Voldemort acababa de despedir a sus mortífagos más confiables cuando la pequeña molestia de su vida apareció todo sonriente. Posiblemente ese día no lo vería más, así que aprovechó.
—Siéntate— le dijo a Harry, quien levantó una ceja pero aún así lo hizo, en el regazo del mayor. Voldemort frunció el ceño, pero sacó una pequeña caja de uno de los bolsillos internos de su túnica—. Te pondrás esto.
—¿Un anillo?— La sonrisa del niño era tan grande que Voldemort se preguntó si era real, viendo cómo esos grandes ojos esmeralda se arrugaban en las esquinas y un pequeño hoyuelo se formaba en la mejilla del chico. Frunció el ceño cuando Harry se lo puso sin más, y luego trató de quitárselo. Miró interrogante a Voldemort.
—Sólo yo puedo quitártelo— explicó levemente, mientras lo demostraba quitándoselo un poco y luego regresándolo.
—Tienen runas de protección y de infidelidad— la sonrisa de Harry cambió a una divertida—. Pero no veo que le hayas pedido la mano a mi papá, si no estaría aquí. ¿No te interesa la tradición sangrepura?
—Eres mío, con o sin anillo— el señor Oscuro se encogió de hombros levemente, pasando una mano por el muslo de su chico—. La opinión de tu padre sobre nosotros me vale poco o nada.
—Tú no tienes un anillo— notó el adolescente, frunciendo el ceño—. ¿Cómo sé que no me serás infiel con, yo que sé, Bellatrix por ejemplo?
La idea de acostarse con Bellatrix sólo para molestar a Harry le parecía tentadora, pero no tenía mucha idea de cómo reaccionaría su chico, y no tenía muchas ganas de averiguarlo, en realidad.
—No me sirve de nada no serte fiel, mocoso.
—¡Bien!— Harry se removió sobre él un poco para sacar un largo collar del bolsillo de su pantalón, una cadena de tela fina y negra que llegaba un colgante con una piedra roja, repleta de runas. Voldemort parpadeó y evitó empujar al chico cuando él pasó el collar por su cabeza y lo alojó sobre su cuello. La piedra le llegaba casi a la mitad del pecho—. Lo he mandado a hacer con los Globbins hace unos días, y estuve probando la efectividad de las runas, y andan perfectamente. Son de protección.
Voldemort lo sabía, había reconocido las runas, y a juzgar por el hecho de que la piedra se sentía tibia entre sus dedos mientras la examinaba, sabía que estaba comenzando a crear un aura alrededor de su cuerpo, y no sentía nada. La colocó bajo su ropa, complacido de poder esconderlo, y luego volvió a mirar a su chico, una mirada calculadora en sus ojos. Harry sonrió.
—También soy el único que puede quitártelo, pero dime, para tu comodidad ¿deseas que le pida a los Globbins una runa para mantenerte fiel?
Voldemort parpadeó dos veces, sus ojos rojos se entrecerraron levemente.
—No.
Harry lo abrazó por el cuello y lo besó suavemente con una sonrisa. Voldemort pensó repentinamente que su mocoso le colocó un collar, tal como un amo le coloca un collar a su perrito nuevo.
