Deseo
En el bosque de Gravity Falls caminaba Dipper acompañado de su gemela y Soos, buscando el búnker del autor. Al llegar al árbol donde Dipper encontró su diario, sacaba de su chaleco su diario junto con una lámpara de luz negra, viendo un apunte del autor donde detallaba su búnker.
— Bien amigos, tenemos que buscar una palanca o un botón para abrir la compuerta. — Hablaba Dipper de forma tranquila.
Pasaron 5 minutos antes de que se dieran cuenta de que la forma de abrir la puerta era por una palanca que se escondía como si fuera una rama del árbol, cuando se dieron cuenta Mabel sacaba su garfio volador y disparando a la rama asiendo que se doblara y empezará a bajar el tronco y mostrando una escalera.
En el búnker observaba como todo estaba lleno de provisiones para barias décadas, cuando se dieron cuenta de la entrada escondida, quitaba la cinta y entrando por la escotilla. Atravesaba la habitación y evitando activar una trampa que tenía, haciendo que llegara a una sala llena de computadoras, movía todos los interruptores intentando encender la computadora, pero solo consiguiendo encender las luces del cuarto. Mientras buscaba una pista del autor solo encontraron lentes rotos junto a un portapapeles con las hojas rotas y solo entendiendo la palabra "experimento" dejaba todo a un lado mientras buscaban algo más.
— Hey, chicos. Miren esto.
Dipper tomaba una laptop que se encontraba en el suelo, la abría emocionado y leyendo en vos alta lo que tenía escrito en la parte superior.
— Propiedad de F, chicos saben lo que es esto es una nueva pista.
Amanecía en Gravity Falls, y solo una persona seguía despierta. Stanford seguía despierto después de lo que sucedió en la madrugada, llevaba consigo la fractura dimensional dentro de su gabardina. Se movía de un lugar a otro mientras sostenía su maletín, metiendo papeles y junto con unas armas medievales y revisando que aún tenía su arma de esa noche en su funda. Recordaba de momento y revisaba por última vez que aún tenía la fractura dimensional, viendo de nuevo la esfera que cambiaba de color de blanco a negro. Aguardándolo de inmediato.
Cuando caminaba al elevador empezó a sonar una alarma de su reloj de muñeca, movía Ford su muñeca dándose cuenta de que ya eran las 8:30 de la mañana y que Hilda pronto bajaría las escaleras.
— ¿Ya es hora del desayuno? — Miraba su maletín con indecisión. Dejaba en una esquina del elevador todo lo que lleva exceptuando la fractura dimensional.
Stanford salía del elevador y caminaba como si no hubiera pasado nada malo en la noche. Se dirigía a la cocina viendo a Hilda sentándose en la silla.
— Hola, Hilda.
— Hola, tío Stanford.
— Ya te dije que me llamara solo tío Ford, porque se te hace más fácil decirme en público Stan y no tío Stanley. — Revisaba en el refrigerador, sacando algunos huevos junto con algo de leche.
— Tal vez porque si te digo tío Stanford todos van a sospechar. — Miraba como Ford mezclaba todo lo que había sacado del refrigerador con harina de hot cake.
— Bueno pero este día vamos a cerrar temprano, ya que tengo que seguir con unas cosas en la que he estado trabajando
— Entonces seguirás abajo. Te puedo ayudar en algo.
— De hecho, planeaba que alejaras a cualquiera que venga a la cabaña. Y lo mantuvieras lejos de aquí para que no sospechen.
— Pero... —Pacifica miraba a Ford por un momento y volviendo a hablar. —Está bien.
Stanford empezaba a cocinaba la comida y sirviendo primero a Pacifica y después sirviéndose a el. Cuando terminaron de comer Pacifica subía a su habitación poniéndose la peluca castaña y asegurándose bien de que ningunos de sus cabellos saliera con varios pasadores, mientras Ford se ponía el traje del señor misterio junto con sus guantes blancos escondiendo a plena vista sus seis dedos y antes de que bajara Pacifica sacaba su maletín del elevador. Al terminar de ponerse sus disfraces bajaron a abrir la cabaña del misterio.
Pacifica se colocaba detrás de la máquina registradora mientras Ford se dirigía a la puerta para darles la bienvenida a los turistas.
— Tío Stanford, recuerda las tres reglas del señor misterio.
— Si lose. — Levantaba el dedo índice. — Ten paciencia con los clientes que no entiende las atracciones o tengan pregunta sin sentido. — Levantaba el dedo del medio. — No aburrirlos con palabras complejas y busca como estafarlo.
Abría Ford la puerta donde se encontraba los turistas y gritando con una felicidad que parecía auténtica y una explosión de humo.
— Bienvenidos a la cabaña del misterio, el lugar más misterioso que encontrarán. Pases y gaste todo lo que pueda, admiren la piedra que párese una cara.
Tomaba aliento antes de que comenzara a nombrar la siguiente atracción antes de que un turista lo interrumpiera. — Es una cara que párese a una piedra.
Dejará escapar un suspiró rápido Stanford y empezando a explicaba a otro turista la diferencia. Pero entre más intentaba otros se confundía, hasta que se le ocurrió contar sobre una maldición que puso una bruja en la roca. Que se trataba de que si alguien cuestionaba de alguna forma o interrumpía la presentación de la roca más de 4 veces fuera maldecido. Simplemente los turistas solo dejaron de hablar y siguiéndolo a dentro de la cabaña. Mientras Pacifica veía como Stanford por fin pudo controlar a los turistas, mientas sonreía una voz la hizo saltar del susto y cayendo al suelo. Levantaba la cabeza viendo que era Wendy.
— Hola, Wendy.
— Hey amiga, lo siento por eso.
— Tranquila estoy bien. — Se ponía de pie con ayuda de Wendy.
— Y hablado de estar bien, se encuentra bien Dipper. Falto a nuestra noche de películas.
Pacifica balbucea de que decirle y juntando con sus manos, hasta que llegó Ford de momento y gritando.
— ¡Que esperan! ¡Muévanse! ya viene los turistas. Hilda aumenta el precio de la mercancía y tú. — Señalaba a Wendy y hablándole con voz firme. — Ve a tu puesto.
Salía Stanford del cuarto donde estaban las chicas que volviendo con los turistas. Le marcaba el camino a la tienda de recuerdo con su bastón y diciendo.
— Vengan, tomen y paguen. Vendemos globos de nieve, replica de las atracciones y papeles con hechizos anti-maldición.
Entraba los turistas agarrando y viendo algunos suvenires que podían tomar o le interesaba más. Pacifica ayudaba a convencer algunos clientes indecisos. Asiendo que se lo llevará lo que tenía o llevándose las dos cosas que dudaba en llevarse. Mientras que Wendy cobraba lo más rápido que podía a todos los clientes que podía, pero no podía evitar que se juntara los clientes. Cuando llego otro autobús lleno, Stanford salió dándole la bienvenida, pero con la diferencia de contarle la maldición de la piedra antes de que alguien interrumpiera.
Cuando Wendy termino de cobrarle a la última persona y viendo que se fuera empezó hablar con Hilda con un tono de incomodidad.
— Oye, Hilda… no te parece Stan un tanto… diferente.
— Qué quieres decir.
— Parece… más listo. Y antes aguantaba a los turistas por más tiempo y no convencía tan rápido que se llevara todo lo que había. Enserio, acaban de pagar hasta un pedazo de madera con un rostro pintado, haciendo pasar como una máscara tribal.
— Creo que ha pasado mucho tiempo con Dipper.
— En realidad quería hablar de eso, algo le pasó a Dipper y Mabel. Digo, el falto a nuestra noche de película.
— Ellos están enfermos o algo.
— Ellos están bien, solo están enfermos y están descansando en el desván.
— Te importa si voy a verlo. — Salía Wendy del mostrador y caminando a las escaleras.
— Espera no creo que sea buena idea, ellos están durmiendo.
— Tranquila solo los quiero ver que estén bien y los dejare en paz.
Cuando llegaba a la puerta del desván Wendy agarraba la perilla de la puerta.
— ¡Chicas, donde están! — Se escuchaba la vos de Stan gritando abajo.
— Será mejor que nos vayamos a verlo. — Contestaba Pacifica y jalando a Wendy.
— ¡Bajen, ya! — Volvía a gritar Stanford.
Bajaron lo más rápido que podía y veía que la tienda se volvía a llenar de clientes. Sin decir nada fueron a sus lugares, hicieron la misma rutina unas tres veces más.
— Creo que fue suficiente por hoy. Por qué no te tomas el resto del día Wendy. — Sin decir nada más Stanford Salió de donde estaba Wendy y dirigiéndose a la cocina.
— ¿Que dijo, Stan?
— Creo que dijo algo sobre el trabajo.
— No quiero trabajar más. — Se ponía de pie con esfuerzo y empezando a caminar. — Mejor me voy. ¿Me cubres? Hilda.
— Sí, claro. — Cuando Wendy salió de la cabaña Pacifica abría los ojos. — Espera, Stan te dio que.
Cuando Pacifica tenía suficiente energía caminaba a donde estaba Stanford, lo veía vestido con su ropa normal y agarrando su maletín junto con una ballesta.
— Tío Stanford.
— Hola Hilda. Pensé que descansaría por el día agitado.
— Donde vas tío Stanford.
— Planeaba ir por unas cosas en el bosque, pero ocurre algo malo.
— Que planeas tío Stanford. Dale a Wendy el resto de día libre.
— Bueno, se me había olvidado ir por una clase de Hongos para un experimento.
— Debe tener más cuidado, tu hermano nunca hubiera dado un día libre o utilizado palabras intelectuales.
Después de un regaño de Pacifica, Ford salía de la cabaña y jalando su maletín, haciendo caer un pequeño papiro. Pero sin que ninguno de los dos se diera cuenta, haciendo que terminara debajo de una de las sillas del comedor.
Al estar sola, Pacifica subía al desván y sentándose en su cama. Y sacando dentro del tocador las copias del diario 3.
— Chicos. — Miraba en las hojas del diario y viendo los apuntes con la letra normal y apena notándose las anotaciones de tinta invisible, como un reflejo donde las partes blancas donde se encuentra las hojas opacadas por el tiempo.
Al pasar miraba que en la parte del diagrama de la maquina decía la advertencia de que evitaran que se activara la maquina o todo sería destruido. Y al otro lado de la advertencia tenía un dibujo del planeta explotando desde el centro.
— Pero ¿porque no se destruyó? — Leía más abajo del diario, y cambiado las páginas que se encontraba en blanco esperando que tuviera algo.
Al no encontrar nada más en las copias bajo del desván a la planta principal para buscar unos de los dos diarios restante, que sabía que tenía en la cabaña. Al no encontrar en ninguna parte, caminaba por la cocina y sintiendo la mima sensación que, en la mansión, volteaba la mirada viendo por la ventana una sombra que se movía. Salía Pacifica de la cabaña mirando la sombra y empezando a caminar al bosque, pero antes de que ella se metiera al bosque alguien le toco el hombro haciendo que girara y viendo a Wendy en frente de ella.
— Hola, Wendy.
— Qué onda, Hilda. Quería preguntarte algo Stan está bien. Porque cuando estaba en medio camino olvide mi mochila en la cabaña y cuando regrese estaba cerrada la cabaña. El nunca cierra la caballa y menos en una racha como de este día. — Volteaba la mirada a la cabaña viendo que no había nadie y regresando a Pacifica con confusión. — Hey donde esta Stan.
— He… bueno… el.
— Espera Hilda a esto me refería que a actúa raro. — Se metía al bosque viendo algunas huellas de botas. — Quédate aquí Hilda, vuelvo pronto.
Sin decir nada mas solo caminada buscando donde había pasado el que ella creía que era Stan, mientras de tras de ella intentando de convencerla de que regresara. Pero Wendy no le ponía atención.
— Wendy enserio, no creo que el tarde en regresar, será mejor esperarlo en la cabaña.
Pacifica seguía caminando detrás de ella intentando que regresara, hasta que se detuvo de momento haciendo que chocara con Wendy.
— Ya regresaras a la cabaña. — Lo decía Pacifica jalando a Wendy por el camino que había tomado.
— No, es que no tiene sentido estas huellas. Termina aquí. — Decía señalando las huellas de unas botas juntas.
— Bueno creo que no podemos hacer nada más, mejor nos vamos.
Mientras que Wendy miraba en los alrededores y dándose cuenta de que en el tronco de enfrente tenía algunas manchas de lodo. Tocaba el tronco y sintiendo que el lodo estaba seco, al rascar se detuvo cuando escuchó un sonido metálico.
— Hey, Hilda escuchaste eso. — Volteaba la mirada a Hilda y dándole un par de golpecitos, haciendo que sonara con un ruido de eco.
— Se escucha algo extraño.
— Creo que esta echo de metal, rápido debe de haber una palanca cerca. — Volteaba la mirada de un lado a otro, hasta que vio una rama con la base echa de metal.
— Pero como lo alcanzaremos. — Pacifica se detenía de momento y dándose cuenta de lo que significaba y dándole la espalda a Wendy. — No creo que podamos alcanzarlo, al menos que puedas volar.
Mientras que Pacifica hablaba con tranquilidad simplemente Wendy se quitaba su cinturón rodeando al tronco y de su cintura, seguido de apoyarse de sus pies en el tronco, y subiendo cada momento más alto.
Cuando Pacifica se dio cuenta de lo que pasaba solo miraba a Wendy con miedo. Cuando llego a la palanca y dándole un golpe haciendo que se doblara a lado opuesto.
— Woo, y así se gana los juegos de leñadores.
Empezaba a mover todo el tronco, haciendo que cayera Wendy en un arbusto cercano al árbol, se levantaba lentamente y deteniéndose cuando sintió que bajaba el suelo donde estaba mientras Pacifica intentaba alcanzarla, pero sin éxito.
— Dios, Wendy estas bien. — Pacifica corría a donde había caído Wendy ayudándola a levantarse.
— Si estoy bien, por buena suerte caí en algo suave. — Se ponía de pie viendo que había una puerta en el tronco.
— Esto es raro, Stan nunca me dijo que vendría aquí. — Lo decía Pacifica en un susurro.
— Vamos, algo raro a estado pasando con él.
Sin decir nada más Wendy entraba mientras que Pacifica solo la seguía. Llegando a un cuarto lleno de telarañas e insectos corriendo por el suelo y en las paredes.
— Por qué siempre tenemos que ir a lugares tan sucios. — Decía con un rostro asqueado y de forma sonora.
— Que dices Hilda. — Decía jalando un póster con un símbolo de átomo.
— Dije que, por que Stan guarda tantas provisiones
— No sé, cuando encontremos a Stan le preguntaremos, hay que buscar otro cuarto.
Habría un armario lleno de armas, quedándose sorprendida de un hacha con cobertura y tomándola junto con un arma de choques eléctrico. Al darse la vuelta le arrojaba el arma de electricidad a Hilda, mientras que ella ponía el hacha detrás de su cintura, mientras colocaba el hacha sentía una corriente de viento. Y volteando por todas partes intentando encontrar de dónde venía.
— Hilda, sentiste eso.
— Sentir, ¿que? — Wendy venia como sus cabellos se movía de un lado, haciendo que volteara la mirada al lado opuesto donde se movía sus cabellos.
Al quitar el póster del medio se encontraba una compuerta con formar de una escotilla.
— Wendy, no creo que sea una buena idea entrar, mejor lo esperamos aquí a Stan.
— Qué te pasa si tus primos asen esto cada día. Ya, vamos. — Se metía lentamente y entrando a gatas.
— Esto no terminara bien. — Pacifica se metía a la compuerta siguiendo a Wendy.
Al salir se encontraron con un cuarto metálico llenos de paneles y pintado en algunos de los paneles se encontraba algunos signos inelegibles al azar. Y encontraba separado de otros cuadros y algunos no tenía ningún símbolo. En medio se encontraba con un símbolo de triángulo rodeado de un círculo.
Caminaba Wendy e Hilda evitando de tocar el triángulo junto a cualquier símbolo hasta que pasaron la puerta y cerrándolo.
— Eso es raro, párese como si fuera un escondite de un villano. — Volteaba de un lado a otro viendo.
— Que estás buscando, Wendy.
— Debe haber una compuerta, ven ayúdame a buscarlo.
Caminaba sin decir nada más a la compuerta y entrando, palpando todo lo que podía estar cerca de sus manos.
— Que un armario. — Se molestaba y haciendo a un lado todos lo que se encontraba. — Debe tener un botón o una manija, me niego que sea el final del camino.
— Wendy cálmate, solo es un armario. — Veía una cuerda colgando. — Mira.
Jalaba la cuerda haciendo que saliera unos chorros de agua enfrente de la cara de Wendy y después haciendo que cayera agua desde el techo, al terminar de caer el agua se escuchaba un sonido de campana y abriendo una compuerta. Mientras que ambas tenían una cara sorprendida mientras que Wendy cambiaba a una cara de felicidad.
— Vamos debe estar aquí Stan. — Caminaba con firmeza, pero siendo detenido por Hilda que la sostenía de sus brazo.
— No creo que sea buena idea entra-
— ¿Por qué no mueres, maldito monstruo? — Se escuchaba los gritos de Stanford a lo lejos.
Cuando Pacifica escucho salía corriendo, empujando a Wendy a donde creía que había escuchado su voz. Corría por el lodo pasando por diferentes caminos llenos de charcos.
— Hilda, espera.
Corría Wendy lo más rápido que podía para poderla alcanzar y detenerla. Hasta que llegó a una vuelta donde pudo sostenerla de los hombros y detenerla.
— Hey tranquila, este no es el momento de salir corriendo así. Tenemos que encontrar a Stan y salir de aquí antes de que nos topemos con lo-
Dejaba de hablar mientras sentía que se movía el suelo y cada momento se hacía más fuerte. Viendo que una gran bola se dirigía hacia ellas. Salía corriendo lo más rápido que podía, se movía de forma reta mientras que la bola de tierra se acercaba cada vez más rápido. Cuando la bola estaba por aplastarla Wendy empujó a Pacifica a un lado junto con ella, haciendo que la bola chocará con el muro que se encontraba de enfrente.
— Eso estuvo cerca. — Wendy se ponía de pie mientras veía que Hilda metía su mano en su cabello castaño.
—A la siguiente avísame, eso dolió.
Se detenía de hablar volteando la mirada a la vista, viendo que no era una bola de tierra, si no una cochinilla gigante, abría su boca moviendo dos mandíbulas laterales y haciendo un ruido grabe.
Sin decir ninguna palabra Wendy y Pacifica empezaron a correr a lado opuesto de donde estaba la cochinilla y deteniéndose en una vuelta del camino. Y escuchando un ruido de pelea junto con gritos del insecto gigante. Dejaban de escuchar el sonido del insecto y viendo quien salía de ese lugar algo más pequeño. Veía a Stan salir con varios rasguños, pero conservando sus guantes, pero color café.
— Stan. — Gritaba al unísono Wendy y Hilda, y salía corriendo, ayudando a caminar más rápido a Stan.
— Será mejor que salgamos rápido de aquí. Antes de que vuelva
Caminaba Stan lentamente con ayuda de Wendy. Stanford caminaba lo más rápido que él podía y resbalándose unas cuantas veces antes de que llegara a un lugar apartado de todos de donde se encontraban ase unos momentos, al caminar se encontraba con una manta en el piso y con grandes agujeros enfrente se encontraban latas vacías de frijoles en el piso.
— Tomen asiento. — Stanford se soltaba del apoyo de Wendy y sentándose en el piso.
— Tío Stan que paso, porque estas así. — Pacifica hablaba con tristeza.
— ¿Que? tranquila pequeña, estoy bien. Su tío solo necesita algo de tiempo, saben ya no soy tan joven como antes.
— Pero Stan, quien o que te hizo eso. — Hablaba Wendy viendo a Stan con función y nerviosismo.
— Para decir la verdad, fue un cambia formas. Vine aquí para recoger algo de información que tenia de respaldo y otras razones, pero cuando me di cuenta el cambia forma había escapado de su prisión. Intente capturarlo, pero no he tenido éxito... — Guardaba silencio y sonando después triste. — Lo siento pequeña, me gustaría detenerlo, pero no sé cómo hacerlo.
— Tío, donde está tu maletín. — Pacifica preguntaba con inocencia intentando distraer a Stanford de sus pensamientos.
— Deja eso, porque dejaste a Dipper y Mabel solos. —Hablaba Wendy con ira por todo lo que ha pasado.
— Quie- eso, vine por hierbas medicinales que dejé en este lugar. Lo tengo aquí adentro. — Señalaba un bolsillo de su abrigo.
— Pero, que es este lugar. — Contestaba Wendy el mismo tono de antes.
— Escucha te prometo que te daré respuestas, pero tenemos que salir de aquí, es muy peligroso. — Miraba a Wendy como si dijera algo y viendo a Pacifica. — Ayúdame, al fin al cabo todo somos familia.
— Tiene razón, Wendy.
— Bien, pero ni se te ocurra irte a otro lugar sin antes aclarar todo esto. — Caminaba Wendy con Stanford y solo ayudándolo a ponerse de pie.
— Tranquila, te lo prometo Wendy. — Se ponía de pie Stanford y empezando a caminar
Pacifica solo veía como caminaba y detrás lo seguía Wendy. Mientras caminaba le decía por cual camino tenía que tomar.
— Hey, tío, Stan. Qué pasa si nos encontramos con el cambia forma. — Hablaba Pacifica lo más despacio que podía.
— Lo mejor por ahora es evitarlo, y no creer en lo que diga. Ara lo que sea para poder salir. Si sale de aquí, sería un desastre, tomaría la forma de lo que sea, tendríamos que cuidarnos de todos y de cualquier cosa... Vamos pequeña falta dos vueltas y saldremos.
— Si… claro
Salía de los hoyos, al salir se dirigía a la compuerta y deteniéndose mientras escuchaba los pasos que se acercaba. Cuando escucharon Wendy sacaba su hacha mientras que Pacifica sacaba su armar de electricidad. Después de eso salía un Stanford con un maletín y con un arma des fundada.
— Pero que. Chicas aléjense de él. — Gritaba Stanford y apuntando al Stanford que estaba con Wendy.
— No la escuche niñas, él es la copia, no yo.
— Wendy soy el verdadero, llegaste tarde hoy, y te di el día libre. Wendy dejaba de cubrir a Stanford y separándose de él, cuando se alejó lo suficiente empezaba a dirigirlo a su mirada a Stanford.
— El miente, dirá lo que sea para escapar, tenemos que detenerlo o sino escapara.
— Basta. — Wendy y los dos Stanford miraba a Hilda que había gritado. —Si tú eres Stanford, dime cómo me llamo. — Señalaba al Stanford que estaba cerca de los túneles.
— De que hablas eso no tiene-
— Solo dilo. — Gritaba con fuerza y apuntándole.
— Hilda pines — Después de contestar se quedaba mirando Pacifica al Stanford.
— Dipper y Mabel que parentesco tenemos. — Pacifica decía señalando al Stan que se encontraba con Wendy.
— Son primos, y vine para aquí para ayudarlos.
Se quedaba quieto y mirando a Pacifica. Ya que no sabia que mentía por estar enfrente de Wendy o realmente era el cambia formas, ya que cuando la miraba cuando desia lo último se sentía como todo lo demás.
— Hilda, por favor sabes que soy el verdadero. — Volvía hablar el están con quien estaba.
Sujetaba el arma de choque eléctrico con más fuerza.
— Wendy ayúdame dile a tu prima que soy el real. — Miraba Stanford a Wendy y viendo que estaba sorprendida.
— Prima. Hilda y yo no tenemos parentesco.
Jalaba Pacifica el gatillo del arma dándole al cambia forma haciendo que se cambiara de forma de Hilda, Wendy, a un sapo gigante y de una cochinilla gigante. Giraba jalando el arma de choques que tenía Hilda y corriendo a los agujeros empujando a Stanford del medio mientras disparaba.
— Eso era- — Decía Wendy acercándose a Stanford.
— El cambia formas, sí. Escuchen chicas tengo un plan para encerrarlo. Necesito que lo distraigan mientras yo arreglo una cámara de criogenia. Tiene que evitar que salga de los hoyos antes de que termine de repararlo. Cerrare la puerta para que no escape. Y Wendy. Ten esto Wendy, el cambia forma lo ha a querer y lo seguirán a donde sea.
Abría Stanford su maletín sacando una ballesta y el diario uno junto con una linterna, al entregarle el diario Wendy abría los ojos y viendo a Stanford. Intentaba preguntarle cómo lo obtuvo pero antes que dijera algo Pacifica le jalo el hombro haciendo que la viera
— No tenemos mucho tiempo, te lo explicaré al salir de esto.
Sin decir nada más Wendy pomo el diario y poniendo su hacha en la cintura del pantalón. Pacifica y Wendy empezaron a caminar a donde se había dirigido el cambia forma. Wendy se mantenía en frente de Pacifica y viendo que camino había tomado, seguían las huella que había dejado hasta que se detuvieron en un camino cerrado.
— Wendy, no crees que el cambia forma nos esté engañando.
— Si lo estado pensado desde que vi un par de huella más enterrada que las demás. Sólo sígueme hasta que lleguemos a una parte.
Seguía sin decir nada más mientras caminaba, y solo escuchando el ruido de sus pasos junto a ocasionales de ruido de tierra cayendo al suelo y algunos goteos de agua. Hasta que se detuvieron en una encrucijada de 3 caminos. Sin decir nada Wendy le daba la linterna que tenía Pacifica y pidiéndole su arma eléctrica.
— Hilda, busca la salida de este lugar y te veré. — Le daba su hacha y empezaba a caminar al otro camino.
Mientras Stanford conectaba los tubos de hidrogeno dentro de la computadora y un panel de control. Cuando conectaba los cables y revisaba que funcionaba encendiendo y apagando la máquina de criogenia y viendo cómo funcionaba mediante la cámara de seguridad que tenía. Miraba la otra cámara viendo que salía Pacifica sujetando el hacha con su mano izquierda.
— Donde esta Wendy y el cambia forma.
Pacifica se quedaba quieta mirando quien sería el siguiente en salir mientras sujetaba firmemente el hacha. Escuchaba pasos asiendo se cada vez más fuerte. Pacifica solo se quedaba quieta mientras subía el hacha hasta la altura de su cabeza, cuando vio una sombra salía corriendo y gritando.
— Calma soy yo. — Alzaba las manos Wendy y mostrándole el primer diario. —Vamos. Escóndete, viene detrás de mí.
Salía corriendo Wendy sujetando la mano de Pacifica y escondiéndose en unas cajas alado de la cámara criogenia. Guardaban silencio esperando que saliera el cambia forma, en la peor amenaza que podía ver visto. Por un minuto no se escuchaba ningún sonido hasta que empezaron a escuchar pasos. Cuando empezó a escuchar los pasos, Wendy le entregaba el diario.
— No salgas hasta que termine, OK.
Pacifica asentía la cabeza y dándole una sonrisa.
Sacaba el arma de choque y apuntando donde creía que saldría, se apoyaba con sus dos manos mientras miraba. Cuándo veía que salía corriendo algo solo jalo el gatillo. Y fallando el tiro, ya que se había arrojado hacia un lado viendo cómo se conectaba a la tierra y haciendo un ruido de electricidad.
— Wendy soy yo, Hilda.
En frente de Wendy se encontraba Hilda con la ropa sucia de tierra tanto en el cabello como en la ropa.
— El cambia forma es ella, no yo. — Contestaba Pacifica que estaba llena de tierra.
— Ella miente paralízala.
— Cállense. Se alejaba Wendy de las dos Hilda. — Hilda que me ibas a decir al salir de aquí.
las dos se quedaron callada un momento antes de que la Hilda con el diario hablara firmemente y clara.
— Stan es el autor de los diarios.
Se quedó callado Wendy sin decir nada y moviendo el arma a la otra Hilda.
— Wendy, espera. No soy el cambia forma. Dipper y Mabel... son mis primos... vivimos en Gravity Falls.
Se mantenía Wendy apuntándole a la Hilda que seguía ablando mientras la otra se acercaba a Wendy con calma.
— No te acerques. — Cambiaba la dirección del arma y apuntándola a la Hilda que se asecaba junto con él diario.
— Wendy, soy la real, recuerda.
— Silencio, no sé qué creer.
— Oye tranquila, solo quiero que esto acabe, Dipper y Mabel aún están enfermos.
— Solo aléjate.
— Bien, me alejare — Caminaba de vuelta Hilda sin aparta la mirada de Wendy.
Volviendo a apuntar a la Otra Hilda.
— Wendy, no. Por favor. — Wendy empezaba a jalar el gatillo y sin perderla de vista. — Ellos necesitan la medicina... tu... tu... tú dejaste tu mochila.
Cuando escucho eso Wendy dejó de jalar el gatillo antes de que fuera accionada el arma y abriendo los ojos sabiendo lo que significa, antes de que pudiera apuntarle al cambia forma había soltado el hacha y encontrándose enfrente de ella, el agarraba su mano con la que sostenía el arma y volviendo a su forma normal.
En frente de Hilda se encontraba una criatura de 2.5 metros de altura, con ojos de color rojo vivo y unas pequeñas antenas de hormiga. Una boca pequeña semejante a una sanguijuela, pero con cuatro colmillos saliendo de cada lado. Un pecho ancho y una cintura semejante a una avispa, se apoyaba por cuatro patas que terminaba en puntas redondeada. Su brazo izquierdo con el que sujetaba a Wendy de la muñeca era gigantesco y deforme, casi como si fuera una pinza de cangrejo, pero utilizándolo como una mano. Su otra mano era demasiado delgada casi como el grosor de su cintura, pero con forma de un brazo humano exceptuando que solo tenía tres dedos. El color de su piel era de color blanco, pero en algunas partes parecía trasparente ya que se veía algunas venas.
Al ver eso Pacifica se quedaba con la boca abierta y volviendo en sí cuando escucho el grito de Wendy. Salía corriendo y recogiendo el hacha que había soltado el cambia forma. Wendy se balanceaba dándole una patada al rostro, haciendo que se enojara el cambia forma y arrojándola lejos de él. Mientras que Pacifica corría y cortándole el brazo que tenía el diario haciendo que diera un grito mientras la levantaba a Pacifica del cabellos con el único brazo que tenía. Cuando Pacifica fue levantada, se sostenía lo más fuerte que podía con sus manos a la pinza de la criatura.
— Pequeña molestia, esto no es nada para mí.
Se movía Pacifica de forma desesperada cuando la acercaba a su cara. Con miedo de sus ojos solo pudo escuchar lo que grito Wendy.
— ¡Hilda! ¡Sal de ahí!
Ella dejó de sostenerse con las manos y moviéndola a su cabello quitando los pasadores de pelo que podía, haciendo que cayera al suelo con un grito mientras dejaba su peluca castaña junto con algunos cabellos rubios. Cuando Wendy vio que Hilda ya no estaba en el camino entre la criatura jalaba el gatillo haciendo que gritara la criatura y empezará a caminar a la máquina dé criogenia, mitras caminaba el cambia forma se llevaba el arma con él.
Corría lo más rápido que podía Wendy y agarrando el hacha que estaba en el suelo, mientras seguía corriendo y lanzando su hacha, cortándole una de sus patas y tacleando al cambia forma, metiendo adentro de la cápsula. Se cerraba cuando el cambia forma intentaba salir, consiguiendo que chocara el vidrio y poniendo su pinza de cangrejo y una nueva mano igual a la que le había cortado Pacifica.
— No me puedes encerrar. — Gritaba el cambia forma golpeando con sus manos.
El cambiaba de forma a de un sapo gigante, a un cien pies, Wendigo y empezando a cambia a personas. Cambiaba a Stanford, Wendy, Hilda y termina dando con la forma de Pacifica.
Se empezaba a congelar lentamente mientras solo la miraba con ira, al ser completamente congelado se reflejaba Wendy y a lado se encontraba Pacifica sosteniendo su peluca castaña. Junto con una mirada de tristeza.
Cuando miraba detenidamente lo que había pasado y que la chica que estaba enfrente de ella era Pacifica no sabia que sentir, ya que en ese momento tenia tantas preguntas, pero solo sabia que era mejor salir de ese lugar lo más rápido que se pudiera.
— Ven Pacifica salgamos de aquí. — Wendy ponía su mano a Pacifica.
— Wendy... yo. Yo puedo… pedirte algo, puedes llamarme Hilda aún. — Wendy la miraba con un rostro de confusión y dándole una sonrisa.
— Está bien, pero dime todo.
— Bueno, es una historia larga. Pero será más fácil si te muestro.
Tocaba Pacifica la escotilla y escuchando el ruido de un seguro moviéndose. Abriendo la puerta Stanford, cuando abrió la puerta le dio un abrazo a Pacifica.
— Hilda, me alegro de que estés bien.
— Estoy bien tío, pero... tememos que decirle a Wendy todo lo que pasó.
Después de salir del búnker Stanford le contó a Wendy que le había pasado a Dipper, Mabel, Soos y Stanley. También hablando de quién es él. Y Pacifica blando del problema con los federales y todo lo que pasó ese día. Cuando terminó la historia Wendy solo se sentó en un tronco y poniéndose su mano en su rostro.
— Tío, puedo hablar con Wendy a solas.
— Si Hilda, te veo en la casa.
Cuando Ford caminaba y dejaba de verlo, Hilda se sentaba a lado de Wendy viendo que lloraba.
— Wendy... yo lo siento tanto.
— Por qué te disculpas, tú no tuviste la culpa, no podías haber hecho nada para ayudarlo.
— Entonces por qué estás llorando
— Por qué, tu no pudiste haber evitado que eso ocurriera. Pero no estuve con ellos, podría haberlos ayudado de alguna forma- Que buena amiga soy. Pero no entiendo por qué empezaste a vivir con los pines.
— Fue después de la fiesta. Mis padres se molestaron mucho después de que hice algo que ningún Noroeste haría.
— Qué hiciste
— Hice vernos débiles. Mira, no sé si tú me puedas entender, pero. Pero no soy-
— Pacifica, tranquilízate. — Lo decía Wendy con un tono de empatía y maternal. — Sé que apenas nos conocemos, pero no todos tenemos padres modelos. — Se levantaba el dobladillo del pantalón lo más que podía, y mostrando una cicatriz en su pantorrilla que medía 15 cm. — Esto sucedió cuando mi papá me enseñaba técnica de supervivencia a los 14 años. Tenía miedo y estaba llorando. Pero el solo dijo "tienes que madurar".
Mientas contaba Wendy su historia, Pacifica solo la miraba su cicatriz y dándose cuenta de que había una persona igual a ella.
— Escucha, está bien si no quieres hablar conmigo de lo que te pasó, pero te ayudaré en cualquier cosa para traer a los gemelos.
— ...Wendy... Ok, te diré todo.
…
Caminaba el agente Power siguiendo al secretario de defensa.
— Le digo que este caso es una amenaza nacional. Necesito solo un grupo, y traeré suficiente evidencia.
— Ya vasta, Power. Creamos solo su agencia para callar a todos esos idiotas, que piensan alíen y criaturas míticas.
— Pero señor Underwood.
— Si quieres investigarlo hazlo por tu cuenta.
Se quedaba quieto Power mientras veía a Frank Underwood salir de su vista. Salía el agente Power de la casa blanca y empezando a llamar.
— Ya tuvieron alguna información del pueblo... No me importa si o no… como quieran, si quiere contactarme que sea por laptop, voy por un tiempo a Gravity Falls.
Bienvenido al club llama. Disfruten el show.
