¡Buenas! Primero que nada, muchísimas gracias por todo el apoyo! Esta historia, si ya de por si era complicada, con Oikawa de por medio promete sangre (?) Me alegro que les vaya gustando y sepan que leo todos sus comentarios, los cuales me llenan de felicidad :'')

¡Aquí vamos! De más está decir que me estoy riendo mucho escribiendo éstas escenas xD


— ¿Puedes por favor, callarte un sólo segundo? Tampoco me estás dejando oír, Mierdakawa.

Iwa-chan, estoy poniéndome ansioso. Tus técnicas de espionaje dejan mucho que desear, sabes. Yo debería estar ahí.

— Es la décima vez que me dices eso, ya estoy harto.

Iwaizumi le estaba echando la culpa a Oikawa de que no estaba dejándole oír las conversaciones ajenas en aquella fiesta de los mil demonios, pero en realidad, lo que le impedía aguzar el oído, era la música fuerte que se había instalado para quedarse hacía ya más de media hora. Con la música, desgraciadamente, había subido el nivel de alcohol y la frontalización ya alta de algunos presentes y con eso, el mal humor de Iwaizumi.

Oikawa lo había llamado para "hablar" hacía unos diez minutos, aproximadamente. En una primera instancia, Iwaizumi había decidido no atender la llamada porque sabía qué era lo que quería en realidad. Se había prometido a sí mismo no comentarle nada relevante de lo que viera u oyera en aquella fiesta, pero luego de presenciar el casi enfrentamiento a golpes entre Atsumu Miya y Kageyama hacía más de una hora, se dijo que eso sí era algo digno de compartir con aquel metiche insufrible, por muy chismoso que se viera él mismo. Sin embargo, más allá de las cosas extrañas y turbias que estaba viendo a su alrededor, había decidido levantar la llamada porque sabía lo pesado que podía volverse Oikawa si justamente él no atendía el teléfono.

Y una pizca de intuición, aparte de todo aquello, le decía que tenía que atender la llamada. Tenía un mal presentimiento.

— ¿Y bien? ¿No ha corrido sangre todavía?

— Ya te dije que no.— Iwaizumi se alejó un poco de la barra improvisada para acercarse al patio trasero, abriendo una puerta y saliendo un poco al exterior. Respiró aliviado, soltando un gemido de dicha al salvar a sus oídos de aquella saturación acústica.— Más allá de lo que te conté, nada.

Iwa-chan, ¿qué fue eso?

— Qué cosa.

Ese sonido sugerente.

— Púdrete. Salí al jardín trasero, no soportaba más ese bullicio.

¡Pero vas a perderte el chisme! Voy a enviarle un mensaje a Hinata, por si acaso.

— Veo todo por la puerta, Basurakawa. No pierdo a nadie de vista, maldición, las cosas que hago por ti.

Todo porque me quieres, Iwa-chan.

— Porque no quiero soportar tus reclamos luego. Ahora dime.— Iwaizumi carraspeó mientras se bebía un poco de cerveza, sus ojos perdidos entre la gente dentro de la casa.— ¿Hay algo que quieras decirme?

Nada.

— Y una mierda.

Por un momento, Iwaizumi casi creyó que Oikawa había terminado la llamada. Lo único que oía era la música fuerte ahora amortiguada por la puerta de vidrio, pero del otro lado de la línea, ni siquiera podía escuchar la respiración del otro, lo cual lo puso nervioso. Y eso aceleró el estado de ansiedad y agresividad que llevaba dentro, porque algo sucedía.

Ese mal presentimiento se acrecentaba en su interior. Sabía que a Oikawa le ocurría algo. Solía sufrir de una verborragia desmedida y sin compasión alguna por él cuando quería hablar sobre algún tema delicado pero al mismo tiempo no encontraba el valor para sacarlo a flote. Siempre había sido así. Sencillamente algunas cosas jamás cambiaban.

Hace un rato llegué del doctor.— Iwaizumi apretó el vaso que tenía en la otra mano, alejándose de la puerta y caminando en círculos sobre el césped.

— ¿Cómo te encontró?

Me dijo que...que podría ser más grave.

— Es serio, ¿verdad?

No lo pongas así porque me hace sentir peor, Iwa-chan.

Iwaizumi miró hacia el cielo. Estaba nublado, por lo que todo tenía un tinte violáceo, ninguna estrella a la vista. Ni siquiera podía desviar su atención al menos parcialmente en una maldita estrella, los nervios a flor de piel. ¿Por qué carajos se ponía tan nervioso si él no era el de la lesión?

Porque se sentía como si lo fuera.

— Oikawa...no quiero preguntarlo.

Entonces, no lo hagas.

— Maldición, tengo que hacerlo. ¿Cuánto tiempo de recuperación tienes?

Hacía años que Oikawa no se lesionaba, no al menos gravemente. Todos tenían alguna vez algún dolor, algún tirón y tal vez un esguince que dejaban pasar, pero Oikawa ya estaba curado de espanto. Había sufrido dos lesiones bastante importantes durante la preparatoria y venía invicto luego de graduarse. Hasta hacía un mes, o al menos eso era lo que Oikawa le había dicho a Iwaizumi. Ahora, con la tensión que dominaba en la conversación, Iwaizumi comenzó a dudar acerca de la veracidad de aquel tiempo. Probablemente venía sintiéndose mal desde hacía ya bastante tiempo y se lo había ocultado.

Ojalá sólo se lo hubiese ocultado a él y hubiese consultado a tiempo en Argentina, porque sino iba a ir personalmente a fracturarle la pierna él mismo.

Iwa-chan…—Oikawa suspiró, y otro momento de silencio se instaló entre ellos. Iwaizumi aguardó pacientemente, sabiendo que el otro necesitaba alguna especie de preparación psicológica.—Aparentemente, la lesión en la rodilla nunca terminó de curar, y eso afectó a la articulación del tobillo. El médico me dijo que es el hueso, no el músculo. Yo...ah...quizás tengan que operarme.

Ahí estaba, el acabose de la paz interior ficticia de Iwaizumi.

— ¿Cómo? Pero, ¿Cómo es posible, si cuando te fuiste de Japón estabas bien?

No lo sé, Iwa-chan. Que yo me sintiera bien parece que no significaba lo mismo que estar médicamente bien. Tengo miedo, no voy a mentirte.

— Yo también lo tengo, maldición.— la gravedad del tema y del tono de conversación estaba dado por el hecho de que ninguno de los dos se burlaba del estado de indefensión psicológica del otro.— Si tienes que operarte, ¿lo harás allá?

Claro que no. Quiero decir.— Oikawa volvió a carraspear, y en ese momento Iwaizumi dudó seriamente de si el otro no había estado llorando en los momentos de silencio.—Confío en los médicos de acá, me diagnosticaron a tiempo, pero probablemente voy a estar inválido por una temporada y no quiero cargar a Rodrigo con eso. Si tengo que operarme, volveré a Japón.

Otro suspiro. De ambos.

Iwaizumi iba a odiarse por sus pensamientos egoístas, pero realmente le había alegrado un poco la perspectiva de que volviese a Japón, aunque fuese por una temporada. Había logrado mentirle por ahora a Oikawa, pero él estaba planeando visitarlo a Argentina hacía ya bastante tiempo. Por uno u otro contratiempo, ninguno de los dos había podido viajar al lugar de residencia del otro, y el tiempo estaba comenzando a correr tan rápido que Iwaizumi ya comenzaba a asustarse, las ideas paranoicas inundando su mente, ahogándolo.

¿Y si Oikawa no volvía nunca más a Japón, o cuando lograra hacerlo ya fuese demasiado tarde? ¿Demasiado tarde para qué, maldito fuera?

¿Iwa-chan?

— Aquí estoy. Lo siento, sólo me quedé pensando.

Te va a hacer daño, Iwa-chan. No uses las pocas neuronas, se pueden quemar.

— Ojalá te quiebres la pierna entera.

¿Vas a cuidarme si eso pasa?.— Iwaizumi conocía bien los tonos de voz de Oikawa y sus maneras. Sabía bien cuando estaba hablando en serio y cuando estaba jodiendo con él, por lo que supo de inmediato que aquello apuntaba a lo primero.

— Sabes que si.

¿Tenerme tan lejos te ha ablandado, Iwa-chan?

— Ya tenías que cagarla. Por qué...espera.

¿Eh?

Iwaizumi se apartó de la puerta justo a tiempo cuando vio a otra persona a punto de salir. Frunció el ceño, alejándose un poco porque la energía negativa de aquel sujeto lo afectaba hasta a él, que estaba acostumbrado a esas malas vibras.

¿Qué sucedió?

— Te dije que esperes, Mierdakawa.

No tengo paciencia, Iwa-chan.

— Fabrícala.

El jardín tenía la iluminación suficiente para reconocerlo. Era Akaashi Keiji, ex armador de Fukurodani. Lo oyó chasquear la lengua mientras se alejaba todavía más, el teléfono celular en la mano y una expresión de los mil demonios en el rostro. Iwaizumi no lo conocía personalmente, pero a juzgar por lo poco que sabía de él, se trataba de un sujeto tranquilo y de perfil bajo.

Creo que no es un horario prudente para que me llame.

— Oh.— Akaashi parecía haber dado con la persona que lo estaba llamando y parecía bastante molesto.

Iwa-chan, ¿hay alguien más allí?

— Sí, el ex armador de Fukurodani.— farfulló Iwaizumi rogando porque el otro estuviese lo suficientemente ofuscado para no notarlo.- Está peleando con alguien por teléfono. Como yo contigo, digamos.

¿Akaashi?¿Qué hace ahí?

— Y yo qué sé.

Bueno, Iwa-chan. Ve y escucha lo que dice.

— Pero…¿no era que tenía que vigilar a Hinata?

No, a todos. Para algo estás ahí, Iwa-chan, estoy desactualizado.

— No voy a…

Ya le dije que no. No puedo ignorar esto.

Hasta yo oí eso.— susurró Oikawa en tono contenido del otro lado de la línea. Iwaizumi miró de reojo a Akaashi, quien realmente parecía pasar aprietos en la llamada. ¿Acaso lo estaban amenazando?

— ¿Qué hago, me meto? Parece realmente nervioso.

No hay comedido que salga bien, Iwa-chan. Escucha un poco más y analicemos juntos. ¡Qué emoción!

— Hijo de puta.

Iwaizumi estaba sopesando seriamente lo que le había dicho Oikawa. El lenguaje corporal esquivo y ansioso de Akaashi le decía a la distancia que la estaba pasando mal, y él no se sentía cómodo con aquella situación, por más que no fuesen conocidos. Mientras Oikawa farfullaba algo más - porque susurraba como si alguien pudiese llegar a oírlo - e Iwaizumi lo ignoraba, se debatía entre oír o acercarse. Si se acercaba, ¿qué mierda iba a decirle? Tenía quedarle la razón a Oikawa en eso, maldito fuera. ¿Por qué demonios sus preocupaciones habían saltado del tobillo de Oikawa a la vida personal de Akaashi?

— Basurakawa, cierra el pico, no me dejas pensar, maldita sea.

No puedo, ya se lo...tampoco mañana. ¿Qué? Entregué ese trabajo a tiempo, no puede...no, usted tiene razón, por supuesto.

Ambos, Oikawa e Iwaizumi, guardaron silencio escuchando. ¿Estaba hablando con alguien mayor?¿Trabajo? ¿Era su jefe, acaso? ¡¿un sábado por la noche?!

No pienses, Iwa-chan, ¡ve!

— ¿Voy?

¡Sí! Interrúmpelo con cualquier idiotez, que la basura con la que esté hablando te oiga y sepa que no está sólo, ¡ve, Iwa-chan, yo te elijo!

— Bien, ahí voy.

Iwaizumi tomó aire y dio un paso al frente; mientras lo hacía, su mente intentaba recrear alguna excusa que no sonase tan estúpida para hablarle a una persona que no conocía en medio del jardín trasero de una casa ajena en una noche en la que se suponía todos debían alcoholizarse en manada dentro del lugar. Por prestar atención a aquel nuevo conflicto, se había olvidado por completo de vigilar a Kageyama y a Hinata. Chasqueó la lengua, aún preguntándose si lo que estaba por hacer estaba bien.

Sin embargo, no necesitó dar un paso más en dirección a Akaashi.

La puerta de vidrio se abrió por tercera vez y un hombre más alto y fornido que él pasó a su lado tan rápido y con tanta vehemencia que casi había arrollado a Iwaizumi. Sorprendido por la aparición repentina, Iwaizumi enfocó rápidamente su visión y puso a trabajar las pocas neuronas que aún funcionaban luego de cinco latas de cerveza: si el que había salido a hablar por teléfono era Akaashi Keiji, aquella bestia que casi había pasado por arriba incluso al pobre hombre era Bokuto Koutaro, ex capitán de Fukurodani y actual rematador lateral de los Black Jackals.

— Akaashi, vamos adentro, hace frío aquí.

— D-Dame un momento, Bokuto-san. Déjame terminar la llamada.

— Claro.

Dios mío, esto se complica. O se pone mejor, depende de cómo lo mires.

Bokuto no había sido agresivo al dirigirse a Akaashi, pero el tono de ansiedad en su voz se había filtrado de manera tan transparente que incluso Iwaizumi lo había percibido. Por supuesto, al notar su presencia allí, Akaashi parecía haberse puesto todavía peor, y la situación empeoraba al comprobar que Bokuto no pensaba abandonar el lugar hasta que Akaashi finiquitara esa llamada.

Iwa-chan, vas a tener que acercarte porque yo no puedo perderme esto.

— No puedo, están alejados de la casa, no tengo excusa, Chismokawa. Además, presiento que vamos a terminar a los golpes si me aproximo.

Qué intensidad, ¡menos mal que decidí llamarte más temprano!

Pasaron un par de minutos y, a unos saludables y seguro metros de distancia, Iwaizumi se sintió protegido por la semi penumbra que había del lado del jardín que él ocupaba. Pese a haber estado en su camino, Bokuto tampoco parecía haberlo registrado; aún seguía de pie frente a Akaashi, dándole la espalda a él. Akaashi por su parte le daba la espalda a su vez a Bokuto, intentando alejarse un poco más para obtener un poco de privacidad.

Y por fin, la llamada pareció finalizar. Cuando Iwaizumi suspiró, Oikawa lo secundó. Odiaba que tuviesen ese tipo de conexión mental ridícula para esas cosas.

— ¿Todo bien?

— Sí, era sólo mi Jefe.

Te lo dije.— a decir verdad, Oikawa no le había dicho nada, pero por lo que habían oído se caía de maduro.

— ¿Tienes un jefe que te llama un sábado a las...casi a medianoche?

Un silencio muy incómodo se formó en medio del jardín. Iwaizumi de repente tuvo enormes deseos de salir corriendo de allí, pero la posición le impedía moverse sin delatarse. Akaashi se acomodó las gafas y parpadeó un par de veces, guardando el teléfono en el bolsillo trasero de sus pantalones.

— Es...es complicado.

— ¿Seguro que es tu jefe, no? Akaashi…

— Bokuto es tan idiota que dan ganas de ayudarlo, ¿no es cierto?

Iwaizumi casi salta en su sitio, cerca de la puerta. Ladeó el rostro bruscamente para encontrarse con Atsumu Miya, la mitad de su cuerpo asomándose por la maldita puerta de vidrio, vaso en mano y rostro de alcoholizado en un estadío avanzado. Iwaizumi tragó saliva, abochornado por haber sido descubierto y curioso a la vez por lo que acababa de decirle.

— ¿Ellos están juntos o algo así?

— Si y no. No sé. Ahora no lo sé.

Ambos observaron a los otros dos, Oikawa mudo del otro lado de la línea. Iwaizumi notó que Akaashi comenzaba a fregarse las manos en forma compulsiva. Notó que incluso Bokuto había clavado la mirada en sus manos mientras el otro le decía algo en un tono de voz tan bajo que ninguno de los presentes - Oikawa incluido desde miles de kilómetros - logró descifrar.

No necesito esto.

Uh.

— Uh…

— Mierda.

Iwaizumi no iba admitirlo abiertamente, ni siquiera a sí mismo, pero Oikawa, Miya y él estaban conformando una especie de gremio de las chismosas de un sábado por la noche. Con disimulo, observó por el rabillo del ojo a Miya, quien seguía con la mitad del cuerpo afuera, sosteniéndose del marco de la puerta. Parecía tan concentrado en la pelea que parecía desarrollarse a unos metros de distancia que la sonrisa en su rostro había flaqueado un poco mientras el ceño de Iwaizumi se fruncía cada vez más.

— Ah, listo, viene para acá.

La voz tomada de Miya hizo reaccionar a Iwaizumi; Miya finalmente surgió del todo hacia el patio e Iwaizumi apreció de cerca lo alto que era. Se tambaleó sutilmente hacia su costado, casi chocándolo en el preciso momento en el que Akaashi ingresaba de nuevo a la casa a una velocidad que Iwaizumi no creía posible. Los tres - ahora Bokuto incluido - observaron la trayectoria de bala que hacía Akaashi dentro del living del lugar, un poco repleto de personas. ¿En qué momento habían bajado tanto las luces, maldita sea? No veía una mierda. Igualmente, Iwaizumi no tuvo tiempo de parpadear; se había movido un poco hacia la izquierda para ver mejor el interior del lugar, frunciendo más el ceño y entrecerrando los ojos, cuando sintió que algo lo chocaba por detrás. Hubiese caído de lleno contra el vidrio si Miya no lo hubiese tomado del brazo en el preciso momento en el que Bokuto atravesaba la puerta a una velocidad incluso mayor que la de Akaashi, siguiéndolo.

Por favor, Iwa-chan, ¡mantenme al tanto! ¿Qué sucedió?

— Akaashi corrió y Bokuto fue detrás, no sé a qué parte de la casa se fueron, ¡no conozco, y ni se te ocurra decirme que los siga porque no lo haré, Mierdakawa!

— Akaashi enfiló para la puerta de entrada.— susurró Miya a su lado. Iwaizumi lo observó por un momento y el otro le guiñó un ojo en confidencia.

Dile a quien sea que se haya unido a la conversación, que gracias.— Oikawa parecía agitado del otro lado de la línea e Iwaizumi no tardó en percatarse de que estaba caminando muy rápido.

— Es Atsumu Miya. ¿Dónde mierda estás? Te agradece, Oikawa.

Para Iwaizumi aquella situación se estaba transformando en algo demasiado bizarro y rápidamente comenzaba a perder los nervios al tener que hablar con ambos al mismo tiempo.

— ¿Puedes poner el altavoz? Creo que conozco a Oikawa. Creo.

Oh, por todos los santos, no estoy listo. Bueno.— Oikawa carraspeó del otro lado de la línea mientras se oía un sonido metálico, un golpe seco y un portazo. Más corridas.—Ya llegué al departamento, ahora si. Deja que regularice mi respiración primero, Iwa-chan, no me dejes mal parado.

— Y una mierda.

Iwaizumi no iba a hacer lo que el otro deseaba, ya no. Estaba harto y quería otra cerveza. Por alguna razón, la escena que acababan de vivir le había dejado una opresión en el estómago y eso lo estaba poniendo de peor humor. ¿Oikawa no había estado en el departamento todo ese tiempo? Retiró el teléfono de su oído y pulsó la opción del altavoz. Alcanzó a oír un chillido solapado del otro lado antes de que se activara.

— ¡Hola, Tooru-kun! Eres el fiel amigo de Shouyo, ¿no es así?

¡Un gusto realmente, Atsumu-chan! Oh si, Shouyo-chan me ha hablado mucho de ti.

— Y él, de ti.

— Voy a vomitar.

Hajime Iwaizumi iba a estallar. En segundos. ¿Atsumu Miya acaba de mentirle descaradamente en la cara al decirle que creía recordar a Oikawa, o Hinata le había dicho su nombre de pila? Sea cual fuera la respuesta, estaba ante dos grandes exponentes de la pomposidad y falsedad personificada, no podía soportarlos un instante más. ¿Dos Oikawas? Ya no soportaba a uno ni a la distancia.

¿De verdad? Espero que haya dicho la verdad, a veces Shouyo-chan me admira tanto que tiende a exagerar.— el puño de Iwaizumi se cerró, triturando la lata de cerveza vacía.

— Claro, fue muy franco al relatarme tu evidente enemistad con Tobio-kun, aunque no entiendo por qué también me estás haciendo la contra a mi.— soltó Atsumu en tono risueño sin ánimos de pelea, y para desgracia de Iwaizumi, ambos estallaron en carcajadas.

Pero qué cosas dices, Atsumu-chan. Nunca podría estar en contra de alguien que quiere joder a mi pupilo.

Que alguien lo salvara en ese mismo instante, por favor.

Iwaizumi bufó hastiado y alejó el teléfono de su cuerpo estirando el brazo todo lo que podía como éste quemara; no tenía registro en su memoria de que aquellos dos realmente se hubiesen topado en algún momento de la preparatoria más que un vistazo durante los partidos, e Iwaizumi estaba más que seguro que Oikawa lo hubiese taladrado con sus opiniones negativas respecto a otro armador que no fuese él mismo. No, aquello que estaba viviendo era peor, porque acababan de entablar su primera conversación y no sólo habían demostrado ser el mismo tipo de basura miserable, sino que ya hasta estaban congeniando en contra de una tercera persona.

Y en ese momento, mientras Miya le preguntaba algo a Oikawa y éste comenzaba a hablar hasta por los codos, Iwaizumi lo vio. Fue un instante, un destello. Su mirada se había desviado hacia el interior de la casa rastreando la posibilidad de que hubiese alguna conservadora cerca de donde sustraer otra lata, y sus ojos inevitablemente captaron el movimiento de un forcejeo. Entrecerró los ojos y, para su total desgracia, se trataban de Kageyama y Hinata. Y era Hinata quien le estaba gritando al más alto, sosteniéndolo de un brazo mientras lo zarandeaba en su sitio.

Y literalmente lo arrastró escaleras arriba, ambos tambaleantes y probablemente borrachos. Con desesperación, Iwaizumi se percató de que nadie parecía haberlos visto; ladeó el rostro hacia Miya. Estaba de espaldas a la puerta de vidrio, por lo que no había visto el movimiento tampoco.

— Igualmente creo que voy a ver si sucedió algo más. Me siento un poco culpable ahora, pero creo que yo provoqué esa pelea.— el tono de voz de Miya daba a entender que no se arrepentía una mierda.

¿Por qué, qué hiciste?

— Le dije a Bokuto que era imposible que un jefe llame un sábado por la noche a su empleado.

Date cuenta, amigo.

— Exacto.

— No te conozco, pero ya te odio.— farfulló Iwaizumi sin poder contenerse.— No le des alas, Basurakawa.

Iwa-chan, no te pongas así. Atsumu-chan, debes ir y traer la información, no podemos quedarnos con la historia a medias.

— Voy. Primero veré que Shouyo esté bien…

— Está bien.— puta madre, había respondido demasiado rápido. Iwaizumi se puso nervioso al oír un murmullo en la llamada y ver a Miya enarcar las cejas en su dirección.— Acabo de ver que entraba al baño.

— Ah...bueno, confío en ti, Iwa-chan.

— No me llames así, Miya.

Atsumu Miya se tambaleó al perder un poco de estabilidad ingresando a la casa. La música estaba un poco más baja y por suerte la cabeza ya había dejado de molestarle. Recorrió con la mirada el trayecto de Miya desde la puerta hasta el corredor por el que se habían perdido los otros dos, suspirando levemente aliviado.

Iwa-chan, podrás engañarlo a él, pero no a mi. Te conozco mejor que tu propia madre.

— Hinata se llevó a Kageyama escaleras arriba.

¡Pero me va a dar algo! Iwa-chan, creo que no tengo que decirte lo que debes hacer a continuación.

— Claro que no. Estoy conteniendo los golpes desde hace un buen rato. Es momento de descargar.


Bueeeeno...

Sólo diré:

#TodosSomosOikawa

#TodosSomosIwaizumi