¡Buenas! ¡Tanto tiempo!

Espero que todos sigan vivos luego del final del manga...yo ya me lloré la vida y hay cosas que aún no termino de procesar, pero ya, ya saldré del pozo. Les dejo un nuevo capítulo donde las cosas siguen complicándose aún más, espero les guste xD


Una hora atrás…

— Tsum Tsum, voy a pedirte de buena manera que me dejes caminar en paz.

— No estás caminando, imbécil. Estás chocándote todo, a mi incluido.

— ¡Entonces muévete!

Thomas se consideraba en sí, una persona tranquila. No le agradaba demasiado entrometerse en conflictos ajenos y su relación con los demás integrantes del equipo siempre había sido buena, al menos durante las prácticas y los partidos oficiales. No solía relacionarse demasiado con ellos fuera del ámbito laboral y poco conocía acerca de la vida privada de los otros, al menos hasta aquella tarde.

El entrenamiento había terminado satisfactoriamente y se había dispuesto a abandonar el predio del equipo cuando los gritos lo distrajeron; era habitual que Hinata, Bokuto y Miya se relacionaran de aquella manera tan efusiva y un tanto agresiva, pero lo que le llamó la atención en esa oportunidad fue oír también la voz enojada y demasiado elevada de Sakusa, del otro lado del corredor. Preocupado por un posible enfrentamiento, había ido a cerciorarse de que todo se encontraba bien, sólo para descubrir la desgracia. Claramente, algo le sucedía a Bokuto. El rematador estaba intentando salir del predio como él lo había hecho segundos antes pero por alguna razón, Miya y Sakusa se lo impedía. Miya empujando a Bokuto hacia atrás y Sakusa gritándoles a ambos desde una distancia segura, cerca de la puerta.

Ellos siempre discutían, pero era la primera vez que Thomas veía a Bokuto realmente enojado. Miya estaba teniendo serios problemas para retenerlo en su lugar y ambos se movían lentamente hacia la puerta, uno empujando y el otro siendo arrastrado. De un momento a otro, Bokuto sujetó a Miya por la solapa de su chaqueta y ambos comenzaron a forcejear; no había golpes de por medio, pero era sólo cuestión de tiempo.

Thomas odiaba las peleas, sobre todo cuando no comprendía por qué se habían suscitado.

— Chicos, en serio, tranquilícense.

— Thomas, no...no te metas, hijo. Aléjate.— Miya farfulló asfixiado por el agarre de Bokuto, ambos con una expresión furibunda en el rostro.- Vete si no quieres salir herido.

— ¿Por qué mejor no se matan entre ustedes y me hacen un favor?

— No vas a tener esa suerte, Omi Omi. Bokkun, contrólate si no quieres que se siente de un sólo golpe.

— Inténtalo, a ver cómo te sale.

Y el forcejeo se intensificó cuando Miya intentó cumplir su promesa; por supuesto, ambos tenían una fuerza colosal pero era sabido que Miya no iba a poder contra Bokuto en un combate cuerpo a cuerpo, menos cuando se encontraba sumido en aquel estado de violencia nunca antes visto. Ambos terminaron empujándose y rebotando contra las paredes, intentando golpearse.

— ¡Paren! Bokuto, detente, no lo hagas.

Thomas frunció el ceño y su estómago se contrajo cuando oyó un crujido extraño surgiendo de los otros dos cuando Bokuto empujó otra vez a Miya contra la pared. Y procedió a cometer el peor error que podía haber hecho; intentó interponerse entre ambos y separarlos, pero le fue imposible. Pese a que era casi 20 centímetros más alto que los otros dos, le ganaban en fuerza. El resultado había sido que los tres habían terminado cediendo por sus propios pesos, desparramados en el suelo.

— Qué vergüenza.

— Omi Omi, apártate si no quieres que te escupa desde el piso.— farfulló Miya mientras intentaba quitarse a Bokuto de encima. Sakusa se alejó raudamente de los tres mientras Thomas intentaba enfocarse en tiempo y espacio.

— ¿Se puede saber qué les pasa?

— Éste imbécil que es un egoísta y no invita.

Miya terminó empujando a Bokuto, quien a su vez le propinó una patada desde el suelo, ambos golpes impactando sobre Thomas quien se hallaba debajo de ellos. Al percatarse de ello, parecieron calmarse, un poco arrepentidos.

— ¿Invitarte a qué, a la muerte del jefe de Akaashi? Porque a eso voy.

— Y si, a eso.

Hubo un momento de silencio entre los cuatro; finalmente lograron incorporarse y parecía que la pelea inicial había pasado. Thomas había sentido en un principio el aire enrarecido pero ahora parecía disiparse la tensión entre ellos. ¿Matar al jefe de quién? Bokuto parpadeó un par de veces y su expresión se relajó parcialmente. En forma un tanto agresiva, posó una mano sobre el hombro de Miya, presionando.

— ¡¿De verdad vendrás a ayudarme, Tsumu Tsumu?!

— Suéltame ahora mismo, animal. Claro, para eso están los amigos.

— ¿Tu tienes amigos?

— Omi Omi, llamate al silencio, por favor.

— Sólo voy a cumplir mi obligación moral de decirles que van a ir todos presos. Desde ya les aviso.

— Es emoción violenta, no pasa nada.

Thomas entrecerró los ojos, un tanto divertido pero también preocupado. No podía discernir si hablaban en serio o no, pero ninguno de ellos daba la señal de ser un asesino.

— Entonces, vamos.— Bokuto volvió a caminar hacia la puerta, ahora sin impedimentos.

— ¿Sabes dónde queda el trabajo de Akaashi? ¿Todavía está allí?

— No, y si, seguro.

— ¡¿Cómo que no sabes?! ¿Puedes ser un poco menos infradotado en estos momentos? Te lo pido por favor.

Mientras Bokuto y Miya se alejaban comenzando a forcejear de nuevo, Thomas tuvo un mal presentimiento. Algo estaba mal, y algo iba a salir mal. Lo supo en cuanto ambos salieron por la puerta que conducía al aparcamiento, abandonando el predio.

— Algo va a salir mal.

— No me digas.

Sakusa estaba a un par de metros de distancia, su expresión harta y las manos en el bolsillo. Se miraron durante algunos segundos, uno molesto y el otro dubitativo.

— Creo que voy a acompañarlos.

— Eres una buena persona, Thomas.

— Es que realmente tengo un mal presentimiento.

— Suerte con eso. Yo también lo tengo.

Thomas corrió hacia la puerta sólo para encontrarse a los otros dos discutiendo afuera. Al menos sólo se estaban gritando; luego de un par de minutos de deliberaciones entre los tres, habían accedido a viajar en el vehículo de Thomas hacia paradero desconocido, porque Bokuto no conocía la dirección. Por suerte y luego de un par de improperios e insultos, Miya y él se percataron de que Bokuto sí sabía la ubicación, sólo que no los nombres de las calles. Iniciando una nueva pelea, Thoma intentó guiarse más o menos con las instrucciones de Bokuto, que se basaban en su mayoría de ubicación de locales o edificios llamativos.

— No sé qué se supone que vamos a hacer aquí, pero por favor, no peleen.

— Díselo a Bokkun. Está necesitado de estampar el puño en el rostro de ese sujeto, y yo la verdad es que también. No me he podido terminar de sacar las ganas.

Aparcaron cerca de un edificio que a Bokuto le resultaba familiar. Por supuesto, habían tenido que confiar en que aquellas eran las oficinas de la editorial donde trabajaba Akaashi, el amigo de Bokuto que se hallaba en problemas. Thomas había entendido parcialmente la situación mientras se dirigían hacia allí e intuyó que la mayoría de la historia había sido distorsionada por los otros dos. Aún así, entendía que debían ayudar al otro pobre muchacho de su jefe, aunque no sabía bien cómo es que lo iban a hacer.

Thomas había oído de conocidos y visto varias veces en programas televisivos — en su mayoría series de crímenes y misterios sin resolver — que cuando una persona se enfrenta a una situación inesperada y crítica el tiempo, las circunstancias y la visión de los hechos no sólo parecían distorsionarse, sino también ocurrir a una velocidad tan veloz que la mente humana no podía asimilarlos con la rapidez necesaria para procesarlos y actuar en consecuencia. Nunca había pensado que aquello fuese una falacia, pero tampoco se había puesto a analizar seriamente la cuestión; lo cierto es que eso era lo que creía había sucedido allí, una vez que habían vislumbrado el cartel de la editorial y habían atravesado las puertas de vidrio espejado del lugar. Por un lado, el bullicio de las voces, un timbre a lo lejos y la música de fondo. Por el otro, las voces de Bokuto y Miya volviendo a discutir sobre cómo localizar el piso exacto donde trabajaba el tal Akaashi. Luego, el paseo rápido hacia el elevador mientras intentaba inspeccionar el lugar al mismo tiempo que procuraba no perder de vista a los otros dos.

Y luego, el caos.

Cuando las puertas del elevador se abrieron ante ellos por cuarta vez en su camino, todo había sucedido tan rápido que Thomas ni siquiera había podido sujetar a Bokuto por el dorso de la camiseta, Miya tampoco. En un parpadeo, aquel sujeto corpulento que solía ser tranquilo y pacífico surgió del ascensor con un aura diferente, desconocida hasta ese momento. Thomas tuvo la percepción patente de que Bokuto daba miedo y por la expresión insegura y contrariada en el rostro de Miya, supo que él pensaba lo mismo. En un parpadeo, Bokuto había salido del elevador proyectado hacia una dirección específica en línea recta por delante de ellos, casi chocando contra otra persona que se hallaba al lado de un escritorio. ¿Ese era Akaashi? Probablemente.

Como si la escena se sucediese en cámara lenta y apenas Bokuto había salido propulsado del elevador, Akaashi lo había percibido. Thomas estaba seguro que ni siquiera lo había visto ni oído, porque Bokuto no había pronunciado sonido alguno; había estado de espaldas y, luego de una especie de sobresalto en su sitio, se había volteado hacia ellos, su expresión seria, sus lentes un tanto torcidos sobre el puente de su nariz. Y había cambiado de colores, Thomas había podido apreciarlo desde la distancia. Blanco, rojo, blanco de nuevo. En su ceja izquierda había aparecido un tic nervioso y sus labios habían comenzado a temblar en un balbuceo mudo, sin tiempo de procesar lo que sus ojos estaban viendo.

Y mientras Thomas y Miya ponían al fin un pie fuera del elevador, Bokuto elevó la voz. No había sido un grito, pero su voz profunda y característica se había dejado oír sobre las demás en aquel piso, sobre la de Akaashi; parecían haber comenzado a discutir mientras Bokuto sostenía al otro por los brazos y lo agitaba suavemente, sin fuerza. Akaashi replicó algo, Bokuto volvió a contradecirlo. Un compañero de trabajo que le llegaba en altura al hombro de Akaashi se acercó a ellos y la visión de Bokuto se trasladó hacia él; por un momento, Thomas perdió la compostura y un quejido surgió de sus labios ante el temor de que Bokuto empujara o golpeara al muchacho que había comenzado a elevar la voz hacia él, Akaashi intentando separarlos.

Y otra persona surgió desde un sitio desconocido por detrás de Akaashi. Si Thomas tuviese que recrear la escena en su mente tiempo después con paciencia y tranquilidad, tampoco hubiese podido afirmar si ya estaba allí o si había surgido de otro escritorio u oficina aledaña. Lo cierto era que el tipo era un hombre mayor, más bajito que el compañero de Akaashi y más prepotente que todos ellos juntos; ni bien había llegado al lugar había comenzado a gritarles a Akaashi y al otro muchacho, y de paso a Bokuto.

Otra vez, el recuerdo de las series policiales vino a la mente un poco ansiosa de Thomas. Todo sucedía en cámara lenta pero al mismo tiempo tan rápido que cuando lograba asimilar una cosa, ya estaba sucediendo otra. Oyó la voz de Miya a su lado, un sonido estrangulado y vio su imagen fugaz desapareciendo a su lado camino hacia donde se hallaba el resto. Al mismo tiempo, vio a Bokuto dando un paso hacia delante en dirección al sujeto nuevo…

...y como Akaashi y el otro chico se interponían entre ellos, uno empujando e intentando alejar a cada uno.

Y Thomas lo supo incluso antes de que sucediera, su ceño frunciéndose y su rostro contrayéndose de manera inconsciente en una mueca de dolor casi en el mismo instante en el que Bokuto levantó el puño en dirección al sujeto; por supuesto, todo había sucedido tan rápido que cuando su brazo había salido impulsado hacia delante ya era imposible cambiar su trayectoria o incluso detener el ímpetu con el que lo había hecho. Akaashi justo se había interpuesto en su camino y el sonido estremecedor de sus gafas partiéndose quebró la atmósfera, rompió el hechizo de entumecimiento que la escena provocaba.

— ¡Imbécil, a él no tenías que golpearlo! ¡Muévete!

— ¡Akaashi! Oh por Dios, ¡¿estás bien?! ¡Di algo!

— Apártate, Bokkun, sino lo mata el golpe lo vas a matar tú asfixiándolo, pero…¡muévete, bestia!

Y no eran los únicos que gritaban; había gente que había reaccionado como él al puñetazo y se había alejado, otros se habían acercado. De repente, el piso se transformó en un caos de gente correteando y amontonándose mientras Thomas se abría paso intentando no empujar ni voltear a nadie en el camino. Miya y Bokuto habían comenzado a forcejear otra vez, Bokuto agachado sobre Akaashi - quien había caído al suelo producto del golpe y Thomas no estaba del todo seguro si se había desmayado o no - y Miya jalando violentamente de sus brazos en un intento por apartarlo del otro. El muchacho compañero de Akaashi le gritaba a Bokuto, luego le gritó algo a Miya y por último se volteó y comenzó a gritarle al viejo, quien parecía pasmado y petrificado en su sitio.

— Thomas, ¡Thomas, maldita sea, tú también! ¡Reacciona!

— ¿Eh?

Miya había girado el cuello en una posición anómala mientras seguía forcejeando, su rostro un tanto desencajado; sin saber muy bien qué hacer, Thomas se acercó, agachándose también.

— Sujétalo, que no se le caiga encima y lo aplaste. Creo que Akaashi se desmayó. O se murió, no lo sé.— Thomas contrajo el gesto al no saber si aquello era una broma o no, pero comenzaba a asustarse.— Yo voy a proceder.

— ¿Qué vas a hacer?

— Tú encárgate del idiota, yo voy por la basura.

Miya se incorporó cuan alto era mientras Thomas intentaba suplantarlo, tarea un tanto titánica porque Bokuto ni siquiera parecía percatarse que alguien estaba procurando separarlo del cuerpo desmayado y en verdad, no podía prestar atención a lo que hacía Miya y al mismo tiempo forcejear con Bokuto. Tomó una decisión y a los pocos segundos comprendió que quizás no había sido la adecuada; otra vez, el compañero de Akaashi gritó algo y el sonido de un impacto seguido de un estruendo se dejó oír por detrás de Thomas. El ruido fue tan intenso que incluso Bokuto se había sobresaltado, inmóvil en su sitio.

Ambos voltearon para ver lo que Thomas hubiese querido evitar desde un principio; Miya parecía haberle propinado al viejo - que a esas alturas ya comprendía era el jefe de Akaashi al que habían querido ajusticiar desde un principio - el puñetazo que Bokuto había errado, ésta vez con éxito; el tipo claramente no había podido con la fuerza del golpe y había caído hacia atrás, derribando una silla y casi volteando uno de los escritorios, papeles y carpetas volando hacia todos lados. Increíblemente no sólo seguía vivo, sino también consciente.

Por el rabillo del ojo Thomas pudo divisar al compañero de Akaashi palmeando el brazo de Miya, una leve risilla escapando de sus labios.

— A ver si se te graba, inmundicia.— Thomas intentó arrastrarse y sostener a Miya por una pierna pero éste se adelantó más rápidamente que el movimiento de sus brazos, escapando y sosteniendo al jefe de Akaashi por las solapas del chaleco que llevaba puesto, zarandéandolo violentamente.— Akaashi no sólo es demasiado bueno para ti, sino que ya está casado. No jodas.

— ¿Qué? Akaashi, maldito, ¡te lo tenías bien guardado! ¿Akaashi?

El compañero de Akaashi, cuyo nombre era Tenma Udai — por la cucarda que llevaba enganchada en la chaqueta — se rió al parecer divertido por el comentario de Miya y luego volteó hacia ellos, notando el estado general de la situación; en otras circunstancias, Thomas hubiese encontrado gracioso la transformación extraña en el rostro de Tenma, virando desde la gracia hacia la sorpresa, la inquietud y el miedo. El joven se aproximó y se arrodilló junto a ellos, al lado de Thomas. Ambos miraron con resquemor la expresión en apariencia tranquila del rostro de Akaashi, las gafas rotas y el marco partido a un costado. Tenía un corte en la nariz y de allí surgía un hilo de sangre sobre su rostro algo pálido.

De repente, Akaashi frunció el ceño y los tres — Bokuto,Thomas y Tenma — soltaron el aire que habían estado reteniendo.

Estaba vivo.

— Dios, pensé que…—Bokuto no terminó la frase, aliviado y conmovido al mismo tiempo.

— Podrías haberle tomado el pulso para ver si no habías asesinado a tu esposo, ¿sabes?.— Tenma se acercó un poco más, gateando sobre el suelo y presionando el hombro de Akaashi.

— ¿Mi qué?

— Podrías haber avisado que era tu novio el que estaba en peligro, Bokuto. Yo no sabía.— replicó Thomas sintiéndose excluido y con verdades a medias.

— Pero...yo...esto...él…

Tanto Thomas como Tenma observaron a Bokuto con cierta inseguridad y aprensión. La única neurona funcionando parecía entrar en combustión frente a sus ojos, conmocionado por lo que acababa de escuchar.

De repente, oyeron a alguien farfullar a sus espaldas. El jefe final del juego intentaba deshacerse del agarre de Miya mientras ambos comenzaban a insultarse; en ese momento, Thomas se percató de que estaban rodeados por otros trabajadores de la empresa y tuvo un mal presentimiento.

— Chicos, creo que ya estaríamos...deberíamos llamar a un médico para que revise a Akaashi…

— Yo aún no he terminado. Apártense.

Si bien Bokuto había pedido que saliesen de su camino, Thomas y Tenma no habían tenido demasiada posibilidad; Bokuto literalmente los había arrollado a ambos, sus cuerpos estampados contra el suelo y casi en la misma posición que Akaashi, quien parecía estar recobrando la consciencia; Tenma había quedado sobre Thomas y pese a que era más pequeño, pesaba. Sin querer voltearse realmente, Thomas oyó un forcejeo y varios insultos entre Bokuto y Miya, quienes parecían disputarse la presa como si fueran animales salvajes…

— Qué...precario es todo esto.

Thomas gimió cuando de la nada, la voz de Sakusa había surgido a su lado. Sobresaltado, vio a su compañero de equipo observando con expresión furibunda y asqueada la trifulca que comenzaba a iniciarse a un costado nuevamente, todo por debajo del cubrebocas que temblaba débilmente.

Y por segunda vez, Thomas y Tenma se vieron arrollados, ahora sumándole Sakusa en la ecuación. Hinata acababa de pasarlos por arriba empujando al rematador, tropezando con Thomas y Tenma en el camino, cayendo prácticamente sobre Bokuto y Miya. Ambos voltearon listos para golpear a aquel que quisiera detenerlos pero, por suerte o desgracia, sus expresiones parecieron relajarse al ver que se trataba sólo de Hinata.

— Shouyo, cariño, sal de aquí, no quiero que veas esto.

— ¿Acaso piensas que no sé pelear? Dejen de golpearlo, ya está hecho pedazos.

— Pero yo todavía no pude hacerlo.— el tono de voz de Bokuto era afligido y caprichoso mientras Miya y Hinata lo observaban fijamente, uno con fastidio, el otro con un dejo de pena mal disimulado.

— No sé quién eres, pero voy a pedirte encarecidamente que no me toques.

— Cómo quieres que no te toque, ¡si estás sobre mí! ¡Levántate, titán!

Si Tenma se quejaba de que Sakusa había caído sobre él, ¿Qué le quedaba a Thomas, que había quedado debajo de ambos? Inspiró profundamente. Bien, al menos no se había fracturado ninguna costilla, no percibía dolor alguno.

— Sakusa, no es que no me alegre verlos aquí, pero ¿a qué vinieron?

— Hinata insistió.— farfulló el más alto mientras intentaba apoyar un brazo como soporte en el piso entre el torso de Thomas y una pierna de Tenma.— No se muevan, así puedo levantarme sin tocarlos.

— Pues hazlo de una vez, Akaashi no despierta del todo y temo por su vida.

Soltó Tenma empujando a Sakusa, quien a su vez en un intento por esquivarlo chocó contra las piernas de Hinata, quien tropezó y empujó a Miya, y…¿aquello era como un dominó humano? Por supuesto, ahora eran Miya y Hinata quienes habían comenzado a gritarse entre sí mientras Bokuto parecía haber comprendido por primera vez en todo aquel desastre que el que peor parado estaba había sido su propio novio, tirado en el piso.

Y la respuesta rápida no se hizo esperar, haciendo a un lado a Miya y a Hinata y arrollando por segunda vez a los demás.

— Alto ahí, bestia. Aléjate de Akaashi.— gritó Tenma, ya acuclillado al lado de Akaashi.

— ¡Pero…!

— Pero nada, mira nada más cómo lo has dejado. Si tanto te molestaba que no te hubiese dicho nada, la solución no era golpearlo.

— Bokuto-san, ¿has golpeado a Akaashi? Pero…

La voz de Hinata surgió agitada por detrás de Bokuto y una queja por parte de Miya le indicó a Thomas que también lo había empujado a él para abrirse camino.

— Tenma-san, no fue su intención, estoy seguro.— gimió Hinata asomándose por uno de los costados de Bokuto como si se tratase de un muro de contención.— ¿Verdad, Bokuto-san?

— ¡Claro que no, lo golpeé sin querer! Por favor, dime que Akaashi se encuentra bien.

— Claro, sin querer queriendo. Respira, pero no despierta, no sé por qué.

— Apártense.

En esa ocasión, Thomas reaccionó rápido; Sakusa y él prácticamente rodaron hacia un costado para evitar que Bokuto volviese a pasarles por arriba cuando procuraba llegar hasta el cuerpo tendido de Akaashi, incluso si eso significaba aplastar al chico llamado Tenma. Y lo logró, estrujada de por medio. Tenma se quejó, lo insultó e intentó empujarlo pero era prácticamente imposible mover a Bokuto; se había instalado como una roca sólida y pesada casi sobre Akaashi, gritándole en la cara.

— Akaashi, despierta, por favor. ¡No me hagas esto! No me fue mi intención intentar matarte, ¡lo juro!

— ¿Por qué le habla como si estuviese muerto?.— murmuró Miya, de pie junto a Hinata y Tenma.

— Porque no lo está de casualidad. Habría que llamar a un mé…

— ¿Bokuto-san?

— ¡Akaashi!

Nuevamente, en otras circunstancias la escena habría resultado graciosa; increíblemente, Akaashi había respondido a los gritos de Bokuto y al comprobar que había despertado, casi todos le habían gritado con sorpresa y alegría. Ante aquello, Akaashi había fruncido el ceño y se había cubierto el rostro con el antebrazo, intentando girar hacia un costado.

— ¿Te sientes bien? Lo lamento tanto, creo que te he roto la nariz.

— Estoy...estoy bien, Bokuto-san. Creo que no se ha roto nada.

— ¡¿De verdad?! No sabes cuánto lo lamento, mi intención no fue lastimarte, ¡justo te interpusiste!

— No quería que...lo siento.— Thomas alcanzó a oír lo último porque estaba prácticamente al lado de Akaashi, pero el murmullo había sido tan bajo que apenas y había salido en un suspiro.

— ¿Por qué lo sientes? Yo fui quien te golpeó.

— Por no haberte dicho nada. Bokuto-san, yo…

— Tenma-kun, vámonos de aquí.

La voz de una mujer se dejó oír entre el gentío que los rodeaba y captó la atención de Thomas. Una chica más o menos de su edad se había aproximado a Tenma y lo había tomado del brazo, jalando hacia la multitud.

— ¿Qué? ¿Por qué, qué sucede?

— Han llamado a seguridad. Ya vienen.

Thomas sólo alcanzó a entrecerrar los ojos y, otra vez, el tiempo y los sucesos corrieron más deprisa que lo que su cerebro alcanzaba a procesar. Oyó un "no me jodas" proveniente de Sakusa y supo que la desgracia podía seguir empeorando.

Oyó gritos, improperios. Percibió empujones, varios "yo no tuve nada que ver", "se hizo justicia", "esto es tu culpa por no asesinarlo". Más empujones, alguien que lo tomaba por los brazos, Sakusa soltando insultos que Thomas no le conocía. Cuando alguien lo arrastró hacia el elevador, vio rápidamente que Akaashi había podido incorporarse y uno de sus brazos era jalado por Hinata, el otro por Bokuto. Otra vez aquello parecía una cadena humana; la policía finalmente había llegado y luchaban por separar a Bokuto de Akaashi - quienes se sostenían por el brazo libre de éste último - y a Hinata de Miya, quienes también parecían aferrados y dispuestos a comenzar a los golpes otra vez si era necesario.

— Me gustaría saber por qué yo quedé envuelto en esto sino golpeé a nadie.

— Yo tampoco.

— Nos discriminan por la altura.— farfulló Sakusa, ya en el elevador.

— ¡No me toquen...no se atrevan a tocarlo a él, no hizo nada!

El grito de Miya los sobresaltó a ambos; más que un grito había sido un rugido. Habían intentado arrastrar a Hinata junto con él y al percatarse de aquello, Miya se había interpuesto como un escudo humano. Akaashi había soltado a Hinata y tomado el rostro de Bokuto con ambas manos, casi adosando sus frentes. Hablaba tan rápido y tan bajo que parecía una especie de mantra, pero fue lo suficientemente efectivo como para calmar a Bokuto.

Con Bokuto calmado, la batalla de Miya estaba perdida.

Y los cuatro fueron a dar al elevador junto a varios agentes de policía.

— Hinata, ¡avísale a alguien lo que sucede!

— ¡Thomas-san, resiste!

Y eso fue lo último que Thomas oyó antes de que el elevador cerrara sus puertas...rumbo a la departamental.

Y ahora, ¿quién podría salvarlos?