Hola mis pupis! xD

Bueno, aún no superé la crisis del capítulo 392, pero hay que ser fuertes (?) Hay muchos fanfics por escribir y no lo hacen solos.

Acá vamos!


Te idealicé a mi lado en mis noches y días

Y me aferré a la idea que tu eras el amor de mi vida

— Entonces, ahora sí que tengo ganas de matarlo, ¿entiendes, Oikawa-san? ¿Por qué tuvo que hacer esta idiotez?

Hinata Shouyo, celular en mano, cabellos revueltos y rostro sonrojado de haber estado llorando y maldiciendo por horas sin descanso alguno -de ninguna de las dos cosas, para desgracia de Oikawa - había decidido patear la mesa ratona que tenía enfrente suyo mientras se desparramaba todavía más en el sofá del departamento de Iwaizumi. Al oír el chirrido siniestro del mueble y el impacto de un florero cayendo - gracias al cielo, vacío - sobre la madera, Oikawa procedió a subir el volumen de la música un poquito más.

— Al menos se rompieron la cara entre ellos, Shouyo. Mírale el lado bueno.

— Bueno, sí. ¡No, esa no es la cuestión!

Hoy te pido perdón, perdón, perdón

Por haberte confiando sin dudar mi corazón

¿Intentó comunicarse contigo?

— Claro, ya me ha llamado como...no sé, mil veces. Igual y ahora se ha calmado. No habrán vuelto a pelear, ¿no?

— No lo creo, ambos están custodiados.

Perdón, perdón, perdón

Por crearme esta falsa historia de amor

Y te pido perdón

Por haber esperado demasiado

De un perdedor

La verdad de todos los hechos era que la situación en sí no era graciosa, sobre todo porque el que peor la estaba pasando era Hinata. El pobre muchacho se había encontrado con que al fin su historia de amor turbulenta y tensa se había resuelto con finales felices - y qué finales, si aquello no era el comienzo de una vida sexual activa y prolífica para el pelirrojo que Oikawa no iba a envidiar, para nada - y todo parecía finalmente encajar. Atsumu Miya no había estallado cuando Hinata le había contado todos los sucesos ocurridos en la maldita fiesta y habían formalizado su relación después de aclarados varios puntos - que por lo que Hinata le había alcanzado a comentar entre insultos y miradas perdidas en medio del relato, les había costado toda la noche del sábado - y todo parecía volver a una normalidad temporal y superflua, porque Oikawa sabía perfectamente que todo lo que rodeaba a Shouyo no podía ser normal ni durar demasiado en paz.

Por supuesto, la bomba de tiempo no se había hecho esperar, pese a que los cálculos matemáticos y expertos de Oikawa habían vaticinado que Atsumu iba a explotar en el momento o poco después que Hinata le revelara toda la verdad de aquella noche. Había tardado más de un día en procesar la información o, en todo caso, en malinterpretarla para tener una excusa válida y ahí Oikawa ya estaba perdido, desorientado.

No sabía si Atsumu era idiota o demasiado inteligente. Quería inclinarse por la segunda, visto y considerando los antecedentes.

Había sabido esperar a que las aguas bajaran, a que Hinata se sintiera seguro y quitara el ojo del conflicto confiado en que éste ya se había resuelto. Por supuesto que se había resuelto, pero desde su perspectiva. Considerando la clase de sujetos con los que se había enredado e independientemente del resultado final, ¿de verdad Shouyo había sido tan iluso como para pensar que toda aquella cuestión iba a resolverse sin más, con besos y abrazos, con la idea de una relación perfecta y dejando atrás al tercero en discordia?

Se notaba que había leído muchas novelas o visto muchas películas románticas, porque Oikawa no le había enseñado aquello. Si él mismo se proyectaba en aquella situación y salvando las distancias...habría actuado igual que Miya. Si algún mequetrefe intentaba interponerse entre Iwaizumi y él, Oikawa estaba seguro de que se las habría ingeniado para que su muerte pareciera un accidente…¿qué estaba pensando, por todos los cielos, si Iwaizumi y él no eran pareja?

Me dabas las señales pero no las veía

Creía que un día de pronto tu cambiarías

— Pero...Mierdakawa, ¿Qué basura es esa?

Oikawa se sobresaltó cuando oyó la voz de Iwaizumi surgiendo de la cocina hacia el living. Se incorporó desde su posición cerca de la radio y lo ayudó a acomodar algunas cosas que había traído de la cocina en un intento por tapar los problemas de Hinata con comida. Había funcionado, al menos evitaba que pensara demasiado y cuando quería comenzar su indignación nuevamente se ahogaba, haciéndolo callar otra vez.

— Creo que voy a preparar mate.

— Me llenas el departamento de yerba y te mato.

— ¿Ya estuviste hurgando entre las cosas que traje, Iwa-chan? Apenas y abrí el bolso de mano.

— Dejaste los paquetes sobre la mesada y tuve que inspeccionar. Creí que era droga.

— Lo es.— levantó ambos brazos ante la cara de pocos amigos de Iwaizumi intentando defenderse del ataque.— ¡No de esa! No habría pasado por el control del aeropuerto, Iwa-chan.

Hoy pido perdón, perdón, perdón

Por haberte confiando sin dudar mi corazón

— Quita esa mierda. Ahora. Hinata no está para escuchar tus porquerías.

— Está bien, Iwaizumi-san, no me molesta. Yo soy la molestia aquí…

— Tonterías, Shouyo. Siéntete como en casa.

— Es mi casa.

— Detalles.

Oikawa le restó importancia pero era muy consciente de que se hallaba en el departamento de Iwaizumi y que debía tener cuidado con algunas cuestiones. El pobre hombre ya había traspasado el límite de tolerancia que Oikawa le conocía ya hacía varias horas, y el hecho de que aún no lo hubiese asesinado ya hablaba de todos los ejercicios de relajación y resistencia mental que había estado implementando en aquel tiempo de ausencia. Cuánto había madurado Iwaizumi sin él...

El hecho de que él ocupara su departamento en forma temporal hasta que Oikawa volviera a Miyagi ya había sido el primer tema de discusión ni bien había notado que Iwaizumi no volvía a su trabajo y lo llevaba hasta allí, simple y llanamente porque no quería ser una carga. Luego, Hinata había querido verlo a toda costa para explicarle en persona lo que había ocurrido la noche del sábado y los sucesos del domingo e Iwaizumi había tenido que oírlo todo, detalles escabrosos de por medio.

Se merecía el cielo y mucho más, pobre santo.

Sin embargo, a Oikawa la humildad y los buenos modos se le habían disuelto ni bien había pasado toda la tarde quitando pertenencias de los bolsos de mano, acomodando alguna que otra prenda en la habitación de Iwaizumi - porque ese había sido otro foco de conflicto, había una sola cama y el otro se había negado a que alguno de los dos durmiera en el incómodo sofá - bañándose y adueñándose del lugar mientras Hinata llegaba mitad enfurecido, mitad compungido y también se instalaba en el lugar como si fuera suyo, todo bajo la supervisión tensa de Iwaizumi que no sabía realmente qué hacer, por lo que había dado vueltas por el departamento mientras...bueno, mientras Oikawa elegía canciones melódicas, Hinata gritaba y ambos se ponían al día de las últimas 24-48 horas.

There's a thousand words that I could say

To make you come home

Oh, seems so long ago you walked away

Left me alone

— Esto va a peor.

Was it something I said

To make you turn away?

To make you walk out and leave me cold

Oikawa subió el volumen de la canción cuando notó el aura maligna de Iwaizumi. Fuera, un sonido extraño llamó la atención de los tres.

— ¿En qué momento anocheció?.— Oikawa se acercó a la ventana y apartó la cortina. Al abrirla, una corriente de aire frío ingresó golpeándolo de lleno.— ¿Tormenta?

— Estaba pronosticado lluvia para hoy.

If I could just find a way

To make it so that you were right here

But right now…

Dejó la ventana abierta para que el living se despejara un poco y se dirigió a la cocina; había tenido a bien ocultar el termo y el mate en la parte posterior de una de las estanterías para que Iwaizumi no los detectara aún. Al sacar el termo que rezaba Stanley en su superficie verdosa, Oikawa sintió las piernas flaquear al imaginarse aquel preciado objeto resbalando de las manos de Iwaizumi y cayendo indefectiblemente al suelo, estallando. Aquella maldita cosa valía una fortuna y no iba a conseguirlo allí. Colocó la jarra eléctrica para calentar más rápido el agua mientras abría uno de los paquetes ya abiertos de yerba y preparaba el mate, pensando en que iba a tener que colocarle un cartel al termo si no quería terminar en llanto…

I've been sitting here

Can't get you off my mind

I've tried my best to be a man and be strong

— Oikawa-san.— el paquete de yerba tembló en sus manos y partículas de la misma mezcladas con polvo del paquete salieron despedidas hacia su rostro cuando lo presionó en un acto inconsciente.

— Maldita sea, Shouyo, estoy compenetrado con la canción, avísame que vas a aparecerte así.

— Lo siento, es que...es que, yo…

— ¿Qué?

— Atsumu está abajo.

I've drove myself insane

Wishing I could touch your face

But the truth remains..

Oikawa terminó de acomodar las cosas sobre la mesada y retiró la jarra eléctrica con el agua casi hirviendo, chasqueando la lengua en el proceso. No tenía que hervir, iba a quemarse la yerba. Con el ceño fruncido, volteó el rostro hacia Hinata, intentando procesar lo que acababa de decirle.

— ¿Eh?¿Abajo, dónde?

— Aquí, en el edificio.— varios segundos después, Oikawa comprendió a lo que se refería, casi soltando la jarra de repente.

— Pero, cómo…¡esto es imprevisto! ¿Le diste la dirección, acaso?

— Yo no fui.

Había sido Iwaizumi. Se le había adelantado, ¿por qué no le consultaba esas decisiones tan importantes? Oikawa tenía que preparar el terreno para que todo saliera bien en un futuro, esto…

— Yo…

— Quieres verlo.— vertió el agua en el mate. Chupó de la bombilla una, dos veces. Puso más agua. Volvió a probar y el resultado le pareció aceptable.— ¿O me equivoco?

— Sí, quiero. Pero…

— Sólo escucha lo que tenga para decirte. No te adelantes, no lo insultes ni le recrimines nada, que caiga él primero, Shouyo. No debes dar el brazo a torcer, que alguna maldita vez sea él quien te pida disculpas.

Había hablado demasiado rápido y por la expresión en el rostro de Hinata había comprendido la mitad de lo que le había dicho. Aquello no iba a salir bien. Iban a terminar discutiendo, y no era el objetivo. Iba a tener que intervenir, indefectiblemente.

You're gone..

You're gone..

Baby you're gone

Girl you're gone, baby girl, you're gone…

— Dame un momento, Shouyo.

Vertió un poco más de agua en el mate y se lo pasó a Shouyo, quien lo tomó en sus manos en un acto mecánico. Oikawa abandonó la cocina raudamente y se dirigió como una bala hacia la habitación de Iwaizumi, donde éste estaba acomodando una camisa y un par de pantalones para el día siguiente.

— Iwa-chan, hay cosas que tienes que consultármelas antes de hacerlas, sabes. Me duele que me ocultes cosas.

— No seas ridículo. No te oculté nada, pero estoy harto.

— Es mi amigo, necesita contención.

— Ya sé, estúpido.— Iwaizumi soltó los pantalones y se volteó hacia él, despeinándose mientras parecía buscar las palabras adecuadas.— Pero llorando y rompiéndome la mesa no va a solucionar nada. Tiene que hablar con el otro idiota.

— ¿Oíste la patada? Pensé que había logrado camuflarla con la música.

— Con esa "música" no camuflas nada, Basurakawa.

— ¿Entonces?

— Entonces, ¿qué?

— ¿A qué viene Miya aquí?

— A hablar con Hinata.

— En mi casa no entra.— Iwaizumi torció el gesto y su rostro se ensombreció. Oikawa vislumbró los cuernos al menos una milésima de segundo.

— Quizás tenga que recordártelo, pero…

— Si, si. Ya sé, es tu departamento, Iwa-chan.

— Además de eso. Tengo que recordarte que ese sujeto que está ahí abajo esperando le dejó un ojo negro a Kageyama.

— Que pase nomás, debemos hacerlo sentir como en casa, Iwa-chan.

— Basura inmunda. Entonces, que suba porque yo no voy a bajar.

Iwaizumi salió de la habitación chocando a Oikawa en el proceso, bufando y maldiciendo por lo bajo. Oikawa sonrió mientras lo seguía, aunque a último momento cambió de parecer. Mientras Iwaizumi intercambiaba alguna que otra palabra con Hinata en la cocina, Oikawa se dirigió a la notebook que estaba conectada a los parlantes de la radio para cambiar la música un tanto depresiva que venían escuchando.

Para amenizar el ambiente.

Oikawa vio por el rabillo del ojo que Iwaizumi y Hinata se movían en bloque hacia la puerta o, mejor dicho, hacia el intercomunicador de la planta baja del edificio. Ladeó el rostro para encontrarse con Hinata escribiendo furiosamente en su celular mientras Oikawa hablaba con Atsumu - quería creer - y presionaba el botón que abría la puerta del edificio.

— ¿Le has dicho sexto piso, departamento B?

— Sí, y tú se lo acabas de decir, Iwaizumi-san.

— Sólo por si acaso...Oikawa, ¿qué estás haciendo?

— Abre la puerta, necesito escuchar el elevador para saber cuándo reproducir el tema.

Pese a la expresión furibunda de Iwaizumi, éste obedeció el pedido de Oikawa y abrió la puerta. Hinata había soltado el celular y había vuelto de la cocina con el termo bajo el brazo y el mate en la mano, conmoviendo a Oikawa. Las enseñanzas no habían sido olvidadas, después de todo. Hinata vertía agua y sorbía compulsivamente de la bombilla ante la mirada insegura y un tanto temerosa de Iwaizumi, y justo en el momento en el que Oikawa le iba a pedir que lo probase para ver su rostro, se oyó el sonido característico del elevador deteniéndose.

— Ahora, ¡cierra la puerta, Iwa-chan!

— Pero, ¿qué…?

— Sólo hazlo, maldita sea.

Iwaizumi cerró de un portazo sin emitir más sonido, y Oikawa vio en su rostro la furia personificada. Bien, había alcanzado el nuevo límite de su tolerancia.

Y pulsó Reproducir.

— ¡Pero qué es esto!

— Cumbia, Iwa-chan. Ya la has oído antes, no te hagas.

— Me gusta.— terció Hinata con una sonrisa mientras seguía succionando obsesivamente de la bombilla, delatando sus nervios.

— Estás intentando ponernos en ambiente, ¿no?

— ¿Tanto vas a conocerme, Iwa-chan?

Fuiste mi vida, fuiste mi pasión, fuiste mi sueño

Mi mejor canción, todo eso fuiste, pero perdiste.

Fuiste mi orgullo, fuiste mi verdad

Y también fuiste mi felicidad

Todo eso fuiste pero perdiste.

Sonó el timbre del departamento y los tres saltaron en su sitio.

— Shouyo, cuidado con ese termo, por favor te lo pido.

— Lo dejaré aquí, yo atiendo, Iwaizumi-san.

— No, Shouyo, voy yo a recibirlo. Es momento de que conozca a Atsumu-chan en persona, así que…

— Voy yo.

El tono de Iwaizumi no dejaba lugar a réplicas. Hinata retrocedió dos pasos de la puerta y Oikawa avanzó, posando sus manos en los hombros del menor. Iwaizumi volvió a torcer el gesto cuando vio a ambos con expresiones falsamente asustadas en sus rostros.

— Quédense aquí, especialmente tú, Mierdakawa.

— Sí, señor.

Iwaizumi abrió la puerta y salió tan rápido que ninguno de los dos pudo ver a Miya del otro lado del umbral. Ambos oyeron voces y Hinata comenzó a farfullar, el tic nervioso de su pierna apareciendo nuevamente.

— Oikawa-san, ¿Qué debo decirle?

— Nada, tú sólo escucha. Deja que se disculpe por lo que hizo, Shouyo.

— Pero...en sí me molesta que haya ido a hablar con Kageyama a mis espaldas, no que le haya roto la cara.— la sinceridad de Hinata pasmó momentáneamente a Oikawa, quien presionó sus hombros un poco más.

— A mi también me molesta lo mismo, pero que sufra un poquito, se lo merece. Ahora, déjame hacer mi entrada triunfal porque Iwa-chan me quita protagonismo.

Sin darle tiempo a réplica, Oikawa se dirigió a la puerta y realizó el mismo procedimiento que Iwaizumi, sólo que azotó la misma al salir, provocando que ambos sujetos voltearan a verlo. Oikawa sembró en su rostro la expresión más neutra y estoica que pudo pese a que podía incluso percibir la energía negativa de Iwaizumi llegando hasta su posición. Si prestaba un poco de atención incluso podía ver por el rabillo del ojo el aura negra creciendo en altura a un costado, frente a él.

Sin embargo, Oikawa sólo tenía puestos sus ojos en Atsumu Miya, frente a él. Lo primero que notó y no pudo dejar pasar era el hecho de que aquel tipo era más joven y más alto que él. Lo segundo fue que se había cambiado el tinte del cabello por uno más claro y se lo había cortado de una manera que no estaba aprobando demasiado. Lo tercero - que fue lo que hizo flaquear la expresión en su rostro, una sonrisa asomándose - que notó fue un estigma de la trifulca con Kageyama en su labio inferior, un tanto inflamado.

— Atsumu-chan, veo que la charla con Tobio-kun no salió muy bien que digamos.

— No lo digas. Oikawa. — ambos se observaron con sendas sonrisas en el rostro, aunque la de Atsumu se torció por el dolor del labio.— Iwa-chan, ¿no nos ibas a presentar?

— Esto es como una pesadilla.— Iwaizumi cubrió su rostro con ambas manos y Oikawa lo sintió expulsar el aire en forma violenta, brusca.— ¿Por qué tenían que juntarse los dos en el mismo espacio físico?

— Iwa-chan, que melodramático, como si te molestara tanto.

— Cierto, Iwa-chan. Ya quieres que este problema se resuelva de una puta vez.

— Voy a llorar.

— Tú no lloras, Iwa-chan.— Oikawa se adelantó un paso y detuvo a Iwaizumi con una mano, quien iba a interrumpirlo.— Por cierto…¿a qué has venido, Atsumu-chan? Después de semejante muestra de salvajismo.

— Vine a hablar con Shouyo. Y no me arrepiento de nada.

— Más te vale que no lo hagas. ¿Tobio-kun quedó muy mal?

— Oikawa…

— Shh, Iwa-chan. No arruines el momento.

— Para la mierda. Creo que le descoloqué la mandíbula, algo hizo un ruido raro cuando lo golpeé.

— ¿Ves, Iwa-chan? Un héroe sin capa.

— ¡Pero…!

— Vamos a dejar los tantos claros aquí, Atsumu-chan.

— Con Tsumu alcanza.

Oikawa percibió que el aire se enrarecía y no era precisamente Iwaizumi el que estaba a punto de explotar. Bueno, Iwaizumi sí estaba a punto de estallar, pero Miya también. La expresión en el rostro de Atsumu había cambiado sutilmente y Oikawa supo en ese momento que a aquel sujeto no le gustaba que le dieran órdenes. Bien.

Pues se acababa de encontrar con un muro, porque a él tampoco.

— Bueno, Tsumu. Mira, aquí todos estamos contentos de que le hayas roto la cara a Tobio-kun. Espera, Iwa-chan. Aprobamos tu demostración de hombría y yo particularmente apruebo tu relación con Shouyo.

— Pero tú…

— Chicos, por favor. Déjenme terminar.

Oikawa se veía en una situación peligrosa porque ambos estaban al borde de saltarle encima. Sin embargo, enalteció el hecho de que Atsumu no lo hiciera, que guardara silencio pese a su claro instinto homicida aflorando. Hinata ya le había comentado que Miya tenía un carácter explosivo y era poco tolerante a ciertas situaciones, y que se estuviera conteniendo con alguien que no conocía ya demostraba un mínimo de autocontrol que Oikawa necesitara que tuviese.

— Pero eso no significa que puedas ir por la vida golpeando a todo aquel que se le acerque. Ya has notado que el enano tiene como un imán.

— Para atraer gente de mierda.

— Claro está.— Oikawa sonrió cuando Atsumu entrecerró los ojos, acercándose un poco más a él. Iwaizumi lo detuvo colocándole una mano en el hombro.

— Yo me gané el derecho de golpearlo antes que tú. Aléjate, Miya.

— Eso, aléjate. Pero bueno, básicamente eso. No te conviertas en otro tóxico, que Tobio-kun hay uno sólo.

— Ya. ¿Puedo hablar con Shouyo? Me estoy poniendo nervioso.

— Yo también.

— Y yo. Pero tranquilo que todo saldrá bien.— Iwaizumi iba a separarlos otra vez porque Oikawa le había guiñado un ojo a Atsumu y en el estado en el que éste se hallaba lo había tomado como una provocación.

— ¿Tsumu?

Los tres voltearon y Hinata retrocedió en el marco de la puerta. Visto desde su punto de vista, Oikawa creyó notar que el menor se había amedrentado un poco. Los tres le llevaban casi 15 centímetros de altura, y los tres tenían una expresión enrarecida en el rostro, el aura de Iwaizumi fluyendo incluso por el recodo de la escalera de emergencia. Sin embargo, cuando Atsumu divisó y reconoció a Hinata, empujó a ambos para hacerse lugar hasta llegar al otro. Iwaizumi se adelantó para golpearlo pero Oikawa lo detuvo, tomándolo del brazo.

Si bien ninguno de los dos hablaba, Oikawa se había percatado que se estaban comunicando a través de la mirada. Los ojos castaños de Hinata brillaban sin parpadear mientras parecía evaluar la herida que Atsumu tenía en el labio. Lo vio levantando la mano y acariciando la boca partida del otro, quien se dejó hacer como un perro adiestrado.

Como un zorro domesticado.

Oikawa estaba listo para ver y oír esa conversación.

— Iwa-chan, déjalos. Mírale la cara a Shouyo.

— ¿Por qué susurras si pueden oírte?

— Porque no nos oyen, están en su pequeña esfera de amor.

— Que no sea en mi departamento, por favor. Pasen de una vez, Hinata, muestra modales.

— ¡S-Sí!

Mientras empujaba a Iwaizumi - quien se resistía a ingresar a su propia vivienda - a Oikawa no se le pasó el hecho de que Hinata había tomado de la mano a Atsumu, como si aquella bestia necesitara que lo guiaran puertas adentro…

Fuiste mi vida, fuiste mi pasión, fuiste mi sueño

Mi mejor canción, todo eso fuiste, pero perdiste.

Fuiste mi orgullo, fuiste mi verdad

Y también fuiste mi felicidad

Todo eso fuiste pero perdiste.

— Gilda dándonos la ambientación ideal.

— Oikawa, no lo voy a decir dos veces. Apaga eso, ya. ¡No puedo ni siquiera hablarte sin gritarte de lo alto que está el volumen!

— No está tan alto tampoco. Shouyo, si quieres apaga el reproductor. Con Hajime estaremos en la cocina.

— C-Claro.

— No vas a darme tregua, ¿verdad?

— Lo siento, Tsumu-chan. Casa ajena, respeta las reglas.

— Qué...espera...cómo...yo no…

— Iwa-chan, como si nunca te hubiese llamado por tu nombre, contrólate por favor.

Nuevamente, Iwaizumi se vio empujado, ahora hacia la cocina. En realidad, la cocina y el living sólo estaban separados por una puerta que Oikawa dejó entreabierta; pronto dejó de escuchar a Gilda y el sonido de las voces amortiguadas le llegó demasiado bajo. Se adosó a la puerta entreabierta para oír mejor, Iwaizumi aún recuperándose.

— Pero…

— Basta, Iwa-chan. Déjame oír.

— Yo no quiero estar aquí, me rehúso. No me gusta espiar a la gente, Basurakawa.

— Ya lo has hecho antes.

— ¡Pero no tan evidente!

— Grita un poco más fuerte a ver si se vuelve todavía más evidente, Iwa-chan.

— Oikawa, por favor.

No sabía qué lo había impactado más, si que Iwaizumi hubiese aflojado el tono fastidiado, que no lo hubiese insultado, que le hubiese pedido amablemente o que estuviese jalando inofensivamente de su camiseta. Oikawa volteó pasmado hacia él para encontrarlo prácticamente adosado a su cuerpo; Iwaizumi colocó una mano en su hombro para evitar que Oikawa chocara contra él al darse la vuelta y sus rostros quedaron demasiado cerca el uno del otro.

Ya habían pasado aquella situación una infinidad de veces, sobre todo cuando había golpes de por medio. ¿Por qué Oikawa sentía que el corazón iba a salírsele en cualquier momento del pecho y su garganta se había quedado completamente seca?¿Y por qué rayos Iwaizumi estaba tan sonrojado?

— Mira, ya sé que me comporté...que...cometí un desliz.

— Un desliz.

— Eso. Aún así, no me arrepiento de lo que he hecho.

Oikawa apoyó una mano contra la pared para no caer sobre la puerta y delatar lo obvio, repentinamente interesado en la conversación ajena del otro lado; Iwaizumi se pegó más a su espalda empujándolo, también intentando oír. De repente, Oikawa se sintió sofocado y no sabía si era por el espacio reducido o si se trataba del perfume de Iwaizumi inundando sus fosas nasales.

— Tsumu…

— ¡Ya sé que está mal! No tendría que haberle pegado, yo...yo fui a hablar con él. Mi intención no era lastimarlo.

— Es decir, que la culpa es de Kageyama.

— Siempre.

— Tsumu, no te va a hacer daño que por una vez reconozcas un error, ¿sabes? Reconoce que fue un error haber ido y no habérmelo dicho. ¿A qué fuiste? De última, es un problema que yo tengo que resolver con él.

— ¿Tú también con el mismo cuento?

— Maldita sea, Shouyo, te dije que no hablaras. Me cago en Tobio-kun.- susurró Oikawa intentando hacerse espacio porque Iwaizumi ya lo estaba aplastando.— Iwa-chan, me falta el aire. Tu presencia me abruma.

— Y la tuya me molesta. No me dejas oír.

Un sonido estrangulado surgió de la garganta de Oikawa cuando Iwaizumi farfulló aquello con voz grave detrás de su oreja izquierda, un escalofrío recorriendo su espalda.

— ¿Qué cuento? Es así. Tienes que entender que resuelvo mis problemas yo sólo. Si no puedes confiar en mi…

— Ay, por favor. ¡Se empoderó justo ahora!

— Mierdakawa, ¡cállate!

— Confío en ti, Shouyo. Cariño, no es eso...es...soy un idiota. No quiero perderte.

Los otros tres presentes se quedaron mudos de repente. Oikawa cubrió su boca con una mano mientras Iwaizumi le daba un codazo, no sabía si para que no gritara o porque también estaba emocionado. los segundos transcurrieron y ninguno habló. Oikawa no se animaba a entreabrir más la puerta por miedo a que desviaran su atención hacia ellos.

— No vas a perderme, tonto.— un momento de silencio y el sonido de un beso se dejó oír. Y otro codazo.— Pero hay cosas que tenemos que hablar.

— Ya. No voy a cambiar, y lo sabes.— Oikawa rodó los ojos. ¿Era posible que Miya no bajara la guardia un sólo momento?.-—Pero puedo mejorar. Un poco más.

— Ya quisieras.

— Te gusta lastimar mi ego, ¿no es así?

— Ese ego necesita que alguien lo desinfle un poco. ¿Te has curado esa herida? Se ve mal.

— No es nada. He tenido mucho peores.

— Pero con Samu tenían quien les desinfectara las heridas, déjame ver…

— Shouyo, ahora no...

Oikawa deseaba ver qué clase de escena se estaba desarrollando en el living del departamento de Iwaizumi, sobre todo por los ruidos de forcejeo que lograban filtrarse por la puerta entreabierta; visto y considerando el tono tranquilo con el que ambos se comunicaban la primera tormenta había pasado, aunque eso Oikawa ya lo sabía. El armador conocía a Hinata y sabía de buenas a primeras que él también era una persona de armas tomar, le gustaba quedarse con la última palabra y, bien como él mismo acababa de decirle a Atsumu, solía resolver los conflictos por sí mismo.

¡Le estaba echando en cara a Miya lo que él mismo hubiese hecho! ¿O no había sido eso lo que el mayor había intentado, arrancar el problema de raíz? Sólo que Kageyama era un hueso duro de roer...si fuese tan fácil deshacerse de él, lo hubiese podido hacer en la secundaria...ah no, Iwaizumi.

— Iwa-chan, tengo que abrir la puerta un poquito. A ver si te mueves y me das espacio para maniobrar.

— Oikawa, se escucha bien. ¿Qué más quieres?

— ¡Ver!

Comenzó a farfullar empujando a Iwaizumi para que le diese lugar, porque en la incómoda posición en la que se hallaba — mitad contra la puerta, mitad contra la pared — le resultaba muy dificultoso entreabrir un poco más para poder espiar sin que los otros oyeran el sonido. Sin embargo, Iwaizumi no se movía. No es que Oikawa no tuviese la fuerza suficiente para desplazarlo e incluso tirarlo al suelo, pero aquello hubiese hecho demasiado ruido.

— Iwa-chan, maldita sea.

— Mierdakawa, tú no estuviste haciendo dieta todo éste tiempo, ¿no es así?

Oikawa ladeó el cuello y encaró a Iwaizumi quedando en una posición un tanto antinatural. Frunciendo el ceño, lo empujó otra vez con la parte trasera de su cuerpo.

— ¿Qué quieres decir con eso? Mi IMC está dentro de límites normales y no he aumentado ni un gramo.

— Te ha crecido el culo. Todavía más. Deja de empujarme con él, quieres.

El aludido abrió la boca, luego la cerró. Volvió a abrirla, pero sencillamente las palabras no surgían de su garganta producto de la indignación que aquello le generaba; aún así, no tuvo tiempo a que su cerebro se recuperara del shock inicial porque Iwaizumi lo había empujado a su vez otra vez contra la pared al mismo tiempo que lograba entreabrir un poquito más la dichosa puerta; esperanzado como estaba por vislumbrar algo más de aquellos dos que seguían discutiendo, Oikawa percibió demasiado tarde la mano que se había apoyado en su trasero, apretando.

— Sí, definitivamente está más gordo.

— Más carne para agarrar, Iwa-chan.

Oikawa no iba a voltearse, esa vez no. Tenía un sonrojo de los mil demonios y apenas había podido soltar aquello para no quedar tan expuesto en su pena, como si se tratara de una quinceañera. ¿En qué momento Iwaizumi se había vuelto tan atrevido? La mano seguía allí, presionando uno de sus glúteos, y Oikawa tuvo el leve presentimiento, la sutil intuición de que si no frenaba aquello en ese mismo momento, Iwaizumi iba a avanzar en el terreno de su cuerpo.

Avergonzado y acobardado de sus propias emociones y sensaciones, abrió bruscamente la puerta de la cocina cuando vio a Hinata abrazándose de manera poco romántica con Atsumu.

— ¡En mi casa porquerías, no!

— ¡Oikawa, maldita sea! ¡No es tu casa, y no están haciendo nada!

— Aún.

Hinata se sobresaltó entre los brazos de Atsumu; éste había generado una especie de campo de protección donde resguardaba a Shouyo, quien parecía muy cómodo con el rostro aplastado contra el torso del otro. A regañadientes el mayor accedió a soltarlo cuando ambos salieron raudamente de la cocina. Ah, así que aquella era la verdadera expresión del rostro de Miya.

Oikawa iba a tomar nota del perfil de enfermos mentales que le atraían a Hinata. O que éste atraía inconscientemente, no sabía cuál era peor.

— Bueno, Oikawa-san, ¡no te alteres! Sólo estábamos conversando, es todo.

— Ya lo sé, lo oí todo.— Iwaizumi cubrió su rostro con ambas manos detrás de Oikawa, presa del odio y la pena.

— ¿No te da ni una pizca de vergüenza admitirlo?

— Para nada. Tsumu-chan, voy a declararte pareja oficial de Shouyo bajo ciertas condiciones.

— Soy todo oídos.

El tono melifluo que había utilizado para decir aquello alteró un poco a Oikawa, pero no lo dejó entrever. Se notaba que aquel infeliz estaba acostumbrado a sobrar a la gente y a las situaciones que no consideraba de importancia, y Oikawa no iba a permitir que se le pasara por arriba. No tan fácil.

— No golpees a la gente que se acerque a Shouyo, o por lo menos disimula. Reconoce un error de vez en cuando, aunque sea para contentarlo a él. No quiero nietos todavía, soy muy joven para convertirme en abuelo.

— ¡¿Cómo que para contentarme a mí?! ¡Así no era!

— Oikawa, ¡no es tu hijo! Le estás quitando el puesto a Daichi y Sugawara, ¿eres consciente de eso?

Oikawa al fin se atrevió a voltear hacia Iwaizumi. Éste lo observaba igual que siempre, con una mezcla de furia y gracia que hacían un extraño contraste en su rostro. Sus ojos de aquel extraño color verdoso estudiaban su rostro a gran velocidad, y si no conociera de hacía tantos años a Iwaizumi, Oikawa no podría haber notado el dejo de inseguridad que había en ellos.

Al menos no era el único que se había visto afectado por la escenita de la puerta, y eso que la había provocado el mismo Iwaizumi. Al pobre le generaba incertidumbre saber si Oikawa se había sentido incómodo o fastidiado con aquel roce, y aquello no hizo más que provocarle un sentimiento similar a la ternura.

Iwaizumi tenía un lado suave y esponjoso por ahí, y no era su cabello.

— Los veo muy ausentes, alguien tiene que hacerse cargo de ésta situación, Iwa-chan.

— Y vas a hacerlo tú.

— Claro. Quién más idóneo que yo.

— Hinata, Miya. Un placer haberlos tenido aquí, váyanse ahora que todavía pueden.

— ¡Pero, Iwa-chan! ¡No discutas mi autoridad frente a la pareja de nuestro hijo de esa manera!

— Nuevamente, gracias.

Atsumu saludó a Iwaizumi esquivando deliberadamente a Oikawa. Éste por su parte, abrazó a Hinata y le repitió lo que ya le había dicho tantas veces antes que a esas alturas creía era ya hasta ridículo que no le hubiese ingresado en la poca materia gris que tenía en la cabeza. Luego de unos minutos, Atsumu y Shouyo abandonaron en el departamento en paz mientras la tormenta afuera comenzaba a desatarse con furia; Oikawa vio a Iwaizumi cerrando la ventana que él había abierto minutos antes por el viento frío mezclado con lluvia que ingresaba al departamento.

Y una extraña sensación de incomodidad se instaló, ahora sí, en el pecho de Oikawa. Con una actitud nada propia de él, fue hacia la cocina en silencio y desarmó el mate, escondiendo el Stanley en un lugar seguro de las manos torpes de Iwaizumi. Chasqueó la lengua mientras desechaba la yerba ya fría, maldijo por lo bajo mientras lavaba el mate y farfulló un par de improperios hacia sí mismo recordándose que Iwaizumi era...Iwaizumi.

Ni más ni menos. La persona en la que más confiaba, la única a quien le contaba hasta su miedo más recóndito, aunque no hacía falta en la mayoría de los casos porque el otro ya los había visto incluso de lejos.

Entonces, ¿por qué se ponía así por algo tan nimio? Quizás le había jugado una broma, tal vez había ido en serio. Si ese había sido el caso...dudaba que aquella noche pudiera pegar un ojo en la misma cama que Iwaizumi.

— Oikawa.— ensimismado en sus pensamientos, Oikawa saltó sobresaltado en la cocina.— ¿Pero qué mierda te pasa?

— No me asustes así, Iwa-chan.

— Da igual. Voy a pedir comida, no tengo ganas de cocinar. Y tú no sabes, evidentemente. Cállate.— Oikawa había abierto la boca para replicar, pero la cerró en una sonrisa de disculpa.— ¿Quieres algo en particular?

— Lo que el señor de la casa disponga.

— Muérete.

Pese a que le había preguntado qué le sucedía a él, Oikawa tranquilamente podría haber formulado la misma pregunta. Iwaizumi parecía más violento de lo normal, y apenas le había contestado, había desaparecido de la cocina a paso demasiado rápido para una persona normal.

¿Qué eran, niños de 10 años?

Un trueno especialmente ruidoso volvió a sobresaltarlo. La lluvia comenzó a golpear con mayor intensidad contra los cristales de la ventana y el viento azotaba las paredes en un remolino bastante intenso.

El tiempo acompañaba un poco el estado actual de sus emociones. Estaba decidido, aquella noche no iba a poder dormir una mierda.


Bueno, aquí otro capítulo más. Con esto damos por terminada la primera tormenta del fanfic y bueno, se vienen dos más xD

Creo que los temas que Oikawa puso para amenizar los conocemos todos, pero por si acaso:

- "Hoy te pido perdón", de Ha*Ash.

- "Gone", de Nsync.

- "Fuiste", de Gilda. (esta la conoce solo gente de Argentina, tenía que mezclar(?))

En breve voy a tener que armar una playlist con estos temones.

Nos leemos!