¡Bueeenaas!¿Cómo están mis acuartelados en plena cuarentena? (?) Yo trabajando, PERO ESCRIBIENDO. Porque nunca soltar los geis 2D.

Me alegra mucho que haya tenido buena recepción el lemon del capítulo anterior! Visto y considerando que es un fanfic bastante tranqui en ese sentido, me deja respirar que haya quedado bien...creo.

Bueno, ahora vamos un poquito a la transición de la siguiente tormenta, porque esto no para.

¡Vamos!


¿Era normal que para un domingo a las 10 AM aquel sector de la ciudad estuviese tan concurrido? Kageyama no lo sabía y hubiese deseado que la cuestión se mantuviera así, porque él no tenía por costumbre desayunar fuera de su departamento o de la casa de sus padres, mucho menos un domingo.

Sentado en la acera donde el bar de la esquina había organizado unas mesillas, descruzó la pierna izquierda, aguantó un máximo de cinco segundos y volvió a cruzarlas, ahora la derecha. Le dio un último sorbo al café que ya estaba un poco frío mientras escudriñaba la calle lateral, ya un poco ansioso. Él había llegado demasiado temprano, pues él iba a tener que esperar.

Odiaba esperar. No servía para esas cosas.

Y le estallaba la vejiga. Por segunda vez en lo que iba de la mañana, pues ya era el segundo café que ingería. El primero había sido en su departamento, antes de salir.

— Lamento haberte hecho esperar, ¿hace mucho que estás aquí?

Kageyama casi se cae del asiento cuando la voz a sus espaldas lo sobresaltó; la pequeña mesa tembló cuando descruzó otra vez las piernas y le atinó un golpe con la rodilla y ambos, él y el recién llegado, lograron que todo lo que se hallaba sobre ella no colapsara al suelo. Kageyama levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los castaños de Daichi Sawamura, quien lo observaba con la disculpa dibujada en el rostro.

— Lo siento, no quise asustarte.

— Está bien, estaba distraído.

— ¡Kageyama!¿No tienes frío? Corre una brisa bastante fresca.

Un segundo sobresalto lo pasmó en su sitio apenas pudo incorporarse para saludar a Daichi, no porque la voz lo hubiese alterado, sino porque nunca creyó que Daichi fuese acompañado por Sugawara Koushi. De pie a su lado, el antiguo armador de Karasuno estaba cubierto con chaqueta bastante gruesa con la cremallera alta hasta el mentón, sus manos en los bolsillos. En su rostro se veía la felicidad por el reencuentro, las mejillas sonrojadas y una sonrisa ancha de oreja a oreja.

Y el poco valor que Kageyama había logrado reunir para aquello se fue al suelo. Una cosa era exteriorizarle sus problemas a Daichi - cuestión que le había costado bastante decidir, casi un mes de dar vueltas, decidirse, enojarse y volver atrás - y otra muy diferente hacerlo con Sugawara, y no porque no confiase en él, sino porque intuía que el ex armador podía incluso leerle la mente, aterrándolo.

— Buenos días, Sugawara-san. No, no tengo frío.

— Siempre tan formal…

— Traje refuerzos.— otra vez, la mirada de disculpa se hizo notar en el rostro de Daichi, pero al verlo relajado y también alegre al parecer de verlo, se tranquilizó un poco.— ¿Vamos adentro? Yo también tengo un poco de frío.

— No hace frío.

— Estamos viejos ya.— terció Daichi pasándole un brazo por los hombros y obligándolo a ingresar al local.

— El café de éste bar es muy bueno, pero también tenemos que probar el pastel de fresa porque...

Iba a tener que darles la razón. Luego de unos minutos de deliberación habían optado por una mesa para cuatro cerca de uno de los ventanales del local; Kageyama no sabía a ciencia cierta si se debía a que allí estaban cocinando o la calefacción estaba encendida, pero el cambio de temperatura era notorio. Recién en ese momento se percató de que había tenido el rostro y las manos congelados y ahora, ya habiendo pedido el tercer café y el dichoso pastel de fresa, comenzaba a recuperarse.

— ¿Qué están haciendo ahora que terminó la temporada? Dime que te estás tomando un descanso.

— Suga…

— ¿Qué sucede?.— el aludido los observó a ambos alternativamente mientras probaba el pastel que el camarero acababa de llevar a la mesa.— Está delicioso. Coman, vamos.

— Kageyama no tiene 10 años.

— Es como si los tuviera.

— No lo conocías cuando tenía esa edad. Lo conociste recién a los 15.- un pequeño momento de silencio se instaló entre los tres mientras engullían el pastel.- Tienes razón, está delicioso.

— Siempre la tengo. Y que haya tenido 15 años es lo mismo.

— No lo es.

— No importa, tiene 22 años. No es mucha diferencia.

— ¿Cómo recuerdas su edad? Eso es espeluznante.

— ¡Porque saco la cuenta y sé su cumpleaños!

Kageyama decidió en esos momentos reclinarse sobre la silla de almohadones mullidos; con el café quemándole la yema de los dedos y la lengua, la mente en blanco y el cuerpo relajado por el calor del lugar, miró alternativamente a Daichi y Sugawara. Habían pasado 7 años y su relación no parecía haberse modificado ni un poco con el paso del tiempo, y aquello volvió a trasladarlo otra vez a la época de la preparatoria. No sabía si aquello era bueno o malo, la verdad.

— Bueno.— Daichi carraspeó luego de haber perdido una segunda o tercera batalla con Sugawara. Tomó también la taza de café y observó a Kageyama directamente.— Suéltalo todo.

— Dai…

— Basta, Suga.

— Necesito aclarar un par de ideas y no estoy pudiendo solo.

— Somos todo oídos.

— Sabes que puedes contarnos lo que sea, no te juzgaremos.

— Suga, maldita sea, no mató a nadie…no has asesinado a nadie, ¿verdad?.— Sugawara miró a Daichi con expresión contrariada mientras éste escudriñaba el rostro de Kageyama.

— No, no he hecho nada ilegal.

— Bien. Ya ves, no es para tanto.— pese a que había dicho aquello con tono seguro, Daichi se recargó también contra el asiento con una expresión aliviada.— Dinos.

— Han pasados cosas. Con Hinata.— aclaró luego de unos segundos en los que ambos aguardaban que continuara. Otra vez, parecieron esperar a que prosiguiera y Kageyama sentía la violencia ascender por su garganta.— Y estoy confundido. Y quiero matarlo.

— Bien. Suga, espera. Vamos por partes. ¿Qué pasó con Hinata? No habrán discutido otra vez, ¿no?

— No creo que ese sea el problema.

Sugawara soltó aquello y, siguiendo el ejemplo de ambos, tomó la taza de café humeante sin soltar una sola palabra más. Ambos aguardaron a que prosiguiera, pero sólo se limitó a seguir bebiendo.

— Vamos, continúa.

— Pensé que ibas a agregar algo más…¿en qué momento acabaste el pastel?.— Daichi miraba el pequeño plato vacío frente a Sugawara, un poco asombrado.

— Mientras ustedes hablaban. No desvíes la conversación.

— Nos besamos. Y nos peleamos. Creo.

Sugawara pareció ahogarse con el café mientras Daichi lo ayudaba a dejar la taza otra vez en la mesa. Kageyama se sintió extrañamente más liviano luego de soltar aquello pese a que ambos mayores parecían un poco afectados, uno más que el otro. Había estado dándole vueltas a la situación durante varias semanas y el hecho de que Hinata lo esquivara lo ponía peor. Kageyama no solía exteriorizar sus sentimientos, mucho menos sus inseguridades; cuando supo que Hinata había vuelto a Japón después de dos largos años en el exterior, Kageyama desenterró cuestiones que creía olvidadas y sepultadas. No sabía si era nostalgia u otro sentimiento un poco más vívido y profundo, pero había deseado acercarse nuevamente a Hinata, pero no había sabido entender por qué.

¿Quería hablarle, verlo, recuperar una amistad que en realidad nunca alcanzaron a formalizar? ¿Sentía curiosidad por su crecimiento profesional o, por el contrario, le interesaba más su vida personal? Fuese cual fuese el motivo, el destino los había vuelto a cruzar en aquella maldita final. Al fin podía volver a verlo. Había descubierto de la peor manera los grandes resultados de su entrenamiento en Brasil, pero aquello no había sido suficiente. No le había bastado verlo, saludarlo, perder frente a él.

Y ahí habían comenzado los problemas que hasta ese momento no creía existían. Sabía muy en el fondo que existía la probabilidad de que Hinata estuviese en pareja. ¿Por qué no? Pese a ser un idiota, siempre había sido mucho más extrovertido que él y vivía rodeado de personas que lo querían. ¿Por qué le importaba aquello? No sabía que le importaba hasta que lo había visto con Miya Atsumu luego del partido. No era consciente de los celos que podía llegar a sentir por una persona que hacía años no veía.

¿Por qué? Lo había intentado averiguar, pero las cosas con Hinata nunca habían sido sencillas. Pese al correr del tiempo, a ambos aún les seguía costando tratarse sin insultos de por medio y sin esa desconfianza que siempre los había caracterizado, y pese a saber que aquello era muy probablemente gran parte su culpa, Kageyama no podía cambiar lo que para él era un hecho natural.

Todo aquello sumado al alcohol los había llevado a ambos a cometer una estupidez, y le echaba la culpa a Hinata de aquello. De los dos, siempre había sido quien había entendido mejor las relaciones humanas, el cariño y la empatía. Sin embargo, Hinata parecía sufrir los mismos problemas mentales que él y ninguno de los dos se había refrenado a la hora de comprobar si lo que había sucedido alguna vez en la preparatoria aún seguía allí, dormido.

Y no tenía una respuesta clara tres semanas después de lo sucedido, por lo que había tenido que recurrir a ayuda externa. Sus compañeros de equipo estaban completamente descartados porque la mayoría presentaba su misma discapacidad emocional, o peor. Se vio a sí mismo intentando pedir un consejo a Ushijima y el espanto le hizo descartar rápidamente la idea, decantando por personas en las que confiaba y sabía no iban a juzgarlo. Y Daichi Sawamura se llevaba todas las fichas.

— Te dije que por ahí venía la mano. Qué niños, no puedo creerlo.

— Suga, espera. ¿Cómo que crees?¿No sabes si se besaron o si se pelearon?

— ¿Cómo no va a saber si se besaron? Dai, por favor.— Sugawara solicitó otro café para los tres en ese momento mientras elegía otra porción más pequeña de otro pastel, ansioso por realizar alguna tarea para distraerse.

— No sé si nos peleamos porque no lo recuerdo. Estabamos alcoholizados.

— Por qué sueltas las cosas tan directamente, Kageyama. Maldita sea, deja que lo asimilemos. No lo habrás forzado, ¿no?.— Daichi chasqueó la lengua al ver que se había quedado sin café, otro que estaba realizando tareas mecánicas para distraerse.

— Si no lo digo directamente, me van a malinterpretar. Ya estoy un poco harto de eso. Y no, no lo forcé, ¿por qué piensan eso?

— Dai, por Dios. Te comprendo, Kageyama. ¿Y el problema cuál es, que discutieron?

— Que no sé qué hacer. Hinata no me atiende las llamadas, no contesta los mensajes y...estoy empezando a pensar que fue un grave error.

Los tres guardaron silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Sugawara le dio una mirada de advertencia a Daichi quien parecía querer comenzar a hablar otra vez. Al verlo volvió a cerrar la boca y, como quien no quiere la cosa, Koushi deslizó una blanca mano sobre la mesa de madera gastada hasta llegar a la de Kageyama, aún sobre el pocillo. Éste pareció reaccionar al sentir el calor de sus dedos sobre su piel fría, mirándolo.

— Kageyama…¿Cuándo sucedió esto?

— Hace casi un mes.

— ¿Y hace un mes que Hinata no te contesta?

— Así es.

— Más claro échale agua.— el cuello de Sugawara volteó bruscamente y Daichi se sobresaltó en su asiento al comprobar la furia del otro.

— Después me dices a mi.— otra vez, suavizó el tono y volvió a observar a Kageyama, presionando su mano.— Creo que...el único confundido aquí eres tú, Kageyama.

— Me odia, ¿verdad?

— ¡No! No creo que Hinata pueda llegar a odiarte. Si sucedió fue por algo, no creo que te culpe.— un aspaviento de Sugawara a Daichi volvió a distraerlo, el actual agente de policía reclinado en su asiento.— Pero sí está resolviendo mal las cosas. No debería evitarte, en todo caso.

— Está en pareja con Miya-san. Creo.

— Kageyama, por favor…¿te has enredado con Hinata sabiendo que estaba en pareja?¿Desde cuándo Hinata tiene novio?.— Sugawara volteó otra vez hacia Daichi, quien se limitó a encoger los hombros.— Hace un tiempo le pregunté y me lo negó. Ya no nos cuenta nada.

— A mi me dijo lo mismo.

El ambiente se enrareció cuando tanto Daichi como Kageyama soltaron la misma frase casi al unísono. Si lo hubiesen planeado, Kageyama estaba seguro de que no habría salido tan coordinado, sobre todo por el impacto negativo que generó en Sugawara.

— ¿Te dijo lo mismo?¿Y cuándo fue eso, Dai?

— En casa, hace casi un mes.— la respuesta fue tan rápida y agresiva que incluso Kageyama notó la mentira filtrándose en sus palabras.— ¿Qué, por qué me miran así?

— Dai…— el tono relajado de Sugawara aseguraba peligro. La otra tanda de café llegó justo a tiempo y Kageyama pudo distraerse otra vez quemándose con la porcelana caliente.— Lo que contó Kageyama…

Sugawara dejó la frase inconclusa, la fuerza de sus palabras deteriorándose. Los segundos pasaron y nadie agregaba nada más.

— Sí, ya lo sabía. No te lo conté justamente porque pensé que era una cuestión privada que sólo los involucraba a ellos.— agregó al ver la cara de pocos amigos del otro.

— ¿Te lo contó Hinata? Porque es la primera vez que yo lo estoy contando.— cuestionó Kageyama, de repente curioso.

— ¿Los viste?¿Ahora espías a la gente?

— Claro que no. Me lo contó Iwaizumi. Él los separó.

— No lo recuerdo. Creo.

— ¿Tan mal estabas? Luego de eso, Hinata se durmió y Miya se lo llevó. Creo.

— Todos creen, ¿yo era el único que no lo sabía?.— Sugawara bufó, comenzando a comer la porción de tarta de manzana que le habían llevado junto con el café.

— No te alteres. Fue una casualidad tras otra.

— ¿Miya-san lo sabe?

— No, creería que no, salvo que Hinata se lo haya contado.

— No creo.— ahora, era el turno de Sugawara de secundar a Kageyama soltando la misma frase.— Ese niño...voy a tener que hablar con él.

— Espera, Suga. Maldita sea, nos estamos desviando otra vez.— Daichi se acomodó mejor en el asiento mientras robaba un trozo de la tarta de manzana.— Kageyama, ¿estás interesado de manera amorosa en Hinata?

— No.— la respuesta fue tan rápida y sincera que hizo reír a los otros dos.— ¿Qué?

— Si estás tan seguro, ¿Entonces? ¿Qué es lo que te acongoja tanto?

— No saber si a él le sucede lo mismo. Es decir.— otra vez, el torbellino de ideas confundieron a Kageyama.— Creía que sí me importaba. De esa manera, como tú dices.

— Amorosa. Vamos, que no hiere.

— Dai.

— Pero luego de esa noche, comprobé que...que siempre estuve confundido. Nunca supe lo que me sucedía porque nunca lo hablé con Hinata, y creo que hace años que estamos así. No somos amigos precisamente, pero...no quiero que esto termine de cagarla del todo. Quiero seguir compitiendo contra él sin sentir culpa.

— Y todo se resume en el voley.— murmuró Sugawara mientras terminaba la tarta antes de que Daichi le ganara de mano.

— Espera, ¿años? Ustedes vienen arrastrando esto desde la preparatoria, ¿verdad?

— Sí.

— Es para matarlos. A ambos. ¿Cómo es posible que nunca hayan aclarado sus sentimientos? Probablemente el tonto de Hinata esté igual que tú, y no hacen sino confundirse entre ustedes.— Daichi apretó el puente de su nariz con los dedos, al borde de la explosión.

— Kageyama.— Sugawara volvió a posar su mano cálida sobre la suya para llamar su atención.— Tú no estás confundido, sólo temes que Hinata no sienta lo mismo.

— Algo así. Creo. Sí, eso.

— Entonces, sólo deben hablarlo.

— Lo intenté, pero es imposible. Parece que al idiota se lo tragó la tierra.

— Yo hablaré con él.— el tono firme de Sugawara alertó a ambos.— No te preocupes.

— Gracias.

Kageyama sabía que necesitaba hablarlo con gente de confianza que no lo juzgara, sobre todo porque intuía que lo único que debía hacer era ordenar sus ideas y ganar confianza nuevamente. Sintiéndose más liberado, terminó el cuarto café de la mañana. Frunció el ceño sintiendo la vejiga alarmantemente distendida nuevamente.

— Ahora, Kageyama.— dijo Daichi luego de unos segundos de silencio.— ¿Es verdad que el próximo año te irás al exterior?


Lo que acababa de hacer era como mínimo ridículo. Sin embargo, si alguno de los demás pasajeros había alcanzado a verlo, no había quedado como otra cosa más que un suspiro placentero luego de un día completo de vuelo y sin pisar tierra firme más allá de la escala en Estados Unidos. Pero lo cierto es que más que una respiración liberadora, Tooru Oikawa quería inspirar otra vez el aire de su país natal luego de tantos años fuera.

Y una sonrisa mezcla de alegría y nostalgia se apoderó de su rostro cuando caminó por la cinta del equipaje buscando las dos valijas que apenas habían cerrado, aún acarreando los bolsos de mano. Mientras aguardaba reconocer las suyas, tomó con mano temblorosa su teléfono móvil. Tenía wifi libre al menos por una hora allí y, pese a que el vuelo no se había retrasado, tenía la necesidad imperiosa de hacerle saber al resto del mundo lo que ya era un hecho.

Tooru Oikawa estaba pisando suelo japonés, probablemente para quedarse.

"Llego a tiempo, Mierdakawa. No te pierdas de vista o te quiebro la rodilla." El mensaje era francamente claro en su contenido. Había llegado hacía poco más de una hora.

Y estaba jodidamente nervioso porque Iwaizumi tenía que ir a por él.

No, nervioso no. Eso jamás. Ansioso, quizás un poco intranquilo y expectante. Hacía casi dos años que no lo veía en persona y la última vez que lo hicieron, Iwaizumi le había prometido que el próximo en viajar sería él, hecho que no había podido cumplir por cuestiones de trabajo. Oikawa no se lo recriminaba, para nada. Conocía hacía tantos años a Iwaizumi que sabía bien de su temple fuerte y sincero; nunca lo había abandonado realmente y la distancia, pese a que en un principio había dolido un poco, no había logrado romper la relación de amistad que ambos habían forjado desde los cimientos.

Aquella cosa era indestructible. Oikawa sonrió a la nada recordando la cantidad de veces que Iwaizumi lo había insultado, golpeado y degradado, pero también las otras muchas que lo había apoyado, consolado y ayudado en todo lo que había estado a su alcance. Podría afirmar, mientras reconocía su equipaje e intentaba desplazar las valijas pese a que llevaban rueditas, que Oikawa daría su rodilla lesionada por la amistad de Iwaizumi.

— Oe.

Tan abstraído estaba en sus pensamientos que no había notado el acercamiento de una persona a su posición, en mitad del aeropuerto. Estaba decidiendo si enviarle otro mensaje a Iwaizumi, si avisarle ya a sus padres que había llegado bien, o si animarse a preguntarle a Hinata si había podido hablar con Atsumu como habían quedado; jadeó producto de la sorpresa cuando la voz grave a sus espaldas lo sobresaltó. Rápidamente se recompuso, respiró profundo y volteó lentamente.

— ¿Se puede saber qué haces? ¿La altura te afectó todavía más el cerebro?

— Iwa-chan, no seas cruel. Pero sí, el vuelo me afectó un poco. Me duele el cuello.

— ¿Y el culo? Digo, tantas horas sentado.

— Dormí de costado.

— ¿Todo el viaje?

— Todo el viaje.

— Maldito idiota de mierda, ¿por qué estás llorando?

Al oírlo decir aquello en un tono tan agresivo, Oikawa no pudo contener más el temblor que se había instalado en su mentón, sus ojos nublándose por las lágrimas que ya no podía reprimir. Arrugó el rostro en un gesto deforme producto del llanto que ya no podía ocultar, soltando uno de los bolsos de mano y subiéndose los lentes por el puente de la nariz en un acto compulsivo. Apenas y podía ver a Iwaizumi, alto con su maldito uniforme de oficina, la corbata desalineada y el cabello encrespado, tal y como lo recordaba. Como si nada hubiese cambiado.

— ¿Por qué estás llorando tú también?

— Yo no estoy llorando.

— Claro que no, sólo te estás meando por los ojos.

— Te odio. Ven aquí.

Oikawa no podía moverse de su sitio, pero tampoco fue necesario que lo hiciera; Iwaizumi acortó rápidamente en dos o tres zancadas el espacio que los separaba, rodeándolo con sus brazos en forma brusca y torpe, presionándolo fuertemente contra su pecho. En ese momento, Oikawa pudo reaccionar y finalmente lo abrazó, estallando en llanto. Sintió que le temblaban las piernas pero nunca llegó al suelo, sostenido por Iwaizumi.

— Maldita sea, estamos dando un espectáculo.

— Es el estrés del viaje, no puedo contenerlo. Ya, ya.

Se obligó a si mismo a separarse de Iwaizumi mientras intentaba recomponerse. De un momento a otro, éste le ofreció un pañuelo descartable que no dudó en utilizar, sonándose la nariz en forma molesta y ruidosa. Casi al mismo tiempo que él, oyó a Iwaizumi haciendo lo mismo pero se abstuvo de comentar algo que pudiese herir susceptibilidades.

— Llegaste antes. Y eso que pedí permiso para salir más temprano. Basurakawa, ¿qué mierda traes? Esto pesa más que tú.— sin preguntar, Iwaizumi había tomado una de las valijas y un bolso de mano, y a Oikawa le resultó gracioso ver que también le costaba desplazarse.

— No tengo ropa aquí en Japón, ¿qué quieres que haga? Además, traje regalitos.

— ¿Me has traído comida?

— Sí.

— Bien.

— ¿Cómo va todo?¿Alguna novedad? He estado fuera de la liga poco más de un día, pero sé perfectamente que el mundo puede cambiar sin mi.

Lo dijo en tono gracioso y realmente había estado esperando la respuesta sarcástica, el insulto detrás de sus palabras. Atravesaron la primera callejuela dentro de las instalaciones del aeropuerto dirigiéndose hacia el aparcamiento. Iwaizumi seguía teniendo el mismo coche que Oikawa recordaba y, luego de luchar contra las valijas - no entraban, ni siquiera en el maletero - pudo finalmente tomar asiento en el lugar del copiloto, suspirando. Aquel vehículo olía a Iwaizumi.

Cuando el otro también se subió y cerró la puerta de un golpe seco, oyéndolo suspirar, fue que cayó en cuenta que no había respondido a su pregunta. No había encendido el motor del coche y tampoco lo miraba directamente, sus manos firmemente asidas del volante.

— ¿Iwa-chan?¿Qué sucedió?

— Escucha, Oikawa. Sé que no tuviste nada que ver con esto, pero te pido encarecidamente que intentes meterte lo menos posible, ¿estamos de acuerdo?

— Claro que no, si me involucra de alguna manera voy a entrometerme hasta el cuello. Es Hinata, ¿verdad? Dime que no está en el hospital.

— Maldito seas. Mierda, joder.

— Ese lenguaje, Iwa-chan.

— Es que eres insoportable. Ya me veo yo metido también. ¿Por qué Hinata tendría que estar en el hospital?

— Siempre juntos, Iwa-chan. En las buenas y las malas. Y yo qué sé, tiendo a pensar lo peor.

— Pero más en las peores. Escucha.

— Soy todo oídos.

Iwaizumi abrió la boca, la cerró. Volvió a abrirla, maldijo otra vez. Cerró la boca. Golpeó el volante y finalmente lo encaró.

— Anoche Miya se encontró con Kageyama y…¡por qué te sonríes! ¡No te rías, MierdaBasurakawa!

— ¡No me río! Bueno, un poco.— por abrir la boca se le había escapado una carcajada y sólo pudo esquivar el primer golpe que Iwaizumi intentó propinarle porque éste ya se había colocado el cinturón de seguridad.— ¡Es que era tan obvio! Cuando el enano me dijo que iba a hablar con Atsumu-chan mientras yo estuviese en pleno viaje, sabía que aquello no iba a terminar bien de alguna manera.

— ¿Atsumu-chan? Pero…voy a...

— Los ejercicios de respiración para el manejo de la ira, Iwa-chan.

— Los estoy intentando, pero tenerte en vivo lo dificulta bastante.

Y realmente parecía enfrascado en eso. Mientras Iwaizumi apoyaba la frente en el volante, Oikawa aprovechaba para enviar un rápido mensaje a Hinata avisándole de su llegada y exigiendo la otra campana de la historia en forma urgente, porque sabía que la de Iwaizumi estaba sesgada y sería demasiado objetiva para su gusto.

— Vamos de nuevo.— la voz contenida de Iwaizumi lo alertó, escondiendo el teléfono. Ni siquiera había levantado la cabeza del volante, oyéndolo suspirar.— Hinata iba a hablar con Miya.

— Así es.

— De qué iban a hablar.

— Iwa-chan.— Oikawa bufó, harto de repetirle el drama diario.— Ya lo sabes.

— Y tú lo instaste a que le contara todo, ¿o me equivoco?

— Me conoces demasiado bien.

— Tú…

Finalmente, Iwaizumi levantó la cabeza y Oikawa hubiese jurado que los cuernos que le veía antaño habían crecido en altura. El aura maligna se desprendía del cuerpo ajeno e intoxicaba el aire dentro del reducido espacio, poniéndolo un poco nervioso.

Iwaizumi estaba a punto de aniquilarlo.

— Iwa-chan, basta. Tenían que hablar y lo sabes. Shouyo no podía ocultárselo para siempre. Eso también lo sabes.

— ¿Pero por qué mientras estuvieras de viaje? ¿Por qué no me avisaste? Podría haber evitado que se mataran.

— ¿Se mataron?

— Quiero creer que ese aire expectante se debe a que estás preocupado y no porque lo desees.

— ¡Vamos, cuéntame!

— No, no se mataron. ¡Infeliz!.— Iwaizumi lo insultó apenas notó como Oikawa fruncía el ceño y el mentón en una mueca decepcionada.

— Qué lástima. Al menos dime que Atsumu-chan le rompió la cara a mi estúpido ex pupilo.

— Y que lo digas. En realidad, se salvó de la denuncia porque Ushiwaka estuvo ahí para evitarlo.

— ¿Cómo?

— ¡Hasta te falta el aire, Mierdakawa!

— Es que...esto…dame un momento, por favor, Iwa-chan. Esto es demasiado fuerte.

— Puedes morirte en ese momento.

Mientras Oikawa imitaba los ejercicios respiratorios de Iwaizumi haciendo rabiar a éste último, una sombra de incertidumbre se instaló en su mente. Frunció el ceño, encarándolo otra vez.

— Iwa-chan.

— ¿Terminaste?.— el aludido encendió finalmente el motor del vehículo y comenzó a retroceder, saliendo del aparcamiento.

— ¿Cómo es que te enteraste de todo esto?

— Ah, me lo contó Miya.

— ¿Eh?¿Cómo, lo has visto?

Los cálculos no le daban. Suponiendo que la gresca hubiese sido el día anterior, Iwaizumi tendría que haberlo visto en algún lugar que ambos frecuentaran y la única conexión que había era Hinata. Iwaizumi no se hablaba con Hinata.

— No, me escribió. Me lo contó por si había que atajar a Hinata del colapso.

— Te...escribió.

— Así es.

— ¿Y cómo es que tiene tu número? Si es que puedo saberlo, claro.

— ¿Eh?.— una vez salidos del aparcamiento, Iwaizumi tomó la primera calle lateral.— Intercambiamos números el día de la fiesta. Por si acaso. Pensé que te lo había dicho.

— ¡Iwa-chan!¡Eres demasiado cruel conmigo!¡Regrésame al aeropuerto ahora mismo, me voy a Júpiter!

— Para eso tienes que ir a la NASA, no a un aeropuerto, Idiotakawa.

— No hay viajes a Júpiter todavía, Iwa-chan.

— Al planeta que sea, yo te mando de una sola patada. Llama a Hinata y ayúdalo, quieres.

— Qué bueno eres, Iwa-chan, tú...

— ¡Cállate!

— Como usted diga.

Volteó el rostro para el lado de la ventanilla, apreciando las calles, el tráfico, las personas. Hacía demasiado tiempo que no veía aquel movimiento, y otra vez la nostalgia lo embargó mientras se decidía y finalmente marcaba el número del enano.


Ay, Tsumu-chan...no te vas a quedar atrás, ¿eh? xD

Muchisimas gracias por sus comentarios, como siempre acompañándome!

Nos leemos!