¡Buenas! Aquí estamos las que hemos sobrevivido hasta el capítulo pasado xD
Ya, fuera de broma...piensen un poco en Hinata. Sé que está un poco tonto y todo eso, pero en la vida real, una situación así puede darse. Se le mezcló la nostalgia y se confundió, pero ya estaríamos. Basta de confusiones.
Amo al fin poder poner esto :,) :
Advertencia: El siguiente capítulo contiene lemon EXPLICITO. Si no te agrada, ve al final del capitulo para saber qué pasó (?)
Ahora sí, a leer!
Por cuarta vez en 10 minutos, Hinata Shouyo se había asomado por el balcón de su departamento y había escudriñado la acera en busca de algún vehículo rojo que hubiese aparcado en aquella cuadra. Si bien Atsumu le había dicho que iría a su departamento a eso de las 18 horas, la ansiedad no lo había dejado dormir demasiado bien y las horas del sábado habían pasado con una lentitud tan tortuosa que incluso parecía una broma.
Luego de repetir el acto mecánico y comprobar que allí no se divisaba ningún reflejo escarlata, Hinata volvió a ingresar al departamento. Otra vez, se dirigió hacia la cocina y abrió la puerta de la nevera. Se quedó allí de pie por un lapso de al menos un minuto observando el contenido de la misma, recibiendo la brisa congelada del interior del electrodoméstico sin saber realmente por qué había ido allí. Luego de varios segundos de intentar enfocar su mente en blanco parpadeó varias veces, retiró la botella de agua y se sirvió el quinto vaso en la última media hora.
Y ya tenía la vejiga a punto de estallar.
¿Por qué demonios se ponía tan nervioso? Porque en el fondo sabía que aquella conversación no iba a ser agradable, pero si inevitable. Le había dado tantas vueltas al asunto luego de recibir la contestación a su mensaje el día anterior que incluso le había encontrado aristas nuevas y nefastas al problema, todo derivado de su tiempo libre y la ansiedad jugándole una mala pasada. ¿Y si Kageyama ya le había contado algo?¿Y si Atsumu en realidad ya lo sabía todo y sólo estaba esperando aquello para dejarlo del todo? Aquello había sucedido todo por su culpa, estaba claro.
En primer lugar, tendría que haber dejado de tontear con Atsumu hacía demasiado tiempo y tendría que haber decidido comenzar una relación seria y estable con el armador en vez de estar dando vueltas como un adolescente, como si aún estuviesen en la preparatoria. En segundo lugar, y pese a que el alcohol había jugado un papel fundamental en la cuestión, nunca tendría que haber cedido al impulso idiota de experimentar si, en efecto, había logrado superar aquellos encuentros fortuitos y sin explicación alguna con Kageyama de su época de estudiante.
Y ahora estaba así, sintiéndose nervioso y culpable. Sakusa y Oikawa tenían razón, aquello los estaba afectando a todos, y sólo porque él había dejado correr el tiempo. Habían transcurrido los días, las semanas, y no había hablado con Atsumu ni con Kageyama. ¿Qué había estado esperando, que el problema se resolviera sólo, que Kageyama desapareciera de las faz de la tierra y él pudiese enterrar lo que había sucedido en lo más profundo de su mente como si nada de aquello hubiese sucedido? No podía, se conocía. De haberlo intentado, en algún momento todo el asunto hubiese explotado, de una u otra manera.
Hinata no estaba acostumbrado a ocultar cosas, mucho menos a mentir. No le salía, sencillamente no iba a poder mantener aquella postura mucho tiempo. Y también estaba lo que Oikawa le había repetido varias veces, incluso la noche anterior: las mentiras tenían patas cortas. Atsumu tarde o temprano iba a enterarse de aquello. Hinata creía conocerlo bien y quizás aquello no hubiese representado el mar de problemas que en su mente se dibujaba ante semejante panorama, pero aún así, aunque Atsumu lo hubiese perdonado y aquello fuese sepultado, Hinata hubiese convivido con la maldita culpa.
Terminó de beber el vaso de agua, recordándose una y otra vez que aquello era necesario. Para ambos. También se repetía que no era tan grave, que Sakusa tenía razón. Tenía que resolver las cosas hablando, ya era un adulto, maldita sea.
Y su vejiga amenazó con explotar justo en ese momento.
Bufando, decidió volver a visitar el baño. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había espiado el balcón, desbloqueado su teléfono, ido al baño o abierto la puerta de la heladera en la última hora. Dejando el celular sobre la mesa del living, se dirigió con paso presuroso hacia el cuarto de baño, repitiéndose otra vez, como si se tratara de un mantra, que era ridículo que se hallara en aquel estado de nerviosismo un tanto injustificado.
Ni que fuera la final del campeonato y estuviesen perdiendo.
Otra vez, su mente quedó en blanco y los actos fueron mecánicos. Observó su rostro en el espejo mientras se lavaba las manos; estaba bastante despeinado, pero eso solía ser casi un hecho diario. Frunció el ceño y torció el gesto cuando sus ojeras hicieron aparición en su tez un tanto pálida, fastidiándolo un poco.
Y en ese momento, oyó la vibración de su celular del otro lado del departamento.
Menos mal que había decidido no tomar ningún tipo de colación a la tarde, porque en ese instante su estómago se transformó en una piedra y casi sintió una especie de arcada ascendiendo por su garganta.
— Estúpido, idiota. Ya basta.
Insultarse no le servía demasiado, pero al menos se descargaba. Corrió hacia el comedor tomando su teléfono, repitiéndose otra vez que aquello era una tontería pero sintiendo el corazón a punto de escaparse de su caja torácica.
"¡Estoy abajo! Maldita sea, qué difícil es conseguir un puto aparcamiento aquí."
Una sonrisa tonta se dibujó en su rostro al leer el mensaje despreocupado; Atsumu parecía de buen humor. El hecho de que estuviese predispuesto ya era un factor favorable...y otra vez, mientras accionaba el interruptor para que pudiese abrir la puerta principal del edificio y subiera a su piso, el estómago le dio un vuelco al pensar que él probablemente iba a ser el causante de que sus ánimos se fueran a la mierda.
Abrió la puerta. Volvió a cerrarla porque aquello parecía demasiado obvio. La abrió otra vez, y la cerró nuevamente cuando oyó el elevador descendiendo hacia la planta baja. Aguardó unos segundos, revolviendo sus cabellos y golpeándose la frente contra la puerta. Se mordió el labio, se lastimó. Maldijo y abrió la puerta nuevamente mientras un tic nervioso se instalaba en su pierna izquierda.
— Justo...justo iba a golpear.
— Ah.
Bueno, tanto abrir y cerrar le habían hecho perder el momento en el que el elevador había llegado hacia su piso. Atsumu se hallaba fuera de su departamento, su porte alto y un tanto fornido amedrentando por primera vez a Hinata. Lo había tomado completamente desprevenido, casi chocándose con él, pero así era mejor. Si tenía más tiempo para pensar probablemente hubiese estallado en llanto por su propia estupidez.
Estudió su rostro buscando algún indicio para comenzar la paranoia otra vez. Atsumu le sonreía y sus cejas levemente arqueadas daban una impresión de diversión que a Hinata no se le escapó. Aún así, notó su sonrisa flaqueando cuando Shouyo lo invitó a pasar, su rictus rígido, su cuerpo alejándose inconscientemente del de Atsumu sin darle oportunidad siquiera a saludarlo.
— Shouyo, cariño…¿acaso estamos en un velorio?¿Se ha muerto alguien?
— Claro que no.— farfulló Hinata mientras cerraba la puerta, observando como Atsumu escudriñaba su departamento, tomando entre sus manos el balón que estaba casi siempre sobre la mesa.
— Entonces, cambia esa cara. Sea lo que sea que vayas a decirme, tiene solución. Todo menos la muerte.
Sus palabras aliviaron bastante a Hinata, porque se percató de que Atsumu estaba tan o más nervioso que él, pero aún así intentaba aligerar la situación. Sin ser invitado, el mayor tomó asiento en el sofá, aún presionando el balón entre sus manos. Lo oyó suspirar, ninguno de los dos listo para aquello.
— Ah, yo…¿quieres algo de beber? Puedo…
—Primero que nada, quiero saber por qué estoy aquí.— su sonrisa volvió a asomarse en su rostro, segura y relajada.— No me malinterpretes...agradezco que al fin me hayas llamado. Comencé a pensar que nunca lo harías.
— Porque ya no aguanto más.- las palabras surgieron solas de su boca sin que su cerebro pudiera detener el impulso.- Tenemos que hablar.
— Soy todo oídos.
La intensidad con la que Atsumu comenzó a observarlo a partir de ese momento intimidó un tanto a Hinata, perdiendo parte del valor que había ganado en esos momentos. Nuevamente, la necesidad de hacer algo para aplacar sus nervios se vio reflejada en la iniciativa idiota de sentarse en el sofá, cerca de Atsumu, quien no perdió el tiempo y se acercó a su posición, tomando su mano, presionando.
Los segundos comenzaron a pasar y Hinata no hallaba las palabras para expresarse, pese a que se había pasado las últimas horas ensayando varios tipos de discurso para que lo que tenía que decir no sonara tan directo y chocante. El hecho de que Atsumu siguiera observándolo, su mano aún cubriendo la suya, no ayudaba demasiado. Estaba expectante, nervioso y ansioso, podía sentirlo, como si sus emociones se filtraran como un gas venenoso que lo contagiaba y potenciaba.
— Sólo dilo. Deja de darle vueltas, veo tu neurona quemándose, Shouyo.
— Estuve con Kageyama.
Lo soltó de repente, casi escupiéndolo. Ambos se quedaron en silencio y Hinata se atrevió a estudiar otra vez el rostro ajeno. Parecía que Atsumu había recibido una bofetada que lo había atontado, pero su expresión no había cambiado.
— Shouyo...a ver, tú…— al fin, Hinata pudo notar cuánto lo había afectado lo que había soltado. Atsumu soltó su mano pasándola por su cabello, despeinándose. Si bien en su rostro no se asomaba aún el enojo, Hinata no creía que tardara demasiado. Parecía contrariado, pero más que nada sorprendido. Hinata realmente lo había tomado desprevenido con aquello y eso no hizo sino empeorar su propia ansiedad.— Dime la verdad. Sólo dila, y ni se te ocurra mentirme. ¿Te acostaste con él?
— ¿Eh? ¡Claro que no! Sólo nos besamos. Y estaba borracho.
— Fue durante la fiesta dichosa esa, ¿verdad?
— Sí.
Otra vez, el silencio. Atsumu se recargó en el sofá mirando hacia la nada y Hinata no interrumpió el proceso. No parecía realmente molesto, sino más bien, concentrado en analizar sus palabras. Finalmente, Hinata también se recostó sobre el sofá sin perderlo de vista. Se sentía extrañamente ligero después de haber soltado la verdad, pero aún así le carcomía la incertidumbre. Necesitaba saber qué cruzaba por la mente de Atsumu en esos momentos. ¿Lo estaba odiando, tenía la mente en blanco porque no lo podía procesar, o estaba intentando rememorar lo sucedido en aquella fiesta? Hinata comprendió en ese momento lo mucho que le importaba la opinión del otro, sobre todo porque hacía ya un par de semanas que se había percatado que lo suyo con Atsumu no era un juego, iba en serio.
Realmente lo quería.
— ¿Te has visto con él en este tiempo?.— el murmullo de su voz sobresaltó a Hinata. Sus ojos se encontraron y, por primera vez, Shouyo vio un atisbo de inseguridad en su mirada.
— No, ni siquiera hemos hablado. Yo...no sé qué me pasó, me arrepiento de lo que hice.
— No lo hagas. Estabas borracho y supongo que era algo que tenía que pasar. Yo también me confié...no pensé que…
— ¿Que yo fuese tan estúpido e impulsivo?
— No, eso ya lo tenía en cuenta. No pensé que él se animaría a tanto. Me ha ganado.
— ¡No! ¿Qué dices?
— ¿Por qué tardaste tanto en decírmelo, Shouyo?.— Atsumu lo interrumpió, la intensidad de su mirada otra vez amedrentándolo.— ¿Estabas decidiendo quién de los dos era mejor candidato?
— Pero...claro que no. No seas estúpido.— Hinata bufó, comenzando a fastidiarse por la desconfianza del otro.- No sabía cómo decírtelo. Es todo.
— Claro.
— ¡¿No me crees?!
— Oh, sí te creo.— el tono superfluo y provocador de Atsumu enardeció más a Hinata. ¿Le estaba tomando el pelo?.— Y dime, ¿a qué conclusión has llegado?
— ¿De qué?
— ¿Quién es mejor?
— ¿Me estás jodiendo?
Hinata se incorporó del sofá, presa de la indignación. Acababa de contarle la situación que venía trayéndolo en vilo, alterando su vida personal y profesional; acababa de exponer sus inseguridades, sus nervios e intentaba sincerarse lo más que la incertidumbre le permitía…¿y a Atsumu le preocupaba saber quién era mejor? ¿Mejor en qué? Quién era más imbécil, en todo caso. Y Atsumu se estaba llevando todas las fichas.
Igualmente, no llegó a desplazarse porque Atsumu lo retuvo, sosteniendo firmemente su brazo derecho. Enfurecido como estaba, Hinata intentó forcejear con él para que lo soltara, y sus niveles de ira ascendieron a la estratósfera cuando lo sintió reír al tiempo que lo rodeaba con sus brazos.
— ¡Suéltame! Intento hacer las cosas bien, intento ser sincero, y tú...tú...te burlas de mi…
— Wow, alto ahí, cariño. Shouyo, mírame.
Mientras soltaba aquello, Hinata había golpeado el torso de Atsumu en un intento por zafarse de su agarre y el choque de su puño había provocado un retumbar siniestro en el pecho ajeno. Lejos de soltarlo, Atsumu lo había presionado más contra su cuerpo, casi asfixiándolo. Cuando la indignación había alcanzado un punto de no retorno, Hinata sintió deseos de llorar. ¿Es que acaso el idiota era él?
Al final, hizo lo que Atsumu le dijo, no por cuenta propia sino porque se vio obligado por las grandes manos del otro sobre su rostro. Atsumu había dejado de reír y lo observaba con seriedad, estudiando su rostro. Hinata desvió la mirada hacia un lado incapaz de sostenerla, odiándose a sí mismo por sentir como su intento de asesinarlo se aflojaba en su interior.
— No te enojes así, sólo fue una broma.
— No me parece gracioso.
— Ya veo. Lo siento, pero no pude evitarlo.
— Esto no es un juego, Tsumu, yo…
Hinata no tuvo tiempo de replicarle porque sus labios fueron sellados en un beso tan suave y tranquilo que lo había descolocado. Por supuesto, su cuerpo quedó inmóvil entre los brazos ajenos, su puño aún sobre el pecho de Atsumu. Segundos después, los labios de Atsumu tomaron los suyos con una delicadeza que rozaba la ternura, casi como si le estuviera pidiendo permiso. Nunca lo había besado de aquella manera tan contenida y amorosa y Hinata, por un momento, se sintió abrumado. Intentó seguir el ritmo tranquilo pero falló estrepitosamente, sus labios temblando aún producto de los nervios. Así estuvieron durante un par de minutos, inmersos en un beso torpe y sosegado, pero más íntimo que el encuentro más enfebrecido que hubiesen tenido hasta ese momento.
— Maldita sea, Shouyo...realmente me gustas.— el susurro sobre sus labios sonaba más a una acusación que a una confesión, y el hecho de que el que parecía ahora indignado fuese Atsumu le provocó cierta gracia a Hinata.— Soy capaz de perdonarte cualquier cosa que hagas. Me has vuelto un idiota.
— Ahora la culpa es mía.
— Claro, asume la responsabilidad.
Hinata frunció el ceño mientras sus labios se encontraban otra vez, sus manos finalmente sosteniéndose de los amplios hombros mientras Atsumu lo rodeaba más firmemente entre sus brazos. De repente, parte de la indignación que había sufrido hacía un momento volvió a su mente y, sin poder evitarlo, mordió el labio inferior de Atsumu de forma un tanto brusca e impetuosa. Se sobresaltó al oír el gemido de Atsumu, jadeando al sorprenderse de su propio impulso.
— L-Lo siento, no quise hacerlo…
— Qué vengativo eres, Shouyo.
— ¡No fue adrede!
Sucedieron varias cosas a la vez; Hinata empujó sólo un poco a Atsumu como manifestación de indignación, pero había sido con poca fuerza, algo leve que ni siquiera lo había movido de su sitio. Sin embargo, Atsumu le devolvió el empujón con una fuerza desmedida, prácticamente derribándolo. No habían caído al suelo simplemente porque la mesa había estado de obstáculo. Hinata sintió el golpe duro de la madera contra su cintura mientras sentía una verdadera falta de aire, aunque no sabía si se debía a que Atsumu se había presionado demasiado contra su cuerpo o a que sus labios ahora sí estaban atacando los suyos casi con agresividad.
El beso pareció volverse una competencia para demostrar quién de los dos podía dominar al otro y, mientras eso sucedía, Hinata fue sutilmente consciente de que uno estaba desnudando al otro; más rápido de lo que hubiese esperado, su piel entró en contacto con la de Atsumu, suave pero caliente. Cuando el mayor abandonó finalmente sus labios, Hinata los sintió hinchados, el ardor y una leve sensación de dolor instalándose sobre ellos. Pasó su lengua sobre aquella piel sensible y maltratada experimentando cierto alivio; sin embargo, la sensación ardorosa se desplazó hacia su oreja, a su cuello. Atsumu lo estaba mordiendo, aquello no eran simples besos.
Jaló de su cabello en un intento por separarlo de su piel, hecho prácticamente imposible. No sólo no lo había logrado, sino que Atsumu lo había comprimido más contra la madera. Hinata procuró zafarse por un costado, pero lo único que consiguió al hacerlo luego de varios intentos frustrados fue perder el apoyo que había estado teniendo y estamparse contra la pared en un golpe seco y brusco, porque Atsumu no se había separado de él ni había dejado de empujarlo tampoco.
— Tsumu…
— ¿Mmh?
— Y-Yo…
Increíblemente y pese a la situación de intimidad que estaban viviendo, Hinata aún se sentía un tanto inseguro y cohibido a la hora de expresarse libremente, no porque no confiara en Atsumu sino porque su personalidad avasallante y un tanto misteriosa lo desorientaba un poco. Sintiendo el calor cubriendo sus mejillas mientras Atsumu comenzaba a luchar contra sus pantalones, lo abrazó fuertemente, sintiéndose un poco sobrepasado por sus propios sentimientos.
— ¿Shouyo?.— Atsumu dejó de forcejear, pero no se alejó de él, devolviéndole el abrazo. Sintiendo los largos dedos acariciando su espalda, Hinata notó su propia inseguridad reflejada en el otro.— ¿Estás bien?
— Te quiero.— lo susurró tímidamente contra su cuello, pero lo había dicho. Nuevamente, sintió ahora el temblor del cuerpo ajeno cuando Atsumu comenzó a reírse, atrayéndolo aún más.— ¡Oye…!
— Yo te amo. Te deseo, te necesito. No me hagas repetirlo, Shouyo.
Nuevamente, Shouyo sintió los labios ajenos sobre los suyos en un contacto rápido y casi efímero, porque el mayor tenía decidido volver a atacar su cuello. Hinata podía sentir los labios, la lengua y los dientes ajenos acariciando, humedeciendo y marcando su piel ya maltratada y sensible; sin embargo, mientras su cuerpo experimentaba las sensaciones físicas que el otro le brindaba, su mente se había quedado estancada, anclada en las palabras de Atsumu. Para el armador, aquello había sido una declaración rápida y un tanto forzada y en la cabeza de Hinata no dejaba de dar vueltas, como un torbellino malicioso y perverso, la idea de que había sido instada por sus propias palabras.
— Tsumu, espera un momento…
— Ahora no, Shouyo.
— S-Sólo un instante, por favor…
Pese a que lo había pedido amablemente, Atsumu hacía caso omiso a sus palabras. Sus labios se alejaban de su cuello y atacaban concienzudamente su hombro derecho, su clavícula. Un leve quejido mezcla de placer y frustración escapó de los labios de Hinata, empujando suavemente al otro por los hombros. Tuvo que utilizar gran parte de su fuerza para lograr separarlo de su cuerpo; Atsumu pareció desorientado por su acción, su ceño fruncido y la expresión de su rostro fastidiada. Ambos llevaban la respiración un tanto agitada y, de nuevo aviso, el mayor recargó su cuerpo contra el de Hinata, casi inmovilizándolo contra la pared una vez más.
— ¿Qué sucede ahora?¿Algo más que quieras decirme?
— Eres…¡eres increíble!
— ¡Lo sé!
— ¡No fue un halago!
Ahora sí, Hinata bufó molesto y halló la fuerza que le hacía falta para separarse de Atsumu definitivamente. Mientras se alejaba camino a la cocina y revolvía sus cabellos fastidiado, confundido y preocupado, oyó a Atsumu suspirando y farfullando algo que parecía un insulto, siguiéndolo. Shouyo chasqueó la lengua al darse cuenta que estaba sirviéndose el sexto o séptimo vaso de agua en demasiado poco tiempo.
— Háblame porque no interpreto gruñidos y empujones, Shouyo.
Hinata volteó a verlo con cara de pocos amigos, otra vez inseguro al encararlo. ¿Por qué aquello parecía tan difícil de repente con una persona con la que solía llevarse tan bien?
— Acabo de decirte algo que es importante para mi.— lo dijo lo más claro y rápido que pudo, bebiendo otro sorbo de agua mientras percibía el calor ascendiendo hacia su rostro.— Y siento que lo has tomado como una broma.
Por un instante, Hinata creyó que Atsumu había fundido los fusibles de su cerebro; se había quedado en silencio, la expresión de su rostro inmutable, sus ojos fijos en su figura. No parecía nervioso pero tampoco molesto, y la situación exasperó todavía más a Shouyo.
— Tsumu…
— Dame un segundo.
Hinata contrajo la expresión de su rostro, su mano presionando el vaso de vidrio entre sus dedos. De repente, la atmósfera se enrareció en el pequeño espacio que representaba su cocina y una leve sensación de falta de aire se instaló en el lugar. Hacía mucho que el menor no veía esa expresión ensombrecida en el rostro de Atsumu; parecía furioso, no...colérico, a un punto que le recordó casi a la época en la que lo hacía conocido, unos 7 años atrás. Algo de lo que acababa de decir lo había hecho estallar de una manera inesperada; la tensión duró apenas un par de segundos antes de que la expresión en el rostro ajeno se aclarara nuevamente y un suspiro escapara de los labios de Atsumu, pero fueron suficientes para que Hinata lo notara.
Atsumu se acercó uno, dos, tres pasos a su posición; Hinata hubiese deseado retroceder, no porque le temiese sino porque necesitaba un poco más de aire, pero le fue imposible. La mesada de la cocina se lo impidió, y antes que hubiese asimilado la situación, Atsumu estaba prácticamente sobre él en una postura un tanto amenazante. Una vez más, la diferencia de alturas se hacía notar mientras el mayor cercaba su posición apoyando ambas manos en el mesón, rodeándolo.
— Creo haberte entendido mal, así que vamos de nuevo.
— Claro.— Atsumu le sonrió, pero por alguna razón Hinata percibió que aquella alegría no le llegaba a los ojos.
— Te oí, y te contesté. ¿Que te he dicho?
— Que...que…
Atsumu se acercó a su rostro casi rozándolo, alterando un poco más a Hinata quien comenzó a tartamudear, presa de la pena. Podía incluso sentir el rubor de su rostro cuando sus labios temblorosos fueron cubiertos por los de Atsumu en un beso suave, casi como si intentara infundirle la seguridad que le faltaba.
— Te dije que te amo. Y yo no hablo a la ligera.— otra vez, su voz cambió de tono y Shouyo percibió el peligro en ella, el fastidio ascendiendo a la superficie.— ¿O acaso no crees en lo que te digo?
— ¡No, no es eso! Sólo que…
— ¿Solo que, qué?
Pese al tono un tanto agresivo de su pregunta, Atsumu rodeó nuevamente a Hinata entre sus brazos; el roce de sus manos sobre su espalda le dio cierta calma, recargando las manos en su pecho.
— Shouyo, cariño, ¿ordenaste tus ideas antes de llamarme?
— ¿Qué?
— Yo estoy bastante seguro de lo que siento y de lo que quiero, lo sé desde un principio, ¿pero tú lo estás?
Hinata quiso indignarse con su cuestionamiento, pero simplemente el sentimiento se desinfló como un globo pinchado. Atsumu tenía razón en su planteo, el que estaba dando vueltas y quien estaba siendo inseguro ahora era él. ¿Por qué? Porque era un idiota. ¿Que si había aclarado sus ideas? Había tenido tiempo de sobra para hacerlo.
¿Cómo era posible que Atsumu diese vuelta la situación a su favor siempre?
— Claro que lo estoy, Tsumu. Quiero estar contigo.
— Entonces deja de darle vueltas a las cosas. Tobio no existe, no tiene que alterarte ni afectarnos como pareja.
— Tsumu…
— Ahora, cállate. No me interrumpas cuando estoy inspirado.
— ¿Qué…? ¡Los platos! ¡Ten...!
"Cuidado".
Eso es lo que a Hinata le hubiese encantado gritarle en el rostro antes de tener que oír el sonido de la cerámica arrastrándose de manera siniestra sobre la mesada, el silencio, y el posterior estruendo de la misma contra el suelo, sobresaltándolo. La detonación parecía no terminar e ir acompañada de otras más...ese ruido había sido vidrio. Sí, el vaso que había utilizado en la última media hora había sido sacrificado al piso de la cocina en el momento en el que Atsumu había alzado y acomodado a Hinata de manera brusca sobre el mesón sin tener en cuenta los objetos que allí había. Ni siquiera se inmutó por el ruido, sus bocas otra vez en una lucha de voluntades que dejaba sin aliento a Hinata; se aferró al otro con brazos y piernas, enroscándose en torno al cuerpo más robusto e intentando no perder el ritmo del ataque al que lo sometía Atsumu.
Aquello era mucho más enérgico, impetuoso y pasional a lo que Hinata estaba acostumbrado, pero ambos parecían necesitar aquella contundencia, el apuro por tocar cada parte de piel expuesta, el anhelo de marcar los labios ajenos y el ímpetu por deshacerse de la ropa ajena a como diera lugar; Hinata percibió el sonido de alguna que otra cosa cayendo y azotándose producto de los manotazos que Atsumu o él mismo lanzaban al aire mientras intentaban que la tela molesta dejara de interferir en sus caricias. Hinata recordó incluso, en medio de su enajenación mental, soltar una carcajada cuando el florero frente a ellos estalló contra el suelo al recibir el impacto de la camiseta que Atsumu había arrojado como un proyectil violento hacia atrás, secundado por una maldición que el mayor había proferido antes de volver a la carga sobre su piel, mordiéndolo aún más fuerte.
Y de una vez por todas, Hinata se animó a introducir la mano entre la poca ropa que aún estorbaba y alcanzó a tantear aquella dureza que había estado golpeando su entrepierna en forma persistente; un gemido ronco se oyó contra su oído acompañado por un movimiento vehemente de las caderas de Atsumu sobre la palma de su mano intentando ganar más contacto. Envalentonado, Shouyo acarició cuidadosamente aquella erección dura y ya un tanto húmeda con un ritmo cadente y desesperante.
— Shouyo…sabes lo que estás...maldito, te gusta tenerme así, ¿verdad?
La risa y el gemido bajo se mezclaron en el tono un tanto exasperado y la necesidad poco contenida. Era la primera vez que Hinata detectaba cierto grado de súplica en su voz, la respiración perdiendo su ritmo regular, los músculos tensándose a su alrededor. Le agradaba aquella sensación de poder, aunque fuese efímera y transitoria. Nuevamente, presionó el miembro de Atsumu y la oscilación de sus caderas no se hizo esperar haciendo contacto con su propia erección, obligándolo también a gemir y atraerlo más contra su cuerpo.
Y de repente, todo fue liviano. Atsumu había vuelto a cargarlo con la misma facilidad con la que lo había depositado allí. Hinata se aferró fuertemente a su torso otra vez, un tanto nervioso de nuevo.
— Bien, cambio de sector. Si no en breve destrozaré algún aparato y vas a enojarte.
— Ya rompiste todos los platos, Tsumu.
— ¡¿Yo?! Fue tu culo el que los empujó mesada abajo.
— ¡¿Cómo?!
Hinata sabía o mejor dicho, intuía que la intención de Atsumu había sido desplazarse al sofá o bien a su habitación en busca de mayor comodidad para ambos. Al menos, había procurado hacerlo y Shouyo supuso que eso era lo que contaba; sin embargo, habían alcanzado a salir airosos de la pequeña cocina y Atsumu casi había logrado atravesar el living, pero Hinata había sabido que era cuestión de tiempo para que el otro sucumbiera, simple y llanamente porque había sentido extraña la manera en la que había caminado. Por supuesto, en el frenesí del momento, ambos habían olvidado que los pantalones seguían allí. Casi a la altura de sus rodillas, y la caída no se había hecho esperar demasiado, así como tampoco el impacto de sus cuerpos contra la dura losa del suelo.
Pese al dolor de su espalda y a la falta de aire que le produjo el peso del otro sobre su cuerpo, Hinata no pudo evitar reír ante la poca coordinación que podían llegar a tener a ese tipo de situaciones.
— Pues bueno, aquí tendrá que ser.
— ¿Eh?
Eso, que ahí iban a quedarse. Allí, en el suelo. Iban a tener sexo en el suelo. En el piso de su departamento...la primera vez que Hinata iba a concretar intimidad con Atsumu iba a ser en el frío de las baldosas del living.
¿Iba a quejarse? Claro que no. No emitió ningún reclamo cuando Atsumu al fin pudo deshacerse de lo que le quedaba de ropa y de la suya propia de un tirón impaciente, dejándolos desnudos a ambos. No se sintió apenado ni cohibido pues no era la primera vez que ambos se hallaban en esas condiciones; aún así, Hinata sintió todos los músculos de su cuerpo tensarse cuando Atsumu volvió a recargar el peso de su cuerpo sobre el suyo, cuando logró acomodarlo entre sus piernas y cuando aquel movimiento en sus caderas se sintió mucho más directo e íntimo. Otra vez, sus labios entraron en una contienda silenciosa sólo interrumpida por los jadeos y gemidos que sus propias caricias provocaban en el cuerpo del otro, ésta vez de manera más acelerada y desesperada.
Un quejido molesto y sorpresivo escapó de su garganta cuando al fin sintió lo que sabía, Atsumu no iba a aplazar mucho tiempo más. La sensación incómoda de un dedo introduciéndose en su interior, invadiéndolo y fisgoneando en movimiento circulares lo obligó a intentar relajarse separando un poco más las piernas y dejándose hacer, confiando en el otro. Pronto, mientras Atsumu descendía por su torso aún mordiendo y dejando marcas rojizas sobre su piel, otro dígito se unió al primero y poco a poco la sensación incómoda cedió, acostumbrándose a la ocupación de aquella zona tan privada; en menos tiempo del que hubiese imaginado, Hinata se descubrió a sí mismo imitando con sus caderas el ritmo que aquellos dedos imprimían en su interior, entrando y abandonando su entrada cada vez más profundo, más rápido.
— Tsumu, por favor…deja de...
— ¿Mmh? No puedo oírte bien, Shouyo.— nuevamente, Atsumu se colocó a su altura al mismo tiempo que un tercer dedo se unía a los otros dos. Ahora sí Hinata podía afirmar que se sentía distendido.— ¿Qué decías?
— Necesito que...que lo hagas de una vez…
— ¿Qué cosa?
— ¡No juegues conmigo! No puedo más…— Hinata se retorció debajo suyo tomando la erección del otro, atendiéndolo. Oyó a Atsumu farfullar una maldición entre suspiros, acelerando el ritmo de sus dedos a modo de represalia.— Tsumu…por favor…
— Bueno, bueno…¿ya estás listo para mi, cariño?
El susurro agitado contra su oído combinado con el ritmo frenético entre sus piernas enardeció más a Hinata; buscó sus labios una vez más mientras se aferraba a su cuello, atrayéndolo de forma demandante y ruda.
— Hazlo de una maldita vez.
— Aún puedes arrepentirte…
— Tsumu...ah...más despacio…
Sin previo aviso, los dedos fueron reemplazados rápidamente por el miembro firme y caliente del otro, presionando y abriéndose lugar. Hinata no alcanzaba a acostumbrarse a la invasión, y aún había más. Soltó un quejido seguido de un gemido sonoro sin poder contenerse, dándole más espacio entre sus piernas mientras sus manos se aferraban como podían a la espalda de Atsumu, sus uñas clavándose cual garras arrastrándose y marcando la piel ajena mientras intentaba asimilar aquella primera penetración profunda e impetuosa.
— ¿Estás bien?.— el movimiento se detuvo y Hinata finalmente pudo respirar. Un poco.
— Wow...es...es grande. No, quiero decir, sí, estoy bien.— soltó el aire que había estado reteniendo en exhalación prolongada, y la risa de Atsumu no se hizo esperar.— ¿Qué?
— Dices las cosas más agradables.
Y luego de eso, el caos.
Atsumu había logrado contenerse por más tiempo del que Hinata hubiese esperado, porque lo conocía. Cuando el ritmo de sus embestidas aumentó a un punto en el que a Hinata ya no le servía lastimar la espalda del otro en un intento por aferrarse a algo, Shouyo llegó a preguntarse, luego de que la silla de madera de la que había intentado asirse hubiese caído también al suelo produciendo un ruido sordo y fuerte, si los vecinos podían oír el escándalo que estaban armando allí dentro. No sólo habían roto y lanzado objetos al piso, sino que...él tampoco había podido contenerse demasiado con los gritos, llegados al caso. Sobre todo después que Atsumu lo hubiese volteado aplastando su rostro contra la losa un tanto fría, penetrándolo tan rápido e intensamente que aquello parecía un ataque personal.
— ¿Te gusta así, cariño?.— Atsumu se había inclinado hacia delante y mientras jalaba sus cabellos y Hinata se veía impelido a torcer el cuello en una posición extraña, las embestidas se volvieron aún más profundas y certeras.
— S-Sí…¡ahí! Oh, por Dios…
¿Ahora iba a soltarse a llorar de placer? Sí, lo estaba haciendo ya, de hecho. Un lloriqueo ahogado y entrecortado lo hizo darse cuenta de ello, pero es que aquello...había sido sencillamente glorioso.
— Joder, Shouyo...amo ese sonido, grita de nuevo para mi,vamos.
Si aquello había sido una orden, Hinata la cumplió al pie de la letra. Se sintió orillado a un placer que no había experimentado jamás y, tan rápido y vergonzoso como habían comenzado, se halló al borde del orgasmo. Sin embargo, Atsumu no se la hizo tan fácil; torturándolo y probablemente cobrando venganza por sus provocaciones anteriores, reducía el ritmo de sus penetraciones cuando lo sentía al filo del abismo y aceleraba otra vez cuando consideraba que el peligro ya había pasado, hasta que finalmente pareció apiadarse de él; Hinata no sintió el dolor de la mordida en su nuca porque su cerebro estaba en blanco, su cuerpo siendo azotado por el placer incontrolable de la consumación allí donde tuviese sensibilidad, pero sí alcanzó a oír los gemidos ásperos y la respiración entrecortada sobre su piel cuando Atsumu acabó en su interior sin mermar en la fuerza de sus embestidas, ni siquiera a último momento.
Ahora, pasados unos minutos en el suelo en el que sólo se oía la respiración de ambos regularizándose y pese a que sentía su cuerpo laxo y relajado, Hinata quería perder el conocimiento y despertar días después.
Le dolía todo.
— ¿Te has desmayado?.— el tono suave pero divertido de Atsumu lo espabiló un poco, bufando en respuesta.— Te has quedado muy callado, no es propio de ti.
— No te creas tanto tampoco, Tsumu.
— Justo en el ego. ¿De verdad te sientes bien?
— Sí, sólo un poco dolorido.
— De nada. Lo mismo digo.
Ambos rieron, o al menos, Hinata lo intentó. Con un poco de pena, percibió cierta sensación húmeda entre las piernas cuando intentó incorporarse, sentándose en el suelo otra vez.
— Oh, Shouyo.
— ¡Muérete!.— Hinata sintió fuego en el rostro cuando Atsumu se incorporó como si nada e hizo el ademán de alzarlo otra vez, aún cuando Hinata opuso resistencia.
— Sé que en el fondo me quieres. Ahora bien, ¿ducha o cuarto?
— Cuarto. O ducha. No, quiero dormir.
Hinata se recostó contra su hombro relajándose un poco cuando finalmente Atsumu lo cargó, movilizándose por el corredor ya conocido. Nuevamente, sintió el torso del otro temblando sutilmente producto de la risa. Frunció el ceño, teniendo un mal presentimiento.
— ¿Dormir? Shouyo, recién estoy calentando motores.— Hinata soltó un gemido estrangulado y angustiado al tiempo que sentía la mano pesada del otro acariciando su espalda.— Cuando me canse, vamos a hablar.
— ¿Qué?
Habían llegado a su cuarto más rápido de lo previsto y Hinata se vio propulsado hacia la cama, donde rebotó sobre el colchón. Sin darle tiempo a recomponerse, Atsumu ya estaba sobre él otra vez, mordiendo su labio inferior suavemente.
—Vas a contármelo todo, quiero saberlo todo. Con lujo de detalles.
Bueeeenooooooo
¡Al fin se ha resuelto el conflicto de Atsumu con Hinata...! ¿Se ha resuelto? xD
Muchas gracias por todos sus hermosos comentarios y el apoyo que me dan en las diferentes plataformas, sepan que no contesto todos los mensajes pero los leo y me llegan al alma 3
Nos leemos!
