¡Buenas! Ya ha pasado una semanita :,)

Muchisimas gracias por todo su apoyo, como siempre. Acá vamos a presenciar la competencia de quién la va a cagar más, porque parece que nadie se cansa (?)

Y recuerden, Kags no es el malo, es sólo un bobo (?

¡Acá vamos!


Domingo, 7 PM

El sonido incesante de las balizas del coche lo estaba poniendo más ansioso de lo que ya se sentía. A esa hora ya era noche cerrada y dentro del habitáculo del auto, Atsumu Miya sólo podía ver el titilar de las luces de giro, el indicador del combustible encendido...y nada más.

Ah, y la luz molesta de la pantalla del maldito celular.

Vamos a retomar ésta conversación desde el principio, Tsumu.

— Tengo tiempo, así que adelante.

¿Dónde estás exactamente ahora?

— En el auto.

¿Dónde estás aparcado?

— En la calle.

¿En la calle de tu departamento?

— No.

El silencio.

¿En la calle del departamento de quién?

— De Tobio-kun.

¿Y qué es lo que se supone que haces ahí?

— Lo estoy esperando, Samu. Ya te lo dije. Tres veces.

¿Y para qué carajo lo estás esperando afuera de su departamento escondido en el auto a ésta hora, un domingo?

— Quiero conversar con él. Sólo dejarle algunos puntos en claro, tampoco te alteres tanto. ¿O acaso lo defiendes a él?

Claro que no. Pero no es propio de ti. Ni siquiera sé de dónde obtuviste la dirección, ya me estás dando miedo, y es en serio.

— Hablé con Ushiwaka hace un par de horas. Él me la dio.

¿Te la dio, así sin más?

— Ajá. Le expliqué la situación a grandes rasgos y aceptó de buen grado. No es tan huraño como dicen.

Tsumu…

— Samu…

¿Shouyo sabe de esto?

— Claro que no, no quiero asustarlo. Y tú no vas a decírselo.

Admites que das miedo.

Atsumu suspiró sonoramente, un poco hastiado de la situación.

— Mira. No voy a golpearlo, ¿sabes? Pero tampoco voy a dejar que éste estúpido me pase por arriba así como así, ¿quién carajo se piensa que soy? Me quiso joder a través de Shouyo y es algo que no le voy a permitir. Sólo quiero que lo tenga claro.

¿Por qué todo siempre tiene que girar en torno a ti, idiota? Estás diciendo que Kageyama es lo suficientemente enfermo como para usar a Shouyo de esa manera.

— Así es.

Te estás describiendo a ti mismo.

— Controla tu lenguaje, no puedo golpearte por el teléfono y eso me genera más ansiedad.

Tsumu...me gustaría que te partieran la cara, pero aún así tengo un mal presentimiento. Sal de ahí.

— No voy a irme sin aclarar las cosas.

¿Para qué me llamas, entonces?

— Porque tienes que darme la razón en esto.

No la tienes, y lo sabes. Me llamas para reafirmar tu estupidez, pero tus argumentos carecen de sentido. Y sabes lo que va a suceder cuando Shouyo se entere.

— Tengo que colgar.

No es verdad.

— Luego te llamo.

Tsumu…

Luego de terminar la llamada, Atsumu se quedó viendo la pantalla del celular hasta que ésta se apagó, dejándolo un poco encandilado. Mientras la indignación ascendía como un gas venenoso surgiendo por sus poros como un gas venenoso, se sintió levemente traicionado por su propio hermano. Gemelo. Osamu tendría que haber llegado a la misma conclusión que él, siempre lo hacían. Tarde o temprano - generalmente al mismo tiempo - ambos hermanos solían tener opiniones muy similares de las situaciones, sino idénticas.

¿Es que acaso Osamu no había entendido todo lo que le había contado? Porque él no estaba equivocado, de eso estaba seguro. Luego de pasar la noche prácticamente en vela, Hinata le había contado todo con lujo de detalles. Incluso, cuando el menor se había percatado que él no había estallado en cólera, se había animado a confesarle que deseaba hablar con Kageyama para terminar aquel ciclo sin fin de confusiones y malentendidos.

Shouyo era tan ingenuo, tan buena persona que llegaba a conmoverlo, porque Atsumu conocía de mentiras y manipulación y no veía nada de eso reflejado en las palabras de Hinata. ¿Confusión, malentendido? Hinata podía llegar a pensar que toda esa situación se había suscitado así, pero Atsumu sabía que eso no era cierto. Si se hubiese tratado de un simple malentendido, Kageyama hubiese finiquitado sus intentos por acercarse a Hinata en el momento en el que los había visto juntos, incluso cuando llegaron a la casa de Daichi Sawamura aquella noche. Sus "dudas" tendrían que haberse resuelto ahí. ¿Qué tipo que se hacía llamar honorable se acercaba a una persona que visiblemente tenía pareja?

Aquello no era una confusión, era una provocación.

Sin embargo, Atsumu no era idiota. Conocía el lenguaje en el que Kageyama se comunicaba indirectamente a través de Hinata y no era tan ingenuo ni cobarde como para dejarlo pasar, pero tampoco para caer tan fácil. Tenía que reconocer que había tenido que utilizar todo su autocontrol cuando Shouyo finalmente se lo había confesado pese a que Atsumu ya intuía que el ex armador de Karasuno tenía algo que ver con su repentinos mutismo y alejamiento hacia él, pero había sabido abstenerse de realizar cualquier tipo de comentario. Había sido paciente, se había comportado bien, hasta incluso podía decir que algo había madurado en todo aquel tiempo en el que había estado a punto de estallar producto de la ansiedad en más de diez ocasiones...sin contar las de la noche anterior. Cada detalle que Hinata recordaba y relataba era un puñal más que Atsumu asestaba en el Kageyama imaginario y monstruoso que había anidado en su mente, pero había sabido mantener la calma porque Shouyo así se lo merecía.

Después de todo, el ganador había sido él. Atsumu era el príncipe no tan azul que se había quedado con la princesa no tan princesa pero que, salvando las distancias de un cuento de hadas, había resultado bien.

Salvo por el hecho que no había acabado con el dragón que custodiaba el castillo. Si al menos no lo espantaba tenía la completa seguridad de que iba a volver a aparecer. A perseguirlo a él, a intentar robarse a Hinata otra vez.

¿Aquello era necesario?

Mientras los ojos de Atsumu se entrecerraban al divisar la silueta de Kageyama cruzando la acera hacia el edificio donde habitaba a unos metros de su auto, se dijo que no. Objetivamente, aquello no era ni mínimamente necesario. Podía seguir con su vida, podía comenzar su relación formal con Hinata sin tropiezos ni fantasmas una vez ya espantados...pero subjetivamente, su mente sí lo necesitaba. Le urgía dejar las cosas en claro con aquel armador que en algún momento le había parecido un santurrón pero ahora ya le parecía hasta un demonio disfrazado de cordero.

Y mejor hacerlo ahora, antes de que se le enfriara la cabeza.

Quitó la llave del vehículo y salió mientras aún seguía con la mirada la espalda de Kageyama; no llevaba ningún bolso y vestía casualmente, lo que le dio el indicio de que al menos no entrenaba también los domingos. No había puesto atención de dónde había salido, ¿había dejado su vehículo afuera o alguien más lo había llevado? De cualquier manera, aceleró el paso cuando lo vio llegando a la puerta con el portero eléctrico.

— Tobio-kun, me has hecho esperar bastante.— el aludido se sobresaltó visiblemente al oírlo, volteando bruscamente. Su ceño fruncido se aclaró al reconocerlo para volverse más intenso luego, su mandíbula apretada al igual que las llaves en su mano.

— Miya-san. ¿Qué haces aquí?¿Cómo sabes dónde vivo?

— No te preocupes, sólo quería hablar contigo. Creo que hay algunas cosas que no han quedado claras entre nosotros.

— Lo lamento, pero no tengo nada que hablar contigo.

Atsumu no había sido agresivo. No había empleado palabras groseras y su tono siempre había sido simpático y tranquilo, su postura relajada y la sonrisa instalada en su rostro, todo lo contrario a Kageyama, quien parecía estar en guardia constante y máxima. No había querido ser brusco en ningún momento, pero aquel estúpido lo había obligado. Si había algo que Atsumu detestaba era que no sólo lo ignoraran, sino que además de eso le dieran la espalda.

Era impensado, pero Kageyama había hecho ambas cosas en simultáneo como si supiera cómo sacarlo de sus casillas en un instantes, y aún así, intentó mantener la compostura. Atsumu tomó el brazo de Kageyama para evitar que lograra abrir la puerta y escapara, quizás presionando más de la cuenta. Se deshizo de su agarre con un ademán violento y ambos se desafiaron con la mirada por escasos segundos; incluso Atsumu lograba percibir la atmósfera de tensión que rodeaba a Kageyama y se propagaba hacia él como un gas venenoso.

— ¿Por qué estás tan nervioso? ¿Me temes acaso?

— ¿Hinata te ha dicho algo?

— Tan sutil como siempre.

Atsumu se alejó dándole y dándose espacio, apoyando la espalda contra la puerta que momentos antes Kageyama había intentado abrir. Cruzó los brazos y suspiró, intentando elegir las palabras adecuadas.

— Mi pareja puede ser muy ingenuo y creer la idiotez del malentendido, pero yo no. No, déjame hablar.— la expresión de Kageyama se había desfigurado cuando había mencionado a Hinata como su pareja y había tenido que detenerlo antes de que lo interrumpa.— Me gustaría que te alejaras, no le haces bien. Lo confundes con una falsa nostalgia que él aún siente pero malinterpreta.

— ¿Y no es él quien debería decirme todo eso?¿Acaso no puede hablar?

— Claro que puede. Pero no voy a permitir que vuelvas a "confundirlo".

— ¿Tan idiota es?.— los segundos que pasaron en silencio respondieron solos la pregunta formulada a la nada.— Da igual, es algo que tengo que resolver con él. Tú no tienes nada que ver en esto, Miya-san.

—¿Ah, no?

Sucedieron varias cosas a la vez y Atsumu sólo fue consciente de un par de ellas. Kageyama había intentado apartarlo de la puerta de un empujón mientras él intentaba no explotar allí mismo. ¿Quién se creía que era? Intentaba solucionar las cosas, hacerlo más fácil para Hinata y por qué no, para él mismo, y éste tipo...no sólo lo estaba menospreciando sino que encima tenía el coraje de intentar alejarlo bruscamente de la puerta…

...y lo había empujado, efectivamente. Atsumu respondió rápidamente plantandose en el lugar y devolverle el impulso quizás con un poco más de fuerza de la que había empleado Kageyama con él, pero sencillamente no había podido controlarse.

Todo fue tan rápido que, cuando quiso darse cuenta de lo que había sucedido, ambos ya estaban en el suelo golpeándose. Tantos años de práctica con Osamu no habían sido en vano y había sabido inmovilizarlo rápidamente pese a que Kageyama tenía fuerza y había alcanzado a propinarle un par de golpes que lo habían desestabilizado; Atsumu, por el contrario, había propinado un par de puñetazos en el momento y lugar correctos. Uno de ellos incluso había producido un sonido extraño, crujiente y siniestro en el rostro de Kageyama. ¿Le había roto la mandíbula, acaso?

Mejor, a ver si así aprendía a mantenerla cerrada.

Lo siguiente que notó fue que alguien lo levantaba del suelo con una facilidad miserable. Quiso darse la vuelta y patear a quien fuese que lo había conseguido, pero la voz grave y un poco asustada le llegó fuerte y clara, como para no reconocerla.

— Ya déjense de estupideces. Kageyama, ni se te ocurra levantarte.

— Ushiwaka, qué sorpresa.

Atsumu se deshizo de su agarre de un empujón, alejándose de ambos. Habían sido sólo unos segundos, pero el desastre había sido importante. Atsumu tocó su labio inferior para comprobar que tenía sangre y aquella maldita cosa dolía; Kageyama permanecía en el suelo de espaldas, su respiración agitada como la suya.

— Me pareció extraño tu pedido, pero decidí confiar en ti, Miya.

— Se nota, ¿qué haces aquí entonces?

— Traje a Kageyama, hoy practicamos por la tarde. Un poco.— soltó al ver la expresión incrédula y contrariada de Atsumu.— Y justo dio la casualidad que se olvidó el bolso en mi automóvil.

— Ya. Casualidad le dicen ahora.

— Infeliz.

Ambos voltearon hacia Kageyama, quien había logrado sentarse. De su boca también corría un hilo de sangre y su ojo derecho parecía haber sufrido un fuerte impacto. Por el resto parecía estar bien. Bien cabreado.

— Aléjate. Es todo lo que voy a decirte.

— No me des órdenes.

— No puedo creer que estén golpeándose como niños. Los dos son unos irresponsables. Ni siquiera quiero saber el motivo.

— Creí que el motivo era obvio para medio planeta.— terció Atsumu, maldiciendo al sentir el dolor de una patada en su costado izquierdo.

— No, no lo es. ¿Es por algo relacionado con el voley?

— No.— farfullaron ambos a la vez, repentinamente hartos. Wakatoshi sabía como romper cualquier tipo de atmósfera.

— Más vergüenza debería darles. Creo que deberías irte, Miya. Y Kageyama, te acompaño adentro.

— No es necesario, Ushijima-san.

— No fue una petición.

— Ponte hielo. Se te va a inflamar, Tobio-kun.

Atsumu no oyó el último insulto que Kageyama le dedicó a su persona. Simplemente, se dirigió a su vehículo, se metió en el asiento del conductor, y se golpeó la frente contra el volante. Una, dos, tres veces.

Bueno, de todo lo malo podía decir que se había sacado las ganas de romperle la cara. Luego de un par de minutos, tomó su teléfono y envió varios mensajes. El primero hacia Iwaizumi. Aquel sujeto le había caído bien y tenía esperanzas en que podía socorrerlo si las cosas se complicaban un poco más. El segundo, efectivamente, fue para Hinata. No se arrepentía de lo que había hecho pese a conocer de antemano la reacción negativa que iba a tener Shouyo, pero no iba a ocultarle lo que había sucedido. Tarde o temprano iba a enterarse y prefería que fuese desde su campana primero.

El tercero, y a regañadientes, fue para Osamu.

Encendió el coche y se dirigió hacia el departamento de su hermano casi en piloto automático pues su mente aún seguía en blanco. Ni siquiera supo cómo había llegado, sólo comprendió dónde se hallaba porque su hermano ya lo esperaba abajo, celular en mano. Al aparcar, tardó más de un minuto en decidirse a salir del vehículo porque intuía el aspecto horrible que presentaba.

— Imbécil.

— Ya.

— Eres un idiota.

— Suficiente.

— No, no lo es. Recién empiezo.

— ¡Te he dicho que es suficiente, retrasado!

— El retrasado eres tú, mírate la cara. Ridículo, ni la única neurona que tienes te funcionó a tiempo.

— Cerdo estúpido…

Y antes de lo que hubiese imaginado, nuevamente se encontraba en el suelo. Al menos estaba en un departamento y conocía los movimientos de su contrincante. Ambos se golpearon, se propinaron patadas y se arrojaron objetos durante largos minutos, insultos de por medio.

— Ahora te quiero ver con Shouyo, maldito infeliz. A ver si le lloras por que te perdone.

— No tiene que perdonarme nada, hice un acto heroico que tu cerebro diminuto no puede comprender.

Atsumu propinó una patada que Osamu supo esquivar; empujó violentamente una silla en su dirección, golpeándole la cadera.

La vibración de su teléfono le anunció la llegada de un nuevo mensaje. Ambos detuvieron la contienda mientras Atsumu desbloqueaba la pantalla del teléfono.

"Te has pasado. Vamos a tener que hablar esto seriamente."

— ¿Ya te mandó a la mierda?

— Cállate. No, sólo está enojado. Creo.

— Vas a tener que replantearte realmente cómo carajo…

En ese instante, el celular de Osamu comenzó a vibrar, pero aquello era una llamada entrante. El dueño del teléfono chasqueó la lengua al verse interrumpido pero, al leer la persona que lo llamaba, su expresión cambió. Fue sutil, pero Atsumu conocía tan bien su propio rostro reflejado en el de su hermano que había notado la sombra de inseguridad en sus ojos.

— Si, Akaashi. No, no te preocupes. Dime. ¿Qué?

A Atsumu aquello ya le había interesado desde que había oído el nombre de Akaashi. Sabía que su hermano había entablado alguna especie de amistad con Keiji Akaashi, pero no sabía qué tan profunda era ni desde cuándo había comenzado. Se había olvidado completamente de aquel otro conflicto que había quedado flotando hacía unas semanas atrás, concentrado en desconfiar de Kageyama y aguardando a que Hinata se decidiera a acercarse a él otra vez; sin embargo, lo que lo había hecho dejar de fingir que no prestaba atención a la charla había sido el tono de incredulidad mezclado con odio en la voz de su hermano, que se paseaba de la cocina al living y del living a los cuartos.

No iba a levantarse y seguirlo, que se quedara allí.

— ¿Cómo sabe dónde…? Ah, claro. Está en tu legajo. ¿Pudiste lograr que se fuera? ¿Cómo?

Bueno, tuvo que levantarse y seguirlo hasta el cuarto, sino no iba a poder oír. ¿Es que a su hermano le gustaba repetir todo después?

— Mira, Akaashi. Creo que esto ya se ha salido de las manos. Es acoso. No, no digo eso. Bueno, sí. Vas a tener que decírselo a Bokuto.

Hablaron unos minutos más pero de cuestiones que a Atsumu se le escapaban. Aún recordaba el momento en el que los había visto besándose afuera de la casa de Daichi Sawamura. Todo parecía encajar y todo parecía encaminado. Era cierto que en aquel último tiempo Bokuto había estado raro, pero no había tenido ni siquiera las ganas para inmiscuirse. Aún.

Finalmente, Osamu colgó la maldita llamada y se quedó mirando la pantalla del teléfono hasta que este se apagó del todo.

— ¿Y bien?

— Claramente hay personas que tienen problemas más graves que los tuyos, Tsumu.

— Cuéntame todo. Estoy listo para inmiscuirme en otro conflicto sin que me llamen.


Bien. Algunas pequeñas grandes aclaraciones :D

Como aclaré ayer en mi muro, ahora se viene el otro gran problema (?) No se preocupen que Atsumu y Hinata siempre van a encontrar la manera de seguir cagándola, siempre. Pero el problemita que se viene ahora es de Bokuto y Akaashi (obviamente luego de que estos dos resuelvan el desastre de Atsumu). Recuerdo que "El Huracán" es otro fanfic alineado a éste, si lo salteaste en la nota aclaratoria, te recomiendo leerlo (?)

Por otro lado, para el que me lea y le guste también, en breve comenzaré a publicar otro fanfic, ésta vez un AU, pero IwaOi. Se los recomiendo habrá drama (?)

Bueno, ya saben: leo todos sus comentarios, los amo! 3

Nos leemos por acá, por otra plataforma o por FB!