Mentiras

Pacifica y Wendy regresan a la cabaña después de que Pacifica le contará todo, tanto los detalles que no le contó a Stanford y su vida en la mansión. Al principio Wendy entendía sus razones de mentir a Stanford, pero entre más entraba en detalles de su pasado en la mansión hacía que terminaba perpleja.

— Ahora, cuánto tiempo estarás haciendo esto.

— Espero que antes de que las vacaciones acaben o que no tengas más problemas.

— Hola, en la que puedo ayudar.

— Eso tendremos que hablar con Stanford, aún no se bien que hace allá bajo. Pero que está buscando una manera de encontrar los agujeros a una dimensión

En la cabaña del misterio Stanford sacaba de su maletín una gran caja golpeada con varias entradas USB. Encendía una de las computadoras que ya funcionaba y conectaba al disco duro. Al pasar unos minutos donde aparecía una gran fórmula matemática junto con una gráfica en dos dimensiones.

— Bien, veamos qué tan malo es esto.

Al llegar a la cabaña Pacifica y Wendy entraron por la puerta trasera, al estar en la cocina Pacifica sacaban una botella de agua y tomándola enseguida.

— Quieres algo de tomar, Wendy.

— Si, dame un refresco.

Pacifica tomaba el primer refresco que vio y dándoselo a Wendy, al dárselo Wendy dio una pequeña risa mientras abría la lata.

— Nunca pensé que Pacifica me ofreciera algo antes.

— Solo lo hice por cortesía, nada más. — Hablaba con nerviosismo y evitando que Wendy viera su rostro, que tenía un ligero rubor.

— Creo que en verdad has cambiado. — Se acercaba Wendy a Pacifica y revolviendo su cabello. — Bien voy a buscar mi mochila y me voy. — Pacifica siguiendo a Wendy mientras ella toma su mochila y abría la puerta. — Nos vemos mañana, Hilda.

Cuando Wendy cerró la puerta. Pacifica subió a su cuarto para quitarse la peluca junto con la ropa sucia. Al bajar a la planta principal Pacifica vio que Stanford no había salido de su laboratorio y ya casi era la hora de cenar. Caminaba a la máquina expendedora, ponía el código para abrir la puerta y entraba al laboratorio. Al llegar a un nivel inferior vio que Stanford estaba ocupado con unas hojas escribiendo.

— Tío Stanford. — Hablaba Pacifica lo más claramente.

Volteaba la mirada Stanford a Pacifica viéndola con sorpresa.

— Hilda, qué haces aquí. Ya hemos hablado de que no puedes entrar aquí si no es una emergencia.

— Lo se, pero también hemos hablado de que tienes que comer por lo menos 2 veces al día. Si estás muy ocupado puedo pedir comida.

— Sabes que no me gusta comer comida hecha por personas que no conozco. Pero en verdad estoy muy ocupado, así que. — Revisaba en su bolsillo de su pantalón y dándole un billete de 20 dólares. — Subiré en dos o en una hora.

Pacifica solo tomaba el dinero y subía hasta la planta principal haciendo lo que pidió Stanford. Al poco tiempo llegó la pizza que había pedido. Pacifica comenzó a comer aguardando la parte que le correspondía a Ford, esperándolo en la mesa, al ver que no planea subir, se ponía de pie, llevando el resto de la pizza al elevador dejándolo adentro.

Al no tener nada más que hacer, decidió bañarse y limpiar su peluca. Al terminar de hacer todos lo que tenía que hacer se fue a dormir acompañada de pato.

Mientras Stanford sigue anotando diferentes fórmulas. Anotando al final una gran ecuación.

— Por fin. — Gritaba con alegría y viendo de nuevo la ecuación. — O, no. Bill, maldito demente.

Miraba la fórmula sabía que la esfera era similar al portal, pero con la diferencia de ser un tamaño más pequeño. Abría el compartimiento donde estaba la fractura, mientras que la miraba recordaba lo que pasó en sus viajes y hacia dónde estaba su hermano con el resto de sus nietos, pero en especial recordando las palabras de Bill. Aguardaba de nuevo la fractura mientras trabajaba con la fórmula que había obtenido.

Cuando terminó miraba el reloj de su muñeca, viendo que casi era las 12 de la noche, caminaba hacia el ascensor, pensaba en cómo disculparse, por tardarse mucho tiempo, pero cuando abrió la puerta estaba enfrente de él la caja de la pizza, junto una nota diciendo no duermas tan tarde. Mañana hay que trabajar.

...

Los dos primeros días, Wendy, Pacifica y Stanford, siguen trabajando en la cabaña de forma normal, pero cada día había menos turistas.

...

Después de comer, Stanford se mantuvo con sus dedos y mirando a Hilda.

— Hilda.

— Que pasa tío Stanford.

— Estado leyendo Los diarios y necesito que ayudes con algo. Quiero que vayas por cabello de unicornio. — Stanford sacaba su diario y abriéndolo en la página que describe los unicornios y cómo encontrarlos.

— En verdad son reales. — Tomaba el diario y leyéndolo el contenido. — Para que nosotros necesitamos esto Stanford.

— Lo necesito para hacer un escudo de protección yo me encargare de recolectar el resto.

— Necesitaremos algo de ayuda. — Seguía mirando las hojas. — Bueno, creo que mejor llamó a Wendy.

caminando hacia su cuarto, poniéndose su disfraz, después llamando a Wendy por el teléfono de la cabaña.

Al estar solo Stanford comenzó a tomar la lista de cosas que necesitaba y se marcha al pueblo. Al llegar al pueblo busca una tienda de equipos electrónicos para comprar equipos electrodomésticos, combustibles para soldar, un tanque de oxígeno, una botella de agua y un pico para construcción. Al pagar por todo lo llevaba a la cabaña del misterio y escondiéndolo en el laboratorio.

— Bien solo falta un par de cosas. — Habría los planos Stanford revisando que más faltaba.

Al ver que tenía casi todo decidido a hacer todo lo que tenía y construir un horno de fundición, utilizando un gran balde de acero. Utiliza la arena y la arcilla como aislante y conserva el calor. Conectaba el tanque de gasolina y conectándolo al soplete. Al tenerlo cortaba algunas varillas y tomándolo una manta de plástico. Con el pico hacia un camino llevándolo a donde estaba la carpa de plástico.

— Comencemos el trabajo.

Wendy la llevaba a la dirección que marcaba el diario, al llegar miraba solo unas piedras enterradas en la tierra.

— Pac ... Hilda, estas seguras de que este es el lugar.

— Si, aquí dice que se necesita a los druidas con la voz más grave para abrir la puerta. Tienes alguna idea.

— …Si, puedes traer a Grenda y pedir que cante, ella tiene una voz como mi padre.

— Preferiría que menos gente sepa lo que pasó.

— Pero, la necesitamos.

— Lo sé, pero quiero mantenerlo con los menos números de persona que se pueda.

Al escuchar Wendy las respuestas de Pacifica que quería hablar de nuevo, pero sabiendo que no podía confiar en muchas personas por todo lo que vivió decidió no decir nada.

— Creo que tengo una idea, ayúdame a buscar un tronco hueco. — Pacifica caminaba al bosque junto con Wendy.

Al poco rato Wendy encontró un tronco y llevándolo cerca de la entrada. Y ayudando a una Pacifica a levantarlo cerca de su boca.

— Sinceramente no creo que existan los unicornios.

— Está segura de eso.

Pacifica miraba a Wendy con una mirada divertida haciéndola recordar todos los días. Cuando Wendy se dio cuenta de que trataba de decir con esa mirada.

— Bueno, creo que puedo dar el beneficio de la duda, pero 5 dólares a que no es real o solo es otra cosa.

— Tenemos un trato, prepara tu dinero.

Al terminar de hablar Pacifica empezaba cantar lo más grave que podía, y junto con el tronco salía un ruido grave y cavernoso. Al poco tiempo la tierra comenzó a temblar y se levantaron las piedras que se encontraban enterradas. Alzándose como torres de un castillo, pero lleno de vegetación y algunas aun pareciendo a ruinas. Y en medio una puerta gigante de madera junto con partes de metal luciéndose como un verdadero castillo antiguo. Abría los ojos Pacifica, mirando lo que había hecho. Dejando de cargar el tronco haciendo que Wendy no aguantará el peso, dejándolo caer haciendo el suficiente ruido para que Pacifica volviera en sí.

Las puertas del castillo se abrían por sí mismo mientras, al ver esto Wendy y Pacifica entraba. Lo que estaba adentro era un valle lleno de vegetación, de lado contrario de la puerta estaba el unicornio posando en medio de una cascada, mostrando que su cabello era como el arcoíris junto a un rayo del sol hacía que resaltara más.

— Pasen humanos, solo quítese los zapatos. No me gusta nada los zapatos. — Hablaba el unicornio iluminando su cuerno. Pacifica se quitaba los zapatos dejándolo a la entrada de la puerta y Wendy se la quitaba a regañadientes.

— Hola, soy Pacifica Y tú eres.

— O, donde están mis modales. Mi nombre es celeste bella Isabella y la última de mi especie.

— Bien, celeste bella Isabella, necesito que me des un poco de tu cabello.

— Claro solo traiga una persona noble de corazón. Y le daré algo de mi cabello.

Pacifica y Wendy se quedaron mirando hacia la otra decidiendo quién sería noble de corazón. Sin decir nada Wendy se puso en frente del unicornio.

— Soy yo.

— Que tu, tu no tienes un corazón noble.

— Por favor, necesitamos tu cabello, aunque sea un poco. — Hablaba Pacifica con desesperación en su voz.

Cuando Isabella vio que Pacifica que quedo un momento pensando y viendo a ella.

— Esta bien, creo que puedo hacer una excepción con ustedes. Pero necesito que traiga todo de la lista. Y cuando digo todo es todo.

Llegaba corriendo lo más rápido que podría un pequeño sátiro con un pergamino enrollado, y entregándoselo a Pacifica en las manos. Estiraba el pergamino viendo que era una lista de 30 cosas.

Stanford subía una de las colinas de Gravity Falls. Miraba al pueblo y sus acantilados cortados por la mitad. Pateaba el suelo que pisaba, haciendo que se escuchara un ruido metálico y levantando el pasto donde pateaba. Dejando descubierto una manija circular con un pedazo de metal atravesando el círculo, Stanford giraba el pedazo de metal a la derecha abriéndose y haciendo escapar una corriente de aire.

Al entrar por las escaleras, caminar por una pasarela de metal con grabados de círculos de un lado dentro de otro círculo. Al encontrar el final de la pasarela sacaba de su abrigo un arma; que primera vista parecía un juguete que no se notaba en otra parte donde podía salir un proyectil, al costado del arma se encontraba dos perillas, cada una apuntando a una dirección diferente.

Movía las perillas de un lado a otro hasta que consiguió un sonido agudo, cuando lo obtuvo retrocedió barios paso y corriendo al final de la pasarela saltando al final, apretaba el gatillo apuntando a un poste me metal haciendo que se pegara lo suficiente para que descendiera de una forma rápida pero segura, cuando estuvo cerca del suelo Ford soltaba el gatillo que hiso que su arma dejara de estar magnetizada. Para evitar el golpe de la caída rodaba por el suelo mientras trataba de recuperar el control. Cuando pudo ponerse de pie camino por un largo pasillo llenos de símbolos y pantallas que hacía parecer que era un lugar importante. Abría un panel que se encontrar intacto.

Metía Stanford su mano y sacando piedras de diferentes colores, texturas y tamaños, con la unca característica que cada uno tenía luz propia. Colocaba todo lo que tomaba en una caja metálica que tenía en unos de sus bolsillos externos. Se ponía de pie y caminaba a una compuerta llena de vainas, pero en una forma líquida; similar al mercurio, pero con la diferencia de que son naves de escape.

Al pasar por varias, recamaras vacías llego a una puerta gigante de metal. Abría un compartimiento lleno de cables y del mismo líquido que se encontraba en la computadora. Quitaba algunos cables y conectándolo en otro lado, de igual modo quitaba algunas piedras y remplazándolo con lo que había sacado de la computadora. Al pasar poco tiempo se alejó del panel y dando una patada.

— Maldita puerta. Espero que aún me quede.

Esculcaba en cada bolsillo de su pantalón pero sin encontrar nada dentro. Al no encontrar nada se dio cuenta de que olvido la fractura dimensional en la cabaña. Maldecía en voz alta y diciéndola las maldiciones que sabía en diferentes idiomas, después de tranquilizarse decidió sacar su último bolsillo interno una pasta negra con residuos de metal. Ponía la pasta metálica en la puerta de metal formando una compuerta grande para la pasarela agachándose, al terminar lo encendía con un encendedor. Al encenderlo sacaba chispas mientras se fundía el metal de la puerta, dejando una gran apertura donde había puesto la pasta.

Stanford volvía a sacar su arma magnética moviendo las perillas que tenía y apuntando al centro donde puso la pasta, se escuchaba un ruido y de momento salía volando la placa de metal.

Al entrar en la cámara sacaba una pequeña linterna iluminando las paredes que formaban una esfera, con nueve grandes bovinas que parecían de Tesla; pero de lugar de cobre tenía un líquido transparente. Que se encontraban a la mitad del techo como del suelo de la cámara esférica, cuatro de las bobinas se encontraron en la parte inferior se encontraba separado a la misma distancia cada uno, las cuatro bovinas superior se encontraba de igual forma que las de abajo señalando el centro del cuarto y La última se encontraba en el centro del primer grupo. Todas señalando el centro del cuarto; aunque 3 de estas bovinas estaban rotas y casi vacías.

Caminaba cerca de una de las bobinas rotas. Sacaba de su agregó un par de piezas una de cristal y otra metálica, ambas eran alargada lo encaba un sobre otras formando una extraña jeringa, donde el embolo se movía por una perilla. Cuando todo estaba echo saco su arma magnética apuntando a una de las paredes de la bobina y apretando el gatillo. En un momento a otro fue jalado adentro quedando pegado, lentamente meneaba la perilla del arma dependiendo y cuando estaba a la altura para recolectar el líquido lo volvió a su posición anterior.

Metía la jeringa al liquido mientras hacía que el embolo se levantara, llenándolo casi por completo. Lo metía nuevamente a su gabardina, miraba por un momento como salir y con fuerza dio una patada a la pared mientras soltaba el gatillo. Cuando se pudo elevar lo suficiente para poder ver la plataforma le apunto y presiono. Haciendo salir mientras se dirigía al techo, pero dejo de poner presión al gatillo y dejo de sentir fuerza en su cuerpo que lo hacia elevarse antes de volverlo a sentir, pero hacia el suelo, aterrizaba con fuerza y saliendo calmadamente de la habitación.

Mientras tanto, Wendy está trataba de convencer a Pacifica para volver y tomar el cabello a la fuerza, pero cada vez Pacifica responde con un no. Seguí esa rutina hasta que consiguieron todo en la lista. Por lo cual regresaron con Isabella.

— Isabella traemos todo lo que pediste, ahora nos puedes dar algo de tu cabello. — Hablaba Pacifica con agotamiento y sentándose en el suelo. Mientras que Isabella revisaba la lista.

— Bueno, al menos ya terminas con señorita caprichosa.

— Te lo dije, Wendy.

— Aunque, era más sencillo solo tomarlo. — Lo decía en voz baja para que no la escuchara el unicornio y solo Pacifica la pudiera escuchar.

— Tal vez, pero quiero ser mejor de lo que era. — Wendy miraba a Pacifica con orgullo y una mirada divertida.

— Hola, niñas Donde está la planta de Barometz.

— De que hablas, si tienes todo. — Contestaba Wendy con enojo.

— Cuida tu tono impura de corazón, que decidiste hacer una excepción con ustedes. — Habla Isabella con un tono de enojo pero también de superioridad mientras mira a Wendy a los ojos.

Pacifica al ver que Wendy estaba molesta con Isabella y que quería empezar a pelear con ella, corrio lo más rápido hacia ella y alejarla antes de que hiciera.

— Wendy tranquilízate solo es una cosa más. Y ya está. — Hablaba Pacifica metiéndose en medio y empujándola lejos de Isabella.

Cuando Wendy se alejó de Isabella Pacifica regresaba con ella. Y viendo que faltaba en la lista, tomando la lista que estaba sobre todas las cosas que había traído. Cuando la tomo revisaba que no faltaba nada en la lista.

— Da la vuelta a la hoja.

Cuando lo hizo, podo encontrar el articulo que decía, lo leía lentamente lo que pedía Isabella "Planta de Barometz". Aguardaba la lista saliendo de jardín mientras trataba de recordar donde lo había escuchado antes.

— Y que nos falta.

— Solo nos falta esto. — Lo decía Pacifica mientras señalaba la palabra. — Creo que lo he visto en los diarios. ¿Me acompañas a la cabaña?

— Si, seguro. — Contestaba Wendy con su tono normal y siguiendo a Wendy.

Al llegar a la cabaña Pacifica y Wendy empezaron a buscar en la sala. Wendy abría los cajones mientras Pacifica revisaba los cojines hasta que dijo algo.

— Creo que lo encontré. — Levantaba el cojín del sillón y dando un grito.

— Que pasa, Pacifica.

Wendy volteaba la mirada viendo Pacifica con una mirada de horror y asco, ella mirando hacia cojín que se encontraba pegado en el cojín un brazo de un color verde con un líquido pegajoso del mismo color a su alrededor.

— Woo, que asco. Eso parece real. — Agarraba el brazo sacando del cojín, cuando lo hizo se movio uno se sus dedos, soltando el brazo y alejándose de él. — Oh dios mío, es real. Pensé que destruyeron a los zombis.

Las chicas lo vieron cómo se mantuvo quieto con sus únicos 3 dedos.

— Crees, que solo fue un reflejo. — Pacifica hablaba recuperando su aliento y llegando con Wendy. — Qué te parece si revisamos arriba.

Wendy asentía con la cabeza, pero sin dejar de ver lo esperando ver otro movimiento, al salir de la habitación solo seguía Pacifica hasta su cuarto. Cuando llegaron su cuarto, Wendy vio que el cuarto seguía igual, excepto que en una cama había una mochila negra y en la cómoda se encontraba un grupo de pelucas apoyadas en pelotas de golf.

— No ha cambiado casi en nada este lugar.

— Si, no querías quitar nada. No me sentiría bien, que yo adueñara de su cuarto.

— No eres tan mala como todos pensábamos ... — Al decirlo Wendy se tapaba la boca y miraba con ojos de miedo. — Quiero decir-

— Wendy, está bien. Se que antes nunca fui una chica que se preocupa por los demás, ya que al final nuestros valores son diferentes.

Pacifica no dejó de mirar debajo de la cama mientras hablaba, hasta que Wendy volvió a preguntarle.

— Pero en verdad, donde es que aguardas todas tus cosas.

— Bueno, todo está en el cajón de la mesa de noche. — Señalaba el lugar mientras Wendy miraba con ingenuidad.

— ¿Enserio? te importa si- — Dejó hablar de Wendy cuando vio que Pacifica extendía su mano señalando el lugar, dando a entender que le daba permiso.

Cuando Wendy abrió el cajón, vio que estaba lleno de ropa muy pequeña. Y una pequeña espada de juguete.

— Pacifica, solo trajiste ropa de muñeca.

— No, es mi ropa. Solo es que la encogí.

— Hey, Se que la ropa se encoge cuando la lavas, pero esto es una broma o no. — Agarraba una sudadera delgada con capucha de color azul.

— No es broma, te lo mostraré.

Caminaba en su cama y buscando en su almohada su linterna. Jalaba la perilla hacia enfrente del foco y moviendo a lado donde crecía. Tomaba la chamarra y dejándolo en el suelo e iluminando, haciendo que creciera a su tamaño normal. Se ponía la sudadera y guardándolo en uno de sus bolsillos.

— Te lo dije. Bueno creo que no está el libro aquí. Tal vez esté en el laboratorio. Voy a ver.

Ambas chicas bajaron de nuevo, minetras Pacifica bajaba al laboratorio Wendy decidio quedarse en la sala. Al llegar al laboratorio se encontrado con hojas llenas de ecuaciones y dibujos sueltas en él piso. Movía las hojas y apilándola en un lugar mientras buscaba el diario, hasta que lo encontró debajo de una pila en el panel de control del portal. Miraba que el cristal estaba cubierto con una lona de plástico. Pacifica se acercaba a una esquina y moviéndolo, viendo que estaba una máquina casi de su estatura, con cables sueltos y un panel de control aún no construido. Dejaba de ver y tomando los dos diarios restantes, saliendo del laboratorio.

Al estar en la sala vio como Wendy Picaba con la punta de una escoba el brazo que se mueve una vez más, cuando vio a Pacifica se detuvo.

— Ehh ... Sigue con ... no vida. — Hablaba Pacifica sin moverse y manteniendo la vista en el brazo.

— Creo que tenías razón, si era solo un reflejo. — Tomaba bien la escoba y barriéndolo afuera por la entrada de la cocina.

Cuando Pacifica miraba como Wendy sacaba el brazo veia que debajo de la mesa se encontraba un gran papel debajo de la mesa, ella lo tomo sin pensar y abriéndolo. Cuando lo vio miraba un dibujo de Bill del lado izquierdo, del lado opuesto estaba el dubujo de una cabeza humana unido por el graneo se encontraba Bill y un humano haciendo un trato.

— Pacifica, ya nos vamos. — Hablaba Wendy en la puerta de la cocina.

— Si, vamos.

Mientras caminaba por el bosque, Pacifica buscaba todo sobre la planta de Barometz. Leía que la planta se encuentra solo en la parte de china e india, pero en America hay solo una sola planta en existencia está escondida en Gravity Falls y solo crese una vez en invierno, en un lugar escondido de toda criatura.

Al terminar de leer lo que dijo intentaba Pacifica pensar en qué hacer, pero no sabía qué hacer. Se quedó sentado en un tronco mirando el diario buscando una solución a esto, pensando en qué podía hacer. Mientras que Wendy se iba con celeste.

Al llegar Wendy con celeste intentaba convencerla de que le diera un poco de su cabello, prometiéndole que ella en el invierno busca la planta de Barometz. Pero celeste se negaba una y otra vez hasta que Wendy decidió irse del lugar.

Cuando Pacifica se dio cuenta de que Wendy no estaba con ella, pensó en que se había artado de todo eso y iría con celeste para quitarle cabello de cualquier modo, cuando llego al lugar no vio a Wendy, pero pudo ver que detrás de la cascada estaba celeste con su amigo sátiro y más unicornios

— Por qué siempre los humanos tienen que venir a molestarme. Necesito su cabello para una posición para salvar vidas, Que bueno que inventamos la tontería de puro corazón y que existe esa planta aquí.

Celeste solo se reía recordando a cuantos humano había mandado su especie a una búsqueda sin sentido, mientras que sus amigos reían con ella.

— Solo me puedo imaginar como esas chicas están buscando algo que ni me importa.

Pacifica ya no contenía su ira mostrándose donde se escondía con un gesto de rabia y llamando la atención de los unicornios y el sátiro.

— ¡Tu maldito unicornio, me insiste en buscar cosas inútiles solo por diversión!

— O no te lo tomes tan mal niña. Un unicornio necesita buenos sirviente que le sirvan.

— Como te atreves a decirme que soy tu sirviente.

— Si lo eres, me trajiste muchas cosas y seguirás haciéndolo, si quieres mi cabello o que harás. Dímelo, he, he.

Celeste acercaba su rostro a Pacifica con una sonrisa mientras terminaba de burlarse de ella. Antes de se diera cuenta Pacifica le daba un pucherazo a la nariz de celeste haciéndola sangrar un líquido con el mismo brillo de un ópalo. Solo se limpió la sangre con su casco, mirándola con rabia. Mientras ambas se miraba fijamente el sátiro se lanzó con un bastón de su tamaño pero antes de lo que podía hacerle daño fue arrojado junto con un tronco.

Los unicornios y Pacifica miraba quien fue el que había arrojado el tronco viendo una niña robusta que sostenía otro tronco. A sus lados estaba Candy y Wendy. Al ver las chicas: Pacifica se emocionaba y tomaba el bastón del sátiro tomándolo como si fuera una espada.

Isabella fue la primera en ser atacar por Isabella tacleadla con su cuerpo antes de que Pacifica supera lo que había pasado fue arrojada y lo único que pudo hacer fue rodar por él suelo. Se levantaba lo más rápido que podía. Viendo que Isabella la miraba con una sonrisa burlona.

— Oh te dolió. Si quieres que te perdone tienes que besarme mis cascos.

Se acercaba el unicornio a Pacifica mirándola con diversión.

— Y bien que harás.

— Esto.

Volvió a darle otro puñetazo en la nariz y como la vez anterior volvió a sangrar, con la única diferencia de que esta vez solo salió una gota, pero cuando volteo la mirada a Pacifica miro que estaba de pie y sin perderla de vista.

— Estúpida niña.

— En verdad tu nunca aprendes.

Pacifica está concentrada en Isabelle que no se percataba de ese otro unicornio que venía con intención de empalarla en su cuerno, pero antes de que lo hiciera Grenda lo tacleadla llevándoselo hasta chocar con la piedra del castillo.

— Maldito ogro.

Cuando Grenda escuchó lo que dijo el unicornio se quedó pasmada de momento y gritando

— Soy una chica, estúpido caballo.

Le daba un par de golpes en el estómago antes de que el unicornio racionara y moviera su costado alejando a Grenda lo suficiente para que se pudiera poner de pie mientras movía su cabeza para cornearla con su cuerno. Ella se alejaba de el cómo podía mientras intentaba barias veces hacer lo mismo, antes de que pudiera contraatacar con un uppercut.

Mientras Wendy y Candy se encargan de que el último unicornio no se meta con la pelea de Pacifica

Mientras que Pacifica desviaba con bastón todos los ataques que hacía Isabella con su cuerno exceptuando cuando lanzaba todo su peso, que solo se enfocaba en esquivarlo, sabiendo que no tenía la fuerza para recibir el ataque.

Isabella golpeaba cada vez más, pero incrementaba de igual manera su cansancio junto con su rabia, viendo que no le hacía daño. Decidió terminar con eso dando otra estocada con su cuerno que Pacifica desvió como esperaba, se levantó en su dos patas. Cuando pacifica se dio cuenta de eso salto lo más rápido que podía, cuando se alejó de ese golpe Isabella provecho que no estaba atenta para mover su cabeza a su dirección rasgando su meguilla. Insatisfecha con el daño que había hecho prosiguió a usar su cabeza para empujarla lejos de ella viendo como rodaba por el suelo.

Miraba con felicidad lo que había hecho viendo que la niña molesta no se había levantado, mientras recuperaba el aliento junto a ponerse de nuevo en posición de ataque esperando lo que fuera. Vio cómo se levantaba mirándola fijamente con la misma mirada que ella tenía; De enojo y odio. Ambas sabían que volverían a pelear, pero fueron interrumpidas por un tronco que cayó en medio de ellas dos sacándolas de su objetivo. Ambas voltearon la mirada simultáneamente para ver quien fue de sus aliados, viendo que fue Grenda que ya tenía un tronco en sus manos.

— Tu también quieres pelear. — Respondía Isabella con notable ira en su voz.

Miraba a Grenda con odio junto a ponerse enfrente de ella, pero siendo interrumpido de nuevo por un chiflido que venía de atrás de ella. Miraba que era Wendy la que había chiflado ya su lado estaba Candy.

— Ya entiendes caballo, has perdió.

Isabella vio que no podía escapar ni podía vencer, al final daba un relincho de ira mientras se sentaba en el pasto.

— Bien, ustedes ganan. Tomen un mechón del cabello de mis amigos y váyanse.

— O no, ni creas que saldrás tan fácil. — Hablaba Pacifica subiendo al tronco y mirando a Isabella.

— Bien, que quiere para que se vayan de mi hogar.

Las chicas se acercaron entre sí, hablando de lo que querían. y Isabella solo escucharon el ruido entendible. Cuando dejaron de hablar voltearon la mirada a Isabella con una sonrisa.

— Ahora en qué me ti.

Caminabas las chicas de regreso a la cabaña llevándose una gran cantidad de tesoros juntos con más moretones y cortadas. Wendy se llevó un hacha, Candy seguía feliz de haber lamido un unicornio, Grenda se llevó un cofre lleno de tesoros en uno de sus brazos, mientras que Pacifica se llevó una espada ropera junto a una bolsa con cabello de los tres unicornios.

— Pensé que ya no te interesaba el oro. — Hablaba Wendy recuperando el paso.

— Ya sé que hay tipos diferente de riqueza, pero tampoco me voy a negar a la riqueza original.

— Y cómo se van a repartir el tesoro 50 50.

— 60 y 40

— Creo que algunas cosas no han cambiado.

Al llegar a la cabaña Wendy fue a buscar sus cosas, mientras que Grenda y Pacifica se quedaba repartiendo sus partes 60 para Grenda y 40 a Pacifica. Dejaba que Grenda se lleve el cofre dejando su parte en la mesa.

Después de irse Candy y Grenda, Pacifica se quedaba en la mesa tomando un jugo de naranja mientras ponía el envase frio en sus moretones. Cuando llego Wendy solo se quedaron en la mesa hablando de historias que ella consideraba divertida.

— Y así fue como Robbie fue perseguido por pato.

— Como pudiste salir con él.

Se reía de la historia a la que Pacifica, ella seguía contando algunas historias en su vida, de cómo alguien había dejado escapar a todos los caballos de una finca haciendo que fuera un desastre en atrapar a todos y su primera aventura con Dipper en el bosque, cuando conto eso recordó ese día que hablaron sobre Bill y lo que había encontrado antes de irse.

— Wendy, dipper te a contado de Bill Cipher.

— Solo algunas historias, de cuando poseyó el cuerpo de Dipper.

— En el diario no dijo nada de eso.

— Eso nunca dice todo. Siempre lo tengo metido en más problemas de lo que lo salvan, en serio que zoquete escribió eso... — Cerro la boca y mirando a Pacifica con un rostro vergüenza. — Lo siento.

— Tranquila, Stanford nunca piensa detenidamente todos los detalles. — Se quedó mirando sus manos y viendo el hacha que estaba apoyada en la pared. — Hey, Wendy. Que le vas a hacer a tu hacha, en verdad la vas a usar.

— Eso, no. Lo pienso colgar en mi muro, es demasiado pesado para que pueda usarlo.

Se escuchaba el sonido de la puerta abrirse junto a unos pasos.

— Bueno, creo que es hora de ir me. Hablamos despues, Hilda.

Salía Wendy de la cabaña antes de que entrara Ford a la habitación, Pacifica esperaba que Ford entrara a la cocina, pero en un momento se dio cuenta de que se tuvo que ir a laboratorio. Decidió ir con él, para contarle que había conseguido el cabello. Mientras bajaba se dio cuenta de que la puerta del segundo piso subterráneo estaba entreabierta.

Empujaba la puerta viendo que se abría sin esfuerzo, metía la cabeza para ver si se encontraba ahí. Al entrar veía que estaba llenas de objetos que no podía ver por la oscuridad de la habitación, pero pudiendo notar una luz que iluminaba una silueta que conocía. Caminaba más adentro de la habitación pudiendo ver que era Ford, pero su atención se dirigió más a lo que veía, que era las grabaciones de seguridad del portal.

Cuando llego a poder ver la cámara ya había pasado todo el incidente del portal con Bilper. Veía como fueron absorbido por el portal seguido de estática ya no viendo a Soos, Dipper y Mabel. Solo estaba Stan volvió a haber estática y enfrente de él se veía que enfrente de Stan estaba una criatura que ella sabía que es. Bill Chiper, se acercaba a Stan, pero antes de poder decir algo volvió ver estática en el video como en el audio y mostrando como Stanley era succionado, Stanford acelero la grabación al ver eso, pasando rápido cuando ella había llegado y ser casi absorbida por el portal. Dejaba de acelerar y poniéndolo más lento notando una silueta negra que salía del portal antes de que el saliera, volvía a acelerar la grabación, volvía a su velocidad normal cuando estaba el desmantelando el portal, sacando una esfera de nieve que irradiaba luz como oscuridad.

De momento una sombra aparecía más ocurra que las demás lentamente se separaba de la pared teniendo una forma alargada y parecido un brazo, entre más salía la sombra de la pared la silueta de Bill se hacía notar. Se veía que la silueta iba a donde estaba Ford, estiraba su brazo, pero el video fue cortado por estática y terminado en una pantalla blanca.

Pacifica se quedaba enfocada en el video y cuando vio que Stanford se levantaba de la silla hizo que chocara con un estante quitando la manta, descubriendo aun con la oscuridad del cuarto pirámides de cristal, primas, estatuas de Bill y una pintura del rodeado de persona alabándolo. Cuando Ford se levantaba miraba a Pacifica en el suelo, cuando se acercaba a ella hablaba con miedo e internado alejase como podía sin que se pusiera de pie ni perderlo de vista.

— Aléjate de mí.

— Tranquilízate, Hil-

— Stanford nunca me ha llamado así.

— Quería decir Hilda. Quieres tranquilizarte.

No decía nada, simplemente al verlo que se acercaba retrocedió hasta chocar con un estante. Después de haberse golpeado vio que Stan saltaba hacia ella, simplemente cerraba sus ojos y cubriéndose, esperando que no le doliera mucho lo que él le haría, pero al ver que no sentía nada abrí los ojos viéndolo sobre de ella sosteniendo una pirámide de metal que poniéndolo en una mesa.

— Tranquila, estás bien.

Veía los ojos de Ford viendo que era normales, al mismo tiempo que la calmaba, Ford y poniendo la pirámide en otro lugar.

— Que te pasa Hilda.

— Pensé que eras… Bill.

— Tranquila Bill no puede entrar en mi cabeza está hecha de acero.

Pacifica se reía nerviosamente pensando que era una broma para tranquilizarla hasta que Ford se dio un golpe por el golpe en el cráneo haciendo un sonido metálico, haciendo saber que no era broma, y al escucharlo ella solo se dejaba de reía.

— Y por qué te hiciste eso.

— Era la única manera de saber que Bill no entraría para saber qué pienso, si quieres te puedo poner una.

— Que, no, no. Mira traje el cabello de unicornio. — Sacaba la bolsa donde tenía el cabello y mostrándoselo.

— Guau. Como lo conseguiste, esos unicornios son- muy desesperantes.

Se movió a la puerta encendiendo la luz del cuarto viendo que Pacifica tenía un gran moretón en el rostro junto con varias cortadas. Al verla Stanford se arrodillaba poniéndose a su estatura.

— Gracias. — Lo dijo con un tono de voz apagada mientras tomaba la bolsa. — Espera aquí Hilda, debo de tener un botiquín cerca.

Se ponía de pie Stanford mientras buscaba con la mirada donde estaba. Caminaba hacia el elevador intentando subir para buscar el botiquín, pero Pacifica lo detuvo.

— Estoy bien, tío. Wendy me ayudo con las heridas.

— Hilda, lo siento. No te hubiera enviado sabiendo que terminarías así.

— Tío, está bien. Quería ayudar para traer de vuelta a Dipper, Mabel y tu hermano.

— Traerlo, pero. No vale la pena. — Decía lo último en voz baja.

— Tío, necesito que me digas la verdad. Quien es Bill y que hace con un pergamino de él.

Stanford miraba a Pacifica y sabiendo que no podía esconder más lo de Bill. Cuando terminó de contar la historia de cómo lo conoció, Bill por Preston, Fiddleford McGucket pudo ver sus memorias y cómo había ayudado a crear el portal.

Al terminar la historia, Pacifica se quedó impactada al haber escuchado la historia. Fiddleford no estaba loco y era, o era un genio, pero en ese momento ya no sabía que estaba pensando en su padre y de Stanford, que era la verdad que su padre había intentado esconder todo lo de Bill, por una extraña razón que no entendía

— Estas bien, Hilda.

— Si, solo no pensé que fuera una historia tan ...

— Extensa.

Pacifica asentía con la cabeza, quedándose callada por unos minutos sin decir nada junto con Ford.

— Tío Stanford, cuanto tiempo falta para sacarlos.

Stanford no dijo nada por un momento y empezó a hablar mientras acariciaba la cabeza de Pacifica.

— Solo un poco más de tiempo, y todo terminará.

...

En una camioneta llena de aparatos de vigilancia se comunicaba el agente Power con todas sus integrantes.

— Black P. quiero un informe de la semana.

— Black P3. no hay nada fuera de lo normal de la ciudad.

— Black 99. informó que solo fui perseguido por un mapache

— Black P, disculpa, que?

— Que fui perseguido por un mapache, pero corrí más rápido.

— Black Euler, los pinos han estado en la cabaña trabajando con sus empleados. Black P, en su reporte dice que es una niña y un niño, junto con dos empleados un hombre y una adolescente.

— Black P. Es correcto, además el encargado de estar atento a Stan pines.

— No he visto al empleado y al niño. También Stan salió de la cabaña y compró varios electrodomésticos, intenté seguirlo dentro del bosque, pero lo perdí en una parte del bosque.

— Manténgalo vigilado y si es peligroso deténgalo.

— Entendido Black P.

— Black phi, informe.

— Es difícil saber qué está pasando dentro de la mansión, pero en la semana han llegaron a camionetas con pintura de camuflaje junto con mano de obra.

— Tiene las matrículas.

— No tenía las matrículas y todos eran del mismo color. Pero aún siguen los camiones adentro, podría entrar a ...

— Negativo. Solo vigila y si encuentra algo extraño habla, entendido Black Phi.

— Entendido. Black Phi, fuera.

Al terminar de hablar cortaba la comunicación, se dirigía a un muro conde tenia pegado varios papeles con nombre e imagen. Arriba de todo en el centro se encontraba escrito "Gravity Falls" debajo del papel estaba 3 hojas escritas Noroeste, Pines y Bosque. En la parte del bosque tenía imágenes y dibujos mal hechos de figuras cuadrúpedas y bípedas junto a algunas huellas. En la parte de los pines se encontraba la foto de Stan, los gemelos pines, Soos y Wendy. En la parte de los Noroestes estaba La familia entera, debajo de ellos había fotos de cuentas de banco vaciándose juntos al personal de la mansión que alguna tenia uniforme militares de distintas nacionalidades.

— Hasta donde termina todo esto.