Disclaimer: The PowerPuff Gils Z no me pertenecen.
Demashitaa: Kasai.
Presentimientos Inesperados
Hotaru tenía el estómago completamente lleno. Tanto, que apenas abrieron la puerta de su elegante departamento, se dejó caer a la alfombra. Makoto ya estaba completamente dormido, y Koiji, Koiji seguía rebuscando en el refrigerador algo que comer, lo cual le enfermaba.
Después de haber escuchado el eterno discurso de Blossom, firmar algunos autógrafos para las locas fans, y haber pasado un buen rato soportando al anciano del alcalde, los seis habían decidido ir a su pizzería favorita para celebrar por su cuenta su aniversario –O lo que restaba de él. –Y él, tras la séptima rebanada de pizza, perdió la cuenta de cuantas había comido. Sus hermanos claro que no se habían quedado atrás. Incluso Miyako y Momoko habían comido más de la cuenta.
Y Koiji seguí ahí, con medio cuerpo dentro del refrigerador.
-Saca tu asqueroso cuerpo de nuestra comida, ¿Quieres?
El moreno, a los pocos segundos, se acercó al rubio con un sándwich en la boca.
-Eres un blandengue, idiota. –Dijo, tragando un pedazo. –Un día, lograrás ser como yo.
El rubio estaba tan lleno que hasta hablar le costaba trabajo, se limitó a hacer un gesto de desagrado. Koiji le ignoró y miró al mayor de los tres.
-Ya te digo yo, y se cree nuestro líder. –Hotaru miró a Makoto también, boca abajo en el sillón color vino tinto. -¡Apenas son las once, y ha caído! ¡Yo soy el más rudo y fuerte! ¡Por eso tengo más chicas detrás de mí!
Koiji se alejó por el pasillo, aun vociferando lo majestuoso que se consideraba y Hotaru, aun en la alfombra, le dio la razón en el hecho de que, apenas eran las once, y el mayor, tenía casi media hora dormido. Y así era los últimos días.
Ya había intentado encontrarle alguna explicación lógica, pero… no parecía tener sentido. El chico realmente, no le dio importancia, después de todo, a él que le importaba la hora que Makoto se fuera a dormir, y además… tenía que ir al baño a vomitar todo lo que se había comido.
Miyako se despertó apenas para ir a la escuela. La noche anterior se había dormido bastante tarde, al llegar a las once a su casa, y habiendo estado todo el día afuera, comenzó a hacer sus deberes de la escuela y los había terminado bastante tarde.
Por eso, cuando llegó corriendo a la escuela en la mañana y se encontró a los dos hermanos menores Him, no se sorprendió nada. Por lo menos no había llegado tan tarde como Kaoru.
-¿Apenas has llegado? –Le cuestionó Butch. -¡Se te están pegando las costumbres de la insoportable de Kaoru!
La chica jadeante, respondió.
-Ayer me dormí tarde haciendo la tarea. –Los dos chicos rieron.
-¿Tarea? –Volvieron a reír. - ¡No hubieras hecho nada! Yo no la he hecho.
-Yo tampoco. ¿Llegar a hacer los deberes después de comer pizza?
-¡Pero si nunca la hacen! –Chilló, divertida.
Iba tan distraída riendo junto a los dos chicos que no se dio cuenta por donde caminaba, y terminó chocando y cayendo al suelo junto a otra chica. Varios chicos que pasaban a su lado se detuvieron a ver, y tras unos minutos continuaron con su camino.
Boomer y Butch se apresuraron a ayudar a Miyako.
-Lo lamento, iba distraída. –Dijo, levantándose, ayudando a la chica a recoger sus cosas, aun sin darse cuenta de con quien hablaba. Pero antes de que pudiera seguir ayudando, la susodicha le arrebato una pluma de la mano. –Espera, puedo ayudar… te. –Los ojos de Miyako se encontraron unos instantes con los de la chica frente a ella. –Hi-Himeko, lo siento…
-Solo muévete y déjame pasar, llorona. –La rubia se tambaleó levemente por el empujón propinado por la castaña, que dejó el pasillo tan rápido como le dieron las piernas. Hotaru sintió un frío desconsolador apoderarse de su estómago cuando su brazo accidentalmente se rozó con el de Himeko.
Sintiendo como un pesó abrumador se instalaba en su pecho, la siguió unos segundos con la mirada, intentando entender que había pasado. Sin poder evitarlo, chispas salieron de sus manos.
Koiji, detrás de ella, suspiró.
-¿Soy solamente yo, o su mirada cada vez se vuelve más psicótica? Esta tipa…
-Como sea. –Se apresuró el rubio. –Vámonos de aquí.
-Sí… -Murmuró la rubia. –Vámonos.
Cuando la directora del instituto entró por la puerta, Kaoru nunca se sintió tan feliz de verla. Su presencia solo significaba algo: Perdida de clases. Así es señores. Cuando la mujer entraba era porque quería decirles algo, lo cual los haría perder valiosos minutos de clase.
-Muy buenos días, jóvenes. –Saludó amenamente. Los alumnos respondieron entre murmullos poco animados. –Maestra disculpe la interrupción, solo será por un par de minutos.
La mujer asintió, no era como si tuviera otra opción.
-Jóvenes he venido simplemente para recordarles que está acercándose uno de los eventos más importantes de la institución, que se realiza año con año, y no, no estoy hablando del Campeonato Escolar de Deportes.
Las miradas aburridas comenzaron a tomar algo de brillo, cosa que la mujer notó rápidamente.
-Así es, veo que algunos se han dado cuenta ya. Se trata del baile de primavera. –Se levantaron algunos susurros emocionados, más que nada, de chicas, que miraron de reojo a los tres hermanos Him, pues era bien conocido que los bailes primaverales podías –debías socialmente. - asistir con pareja. –Y Como sabrán, y tal como cada año, el baile se realizará a finales de este mes.
La pelinegra bufó con ganas, sin importarle que la directora, la profesora, o quien fuera la escuchase, pero al parecer, nadie le prestó atención. Y si alguien lo hizo la ignoró completamente.
Para ella todas esas cosas románticas eran una completa tortura y pérdida de tiempo. Odiaba vestirse de gala, usar vestidos, maquillaje. Ni siquiera había volteado a ver a Miyako, pero ya podía escucharla dentro de su cabeza. ¡Usarás un vestido!
-Jóvenes, sin más por el momento, dejaré a la maestra con ustedes. Matsubara, siéntate bien. –La aludida rodó los ojos pero se vio obligada a obedecer, aun algo irritada por el endemoniado baile.
Los años pasados no había asistido. ¿Usar un vestido? No, ella no. Era vergonzoso pues nunca los usaba y que la vieran de una manera distinta a como normalmente era vista, le causaba congoja. Si, sépanlo. La ruda, increíble y temible Kaoru Matsubara tenía sus propias inseguridades. También era una chica, al fin y al cabo. Simplemente, sabía cómo ocultarlas perfectamente.
Y, si en ningún año anterior ella había asistido, ¿No tenía por qué hacerlo ahora, no?
Observó desde la lejanía su objetivo. Tenía meses siguiéndola. Meses buscándola, y por fin, podía decir que sentía que el momento había llegado. Era tiempo de cobrar venganza, ejecutar su plan.
Por fin ese sexteto de imbéciles pagaría por todo lo que habían hecho. La susodicha se paseaba por los jardines de la institución, sin percatarse de que era observada por él. Mucho menos de los planes que tenía para ella.
Planes que le serían de utilidad a él para cobrar su venganza.
-Pronto. –Murmuró. –Pronto, pronto.
Rio por lo bajo, aun en su escondite, sin quitar la vista de su objetivo.
-No seas tacaña. –Reclamó el pelinegro intentando por todos los medios alcanzar un bombón de chocolate de la mano de Momoko.
-¡Son míos! ¡Y ya te he dado tres!
-¡Engordarás si no me das uno! ¡Como una vaca!
-O un hipopótamo. –Se metió Makoto, viendo la lucha de su hermano y a pelirroja.
-Una vaca –Río Kaoru, divertida. Momoko parecía indignada de que su amiga le traicionara.
-¡Cállate idiota! –Le espetó al rojo. –Y tú, Koiji, déjame en paz. Quiero disfrutar mi comida.
-Eres una desgraciada golosa. No te cuesta nada darme uno más. ¡Solo uno!
Hotaru negó con la cabeza y se dejó caer en el césped, con la sombra del enorme árbol sobre él. Si Miyako estuviera en ese momento, probablemente ese par de idiotas no estarían discutiendo. Lo cual lo hizo preguntarse donde estaba su amiga. Y sobre todo en estos días que se había sentido tan extraño, y con lo que sucedió en la mañana con Himeko, no quería perder de vista a ninguno de sus hermanos o amigos. Menos a Miyako.
-¿Alguien ha visto a Miyako? Ella venía detrás de nosotros, ¿A dónde fue?
Makoto, que aprovechando el despiste de la ojirosa le robaba un bombón con chocolate, sonrió con burla.
-Tranquilo, enano. Solo has estado separado de ella unos pocos minutos, no dejarás de respirar por ello.
Hotaru, sonrosado y agradeciendo que Koiji, Momoko y Kaoru estaban metidos en un batallón de bombones, se sentó de golpe.
-¡No digas tonterías! ¡Solo preguntaba!
Makoto se encogió de hombros.
-Yo solo decía. –El rubio gruñó y se dejó caer de nuevo al césped. Makoto rio mentalmente. Era tan divertido y fácil molestar a Hotaru. Sobre todo cuando se trataba de la rubia.
Y casi diez minutos después, la ojiazul llegó con Misaki, que traía cara de pocos amigos. Hotaru levantó el tronco.
-¿Dónde estabas?
-¡No adivinarán! –Dijo emocionada. Misaki se dejó caer a su lado.
-Quiero matarla. –Hotaru casi se rio por el comentario. –Solo escucha lo que esta niña ha hecho.
-¿Qué pasa, Miyako? –Cuestionó Kaoru. -¿Traes bombones de chocolate?
-¿Qué? –Cuestionó, extrañada. -¡No, no traigo bombones con chocolate! ¡Es algo mejor!
-Vaya –Dijo Koiji interesado. -¿Mejor que bombones con chocolate? Habla, rubia.
La aludida les puso enfrente un papel firmado por la directora.
-¿Qué significa eso? –Preguntó Makoto. –Dime que no es algún tipo de castigo aburrido…
-Es peor. –Habló Misaki.
-¡Claro que no! –Chilló. –No hables Misaki. –Miyako guardó el papel. –Es la aceptación de la directora.
-¿Aceptación?
-¡Sí! ¡Nos he inscrito para participar en los preparativos del baile de primavera!
Kaoru escupió su refresco. Koiji se rio como loco. Makoto estaba intentando descifrar si era broma o no. Boomer miró a Misaki alarmado, y este se la devolvió como diciendo te lo dije. La única interesada parecía ser Momoko.
-¡¿Qué has hecho que?! –Gritaron a coro Makoto, Kaoru y Koiji, abrumados.
-¡Lo que oyen! Al principio ella no quería, decía que ustedes chicos… y Kaoru… eran un desastre y algo podría salir mal.
-¡Pues que mujer tan astuta! –Dijo Kaoru.
-¡Pero la he convencido! ¡Lo logré! –Dijo, emocionada.
-¿Pero porque diablos has hecho eso? –Cuestionó Koiji con cara de sufrimiento. -¡Makoto, dile algo! ¡Está loca!
Pero el pelirrojo seguía murmurando algo de su reputación.
-¡Por favor! ¡Será divertido! –La chica dirigió su mirada a todos, deteniéndose en Hotaru, que intentó, por todos los medios no mirarla directamente a los ojos, o terminaría diciendo algo que no quería. Pero era difícil no hacerlo. -¿A que sí?
El chico tragó aire y tras un largo minuto, lo soltó pesadamente.
-Yo… tal vez será… amm… divertido.
-¡Lo ven!
-¡A mí que me importa lo que esté retrasado diga! –Chilló Koiji. Misaki a su lado, le reprochó con la mirada a Hotaru.
-¿Qué? –Le susurró.
-¡Odias la idea!
-Solo… solo un poco. –Mintió, aunque era muy obvio que mentía. Simplemente, no era su fuerte mentir.
-Pues yo también creo que es genial.
-Tu opinión nos importa tanto como la de Hotaru, adicta al azúcar. –Se quejó el pelirrojo. -¡Te has vuelto loca, Miyako! ¡No pienso hacerlo, ¿Me oyes?! Vete buscando a alguien más para esto. Este chico tan temible no puede andar colgando florecitas en un salón de baile, ¿ok?
-Y solo para aclarar. –Comenzó Kaoru. –Jamás he asistido a un baile. Esta vez no hay nada que sea diferente.
Miyako frunció el ceño.
-¡Oh, no! ¡No, no, no, no, no! ¡Ni se te ocurra, Kaoru! ¡Es nuestro último año, nuestros últimos meses! –Renegó. –No puedes faltar.
-¡Miyako tiene razón! –Se entrometió la pelirroja. -¡Hazlo por nosotras!
-No, y punto. –Finiquitó, pero las otras dos chicas no se dieron por vencidas. Tenían aun un par de semanas para convencer a Kaoru.
-Son un trío de locas. –Se quejó Koiji. –Una adicta al azúcar. Una loca cursi peligrosa, y Una amargada con complejos de hombre.
-¡Cállate! –Bramaron las tres.
-Ya basta. –Añadió Miyako. -¡Todos iremos a nuestro último baile escolar, antes de graduarnos, y todos participaremos en los preparativos!
Y con esa orden de la rubia, quedó terminada la charla.
Kaoru pasó el resto del día completa y totalmente de mal humor. Cuando llegó a casa y su hermano la recibió con una estúpida broma, tomó su mochila, y la lanzó directo a su cara. Tal vez estaba siendo muy agresiva, pero últimamente, estaba teniendo muchos altibajos por razones muy estúpidas.
Una de ellas era el baile de primavera. O el hecho de tener que usar un vestido. O las parejas del baile, que, no eran obligatorias, pero si no ibas con alguien eras un renegado social. Antes todo aquello venía importándole mucho menos que el valor de un cacahuate babeado y mordido por su idiota hermano, Souta. Ahora… se sentía tan diferente. No era que le importara, seguía sin importarle, pero aun así… sentía algo de nervios pesar en todas esas cosas.
Y luego estaba el imbécil de Koiji, que… por alguna razón, era otra de las cosas que le causaba muchos altibajos. Al final había optado por insultarlo cada vez que sintiera algo extraño. Ya ni siquiera estudiaban juntos como solían hacerlo durante el primer y segundo año. Recordaba tiempos atrás, cuando iba tan seguido que había terminado siendo mejor amigo de su hermano que de ella. Los muy imbéciles le habían jugado tantas bromas que no podía recordar.
Y cuando Koiji le presentó a su hermano a Makoto y a Hotaru, su vida, fue un desastre. Temía que su cama fuera explosiva. Las estúpidas bromas habían sido la excusa perfecta para prohibirle la entrada a su casa. Aunque ahora tuviera que aguantar las constantes preguntas de su hermano sobre Koiji.
A veces ni siquiera tenía suficiente apetito. No sabía que sucedía con ella.
Lo único que lograba animarle, era el fútbol.
-Y lo mejor, es que hoy tengo entrenamiento. –Murmuró, levantándose y comenzando a prepararse para asistir.
¿El único problema? Koiji estaba ahí, y no sabía que esperar al verle. Podría o golpearlo, o insultarlo y pelear amigablemente con él. O todo al mismo tiempo.
Miyako llegó corriendo al salón de música, donde Makoto y sus compañeros ya estaban ensayando sus respectivas cosas. Estaba cansada por el camino tan largo que había corrido para llegar hasta ahí. A veces deseaba con todo su ser dejar a los músicos y dedicarse de lleno en el dibujo. Era bastante estresante para ella tener que correr de un lado a otro para llegar a tiempo a sus clases.
Se desparramó en un asiento junto al pelirrojo, sacando todas sus partituras y demás.
-¿Qué pasaría si te digo que dejaré de asistir a esto? –Jadeó la chica, a lo que el pelirrojo, rio.
-No lo harás. –Aseguro, claramente obligándola. –Menos a unas cuantas semanas de la competencia. ¿Tengo que recordarte que somos los encargados de la apertura y la clausura?
-No. –Murmuró. –Pero esto es estresante.
-¡No seas llorona! solo quedan unos cuantos meses. Después, me da igual si no vuelves a tocar una nota musical en toda tu vida. –Y sí, en realidad así era. Eran contados los meses que quedaban de preparatoria.
-Solo por eso sigo aquí, te lo aseguro. –Suspiró. –Si ya he estado aquí tres años, puedo aguantar tres meses más.
-Que melodramática eres. Ya no te juntes tanto con la adicta de tu amiga. –La rubia, hizo un mohín gracioso, pero le sonrió divertida, a lo que él le fulminó con la mirada.
-Ni creas que estoy muy contento contigo, rubia loca. –Gruñó. –Que sea la última vez que me enlistas para hacer algo sin mi consentimiento. Y más te vale que nadie se entere de lo que… me harás hacer por el estúpido baile. Yo… el gran Makoto… decorando un salón de fiestas.
Gotokuji rodó los ojos.
-Supéralo. Nos divertiremos. –El pelirrojo volvió a fulminarla, pero ella ya se esperaba que sus amigos quisieran asesinarla cuando les dijera la noticia, por lo que no le dolía en lo absoluto sus miradas de reproche. Ya luego se lo agradecerían.
El chico se levantó de su lugar para ir a supervisar que todos estuvieran haciendo lo que se suponía que debían hacer, y cuando sintió que era el momento, dio la orden de comenzar a ensayar la primera canción que tocarían en la apertura de la competencia.
Y debía admitir, que como casi siempre que tocaban una canción en grupo por primera vez, había salido bastante lamentable. Pero la repitieron tantas veces como el chico dijo.
-Vale eso ha salir mejor… -Dijo, no tan convencido. -¡Pero necesitan practicar más, idiotas! ¡Va de nuevo!
-¿Qué? ¡Maldición Him, me duelen las manos! ¿Ni un descanso?
-No seas nena y cierra la boca, Riota. Ahora, toma tus baquetas y…
El cinturón del chico empezó a vibrar, y levantando la mirada hacia Miyako, la chica le asintió.
-Eh, vale. –Dijo, descolgándose la guitarra. –He cambiado de opinión, merecen un descanso. –Miró el reloj en la pared. –Lo más probable es que no regrese para el final del ensayo. ¡Así que más les vale que practiquen mientras no estoy y la próxima vez que hagamos esto tiene que salir a la perfección! ¡Tenemos muchas cosas que ensayar! ¿Está claro?
-¡Yo voy al baño! –Se apresuró Miyako, levantándose de su lugar, y comenzando a correr fuera del salón, Makoto caminando detrás de ella. El chico se giró momentáneamente.
-¡Hiroshi! –Llamó al bajista y le lanzó un par de llaves. -¡Cierra todo perfectamente, mañana me regresas las llaves! ¡Si algo se extravía o no cierras bien te golpearé!
-¡Relájate, hombre, ¿Quién me crees?! –Escuchó decir a la lejanía al chico.
Tan solo salir y cerrar la puerta, los dos chicos corrieron por un pasillo oculto que habían descubierto en sus múltiples escapadas para huir a combatir el mal. Cuando estuvieron fuera de visión, se transformaron y volaron al cielo, mirando al mismo tiempo, dos estelas verdes, una rosa y una azul salir de distintos lugares de la enorme institución. Como era costumbre a los pocos minutos, estaban los seis reunidos.
-Maldición. –Se quejó Butch. –Estuve a nada de anotar en la portería cuando tuve que fingir que tenía que ir al baño por diarrea.
-Igual no lo hubieras logrado. –Se burló Buttercup. El chico le empujó amigablemente, lo cual no pasó desapercibido por los otros cuatro. Esos dos eran cada vez más inestables. Podían un día dejarse de hablar y de repente, volver a ser amigos-rivales. Blossom decidió no perder más el tiempo.
-¿Sí, Peach, que sucede? –Cuestionó cuando destapó su comunicador, donde el perro y Ken les miraban del otro lado.
-La banda gangrena robó el banco central de Tokio de nuevo. –Informó. –Por lo que nos han informado, lograron escapar de la policía y…
-Nos necesitan para encontrarlos, ¿No? –Terminó el rubio.
-Así es. –Asintió el chico.
-Perfecto, ahí estaremos. –Aseguró Blossom. –Ya escucharon. Huyeron. Lo más probable es que se hayan dispersado por la ciudad, hay que encontrarlos a todos.
Brick les miró.
-Bien ya saben qué hacer. –Indicó. –Nos separaremos. Cuando encontremos a alguno de los imbéciles usen el comunicador. Nos vemos con los idiotas verdes en el banco central.
Ninguno perdió el tiempo. Se separaron uno a uno registrando cada parte de la ciudad. Boomer, haciendo uso de su velocidad, se encargó de la parte más lejana. No tardó mucho en divisar un enorme punto verde, entrando a una coladera, lo cual no le extrañó en lo absoluto. Esos lugares eran los favoritos dela banda gangrena. Tras haber vivido con ellos tres años enteros, lo sabía de antemano, lo cual quería decir que probablemente, los cinco chicos verdes estuvieran ahora mismo debajo de la ciudad, viajando por los desagües y demás.
Sus hermanos seguramente ya se lo imaginaban, pero no estaba seguro de si las chicas los encontrarían, pero no le dio tanta importancia. Brick seguramente había pensado lo mismo y Butch… bueno, no siempre era tan estúpido. Seguro también sabría dónde buscar.
Rápidamente llegó al lugar donde había visto desaparecer al Gordo Billy y a la lejanía pudo escuchar sus ruidosos pasos. Sí, seguramente era él. Pronto los ruidosos pasos fueron alejando, dejando solo el sonido de goteos y corrientes de agua asquerosa. Voló rápidamente a través de los túneles.
Boomer
Se detuvo en seco solo un segundo. Giró la vista a su espalda, pero solo encontró tuberías y desagües. Siguió volando rápidamente hasta que los pasos volvieron a escucharse tan altos como cuando entró por aquella coladera, acompañados esta ve de la tonta de voz de Billy.
-Dinero, dinero… -Rio tontamente. –Mucho, mucho dinero… -Boomer por fin logró ver la enorme espalda gorda de Billy.
-¡Hey! ¡Que hay panzón! –Saludó. Gordo Billy se giró al escuchar aquella voz, y furioso le encaró.
-¡Tú, niño tonto, tonto! ¡Traidor! ¡Billy no es panzón!
-¿Sabes algo? ¡No te va tener tanto dinero en tus asquerosas y gordas manos! –Molestó el rubio, lo cual hizo respirar y hiperventilar a Billy como un toro desbocado. –Así que haré esto rápido y te quitaré ese dinero más rápido de lo que te costó robarlo.
-¡Billy no te dejará hacerlo!
El rubio, voló rápidamente hacia él, y le quito la bolsa con dinero y joyas. Billy balbuceó algunas tonterías.
-Te lo dije. Nunca fuiste muy listo, ¿Eh gordo Billy? –El enorme chico se dejó ir sobre él.
Boomer.
Aquella voz tan repentina lo distrajo lo suficiente como para que el gordo verde pudiera tumbarlo con su enorme y grueso cuerpo. Eso fue suficiente para hacerlo despertar. Rápidamente se lo quito de encime, pero Billy era incluso más gordo de lo que recordaba, y el doble de pesado. Le estaba costando demasiado trabajo.
En ese momento como por arte de magia Billy se estrelló en la tubería más cercana. Butch lo ayudó a levantarse.
-¿Se puede saber que mierda hacías, Boomer? –Cuestionó Brick irritado, con el resto de la banda gangrena noqueada, a excepción de As que chillaba y se revolvía entre las sogas a las que estaba fuertemente atado por Butch.
-¡Imbéciles traidores! –Gruñó.
-Yo… ¡El me cayó encima! ¿Has visto lo gordo que se ha puesto?
-¿Pues qué no puedes insertarle un jodido rayo o algo así?-Le gruñó, mirando como Butch con un golpe lo había noqueado.
-¡Pues no lo pensé!
-¿Qué no lo pensaste, idiota? –Boomer se arrepintió de haberlo dicho, había quedado como un idiota.
-¡Suéltenme, imbéciles! –Pero por el momento, para la suerte de Boomer había cosas más importantes en ese momento. Brick se agachó a la altura de As.
-¿Cómo me has llamado?
-¡Me has escuchado, maldito traidor! ¡Son patéticos! –Brick, harto de escucharle desde que lo encontró, terminó por noquearlo también.
-Mis oídos iban a explotar si seguía escuchando su asquerosa voz. –Se quejó. –Larguémonos de aquí rápido. Los tres comenzaron a volar rápidamente, después de que el pelirrojo se comunicara con su contraparte para dar aviso de haber capturado a la banda gangrena, pero cuando estaban a punto salir de las alcantarillas y volver a ver la clara luz del sol…
Boomer
El azul se detuvo rápidamente, esta vez seguro de que aquella voz había sido completamente real. Pero de nuevo, al girarse, no encontró absolutamente nada.
-¡Hey, Boomer, no tenemos todo el día, este tío debe pesar ya una tonelada! ¿Vienes o que, enano?
El chico tardó unos pocos segundos, pero asintió, y salió lo antes posible del lugar, detrás de sus hermanos.
La chica miraba el noticiero de Tokio con odio. No podía creer que la ciudad venerara tanto a ese sexteto de imbéciles. Aunque, odiaba más a las tres heroínas. Era verdad que hacía un par de años, les habían salvado, pero exageraban. ¿Dedicarles un día entero para venerarlos? ¡Pero que porquería!
Ella no lo entendía. No entendía del todo porque les odiaba tanto. Pero así era. Era como el odio que sentía hacia esas estúpidas chicas: Momoko, Miyako y Koaru. Era algo que no entendía pero que ahí estaba. Que siempre había estado ahí, desde el primer día hasta hoy. Y que siempre estaría ahí.
-Estúpidas noticias. –Murmuró, aventando el control remoto hacia el suelo alfombrado.
Todo el día anterior, y el día de hoy, el estúpido día del héroe había estado en cada televisora. Comerciales, noticias… y por lo visto duraría así bastante tiempo para agobiarla. Bufó en su afelpado sillón favorito.
-Yo también lo odio.
La chica, brincó en su lugar dirigiendo la mirada hacia su terraza. Himeko miró con asombro a la persona frente a ella, sin poder evitar sentir miedo de repente.
-Buenos días.
Se levantó de golpe, alejándose del balcón.
-¿Quién eres? ¿Cómo diablos llegaste hasta aquí?
Ella analizó al individuo. Había algo en él, algo que lo hacía parecer familiar. De pronto, no tuvo miedo. El susto de ver a un individuo que se suponía era un desconocido en su ventana, se fue. La curiosidad invadió sus pensamientos y cuando el entró a su habitación, no se opuso. Se limitó a estar alerta. Si hubiera venido para hacerle cualquier daño, ya lo hubiera hecho.
-Vaya. –Dijo, analizando el lugar. –Tú no te mueres de hambre, niña rica. Aunque siempre lo supe.
-No me has respondido. –Cortó, ansiosa. El susodicho la miró interesado y luego, siguió paseándose por el lugar.
-Tú tienes algo que muchas personas matarían por tener, Himeko.
Ella frunció el ceño.
-Si quieres dinero…
-No quiero tu estúpido dinero. Deberías usarlo para conseguir mejor seguridad. Tus estúpidos guardias ni siquiera se percataron de mi presencia. –Ella siguió mirándole.
-Te ordeno que me digas quien eres.
-¿O que harás? –Dijo, sarcástico. -¿Llamarás a tus estúpidos guardias? ¿Los mismos por los que estoy aquí adentro? Eres la típica niña que está acostumbrada a que sigan sus órdenes.
Río. Ella apretó los puños.
-Pero solo porque tienes lo que necesito responderé a tu pregunta. Después te callaras y me escucharas.
-¿Quién dice que quiero escucharte?
-Vaya que quieres hacerlo. –Dijo el, recargándose en un mueble. -¿Ya me has reconocido? ¿O tendré que decirte mi nombre yo mismo.
Himeko se descolocó un poco por el comentario, y se concentró más en el sujeto frente a ella, tratando de recordar donde lo había visto y porque maldita razón, le permitía estar dentro de su habitación.
Le costó un par de minutos recordar de donde había visto ese rostro y donde había escuchado esa voz, pero cuando lo logró, sus ojos no pudieron evitar volver abrirse de par en par.
-Tú… ¿Cómo es que…
-Un gusto volver a verte también.
Hotaru llevaba cerca de diez minutos desparramado en la terraza del laboratorio. Tras haber dejado a la banda gangrena en mano de los oficiales, ellos habían partido directo al laboratorio. Él había estado más callado de lo que normalmente era, y tal vez sus hermanos y las chicas lo habían notado porque no habló en todo el camino, pero no dijeron nada. Tal vez no le daban importancia, lo que él agradecía porque no tenía ánimos de explicar nada. Porque precisamente, ni siquiera tenía idea de que sucedía.
La primera vez que le sucedió, había sido más fácil olvidarlo. Al fin y al cabo, podría ser simplemente su cabeza. Pero… ¿Dos veces?
Estaba tan sumergido en sus pensamientos, recordando y analizando lo que había pasado, que no escuchó cuando Miyako entró a la terraza, ni cuando caminó hacia él. Mucho menos cuando le llamó, lo cual, preocupó a la chica. Se acercó a Hotaru y se puso frente a él.
Él respingó, sorprendido de verla ahí.
-Bien. -Dijo la rubia, mirándole. -¿Qué te pasa?
-¿Cómo?
-Has estado muy serio todo el regreso. ¿Qué pasa? –EL chico permaneció en silencio. –Además. –Volvió a hablar. –Vi lo que sucedió en la mañana. Tus manos lanzaron chispas. Hacía mucho tiempo que no lo hacías.
Hotaru soltó una risa floja.
-Maldición. –Masculló al verse descubierto. Hotaru realmente no quería hablar. No quería preocupar a nadie. Después de todo, se suponía que sus habilidades habían desaparecido cuando Taiga había muerto. Lo que quería decir, que de ser cierto, sus presentimientos no eran realmente presentimientos, sino ideas locas de su cabeza. Y si así era, entonces no había razón alguna para preocupar a todos.
¿Pero y si sí lo eran? ¿Cómo podía él escuchar voces en la cabeza, sin que nadie más lo hiciera?
Miyako, a su lado, suspiró. Parecía que Hotaru no quería hablar, lo que realmente le indicó que, lo que fuera que le preocupara no era nada bueno. Casi nunca se negaba a hablar con ella de lo que fuera, a menos que no supiera como decirlo.
Sería mejor cambiar el tema, ya después intentaría sacarle información.
-Hota…
-Pasa que… -Los dos callaron al mismo tiempo y rieron.
-Lo siento. –Rio la chica. Él negó, cruzándose de brazos. Volvieron a quedar en silencio hasta que Hotaru volvió a hablar.
-Lo que sucede. –Comenzó a hablar. –Es que… no sé lo que sucede.
Miyako parpadeó. –Oh… pues… ¿Qué?
-Eso. –Suspiró. –Mira, yo… no quiero preocuparte, pero…
-¿Preocuparme?
-Sí… yo… -Se talló los ojos, desesperándose. –Miyako, sabes que no es lo mío andarme con rodeos, ¿No?
Miyako sabía a qué se atenía al pedir lo que iba a pedir.
-Solo dilo.
-Hay oscuridad cerca de nosotros. He tenido muchos presentimientos en las últimas semanas. Y la última vez que los tuve fue cuando Taiga estaba vivo y torturándonos. He sentido mucha oscuridad rondándonos últimamente. Mucha. A cada instante y cuando menos me lo espero. Y vaya que sé cuándo hay oscuridad cerca. Yo mismo fui parte de ella.
Muy directo. Pensó la chica. Oscuridad. Taiga. Era la primera vez en mucho tiempo que mencionaba su nombre.
Miyako se arrepintió de haberle pedido que hablara. Un nudo enorme se instaló en el estómago de la rubia. Miró el azul cobalto en los ojos de su acompañante y pudo leerlos como un libro abierto de par en par. Miró hacia el suelo.
-Lo único que no me hace perder la cabeza. –Explicó. –Es que tú no te has sentido de esa manera. Lo cual quiere decir que probablemente estoy muy estresado, o cansado y mi cabeza trabaja sola. Para estar seguros, los dos tenemos que sentir lo mismo, como antes ocurrió.
Los dos se quedaron en silencio unos momentos, cada quien pensando en sus diferentes preocupaciones, que sin saberlo, probablemente eran las mismas. Miyako miró de reojo al rubio que ahora parecía pensativo y retorció las manos sobre su pantalón, indecisa.
Tomó aire unos segundos y se decidió a hablar.
-Hotaru… –Murmuró. –Yo… tengo algo que decirte.
Ni siquiera tenía que preguntar. Ya se lo imaginaba, pero aun así, necesitaba escucharla decirlo, que saliera de sus labios para estar seguro. Aun guardaba una estúpida esperanza de que todo fueran simples ideas locas.
-¿Qué es?
Miyako comenzó a hacer ese movimiento de pies que hacía cuando estaba nerviosa, que puso los pelos de punta al muchacho.
-Yo… -Ella tragó saliva. A diferencia de él, Miyako no era buena siendo directa con las personas.
-¿Qué sucede?
Miyako tomó aire.
-Yo también lo he sentido. No tantas veces, y no tan intensamente… pero… lo he sentido. –Dijo. –Me he sentido muy…
-… ¿Vulnerable? –Los dos leyeron la mirada del otro y obtuvieron las respuestas que buscaban en silencio. Bajaron la mirada, mirándose las manos, con gesto perdido.
Hotaru se llevó las manos a la cabeza. Había tenido la mísera esperanza de que estuviera equivocado. Pero que Miyako se sintiera de la misma manera solo era una confirmación de lo que el también sentía. Y lo que sentía era oscuridad. No entendía porque él tenía más facilidad para detectarla que ella, pero así era. Él sentía algo muy, muy grande avecinarse hacia ellos.
Sus manos hicieron corto circuito. Casi al instante, sintió la suave mano de Miyako en su espalda.
-Oye… tranquilo. Ya sé que para ti es más difícil que para mí lidiar con esto, y que te afecta más. –Comenzó dulcemente. -Pero estuve pensando. Escucha: Makoto y Momoko tienen estas visiones. Y ellos… simplemente parecen no notar nada, ¿No es así?
-¿Qué quieres decir?
-No quiero asegurar nada. –Dijo. –Pero no hay que adelantarnos. Tal vez es solo nuestra mente jugándonos malas pasadas. Últimamente hemos estado entrenando demasiado. Y desde la última batalla, ante cualquier mínima cosa que nos parezca fuera de lo común, comenzamos a desconfiar de todo y todos. Quedamos bastante afectados a causa de… ya-sabes-quién. Lo que quiero decir es…
-¿Se nos sobre calentó el cerebro e hizo corto circuito? –Miyako le miró desconcertada, pensando que estaba jugando con el tema, pero al ver su cara inocente, rio ante aquella analogía, ¿Qué acaso aquel chico solo podía pensar en electricidad?
-Sí. Digo que nuestro cerebro pudo haberse sobrecalentado. –Asintió. –Pero tampoco quiero adelantarme al pensar eso…
-Sin embargo es una buena teoría. –Dijo el rubio.
-Ajá. –Asintió ella. – Y… no me gusta ocultar cosas, pero… creo que por el momento no hay que alarmar a los demás. Por lo menos hasta estar seguros.
-Sabes que no soy bueno mintiendo. Si Brick me descubre o sospecha algo…
-Lo sé. Yo tampoco soy buena haciéndolo. Pero si lo vemos bien… realmente no es mentir, ¿O sí?
Hotaru alzó una ceja.
-Vaya, vaya… la inocente Miyako incitándome a mentir.
-No seas idiota. –Rio. –Solo digo que…
-Estoy de acuerdo. –Aceptó él –. No hay que enloquecer o nuestro cerebro hará corto circuito y explotará.
-¡Y no queremos explotar! –Secundó ella, haciendo reír al muchacho. Y él se sintió agradecido de no ser el único que cargaba con eso. Sintió unas enormes ganas de tomar a la rubia entre sus brazos y abrazarla hasta que los brazos se le cayeran del cansancio, pero se contuvo.
-¿Cómo lo haces? –Cuestionó.
-¿Qué?
-Tranquilizar a las personas. –Ella se ruborizó.
-Oh, pues… no lo sé.
La puerta se abrió abruptamente, mostrando a Kaoru sonriente, que les levanto una ceja al mirarlos tan sospechosamente cerca y hablando en susurros.
-¿Interrumpo al importante? –Miyako desvió la mirada y el rubio carraspeó.
-Claro que no, no seas molesta. –Le dijo. –Solo hablábamos.
-Sí, eso lo note rápidamente. –Hotaru le reprochó con la mirada, y la morena se limitó a reír.
-El profesor quiere mostrarnos algo.
Makoto miró embelesado aquella cosa. Era lo mejor que el profesor había hecho para ellos.
Hacía unos minutos, tras haber llegado con ellos Hotaru y Miyako el profesor los hizo bajar hasta el laboratorio subterráneo que tenía en caso de alguna emergencia. Desde la batalla de dos años atrás, cuando Taiga había atacado el laboratorio y había destruido gran parte de él, el profesor había construido un laboratorio subterráneo, que hasta ese momento ellos creían que no utilizaba para nada.
Pero ahora se daban cuenta en que había estado trabajando tan duramente los últimos dos años ahí abajo.
Había una enorme cabina donde estaba solamente Peach, ya que Kuriko estaba en el laboratorio, y Ken era el encargado de mantenerla distraída de todo ese tipo de cosas. Y diez metros delante de la cabina, había un enorme vidrio, con una puerta, igualmente, de cristal. Detrás de aquel enorme vidrio que dividía la habitación en dos, no había absolutamente nada, más que varios metros de espacio vacío.
Al principio, él no había entendido que era lo fantástico de aquello. Luego el profesor comenzó a hablar.
-Chicos, en esto hemos estado trabajando los últimos dos años. Es nuestro más grande invento.
-Woa. Una barrera de cristal. –Murmuró Koiji. Pero el profesor rio.
-Oh, es más que eso. –Explicó. –Ese enorme cristal es completa y totalmente irrompible. Ni siquiera tú, Koiji, podrías destruirlo transformado en Butch. ¿Y porque? Bueno, él área detrás del vidrio indestructible, es un campo de entrenamiento, pero, no cualquier campo de entrenamiento.
Al ver los rostros confundidos de los seis chicos, les hizo una señal con la mano.
-Vengan conmigo. –Todos se dirigieron a la cabina, donde había un millón de botones y luces brillando. –Esto que ven aquí, es el controlador del campo de entrenamiento. Les mostraré. Supongamos que un día quieren entrenar arduamente, pero, han destruido completamente mi pobre jardín.
Unas cuantas risas nerviosas y otras más divertidas se escucharon.
-Bueno, solo tendrán que venir aquí, y buscar este pequeño tablero. –Dijo, indicando un tablero con números. Oprimiremos el número 1. El nivel número uno de entrenamiento. Una vez que hayan indicado el nivel de entrenamiento, oprimirán, este botón rojo, justo al lado.
Y en cuanto lo hizo, los chicos miraron al frente, en el dichoso campo de entrenamiento. En donde solo habían estado tres paredes, un vidrio cristalino, y un pulcro suelo, comenzó a aparecer un escenario completamente distinto. Un campo de batalla.
-Todo, es completamente falso. Irreal. Pero al mismo tiempo es vívido. Todo lo que está ahí dentro puede dañarlos y ustedes pueden dañar todo. El campo de entrenamiento solo se detendrá cuando ustedes superen el nivel, o, estén a punto morir, ya que esto no puede matarlos. Está diseñado para no ser mortal, solo para entrenarlos a un nivel mayor. Y que no destruya mis plantas.
El profesor volvió a oprimir el botón rojo y el área volvió a ser la misma de antes.
-Como ven, también desde aquí pueden interrumpir la sesión, pero tiene que haber alguien en la cabina para ello. Así que si deciden entrenar por su cuenta sin mi supervisión o la de Ken, tendrán que terminar el nivel. O estar al borde de la muerte.
Koiji pegó un grito de euforia.
-¡Que pasada! –Dijo, alucinado. -¡Es mejor que cualquier Robo-Mojo!
-¡Yo quiero usarlo, quiero usarlo, quiero usarlo!
-¡Cállense! ¡El primero en usarlo, seré yo! ¡Soy el líder!
-¿Y eso que? ¡Yo soy el más fuerte de todos aquí! ¡Tengo derechos!
-¡Oye, yo soy el más rápido! ¡Eso me da ventaja a mí! ¡Además, ya me toca usar algo primero, siempre son ustedes!
-¡Cállate, enano!
-¡Wow, wow, wow! ¡Alto ahí! ¿Qué hay de nosotras? ¡Llegamos primero al laboratorio! –Berreó la pelinegra.
-Esa excusa ya esta pasada de moda, chicas. –Simplificó Makoto. -¡Los RowdyRuff Boys serán los primeros! –Los dos restantes del equipo vitorearon y corearon infantilmente al líder.
-¡En sus sueños! ¡Profesor, dígales, dígales quienes serán LAS primeras es usar el campo de entrenamiento! ¡Dígales! –Chilló Miyako.
-¡Silencio! –El grito de Peach los cayó a todos. –Ustedes hacen que mis circuitos quieran derretirse, wan. Que fastidiosos, wan.
-¡Oye! –Chilló ofendida Kaoru.
Hotaru asintió solemne. –Entiendo lo de los circuitos.
-Bueno, chicos, por el momento aún le faltan muy pocos detalles, probablemente esté completamente listo el día de mañana. Solo quería que ya estuvieran al tanto. Así que por hoy será mejor subir. La cena ya está lista. –Los tres Rowdys soltaron insultos e improperios al aire pero aceptaron. Además, el estómago comenzaba a reclamar alimento.
Sin embargo gran parte de la cena, la única charla fue el esplendoroso nuevo invento de profesor, el cual no podían nombrar ya que Kuriko saltaba con preguntas que comprometían gravemente su identidad.
La chica era muy inteligente.
Cuando hubieron terminado de comer todos comenzaron a marcharse a donde más les convenía. Los tres Him eructaron asquerosamente, mientras los dos mayores caminaban hacia el televisor, susurrando sobre quién sería el primero en usar el nuevo invento.
-¡Qué asco! –Chilló Momoko. -¡No eructen frente a mi hermana! ¿Quieren? Iug, son repugnantes. –Se quejó mientras, con Miyako ayudaba a levantar los platos y se alejaban.
-Ken, ¿De qué invento hablan? ¿Puedo ir con ellos? –Cuestionó esperanzada de al fin poder sentirse parte de ellos.
-No lo creo, Kuriko. Ya sabes ellos son mayores y todo eso.
-Oh… bueno. –Musitó. –Entonces, ¿Qué haremos ahora?
El chico tosió.
-¿Haremos? –Cuestionó. –Yo iré a trabajar. Así que, adiós.
-Ya sabes que igual iré contigo, ¿No? –Dijo la chica mientras seguía al perro parlante y al adolescente detrás. -¿Algún día me explicarás como es que hicieron para que Peach cobrera vida?
Los dos niños se alejaron, dejando completamente solos al profesor y a Hotaru en el comedor. El chico, que después de haber hablado con Miyako, ver su nuevo juguete y ahora cenado tranquilamente, sentía mucho menos peso encima de él.
-¿Qué hay, profesor? -Cuestionó, aun sentado, pues se sentía incapaz de levantarse tras haber cenado tanto.
El hombre, como si necesitara que le dieran más cuerda, comenzó a hablar rápidamente, lo que sorprendió al joven, ya que siendo un científico tan aclamado y reconocido, y habiendo visto ya tantas cosas, era difícil impresionar a Utonium. Pero esto parecía haber llamado bastante su atención, pues sus ojos se encendieron rápidamente.
-He encontrado un nuevo punto de investigación, donde hay mucha actividad anormal, que no me había percatado que existía.
Un hormigueo, como mil voltios, subió por la espina dorsal del chico al escuchar aquello.
-¿Anormal? ¿Cómo… anormal?
-Sí. Un tipo de radiación, o actividad… o aun no lo sé bien. Pero tengo el presentimiento de que esto provoca todos los extraños sucesos que han ocurrido en ese lugar. Si logro encontrar una respuesta sería uno de los descubrimientos más importantes de la historia.
-¿Y… Cuál es ese misterioso lugar del que habla? –Utonium rio.
-Oh, no es para nada nuevo, de hecho es uno de los lugares más conocidos del planeta. El Triángulo de las Bermudas.
-¿El… El triángulo de las bermudas? –Cuestionó. –Quiere decir… ¿Ese lugar donde han ocurrido tantas anomalías y tragedias?
-¡Así es! –Exclamó. –Y creo que he encontrado el porqué de esas anomalías.
Por alguna razón, Hotaru no estaba tan interesado en saber las causas de esas anomalías. El hormigueo volvió a brotarle por la espalda, más intensamente, una pequeña descarga eléctrica. De repente, la poca paz que había obtenido comenzó a disiparse.
-Muchas personas piensan que es un lugar muy siniestro y oscuro. Pero realmente todo debe de tener una razón científica de ser. Si logró descifrar que es, no tienes idea del gran avance que representaría para la sociedad. Sobre todo, porque hay distintos lugares en el planeta que presentan las mismas características. ¡Podríamos encontrar una solución a ello!
De todo lo que dijo una pequeña oración quedó grabada como un tatuaje en la conciencia del chico.
Un lugar muy siniestro y oscuro.
-Estás exagerando. –Se dijo así mismo. –Estás a la defensiva de todo. Es solo tu imaginación.
-Hotaru, ¿Me escuchas?
-Yo… sí, claro. Es fantástico, profesor. Me alegro por usted. –Murmuró. Y mientras el profesor seguía parloteando sobre todo lo que podría impactar en la sociedad aquel nuevo descubrimiento, Miyako y Momoko llegaron de la cocina.
-¿Hotaru, estás bien? ¿Te hizo mal la cena? Hace un minuto estabas…
-Sí, si... Solo hablaba con el profesor de su nuevo descubrimiento. –Sonrió forzadamente.
-¿Te ha contado, ya? ¡Es genial, ¿no?! –Chilló Momoko.
El asintió despacio, mirando como el hombre y la joven le explicaban exageradamente a Miyako todos los detalles que podían de las teorías del profesor.
Solo es tu imaginación.
Solo eso.
Hola!
¿Que tal están? Espero que bien :)
Bueno, como verán, hoy no hubo ningún recuerdo, ya que el capi quedo un poco excesivamente largo n.ñ hehe. Espero no les haya dado pereza leerlo. Pero bueno, ya vamos entrando más en la historia. Por otro lado, parece que Kaoru comienza a sentir cosas extrañas. Bueno, ella también es una chica, ruda y temible, pero una chica al fin y al cabo, y siente como una. Tal vez esas cosas le afectan mucho menos, pero poco a poco se ira dando, y ya veremos como responde ella ante esas cosas extrañas que siente xD jaja
En fin, Himeko recibió una visita de alguien... tal vez algunos ya saben quien es, o tal vez no. Tal vez su suposición esté bien o tal vez no xD Como, sea, más adelante sabremos quien es. Así como esa voz que escucha Boomer.
En fin, cualquier sugerencia, duda o simple comentario es bienvenido.
Espero les haya gustado :)
¡Besos embarrados de nutella para todos!
Miss Nutella.
P.D. ¡Mil gracias por los reviews pasados!
