Disclaimer: The PowerPuff Gils Z y sus personajes no me pertenecen. De haber sido así, todo esto sería parte del anime xD.
Advertencias: Un par de referencias de Demashitaa: No Hai, que más abajo explicaré.
Demashitaa: Kasai
Mamá Jojo y La sorpresa del Alcalde
Brick miraba alrededor con algo de incomodidad. Miró al niño delante de él que se miraba los pies con nerviosismo y se sintió más incómodo. No era como si fuera a degollarle ahí mismo, pero el chico actuaba como si ya hubiera sellado su sentencia de muerte al estar en la misma habitación que él a solas.
Reprimió un gruñido.
Hasta ese momento, seis meses después de terminada la batalla, y recién terminada su sentencia de recompensa a la ciudad, no terminaba de sentirse completamente cómodo en ese lugar. Él tampoco hacía mucho esfuerzo, pero era simplemente por lo mismo. No terminaba de sentir que encajaba en esa vida.
Sabía que de alguna manera, aún había cierta desconfianza entre el niño hijo de Utonium, y el mismo científico para con ellos. O al menos, así lo sentía él, ya que él chiquillo tan solo mirarlo comenzaba a hablar como idiota y corría hacia su padre, alegando cosas como "tengo que trabajar en este proyecto" hasta otras bastante tontas como "tengo que contar las sustancias del almacén otra vez"
Y se iba, con los pies apresurados balbuceando sabrá Dios que cosas.
Y luego estaba ese hombre, Utonium. Era verdad que hacía un esfuerzo. Incluso, era algo…. ¿Cuál era la palabra? El una vez había dicho "estúpido", pero Momoko le golpeó en la cabeza y le dijo que la palabra correcta era "amable". Para él, Utonium seguía siendo un tontolón. Sin embargo, a veces creía que el hombre no terminaba de confiar en ellos. Así como el aún se sentía receloso de cualquiera que se le acercara.
Escuchó al chico carraspear frente a él, al parecer también incómodo y se preguntó, que en nombre de los dioses, había provocado que terminara en la misma habitación que ese chico, completamente solo. Utonium probablemente trabjaba en algún proyecto o algo parecido. Pero, ¿Y los demás? ¿Sus hermanos? ¿Las supertontas? ¡Incluso el perro parlante estaría bien! Aunque prefería a Hotaru.
Hotaru, a diferencia de él, parecía comenzar a encajar en todo eso. Incluso podía hablar con este chico, Ken y el científico de vez en cuando como si fueran amigos y todo. Su presencia hubiera estado bien. Aunque nunca se lo admitiría a nadie. Como sea, Makoto comenzaba a sentirse muy, muy aburmado.
No supo exactamente cuanto tiempo había pasado, en silencio, incómodos y tensos, hasta que el timbre del laboratorio sonó, y una voz chillona y aniñada resonó en la contestadora. Era esa niña, la hermana de Momoko, que ulitmamente había ido de visita muy recurrentemente.
La cría era tan –o más. –molesta que su propia hermana, pero para su suerte, el encargado de lidiar a la niña era el chico delante de él, Ken. Solo en esos momentos podía sentir cierta empatía con el niño, como si por lo menos tuvieran algo en común. Después de todo, tenían experiencia soportando niñas locas, histéricas y altamente adictas al azúcar.
Ken puso cara de compungido y tras un largo minuto de debatirse entre abrir la puerta o aparentar que no estaba, suspiró y se levantó, incapaz de ignorar a la chica, al parecer. Él solo le siguió con la mirada y se limitó a mantenerse callado, hasta que la chica llegó a la habitación e le miró.
-Ah, eres tú. –Le dijo. –Mi mamá cree que eres novio de mi hermana. ¿Lo eres?
Makoto recordó la vez que conoció a la madre de Kuriko y Momoko, y por cierto la única vez que la había visto en su vida y sintó algo sacudirse en su interior. Había sido... ese día. El día del pequeño incidente entre él y Momoko. Tal vez miró a la niña muy duramente porque se encogió en su lugar, al igual que Ken. Casi escuchó la voz de la rubia reprendiéndole por ser tan temible –como si pudiera dejar de serlo. Además, como si a él le importara lo que Miyako dijera o no. –. Intentó relajar la mirada y carraspeó.
-No. –Se limitó a decir. –Tu hermana es bastante molesta.
La niña medio sonrió.
-Si, es muy molesta. –Y fue toda la conversación que tuvo con ella, porque la niña se dedicó a fastidiar a Ken durante un muy buen rato.
Cuando por fin Kuriko decidió que era hora de irse, ya que su hermana jamás apareció por el lugar de nuevo, Ken terminó por sentarse en el suelo, resoplando. Se preguntó si así de irritado se veía él cuando peleaba con la hermana mayor de la recién retirada.
El pelirrojo soltó una risa sin darse cuenta. Ken le miró algo sorprendido, con los ojos bien abiertos, haciéndolo sentirse incómodo. Carraspeó.
-Eh… -¿Qué se suponía que debía hacer? Ser... maldición, ¿Educado? –…¿Lo siento?
-N-No. –Se apresuró el niño. –Es solo que ella me…
-Cansa. –Completaron los dos al mismo tiempo.
Entonces, apareció. Fue una muy, muy pequeña. Una realmente muy pequeña sonrisa de complicidad entre ellos, pero redujo la tensión y la incomodidad en el ambiente.
Tal vez no sería muy fácil acostumbrarse a todos ellos, mucho menos confiar en ellos. Pero tampoco sería imposible.
Para ser mediados de Abril, Momoko estaba segura de que estaba haciendo bastante calor. Normalmente, el calor de verdad intenso, empezaba hasta Mayo, cuando la primavera estaba casi terminada. No a mediados de primavera. Apenas eran las siete de la mañana, y ya sentía que nadaba en su propio sudor.
Se abanicó con una libreta, y esperó a que el bendito tiempo pasara lo más rápido posible para poder llegar a casa y encender su aire acondicionado. La escuela podría hacerlo, pero tenían un director bastante tacaño, al parecer.
Incluso en esos días, ir a la escuela era torturoso hasta para ella, que de cierta manera le encantaba aprender cosas nuevas. Y decía de cierta manera porque en algunas ocasiones se daba cuenta que tenía conocimientos algo avanzados para su nivel escolar. Tal vez el hecho de ser algo así como la asistente de Ken y el profesor en el laboratorio más importante de Tokio había ayudado algo. Quien sabe.
Hubiera podido seguir en su plática con sus pensamientos, si no hubiera visto a Miyako atravesar la puerta con una coleta alta. Al parecer, no estaba alucinando, y sí, hacía un calor del demonio ese día. Se le antojaba como a Miyako, recoger su cabello en una coleta.
-¿Qué tal el día, Momoko? –La pelirroja le sonrió.
-Como el mismo infierno. –Miyako, rió, estando de acuerdo.
-Apenas y pude dormir por el calor. –Dijo ella. –Me pregunto como harán los deportistas durante su entrenamiento con este clima.
-Se tirarán a la alberca para refrescarse junto a los nadadores. –Comentó la chica distraída, notando hasta después como el cuerpo de su amiga se tensaba levemente.
Se reprendió mentalmente por estúpida. Había olvidado ese pequeño… problema con el agua que Miyako aún no terminaba de superar. En ocasiones sucedía –principalmente con Koiji. –Pero Miyako intentaba aparentar su tensión. "Oigan chicos, estoy bien, un simple comentario no puede ahogarme, ¿no?" Pero ellos notaban el temblor de sus ojos. Tal vez ellos exageraban, pero intentaban no hacer ningún comentario sobre grandes cantidades de agua sobre Miyako.
No solo por ella. Para ellos también había sido un día caótico aquel 31 de Octubre. Tal vez en aquellos tiempos las prioridades de la preocupación de los chicos hubieran sido diferentes, pero podían que hoy en día, eran las mismas. Y en ese momento era Miyako. Por eso se apresuró a cambiar de tema rápidamente.
Y lo encontró, justo cuando giró su cabeza hacia la puerta que permanecía abierta, y a través del pasillo divisó una esponjada cabellera pelirroja. Casi tan pelirroja como la suya. Un pelirrojo más oscuro que el de ella.
-Hacía tiempo que no veía a Himeko… -Murmuró.
Miyako pareció confundida.
-¿De qué hablas? Creí que la veías casi todos los días, en tus prácticas de animadora…
-Desde hace bastante tiempo que Himeko se volvió muy extraña. Más, quiero decir. No asiste tan comúnmente como lo hacía antes, sobretodo desde que, ya sabes... soy la capitana...
Momoko miró a Himeko pasar por el umbral de la puerta con sus amigas animadoras. Ese grupo de chicas que aún no terminaban de aceptarla como la capitana. Desde primer año le había causado grandes dolores de cabeza. Sin embargo, Himeko… desde aquella vez, hace dos años, cuando Makoto se había enfrentado a ella, Himeko prácticamente los había ignorado. Incluso también a las chicas.
Aunque habían algunos rumores de que ella enviaba comúnmente a algunas secuaces a hacerles la vida imposible. Lo cual, si se ponía a analizar detenidamente, encajaba con muchos malos entendidos y malos ratos que sus amigas y ella habían tenido que atravesar sin ninguna razón aparente.
Como ese rumor estúpido se esparció por toda la escuela hace unos meses, que decía que ella había obtenido su lugar como animadora por acostarse con el director. Estúpideces. Pensó. Gracias al cielo, Dios, o lo que fuera, ese rumor se había erradicado completamente. No tenía pruebas, pero nadie la odiaba tanto como para inventar algo tan bajo, como Himeko.
Era claramente notorio que las seguía aborreciendo, a las tres. Pero se iba con cuidado. Actuaba como un gato amargado y receloso.
Se preguntaba que pasaba por su cabeza. De hecho, desde hacía mucho tiempo, ella poseía dentro de sí algo de rayos Z negros. Aun recordaba cuando a los trece años, ella y sus amigas habían salido a detenerla a media noche, y como, cuando regresaba a su estado natural, como la odiosa Himeko Shirogane, olvidaba completamente todo lo que había ocurrido.
Técnicamente, ella no sabía de lo que era capaz.
Y mejor así dejarlo. Pensó, asintiendo para sus adentros. Himeko tenía algo de maldad natural dentro de ella. No quería saber que podría llegar a hacer si la ponía en práctica con sus ponzoñosos poderes de rayos Z negros. Incluso, Pensó. Tal vez los rayos Z negros le hayan dado involuntariamente esa actitud tan asquerosa y despiadada.
Y es que simplemente, en esos últimos años, Himeko se había vuelto algo… malévola. Es decir, no malévola infantiloide, sino, malévola. Su mirada destilaba cierto rencor a sabrá Dios que cosas, y su andar era orgulloso. Se había vuelto bastante más reservada. Como si los rayos Z negros se hubieran hecho pesados y potentes dentro de ella.
-Oye, en que piensas. –La voz del pelirrojo la despertó de su ensoñación. Ni siquiera se dio cuenta en que momento los hermanos habían llegado. Pronto pudo volver en sí, y escuchar la voz de Butch alegando quien sabe qué.
-Oh, en nada. –Se apresuró a responder. No sería muy apropiado decir "Oh, ya sabes, en Himeko y su innata maldad." Pero la sonrisa burlona de él le indico que aquí venía, uno de esos comentarios que le sacaban de sus casillas.
-Claro, que tonto soy. Si solo tienes aire en el cerebro.
Ella le frunció el ceño, y le propinó un buen golpe con su libreta.
-No seas idiota, Makoto. –Dijo ella. El chico sonrió, y acercó una silla a su mesa, obligándola a hacerle un campo en su lugar. - ¿Se puede saber qué significa esto…
-Que no hice mi tarea y necesito que me la pases. –Sonrió, sacando ya su libreta y pluma, dispuesto a copiarla. Ella le miró.
-¿Y quién dice que lo haré?
-Momoko, solo saca la estúpida libreta. –Pidió, y ella, gruñó, pero le complació.
-Será…
-La última vez, sí, sí. –Ella le quito la libreta de la mano.
-¡Debería no darte nada! –Él suspiró.
-¡Vale, lo siento! ¡Solo pásamela! ¡Será la última vez! –Ella dejó caer la libreta de malas maneras.
-Sí, claro. La última. –Musitó, haciendo puño su mano y apoyando su barbilla en ella. El chico se apresuró a copiar hasta el más mínimo punto en el trabajo de la chica, cambiando una que otra palabra y oración para que no se notase tanto que era una copia.
-Y entonces… -Habló de nuevo el chico, mientras escribía. Momoko tenía que admirar que era de los pocos chicos que podía hacer dos cosas al mismo tiempo. -¿Qué tanto pensabas hace rato, histérica?
-¿Eh? Ya te lo dije, en nada.
-¿Me tomas por idiota?
-Tú eres el que copia mis tareas. –Él se detuvo un instante para jalar un mechón de su cabello, y ella le dio un manotazo. -¡Me dolió, grandísimo…
-Era el punto. –Interrumpió, continuando con su labor. –Como sea.
Momoko suspiro y miró al frente.
-No era nada importante. –Explicó. Makoto siguió callado, claramente sin estar complacido. –Solo pensaba en…
-¡Makoto Him! –El chico, por acto reflejo, cerró el cuaderno que estaba en sus piernas y lo ocultó lo más que pudo. -¿Qué hace ahí? ¿No tiene usted su propio asiento?
-Bueno, si usted llegara temprano…
-¡A su lugar! –El dueño de la gorra roja le pasó por debajo el cuaderno a su dueña, y acomodándose la prenda que adornaba su cabeza, se levantó, caminando a su lugar con parsimonia.
Mientras pasó a lado de su rubio hermano, el menor le suplicó con la mirada que le dejara copiar su tarea a medio copiar.
Makoto sonrió con maldad y se siguió de largo.
Hotaru hizo un gesto nada bonito con la mano y se enfurruñó en su lugar, detrás de Miyako.
-Señor Him de ojos azules. –El aludido miró al profesor con cautela. -¿Qué ha significado ese gesto con la mano?
Varios lugares lejos de él, escucho las risas de Koiji, divertido.
Hotaru no podía creer la mala suerte que tenía.
La campanilla del almuerzo resonó por el lugar, y todos comenzaron a huir a los patios de la institución a excepción de algunos más lentos, que parecían no tener prisa en salir.
-Una semana. Una semana entera, ¿Puedes creerlo? –Se quejó Hotaru, pataleando en su lugar. -¡Todo por tu culpa! –Dijo, volteándose a ver a su pelirrojo hermano.
-¡Oye, supéralo, enano! –Despreocupó Makoto. Koiji le revolvió el cabello bruscamente al rubio, que se quejó.
-Pobrecín, nuestro querido pequeño hermano menor. –Rió el verde. –Una semana siendo asistente del profesor más aburrido del planeta. Prepárate para comprarle el almuerzo, Hotaru.
-Púdranse los dos. –Gruñó. Momoko negó. Había cosas que nunca cambiarían.
-Miren, trío de idiotas. Yo me estoy muriendo de hambre. –Dijo Kaoru, montándose en su patineta. –Si ustedes no vienen yo me adelanto.
-Y yo con ella. –Se apresuró Momoko. Tras otros amorosos gestos hacia el rubio, los dos hermanos se dirigieron a su lugar predilecto para pasar los recesos, ese enorme árbol que en algún momento fue disputa entre los seis chicos.
-Anda, no es tan malo. –Dijo Miyako, intentando animarle, pero solo se ganó una mala mirada. –Bueno, es bastante aburrido, pero no te morirás por eso.
El suspiró.
-Mejor apresurémonos, ¡El tiempo corre y tengo hambre!
-¡Si, yo también tengo hambre! –Los dos giraron la cabeza hacia la tercera voz que les interrumpía, donde el ultimo alumno salía del salón y Misaki entraba, sonriéndoles.
-Hola Misaki. –Saludo la chica.
-Hola, amigos míos. ¿Y esa cara de energúmeno?
Miyako rio por lo bajini.
-No preguntes. –Gruñó el rubio. Misaki rodó los ojos.
-Entonces, arriba. –El castaño lo levanto de las solapas y lo encaminó a la puerta, con Miyako detrás de ellos. -Por si se te había olvidado, nos obligaste a entrenar hoy durante el almuerzo.
-No, no lo he olvidado –Dijo más animado, olvidando su repentina hambre. –Esta vez tenemos que ganar la competencia.
-Exacto. Así que, quita era cara de amargado ya. –Miyako, sintiendo que comenzaba a sobrar ahí, se adelantó unos pasos.
-Supongo que nos separamos, chicos. –Dijo Miyako. Los dos asintieron.
-Sí, iré a entrenar un poco con Misaki, pero nos vemos después. –Aseguró, y ella asintió en respuesta, con una sonrisa amable.
-Vale. Nos vemos al rato. ¡Adiós Misaki, suerte! –Y desapareció entre el bullicio y las siluetas de las personas. Hotaru se quedó mirando un rato por donde se había ido, imaginándosela llegar a árbol con los chicos. La queda risa burlona de su amigo le sacó de sus pensamientos.
-¡Hotaru está enamorado… Hotaru está enamorado…
El rubio intentó no sonrojarse, pero sentía que el rostro comenzaba a ponérsele caliente. Misaki era especialista en descubrirlo en esos momentos, frunció el ceño. Las personas que pasaban a su alrededor miraban a Sasaki caturrear a los cuatro vientos.
-Cierra la boca, idiota, te van a escuchar. –Dijo abrumado.
Misaki rió, quitándole el balón de las manos.
-Si lo sabe Dios, ¡Que lo sepa el mundo! ¡Hotaru y Miyako! –Gritó, tan fuerte como pudo, y salió corriendo con el balón entre sus manos, riendo muy divertido de hacer enojar a su amigo. Hotaru por su parte, gruñó en respuesta.
-¡Misaki! –Hotaru corrió tras el chico que le arrebató sin más el balón, riendo a carcajadas. Los pasillos estaban rebosantes de gente que hablaba, reía y les estorbaba a ambos. A uno para huir y al otro para alcanzar, por eso, Sasaki se dirigió afuera del edificio, corriendo por el pasto, cerca de los árboles.
-¡Vamos, enamorado, pero que lento te has vuelto! –Molestó sonriente.
-¡Vuelve acá, Sasaki! –Gruñó riendo, intentando no sonrojarse, sin embargo, olvidando momentáneamente su vergüenza, su semblante se tornó casi preocupado al ver lo que pronto sucedería. -¡Misaki, cuidado!
El otro solo giró levemente la cabeza para ver que Hotaru había parado de correr y al dirigirla de nuevo al frente se dio cuenta de que a menos de un metro había una chica de espaldas, sin poder evitarlo, chocó contra su espalda, tirándola al piso fuertemente, cayendo también él.
El balón salió volando a sabrá Dios donde.
-Auch… -Se quejó en el suelo, pero rápidamente giró su vista a la chica que recibió la mayor parte del golpe. Como alma que lleva el diablo, se paró del suelo, corriendo hacia ella. –Demonios, lo siento, de verdad, no era mi intención golpearte.
Se disculpó tan rápido como pudo, ayudándola a levantarse.
-De verdad, lo sien… -Y entonces, sus ojos chocaron, pasmando al muchacho. Se quedó ahí, hincado sin dejar que la chica se parara, aun sosteniéndola del brazo. Como una batalla, púrpura contra miel.
La joven se sonrojó levemente, desviando la mirada. Misaki carraspeó.
-Yo… lo siento, iba corriendo con un amigo y… -La ayudó a levantar sus cosas y a levantarse. –No era mi intención hacerte daño.
Aun sonrojada, le sonrió tímidamente.
-Fue un accidente, no importa. –Despreocupó. –Estaba distraída.
Justo en ese momento, Hotaru llegó corriendo.
-Discúlpalo, es algo atropellado. –Dijo el chico jadeando, y antes de que pudiera decir algo más, Misaki se le adelanto, preguntando justo lo que él quería.
-¿Seguro no te he lastimado? –La muchachita negó levemente. Y era solo que ella se veía tan delicada como una muñequita de cristal, que seguramente sí había recibido algún mal golpe. –Deberías ir a la enfermería, por si algo.
-No se preocupen, estoy bien. –Aseguró de nuevo. –Gracias. –Y sonriendo de nuevo se fue, dejándolos en silencio. Esta vez, fue el castaño el que se quedó mirando la silueta de la chica desaparecer.
-Es nueva, ¿Verdad? –Cuestionó tras unos segundos Sasaki.
-Bueno… no sé. –Admitió Hotaru. –Hay mucha gente en la escuela.
-Si pero… -Se quedó viendo al aire. –No creo que la hubiera olvidado si la hubiera visto antes. –Aseguró.
Hotaru alzó una ceja, miró a Misaki, y posteriormente a la chica que se alejaba a paso lento de ellos. Regresó su mirada a su castaño amigo que miraba la espalda de la susodicha sin despegarle un ojo, como si fuera lo más interesante del mundo y aun levantando la ceja, pero con esa sonrisa que en ocasiones lo hacía parecer tanto a sus hermanos, rió.
-Y ahora, ¿Quien tiene mirada de idiota? –Dijo, burlesco y sin poder evitarlo, sorprendido.
-Imbécil, solo digo que… bueno, tiene una cara muy bonita, es todo. –Dijo, regresando su vista al chico que le dirigía una mirada divertida.
-Es raro oírte decir eso. –Porque si, en esos temas a veces resultaba algo tímido, aunque le molestara con Miyako, eran simples facetas de su amigo. Solamente con Hotaru había encontrado esa soltura para hablar.
El castaño pareció salir de su ensoñación, y con ello, la conversación quedó terminada, pero Hotaru se le quedó mirando bastante divertido, al parecer y si tenía tanta suerte, por fin podría cobrarse todos los malos ratos que Misaki le había hecho pasar por Miyako.
Comenzaron a caminar de regreso a la institución.
Boomer.
El rubio se tensó en su lugar al escuchar aquel susurro que le erizó la piel, y no precisamente en una manera agradable. En un segundo olvido a Misaki. Sin embargo no se movió de su lugar, y se agachó para tomar el balón, seguramente su mente le había jugado una mala pasada. Y es que simplemente nadie conocía su verdadero nombre.
Boomer.
Fue entonces cuando el rubio se detuvo rápidamente y se giró para buscar a… nadie.
-¿Qué pasa? Te has parado como si el césped quemara. –Rió el castaño. Pero el chico frunció el ceño, comenzando a agobiarse.
-No fue nada. –Respondió. –Será mejor irnos de aquí ya, Misaki. Teníamos que entrenar. –Hotaru comenzó avanzar siendo seguido de cerca por Misaki, que se encogió de hombros.
¡Boomer!
Hotaru se detuvo, esta vez de golpe, preocupado. Esa voz… no podía… ser… Pensó. Sin dudarlo dos veces, regresó la mirada de nuevo a donde había estado, encontrando lo mismo.
Nada.
-Hotaru, estás comenzando a preocuparme. –Dijo Misaki está vez, algo sorprendido y sin obtener respuesta. Se acercó para tomarle del hombro. -¿Estás…
Hotaru se volvió a verlo tan rápido como minutos antes se había detenido. Misaki le miraba confundido.
-Hotaru…
-Creí haber… -Interrumpió. –No importa. Vámonos.
-Sí… claro. –Murmuró, contrariado.
Hotaru le dio un último vistazo al pequeño árbol y siguió con su camino.
Solo quince minutos más. Solo quince más, y Koiji sería libre. Ya no tendría que escuchar al profesor hablar, y hablar y hablar de algo que algo no le interesaba y probablemente, jamás lo haría. Quince minutos y el día estaría terminado. Además, ¡Era Viernes! ¡Era Viernes, y él, chicos y chicas, tenía una cita! Bueno… no una cita, sino, una salida, sí.
Él así les llamaba, una salida. Después de todo no era nada serio. Una salida con una sexy chica de segundo grado. Oyuki Sakurako. Además, tenía mucho tiempo que no salía con absolutamente nadie porque… bueno las razones no importaban.
-¡Joven Him! –Koiji dejó de viajar en sus pensamientos cuando tuvo la fea cara del profesor frente a él.
-Ah… ¿Qué?
-¿Cómo que, qué? Esa no es la manera de dirigirse a mí. –Él solo le miró expectante, indispuesto a cambiar su forma de hablarle. -Más le vale que ponga más atención en clase. Siempre está en su mundo, llenando su libreta de rayones mal hechos en lugar de sus apuntes. ¿Ese es su plan para aprobar este año e ir a la universidad?
Koiji se cruzó de brazos, retador e indiferente.
-¿Hasta ahora ha funcionado, no? –Comentó sacando algunas risas a su alrededor.
El hombre frente a él murmuró algo de "No ponerme a la altura de un crío" y se dirigió de nuevo a su escritorio, furibundo, y decidido a ignorar al chico.
Koiji hubiera tenido que seguir soportando aquello por diez minutos más, si no hubiera sido gracias al cinturón de las chicas, brilló con intensidad, y casi al instante, el de ellos también, haciendo que Butch suspirase.
-Ya se habían tardado. –Murmuró. Y como de costumbre y casi sin pedir permiso, los seis salieron del aula excusándose con justificaciones muy baratas.
Después de todo el profesor estaba ya bastante molesto como para prestarles atención, y no es que a ellos –Por lo menos a los chicos. –Les importara.
Apenas llegar hasta el último piso, Momoko abrió su cinturón, encontrándose rápidamente con Peach y Ken en la pantalla.
-Chicos, una emergencia en el centro comercial. –Se apresuró el jovencito. –Mojo jojo está ocasionando muchos problemas de nuevo, al parecer.
Makoto resopló.
-Ese mono. –Dijo. –Apenas hace una semana atacó el zoológico. Estoy seguro que solo lo hace para vernos.
-Eso es algo dulce. –Comentó Miyako, a lo que todos le miraron despectivamente. -¿Qué? ¡Yo solo digo que… olvídenlo.
-Ni siquiera necesitabas decirlo. –Dijo el pelirrojo, no queriendo siquiera pensar en ello. –Vamos para allá, Ken.
Koiji se estiró con energía.
-¡Muy bien, chicos! ¡Listo para patear traseros! ¡Strong Butch!
-Pues andando. –Estableció Makoto, y todos los demás sintieron. -¡Hard Brick!
-¡Rolling Bubbles!
-¡Powered Buttercup!
-¡Hyper Blossom!
Los cinco chicos en el aire miraron desde el cielo al rubio que seguía parado donde mismo, al parecer sin percatarse de que sucedía.
-¿Y ahora que le sucede?
-¡Oye, retrasado! –Gritó el pelirrojo. -¡No tenemos todo tu tiempo!
El rubio despertó de su ensoñación.
-¿Eh?...Sí, sí. –Revolvió la cabeza frenéticamente. -¡Explosive Boomer!
Cuando Boomer les alcanzó, los seis emprendieron vuelo, y a los pocos minutos Bubbles se le acercó.
-¿Te encuentras bien? Te ves algo distraído.
Él sonrió y negó. –No es nada.
No muy convencida asintió, siguiendo con el recorrido y a los pocos minutos, pudieron divisar aquello que causaba disturbio.
El enorme aparatejo brillaba reluciente a la luz del sol. Y Mojo jojo, dentro de él, chillaba y berreaba, que esta vez, lograría someter a Tokio bajo su poder. El brazo del enorme robot que ahora había construido derribó un poste de luz y el cableado cayó al suelo, aplastando en el proceso varios automóviles estacionados en el lugar.
-La aseguradora tendrá bastante trabajo esta semana. –Comentó Boomer. Buttercup sonrió.
-Este Mojo se está volviendo cada vez más difícil de retener, con sus enormes aparatos. –Dijo Blossom, sobándose las sienes. Cada vez tenía un nuevo y mejorado invento que les causaba cada vez más dolores de cabeza.
-¡Que está vez si se ha pasado! –Dijo Boomer, al parecer aquel invento había logrado que el chico se relajara de nuevo, pues miraba alucinado mirando a la nueva creación de Mojo Jojo. –Sería perfecto si no tuviera cuerpo de simio repugnante.
-¿Está vez podemos conservarlo?-Cuestionó Butch, sonriente. Buttercup parecía interesada en la propuesta del chico.
-¡Buena idea! ¡Al parecer no solo tienes cabello en la cabeza!
-¿Qué vamos a hacer nosotros con eso? –Cuestionó la rubia.
-¡Divertirnos! –Dijeron Butch, Brick, Boomer y Buttercup. Blossom apresuró el paso.
-Vamos ya chicos, mientras más nos tardemos más destrozos causará Mojo. Y es un fastidio reparar los daños después.
-Aguafiestas. –Dijo Brick, pero se acomodó la gorra, señal de estar preparado.
Y obedientes y de acuerdo, se dirigieron a plantarle cara al mono, que dentro de su aparatejo, les observó.
-¡Mis preciosos chicos! –Chilló el mono saliendo de la cabeza del enorme robot, agitando sus brazos rápidamente. -¡Los he extrañado tanto! ¡Y han crecido bastante desde la última vez que los vi!
Butch rodó los ojos.
-Esa fue hace cinco, días, mono idiota.
-¡Únanse a mí, como en los viejos tiempos! ¡Y lucharemos para derrotar a estos engendros del mal! –Dijo, señalando dramáticamente a las tres féminas del grupo. -¡Los dejaré montar el Súper Robo-Mojo No.17
-Sí, no creo que eso pase. –Se apresuró Boomer, intentando aparentar que no deseaba treparse al robot como cuando tenía trece años. -¿Por qué no haces esto más fácil y te vas por las buenas?
-¡Por favor! –Agregó la rubia.
El mono se tornó de verde a morado, indignado.
-¡Nunca! –Dijo, destruyendo, esta vez sí, accidentalmente un edificio a lado suyo. -¡Nunca me detendré! Si antes odiaba a estas chicas, ahora las odio más. ¡Me han arrebatado a mis pequeños, y nunca, nunca descansaré hasta…
-¡Oye, detente ahí, mono! –Chilló Kaoru, apuntándole con su enorme mazo. -¡Ellos solitos tomaron su decisión!
-Y por enésima vez, mono con sordera: No somos tus pequeños.-Se apresuró Butch, cabreado.
-Así que, apresuremos las cosas, que me estoy cansando de estar aquí como idiota. –Interrumpió Birck, cruzado de brazos. –Supongo que no te largarás de aquí solo porque este par de rubios idiotas te lo pidan, ¿O sí?
-¡Jamás me rendiré, yo, el más grande, el supremo…
-Sí, justo eso pensé. –Dijo Blossom, tomando su Yo-yo. –Brick ya lo dijo: Mientras más rápido mejor.
Y así, mientras el mono seguía en medio de su cháchara, los seis chicos atacaron. Como de costumbre, no fue necesario poner demasiado esfuerzo. Los entrenamientos eran muchísimo más agotadores que enfrentarse al mono con complejos de científico conquistador del mundo.
Blossom aprovechó que Mojo estaba distraído con su discurso y hábilmente, ató la cuerda de su Yo-yo al mono, haciendo que callara abruptamente. Al instante, y dándole una mirada de asentimiento a los verdes, que tenían preparados su bate y martillo respectivamente, tiró de la cuerda haciendo rodar a Mojo cual bailarina experimentada. Butch y Buttercup ni siquiera contaron tres cuando batearon al Mono lejos, escuchando los reclamos a sus desconsiderados hijos.
-Vale, yo me encargo de esta cosa. –Señalo el rojo.
Y acumulando energía roja en sus manos, dirigió dos potentes y enormes rayos hacia el aparato, reduciendo el enorme robot a enormes pedazos de metal, que fueron alcanzados en el aire por la red de electricidad de Boomer y las burbujas atrapadoras de Bubbles.
-Vaya. –Dijo la rubia. –Creo que nunca lo habíamos hecho tan rápido.
-Sí -secundo Buttercup. –Su estúpido discurso nos lo hizo todo más fácil.
-Compresión Eléctrica. –El rubio redujo el espacio de su enorme red eléctrica, reduciendo a polvo el montón de metal destrozado del robot de su madre. –Sigo pensando que deberíamos quedarnos con sus inventos.
Blossom rió.
-Sólo olvídalo y vayamos al laboratorio. –Boomer, que parecía casi deprimido por el hecho de reducir a escombros el enorme Robo-Mojo No.17 les siguió detrás.
Llegaron volando por uno de los enormes ventanales traseros del laboratorio, y la rubia se sorprendió al escuchar voces dentro del lugar. Es decir, no solamente al profesor y a Ken. Había alguien más.
-Qué extraño. –Dijo la adolescente. –Escucho voces.
-Debe ser que estás enloqueciendo rubia. –Dijo Butch. –Ya sabes, dicen que las rubias son tontas.
-Rubias tontas… -Murmuró Brick, riendo, a lo que Blossom le miro mal. Pero él como de costumbre ni se inmutó.
-¡Oye! –Chillo ella. – ¡Hablo enserio!
-Relájate, azulita. –Dijo Butch, bajando las escaleras. –Debe ser simplemente… -Se detuvo a mitad de la escalera. – Vale, si había alguien.
Los demás se apresuraron a alcanzar al pelinegro y se encontraron con el alcalde la señorita Bellum charlando amenamente con el profesor y Ken.
Blossom se extrañó, normalmente, el alcalde y la señorita Bellum les llamaban por Skype. Eran raras las ocasiones que ellos visitaban el laboratorio. Mucho menos sin avisar.
-¡Hey, que hay viejo! –Saludó Brick, sentado cómodamente en su sillón. En el pasado, Blossom le hubiera golpeado por llamarle de una manera tan irrespetuosa al alcalde, pero hoy en día ya no le tomaba tanta importancia. Al fin y al cabo, el alcalde y la señorita Bellum parecían no ofenderse por aquel hecho, incluso, parecía que les causaba gracia.
-Es bueno volver a verlos chicos. –Dijo el hombre, sonriente. –Justo le comentábamos al profesor lo grande que está Ken. La última vez que lo vi me llegaba al hombro. Este chico es casi de mi estatura ahora. ¡Todo un hombrecito, eh! ¡Jo, jo!
-Como si fuera tan alto… -Musito el azul.
Ken se ruborizo, incomodo, y Bubbles, amigablemente interrumpió al hombre.
-¿Y que lo trae por aquí, Alcalde?
El hombre pareció recordar algo sumamente importante.
-¡Oh, claro, claro, que torpe soy!
-Debe ser la edad… -Murmuró Brick a lo que Buttercuo no pudo evitar contener la risa. Pero al parecer la edad aumentaba la sordera, pues el hombrecillo simplemente siguió hablando.
–Lamentamos no haber avisado que vendríamos pero queríamos manejar esto como una sorpresa.
-¡Una sorpresa! –Dijo Butch.- ¡Definitivamente tu eres de los míos, hombre!
El profesor, sonrió.
-Sí, le dije alcalde, que el mas entusiasmado sería Butch.
-Jo, jo, claro, claro. Debe conocerlos ya bastante bien. –Asintió el hombre. –Bueno, chicos, es algo que hemos planeado desde hace algunos meses. Y, como ustedes claramente saben, pronto harán dos años que los RowdyRuff Boys se han unido a las PowerPuff Girls Z para proteger a la ciudad.
Brick, cruzado de brazos frunció el ceño.
-¿Y eso que tiene que ver?
-Todo tiene que ver, Brick. –Todos permanecieron callados. –Se trata del día del Héroe.
-¿El día del héroe? –Cuestionaron todos, interesados.
-Así es. Un día para conmemorar el día en que Las PowerPuff Girls Z y los RowdyRuff Boys Z se unieron para proteger a Tokio.
-Oiga, oiga, oiga. –Interrumpió Kaoru. -¿Por qué tenemos que celebrar el día del héroe en la fecha que ellos se unieron a nosotras, y no en la fecha que nosotras creamos a las PowerPuff Girls Z? ¡Llegamos primero!
El acalde carraspeó, nervioso.
-Bueno, chicas, ustedes son una monada, una gran ayuda. Sin ustedes la ciudad hubiera sido destruida ya muchas veces. –Buttercup, que era la más interesada en defender ese punto, asintió. –Pero hay que admitir que los chicos le dan algo de… ustedes entenderán… rudeza al equipo. –Fue entonces cuando las tres prestaron atención y Buttercup entrecerró la mirada sobre el alcalde. –Digamos que…. Antes de que llegaran, los villanos no las tomaban tan en serio, ¿O sí?
-¡Eso es completamente mentira, y yo no soy una mona…
-¡Además!... ahora son seis. Celebramos el día en que el equipo, se completó, por así decirlo. Celebrarlo el día en que ustedes obtuvieron sus poderes sería como ignorar el hecho de que tenemos a los chicos aquí.
-Que tal, verdecita.
-Tú… cierra la boca.
Blossom, ignorando la pequeña pelea, se adelantó. Aunque algo contrariada por parecerle al hombrecillo una monada, comparada con sus contrapartes.
-Alcalde, esto es muy atento de su parte. –Comenzó. –Pero no es necesario hacer esto. Nosotros lo hacemos con gusto, sin esperar nada a cambio, para proteger la ciudad y…
-Hey, pelirroja, deja que el hombre haga lo que le plazca. ¡Para eso es el que manda en esta ciudad!–Se adelantó Butch, con Hotaru detrás haciéndole señas a la chica para que callara, lo que hizo a la Señorita Bellum, que había permanecido callada, reír.
-Sabíamos que dirían eso… chicas. –Explico ella. –Pero, es nuestra forma de agradecerles. Sin ustedes seis, la ciudad ya estaría completamente destruida y en manos de los villanos de Tokio. Así que chicos, no se preocupen, esta vez, no hay nada que estas chicas puedan hacer para hacernos cambiar de opinión.
Boomer suspiro de alivio.
-Eso está mejor. –Sentenció.
-¡Así es, ¿Cuándo la fiesta?! –Dijo Butch emocionado. -¡Pido organizarla! No se ofenda, anciano, pero no está muy actualizado en este tipo de cosas y…
-¡Cierra la boca idiota! –Chilló Blososm, cabreada, dándole un golpe en la nuca. –N-No le haga caso alcalde, ya sabe cómo es Butch. –Rió nerviosa.
El hombrecillo sonrió bobamente.
-Oh, pero que bromista chico. –Dijo, riendo.
-¿Broma? Hombre, hablaba enserio. –Murmuró, tocándose el área afectada.
-Todo será muy sencillo. –Comenzó a explicar la señorita Bellum. –Verán, chicos, serán invitados a la alcaldía. Y estaríamos encantados de que Brick y Blossom dieran un pequeño discurso sobre…
los cinco chicos rieron a carcajadas y a Brick se le descompuso la cara.
-Woou, alto ahí. –Se sobresaltó el chico. -¿Discurso? ¿Yo? ¿De qué mente enferma ha salido esa idea?
-¡Brick! –Chilló en un murmuro Blossom, dándole un codazo en las costillas. Cubriendo su boca con la mano para no reír.
-Bueno, ustedes dos son los líderes. Se supone, chicos, que son la cabeza de… –Comenzó a explicar Bellum, como si eso fuera una respuesta suficiente, que claramente para Brick, no lo era.
-¿Y Qué? –Dijo. –Todo el mundo aquí sabe que yo soy el de acción, golpes y todo eso. Ella es la inteligente, la de las palabras.
-¡Oye, yo también puedo ser temible si quiero! –Brick gruñó.
-Sí, sí, ya lo sabemos. –Se quejó, sin darle importancia aquello. –Pero yo no puedo dar un discurso si quiero, ¿Entienden? –Se cruzó de brazos. –Que el dichoso discurso lo de Blossom.
Bellum, que ya se había anticipado a eso, suspiró. Miró a la chica en cuestión que al parecer, al igual que Buttercup ya se había tomado enserio eso de "Temible rudeza" en el equipo.
-Para mi mejor. –Finiquito. –Le haríamos un favor a Tokio.
El de gorra rodó los ojos. Ella se cruzó de brazos.
-Bueno, asunto resuelto. –Se apresuró el profesor a evitar una discusión. –Y estoy seguro que todos estarán encantados de hacer acto de presencia, ¿Eh, chicos?
-Mhhm…
-Da igual…
-Pues ya que…
-¡Perfecto! –Les interrumpió, el hombre. –Alcalde, le aseguro que no faltaremos. Muchas gracias por el gesto.
-¡Oh, es un placer! ¡La ciudad está muy agradecida, es lo menos que podemos hacer! ¡Dedicar un día a nuestros héroes!
El de cabello blanquecino rió, alegremente.
Pero Butch, medio enfurruñado, gruñó. No estaba seguro de que tan bueno sería después de todo este Día del Héroe.
Boomer, mirando al profesor ya harto de aquella conversación habló.
-Profesor, le preguntaré algo que si es realmente importante. –El hombre miró contrariado la seriedad del joven.
-¿Qué es?
-¿Qué vamos a comer hoy?
Utonium suspiró. Gracias a Dios era un renombrado científico, sino, no sabría cómo le haría para alimentar a seis chicos más aparte de Ken.
-¿Comerérmos ya? ¡Llamaré a Kuriko para que venga! Mamá y papá no están en casa.
Corrección, siete más.
Hi! ¿Qué tal están? Un día más de actualización :)
Díganme, ¿Les ha gustado? No teman dar sugerencias o cosas así, ¿Vale? Por otro lado, agradezco mucho los reviews y comentarios tan buenos, me caen bien xD
Por cierto, ¿Qué opinan de lo ocurrido con Misaki? Parece que Hotaru podrá cobrar venganza por todas las que le ha hecho su castaño amigo.
Hehe, hoy no hay mucho que decir no, más que esperar que les haya gustado. Cualquier cosa chicos, no teman en preguntar o decir :)
Nos estamos leyendo,
Miss Nutella.
P.D. Miyako padece hidrofobia; fobia a las grandes cantidades de agua. Esto es debido a una situación que se dio en el fic pasado, en el que en una fiesta de Halloween, Miyako cae a una enorme alberca, y fue salvada por Hotaru, que en ese momento solamente la salvó para beneficiarse a él mismo y sus hermanos, no por realmente interes en ella, ya saben, aun las odiaban xD.
