerda que hizo que la cortina se corriera del centro a los extremos.
Los ojos de Pacifica se abrió por ver a Dipper con un pantalón lleno de pelo y además actuaba como su fuera una bestia, tenía unas cadenas en sus brazos que movía haciendo ruido que él intentaba rompe. Los turistas se asustaron por un momento y luego tomaron unas cuantas fotos y rieron. Stan caminaba así otra atracción con los turistas y cerraba la cortina donde estaba Dipper. Pero Pacifica se quedó aguantando la risa mientras todos los turistas se fueron a la tienda de recuerdo, caminaba hacia la cortina para ver a Dipper
— Pacifica, que haces aquí. — Decía Dipper con un sonrojo en las mejillas y tapándose parte de su pecho con sus brazos.
— Dipper… sí que te ves… encantador. — Pacifica se reía sin control, pero haciendo pausas y hablando pequeñas frases.
— No tuve opción. — Decía con un rostro molesto, pero a aun sonrojado.
— Se veía que disfrutabas la atención. — Hablaba mienta se secaba las lágrimas de risa.
— Creo que te hubiera dejado limpia los baños como quería Stan. — Lo decía con un tono burlón.
— Enserio. Pero que buen niño lobo. — Decía con una sonrisa. — Se merece un premio. — Pacifica se acercaba más a Dipper.
— Pac… — Hablaba con nervioso.
— Damas y caballeros, se sorprenderán y se asustarán. — Pacifica y Dipper se sorprendieron por la voz de Stan.
— Escóndete. — Lo decía mientras empujaba a Pacifica donde las cortinas no se abrían, mientras que volvía a su lugar.
— El chico lobo adolescente. — Abrió la cortina Stan y volviendo a repetir su actuación.
Pacifica se escondió en la cortina viendo como actuaba Dipper, después del show de Dipper y que los turistas fueron a comprar recuerdos. Pacifica caminaba hacia Dipper y hablándole en su forma normal.
— Creo que será mejor que me valla… antes de que se me olvide, hay dos cosas que tienes que recordar.
— Qué cosas.
— La primera, Soy su prima desde ahora.
— Y cuál es la segunda. — Pacifica se acercaba hacia Dipper.
— Desde ahora soy Hilda pines. — Daba un beso a Dipper en la boca. — Adiós.
Pacifica estuvo caminando por la cabaña. Encontrándose con Mabel en el pasillo, después de un saludo, Mabel le pidió a Pacifica que la acompañara. En la habitación de Mabel y de ella, solo pasaron jugando minigolf, cuando terminó el juego Pacifica había perdido, pero Mabel no quería celebrar a cambio de eso le hizo una pregunta a Pacifica
— Pacifica te molesta algo. — Preguntaba con voz baja.
— No, no no… es que realmente no sé, si soy bienvenida.
— De que hablas, si Dipper y yo te queremos aquí.
— Sí, lose pero…
— Pero que. — Lo decía Mabel con tristeza.
— Tal vez no sepas esto, pero mi familia y la tuya se ha odiado hasta donde yo lo recuerdo. No sé por qué.
— Tranquila, Seguro necesita tiempo para acostumbrarse, pero mientras te tengo un regalo.
Mabel le pidió que cerrara los ojos y que no los abriera, después de un momento Mabel le pidió a Pacifica que abriera sus ojos, en las manos de Mabel estaba un suéter, lo extendió que decía "Bienvenido" de color azul y común dibujo en la suerte de un pino del lado de la espalda
— Mabel. — Pacifica soltaba algunas lágrimas y dándole un abrazo a Mabel. — Gracias.
— De nada… bienvenida a la familia. — Lo decía correspondiendo el abrazo de Pacifica. — Hilda.
— Niñas es hora de cenar. — Lo decía Stan desde la cocina.
— Creo que tenemos que irnos ya, prima. — Decía sonriendo Pacifica y esperando a Mabel en el umbral de la puerta.
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Horas después, en la mansión noroeste John entró en el estudio en donde se encontraba Preston
— John, que fue lo que nos robaron y quien. — Decía Preston con un tono severo mientras miraba a John.
— Lo único que se llevaron fueron varias cosas de su hija y lo único que destruyó es una ventana, la puerta y una pintura del vestíbulo.
— Cual pintura. — Decía contestando rápidamente pero firme, sin prestar atención a lo demás.
— La de un esqueleto vestido de rey.
— Aún no lo quitan verdad.
— No, pero nos encargamos de es- — Preston interrumpió a John dando un golpe al piso con su pie.
— ¡No! Yo lo aré. — Lo decía con ira. — No confió en ustedes que hagan bien el trabajo. — Decía con voz tranquila.
— De... acuerdo... señor. — Hablaba tartamudeando y sacando el radio.
— Escuche salga de la sala en una orden de Preston. — Hablaba John.
— Está bien, pero que hacemos con la pintura. — Contestaba una voz en el radio.
— Déjela. — Contestaba John.
— Entendido.
— Bien me retiro señor. — Lo decía John marchándose del estudio y entrando la señora noroeste
— Cierra la puerta, John. — Lo decía Priscilla sin mirar a John.
— Tenemos un problema. — Hablaba Preston cuando la puerta se cerró.
— Por qué, solo fue un ladrón. — Lo decía Priscilla como si no fuera nada.
— No es solo las cosas que faltan, sino que alguien entro al cuarto secreto. — Lo decía Preston.
— Sabes si aún está el collar.
— No lose, espero que sí, sino Bill está tramando algo.
Chapter 9: No es lo que párese
No es lo que parece
El día paso como el día anterior, Pacifica hablaba con Mabel en la mesa de la sala y Dipper leía otra vez el diario sujetándolo con sus manos. Mientras mordía una pluma.
— Que podría hacer hoy. — Decía Mabel preguntando a Pacifica.
— No sé, todos los miércoles son así de tranquilo. — Decía Pacifica.
— Qué te parece si vamos al pueblo. — Decía Mabel.
— Dipper bajo el libro colocándolo en su estómago y sacándose la pluma de la boca — Por mi está bien. — Decía Dipper levantándose.
— Oye, Mabel que vamos a decirle a Soos y a Wendy de nuestra prima. — Decía levantando sus manos y dedos del medio e índice, bajándolo y subiéndolo un par de veces.
— Creo que tiene razón, acaso alguien te pregunto. — Decía Pacifica con un tono de preocupación.
— Bueno si, pero fui salvado por Stan que me necesitaba.
— Qué te parece si decimos que estaba en las montañas buscando el conocimiento. — Decía Mabel alzando los brazos y poniéndose de pie.
— Creo que nadie creería esa historia. — Solo contesto Dipper. — Que te parece si decimos que se supone que vendría con nosotros, pero tuvo varicela y cuando se sintió mejor vino aquí. — Decía Dipper a Mabel.
— Me parece bien a mí. — Contesto Pacifica.
— Sigo creyendo que es mejor mi historia. — Decía Mabel.
— Tranquila Mabel, la próxima vez tomaré tu idea. — Decía Dipper.
— Bien pero ahora a la ciudad. — Decía Mabel señalando el cielo.
Después de un viaje en el carrito de golf Dipper Mabel y Pacifica llegaron al pueblo, mientras que Pacifica se resistía a poner un pie en un lugar público.
— Creo que mejor me quedo en el carrito. — Decía Pacifica mientras que Mabel la empujaba.
— Tranquila Hilda no pasara nada malo. — Decía parándola en frente del cine.
— Dipper, no se molestará su tío por irse. — Decía Pacifica como último intento de irse.
— Tranquila deje una nota. — Decía tranquilo y mientras pedía unos boletos.
En la cabaña de misterio Stan estaba leyendo la nota que le dejó Dipper.
— Creo que es mejor que ella esté fuera. — Pensaba Stan.
Stan empezó a poner unas cajas con un símbolo de interrogación, unos minutos después Stan termino de ordenar la última caja formando una pirámide. Salió del mostrador y cerrando la cabaña del misterio, al terminar entrando a su auto condujo saliendo del pueblo.
Condujo por una hora y parando en una ocasión dejando su auto en un estacionamiento y rentando un auto con una identificación falsa, saliendo de otro pueblo y terminando de llegando a la central nuclear de Trojan. Se detuvo en frente de una reja que decía prohibido el paso, Stan salió de su auto. Cuando salió se dirigió a la cajuela, abriéndolo y sacando un traje formal, se cambió de ropa revisando en bolsillo interno de su traje, sacando un estuche con ganzúas.
— Bien es hora.
Stan quito el freno de mano y empujándolo el auto hacía unos arbustos cercanos y arrancando unas ramas llenas de hojas para cubrirlo.
Caminaba hacia la reja de las instalaciones saltando y dirigiéndose a la entrada de la central nuclear. Sacó del bolsillo del pantalón una lámpara para guiarse del camino, caminaba por los pasillos revisando las habitaciones que solo podía abrir, algunas paredes se encontraba pintada con unos grafitis diciendo; "El planeta ganó." "La puerta del caos esta Cerradas" juntos con otros símbolos de anarquía o letras sin sentidos.
Cuando dirigió su linterna a una de las paredes que se encontraba al final del pasillo apareció una luz. lo que hizo que Stan entrara a una habitación, escondiéndose detrás de la puerta.
— Alguien está aquí. — Decía un guardia en el pasillo. — Salgan, sé que viene a ser vandalismo. — Entró a la puerta donde Stan estaba.
Stan se dirijo a lado opuesto de donde se abría la puerta viendo como el guardia entraba tranquilo iluminado el lado opuesto de donde se encontraba el, dio unos pasos adelante y dirigiéndose su linterna a donde Stan se encontraba.
— Pero que… — Stan tapo la boca del guardia y poniendo su brazo alrededor de su cuello apretando.
— Listo. — Decía después de que el guardia lo empujó al mismo contra la pared. —Hubiera sido más fácil, de nuevo al trabajo.
Stan movió el cuerpo del guardia, a lado contrario de la puerta en donde se abría. Antes de salir de la habitación escuchó en el radio del guardia
— Atención a todos los guardias vamos a transportar los últimos contenedores de material radiactivo, Alejandro y Omar serán los conductores. Recuerde llevar trajes anti radiación, cambio y fuera. — Stan al escucharlo buscaba una placa que tenía en el pecho. Revisaba el nombre del guardia esperando que tuviera suerte de que fuera uno de los dos que estaría en el camión.
— Mierda, pensé que era mi día de suerte. — Después de maldecir Stan agarraba el radio mientras cambiaba los canales de radio, esperando que alguien hablara. — Vamos, vamos. no puedo ser el único tonto que no sabe dónde ir.
— Y al final el tonto niño lloraba que no lo arrestara, ehh, que piensas Omar de esa historia.
— Son puras tontería, mejor ya me voy a los vestidores si no llego a tiempo el maldito de Horacio me romperá la cabeza.
— Como diga señor hago lo que me ordenan. — Después el radio solo se escuchaba solo estática.
Stan le quitó la chaqueta y la gorra al guardia poniéndosela, después empezó a buscar los vestidores.
— Bien, espero que tenga suerte. — Pensaba Stan, antes de abrir la puerta.
— Quien eres tu. — Decía el guardia que se encontraba sentado en la banca.
— Soy el guardia de la parte de la entrada.
— Si es lo que veo, pero dije quién eres. — Decía mientras se ponía de pie.
— Me llamo Abner, es que me perdí. Sabes dónde está la entrada amigo…
— Acaso eres un idiota, primero no soy tu amigo, me llamo Omar.
— Ok, pero ayúdame. — Stan caminaba hacia Omar y preparando para golpearlo.
— Crees que soy un tonto. — Decía sosteniendo el puño de Stan, Omar jalo a esta hacia él y después dándole un rodillazo en el estómago haciendo que Stan terminara en el suelo. — Conque eres Abner, tú no eres el. — Cuando terminó de hablar le daba una patada a Stan en la espalda y cuando se estaba levantando dio una patada más en el estómago. — ¡Quién eres! — Cuando terminó de hablar Omar lanzó otra patada, pero fue atrapada por Stan.
— Eso no te importa. — Seguido de un empujón a los casilleros a Omar quedando inconsciente. — Creo que no es mi día de suerte.
Stan se quitó la gorra y la chaqueta, agarró el cuerpo de Omar y abrió cada casillero, revisando donde estaba el traje anti radiación, cuando lo encontró el traje se puso la parte de abajo (que son los pantalón que cubre pecho y brazos excepto las mano). Rompió la chaqueta, amordazándolo, atándolo de manos y pies a Omar. colocándolo en el casillero con el resto de la chaqueta y la gorra. Después de cerrar el casillero se puso los guantes y la máscara que cubría su rostro solo dejando ver una silueta borrosa. Stan se dirigió a fuera donde estaba un grupo de guardia y otra persona con traje de anti radiación. Cuando llegó se dirigió a la puerta trasera del camión donde se encontraba Alejandro. Esperaron unos minutos cuando llegó otra persona igual con traje anti radiación y dando las órdenes.
— Alejandro y Omar suban adentro de la camioneta y el resto revisen que el camino esté despejado de personas, rápido esto tiene que llegarlo más rápido posible. — Alejandro y Stan se dirigieron a la puerta de la camioneta.
Después de unos minutos llegaron otras personas, todos con traje anti radiación pero empujando unas plancha de carga. Eran tres planchas con 2 contenedores cada una. Los tipos abrieron la puerta trasera de la camioneta y metiendo con ayuda de dos personas.
Después de terminar el jefe cerró la puerta de la y hablando con voz firme.
— Bien, es el último, ustedes diríjanse al depósito. — Los decía mientras señalando a Stan y Alejandro. — Los estará esperando otro guardia cuando lleguen. — Cuando termino dio un par de golpes a la camioneta.
Stan aceleró saliendo de la planta nuclear dirigiéndose hacia el norte, al poco rato Stan fingió que tenía una falla con la camioneta moviendo de momento la palanca de cambio mientras movía el volante.
— Omar pasa algo. — Preguntaba Alejandro.
— Sí, pasa algo con el auto. — Hablaba Stan mientras cambiaba la palanca de cambio a primera.
— Tal vez sea una llanta, solo déjame avisarle a los demás.
— No lo hagas, ya tengo problemas con él, mira Alejandro si no es la llanta, lo llamas. — Decía deteniendo la camioneta y poniendo el freno de mano. — Te parece buena idea.
— Solo 3 minutos y solo si tiene remedio rápido. — Decía tomando una pistola de la guantera y salía de la camioneta.
— Sabes dónde está el gato (gato hidráulico). — Decía sacando las llaves y abriendo la puerta
— Debe haber un compartimiento en tu puerta. — Decía mirando a lo lejos y cerrando la puerta
Stan sacaba el gato junto con una caja de herramienta de lugar que dijo Alejandro y se dirigió a la llanta delantera de su lugar, puso debajo el gato y utilizando la palanca subiendo y bajaba haciendo que la plataforma del gato subiera. Después sacó una llave de rueda en forma de cruz y utilizando para sacar la primera tuerca.
— Ya estás listo. — Decía Alejandro con voz alterada.
— Ni siquiera a pasado 2 minutos aquí. — Hablaba con esfuerzo Stan mientras aflojaba la tuerca.
Stan sacaba el resto de la tuerca dejando una, colocaba la llave en la última tuerca y girando hacia el lado opuesto de donde se aflojaba.
— Hey, tengo un problema. — Decía Stan sacando la llave.
— Ahora que pasa.
— No puedo aflojar la última tuerca.
— Maldita sea. — Alejandro se acercaba dónde estaba Stan y aguardando la pistola.
— Inténtalo sacar mientras yo te cubro decía Stan mientras sacaba una pistola del fondo de la caja de herramienta.
Mientras estaba aflojando la tuerca Alejandro, en el radio de la camioneta se escuchó una voz
— Alejandro con quien estas no es Omar, mátalo. — Hablaba con alteración y resaltando la última parte unos de los guardias.
Stan solo pudo dar la vuelta con el arma antes de que Alejandro lo golpeara con la llave en la mano, haciendo que soltar el arma a mitad del camino. Mientras Stan estaba sujetando su mano Alejandro aprovechó para darle un golpe en la espalda, soltando la llave al suelo y sacando la pistola con la mano derecha y poniendo a Stan en la parte de lado de la camioneta y apuntándolo con su arma.
— Esto acaba aquí. — Decía jalando el gatillo.
Cuando jalo el gatillo Stan agarró el arma y utilizando la camioneta como apoyo pateando la pierna haciendo que terminará arrodillado. Cuando Stan le quitó el arma a Alejandro le dio un golpe en la nuca dejándolo inconsciente. Stan agarró a Alejandro por los pies y llevándolo a los arbustos y dejándolo sin armas ni traje. Ponía de nuevo las tuercas que sacaba y metiendo todas las herramientas dentro y dirigiéndose a Gravity Fall.
