Escuchando los gritos de súplica de la bola temblorosa en el suelo, que se consideraba legalmente una persona, Voldemort cerró los ojos, disfrutando el sonido estridente.
Había pasado demasiadas horas desde la última vez que había torturado a alguien, y ahora se sentía completo nuevamente. Tenía a su Círculo Interno rodeándolo y viendo con morbosa fascinación al mago retorciéndose en el suelo. Si se desconcentraba lo suficiente de los gritos, tal vez podría escuchar la baja risa encantada de Bella y el suspiro de aburrimiento y resignación de Severus. Tal vez también el movimiento casi inconsciente de los pies de Lucius y Barty; Lucius, porque esa noche se celebraba una reunión en su mansión debido al cumpleaños de su hijo y tenía que llegar a su hogar, y Barty porque simplemente no podía mantenerse quieto.
Los gritos dejaron de escucharse luego de unos minutos y Voldemort frunció el ceño, molesto porque su entretenimiento se hubiera acabado tan rápido. Toda la tensión que había creído que desapareció de su cuerpo lo volvió a golpear con fuerza. Con un leve movimiento de su mano, el mago inconsciente desapareció de la habitación y sus leales volvieron a acercarse, un semicírculo frente a él. Sin demostrar lo amargado que estaba realmente ante la poca diversión, sus ojos rojos se posaron en las máscaras plateadas de quienes estaban frente a él. Su voz era baja cuando habló, volviendo su vista hacia su familiar, que se acercaba a él siseando con molestia.
—Pueden retirarse. Bella, te fijarás si Lord Dolarhyde es apto para ser alimento de Nagini— miró con cariño a la gran serpiente mientras acariciaba sus escamas con reverencia—. No quiero enfermarla innecesariamente.
El Círculo se inclinó hacia él en reconocimiento y despidiéndose, y luego salieron de la habitación con tranquilidad. Cuando todos se fueron de las protecciones, Voldemort se permitió suspirar, mientras se levantaba con molestia y sentía a Nagini rodeándolo.
—Huele molesto, maestro— el siseo de Nagini se escuchó detrás de su oído mientras se aparecían en sus habitaciones privadas de la Mansión. No había señal de su chico, y en realidad fue un alivio. No se sentía con fuerzas para evitar asesinarlo en ese momento.
Claramente, ignoró la molestia en su pecho y la voz en su cabeza que tal vez, el niño podría estar en peligro. Pero no, él ciertamente sabría si su chico estaba en peligro.
Ignorando a Nagini, la dejó en el suelo frente a la chimenea encendida de la sala de estar mientras él se dirigía hacia su sofá, convocando un vaso y una botella de whisky. Hacía meses que no tenía momentos de tranquilidad, desde que el chico se había trasladado a Mansión Riddle, y no iba a desaprovechar el momento.
Que en realidad terminó rápidamente al sentir que las protecciones de la mansión permitían el ingreso de quien, lamentablemente, tenía la capacidad de entrar sin necesitar ser invitado. Poco tiempo después, su chico entró en la sala mientras se sacaba descuidadamente un suéter verde que, definitivamente, era obra de la madre de uno de los amigos del chico. Voldemort evitó una mueca de fastidio, pero se sintió curioso ante la mirada perdida de Harry, que rápidamente se borró cuando lo vio a él.
Harry sonrió mientras se sentaba en el sofá doble que había a su derecha, colocando sus piernas bajo él.
—Hey— murmuró levemente con la suave sonrisa pintando sus labios. Había ojeras bajo sus ojos, pero a Voldemort no le tendría que importar.
Hizo un ruido bajo con su garganta en reconocimiento, pero no habló y dejó que su mirada se perdiera frente a él, sin poder ignorar como quería realmente al chico. Lo vio morderse el labio con inseguridad y luego abrir y cerrar la boca varias veces, pero no habló en ningún momento en los siguientes minutos. Cerró los ojos con molestia mientras veía al chico levantarse y se disponía a salir de la habitación en silencio, y lo llamó.
—Ven aquí— indicó levemente su regazo con su mano cuando el chico lo vio con curiosidad—. No lo diré dos veces.
Harry sonrió de medio lado y se acercó a él, sentándose en las rodillas del mayor y luego girándose hasta quedar de costado. Miró a Voldemort con las cejas levemente levantadas, y se acomodó con rapidez en su pecho cuando el Lord lo atrajo hacia él, acomodando la cabeza en su hombro y acercando su cuerpo aún más, quedando casi pegados.
Una de las manos de Voldemort estaba en su muslo izquierdo, mientras que la otra estaba en su nuca, ambas con un movimiento leve con la intención de relajar a su chico, y funcionó, cuando Harry suspiró satisfecho y ocultó sus ojos en el cuello de Voldemort.
—Cuéntame— ordenó (porque él no pedía) Voldemort en voz baja.
—Yo...— su chico dudó unos segundos, sus dedos de movían con cuidado sobre la túnica negra de su pareja, jugando con los botones. Voldemort golpeó uno de sus dedos sobre el muslo del chico para llamar su atención, aunque en realidad creía que lo distrajo más—. Sólo te extrañé. Fue un día largo.
Voldemort dirigió su vista hacia el fuego, viendo de pasada la enrollada figura de Nagini frente a la chimenea. El fuego lograba que la sala no estuviera tan helada y lo suficientemente cálida para alguien protegido levemente del frío. Pero, cuando se estaba resguardado del frío y tenías a un (a tu) chico acurrucado sobre tí y frente al fuego, el calor podría ser asfixiante, en realidad.
Cualquier otra persona se hubiera quejado de la sensación pesada sobre ella, o hubiera tratado de calmarla, pero mientras sentía la suave respiración de su chico contra su manzana de Adán, y cómo una de sus manos se había movido para acariciar con cariño su cabello suelto, Voldemort se sintió cada vez más relajado.
—Yo también lo hice, chico.
Suspiró en silencio, toda la tensión de su cuerpo totalmente lejos de él mientras Harry le dejaba un suave beso en su cuello.
