Si Lord Voldemort logró llegar al poder en el principio fue por su capacidad de darles libertad a sus pequeñas mascotas encerradas en jaula de oro: les colocaba una cadena alrededor del cuello que se alargaba tanto como sus mascotas quisieran y les decía que, si volvían, todo estaría bien; cuando no volvían, el Lord agarraba la cadena y los atraía nuevamente, aunque sólo fuera para matarlos. Sus mascotas debían de saber quién mandaba.

Voldemort mandaba. Voldemort tenía sus insignificantes vidas en sus manos. Si sus seguidores no lo entendían desde el principio, no eran merecedores de ser sus servidores, y tenían dos opciones: estar de su lado (o ser neutrales), o morir. Muchas de sus mascotas decidieron ser inteligentes y quedarse de su lado, terminando siendo fieles a él, casi sin quererlo. Los demás, a Voldemort no le interesa.

Acariciando suavemente la cabeza de Nagini, Voldemort miró por la ventana hacia el oscuro jardín delantero de Mansión Riddle. El cielo era oscuro, sin estrellas y sólo con la Luna llena resaltando en él. Últimamente, desde que algunos imbéciles decidieron atacar a Harry mientras éste estaba en Hogsmeade con sus amigos, los días eran peligrosos.

Nadie toca lo que es del Lord de Gran Bretaña y sale ileso.

Los ojos rojos de Voldemort miraban fijamente hacia el jardín, en el lugar de aparición que a su chico le encantaba, por motivos que a él no le interesaban, esperando algún movimiento, aunque nada sucedía.

Desde hace diez minutos.

Voldemort no necesitaba ver la hora para saber que eran las diez y cuarenta y tres de la noche. No necesitaba urgar mucho en su mente para saber que su chico tendría que estar en casa desde las diez y media. No necesitaba aparecer para saber que la aparición duraba al menos siete segundos desde Hogwarts hasta aquí. Por lo mismo, había dos opciones: su chico estaba llegando tarde (cosa que sólo una vez hizo, y avisándole antes), o le había sucedido algo.

No, pensó apretando un poco los dientes, lo sentiría si estuviera en problemas.

Entonces, si su chico no había sido atacado, estaba llegando tarde. No era un problema, en realidad, ya que el Lord tenía a gente que lo protegía cuando no estaba en Mansión Riddle, pero no le gustaba estarse... molestando porque a su chico se le dió por quedarse hablando con sus amigos o la mierda que sea, sin avisarle. Aunque tenía a sus mejores mortífagos de bajo nivel protegiendo a su chico, y a su propia mano derecha (y padre del chico) vigilándolo, no confiaba en que en algún momento los asesinaran y trataran de llevarse al chico.

Tener un alma gemela era un dolor en el trasero.

Parpadeó y vio el reflejo de sus ojos rojos en el vidrio de la ventana. Frunció el ceño y bajó la vista hacia Nagini, enrollada alrededor de su cuello y apoyando su cabeza sobre su hombro izquierdo. Estaba dormida.

Diez y cuarenta y cinco.

Dio la espalda al gran ventanal y se dirigió a su silla en la oficina. Podría estar en la sala de estar de la Mansión, sentando relajadamente en su sillón favorito con Nagini disfrutando del fuego de la chimenea y su chico contándole (como si le importara) lo que sucedió en el día o simplemente leyendo un libro o completando sus deberes mientras él bebía una copa de algún buen y estúpidamente caro vino tinto.

Pero no era lo mismo sin su chico también allí. Era hasta molesto.

Apoyó su cabeza levemente contra el respaldo de la silla y pasó su mano derecha por su cabello corto peinándolo hacia un costado levemente. A su chico le encantaba tocarle el cabello, y era un placer culposo que tenía el Lord, en especial cuando estaban en la cama: era algo increíblemente relajante. Frunció el ceño nuevamente y apretó el puente de su nariz con la mano izquierda, su mano derecha cayó sin fuerza sobre su pierna.

¿Por qué todo tenía que girar alrededor de su chico?

Diez y cuarenta y nueve.

Las salas se agitaron medio segundo antes de que Voldemort supiera que alguien había aparecido en el terreno protegido, y su mente no tardó nada en reconocer la presencia de su chico. Sintió la misma necesidad de ir hacia él y abrazarlo y besarlo y amarlo, como cada maldita vez que se alejaban por más de medio día. Miró hacia la puerta de su oficina a unos metros frente a él, y colocó ambas manos unidas bajo su barbilla.

Diez y cincuenta y cinco, y su chico golpeaba con suavidad la puerta de su oficina, antes de pasar sin recibir la respuesta. Voldemort tragó saliva cuando la sintió acumularse en su boca con rapidez. Su chico cerró la puerta detrás de él y le sonrió mientras se apoyaba en ella. Llevaba una camiseta roja un poco suelta y pantalones negros, y se veía tan normal como siempre. Sus ojos brillaban bajo los lentes y tenía las mejillas levemente sonrojadas.

Su chico era precioso. Lo suficientemente como para hacerle olvidar que llegaba casi veinte minutos tarde.

—Hola— Harry habló bajo, alejándose de la puerta y acercándose a él a paso lento. Voldemort echó su silla hacia atrás y dejó sus manos en los reposabrazos de la misma, su cabeza inclinada levemente hacia a un costado mientras veía a su chico acercándose. Harry se detuvo frente a él y le pasó una mano por el cabello, tal como lo hizo el Lord mismo minutos antes—. Estás despeinado.

Mocoso insolente.

El Lord acercó por la cintura a su chico y lo terminó sentando sobre él, las rodillas de su chico a cada lado de su cintura. Harry se acomodó un poco sobre él y Voldemort no despegó la vista de su rostro, ignorando la fricción que hacía contra su entrepierna. Harry lo miró a los ojos un momento, y no tardó mucho en besarlo. Mientras él apretaba sus manos alrededor de su cintura, su chico pasó sus manos por su cuello y se detuvo cuando su mano derecha quedó en su nuca y la izquierda jugando con su cabello. El beso era profundo y el Lord quería realmente tirar a su chico sobre el escritorio y follárselo con fuerza.

En especial con los suspiros de placer que su chico soltaba en su boca y el leve pero necesitado movimiento de caderas que estaba haciendo contra él.

Se separó al primer gemido de su chico y lo separó levemente, admirando sus mejillas sonrojadas y el leve puchero en sus labios. Voldemort quería morderlo.

—Por favor— le suplicó su chico en voz baja, pero él negó con la cabeza. Harry apoyó su frente en el hombro del Lord y suspiró. Voldemort sonrió levemente, ignorando que él estaba casi tan duro como su chico.

Pasó sus brazos por su espalda y besó con suavidad su frente, disfrutando del olor suave natural de su chico. Cerró los ojos, disfrutando del momento.

—Te extrañé.

El Lord en su maldita vida admitirá que él dijo eso en voz alta, casi sin pensarlo, aunque volvería hacer si es capaz de ver esa sonrisa en su chico nuevamente.