Disclaimer: The PowerPuff Gils Z no me pertenecen.
Demashitaa: Kasai.
Notas y… ¿Sueños?
Momoko se sentía mal por el profesor. Él decía que no le importaba tanto, pero al ver su cara de horror al ver el enorme campo verde del laboratorio completamente destruido por sus arduos entrenamientos, supo que tenían que encontrar un nuevo lugar para entrenar.
Desde que los RowdyRuff Boys Z se habían unido a ellas sus entrenamientos se habían vuelto muy difíciles y las consecuencias las sufría el campo del profesor.
Makoto, a su lado, al igual que sus dos hermanos, resopló.
-Él dijo que no le importaba. Si el científico dice que está bien, está bien.
Momoko quiso golpear su cara.
-¡Si dice eso es porque es demasiado bueno y no quiere ser grosero con nosotros! ¡Y no le llames científico tan despectivamente!
-Cálmate, Momoko. –Dijo el rubio. –El profesor parecía tranquilo.
-¿Tranquilo? ¡Estaba a punto de darle un ataque de nervios!
-No exageres, loca. –Dijo Koiji, con los pies arriba de la mesa. –El hombre apenas y vio el desastre que causamos.
-Exacto. –Secundó Makoto. –Así que deja de hablar tanto.
Ella se cruzó de brazos.
-Pues digan lo que digan, pero buscaremos otro lugar para entrenar. De hecho, Bubbles y Buttercup han salido al bosque de Tokio.
Brick se levantó gruñendo.
-¡Pero he dicho que no!
-¡Yo he dicho que sí!
-¡Tu opinión no importa!
-¡Si yo soy la líder!
-YO soy EL líder.
-¡Yo soy!
-¡Yo soy!
-¡Cierra la boca, Him!
Hotaru estuvo a punto de transformarse y salir volando por la ventana, cuando las dos restantes del recién formado equipo llegaron volando sonrientes, interrumpiendo la pelea de los rojos y obteniendo todas las miradas.
-Deben de venir a ver este lugar.
Y tras gruñidos por parte de los tres chicos y gritos de la pelinegra y Momoko. Se apresuraron a llegar al lugar y tan pronto como llegaron se dieron cuenta.
Ese lugar era mucho mejor que el campo del laboratorio. Había un amplio espacio rodeado de árboles donde podían entrenar y estaba lo suficientemente lejos de la ciudad para no causar disturbios. El ambiente era lo suficientemente tranquilo para concentrarse en lo que tenían que hacer. No había distracciones cercanas o algo por el estilo estaba completamente aislado, pero suficientemente cerca para darse cuenta si algo extraño o peligroso sucedía en la ciudad.
-¡Chicas, este lugar es genial! –Chilló Blossom, emocionada.
Los tres Rowdys se mantuvieron en silencio. Brick bajo al suelo y examinó el lugar. Era muy parecido al lugar donde solían entrenar en el edificio, cuando vivían con Taiga y los demás villanos de Tokio. Un espacio en el bosque bastante amplio. Debía admitir que era un mejor lugar que el estúpido y pequeño bosquesillo del laboratorio. Pero admitirlo sería aceptar que había perdido ante Blossom.
Gruñó para sus adentros. Sus hermanos parecían igual de reacios que él a aceptar el lugar, mientras, las tres chicas parloteaban todas esas estupideces de las que hablan las chicas cuando se emocionan. De pronto Blossom le señaló.
-Te lo he dicho. Es mejor, más amplio y alejado de todos. Y el profesor tendrá su laboratorio intacto.
Los tres varones se cruzaron de brazos, pero al final, Boomer se encogió de hombros.
-Vale, supongo que… podemos cambiar de lugar, ¿No?
Las tres chicas chillaron con triunfo, y Brick rodó los ojos, intentando ocultar su sonrisa.
Al parecer estaba decidido, tenían un nuevo campo de entrenamiento.
Cuando los tres Him se levantaron para un nuevo día de escuela, se dieron cuenta de que su refrigerador estaba completamente vacío. Comer casi todo el tiempo con el profesor les había olvidarse que tenían una casa propia y un refrigerador que llenar con sus propios alimentos. Pero, como de costumbre, al verse faltos de alimentos, y con hambre, se apresuraron a bajar –haciendo bastante ruido cabe destacar. – cruzar la calle, y llegar al laboratorio.
-¡Profesor! ¡Tenemos hambre! –Llegó hablando el pelinegro, sentándose en el comedor que había instalado el profesor en la cocina del laboratorio, donde Ken ya estaba sentado ahí, hablando sobre sabrá que cosas con Peach, quien al verlos, les sonrió.
-¡Hola, chicos! –Saludó alegre. -¿Se han olvidado de hacer compras de nuevo?
-¿Hacer compras? Ken, nosotros no hacemos compras. El profesor hace las compras y nosotros le quitamos de su comida. –Le recordó Makoto, tomando su asiento en el lugar.
El adolescente rio resignado, ese trío eran todo un caso. En pocos minutos el adulto apareció en bata, listo para servir el desayuno. Hotaru, que al parecer era el único con algo de sentido común y vergüenza en su persona, le miró con algo de pena al hombre.
-Gracias profesor… -Musitó, mirando como sus hermanos engullían sus hot cakes. El hombre despreocupó.
-Es un placer chicos. –Una vez más cómodo, el chico realizó las mismas acciones que sus hermanos, llenando su boca del apetitoso desayuno. El hombre es miró gustoso pero a los pocos minutos frunció el ceño. –Chicos, es un placer, pero… ¿No creen que es algo tarde para estar desayunando apenas? La escuela…
-Nofsotros nunca llegamof tarde. –Dijo Makoto, intentando tragar un trozo de hot cake. –Los demás siempre llegan antes.
-¡No lo pudfe haber disho mejor! –Dijo, masticando el rubio.
-Siendo, así… -Dijo, no muy convencido. –Subiré a cambiarme. Hoy hay mucho trabajo que hacer.
Koiji le gritó algún "suerte profesor" y se dedicó a asaltar la nevera, encontrando un helado de vainilla y chispas de chocolate.
-¡Miren lo que me he encontrado! ¡Perfecto para este calor! –Los otros dos hermanos levantaron la mirada.
-¡Trae eso acá! ¡Y yo primero! –Ordeno el mayor, ya buscando una cuchara. El niño, que había estado terminando con lo último de su desayuno, les miro nervioso.
-Esperen, esperen, guarden un poco de eso. –Se apresuró el chico. –Es el favorito de Kuriko.
Los otros tres, que habían estado muy ocupados metiendo y sacando cucharas del bote de helado de chispas de chocolate, le miraron con picardía y bastante burla en su mirada. El chico se dio cuenta del enorme error que había cometido.
-Así que… -Comenzó Makoto, poniendo un brazo sobre el cuello del niño. –No quieres que nos acabemos el helado de tu… ¿Amiga?
Koiji y Hotaru rieron, acercándose. Ken comenzó a ponerse rojo.
-Yo… ¡No sean idiotas! ¡So… Solo lo decía porque ya saben cómo se pone cuando le quitan sus cosas! ¡En especial los dulces!
-Y que amable de tu parte cuidar su helado, Ken. –Dijo, Hotaru, levantando las cejas con suspicacia.
-Todo un caballero cuidando a su chica, eh. –Rió Koiji. –Muy bien, tú sigue mis pasos.
El niño encontró una salida.
-¿Tus pasos? Pero si Kuriko no es mi contraparte. De hecho ella no tiene superpoderes. –El moreno tardó un segundo en procesar aquella información y acto seguido abrió la boca sorprendido de la contestación que no esperaba, mucho menos de Ken.
Sus hermanos se retorcían de risa en el suelo. Ken comenzó a reír también.
-¡Ustedes, par de idiotas! –Gruñó. -¡Saben perfectamente que no es verdad! ¡Y además! –Les dijo, apuntándolos, mientras ellos reían, tomándose el estómago. -¡En ese caso, ustedes están el doble de jodidos que yo! ¡En especial tú, rubio oxigenado! ¡Todo el mundo sabe que estas como idiota por Miyako! ¡Y tú no te quedas atrás, Makoto!
Hotaru paro de reír rápidamente, atragantándose con su saliva y balbuceando cosas sin sentido. Makoto le miró con el ceño fruncido. El que reía ahora, era Ken.
-Vuelves a decir eso, y no la cuentas, Koiji. –Gruñó el pelirrojo. Y el pelinegro sabía que no era una amenaza, era una advertencia, pero no le importo, ahora los cuatro ahí estaban en las mismas. Ken, al parecer ya había tenido su venganza y ellos ya no querían seguir ahí por el momento.
-Como sea. –Dijo el pelirrojo. –Claramente todo es mentira. Así que larguémonos de aquí. Ya es tarde.
-Creí que los demás llegaban antes. –Musito Kitazawa con gracia, pero ante la mirada matadora de los tres hermanos cayó abruptamente. –Va-vale… buen día chicos.
Los tres se apresuraron a transformarse y volar a la escuela, era demasiado tarde, y volando podrían llegar a tiempo, así que no perdieron el tiempo. Además aquello les relajó y les hizo olvidarse de lo sucedido minutos atrás, concentrándose esta vez solamente en Ken.
Llegaron a la escuela en menos de dos minutos, y a los pocos segundos, ya estaban caminando por los pasillos para tomar de sus respectivos casilleros sus libros.
-Podríamos prepararles una cena romántica haber que hace Ken. Miyako nos ayudaría seguramente. ¡Seguro Ken se va a desmayar! –Se carcajeó Koiji.
-¡O podemos encerrarlos en el cuarto de Ken! –Secundó el rubio divertido. Normalmente era el al que molestaban con ese tipo de comentarios estúpidos, así que no ser el centro de ataque esta vez le parecía de maravilla.
Makoto rodó los ojos divertido para dirigirse a su respectivo casillero. Pero la diversión desapareció de su semblante tan solo abrirlo, encontrándose con una nota bastante extraña. Era un papel blanco lo suficientemente grande para que lo viera. Al principio pensó que era de alguna chica que como comúnmente sucedía le dejaba alguna nota de amor prohibido o cosas así. Estuvo a punto de tirarlo, y en el último segundo decidió abrirlo.
Pero la nota no era para nada una loca y apasionada confesión de amor. Eran cuatro simples palabras que le instalaron un presentimiento nada bueno.
Los estoy vigilando, Brick.
¿Qué hacía esa nota ahí? ¿Acaso era una estúpida broma? No podía ser, simplemente, porque nadie en esa institución sabia su identidad. ¿O sí?... No, era estúpido nadie lo sabía, así que no podía ser una broma.
-¡Oye, imbécil, ¿Qué miras?!
La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos. Y al ver la cara de imbécil de Koiji detrás de él y a Hotaru aun muriendo de risa, se dio cuenta de la verdad. Menudos idiotas. Arrugó el papel y lo metió en su mochila.
-Su estúpida broma. –Les dijo. –Casi cuela. ¿Ya están grandecitos para esas idioteces, no? Notitas…. –Murmuró.
Los dos chicos restantes rieron de nuevo.
-¿Qué les pasa idiotas?
-Qué te pasa a ti, dirás. –Se carcajeó el moreno.
-No tenemos idea de ninguna notita. –Dijo el rubio. –Para eso tienes a esas locas que andan detrás de ti todo el día.
El pelirrojo decidió ignorarlos, era claro que habían sido ellos, ¿Quién más podría ser? Tal vez Kaoru, pero hasta para eso la chica tenía mejores ideas que los retrasados de sus hermanos. Definitivamente, cosa de ese par, que seguía riendo detrás de él.
Miyako llegó corriendo al enorme árbol sonriente, cosa que les hizo pensar a los demás que traía una idea muy descabellada dentro de su cabeza o una noticia que no les agradaría.
-¡Tengo buenas noticias! –Chilló, sentándose rápidamente.
-Pues la última vez no fueron muy buenas… -Murmuró Kaoru, pero Miyako siguió hablando.
-¡Hoy podremos empezar a planear todos los detalles del baile de primavera! ¿NO es genial?
-¡No! –Gruñeron todos, a excepción de Momoko que le brillaron los ojos.
-¿De verdad?
-¡Sí! ¡Nos veremos hoy después de nuestras actividades en el salón de eventos de la escuela para empezar!
Hotaru suspiró pesadamente, lo que captó la atención de todos. Miyako le miró.
-¿Qué? –Cuestionó. Él desvió solo un segundo la mirada.
-¡Miyako, no es buena idea! ¡Terminaremos explotando el lugar antes del baile! –Todos esperaron la reacción de la chica. Ya cada uno por separado había intentado convencer a Gotokuji de desistir de aquella idea y no lo habían logrado. La más efectiva carta sería Hotaru. Si él no podía convencerla, estaban jodidos. –Deja esa loca idea, por favor. Además, ni siquiera tenemos tiempo. ¡Y lo sabes perfectamente!
-Hotaru tiene razón… -Dijo esta vez Misaki. –Creo que deberíamos ceder nuestro lugar alguien más, ¿No?
Ella frunció el ceño.
-Pues no. Y no. –Negó. Hotaru suspiró, podía ser más terca que Kaoru cuando quería. –Y no me importa si tengo que arrastrarlos desde la cancha de baloncesto hasta el salón de eventos, ¿Me escuchan? ¡Todos iremos!
-Miyako, que pasa si hay alguna emergencia. –Dijo recalcando la última palabra, que claramente era una indirecta para que todos a esceptción de Misaki entendieran. – ¡Las emergencias pasan todo el tiempo!
-¡Así es! ¡Todos aquí somos deportistas, y Momoko es animadora, si alguien se lastima no podrá seguir! –Intentó hacerle ver, pero Hotaru, tras su mirada le recalcaba que sus emergencias solían ser peores que eso.
-Pues no me importa.-Dijo la rubia de igual manera. Ya veremos que hacemos para resolver esas e-mer-gen-cias. –Recalcó. –Siempre estamos ocupados haciendo un montón de cosas. ¡Tenemos que disfrutar por lo menos los últimos meses!
-¿Llamas a eso disfrutar? –Le cuestionó ofendido el pelirrojo. –Miyako alguien tiene que enseñarte el significado de esa palabra.
Miyako, al parecer ya bastante ofendida, se levantó.
-No me interesa. –Dijo tercamente. –Todos irán, no quiero que ni uno solo falte. Yo me voy de aquí, tengo otros asuntos que arreglar. –Dijo. -¡No falten!
Y se alejó con paso decidido.
El encapuchado observaba de la lejanía la ciudad de Tokio. Precisamente, en ese momento se encontraba en el monte Fuji, lugar donde se estaba refugiando temporalmente, mientras preparaba los iniciativos para su plan de venganza. Ya hora que la primera fase estaba completada, pronto podría regresar a su guarida, lejos de Tokio.
Pero mientras eso sucedía se quedaría unos días más, refugiándose unos cuantos días más en el monte Fuji, hasta que recibiera las primeras noticias de que todo iba resultando perfectamente. Solo entonces podría irse en paz.
-Y cuando regrese… será el inicio del fin de esos imbéciles.
El entrenamiento era un suplicio en ese momento. El calor era terrible. Koiji no recordaba una primavera tan malditamente caliente como esa en Tokio. Y el maldito entrenador. Les estaba haciendo trotar 50 vueltas a la enorme cancha de soccer. Al equipo femenil le había reducido el número a 30, como si ellas tuvieran más privilegios.
Y como de costumbre la única que seguía en la cancha corriendo junto a ellos era Kaoru. Esa loca chica estaba corriendo 50 vueltas en el endiablado calor cuando pudo haber hecho treinta, pero en parte su orgullo y en parte su tenacidad, le impidieron irse a descansar como las demás chicas.
Hubiera reído congracia si no hubiera sido porque sus pulmones apenas y tenían aire para mantenerlo vivo.
Cuando el silbato sonó por la cancha, todos se tiraron al suelo, exhaustos. El ni siquiera tenía ánimos de levantarse e ir por su botella de agua. Vale, era verdad que sus entrenamientos como RowdyRuff Boy Z eran muchísimo más descomunales que eso, pero en ese momento era un simple humano bajo el maldito calor del sol.
Se dejó caer al césped, con el sol dándole en el rostro. Lejanamente, escucho al entrenador alagar a la pelinegra por haberse quedado a entrenar con los chicos. Ella reía y le agradecía con amabilidad. Rio sarcástico, al parecer esa tonta también tenía algún buen sentimiento escondido por ahí, no solamente una cabeza terca y malhumorada.
De pronto su semblante cambió, al escuchar la voz de él. Ese chico nuevo, de primer año, Ren. Él ya lo había notado, el chico era un idiota muy obvio, pero al parecer Kaoru era demasiado lenta -de verdad, demasiado. –para captar sutilezas. Para él era fácil, era hombre, sabía lo que hacían los estúpidos amateur para intentar conquistar chicas.
Y era más que obvio que ese pequeño idiota quería entrar a otros terrenos con la pelinegra. Rio con burla, ese idiota no tenía ni idea de en qué se estaba metiendo.
Koiji se reincorporó, más descansado.
Kaoru rio de un estúpido chiste, y segundos después el volvió a decir algo y entonces sucedió. Sucedió. Sucedió algo que le hizo fruncir el ceño. No había alcanzado escuchar que le había dicho el susodicho, pero la cara de Kaoru se tornó seria, pestañeó un par de veces, como cuando algo le sorprendía y desvió la mirada apenada.
Apenada.
Fue un segundo, pero rápidamente la chica cambió el tema y se dirigió a las gradas. Fue un segundo que seguramente ese bruto no había notado, pero él conocía todos sus gestos muy bien. Y el sí que lo había notado.
Alguien le dio una palmada en la espalda que lo desconcertó.
-¡Hombre, gran entrenamiento! –Kisame llegó a su lado, con una sonrisa.
Koiji asintió, sin quitar su mirada extrañada de la peligra.
-Toma, agua. –Le ofreció, él la tomó sin siquiera mirarle, pero no bebió nada. El castaño se despidió de la pelinegra y se alejó.
¿Qué pretende esa idiota? Se cuestionó, algo sorprendido por aquella reacción que jamásle había visto a la chica. Segundos después revolvió la cabeza. Es Kaoru. Se dijo. Que te importa.
Pro, sin poder evitarlo, la siguió con la mirada unos segundos más.
Sin embargo cuando el susodicho se alejó de Kaoru negó y se repitió mentalmente:
Es Kaoru. Que te importa.
Ken miró con atención el pequeño aparato frente a él, luego al perro a su lado, y posteriormente, dirigió su mirada de nueva cuenta al aparato frente a él.
Se trataba de una pequeña pantalla con gráficos verdes en ella. La pantalla media y administraba los niveles de rayos Z negros y blancos que había en la ciudad. Es decir, los que Peach podía rastrear en la ciudad. Y se sentía consternado en ese momento.
Peach había tenido unos leves alteramientos en los últimos días, lo cual no le había parecido nada extraño, pues todos ellos habían sido los mismos días en que los villanos de la ciudad habían atacado la ciudad. Él había asumido que se debía a la actividad cercana de la banda gangrena y Mojo Jojo, pero, justo ahora, que Peach había vuelto a tener una alteración en su sistema y la ciudad no corría peligro, no podía evitar sentirse confundido por aquel hecho.
-¿Deberíamos decirle al profesor? –Cuestionó Peach. -¿O tal vez a los chicos, wan?
Pero Ken negó, cruzado de brazos.
-Por el momento no. No quiero preocupar a nadie por este pequeño alteramiento. –Dijo. –Seguiré prestando atención a tu rastreador. Además, es la primera vez que sucede, así que no veo porque alterarnos demasiado.
-¿Estás seguro, wan?
-Sí, sí. –Renegó el adolescente. –Además, el profesor está completamente ocupado con la investigación del triángulo de las bermudas. Y ahora mismo está volviéndose loco por terminar el nuevo… "campo de entrenamiento" de los chicos. No prestara atención ni a una sola palabra que le diga.
El perrito movió la cola.
-Si tú dices, wan. Pero ahora, tengo hambre, Ken.
Ken asintió, casi ido, prometiéndose mantener bajo cuidado a Peach.
Makoto estaba indignado, molesto y justo ahora, sentado en el suelo del enorme salón con los brazos cruzados. ¿La razón? Simple. Miyako no estaba ahí. Esa chica, esa loca chica había sido la que los había metido en todo ese lío de organizar la maldita fiesta, y no estaba ahí.
-Debió haber llegado hace media hora… -Murmuró la pelirroja a su lado. -¿Crees que le haya pasado algo para que no pudiera llegar?
-Tal vez recobró el sentido común y decidió no venir. Que es lo que deberíamos hacer.
-Cierra la boca. –Le espetó la del moño. – ¡Hablo enserio! Miyako estaba muy entusiasmada por esto, me parece raro que no esté aquí.
Makoto decidió ignorar el discurso sobre la seguridad de Miyako que Momoko empezó a compartirle, porque realmente estaba molesto y escuchar todo eso, solo lo estaba haciendo enfurecer más. Se concentró en mirar a sus hermanos y a Misaki jugar como niños idiotas con las decoraciones que estaban en el lugar, envolviéndose en papeles, tirando sillas y todas esas estupideces.
Kaoru, a su lado, se veía también molesta. No tanto como él, pero si fastidiada.
-Si Miyako no llega, juro que la matare por meterme en esto y después dejarme plantada aquí. –Murmuró. –Ni siquiera me gustan estas cosas…
Pasaron un par de minutos más hasta que la chica apareció por la puerta, haciendo que el pelirrojo se levantara de golpe.
-¡Gotokuji! –Bramó. -¿Tienes idea de cuánto tiempo tengo sentado ahí como imbécil esperándote? ¡Me duele el maldito trasero, por tu culpa, niña!
Los otros cuatro comenzaron a acercarse ante el griterío del pelirrojo. Miyako, sorprendida, parpadeó.
-Yo… vale, me tarde unos minutos…
-¿Minutos? ¡Te has demorado más de treinta minutos, Miyako!
-Vale, vale, lo siento. –Aceptó. Pero el pelirrojo seguía con el ceño fruncido.
-¿Y bien? Quiero uno explicación. Primero me pones a colgar florecitas y mariposas y luego me dejas esperando como idiota. ¿Cuál es tu excusa?
-Makoto, déjala en paz. –Se entrometió el rubio. –Debe tener una buena explicación, ¿No?
-¡De hecho, sí!
-Pues quiero escucharlo.
-Bien, pues como iba a decirles. – Comenzó. –Perdonen por tardar, pero aproveche que nos embaucamos en esto para presentarles a una amiga.
-¿Nos embaucamos? –Cuestionó, apretando la quijada el pelirrojo. Todos los demás presentes se giraron para ver a la nueva chica. Habían estado tan concentrados en la pelea de Makoto y Miyako que había ignorado por completo la presencia de la chica.
Pero al verla, Misaki abrió los ojos grandes, y Hotaru sonrió amigablemente, mirando casi con complicidad a su amigo.
-¡Tú! –La señalo Sasaki extrañando a todos los presentes, sobre todo a Miyako.
-¿Misaki y tú se conocen? –Le cuestionó Miyako a la chica que se tomó un mechón de cabello nerviosa. Hotaru se adelantó a responder.
-Tuvieron un encuentro algo amigable. –Explicó burlesco. –Pareció como si la hubiera arrollado un camión.
-¡No es cierto! –Se defendió. -¡Fue un accidente y me disculpé!
-Bonita manera de llegar a una nueva ciudad… -Murmuró Kaoru con una gotita en la frente. -¡Pero, hey, ustedes dos! ¡Nosotros no la conocemos así que cállense!
-¡Así es, cierren la boca! –Chilló Momoko. Ansiosa de conocer a la chica, era bonita.
-¡Cállate, histérica, la vas a asustar! –Le espetó el pelirrojo recibiendo un golpe en la cabeza.
-¿Yo? –Articulo exageradamente. -¡Si has sido tú el que les grito como histérico cuando llegaron!
-¡Le gritaba a Miyako! ¡Ni siquiera la había visto a ella!
-¡Ah maldición con todos ustedes, luego se quejan de mí!
-¡Y de quien más sino, jugador de pacotilla!
-¡De ti, loca!
-Chicos, de verdad deberían de ver su cara. –Murmuró Hotaru.
-¡Ha sido tu culpa, tu empezaste, Hotaru!
-¿Yo? ¡Estás loco, Sasaki! Sino la hubieras tumbado el otro día yo no lo hubiera dicho.
-¡Hey, Misaki idiota, tú fuiste el primero en gritar! –Recordó Kaoru.
-¡Pero… pero…! ¡Ah, maldición, todos me odian! –Se jaló los cabellos. -¡Juro que fue un accidente!
-Asami. –Llamo la rubia a la chica, con una gotita sobre la cabeza. –No siempre son así, lo prometo… bueno, si, si lo son, pero son agradables, eso si te lo prometo.
-¡BASTA! –El grito de Misaki calló a todos. –Ni siqueira sabemos como se llama.
Todos asintieron, mirando a Miyako y a Asami. Bipolaridad. Ante tantas miradas la chica se sintió un poco cohibida, pero les sonrió de igual manera.
-Es Asami Takata. –Presento con una dulce sonrisa. –Su papá trabaja con mi papá y a ellos los transfirieron para acá, a Japón.
-¡Hola Asami-chan! –Saludó Momoko alegre. –Soy Momoko Akatsutsumi.
-Makoto Him. –El chico se acomodó su gorra.
-Hotaru Him. –Le dedicó una bonita sonrisa, de esas que cautivan a todo el mundo.
-Kaoru Matsubara. –Dijo con las manos en las caderas, seguido señaló al pelinegro. –Y este tarado es Koiji Him. Pero no te fíes de él, saldría con cualquier tipo de chica.
-¡Podía presentarme yo solo! ¡Y yo no salgo con cualquier tipo de chica! –Makoto detuvo a Kaoru de la camiseta para que no matara a su hermano.
Como de costumbre el griterío se hizo presente, haciendo que Miyako se enfrascara en la pelea para detener a todos y poder presentar a la pobre chica decentemente. Asami se quedó mirando la apantalladora bienvenida y Sasaki se acercó a ella con una sonrisa.
-Soy Misaki. Misaki Sasaki. –Saludó, chocando sus orbes miel en los púrpura de ella por segunda ocasión, con los gritos de fondo. –Son extraños pero te acostumbraras, lo prometo.
Asami sonrió tan amenamente como pudo. Ser transferida de ciudad tantas veces nunca le había permitido aprender a socializar como cualquier chica de su edad.
-Eso espero.
Los ocho chicos salieron del lugar hartos de escuchar planes para montar decoraciones, charlas sobre colores, telas y todas esas estupideces que sobretodo, los tres Him, odiaban. Makoto, no había borrado de su cara su ceño fruncido ni siquiera ahora que estaban afuera. Para él era la cosa más ridícula y humillante que Miyako le había obligado a hacer.
Pero al parecer a Miyako, Momoko y la recién llegada les entusiasmaba demasiado la idea porque no paraban de hablar, hablar, chillar, y articular cosas sobre materiales e idioteces parecidas. (La chica nuevo solo asentía y sonreía, pero igual lo hacía) A él ya le estaban poniendo los nervios de punta.
Estuvo a punto de girarse, y gritarle y ordenarles que se callaran, sin importarle si iba a asustar a la tal Asami, pero un segundo antes, logró encontrar su escapatoria. A la distancia, la hermana de Misaki, Sara Sasaki, esperaba a su hermano junto a su novio, Asashi Teishi, el chico que le había cedido su lugar entre todos aquellos músicos el año anterior.
Intentó no verse demasiado desesperado por escapar de las garras de esas locas chicas, y junto a Misaki y sus hermanos, casi corrió hacia el rubio Asashi, que los saludó con la mano.
-Makoto. –Saludó. -¿Cómo va todo por aquí?
-Ya sabes, siempre he sido un mejor líder que tu Teishi. –Se encogió de hombros. –Así que genial.
El mayor, ya imaginándose una respuesta así, se rio divertido.
-En tus sueños, Him. –Negó. Misaki algo contrariado les interrumpió.
-¿Qué hacen aquí, Sara? –El susodicho, se cruzó de brazos.
-¿Qué acaso no puedo ser amable y venir por ti a la escuela después de un duro día? –Misaki, Hotaru, y prácticamente todos los presentes rieron.
-Seguro quiere algo a cambio. –Murmuró Misaki a Hotaru.
-Pues ya que estas de amable…
-Calla y no te aproveches. –Le interrumpió. –Ahora sube al auto y vámonos a casa.
Misaki gruñó.
-¿Cómo la aguantas, eh? –Cuestionó a Asashi, que se encogió de hombros, y Misaki no le quedó más que subir al coche. Por lo menos no tendría que ir caminando a casa.
Se despidió con la mano de las chicas, que atacaban de preguntas a la recién llegada, y se fue.
Entonces, los tres hermanos, indispuestos a seguir un segundo más en el enorme plantel, se dirigieron a las cuatro restantes, y Makoto con un grito llamó su atención.
-¡Bueno, ustedes tres, quédense charlando ahí, mientras yo me largo a usar mí, nuevo juguete!
La mirada de Kaoru se encendió, entendiendo la oración.
-¡Se lo pierden!
-¡Espérenme! –Gruñó el rubio, corriendo detrás de sus hermanos. – ¡Por cierto, gusto en conocerte Asami!
Kaoru no tuvo tal decencia de despedirse, ella solo corrió tras ellos, dejando a las dos chicas despidiéndose y disculpándose por el repentino cambio de actitud y la rápida ida de los demás, alegando que tenían que ir con ellos. Y es que ellas tampoco podían esperar para llegar al laboratorio cuanto antes.
Tan solo encontrase fuera de vista de ojos mortales, los seis se transformaron y volaron rápidamente hasta el laboratorio, empujándose unos a otros, y gritándose miles de insultos. El profesor no tardó en asumir que tal alboroto era a causar de los seis chicos, que había llegado al laboratorio.
Los críos ni siquiera se inmutaron de su presencia. Ni siquiera Bubbles. Pasaron de largo, bajando hacia el sótano, que conducía al laboratorio subterráneo, entre jalones, empujones y palabras bastante agresivas, de las cuales Peach cuestionaba su significado una y otra vez, metiendo al hombre en un aprieto, gordo. –Por Dios, que no quería hacerle entender las palabrotas de los verdes – Así que él también se apresuró a bajar al lugar, antes de que destruyeran su laboratorio.
Apenas llegó, los seis chicos ya intentaban descubrir cómo se abría el campo de entrenamiento.
-¡Chicos! ¡Cálmense! ¡Todos tendrán su turno!
Los seis se giraron hacia él.
-¡Pero yo debo ser el primero!
-¡Siempre quieres ser tú!
-¡Cállense, patanes!
Utonium suspirando, ignoró las disputas de los chicos, y se dirigió juntos a su hijo a la cabina de control del campo de entrenamiento. Encendió el micrófono y habló a los seis chicos que ya se molían a golpes. Abrió la puerta de cristal de modo automático, haciendo que todos se calaran unos segundos y miraran hacia la puerta abierta.
-Bien, ¿Quién será el primero en probarlo?
Todos comenzaron a empujarse para llegar primero a la dichosa invención del profesor, jalando camisetas, pantalones, cabello y todo lo que las manos alcanzaran para llegar primero al campo de entrenamiento nuevo.
-¡Quítense! ¡Yo soy el líder!
-¡YO, soy la líder! ¡Suelta mi cabello, Boomer!
-¡Oye, mi gorra es intocable! ¡Suelta, suelta, Buttercup!
-¡Burbuja atrapadora!
-¡Hey, rubia, eso es trampa! –Gruñó el moreno volando dentro de una enorme burbuja lejos del camino. -¡Bubbles, sácame de aquí, maldición! ¡Golpe demolente!
Ken, arribe en la enorme cabina, suspiró.
-¿Por qué hizo eso pregunta, profesor? Debió haber escogido a alguien primero.
-Oh, no hijo mío. Eso solo hubiera provocado que tu padre muriera a manos de cinco chicos furiosos por no haberlos escogidos primero. El primero en llegar será el primero en usarlo.
Y en ese momento Boomer, con los ojos brillosos, y las mejillas arreboladas, chillo de emoción dentro del campo de entrenamiento. Tenía la chaqueta hecha jirones y el cabello revuelto, pero su cara era de felicidad. El profesor se apresuró a cerrar la puerta entes de que los demás entraran al lugar.
-¡Ah, maldito oxigenado! ¡Ni siquiera es rubio de verdad!
Buttercup, gruñendo se dejó caer al suelo. Los demás la imitaron de malas maneras, fulminando al rubio que dentro balbuceaba cosas que alcanzaban a escuchar.
El profesor volvió a hablar por el micrófono.
-Bueno Boomer, eres el afortunado. Como te darás cuenta, dentro del campo hay un pequeño panel de control también, pero solo puede ser usado antes de iniciar el entrenamiento, ya que desaparecerá.
El rubio asintió, emocionado.
-¡Solo inicie esto!
Utonium suspiró.
-Bueno, presten atención al entrenamiento de Boomer. –Indicó a los chicos. –Y Boomer, recuerda, que no se podrá detener a menos que termines el nivel o estés a punto de morir. Te recomiendo que te esfuerces por acabar el nivel de entrenamiento, aunque claro, estando yo aquí, puedo interrumpirlo.
Boomer asintió.
-Entonces, aquí vamos.
Entonces, el escenario pasó a ser de una habitación pulcra y blanca a ser Tokio. Sus amigos habían desaparecido de su vista, al igual que el profesor. Detrás de él un sonido como un enorme chirrido resonó en el lugar, haciendo que se cubriera los oídos. Se dio la vuelta, y entonces lo vio.
Fuera del campo de entrenamiento, todos, a diferencia de Boomer que no podía ver nada más que la ilusión del entrenamiento, podían ver lo que ocurría. Tokio había aparecido ahí dentro, y Boomer ahora se enfrentaba a un mounstro muy poco convencional.
Ellos no tardaron en soltar exclamaciones de asombro y de emoción. Claramente todos querían entrar ahí. Brick no podía imaginar lo mucho que su nivel de pelea mejoraría con ese nuevo campo de entrenamiento.
Y justo ese fue el último pensamiento que tuvo.
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Un enorme casco, como una especie de yelmo de guerra apareció en su mente. Era completamente negro, pero desprendían una especie de luz que no le agradaba. No era cálida, sino fría, de un color azulado. Casi al instante desapareció, y su visión se transformó en una isla muy exótica, que le erizó la piel.
No sabía en donde, pero él ya la había visto.
Estaba seguro.
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-¿Brick?
Bubbles le miraba extrañada.
-¿Estás bien? –Le cuestionó.- Caíste de espaldas. –Solo entonces él se dio cuenta que estaba acostado, no sentado como un segundo atrás. –Te has desvanecido por unos segundos.
-Eh… claro que sí, no seas preocupona, rubia. –La chica le miró sin convencimiento, pero luego dirigió de nuevo su mirada al frente al entrenamiento de Boomer, donde el chico jadeaba y por la comisura de sus labios corría un hilito de sangre.
Pero Brick no puso mucha más atención. ¿Qué había sido eso? ¿Por qué eso había aparecido en su mente, y porque tenía la sensación de haberlo visto antes? Ya unas noches atrás, cuando Momoko fue a leerle el estúpido discurso del día del héroe, había tenido un extraño sueño con ese yelmo.
Pero esa isla…
El mismo sentimiento de alarma creció en su pecho, como si estuviera seguro –que lo estaba –que algo no andaba bien. Ese mismo sentimiento que tuvo la primera vez que soñó con ese casco de batalla negro. Él estaba comenzando a hacerse ideas estúpidas en la cabeza y no pudo evitar, al ver a Boomer dentro del campo de entrenamiento, pensar que aquel invento sería muy útil si en realidad sus sospechas eran ciertas. Aquel pensamiento lo alarmó.
Se levantó de su lugar.
-Oye, ¿A donde vas? –Gritó Kaoru. -¡Si te vas pasaras a ser el último en usar esto!
-Si, sí, yo lo usaré más al rato. –dijo. –Quiero agua.
Tal vez por la emoción del momento, nadie notó su nerviosismo. O eso creyó. Pero salió del lugar. Olvidándose por completo de aquello.
Primera hora de clases, primer profesor que veía en el día, y ya había empezado mal. Iniciando porque el hombre no lo soportaba – En realidad, ¿Qué maestro le soportaba? –Y terminando porque no había logrado conciliar el sueño más que un par de horas. Ya se sentía cansado y apenas empezaba la tortura.
Con flojera destilando de cada miembro de su cuerpo, rebuscó entre su mochila una libreta –la que fuera no le importaba. –Encontrándose solo con una. Se talló los ojos con cansancio, abrió su libreta para comenzar a anotar, y justo al llegar a la primera página en banco lo encontró.
Yo perdí a alguien importante en un minuto, Brick. ¿Cuánto podrás tardar tú en perder a cinco?
El chico soltó la libreta, sorprendido. Cualquier rastro de cansancio, o somnolencia desapareció rápidamente.
Levantó la mirada intentar divisar cinco cabezas bien conocidas para él en el aula. Momoko escribía al igual que Miyako. Koiji y Kaoru estaban dormidos. Hotaru jugueteaba con mechones de cabello de la rubia, sin poner atención en otra cosa.
Acompasó su respiración asegurándose de que nadie viera su repentina reacción, y esta vez, sabiendo lo que iba a encontrar al abrir la libreta, se dedicó a ejecutar la acción, leyendo varias veces la nota.
Otra nota. Otra estúpida nota. Con el mismo tipo de mensaje.
Miró a sus hermanos, ya no tan convencido de que fuera una estúpida broma. Pero… ¿Quién además de ellos sabía su nombre? Su nombre real, su primer nombre. Nadie. Solo había alguien más que conocía aquel nombre y era capaz de hacer algo así. Y esa persona estaba muerta.
Arrugó el papel de nuevo, e hizo lo mismo que con el otro, apretujarlo entre sus dedos. No podía encarar al par de idiotas en ese momento, así que se contuvo. Pero dentro, muy dentro de él, sospecho que realmente, había algo más detrás de aquel papel arrugado. Y no eran sus hermanos.
Hola!
Lamento demorar un poco, pero no habìa tenido tiempo ni de ingresar a la página para subir el capítulo. Pero al fin está aquí. Bien, ¿Qué piensan? Esas notas son sospechosas, ¿No? Ustedes son inteligentes y yo muy obvia xD asì que lo dejo a su criterio.
Y Butch está... ¿Celoso? jajaja quien sabe que pase por la cabeza de ese chico. Los Him son muy complicados. Y a parte son hombres xD Y ¿A alguien más le encantó la primera escena de los chicos y Ken? jojo, yo me divertí escribiéndola.
En fin. Estoy un poco corta de tiempo, así que me retiro. Espero que les haya gustado el capi, cualquier duda o comentario, haganmelo saber.
Besos embarrados de Nutella para todos!
Miss Nutella.
P.D. Si hay alguna falta ortográfica discúlpenme, lo cheque demasiado rápido.
