Hinata se había sentido seguro mientras le gritaba a Kageyama como solía hacerlo cuando asistían juntos en la preparatoria, sobre todo porque la presencia imponente de Atsumu había estado allí para resolver esa pequeña sensación de inseguridad que había estado sintiendo desde la noche anterior cuando Tobio le había enviado ese mensaje casi a la madrugada, ambos sin poder pegar un ojos por la ansiedad del partido.
Él, por supuesto, le había contestado desde la seguridad de su cama que podían hablar lo que Kageyama quisiera, cuando lo deseara...total y Hinata ya había superado todos los "traumas" que el otro le había generado en sus últimos meses de asistencia a Karasuno.
Ahora, casi 4 años después de su graduación, hallándose ambos en equipos diferentes y siendo otra vez rivales, Shouyo ya no se sentía tan confiado de sus propias palabras, incluso después de haber salido victorioso en su primer partido contra Tobio.
El silencio se prolongó entre ellos segundos después de que Atsumu había cerrado la puerta tras salir al aparcamiento; Kageyama había chasqueado la lengua y desviado la mirada mientras acomodaba la correa del bolso sobre su hombro, casi en un acto inconsciente y compulsivo que a Hinata no le pasó desapercibido. Él, por su parte, se había tomado el atrevimiento de mirarlo directamente porque, después de todo, ya habían pasado 4 malditos años de todo aquello.
Kageyama había crecido. El maldito era incluso más alto que la última vez que se habían visto, pero no era sólo eso; las facciones de su rostro seguían siendo las mismas, pero había algo que había cambiado en la expresión del armador. No podía definir si la palabra que quería utilizar para describirlo era "maduro", pero sí podía decir que se trataba de algo similar. Su ceño seguía tan fruncido como siempre, sus ojos parecían evaluarlo segundo a segundo, el rictus de sus labios le indicaba a Hinata que estaba molesto por algo, como siempre.
O era simplemente la única cara que tenía y él se estaba acomplejando.
— ¿Qué fue eso?
De repente, la voz potente y gruesa de Kageyama lo hizo espabilar como si se tratase de un latigazo en el rostro. Shouyo frunció el ceño intentando dilucidar a qué se refería Tobio en particular.
— ¿Qué cosa?
— Lo de Miya-san.— el tono del otro se suavizó un poco al decir aquello, y Hinata no podía discernir si lo hacía adrede o no para que hablara con franqueza.— Ayer no fue el único día que te escribí, Hinata. No te estoy atacando.— dijo de repente, sorprendiéndolos a ambos cuando notó que Shouyo quería interrumpirlo.— Sólo que me tomó desprevenido. Muy.
— A mi también. No me lo veía venir.
— ¿A que fuesen pareja o a lo que dijo ahora?
— A lo que dijo ahora.
— Lo sabía. No son pareja.
Una sonrisa triunfal se instaló en el rostro de Tobio mientras Hinata resoplaba, molesto. ¿Esa era la facilidad con la que Kageyama era capaz de sonsacarle la verdad, o era él mismo el que se sentía a gusto por el reencuentro con un ex compañero y por eso lo soltaba así sin más, aunque se tratara del Rey? ¿O lo estaba haciendo precisamente porque era él?
Lo cierto era que Kageyama no mentía; luego de su graduación de la preparatoria Karasuno, había habido una época de incomunicación total entre ellos que a Hinata le había venido bastante bien para reacomodar sus ideas y sentirse un poco más "libre". En aquellos últimos meses jugando juntos, Shouyo había notado ciertos cambios en la conducta tosca y agresiva de Kageyama.
No es que hubiese mejorado, sino que por el contrario la cuestión se había puesto peor, sólo que en ámbitos que el rematador no estaba listo para afrontar. De gritos e insultos por un mal saque, una mala decisión en la cancha o alguna habilidad despulida de Shouyo que les había hecho perder algún punto, Kageyama había pasado a hostigarlo fuera de las prácticas y los partidos con cuestiones ajenas al equipo y sus rivales.
Lo que al principio generó confusión en Hinata, pronto se transformó en verdadera consternación. Kageyama indagaba sobre sus actividades fuera del colegio, si se juntaba a estudiar con algún compañero, si solía escribirse con algún jugador de otro equipo, a quienes solía frecuentar en sus momentos de ocio...hasta que aquello no resultó suficiente y, una tarde, Tobio decidió por cuenta propia que acompañaría a Hinata hasta su hogar.
Por supuesto, aquello generó un sinfín de discusiones que terminaban en una caminata hacia la parada del autobús o en un sendero recorrido a bicicleta en el más profundo silencio. Kageyama no decía absolutamente nada y Hinata tampoco no intentaba llenar el espacio vacío que le mismo Tobio había generado con aquellas extrañas exigencias que no tenían fundamento alguno, pero que se le habían metido tan fuerte en la cabeza que había sido más fácil dejarlo hacer que llevarle la contraria, tarea titánica y agotadora.
Total, ¿qué daño podría hacer aquello más que tener que ver un poco más su rostro y soportar sus preguntas estúpidas?
Esa pregunta tuvo su respuesta semanas después de iniciado todo ese raid de sucesos extraños que no coincidían con la actitud anterior del armador. Hinata había decidido quedarse hasta muy tarde entrenando ante la proximidad del torneo nacional a la vuelta de la esquina y, por supuesto, Kageyama lo había secundado junto con otros compañeros de años inferiores; lo que para ellos era tarea habitual, para los alumnos de primero y segundo año de preparatoria rápidamente se transformó en un entrenamiento difícil de tolerar y desistieron cuando el reloj del gimnasio había marcado las 9 PM.
Exhausto como estaba, Hinata no refutó la insinuación de Kageyama de acompañarlo nuevamente a su hogar, más porque realmente esa vez sí se había hecho tarde y le temía un poco a la oscuridad del camino. Sólo un poco.
El reloj marcaba las 11:00 PM cuando al fin habían terminado de apagar todas las luces, cerrado el gimnasio y abandonado la preparatoria. Esa noche una leve brisa soplaba fresca y reparadora al calor sofocante que había estado haciendo, y por extraño que pareciera y lo lejos que quedaba su casa, decidió caminar de regreso. Kageyama pareció dudar pero tampoco dijo nada, y ambos iniciaron el habitual recorrido silencioso en una paz que, pese a no ser amenazante, a Shouyo le generaba un mal presentimiento que no podía disipar.
A medio camino, Tobio comenzó a quejarse; el camino era un poco largo y empinado y él sí había decidido trasladar su bicicleta para el día siguiente; las quejas dieron paso a conversaciones cortas y escuetas mientras llegaban a la casa de Hinata 20 minutos después, casi en silencio.
Y sucedió la desgracia.
Shouyo en un primer momento pensó que Kageyama se había tropezado y había caído sobre él sin poder evitarlo mientras ambos chocaban contra la puerta de su hogar, hecho que refutó rápidamente cuando sintió los labios ajenos sobre los suyos, presionando. Por un momento que pareció eterno, Hinata se olvidó de cómo respirar mientras su cuerpo quedaba inmóvil entre Tobio y la puerta, sin poder reaccionar. En realidad no sabía cómo hacerlo y, luego de lo que pareció una eternidad, Kageyama finalmente se separó de él, su respiración agitada y sus mejillas arreboladas.
Su mirada acusadora clavada sobre él, aquel ceño fruncido que Hinata tanto detestaba ya.
— No hiciste nada.— fue lo primero que susurró Tobio al tiempo que Hinata cubría su boca con una mano, el calor ascendiendo rápidamente hacia su rostro. Parpadeó un par de veces hasta que pudo reaccionar, recordando de repente que se hallaban ya en su casa.— No lo evitaste, no me apartaste.
— Vete. Vete ahora, estúpido.
Hinata creyó que Tobio iba a agregar algo más, pero él fue más rápido; abrió, ingresó a la casa y cerró de un portazo sin darle chances a ningún tipo de discurso haciendo un ruido seco y fuerte sin importarle que probablemente su hermana menor dormía, su madre quizás también.
Pero tenía que escapar de aquello.
¿Y por qué había sido una desgracia? Porque no había sido la única vez.
Luego de aquella primera vez, hubo un período de silencio incómodo por parte de ambos. Hinata no encontraba la manera de reprocharle su conducta ni coraje para echarle en cara que aquello había estado mal de su parte, y Kageyama parecía aguardar algún tipo de reacción de su parte antes de dar un paso más. Así, transcurrieron un par de semanas de insultos aislados y reprimendas mutuas delante de los demás, pero de reserva absoluta fuera del colegio.
Hasta que Hinata ya no soportó más la situación, y fue él quien besó esa vez a Kageyama cuando se habían encontrado solos al final de una práctica. La experiencia había sido totalmente diferente, porque ahora Shouyo volcaba en ese choque de labios toda la frustración y la confusión que Kageyama le había hecho sentir aquellos días. Rápidamente, Tobio lo había tomado como una señal positiva y ambos habían terminado rodando por el suelo del gimnasio entre jadeos, manoseos inexpertos y besos ansiosos y un tanto desesperados.
Por supuesto, aquello parecía haberse convertido en una competencia más por ver quién de los dos era capaz de alterar más al otro en aquellos encuentros fortuitos; algunas veces ganaba Hinata y otras tantas lo hacía Tobio, aunque en la mayoría de los casos la cuestión terminaba en empate.
Y así fue como se habían sucedido los meses que faltaban hasta la graduación de ambos, sin aclarar siquiera una sola vez - por mucho que Hinata lo hubiese intentado en varias ocasiones - qué significado real tenía todo aquello para ellos dos.
La graduación llegó, la oportunidad pasó. Hinata consiguió viajar a Brasil y la lejanía aclaró un tanto su mente un poco alienada por el desorden de sus pensamientos y emociones. Otra vez, el vóley se había vuelto la piedra angular de su vida de una manera tan fácil que ni siquiera tuvo tiempo para sacar alguna conclusión para por fin poder terminar de cerrar aquel ciclo, y antes de lo que hubiese pensado, el tiempo voló y ya se encontraba otra vez en Japón.
Estaba finalmente en casa nuevamente. Lugares y rostros conocidos lo volvieron nostálgico por un tiempo hasta que pudo apoyar ambos pies sobre la tierra una vez más; como si las cosas sucedieran a un ritmo mayor a lo que él podía asimilarlo, Hinata se incorporó al equipo de los Black Jackals y otra vez, antiguos compañeros le devolvieron aquella sensación de encontrarse en el hogar nuevamente, protegido y contenido.
Y el primer mensaje luego del anuncio de su adhesión al equipo no se hizo esperar. Shouyo no necesitó preguntar para saber que se trataba de Kageyama, quien había mantenido un silencio sepulcral por meses e incluso años. Como había pensado, desde la seguridad que le confería la distancia y el teléfono, no tuvo problema alguno en contestarle mensajes escuetos carentes de compromiso, y así habían estado todo aquel tiempo.
Esquivando, como siempre, el tema principal de conversación.
— No lo somos oficialmente.— el gesto se torció en el rostro de Kageyama, quien había dado un paso en su dirección.
— ¿Te está acosando?
— No como tú.
El acercamiento de Kageyama se detuvo al oír aquello; Shouyo inspiró profundamente, hinchando el pecho y ganando coraje para no echarse atrás. Lo cierto es que, ahora que volvía a ver a Tobio de pie frente a él y no sólo en sus pensamientos, aquella marea de sentimientos confusos habían vuelto a surgir de manera frenética mientras él intentaba refrenarlos de alguna manera, aunque fuese empleando la violencia verbal.
— Yo nunca te acosé.
— Claro.
— ¡No lo hice!
— Por favor, ¡comenzaste a obligarme a que te soportara fuera de los entrenamientos, me acompañabas a mi casa casi todos los días pese a que te quedaba a trasmano y siempre encontrabas alguna excusa para que estuviésemos juntos incluso los fines de semana!
Hinata gritó aquello, harto de que Tobio fingiese no recordar lo que había sucedido antes de que él comenzara a responder a sus besos. Kageyama se limitó a observarlo en silencio, dando otro paso hacia él.
— ¿Eso es acosar?
— Es una broma, ¿verdad?
¿Era realmente posible que Tobio no se hubiese percatado?
Si, era muy probable, por mucho que Hinata no pudiese creerlo.
— No, no lo es, te lo estoy preguntando en serio.
— Bueno, sí. Eso es acosar.
— Pero nunca me detuviste.
— ¡Te dije un millón de veces que no hacía falta!
— Pero aún así...aún así, cuando te besé, luego no me rechazaste. Tú me buscaste.
Bien, ahora el silencio lo establecía Hinata, no porque no supiera cómo refutar aquello, sino que tenía a Kageyama a un paso de su posición; él había ido retrocediendo y, al final, como repitiendo la escena de años atrás, había chocado contra una de las puertas de servicio.
Tobio posó una mano contra la puerta, pero más que un acercamiento pareció un golpe de frustración por parte del más alto. Hinata se sobresaltó en su lugar, listo para recrear alguna escena de escape que había visto en alguna serie de acción, pero en ese momento no se le ocurría ninguna…
— Kageyama.
— ¿Mmh?
— ¿Qué dijo Daichi-san?
Diez mil puntos para Hinata Shouyo.
Vio con estupor y gracia como Tobio parpadeaba un par de veces, confuso y descolocado totalmente por su pregunta. En su fuero interno, Hinata se carcajeaba pensando en que, efectivamente, no había cambiado nada. Las dos neuronas que tenía en funcionamiento aún seguían en cortocircuito, sino es que ya se había quemado una en esos años.
— ¿Daichi-san?
— Si, si. Daichi-san.
Hinata tomó valor y empujó a Kageyama, quien perplejo aún seguía debilitado. Shouyo finalmente pudo invertir las posiciones y se aproximó a la puerta de salida de manera sutil por si debía salir corriendo de un momento a otro.
— Ah...no, bueno, me felicitó. Quería hacerlo contigo, pero te fuiste antes de que pudiese hablarte. Me dijo que ellos iban a juntarse el fin de semana que viene en casa de Asahi-san, que estábamos invitados.
— ¿Ellos quienes?
De repente, la emoción se filtró sin poder evitarlo por la voz de Shouyo, y Tobio sonrió al percibir una sensación de nostalgia que incluso él mismo sentía.
— Sugawara, Nishinoya y Tanaka. ¿Sabías que Tanaka-san se casó con Shimizu-san?
— ¡Lo sé, es increíble! Bueno…—Shouyo carraspeó, un poco fuera de lugar.— Yo...quizás vaya.
— Yo quizás, tal vez.
— Luego le escribo a Sugawara-san para coordinar.
— Está bien.
Hinata se había ido acercando a la puerta conforme emitía cada palabra hasta que dio con la barra de seguridad. Dio un último vistazo a Kageyama, y no pudo evitar que un sentimiento extraño que no pudo definir bien le atenazara el estómago.
— Entonces nos vemos, Bakageyama.
No lo dejó responder, como aquella vez en la puerta de su casa. Salió por la puerta y volvió a cerrarla con fuerza; lo fresco de la noche le recordó a la brisa de aquella vez. Incluso era de noche, maldita sea.
¿Es que nada podía cambiar?
— ¿Y bien?
La voz sosegada de Atsumu surgió de la oscuridad, sobresaltándolo. Hinata volteó hacia un costado, encontrando la silueta de Atsumu recostada en la pared, a unos metros de la puerta. ¿Habría oído todo lo que habían dicho? Era casi un hecho, considerando que habían estado gritándose. Shouyo sabía bien que la pregunta de Atsumu iba más allá, pero no quería darle demasiadas vueltas al asunto.
¿No podía disfrutar y festejar en paz la maldita victoria?
— Vámonos de aquí.— susurró Hinata, dirigiéndose al aparcamiento sin mirar hacia atrás.
Segundos después, oyó la risa de Atsumu danzando en el aire y un brazo rodeando otra vez sus hombros, atrayéndolo. Hinata no pudo evitar sonreír ante aquello, ni tampoco compararlos. Eran, literalmente, polos opuestos.
Que aún así poseían un magnetismo que Shouyo no podía esquivar.
— ¿Adónde quieres ir?
— A tu casa o a la mía, no importa.
— Wow.
Hinata oyó el sonido metálico de las llaves cuando Atsumu revolvió en su bolsillo; segundos después, oyó el sonido que producía la alarma desactivada de un vehículo y, en efecto, las luces delanteras de uno de ellos parpadearon intermitentemente. Hinata suspiró y se adelantó, subiendo al asiento del acompañante mientras Atsumu se demoraba fuera del coche.
Necesitaba volver a sentir esa sensación de calidez y contención. De manera urgente, o su mente colapsaría otra vez, inundada por los recuerdos.
Ni siquiera sabía bien por qué se había demorado fuera, en el aparcamiento. Comenzaba a levantarse una brisa fresca y ya comenzaba a sentir frío. Sakusa frunció el ceño cuando respiró ese aire frío pese a traer puesto el cubrebocas.
De repente, el golpe de una puerta lo alertó, a unos metros de su posición.
Frunció todavía más el ceño, notando que era Hinata. Parecía agitado y un poco alterado. Recién en ese momento, se percató de que afuera estaba el insufrible de Atsumu Miya apoyado en una pared, probablemente esperándolo. Ese fue el único hecho que hizo que no se arrimara a la escena, estudiándola de lejos.
Resopló cuando los vio a ambos abrazándose mientras caminaban internándose en el aparcamiento. ¿Podían ser más idiotas? Sabía que algo raro pasaba entre ellos, pero le había parecido extraño que Miya no presumiera de Hinata frente a ellos como si de un trofeo se tratase, con lo disminuido mental que era…
Otro golpe, esta vez muy más suave llamó su atención en medio de la noche; nuevamente, la misma puerta que Hinata había azotado con anterioridad volvía a abrirse, su ceño frunciéndose otra vez.
¿Aquel era Tobio Kageyama? Sí, si lo era. No necesitaba seguir la dirección de su mirada para saber que estaba taladrando con la mirada a los otros dos zopencos.
Kageyama había sido compañero de Hinata en la preparatoria. Hinata y él parecían haber estado hablando en términos no demasiado amistosos visto y considerando la salida violenta que había tenido Hinata del recinto, y...bien. Ya estaba hilvanando por qué derroteros venía el asunto.
Malditos fueran.
Ambos, Sakusa y Kageyama a la distancia, observaron como Hinata subía raudamente al auto de Atsumu y, como éste, sabiendo que Kageyama lo estaba observando, había volteado otra vez hacia la puerta con una sonrisa miserable en el rostro.
Estúpido armador de pacotilla, maldito rematador ingenuo y pendejo que caía en su trampa.
Chasqueó la lengua, sabiendo de antemano el desastre que estaba por armarse. Finalmente decidió abandonar aquel lugar arrepintiéndose por no haberlo hecho antes y así, haberse evitado ser testigo de tan desagradable escena.
Inconscientemente desbloqueó su teléfono celular, sopesando lo que estaba por hacer. No era su asunto. Para nada. Hinata podía hacer lo que quisiera con su vida, incluso cometer los errores que se le antojasen.
Pero Atsumu Miya era otra cuestión. El idiota se estaba dejando llevar por los celos que sabía sentía por Kageyama, fuese lo que fuese que hubiera sucedido entre los tres. O entre los otros dos, no sabía ni le importaba.
Resoplando, escribió rápidamente un mensaje escueto esperando, no...rezando, porque el destinatario lo comprendiese.
"Llama a Miya, sálvalos a Hinata y a él mismo de cometer una idiotez."
Y acto seguido se lo envió a Bokuto.
Él no iba a intervenir directamente, sólo iba a observar desde fuera como aquello se incendiaba. Lenta y progresivamente.
Bien, esto comienza a prenderse (?
Leo sus opiniones al respecto! 3
Nos leemos!
