Buenas! Perdón la demora, hay algunos problemas de inspiración pero ya los resolveremos (?) Gracias por su apoyo, me motiva a seguir :")
— Vas a explicarme por qué maldita razón estamos yendo al trabajo de Akaashi.
— Porque estás conduciendo hacia allí, Iwa-chan.
Un semáforo cambió repentinamente del amarillo al rojo justo delante del vehículo de Iwaizumi, a unos metros de distancia. Lo había tomado desprevenido, si, pero no para que frenara de aquella manera.
Oikawa llevaba el cinturón de seguridad bien ajustado y aún así se agitó violentamente en el asiento. Ni siquiera quiso pensar dónde se hallaría su cuerpo si no hubiese tenido la conciencia de colocárselo cuando Iwaizumi había comenzado a acelerar, sobrepasando distintos autos.
— Vas a reformular esa respuesta, Mierdakawa.— Oikawa sintió la ya conocida aura demoníaca surgiendo del cuerpo del conductor. Se entretuvo fingiendo que leía un mensaje de texto sólo para no corroborar si efectivamente ya le habían surgido también los cuernos.
— Estamos yendo porque recibimos el llamado, Iwa-chan. No es muy difícil.
— El llamado de Hinata, que bien podrías haber ignorado.
— Fu…
Dios mío, ¿dónde había aprendido a conducir Iwaizumi? El semáforo había vuelto a dar en verde luego de unos segundos; Oikawa observó el velocímetro por el rabillo del ojo. No podía ser posible que aquel coche lograra esa velocidad en un segundo. Seguro eran los poderes de Iwaizumi haciendo acto de presencia.
— Fue una señal, Iwa-chan. Tenemos que intervenir.
— Tú quieres intervenir, no es que tienes qué.— la agresividad de sus palabras era acompañada por la violencia con la que movilizaba la palanca de cambios.— Ni siquiera los conoces personalmente, ¿por qué tenemos que hacer esto?
Bueno, había muchas explicaciones para esa pregunta, pero Iwaizumi no estaba listo aún para esa conversación.
— Porque por primera vez, quiero vivir en persona el desastre. Y tú también. Ambos estamos cansados de enterarnos por terceros de los dramas que vive ésta gente.
— Lo sabía, eres…—Iwaizumi dobló bruscamente por un pasaje, Oikawa se vio otra vez revoleado en el asiento.— ...eres de lo peor. Lo disfrutas.
— Y tú también, Iwa-chan.
— Sólo si puedo golpear a alguien. Fíjate cómo vamos, no conozco ésta zona.
Oikawa hizo lo que Iwaizumi le había solicitado; estaba teniendo problemas con los datos móviles del teléfono, ¡no estaba cargando el mapa con la dirección que le había pasado Hinata! Ahora podía comprender a Rodrigo y sus trifulcas constantes con las compañías de telefonía celular. Chasqueó la lengua en el asiento del copiloto, el calor sofocándolo. No sabía si era el auto de Iwaizumi que no estaba bien ventilado, o eran los nervios que aquel aparato le provocaban. Hinata no había contestado su último mensaje y por lo que podía ver, tampoco lo había leído. ¿Por qué, si supuestamente se encontraba en el auto de Omi Omi?
Quiso bajar la ventanilla de su puerta, sin éxito. Iwaizumi tenía las funciones del vehículo configuradas desde su tablero. Con un poco de resquemor, estiró el brazo hacia el botón del acondicionador de aire, encendiéndolo.
Sólo que Iwaizumi había tenido exactamente la misma idea, al mismo tiempo. Sus manos chocaron justo sobre el botón. Ahora, con la experiencia vivida hacía unos minutos en el consultorio del médico, Oikawa podía decir que aquello se estaba convirtiendo en una maldita costumbre. Sus manos se alejaron como si la del otro le hubiese dado una corriente eléctrica y ninguno dijo nada, el sonido de la ventilación funcionando y el aire frío dando de lleno en el rostro de Oikawa, despeinándolo.
¿Qué eran, niños de cinco años?
— Hace calor aquí dentro.— soltó Iwaizumi en un susurro, sobresaltando a Oikawa.
— Pensé que era sólo yo.— rió sin gracia, y era más que obvio que aquel sonido extraño, aquel graznido tan impropio de él era producto de los nervios.
— ¿Y? ¿Estoy yendo bien?
— Esta cosa no me carga, Iwa-chan. Me está poniendo nervioso.
— Ten.
Oikawa tuvo que atajar el teléfono de Iwaizumi, volando en su dirección. Por suerte lo reflejos le habían dado un margen bastante amplio para que el aparato no chocara contra la puerta ni contra el tablero delante suyo.
— La contraseña es 645292.
— Qué difícil, ¿Cómo la recuerdas?
— Es fácil.
— No, no lo...es.
Ninguno de los dos agregó nada más. La compañía de telefonía de Iwaizumi al menos funcionaba más velozmente y a Oikawa le costó menos ingresar a la aplicación del mapa y rastrear las zonas por donde estaba yendo Iwaizumi. Mientras lo hacía, sentía el rostro ardiendo; como un mocoso avergonzado, se replegó en su asiento, ocultando su rostro parcialmente de Iwaizumi.
La contraseña de su celular era, literalmente, su nombre.
Iwaizumi claramente estaba ganando la competencia de quién dejaba sin palabras a quién. ¿Cuánto tiempo hacía que aquella era su contraseña?¿La habría cambiado recientemente? ¿Quién se creía que era Iwaizumi, si Oikawa tenía de fondo de pantalla de su laptop una fotografía de ellos dos de la última vez que había visitado Japón? ¿Quién de los dos era más...más…?
— Basurakawa, maldición.
— Ah, sí. Estás bien, faltan apenas unas cuadras. Dobla ahí.
— Bien.
Otra vez, el silencio se estableció entre ellos, pero ya no era tan incómodo como antes. Oikawa se desparramó en el asiento mientras marcaba el número de Hinata, harto de esperar. Daba tono, pero nadie atendía; probablemente habían llegado al lugar antes que ellos.
— Al final era menos grave de lo que creías, ¿no?
— La verdad, sí. Sabes que tiendo a hacerme la cabeza.
— Ya te veías inválido, estúpido.— el comentario de Iwaizumi hizo reír a Oikawa, y esa vez, el sonido fue genuino.
— Ibas a tener una pareja lisiada, Iwa-chan.
Su comentario fue arriesgado, temerario. Oikawa había tanteado el terreno al soltar aquello, su tono medio en broma, medio en serio. Corría el riesgo de que Iwaizumi reaccionara violentamente, visto y considerando que no sólo no le había dicho lo que el médico creía de ellos, sino que seguía insistiendo en el tema.
— Puedo con ello. Si te soporté tantos años en el mismo equipo, ¿qué te hace pensar que eso cambiaría ahora?
Oikawa se sintió conmovido a varios niveles al oír a Iwaizumi, más allá del claro insulto que le había proferido. Su tono de voz había sonado maduro, sensato y sincero, lo que le demostraba a Oikawa que no sólo iba en serio, sino que tampoco lo avergonzaba admitirlo. Además, Iwaizumi estaba admitiendo soportarlo desde hacía mucho tiempo, y aquello le daba qué pensar a Oikawa, porque no podía dejar de malinterpretar sus palabras. Había asociado el término "soportar" con cariño todo aquel tiempo porque sí, Iwaizumi siempre había sido la única persona que aguantaba sus caprichos, sus inseguridades, sus berrinches. Su verdadera personalidad, por decirlo de otra manera.
¿Y él?¿Qué podía decir ante aquello?¿Qué le había dado a Iwaizumi, además de disgustos?
— Eres demasiado bueno conmigo, Iwa-chan. No te merezco.
— Soy estúpido, que es diferente.
— No lo eres, no digas eso.— el tono de Oikawa había descendido tanto dentro del vehículo que ya parecía un susurro, porque Iwaizumi parecía comenzar a enfadarse.
— ¿Qué clase de idiota se enamora de una basura?
Oikawa jadeó y abrió la boca para replicar, sorprendido por su desfachatez e indignado por el insulto recibido, pero en ese momento, los vio.
El jadeo se transformó en una risa estrangulada, otro jadeo y un sollozo extraño.
— ¿Qué mierda te pasa, no puedes respirar o qué? Mira que…
— Iwa-chan, ahí. Creo que hemos llegado.
— Qué...pero me cago en la puta.
Iwaizumi soltó varios improperios más mientras buscaba algún lugar para aparcar en la misma calle donde Oikawa había señalado con un dedo medio tembloroso. Allí, en la acera, había un par de patrullas con las luces encendidas, encandilándolos. Había varios agentes de policía aquí y allá, nada de violencia a la vista.
Y en la entrada del lugar donde se hallaban aparcados, delante de las puertas de vidrio, se encontraban Hinata y creía que Akaashi.
¿Por qué creía? Porque no lo recordaba bien, y el sujeto que se hallaba a su lado llevaba las gafas rotas y todo el aspecto de un colapso inmediato.
— Voy a bajar, Iwa-chan.
— Bien, ve y averigua qué carajos pasó.
— ¡Sí, señor!
— ¡Esto es serio, Mierdakawa!
Oikawa descendió del vehículo de Iwaizumi; éste avanzó un poco más, intentando aparcar más adelante. Oikawa cruzó la calle trotando, traspasando a la policía y llegando donde se hallaban los otros dos. Hinata no lo reconoció hasta tenerlo a su lado, cuando Oikawa vio la expresión consternada de su rostro.
— ¿Se puede saber qué sucedió? Fueron sólo unos minutos.
— Oikawa-san, esto…
— Sólo dilo.
Hinata observó a Akaashi; en ese momento, Oikawa notó que Akaashi parecía haber recibido un golpe en el rostro, sus ojos un tanto rojizos. Éste no parecía notarlos a ninguno de los dos, escribiendo furiosamente en su teléfono móvil, desquiciado.
— Bokuto-san y Tsumu llegaron antes que nosotros. Thomas no pudo frenarlos y bueno, hubo un par de insultos y todo se fue a la mierda.— dijo Hinata atropelladamente.— No sé bien el orden, pero los dos golpearon al jefe de Akaashi.
— Y se los ha llevado la policía, ¿no? Maldita sea, me perdí lo bueno.
— ¡Oikawa-san!¡Esto es serio!
— ¡Y lo que yo digo también! ¿Está bien?
Oikawa señaló a Akaashi con el mentón; Hinata los observó alternativamente, negando luego con la cabeza. Después, procedió a hacer un par de gestos que Oikawa no supo interpretar.
— Keiji-kun.
Akaashi pareció reaccionar ante la mención de su nombre, detrás de la puerta de vidrio abriéndose; incluso Hinata y Oikawa percibieron su desprecio, un escalofrío recorriendo sus espaldas al oír el tono con el que aquel sujeto había pronunciado su nombre de pila. Esa cosa maltrecha que había salido de la editorial, probablemente era su jefe. Oikawa no pudo evitar sonreír al comprobar que al menos, Bokuto y Miya habían hecho un buen trabajo al destrozarle la cara, si es que eso era una cara. Estaba inflamado, ensangrentado y moreteado allá donde sus ojos viajaban. Su camisa también tenía manchas de sangre, su corbata desalineada.
¿Lo habían dejado con vida?
— Aléjese de mi.
— Esto tendrá consecuencias legales, déjame aclarártelo. Tu novio y sus amigotes no pueden hacer esto, date por despedido.
Oikawa y Hinata eran testigos silenciosos del intercambio, ambos formando una gran "O" con sus bocas. En ese momento, Akaashi soltó alguna especie de bufido extraño, mezcla de asco y exasperación.
— No se preocupe, renuncio.
— Me aseguraré que esas bestias no salgan de allí dentro, ya lo verás.
— Y yo de que tú no vuelvas a joder, imbécil.
En ese momento, Oikawa soltó una especie de alarido emocionado; Iwaizumi había logrado aparcar en algún lugar desconocido y se había acercado a ellos sin que lo notaran. Probablemente, había oído lo que aquella cosa de jefe le había dicho a Akaashi, y su mal humor había terminado de estallar. El sujeto sólo tuvo tiempo de darse la vuelta y encarar a Iwaizumi, quien ya tenía el puño levantado.
Oikawa no recordaba que Iwaizumi alguna vez le hubiese pegado tan fuerte a él. Claramente, había sido compasivo en sus años de preparatoria.
El tipo se tambaleó después de recibir el golpe, y no fueron necesarios más. Cayó redondo al suelo, desmayado. Akaashi, Oikawa y Hinata se le quedaron viendo, sorprendidos y emocionados por semejante demostración de salvajismo.
— Se hace así.— Iwaizumi parecía satisfecho, y Oikawa también.
— Eres mi héroe, Iwa-chan.
— No iba a permitir que…
Y el caos.
— Señor, va a tener que acompañarnos.
Por supuesto, los agentes también habían sido testigos de la justicia impartida por Iwaizumi pero, a diferencia de ellos, no parecían festejarla. Dos tipos uniformados se habían aproximado a Iwaizumi, uno de ellos tomándolo por el hombro.
— ¡Suéltenlo, Iwa-chan sólo terminó el trabajo, no lo inició!
— Deja de cagarla aún más, Oikawa.
Hubo un pequeño forcejeo porque, después de todo, Iwaizumi no era estúpido, como él aseveraba. No podía agarrarse a golpes con la policía para empeorar su situación; claramente no había podido contenerse al golpear al malo de la historia, y eso le estaba trayendo consecuencias nefastas. Y Oikawa tenía la culpa, él lo había llevado hasta allá, él lo había metido en aquel lío que seguía escalando.
— No, ¡Oikawa, basta! Deja de discutir, van a llevarte a ti también.
— ¡No me importa, esto es una injusticia!
— Ah, claro.
Iwaizumi se deshizo del agarre del policía y se aproximó a Oikawa, mientras Hinata intentaba contener a Akaashi quien también había comenzado a discutir con la policía. Iwaizumi tomó el rostro de Oikawa entre sus manos, éste notando la seriedad en su mirada.
— Si te encierran también, ¿quién va a sacarme de allí?
Y en ese instante, se llevaron a Iwaizumi delante de sus ojos. Impotente, lo vio dejarse arrastrar hasta una de las patrullas mientras oía el sonido de la ambulancia llegando, ignorándola. Luego de unos segundos, mientras sus ojos veían el vehículo alejándose rápidamente, percibió la mano de Hinata sobre su brazo, jalando.
— Oikawa-san, debemos hacer algo.
El aludido parpadeó varias veces, reaccionando.
— Por supuesto. Esto no se queda así.
— Sé a qué departamental los llevaron.— la voz de Akaashi salió un tanto tomada detrás de ambos, el celular aún en sus manos.— Vamos en mi coche.
— No se diga más.
Oikawa inspiró profundamente, colocando una mano en el hombro de cada uno, repentinamente emocionado.
— Rescatemos a estos tontos, ahora.
— Oikawa-san, no podemos asaltar la departamental.
— Detalles.
Raudos y sin un plan en mente salvo el de invadir el departamento de policía, Oikawa y Hinata siguieron a Akaashi hacia el aparcamiento de la editorial; al llegar a un vehículo negro y desactivar la alarma, Oikawa se percató con malos ojos que las manos de Akaashi temblaban débilmente cuando intentó abrir la puerta del vehículo. Oikawa suspiró, un poco apesadumbrado por la situación.
Volteó y Hinata no estaba en las mejores condiciones. Probablemente, estaba tan preocupado por Atsumu como Akaashi por Bokuto. ¿Por qué él no estaba tan nervioso por Iwaizumi?
Porque sabía que podría salvarlo. Y porque Iwaizumi probablemente aprovecharía la situación para seguir descargando tensiones.
Odiaba manejar, se le daba un poco mal, pero no veía otra alternativa.
Era ir más lento hacia el lugar o chocar en el camino.
— Manejo yo.— soltó de repente, arrepintiéndose en el acto. Akaashi levantó el rostro, sin decir nada.— Tú guíame.
No se conocían de nada salvo por algún otro encuentro en la preparatoria durante los campeonatos nacionales y a Oikawa le daba toda la impresión de que aquel sujeto era demasiado reservado y serio. Reprimido y desconfiado. Lo vio fruncir el ceño, probablemente evaluando sus palabras. Finalmente, lo oyó suspirar, entregándole las llaves.
— Tienes razón. No quiero empeorar la situación.
— Déjalo en mis manos, sé exactamente lo que hago.
Chistó al oír un gemido ahogado surgiendo de la garganta de Hinata, del otro lado del vehículo. Luego de un par de minutos exasperantes en los que tuvo que reconocer la palanca de luces, de cambio y acomodar el asiento para su comodidad, los tres se hallaban dentro del vehículo de Akaashi ya saliendo del aparcamiento; Hinata se encontraba sentado en una posición anómala a su lado, su cuerpo de costado encarándolo a él mientras su rostro estaba girado en dirección a Akaashi. El otro, en la parte trasera del vehículo, tenía un aspecto poco envidiable; ahora que Oikawa lo veía por el espejo retrovisor, Akaashi tenía sangre en la solapa de la camisa. No se había quitado las gafas rotas y su cabello se hallaba un tanto desordenado; sus ojos, un tanto enrojecidos se hallaban fijos en la pantalla del celular mientras escribía de manera frenética.
Luego de un par de cuadras, Akaashi fue capaz de indicarle el camino hacia la departamental.
Esa gente no sabía con quién se había metido, no conocían a Tooru Oikawa.
Bueno...esto promete solo empeorar JAJAJA
Nos leemos!
