Disclaimer: The PowerPuff Gils Z y sus personajes no me pertenecen.


Demashitaa: Kasai.


El día del Héroe.


Kaoru jadeó, sentada en el césped, con el sudor corriéndole por cada parte de su cuerpo. El sol estaba cayendo, dándole al cielo un tono rosa-anaranjado. Blossom, a su lado estaba boca abajo, balbuceando sabrá Dios que cosas sobre lo cansada que estaba, y Bubbles tomaba agua sin parpadear siquiera.

Malditos RowdyRuff Boys y sus entrenamientos tan alocados.

En el aire, los tres las miraban jadeantes, pero claramente más en forma que ellas, que estaban ya tiradas en el césped. Buttercup no quería darle el gusto a Butch de burlarse después, pero no podía respirar bien. Maldijo mentalmente, y dejó caer su espalda como un peso muerto junto a Blossom.

Cuando ellos habían aceptado unirse a ellas, y habían salido de prisión, el profesor les había dicho que debían comenzar a hacer más cosas como equipo. Una de ellas claramente era entrenar. Nadie había refutado nada, de hecho, había comenzado su siempre presente competitividad. Ella nunca pensó que ellos serían así de resistentes.

Le pesaba admitirlo, pero tenían el doble de fuerza bruta que ellas, y el doble de resistencia física. Boomer era un maldito relámpago. Butch parecía irrompible. Y Brick, Brick era un maldito psicópata. Sus entrenamientos eran brutales. No sabía que les había dado Taiga a estos tres chicos, pero le cabreaba que la sobrepasaran.

Claro, ellas eran más astutas, habilidosas mentalmente y escurridizas. Pero ella, Buttercup, no se sentían orgullosa de ello. No tanto como Blossom.

Las tres figuras en el aire descendieron hasta su altura, ella se reincorporó.

-¿Es todo, verdecita? –Cuestionó, burlesco el chico. –Creí que me darían más guerra.

A ella le hubiera encantado devolverle el comentario, pero su pecho aun subía y bajaba rápidamente, reclamando aire. Tomó una roca cercana y la arrojó a su cara. Él la esquivó fácilmente.

-¡Ustedes están locos! –Chilló Bubbles, con la cara roja por el esfuerzo realizado.

Sus entrenamientos hasta el día en que los chicos cumplieron su pequeña sentencia y comenzaron a entrenar juntos, habían consistido en cosas realmente, muy, muy básicas en comparación a como los tres varones acostumbraban a entrenar. Eso explicaba cómo era posible que las sustancias que Taiga había añadido a su sangre hubieran actuado de una manera tan sumamente efectiva en tan poco tiempo, más que en los otros villanos afectados.

Boomer, al parecer dándose cuenta que por el momento ellas no podrían siquiera sentarse, las acompañó tirándose al césped del enorme campo del laboratorio, pero este parecía una lechuga fresca. Su pecho subía y bajaba tranquilamente.

-Bueno. –Dijo. –Veámosle el lado positivo. Es lo único bueno que hemos sacado de Taiga.

Y solo en eso, y por primera y última vez estuvieron de acuerdo y le agradecieron a ese hombre que meses atrás había sido su verdugo.


Makoto se levantó, sudando y jadeante. Miró a través del enorme ventanal dándose cuenta que las estrellas y la luna aun reinaban en la oscuridad. Suspiró un par de veces y se pasó la mano por la cara y el cabello, limpiándose el sudor de la frente.

Se quedó inmóvil, sentado en su cama, rememorando el sueño que había tenido.

Por qué solo era eso, un sueño.

Se levantó de la cama y e dirigió a la cocina, necesitaba tranquilizarse. Tomó un vaso con agua y se dedicó a beberlo como si fuera el último del mundo, casi desesperado, como si e agua fuera a diluir los recuerdos de ese… bastardo.

Un sonido detrás de él lo alertó, provocando que casi se transformara, pero al darse la vuelta, se dio cuenta de que era simplemente Rei.

Bufó.

-Maldición, chucho. Lárgate de aquí. –Pero el animalito, una vez más, movió su cola de un lado a otro enérgicamente.

Pasó de él, y como de costumbre, le siguió, pero esta vez, ni siquiera se inmutó cuando el animalito se trepó a su cama. Simplemente se dedicó a mirar el techo, ansioso.

¿Por qué?... Después de tanto tiempo, ¿Por qué?...

Inquieto, dio vueltas en la cama, hasta quedar de lado, mirando ahora a Rei, dormido a su lado. Y entonces, su mente no pudo evitar viajar algunos años atrás.

Las risas de sus hermanos, las chicas, Ken, el alcalde y el profesor resonaban detrás de ellos, que miraban desde el balcón de su nuevo apartamento el laboratorio. Por fin, ese día, por fin, después de tres años de sobrevivir junto a Taiga y revelarse contra él, y todos los villanos de Tokio, habían vencido.

Los dos estaban en silencio, simplemente disfrutando que por fin, todo había terminado. Pero la voz de Taiga irrumpió en sus pensamientos corrompiendo su tranquilidad. Recordando aquella última oración que sin haberlo sabido se convertiría en su pesadilla más grande los próximos años.

.

. .

-Esto… n-no se ha quedado así…

. .

.

-¿Te pasa algo? –Cuestionó ella, tal vez notando su repentino cambio.

Pero él, como siempre, se ocultó y formuló una sonrisa algo forzada.

Makoto se giró de nuevo y se volvió a tallar la cara.

Después de tanto tiempo, ¿Por qué los recuerdos volvían ahora?


Momoko sonrió satisfecha a la pantalla de su computadora. Por fin había terminado el discurso del Día del Héroe, es decir, mañana. Ayer, apenas la señorita Bellum y el alcalde se habían retirado, había comenzado a escribirlo, entusiasmada. Sin embargo, aunque estaba bastante contenta con el resultado obtenido, necesitaba a alguien que se lo confirmara para sentirse segura.

Miró a su alrededor intentando localizar a alguien, y una vez hecho, imprimió su discurso.

Caminó hacia el pequeño Ken, que en ese momento subía al primer piso del laboratorio, donde el profesor y el hacían investigaciones. El profesor al parecer estaba enfrascado en algún nuevo descubrimiento interesante, pues no lo había visto en toda la mañana, y ahora que lo veía no despegaba la vista de sus apuntes y ordenadores. Ken y Peach al parecer, le ayudaban en todo lo que podían.

Se acercó con sigilo y aclaró la garganta, intentando captar la atención del hombre y el adolescente, pero ninguno la miró.

-Profesor, Ken…-Les llamó quedamente, haciendo que el niño levantara su vista hacia ella y Peach revoloteara hacia a su encuentro.

-¿Momoko? ¿Qué sucede?

-Oh, yo… no es nada… -Comenzó. –Me preguntaba si ustedes podrían decirme si mi discurso es bueno. –Dijo mostrando los papeles frente a ella.

Utonium pareció despertar poco a poco de su ensimismamiento, pero aun haciendo algunas anotaciones respondió.

-Momoko, realmente lo lamento. –Se disculpó. –Pero en este momento no puedo despegarme de esto. Es un nuevo descubrimiento. Y es algo… bastante anormal. Nunca lo había visto. O más bien no me había percatado de ello. Pero esto podría ser un gran descubrimiento para la sociedad.

Levantó la mirada llena de emoción, Ken también sonreía, estando claramente de acuerdo con su progenitor.

-Yo no entiendo de que hablan, wan. Pero ayudo todo lo que puedo. Estos son nuevos términos para mí, yo solo estoy asociado con rayos Z, y sustancias extrañas, wan.

Momoko le sonrió con gracia al perro robot.

-¿Y de que se trata profesor? –Cuestionó, sin poder evitar sentirse interesada.

-Es una muy extraña actividad en el Triángulo de las Bermudas.

La pelirroja frunció el ceño.

-¿El triángulo de las bermudas?

-¡Así es, así es! Ese mismo lugar. Siempre han ocurrido sucesos muy controversiales en ese lugar por razones completamente desconocidas. Llevó cerca de 10 años estudiándolo! Y hoy, justo hoy por la mañana cuando me levante y vine a trabajar, descubrí, o más bien caí en cuenta de que hay una clase de actividad muy extraña en ese lugar. Ahora mismo estoy intentando encontrar de donde provienen, o porque. Y sobre todo, desde hace cuánto tiempo este tipo de actividad se ha presentado en el famoso triángulo.

La chica comenzó a sentir como la curiosidad crecía dentro de ella, pero en ese momento tenía que asegurarse de su discurso, era lo más importante.

-Profesor, no voy a quitarle más tiempo. Solo que usted, Ken y Peach tienen que prometerme que me dejaran ayudar todo lo que pueda en esta investigación. –Casi rogó, muy interesada en saber más.

-Por mí no hay problema, y tampoco creo que lo sea para Peach. –Dijo Ken, encogiéndose de hombros.

-Y en lo absoluto para mí tampoco lo es. –Dictaminó el hombre. –Puedes venir cuando quieras.

Sonriente, Momoko bajó las escaleras, dándole vueltas en la cabeza a un millón de ideas y teorías sobre la nueva investigación del profesor. Pero, cuando llegó a la planta baja, se dio cuenta de que Hotaru, Miyako y Kaoru, caminaban por el enorme jardín del laboratorio con Rei persiguiendo mariposas y mosquitos. Dejando de lado la investigación un momento y prometiéndose más tarde investigar algo por su cuenta, corrió hacia el trío con su discurso aun en mano.

-¡Chicos! –Gritó, corriendo hacia ellos. Los tres aludidos pararon después de que Hotaru chiflara al perrito para que se detuviera, sin embargo el animalito siguió en su ardua casería de insectos.

-¡Rei, espera!... estúpido perro. –musitó.

-¿Qué pasa Momoko? –Cuestionó la rubia.

-Oh, nada importante. –Explicó. –Los vi caminando por ahí y me pregunté si podrían ayudarme. Necesito saber si mi discurso es lo suficientemente bueno para el día de mañana.

Hotaru y Kaoru se miraron casi con terror.

-Estamos ocupados. –Dijo la pelinegra. –Mejor luego.

Momoko la miró con reproche.

-No es que no queramos, Momoko. Es solo que justo íbamos a pasear a Rei. El día está nublado y es perfecto para ir al parque. –Se apresuró Miyako.

-¡Pero el discurso de mañana es más importante! –Chilló. -¡Además Rei se divierte persiguiendo a las cucarachas de la cocina! ¡Es un perro!

-¡Es mi perro! –Reclamó herido el rubio.

-¡Hotaru! –Dijo la pelirroja, no creyendo tal sentimiento por el animalito. ¡Solo les estaba pidiendo unos cuantos minutos!. -¡Pueden ir ya que termine de leerles mi discurso!

Kaoru no podía creer que Momoko se tomara tan enserio eso del discurso. La ciudad le aplaudiría aunque lo que dijera fuera una soberana estupidez. ¡Era la líder de las PowerPuff Gilrs Z!

-Escucha Momoko, tengo una mejor idea. –Comenzó el rubio. -¡Makoto está en casa! –Dijo señalando el edificio enorme que estaba al otro lado de la acera. -¡Ve con él!

-¿Makoto? ¡Que sabrá él de discursos!

-¡Lo mismo que yo! –Chilló Kaoru. –Nada.

-Mira. –Dijo el rubio. –Será muy fácil. Si es lo suficientemente bueno para mañana, aburrirá tanto a Makoto que te darás cuenta. De verdad. Ya sabes como es mi hermano.

La PowerPuff rosa pareció pensarlo.

-¡Y solo tienes que cruzar la calle y subir el ascensor! ¡Es todo! ¡Encontrarás la manera de convencerlo, siempre lo haces! –Dijo. –O bueno, casi siempre.

Momoko suspiró.

-Vale. Iré con él.


Abrió los ojos con lentitud, sintiendo como si cada uno pesara 3 kilos. Había logrado conciliar el sueño hasta que los primeros rayos del sol se colaron por su ventana, tal vez a las siete de la mañana. Aun casi sin ser consciente de lo que ocurría a su alrededor, dirigió su mirada al reloj en su mesa a su lado. Apenas había dormido unas cuantas horas.

¿Por qué se había levantado?

¡Makoto, sé que estás ahí! ¡Ábreme!

El chico maldijo, escuchando aquella voz acompañada de golpes contra la puerta y el sonido del molesto timbre. Ahora no era tan difícil imaginar porque no estaba durmiendo. Frunció el ceño, indispuesto a pararse.

¡Brick!

Soltando un gruñido, se levantó y rápidamente fue a atender la puerta. ¿Qué los idiotas de sus hermanos no podían abrirla? ¡Con un demonio! ¡Era Sábado y él estaba sumamente desvelado! ¿Y porque coño Momoko gritaba como loca desquiciada su nombre? ¿No podía pedirle a Hotaru o Koiji que abrieran la condenada puerta?

Apretó con coraje el pomo de la puerta, y la abrió de golpe, haciendo que la chica, que golpeaba la puerta con fuerza, se dejara venir hacia el interior del departamento, casi cayendo al suelo. El pelirrojo azotó la puerta.

-¿Qué puta madre soy la única persona viviente aquí? ¿No tengo otros dos inútiles hermanos a los que puedes llamar para que te abran la maldita puerta, Momoko? ¡Koiji, Hotaru, imbéciles, vengan acá! –Gruñó al pasillo, sin obtener respuesta. -¡Y tú! ¿Por qué coño andas ventilando mi identidad por ahí?

La ojirosa, sorprendida por la bienvenida, tragó saliva y dio un paso hacia atrás.

-Cálmate. –Pidió, con tranquilidad. –No tenía idea… es decir, yo venía por esto del discurso de mañana. Hotaru fue al laboratorio con Rei, para sacarlo a pasear, y me dijo que estabas aquí. Y creo que no te has dado cuenta, pero estás solo, Butch salió con sabrá Dios que chica. No pensé que estuvieras… ya sabes… -Dijo ella, desviando la mirada.

Makoto se dio cuenta que no tenía camiseta. Durante la noche había sudado e hiperventilado tanto que se la quitó cerca de las seis de la madrugada. Se acercó al sillón más cercano, donde estaba una camiseta azul, probablemente de Hotaru y se la puso.

-¿Cómo no ibas a saber? –Cuestionó a la chica, aun algo irritado.

-Bueno… -Comenzó. –Son casi las dos de la tarde. Supuse que ya estarías despierto.

Makoto abrió los ojos, lo que le causó algo de ardor. Momoko regresó la mirada a su acompañante.

-¿Estás bien? Tienes un aspecto terrible. –Comentó. Él se talló la cara y se revolvió el cabello.

-Solo una mala noche. Aun así soy irresistible. –Se auto aduló, acercándose a la barra del comedor, sentándose. Momoko le imitó.

-Sí, supuse que responderías eso.

-Si, como sea. –Suspiró. -¿A qué has venido, rosita histérica?

Ella ignoró el insulto.

-Ya te lo dije. A hacer el discurso. –El mal humor regresó al chico.

-Les dije que no haría eso. Punto. –Espetó. –Así que si solo has venido a eso, será mejor que te…

-Vale, vale… -Se apresuró, apaciguando con las manos. Makoto estaba realmente de mal humor ese día, no quería meterse mucho con él en ese instante. Le hubiera insistido más pero hoy no era un buen día. –Ya lo sé. Solo necesitaba a alguien que me dijera si era bueno. Ya te dije que Hotaru se fue a pasear a Rei con Miyako y Kaoru. Bucth está en algún lugar que no quiero saber con alguna chica. Y Ken y el Profesor están ocupados en una importante investigación.

Momoko se levantó tranquila, con una sonrisa calmada.

-Pero creo que será mejor que descanses por hoy. –Dijo, recogiendo sus cosas. -¿Vale? Nos vemos mañana.

Makoto la miró alejarse, casi contento de que podría seguir reponiendo las horas de sueño, pero cuando la chica iba a mitad del camino, bufó, llevándose los dedos al puente de la nariz. Esa maldita chica… le daba demasiados problemas. Se levantó de su asiento con parsimonia.

-No seas tan paranoica, no te he echado.

-Ya lo sé, pero creo que es mejor…

-Anda, el idiota de Hotaru no debe de tardar, y cuando llegue con el estúpido chucho, no habrá paz en este lugar. Además, si regreso a la cama ahora, igual no podré dormir en la noche de nuevo. Y mañana estaré peor que hoy en el estúpido evento del anciano.

Momoko, no estaba del todo convencida, pero cuando el chico se dirigió está vez al sillón, le acompañó.

-Está bien… lo haré rápido.

El asintió, recargando su cabeza en el sillón mientras se dedicaba a observar el techo. Escuchó a la chica revolver un montón de papeles. Al parecer sería un largo, largo discurso. Suspiró ya con aburrimiento y ni siquiera había empezado.

-Aquí voy. –Anunció.

-Mhmm. –Murmuró.


Hotaru respiró el aire, llenando sus pulmones, soltándolo rápidamente. Se sentía completamente en paz. El día, en comparación con muchos otros, era totalmente fresco, incluso parecía que en cualquier momento podía llover. Se dejó caer al césped, y llevó sus brazos a la nuca, imitando a Kaoru, que estaba a su lado, mirando las hojas del árbol.

Metros delante de ellos, Miyako jugaba con Rei, divertida.

-Casi nunca podemos estar así de tranquilos. Con villanos por aquí, Mojo por acá, él estúpido día del héroe, tarea…

-Si. –Asintió Kaoru. –Pero sobre todo debe ser porque el idiota de Koiji no está por aquí fastidiándome.

Hotaru rió.

-El diría lo mismo de ti.

-La única diferencia es que yo digo la verdad. Estoy tan alegre de que se haya largado con esa… ¿Oyuki? Como sea, a quien le importa. –Hotaru negó con diversión. Esos dos eran tan jodidamente complicados. Juntos eran más complicados que Makoto. Y eso ya era mucho que decir.

Él sabía que Koiji salía con un montón de chicas porque Kaoru no le tomaba enserio –Aunque en el último año, debía admitir que su hermano había tenido salidas muy pocas veces. –. Jamás se lo había dicho, pero él lo sabía. Y Miyako decía que el enojo de Kaoru era su manera de mostrar sus celos, aunque ella y él, se pregonaran odio. Al principio, ellos se divertían mirándolos reñirse y a los pocos minutos volver a bromear amigablemente.

Pero las últimas semanas sus peleas eran cada vez más parecidas a las de antes. A veces dejaban de hablarse durante días enteros. Incluso Makoto, que era el que menos se metía en esos líos –Aunque fuera el que menos se metiera no quisiera decir que no lo hacía-, solía darse cuenta de que esos dos realmente peleaban.

-Mi hermano es un idiota.

-Lo es. –Le interrumpió.

-Pero es solamente porque…

-No intentes defenderlo, Hotaru. Odio cuando sacas a relucir tu ADN de Bubbles. Es como estar escuchando a Miyako con voz de hombre. –Él se levantó de golpe.

-Mi… ¡¿Cómo?!

Ella se encogió de hombros.

-Así le llaman tus hermanos, creí que sabías. Makoto dice que te pones igual de cursi* y hablador que Miyako, tal vez por esa estúpida teoría de que compartimos genes.

Hotaru frunció el ceño.

-Esos imbéciles. –Gruñó, apretando los puños.

-Ahora me entiendes. –Hotaru estuvo a punto de asentir, pero negó energéticamente.

-¡Tú! No me cambies el tema. –Espetó, molesto con todo el mundo ahora. –Si te enamoraste del idiota de mi hermano solo acéptalo.

La que ahora se sentó de golpe fue ella, cardiaca.

-¡Pero qué dices! ¡Haz enloquecido! –Chilló, frenética. – ¡Maldición, estamos en un lugar público! ¡No digas esas idioteces en voz alta, algún tonto podría escucharte y creer que es verdad!

-¡Además, tú eres igual de fastidiosa que él! –Reclamó infantilmente. –Y que todo el mundo.

Aún cabreado por descubrir que tenía un lado "cursi y hablador", Se cruzó de brazos, indignado.

Y mientras la pelinegra seguía negando y despotricando contra él, el cachorro de un año se dejó venir sobre el sorpresivamente, tumbándolo al césped de nuevo.

-¡Rei, maldición, no muerdas mi nariz! –Se quejó. Miyako se acercó riendo.

-Creo que será mejor irnos ya, chicos. Parece que pronto comenzara a llover. –Comentó la chica jadeante. Y tras mirar a Kaoru, furibunda y murmurando insultos, se giró a ver al rubio. –Amm… ¿Debo preguntar que le has hecho? –Susurró.

Él le miró con inocencia.

-¿Yo? ¡Nada! Solo le he dicho un par de verdades. –Se excusó, y ella, entendió. Hotaru solía ser algo directo y despreocupado al hablar con las personas. Casi espontáneo.

-¿Y qué exactamente le has…

Cuando el torrente de agua comenzó a caer sobre sus cabezas, se vio interrumpida, y el chico, levantándose de golpe, tomó a las dos chicas por los brazos, jalándolas. Kaoru gruñó.

-¡No hay explicaciones por ahora! ¡Rei, a casa!

-¡No me toques usurpador!


Momoko estaba casi por terminar de leer el discurso. Estaba tan concentrada que sin darse cuenta comenzó a tachonear y a reescribir una que otra línea, leyendo una y otra vez el texto en el papel. Makoto por su parte, estaba tan cansado que luchaba por mantenerse despierto. Si normalmente, se dormía en una clase de historia, ahora, con sueño, dolor de cabeza y Momoko hablando en voz baja el estúpido y aburrido discurso, sus ojos estaban más pegados que de costumbre.

Realmente no supo en que momento dejó de ver el techo y escuchar la voz de la pelirroja a su lado.

Cuando la chica hubo terminado, sonrió satisfecha, cruzándose de brazos.

-¿Y qué tal está el…

Suspiró con desgane cuando miró al pelirrojo dormido tranquilamente.

-Ya sabía yo… -Murmuró, mirándole. –Si tan solo se quedara dormido más seguido.

Le movió suavemente del hombro, despertándolo.

-¿Qué? Eso… eso ha sido genial, ya sabes. Aburrirá, q-quiero decir, asombrará a… sí.

Ella negó con una sonrisa de comprensión.

-Ya sé que no has escuchado ni la mitad de lo que he dicho. –Dijo. –Pero oye, si esto logró aburrirte lo suficiente, quiere decir que es bueno.

-¿Entonces puedo decir que es horrible? –Ella frunció el ceño y golpeó el rostro del chico con su libreta.

-¡Ah! ¿Por qué diablos has hecho eso, adicta? ¡Eres una salvaje!

-¡Te lo mereces! –Gruñó, con las manos en las caderas, levantándose. Pero al ver que el chico se llevaba las manos a las sienes se sentó de nuevo a su lado. -Pero solo porque parece que te ha arrollado un tráiler lo dejaré pasar.

-Qué alivio. –Respondió él, con sarcasmo bien marcado.

-Lo… Lo lamento. –Se disculpó. -¿Qué ha pasado? Realmente te ves...

-Solo una mala noche, ya te lo dije. –Renegó, apoyando su cabeza en lo alto del sillón.

-Me refiero a porqué. –Dijo, rodando los ojos.

-No es nada, ahora, deja de hablar y guarda todos esos papeles. Solo de verlos me aburro. –Ella le miró mal.

-¿Qué sucede, Makoto? –Dijo, cruzándose de brazos. El bufó.

-Solo un maldito mal sueño. Ya deja de preocuparte, es estresante que preguntes tanto.

-¿Un mal sueño? –Dijo, parpadeando, casi sintiendo la alerta dentro de sí. El chico no tardó en percibir aquello. -¿Cómo un mal sueño?…

-Simples pesadillas. –Se apresuró a interrumpir antes de que terminara su suposición. Que probablemente era cierta. Esa chica era demasiado inteligente, no podía bajar la guardia ni un segundo, lo cual se complicaba. Ella le miró insegura.

-Bueno, confiaré en ti. –Luego negó rápidamente, más convencida. Estaba siendo idiota. –Olvídalo.

-Como sea… –Asintió él, como si no importara.

Pero el ambiente se había vuelto inquietante.

A veces el chico se preguntaba si esa pequeña porción de ADN que compartían les hacía sentir lo que el otro sentía al mismo tiempo. O leer sus mentes. Lo cual era una completa y soberana idiotez. Negó con la cabeza.

La puerta se abrió de golpe, dejando ver a dos rubios, una pelinegra y un cachorro empapados, y jadeantes. La puerta se cerró y un trueno resonó por todo el lugar, el cielo comenzó a tornarse negro a las 2 de la tarde. Llovería, y mucho.

El tenso ambiente entre los dos líderes se disolvió rápidamente.

Rei se acercó a su pelirrojo dueño moviendo la cola enérgicamente.

-¡No, chucho! ¡Aléjate, aléjate! –Se subió al sillón, mirando como el perro se acercaba peligrosamente. -¡Hotaru ven tu por tu estúpido perro!

Pero Hotaru le miró sonriente en el umbral de la puerta. –Lo siento, podría empapar toda la casa si entro así de mojado.

-¡Tú imbécil oxigenado… no… Rei, ¡Rei, abajo! ¡Ah, maldición, mi pantalón!

-¿Pero qué ha pasado? –Cuestionó la chica intentando no reír al ver a Makoto ser saludado amorosamente por la mascota.

-Nos alcanzó la lluvia. –Explicó la rubia. Momoko rio a carcajadas. Estaban hechos un desastre.

Una vez que Rei terminó con su cometido, corrió hacia su plato de comida, alegre. Hotaru se burló con ganas de su ahora empapado y además sucio hermano mayor.

-Cuando te ponga las manos encima…

-Valdrá la pena. –Dijo, soltando el aire contenido por la risa.

-¡Y tu limpiarás esto, imbécil! –Dijo señalando el lugar lleno de charquitos y huellas de perro. –Como sea… ¿Dónde está el idiota de Koiji? –Cuestionó Makoto.

-Salió con Oyuki. La de segundo, la chica de ayer. –Explicó. –Pero con este clima, no debe de tardar mucho en aparecer por aquí. –Se irguió nuevamente, con la respiración más acompasada.

Makoto rodó los ojos.

-Será mejor que se abriguen. –Dijo Momoko. –Mañana es el gran día del alcalde, y nos será bueno que todos estén enfermos, ¿No?

-Claaaro que no… -Negó sarcástico el rubio. –Muero de ganas por ir al graaan evento del alcalde.

Miyako se dejó caer al suelo junto a los otros dos empapados chicos.

-La verdad es que suena bastante aburrido… -Aceptó.

-La rubia sabe de lo que habla. –Dijo Makoto, levantándose. –Tío, se supone que van a celebrarnos y nosotros vamos a sentarnos tres horas en una silla mientras ella –Señaló a la pelirroja. –Habla durante todo ese rato.

Antes de que la chica comenzara a insultar y reclamar al pelirrojo, la puerta, por tercera vez en ese día, se abrió abruptamente, mostrando a un Koiji algo mojado, pero sonriente.

-Ha sido la mejor salida que he tenido, hermanos míos. –Dijo, entrando aun sin darse cuenta de que no eran los únicos en el apartamento. -¡Hotaru idiota, Oyuki tiene una hermana que te encantará! ¡También es rubia, como M…! oh… Casa llena, eh. –Saludo a las tres chicas, interrumpiendo su anterior oración, para suerte del menor de los Him que frunció el ceño, intentando ocultar su rubor.

-¡Pero que idioteces dices, Koiji! ¿Estás tomado o algo?

Koiji ignoró el comentario, aunque no era como si le importara demasiado.

- ¡Oyuki está loca por Butch! Lo cual indica su buen gusto. Porque es decir… ¡Está doblemente loca por mí!-Fanfarroneó, entrando a la cocina, donde estaba Momoko, y tomó uno de los vasos con té que acababa de servir.

-Más bien demuestra el alto grado de retraso que esa chica tiene. –Gruñó Kaoru, molesta. El pelinegro le giñó un ojo.

-¿Celosa?

-¡Vete al diablo! –Gruñó, irritada. Koiji rio entre dientes y comenzó a sacar algo de la alacena.

-¡Bien! –Interrumpió Miyako. -¿Qué tal tu discurso, Momoko?

Tanto Hotaru, Kaoru y sobre todo Makoto la miraron con los ojos bien abiertos. Incluso ella no tenía bastantes ánimos de recordarle aquel tema a su pelirroja amiga, pero fue lo primero que se le vino a la cabeza para evitar una disputa entre los dos verdes.

Pero, para suerte de los otros chicos y ella misma, los cinturones comenzaron a brillar.

Todos corrieron a la líder, que destapó su comunicador.

-¿Qué sucede, Peach, cual es la emergencia?

Ken, al otro lado se veía algo cabreado y con poca paciencia. Metros detrás de él, la voz cantarina de la menor de los Akatsutsumi resonó por el lugar.

-¿Aún no lo escuchas?

Todos detrás de la líder ahogaron una risa.

-Escucha, sé que nunca había hecho esto.

-¡Ken!

El jovencito suspiró.

-Pero de verdad tenemos mucho que hacer hoy por aquí. Mañana perderemos todo el día fuera del laboratorio por el día del héroe y…

-¡Ken, ven acá!

-¡Kuriko, quédate ahí! –Gruñó. Tras toser levemente volvió su vista a los chicos, más precisamente hacia Momoko. –Por favor, ven por ella ahora. Prometo no volver a usar la línea de emergencia para esto.

Momoko, dentro de si no sabía si golpear a su hermana por volver a desobedecerla e ir al laboratorio, matar a Ken por correrla del lugar, o reír. Optó por la última, ya después regañaría a Kuriko.

-Vale, voy para allá.


Los seis chicos se mantenían en la oficina del alcalde, esperando el momento para salir a su tan esperado momento. Era 3 de Abril, día del Héroe. Un día para conmemorarlos, un día que se recordaría para siempre. Como el día de la independencia. Fuera de la alcaldía, podía escucharse el bullicio de las personas buscándose un lugar para ver a los seis héroes de Tokio.

-¡Estoy emocionada por esto! –Admitió Bubbles. –Al principio creí que sería aburrido, pero… ¿Escuchan eso?

Los vitoreos de la gente resonaron en el silencio.

-¡Es fantástico, ¿A que sí, chicos? –y Todos ahí estuvieron de acuerdo. Tal vez el día anterior se hubieran casi negado a asistir, pero ahora, al sentir la fecha de su segundo aniversario como equipo, y escuchar a los ciudadanos gritar sus nombres una chispa de orgullo había comenzado a crecer en su interior.

-¡Mis queridos chicos! –El alcalde entró a su oficina, con la señorita Bellum detrás. –Me tomé la molestia de pedirles el desayuno, estamos aquí desde muy temprano, y me imagino que deben estar hambrientos.

-¡Hombre, eso es genial! ¡Comida! ¿Qué esperan?, ¡Tráiganla ahora!

Blossom pisó disimuladamente a Butch, que le ignoró.

-Muchas gracias alcalde, la verdad morimos de hambre. –Ni siquiera pasó un minuto cuando un banquete estaba frente a ellos.

-¡El paraíso! –Dijo Butch, hurgando entre sus cosas y sacando unos artefactos curiosos. Rápidamente comenzó a repartirlos entre los seis. Kaoru tomó uno entre sus manos y le miró asqueada.

-¿Qué diablos es esto?

-¿Qué? –Cuestionó. –Que mejor día que hoy para usar… ¡Estos! –Kaoru apretó los puños, mirando el objeto que Bucth tenía en las manos.

-¡No pienso comer con tu estúpido y horrible rostro mirándome! –Dijo, señalando un plato con la cara de Butch en él, sonriente.

-Qué asco. –Dijo Brick con cara de preocupación. –Yo tampoco pienso comer con tu estúpido rostro mirándome, así que dame otro, idiota–El pelinegro se encogió de hombros.

-Pues no hay más que eso. –Dijo tranquilamente, sirviéndose en su plato. –Acabo de romper los que trajo el viejo.

Brick renegó en su lugar, sirviéndose hot cakes de malas. Boomer parecía bastante concentrado y divertido comiendo como para renegar del rostro de su hermano. Kaoru ni siquiera tocó bocado. Y Blossom comía en silencio, lo cual llamó la atención de la rubia.

-¿Qué sucede, Bloss?

-No es nada. Solo pensaba en Kuriko. Ella realmente estaba entusiasmada de ir a ver a los RowdyRuff Boys y las PowerPuff Girls en el día del héroe. Me siento fatal. Ella no tiene ni idea de quién es su hermana. Ya sabes, ella me preguntó si vendría, y tuve que mentirle de nuevo. Ella sabe que Ken y el Profesor conocen a los RowdyRuff Boys y a las PowerPuff Gils, siempre salen juntos en televisión. Le dije que como éramos amigos de Ken y el profesor habíamos accedido a ayudar con los preparativos y estaría muy ocupada hoy.

-Tranquila Momoko. –Consoló la rubia. Ella sabía que aunque las dos hermanas se llevaran en ocasiones casi como Butch y Buttercup, se amaban, y al fin y al cabo eran hermanas. –Estoy segura que cuando llegue el momento de hablar ella entenderá.

-Deberías de decírselo, solo te complicas la vida, Adicta. –Dijo Brick de repente, aun masticando su comida. -¡No hay nada de malo en que la chica lo sepa! ¡Ella es genial, le hace la vida imposible a Ken! ¡Y eso es divertido! ¡Un nerd perdiendo los estribos por una pequeña niña!

-No es tan fácil. Podría ponerla en peligro.

-¿Y no lo está ya? Que ella no sepa la verdad no quiere decir que los malos no lo sepan. Ya ven a Taiga. Él sabía todo de su vida y ustedes ni siquiera tenían idea.

La tensión se hizo presente, y la mirada de la pelirroja se tornó un poco preocupada. Todos miraron a Boomer que comía con tranquilidad. Pero ese nombre no había sido mencionado entre ellos hacía mucho tiempo y había logrado descolocarlos. Sobre todo que revelara aquel hecho que era completamente verdad, ¿No estaba en peligro ya?

Bubbles le frunció el ceño.

-¿Qué? Solo decía la verdad. –Dijo con simpleza. –Claro que no quiere decir que haya un malvado por ahí buscando secuestrar a Kuriko, o matarla, o algo por el esti…

-Lo que Boomer intenta decir. –Interrumpió Bubbles. –Es que, que ella lo sepa, no cambia nada.

-De hecho lo decía por las tres. –Dijo Boomer, tragando algo. –Ya que, sus familias ignoran su vida de heroínas.

Las tres chicas se miraron un segundo y luego al rubio, que seguía comiendo con tranquilidad. En ese momento, el alcalde entró por la puerta. Había llegado la hora.


Los seis héroes estaban en el pulpito, sonrientes y saludando con la mano a la gente que les vitoreaba y gritaba palabras de aliento. Los carteles de "Feliz día del Héroe" "Gracias por todo" y así sucesivamente, nadaban entre el tumulto de personas. Los flashes de las cámaras aparecían por lo menos cada tres segundos, cegándolos momentáneamente. Varías chicas gritaban uno que otro "Te amo, Butch" "Eres adorable Boomer" e incluso las más atrevidas "Brick, eres el más sexy" sacándoles sonrisas de superioridad y una que otra carcajada.

Todas las televisoras de Tokio estaban presentes, narrando lo que sucedía. Los camarógrafos no perdían detalle de nada. El profesor, Ken y Peach, estaban justo a su lado, como invitados especiales. Siempre como una gran ayuda para la ciencia y para los seis héroes.

El alcalde hizo una señal con las manos y el bullicio comenzó a bajar hasta quedar en silencio.

-¡Ciudad de Tokio! ¡Es un placer para mí, y sé que también para ustedes celebrar lo que se convierte en el primer Día del Héroe!¡Como una muestra de afecto y gratitud a estos seis pequeños jóvenes que han arriesgado todo por protegernos! ¡Recuerden! ¡No solamente conmemoramos el día en que se completó este fabuloso equipo de héroes, hace dos años en aquel día de caos! ¡Sino el día en que Tokio libró aquella horrible batalla, gracias a estos seis jóvenes! ¡El día en que la salvación llegó a nosotros una vez que los más poderosos villanos, se unieron a nuestras heroínas, formando los seis, uno solo y casi perfecto equipo!

Los chillidos comenzaron a subir de nuevo de volumen.

-Y no solamente, eso. Agradecemos infinitamente al más grande científico que Tokio ha conocido. El Profesor Utonium. Y Ken Aizawa, su hijo y aprendiz. Que gracias a sus conocimientos han podido instruir y ayudar a nuestros héroes. ¡Ellos también, nuestros héroes!

Aplausos y chiflidos vitorearon al mejor científico y a la próxima gran promesa de la ciencia. Ken miró a todos lados incómodo, pero alegre y agradecido.

-Y sin más, este viejo ya no los quiere aburrir. Ha llegado el momento de que uno de los líderes de este gran equipo, dirija unas palabras hacia ustedes. Sé que están ansiosos de escucharla, así que tomemos asiento. Blossom, querida, pasa, pasa.

El hombrecillo le cedió el lugar a la chica, que algo nerviosa y cohibida por tanta atención se dirigió al pulpito. Entre una de las sillas logró divisar a sus padres y a Kuriko, que saludaba a Ken frenéticamente y la miraba a ella como si fuera una reina.

Desvió la mirada y sonrió.

-¡Buenos días ciudad de Tokio, es un placer para mi…

-Si comienzo a dormirme, me pateas. –Susurró Boomer a Brick. El pelirrojo bostezo.

-Pídeselo a Butch y mátame ahora, hermano. Yo no podré soportarlo.

-Cada miembro de nuestro equipo está sumamente agradecido con cada ciudadano de Tokio. Por el apoyo, comprensión, y solidaridad que demuestran para con nosotros cada día. Juramos, proteger está ciudad así sea a costa de nuestra vida, a pesar de las circunstancias, justo como lo hicimos hace dos años. Porque para nosotros no hay nada más valioso que el lugar donde…

Bubbles miraba a su amiga dar su discurso alegremente, con una emoción que probablemente solo ella podría expresar al hablar en público.

Entonces sintió algo a su lado, como un movimiento rápido, que la hizo girar su mirada rápidamente a los árboles a su derecha, los primeros del gran bosque de Tokio. Entrecerró la mirada, intentando divisar algo, pero solo vio las hojas de los árboles moverse al ritmo que viento dictaba.

Aun sin despegar la mirada de los árboles, tocó al primero que estaba a su lado, Butch.

-¿Qué? –Cuestionó el chico, que al parecer intentaba no dormirse.

-¿Notaste eso? –Murmuró, regresando su mirada al chico que le miraba con una ceja alzada.

-¿Qué? ¿Él chico que te está comiendo con la mirada? –Ella, se sobresaltó un poco, no entendiendo el comentario.

-¿Eh?

-No, nada, olvídalo. –Despreocupó él, a sabiendas de que la chica probablemente enrojecería nerviosamente. – Mientras no le digamos a Boomer no pasa naaada. –Bubbles carraspeó, ignorando a Butch. Al parecer, el chico no había notado nada. Dirigió su mirada una vez más a la entrada al bosque, encontrando lo mismo.

El vaivén de las hojas al ritmo que el viento dictaba.

Pero, ¿Por qué se sentía de esa manera? Era como cuando por las noches ves una película de terror, y cuando vas al baño, alucinas que un asesino serial te sigue por detrás, preparado para en cualquier momento apuñalarte por la espalda.

-Bubbles. –Llamó Bucth, esta vez más atento. –Estás comportándote muy extraña.

Ella negó rápidamente.

-Olvídalo no es nada. Creí ver algo en el bosque, pero no es nada. –Butch, volviendo a ser el mismo despreocupado chico, se encogió de hombros.

-Bueno, rubia, pues hubiera deseado que realmente no hubiera sido una alucinación y tuviéramos que luchar contra algo. Este estúpido discurso está matándome, necesitamos algo de acción por aquí…

La chica escuchó apenas lo que el pelinegro le dijo, mientras un frío viento se coló por su espalada, haciéndola sentir más nerviosa. Pero al girar de nuevo la cabeza hacia el bosque, lo volvió a encontrar completamente vacío.

Y prefirió como él, que realmente hubiera alguien por ahí acosándolos. Así no se sentiría observada por la nada.


Hi! He aquí, el capitulo 3. Empiezan a pasar ciertas cosillas jiji.

Espero haya sido de su agrado. Por cierto, cursi, aquí en México es ser demasiado romántico, en plan dulzón y que llega a dar hasta caries. Y bueno, así es como los dos mayores Him, califican a Hotaru xD lo cual me parece algo gracioso,ya que más bien es un infantil de primera y un poco espontáneo. Pero es solo que para los otros dos no es tan fácil exteriorizarse.

Como se dieron cuenta, los verdes al parecer atraviesan una nueva etapa de odio, ya veremos que pasa con eso.

y, bueno, por aquí, va terminando la parte introductoria, y comienza la historia real. Espero les haya gustado, y ya saben, cualquier comentario es bienvenido mientras sea repetuoso :D

Nos leemos!

Miss Nutella