¡Buenas! ¿Cómo les va? ¿Odiándome por el capítulo anterior?

Pues bueno, eran cosas inevitables (?) Vamos a ver cómo Hinata resuelve esta situación...si es que puede xD

Como siempre, muchas gracias por su apoyo!

Acá vamos!


— Oye.

Sakusa Kiyoomi tragó saliva. Apretó los puños, relajó las manos. Repitió el proceso dos, tres veces alternándolo con una inspiración profunda, sin moverse de su sitio. La persona con la que había intentado comunicarse había hecho caso omiso a su llamado de atención, dándole la espalda a unos tres o cuatro metros de distancia en el amplio gimnasio de entrenamiento. Sakusa quería creer que no lo estaba haciendo adrede, visto y considerando el estruendo que surgía de los remates de la práctica suplente unos metros más allá, de las charlas animadas entre otros miembros del equipo o de la música de ambientación que se oía por los parlantes.

Quería hacerlo, pero algo en su interior sí le estaba gritando que aquella indiferencia era a propósito. Sin embargo, Sakusa no podía acercarse demasiado. Miya Atsumu se encontraba en una posición que él catalogaba como peligrosa. Acababan de "terminar" la práctica de aquel día, se encontraba completamente sudado, toalla en una mano y botella de bebida energizante en la otra...un paso en falso, si se acercaba demasiado...aquello podía llegar a terminar muy mal

— Miya.

Carraspeó y lo llamó un poco más fuerte, elevando el tono de voz. Milagrosamente, el armador pareció reaccionar; Sakusa percibió como contraía la espalda y elevaba la mirada desde el suelo, buscando su voz. Finalmente, luego de un par de segundos de escaneo frente a sus ojos, dio media vuelta y lo vio. Sakusa frunció el ceño cuando sus miradas se encontraron. Aquella situación lo ponía como mínimo, nervioso. Queriendo pasar desapercibido, retrocedió un poco más intentando mantener la distancia segura que él mismo había marcado antes de que Miya se le acercara. Maldición, él lo había llamado…

— ¿Qué sucede, Omi-san?

— Mira.— respiró profundo, intentando controlarse.— No quiero inmiscuirme en problemas ajenos, pero lo que sea que te pase, resuélvelo fuera del equipo. No nos hundas a todos en tus asuntos.

¿Cómo?

Adiós a distancia segura.

Sakusa igualmente sabía que aquello iba a suceder. Sin poder retroceder más pasos porque el orgullo y la poca dignidad que le quedaba iban a perderse completamente, vio como Miya se acercó a su posición a paso lento. Uno, dos, tres pasos. Hacía chirriar su calzado sobre la superficie pulida del suelo, adrede. Su trayectoria era tan lenta, tan estudiada, que Sakusa se sentía acechado. Con un demonio, él no era una presa, maldito fuera. Frunciendo todavía más el ceño y ya fastidiado por el lenguaje corporal desfavorable pero esperado que Miya estaba teniendo con él, se plantó firme en su lugar.

— Eso. No estás concentrado. Te conozco, desgraciadamente. Aléjate, no des un paso más.— Kiyoomi necesitó retroceder un paso más porque Atsumu literalmente no se había detenido cuando había llegado a su posición, pareciendo querer colisionar contra su cuerpo.— No te me acerques más.

— Omi-san, ¿estás celoso de que le dé más pases a los demás? ¿El problema no será que yo te noto desconcentrado a ti?

¿A los demás?¿Eso abarca sólo a Hinata?

— ¿Qué estás diciendo? Has visto mal, Omi-san. Estás teniendo un mal día.

— Mira, Miya.

Por suerte para Sakusa, Atsumu se había detenido. Si bien no había tenido la necesidad de retroceder todavía más, Kiyoomi había notado por el rabillo del ojo como el otro apretaba la toalla húmeda tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. Si llegaba a darle con eso...ninguno de los dos iba a contarla. Respiró profundo otra vez, intentando serenarse. Su idea no era pelear ni intentar que Atsumu expusiera sus problemas con él.

Primero muerto a escuchar sus contratiempos personales.

Sin embargo, aquellos últimos días...no, aquellas últimas semanas, Sakusa había percibido una baja en rendimiento. De la mayoría, no sólo de Miya. Como Sakusa intuía que algo había sucedido entre Miya y Hinata luego de aquella vez que los había visto en el aparcamiento, había creído que la cuestión venía por esos lados, sobre todo porque nunca se había atrevido a preguntarle a Bokuto si había comprendido su mensaje o no. Sin embargo, luego de que los días comenzaran a sucederse y la cuestión parecía empeorar conforme pasaban, supo que había algo más. Todo había comenzado con cambios de ánimo sutiles por parte de Hinata. Se lo notaba más ansioso que el resto, más a la defensiva que de costumbre. Sobre todo con Miya, del que parecía huir. Tardó una semana en darse cuenta de que lo esquivaba, otra semana más en percatarse de que sólo lo hacía con él.

Y una tercera en percibir que Miya había perdido la poca paciencia que tenía y reservaba sólo para el pelirrojo. Si Hinata huía, Miya lo importunaba de manera cada vez más frecuente y odiosa. Ya en esa tercera semana, Sakusa se permitió el atrevimiento de observarlos un poco más.

No es que le importase particularmente que ellos dos hubiesen sufrido alguna especie de contratiempo personal, pero los estaba afectando. Miya parecía concentrarse sólo en Hinata, tanto dentro como fuera de las prácticas; fuera, parecían el gato y el ratón, uno persiguiendo y el otro escabulléndose con excusas de último momento. Dentro, colocando el balón sólo para una persona, incluso en las posiciones y situaciones más inverosímiles, llevando a Hinata a un extremo de ansiedad y exigencia deportiva que nada tenía que ver con los partidos en sí.

Y aquello se traducía en que estaban todos descoordinados y ansiosos, sobre todo él. Había intentado revertir la situación durante aquellos últimos días invirtiendo posiciones con Hinata, pero había sido inútil. Miya se las había ingeniado - siempre lo hacía - para que el menor terminara recibiendo los pases y acabara rematando incluso desde detrás de sus lugares habituales.

Pero el problema no terminaba con ellos dos, porque Sakusa no se consideraba a sí mismo una persona con suerte. Si así hubiese sido, habría tenido apoyo. Sin embargo, sorpresivamente no había sido el caso, y eso lo había notado recién durante la segunda semana de enfrentamiento tácito entre Miya y Hinata.

Bokuto parecía ido. Le había costado un par de días definir con una palabra su estado actual, porque en un principio lo había achacado a algún problema mental, a algún estado depresivo particularmente persistente. A Sakusa no le hubiese extrañado, a nadie en realidad. Por eso, cuando ya había pasado una semana y el rematador parecía seguir en otra dimensión, apenas demostrando una milésima parte de su entusiasmo habitual que él tanto detestaba, supo que algo también estaba mal allí.

¿Es que nadie en ese equipo podía separar su vida personal y profesional, malditos fueran? Lo único que le faltaba a Sakusa es que por el maldito mensaje que él le había enviado a Bokuto, éste se hubiese inmiscuido entre los otros dos y ahora todos estuviesen peleados por su culpa.

No, no era su culpa. Era de ellos, por estúpidos.

— No estás al 100% de tu rendimiento habitual. Menos mal no hemos tenido ningún partido importante luego del final del campeonato, porque seguramente hubiésemos perdido. Y no.— Sakusa lo atajó con una mano cuando notó que el otro iba a interrumpirlo e incluso avanzar otra vez.- No eres sólo tú. También es mi responsabilidad.

Atsumu cerró la boca, la expresión de su rostro insondable. Sakusa no sabía si estaba sopesando lo que le acababa de decir o por el contrario estaba decidiendo cómo arruinarle la vida. Por si acaso, retrocedió otro paso más.

— Te odio. Creo que en algún momento te lo he dicho.

— Y yo te recuerdo que el sentimiento es compartido. Resuelve tus problemas, vuelve a jugar como antes.

— ¡Omi-san, yo nunca te pedí que resuelvas los tuyos!

— Cállate. Y aléjate…¡estúpido!

Sakusa podía enorgullecerse de sus buenos reflejos, porque justo cuando iba a dar otro paso atrás, Atsumu lanzó en su dirección la toalla que Kiyoomi había estado vigilando desde que Miya había decidido acercarse a él; pudo esquivarla a tiempo antes de que aquel pedazo de tela humedecido con el propio sudor de Atsumu tomara contacto con su piel, salvándose.

Farfulló un insulto por lo bajo, visiblemente aliviado por haber logrado retirarse justo a tiempo. Dentro de su ensimismamiento, Sakusa oyó a Miya reír. El sonido parecía una especie de graznido y había terminado rápido, demasiado deprisa. Sakusa le dedicó una última mirada, su ceño aflojándose. Atsumu pareció reaccionar y carraspeó, restándole importancia al asunto.

Y en ese momento, Sakusa se preguntó cuánto hacía que aquel idiota no se reía genuinamente.

No. No iba a sentir pena. Menos por Miya.

— Veré qué puedo hacer.

— Bien.

Atsumu volvió a darle la espalda, dando por finiquitado aquel intento de conversación. Sakusa se sintió aliviado, fastidiado, hastiado. El estrés que solía generarle acercarse a personas que él mismo catalogaba de peligrosas solía agotarlo, y aquello dentro de todo había salido bastante bien.

Satisfecho, decidió retirarse del gimnasio porque ya no tenía caso practicar. Acababan de terminar la temporada y, a decir verdad, no estaba en condiciones psicológicas para solicitarle a alguien que lo ayudase a seguir entrenando. Se dirigió a los vestuarios con el objetivo de buscar sus pertenencias y retirarse, porque estaba seguro que alguien más ya había utilizado las duchas ese mismo día, y aquello ya se transformaba en un hecho inadmisible. Se abrigaría para salir al exterior y…

...y tenía que cruzarse allí dentro con el otro foco de conflicto.

Sakusa esquivó a Hinata, y el movimiento se vio graciosamente replicado en el otro. Al estar de espaldas y oír sus pasos Hinata pareció confundirlo y, asustado, lo había evitado inconscientemente.

— Ah. Omi-san, lo siento. No sabía que eras tú.

— Los pasos de Miya son diferentes, ya deberías reconocerlos.

— ¡Pero…!

Hinata tomó aire y Sakusa creyó ver venir una retahíla de gritos indignados, aspavientos inútiles y algún que otro golpe, pero no fue así. Retuvo el aire unos segundos y luego lo vio desinflarse como si se tratara de un globo, sus ojos perdiendo un poco del brillo natural que Sakusa acostumbraba a ver.

— Estaba pensando, no...no le presté atención a tus pasos. Lo siento.

— Deja de disculparte conmigo. Y no pienses tanto, te va a hacer daño.

No obtuvo respuesta. Sakusa caminó en silencio hacia sus pertenencias. Mientras acomodaba sus cosas y se colocaba la chaqueta y el cubrebocas en un silencio que para él resultaba cómodo, se percató de que aquello era anormal. Él nunca se sentía cómodo estando encerrado con alguna de aquellas bestias, porque todo lo que concernía a los miembros del equipo se reducía en gritos, barullo, golpes. En una barbarie a la que querían integrarlo y él simplemente no podía ni quería hacerlo.

Suspiró, odiándose y preparándose psicológicamente por segunda vez en menos de cinco minutos.

— Voy a decirte lo mismo.— volteó para ver a Hinata observándolo, un tanto sorprendido. Se había sentado en una de las bancas y había estado observando la pantalla de su celular, aún encendida entre sus manos.— No sé qué problemas hayas tenido con él o con Bokuto, pero soluciónalo rápido. No metas en el equipo problemas de afuera, Hinata. Nos está afectando a todos.

— ¿Eh? Yo no tengo ningún problema con Bokuto-san.

— No me importa, porque entonces sí los tienes con Miya.

— No sé si llamarlo "problema". No estamos peleados, yo…

— Alto ahí.

Sakusa respiró una, dos, tres veces. El cubrebocas lo estaba asfixiando, pero no se lo quitó. Hinata estaba a punto de vomitar todos los problemas que estaba teniendo con aquel ser detestable y no estaba seguro de estar realmente preparado para aquello.

— No soy la mejor persona para darte un consejo de índole amoroso.— la cara de Hinata se contrajo y vio sus mejillas cubrirse de un tono rosa bastante fuerte. Lo ignoró, no necesitaba hacer aquello más difícil para ambos.— Pero sí puedo decirte que debes separar las cosas.

— No puedo. Es sencillamente imposible si juegas en el mismo equipo.— la respuesta de Hinata fue sencilla y directa, sin tapujos. Ni siquiera intentó rebatir lo que acababa de decirle, maldito fuera.

— Entonces, soluciónalo. Habla con él. No sé sinceramente cómo se resuelve un problema con ese tipo, pero para eso ya lo conoces tú mejor que yo.

— No eres la primera persona que me lo dice...pero no es tan...fácil.

— Hinata.

Los ojos castaños volvieron a posarse sobre él con una intensidad que afectaba a Sakusa. Poniéndose en riesgo por sus propias acciones, se acercó al otro deteniéndose a una distancia de poco más de un metro. Quería partirle la cabeza, pero eso hubiese significado tocarlo, y ya no estaba en condiciones. No aquel día, al menos. ¿Era posible que uno fuese más idiota que el otro? Si, claro que era posible. ¿Y tenían que terminar juntos? Por supuesto, la idiotez era contagiosa y para colmo se potenciaba.

— Creo que tengo que recordártelo porque parece que no lo haces por ti mismo. Eres un adulto, un profesional. Ya estás en edad de resolver las cosas hablando, sea quien sea. Y también estás en un punto de tu vida en el que debes comprender que es inadmisible que sus problemas personales afecten a todo un equipo.

— Lo siento, tienes razón.— un atisbo de sonrisa se asomó por el rostro de Hinata, el brillo característico volviendo a sus ojos. Sakusa bufó, hastiado. Pero satisfecho.

— Eres insoportable. Los dos.

Chasqueó la lengua al oír la risilla de Hinata. Acomodó el bolso en su hombro y salió de aquel claustro. No quería toparse con Bokuto porque consideraba que aquello iba a ser mucho más difícil de esquivar.

Y no, ya había sido demasiado por aquel día. Quizás mañana lo intentaría con él. O la semana próxima. O en otra vida. Esperaba que se le pasara pronto.

Por lo pronto, la misión estaba cumplida.


— Shouyo, es la última vez que vamos a hablar en muchas horas así que por favor, presta atención. ¡Habla con él!

— No es tan fácil, ¿sabes?

— Nadie dijo que las cosas eran fáciles en ésta vida.

Oikawa se animó a activar el altavoz cuando oyó a Hinata farfullar algo ininteligible. Hacía diez minutos lo había llamado para conversar sobre el tema reiterado y agotador que era el triángulo amoroso no tan amoroso con Miya y Kageyama. El sólo incluir a Kageyama en una frase donde estuviese incluida la palabra "amoroso" ya le generaba repelús a él, no quería imaginar a Hinata. Bueno, no tenía que hacerlo tampoco.

Había pasado casi un maldito mes desde aquella "fiesta" fatídica. Luego de casi haber llorado por la ansiedad que le había generado que Iwaizumi hubiese incluso apagado su teléfono, había recibido su llamada casi una hora después. Para esas alturas, Oikawa había pensado lo peor y había estado a punto de escribirle a Kindaichi para saber si habían terminado todos tras las rejas, pero la voz contenida y enfurecida de Iwaizumi del otro lado de la línea, a miles y miles de kilómetros de distancia, lo había afectado más que aquella posibilidad.

Y luego de que le contara con lujo de detalles lo que había visto y hecho, Oikawa lanzó un improperio. Diez, cien. No sabía cuántos porque Iwaizumi secundaba todos y cada uno de ellos en vez de detenerlo, por lo que aquello se había alargado bastante. Iwaizumi había tenido a bien cerrar la boca y, pese a que no había quedado conforme con el hecho de que Atsumu Miya "acompañara" a Hinata hasta su departamento, las cosas no habían ido a mayores. Hinata se había comunicado con Oikawa al día siguiente y parecía encontrarse "bien".

Bien destruido, anímica y físicamente. No solía beber por lo que la resaca lo había golpeado bastante feo, y emocionalmente porque según él, había tenido que ocultarle lo que había sucedido a Atsumu, quien sólo se había quedado a dormir - por supuesto, ese dato lo había conseguido después de un largo tramo de indagaciones y coacciones.

Sin embargo, la calma había sido pasajera. Demasiado corta para su gusto.

Todo porque Hinata había ingresado en una fase de negación y evasión que Oikawa no le conocía. Se sentía culpable por lo que había pasado pero tampoco era capaz de encarar a ninguno de los dos...y Hinata parecía apuntar bien. Donde ponía el ojo, ponía su interés sobre sujetos persistentes e intensos, si los había.

Y había comenzado una especie de competencia por ver cuál de los dos lo orillaba más hacia su propia muerte. Bueno, uno era peor que el otro, Oikawa lo tenía más que claro. En realidad, uno llevaba la delantera. Tenía que admitir que, por todas las actualizaciones diarias que Hinata le brindaba en sus llamadas, Atsumu Miya tenía una ventaja absoluta por obvias razones. Estaban en el mismo maldito equipo.

Sin embargo y más allá de eso, Oikawa debía reconocer que aquel sujeto había sabido jugar bien sus cartas. Hinata había notado lo que él llamaba "persistencia" recién a la tercera semana de lo ocurrido, y había tenido que explicarle que, en condiciones normales y cuando una persona está en miras de salir con otra, era normal que la parte "ignorante" se sintiera preocupada y ocupada en intentar saber qué sucedía. Había sido paciente, le había dado un espacio a Hinata para que resolviera sus conflictos y había llegado al límite de su paciencia mucho más tarde de lo que Oikawa había esperado.

Sabía algo y esperaba que Hinata se lo dijera, o sencillamente sentía mucha seguridad de si mismo.

Y por lo que Hinata le había comentado, se inclinaba más a lo segundo. Cada día le caía mejor aquel tipo.

Otro cantar había sido Kageyama. Había demostrado una vez más su discapacidad emocional para afrontar ese tipo de crisis, y desde el día 1 de aquel conflicto había acosado a Hinata a sol y sombra. No se agotaba, eso sí tenía que reconocérselo. Cada llamada de Hinata era un anuncio nuevo, una llamada, un mensaje. Y lo afectaba, porque Hinata no se salvaba. La única neurona que parecía funcionarle se veía confundida por la actitud de ambos y, a la vista de Oikawa, no entendía por qué. La elección estaba clara ante sus ojos, no así ante los del menor.

Pero él no era quien vivía el drama en primera persona. No podía decidir por Hinata cómo proceder, sólo podía escucharlo, aguantarlo e intentar aconsejarlo de la forma más objetiva que su carácter le permitía.

Para dramas ya tenía su propia vida, y no podía manejarlos.

Caminó por la habitación buscando aquí y allá camisetas y pantalones tirados por todas partes. En el proceso de "acomodar" su placard, había hallado recuerdos personales que creía había dejado en Japón, como la camiseta de su antiguo equipo de preparatoria.

Que había vuelto a meter en una de las valijas que estaba intentando armar sin que estallara.

Porque, indefectiblemente, tenía que volver a Japón.

Por supuesto, la noticia no lo había tomado desprevenido. Oikawa había sufrido otras lesiones antes de distintas gravedades e implementando diferentes tratamientos, conocía su cuerpo y había sabido desde el segundo día en el que había sentido la articulación oxidada que aquello no era un juego. Lo intuía, pero aún así oír de boca de un profesional que el daño acumulado había sido tal que requería de una intervención quirúrgica, lo había hecho caer en cuenta de la ansiedad y el temor que había estado acumulando todos aquellos días. La decisión de viajar había sido inmediata. Lo había hablado con sus padres, incluso con su hermana. Como si se tratase de un acuerdo familiar tácito, nadie había dudado de que volvería a su país de origen para someterse a la cirugía.

Y que, probablemente, se quedaría allí nuevamente.

Aquello no estaba decidido, ni siquiera estaba analizado en profundidad. Oikawa tenía presente que su tiempo en el equipo de San Juan era limitado, no porque no fuese indispensable para sus compañeros sino porque su visita a Argentina había tenido siempre una fecha de vencimiento que había sabido aplazar concienzudamente hasta ese momento.

Incluso ahora, con una rodilla obsoleta y un viaje por tiempo indeterminado a Japón, le resultaba difícil hacerse a la idea de abandonar aquel club que tanto le había enseñado, aquel país que había sabido querer como propio.

Sin embargo, el haber oído un "iré a buscarte" y otro "te estaré esperando" por parte de Iwaizumi la noche anterior, cuando finalmente Oikawa le había informado la hora de arribo de su vuelo a Tokyo, le había alivianado un poco las cosas. ¿Cuánto tiempo hacía ya que no veía a su familia, a sus amigos, a Iwaizumi? Cada vez que recordaba que ahora sí era un hecho que volvería a ellos una vez más le subía el ánimo y los deseos inminentes por viajar, eclipsando la incertidumbre de la cirugía y la nostalgia que le provocaba dejar el departamento, a Rodrigo y el club.

— Entonces, ¿Qué vas a hacer mientras yo esté en pleno vuelo?

Hinata le había estado comentando aquí y allá tonterías diarias, peleas con su hermana y algún que otro chisme que le servían de información poco valiosa a Oikawa en esos momentos. Su pregunta pareció descolocarlo, quedando la línea en silencio. El único sonido que se oía era el de él mismo forcejeando con la cremallera de una de las valijas. Quizás iba a tener que dejar algunas cosas, después de todo. No iba a poder llevar el placard completo, e iba a tener que dejar para otro momento los paquetes de yerba que estaba metiendo de contrabando. No, eso iba a tener que ir en el bolso de mano, porque necesitaba ver el rostro de Iwaizumi cuando…

— Voy a hablar con Atsumu.

— Buen chico. ¿Y qué le dirás?

— No sé.— ambos resoplaron, uno harto y el otro angustiado.

— Vamos de nuevo. Si tanta culpa te genera tu revolcón con mi estúpido ex pupilo, vas a tener que contárselo.

— ¡No me revolqué! Lo haces sonar peor de lo que fue.

— Lo que sea. Lo que hayas hecho, díselo. Shouyo, las mentiras tienen patas cortas. Si dejas que el tiempo siga pasando, Atsumu-chan va a enterarse por una tercera persona y es ahí cuando te quiero ver, porque en esa no sabré ayudarte.

— Va a matarme.

— No lo hará. Créeme.

— Lo dices como si lo conocieras. Suenas muy convencido.

Casi que lo conozco a través de ti, Shouyo.

Por supuesto, Oikawa había tenido a bien cerrar la boca y no mencionar aquella extraña y bizarra conversación telefónica, casi un mes atrás. Retiró los paquetes de la valija y re acomodó algunos pantalones…¿por qué llevaba un balón? No tenía registro mental del momento en el que lo había introducido, pero su instinto le decía que por algo lo había hecho. También lo re colocó dentro y, luego de varios intentos fallidos con él sentado sobre la valija, la cremallera cedió y al fin pudo cerrar la primera valija.

Suspiró, tomando el teléfono otra vez.

— Terminé con la primera valija. Fue peor que un parto.

— Iwaizumi-san irá a buscarte, ¿no es así?

Por un momento, Oikawa dudó en si se lo había dicho. No, aún no se lo había comentado porque la primera llamada del día era aquella y no habían hecho otra cosa que hablar del mal de amores de Hinata. ¿Iwaizumi se lo había dicho? Menos probable todavía, no tenía conocimiento de contacto entre ellos. Acaso…¿acaso era tan obvio? Aquello incluso dolía.

— Así es. Espero pueda salir de la oficina a tiempo para buscarme, llevo por el momento dos valijas y dos bolsos de mano. Y creo que no va a alcanzarme, no sé cómo voy a hacer.

— ¿Cuánto tiempo vas a quedarte, Oikawa-san?

— ¿Cuándo vas a hablar con Atsumu-chan?

Otro silencio se prolongó durante unos segundos. Oikawa no iba a ceder tan fácil al intento de Hinata por ponerlo nervioso. Para algo él ya era profesional en el tema. Finalmente, Shouyo suspiró, derrotado.

— Eso fue un golpe bajo. Pero hablaré con él mañana. Ya no voy a dilatarlo más. Si no, creo que Omi-san y tú van a estallar en breve.

— Otro santo que está sacrificando su paciencia. Qué desastre.— lo dijo en tono falsamente compungido, pero la risa de Hinata le dio la pauta de que efectivamente había comprendido la broma.

— ¿Entonces, Oikawa-san?

— Entonces, no lo sé. Por lo pronto este temita va a llevarme como mínimo un par de meses, si es que no puedo acelerarlo. Así que...eso. No lo sé.

— Bien. Entonces, le digo a Atsumu que quiero aclarar algunas cosas con él y…

— Sólo dile que vaya a tu departamento, Shouyo. No la cagues más.

— Bien. Le enviaré un mensaje, entonces.

— Bien. Recuerda, hasta las 8 de la mañana de Argentina puedo brindar asistencia por teléfono, luego ya estás por cuenta propia. Hazme el favor y llama a Bokuto si algo pasa, ¿sí?

Oikawa sabía a ciencia cierta que la relación entre los dos rematadores era muy buena, por lo que podía considerarlo una segunda opción de socorro si las cosas salían mal. Lo máximo que podía suceder era que Miya se enfureciera con lo que había sucedido y dejara a Hinata tirado en su propio departamento llorando cual magdalena, hecho que creía muy inviable. Hinata tenías las cosas bastante claras, pero Oikawa creía que Atsumu Miya las tenía más claras aún. La paciencia que estaba teniendo lo demostraba, Dios lo tuviese en su gloria…

— Lo tendré en cuenta si las cosas pasan a mayores. Igualmente, Bokuto-san no está en las mejores condiciones tampoco. Si Omi-san no me lo hubiese dicho, tampoco lo habría notado.

— Por qué no me sorprende...¿Qué quieres decir?

— Está...raro. No lo noto tan animado como siempre, sabes.

— Oh, por Dios. ¿Habrá discutido con Akaashi?

— ¿Eh?¿Por qué con Akaashi-san?¿Qué pasó?

Bueno, Oikawa podía decir que se sintió defraudado cuando Iwaizumi cortó comunicación con medio mundo y dejó de seguir aquella historia. Luego de que habían logrado superar el resentimiento que les había provocado el problema surgido de aquella noche, Iwaizumi le había comentado al pasar que Atsumu le había contado que había podido ser testigo de lo que para Oikawa era el inicio de un encuentro amoroso que nunca pudo confirmar, porque Iwaizumi no le había pedido el número personal a Miya. ¿Cómo es que aquello podía ser posible? Iwaizumi claramente no comprendía la importancia de mantenerse en contacto con las personas pertinentes.

— Hazme el favor y mañana pregúntale a Atsumu-chan si tiene alguna actualización del caso, Shouyo. Piensa en mis sentimientos, ¿si?

— ¿Por qué siento que hay algo que me estoy perdiendo?

— Menos pregunta Dios y perdona, Shouyo.

— Ese refrán no aplica en esto. Creo.

— Cuando seas mayor lo comprenderás.

— Ya envié el mensaje.— la frase descolocó un poco a Oikawa, quien en esos momentos intentaba decidir en qué bolso pondría las cajas de alfajores que llevaba de regalo.

— ¿Qué mensaje?

— A Atsumu.

— Oh.

— ¡¿Hice mal?!

— ¡No, al contrario, sólo me tomó desprevenido!

— ¿Y ahora qué hago?

— Ten paciencia, Shouyo. Todo estará bien.

Mientras colocaba la última caja en el bolso de mano -porque aquello podía romperse si maltrataban la valija - Oikawa intentó transmitirle a Hinata una calma que él tampoco sentía. Confiaba en el buen juicio de Hinata, confiaba en que tenía los pies sobre la tierra, los pensamientos despejados y los sentimientos claros. Y también quería confiar en Miya, en que no iba a cagarla.

Pero eso ya se lo tenía que dejar a Hinata. Maldito fuera, no iba a poder dormir durante todo el vuelo, ya lo sabía.


Bueno...¿finalmente, Hinata logrará hablar con Atsumu? ¿Aclararán el "malentendido"?

Y Finalmente...el retorno de la diva. No sé si esto va a ser bueno o malo xD

Nos leemos!