Disclaimer: Demashitaa: The PowerPuff Gils Z! No me pertenecen.
Demashitaa: Kasai.
El Comienzo de Algo muy Malo
Al principio Boomer se había sentido molesto. Con todos. Con el vejete idiota del alcalde, con Bellum –por más buena que estuviera, no le importaba. –Con las tres supertontas, -Sobre todo con Miyako - por no hacer absolutamente nada para oponerse y más que nada, con el idiota pelirrojo que se hacía llamar su líder.
Su líder que había permitido que los encarcelaran y los obligaran a hacer trabajos sociales para compensar los daños hechos a la ciudad y ciudadanos en el pasado. ¡Él había salvado esa maldita ciudad! ¿Qué más querían? Pero a Brick, parecía no importarle. Seguía con su mirada de superioridad e indiferencia. Butch seguía siendo el mismo idiota de siempre.
Dentro del lugar, era clara la tensión desde su llegada.
Todos ahí sabían quiénes eran ellos. Incluso ellos sabían quiénes eran unos cuantos de los que se encontraban ahí. Criminales conocen criminales. Pero, ya no todo era como lo había sido un par de años atrás.
Los demás criminales estaban completamente al tanto de todo lo que había pasado en la ciudad respecto a Taiga. Sabían que ellos habían apoyado a las PowerPuff Gils Z. Sabían que habían "traicionado" a los demás villanos. Y entre villanos, la traición se paga caro. Pero, como ya había dicho, todos ahí sabían quiénes eran ellos. Solamente un idiota se atrevería a hacerles frente y desafiarlos o por lo menos, insultarlos.
Así que los idiotas se limitaban a mirarles con el ceño fruncido.
Aunque no evitaban dirigirles miradas de odio, que sus hermanos y él regresaban con gusto.
Por lo tanto su vida dentro del lugar, fue bastante tranquila.
Las primeras veces que Blossom, Buttercup y Blubbles les visitaron junto al profesor, Ken y el alcalde, Butch les había gritado un sinfín de cosas. Brick se había cruzado de brazos todo el tiempo, y él no había hablado absolutamente nada. Con el tiempo, las cosas fueron calmándose poco a poco, hasta que comenzaron a ser como meses atrás, antes de que fueran encerrados en ese lugar. Incluso la escuela le parecía un lugar mucho mejor para estar. Extrañaba el baloncesto. Extrañaba sentarse en su pupitre y quedarse dormido entre clases. Donde por cierto, ellos pensaban que se habían ido de intercambio a una ciudad muy guay, y en realidad están ahí, atrapados. El profesor había ido un día a visitarles y les había dicho que les impartirían clases de alemán para que en el momento que regresaran a la escuela nadie levantara sospechas.
Brick los había mandado a volar, pero al cabo de un par de semanas un profesor de alemán, secretamente les enseñaba. Ellos odiaban aquello, pero era el único momento que sentían estar fuera de ese lugar. Como recordar viejos tiempos de escuela, con Buttercup llegando tarde.
Tenían dos meses ahí y ya no lo soportaba. Incuso comenzó a extrañar a las tres chicas, el último vestigio de su vida. Recordaba las estúpidas peleas, cuando llegaron a la escuela, todo el lío de Taiga y la batalla final. Incluso la semana consecuente a ello, antes de que los metieran en ese lugar de porquería y que había sido una de las mejores que recordaba en su vida.
Por lo que, cuando visitaban, no podía evitar terminar hablando con ellas, cualquiera de las tres. Incluso sus hermanos. Incluso Brick. Después de ahí el tiempo comenzó a ser más llevadero para ellos.
Ellas les contaban lo que sucedía afuera, los descubrimientos del profesor, de Misaki, de lo que sucedía en la escuela y lo que se comentaba sobre ellos como RowdyRuff Boys Z y como simples estudiantes en la escuela. Al parecer seguían siendo unas celebridades y con el supuesto intercambio a Alemania aquello había incrementado.
Bttercup seguía siendo insoportablemente ruda.
Blossom seguía siendo la amable líder.
Bubbles seguía siendo la alegría del equipo.
El sentía como poco a poco, la oscuridad dentro de ellos comenzaba a desvanecer, lentamente. El anhelo de tener una nueva vida comenzaba a crecer como una pequeña luz dentro de él. Y sabía que dentro de sus hermanos también.
Pronto los dos meses fueran cuatro y luego seis.
Por fin pudo respirar aire fresco de un atardecer de Tokio, y se dio cuenta de que realmente eran diferentes a como los recordaba.
El pelirrojo miraba la pizarra del aula sin realmente ver, escuchaba sin poner atención, como de costumbre, a diferencia de que esta vez, era una buena razón. La nota quemaba en la palma de su mano, como si estuviera hecha de fuego puro.
Esto es estúpido. Fue Koiji, el idiota de Koiji.
Pero aun así, sonaba como si intentara convencerse a si mismo de lo que sucedía.
Una alocada cabellera negra le sacó de su ensimismamiento.
-Oye, sordo, te estoy hablando. –El chico observó a Kaoru como su fuera un experimento científico.
-¿Cómo? –Matsubara arqueó una ceja y estudió a Makoto unos segundos.
-¿Estás bien? –Le cuestionó, cautelosa. –Te noto extraño.
El pelirrojo carraspeó y tomando su libreta, puso dentro de ella la nota.
-Claro que sí, no seas idiota, Kaoru. –Gruñó. – ¿Qué quieres?
Esta vez fue ella la que lo miró como si fuera un experimento científico.
-El profesor ha dicho que hagamos equipo para el trabajo. Lo grito como si deseara que todos en Estados Unidos lo escucharán. Y vaya que estamos retirados del lugar. ¿No lo has escuchado? –Le musitó como si el chico estuviera retrasado mental.
-… ah, vale. Claro que lo he escuchado. –Renegó. – ¿Cálculo?
-… Ecología. –La pelinegra tomó asiento. – ¿De verdad te encuentras bien? Hoy estás un poco más idiota de lo normal.
Makoto gruñó.
-Cierra la boca. –La chica se encogió de hombros.
-Como sea. –Puso los pies arriba de su pupitre. –Solo espero que sepas algo de esto, porque yo estoy en cero.
Pero el pelirrojo no respondió. Se limitó a meter la bolita de papel a su mochila, junto con la otra que había encontrado en su casillero. Kaoru comenzó a charlar y a charlar sobre algo que él no le puso mucha atención y que en ese momento, poco le importaba. De repente, se sentía observado.
Un punzante dolor en la cabeza se hizo presente, de una manera tan repentina, que se dobló hacia adelante en su lugar. La imagen de un casco de guerra negro apareció en su cabeza un segundo, suficiente para provocarle un punzante dolor de cabeza. Pronto se reincorporó. En ese momento la directora había abierto la puerta, entrando con una chica de cabello castaño claro y ojos inusualmente púrpuras.
Él lo agradeció mentalmente, si la mujer no hubiera entrado, probablemente todo se habrían dado cuenta de su acción. Solo Kaoru y un chico detrás de él captaron el movimiento.
-Oye, realmente estas comenzando a preocuparme. –Dijo la chica. –Y yo no suelo hacerlo.
Makoto negó.
-No es nada, terca. –Gruñó, acomodándose en su lugar. Y la conversación terminó ahí, interrumpida por la voz de la directora.
-Jóvenes, muy buenos días. –Saludó la mujer. –Solo vengo a hacerles un anuncio rápido.
Señaló a la chica detrás de él.
-Su nombre es Asami Takata, nueva estudiante de la institución, y por lo tanto nueva compañera suya.
Miyako le saludó con la mano sonriente, Momoko imitó la acción.
-Sé que ustedes se encargaran de hacerla sentir bien y todo eso, bla, bla, bla…
Un carraspeó interrumpió a la mujer, que dirigió su mirada al profesor.
-Directora. –Comenzó, con nerviosismo. –Eh, la señorita Takata había sido ubicada en el salón B. Me temo que…
-¿Insinúas que he cometido un error? –Gruñó la mujer. Makoto se divirtió solo un segundo de la cara de compunción que se dibujó en el rostro del hombre.
-Eh, sinceramente, señora directora… -La mujer resopló y negó. Hizo un avistamiento con las manos.
-Como sea. –Murmuró. –Olviden todo lo que he dicho. Vamos chica, este no es tu salón.
Algunos alumnos rieron ante el despiste de la directora, mientras Asami se lamentaba de tener que pasar de nuevo por una presentación grupal, las aborrecía con todo lo que ella era.
-Bueno. –Habló Kaoru. –Al menos la pobre chica no estará sola. Misaki está en el otro grupo.
El asintió, sin poner suficiente atención, aun metido en sus pensamientos. Para ese momento, Kaoru había decidido ignorarlo completamente, el chico estaba comportándose muy extraño, y ella no tenía ganas averiguar que le sucedía. Makoto era demasiado cerrado para hablar la mayoría de las ocasiones, por lo que solo perdería su tiempo.
Por su parte, el pelirrojo tomó la libreta de la asignatura correcto, comenzando a pasar las hojas hasta que encontró una en blanco. Esta vez fue mucho más fácil aparentar su sorpresa. Una pequeña nota estaba pegada a la hoja en blanco
Tú destruiste lo poco que tenía. Yo destruiré todo lo que tienes.
No pudo evitar soltar una maldición, lo suficientemente alta para que Kaoru la escuchara y entrecerrara la mirada sobre él. Pronto se dio cuenta que sostenía un papel en su mano.
-¿Qué es eso?
-Nada. –Se apresuró. –No seas entrometida mujer. Kaoru gruñó.
-Óyeme, nadie me dice entrometida.
-Pues entonces no lo seas. –Ella, a sabiendas de que el pelirrojo estaba de mal humor soltó unas maldiciones al aire y decidió dejar ahí el asunto. No era su prioridad ser asesinada por Makoto, y ni siquiera ella se atrevía del todo a hacerle rabiar como algunas veces lo había visto.
Es decir, no se había ganado su apodo demonio rojo por simples luchas infantiles. El Him mayor tenía un carácter bastante temible cuando quería. No es que a ella le causara miedo o algo. Simplemente, prefería molestarlo cuando no estaba irritado y a punto de explotar.
Entonces no había otra opción. Con Makoto de mal humor, pasaría buen rato aburrida, deseando estar en cualquier lugar menos en el que estaba.
Un papel llegó a su pupitre hecho bolita. Miró hacía el frente y se encontró la cara de Koiji que le sonreía arrogante, con los brazos detrás de la nuca. Miró a Brick que al parecer ni se había inmutado de que el papelito había llegado hacia ellos.
Lo abrió.
"Entonces. Oyuki tiene dos hermanos. Una chica y un chico. Puedo conseguirte una cita, al parecer. Su hermana te agradara."
Ella frunció el ceño. Normalmente Koiji solía hacerle demasiadas bromas sobre ese tema, alegando un montón de estupideces. Que si le gustaban las chicas, que si le conseguía una cita, que con esa ropa no iba a conseguir ni a un pordiosero y muchas boberías más. Ella solía o reír o golpearlo e insultarlo.
Pero últimamente sus bromas comenzaban a realmente, molestarle y darle dolores de cabeza. Le arrojó el papel.
Púdrete.
¡Oh, vamos, no seas amargada!
Ella arrugó el papel con furia, y lo arrojó al basurero.
El pelinegro miró la acción algo contrariado. No el hecho de que tirara el papelito a la basura, sino el hecho de que lo ignorara. Es decir, ¿realmente se había molestado por ello? ¡Siempre bromeaban sobre eso! Kaoru normalmente le hubiera devuelto el insulto con el doble de intensidad, pero, ahí estaba ella. Ignorándole ante un insulto.
Intentó picar el anzuelo varias veces, pero ella solo ignoraba los papelitos. Los abría y los arrojaba al cesto de basura. ¿Para qué diablos los lía si no iba a responderle? La situación comenzó a molestarle. Usó su último recurso.
Bueno, pues entonces, sal conmigo, preciosa.
Ella simplemente no podría ignorar aquello. Toda aquella oración era un atentado contra Kaoru Matsubara. Y esperó, espero a que la chica lo abriera, pero Makoto, al parecer despertando de su letargo, fue más rápido y tomándolo entre sus manos, lo abrió.
-Puta madre… -Se lamentó en silencio, encontrándose con la mirada burlona de su hermano. Se apresuró a escribir otra nota.
Era para molestar a Kaoru.
Pero claramente, Makoto tenía algo de donde molestarle y sacar provecho. Y al final, Matsubara seguía ignorándole. Ya vería en el entrenamiento. Se las cobraría.
Ese pensamiento le animó solo un poco, por lo que, con una sonrisa petulante, siguió con su anterior tarea. Llenar de garabatos su libreta.
Ya tendría el entrenamiento de soccer para hacerla enojar.
Koiji se sentía sorpresivamente irritado. No es como si fuera para tanto. Al no le importaba que Ren estuviera detrás de Kaoru como si fuera su perro guardián. Claro que no. Mucho menos le importaba que a ella parecía no molestarle. Eso era completa y totalmente irrelevante para él. Por eso no era vital para su buen humor que el idiota le llevara su botella de agua y se la entregara en la mano. Como si Kaoru no tuviera sus propias piernas para caminar por el agua. Pero, a quien le importa, de todos modos.
Sobre todo, no era importante que siguiera ignorándole. Eso era lo menos importante de todo, no era como si necesitara a la estúpida chica para sobrevivir.
-¡Oye, Him!
-¿Qué quieres, idiota?
El chico, que recién llegaba con una sonrisa amigable, se petrificó un segundo, asustado de haber hecho algo mal contra el temible pelinegro. Koiji le frunció el ceño.
-¿Bien, que pasa, Kenta?
-Amm… pues… íbamos a ir a… ya sabes, este… por una pizza pero creo que… no importa. –Tartamudeó nervioso al ver el mal humor del moreno. A Him no le importo, no tenía humor para ir a ningún lugar. Y sus compañeros sabían que cuando estaba de malhumor, debían dejarle solo. Ya varias veces se los había debado claro. Y ese día simplemente no estaba de humor. Claro que no era por Kaoru.
El chico, de malos modos, comenzó a guardar sus cosas –balón, agua – escuchando de fondo la estúpida risa de Ren ante los comentarios de la pelinegra. Como si realmente fueran graciosos –Aunque él en el fondo sabía que probablemente si lo eran.
Cuando levantó la mirada se dio cuenta de que solo quedaban ellos tres y el entrenador en las canchas. Se acercó al lugar, interrumpiendo repentinamente el buen humor de los dos chicos.
-Aquí está tu maleta, Kaoru. –Ofreció Ren, algo incómodo por la intromisión. Koiji le miró con el ceño fruncido.
-Oye tío, esta chica tiene brazos, ella puede tomarla sola.
Ren frunció el ceño entre sorprendido y molesto, pero fue Kaoru quien se entrometió.
-¿Y a ti quién diablos te pidió opinión, eh? –Se dirigió al menor. –Gracias.
Koiji, indignado, camino hasta las gradas y se sentó, enfurruñado. Es decir, ¡Nunca nadie se había fijado en Kaoru! ¿Qué le veía ese idiota a ella que los demás no habían visto? ¿Y ella porque lo defendía?
-¿Debo preguntar porque sigues aquí?
Levantó la mirada al escuchar aquella voz bobalicona detrás de él.
-No te importa, oxigenado.
-Vaaaale. –Dijo. –Solo decía, amargado.
Ese comentario le molestó tanto al pelinegro que apretó la quijada.
-¿No te ibas ya? –Gruñó.
-En realidad, sí. –Dijo.-Pero, como pasaba por aquí y te vi sentado…
-¡Hey! –Una voz extra les hizo mirar hacia el frente. Kaoru trotaba hacia ellos. Koiji se percató de que venía ella sola. –Que hay idiota. –También se percató de que solo le habló a su idiota hermano menor.
-Voy a casa. –Kaoru comenzó a caminar.
-Yo igual. –Dijo. –Me refiero, a la tuya. Tengo hambre.
-Y quién soy yo para alimentarte, ¿Tu padre acaso?
-No tienes la suerte, oxigenado. –Sonrió. El rubio, ya caminando detrás de ella junto con Koiji, gruñó.
-Dile algo a está loca, ¿Quieres?
Koiji frustrado y ofuscado, aprovechó su oportunidad.
-Sí, claro. –Accedió. -¿Por qué no vas a que te alimente Ren? Seguro la disfrutas más si él te alimenta, ¿No?
Kaoru detuvo su andar rápidamente. Ella ya estaba preparada mentalmente para ignorar cualquier comentario proveniente del moreno, pero aquello no se lo esperaba. Le fulminó con la mirada. Koiji sonrió petulante, había, al final del día conseguido lo que quería, que la idiota dejara de ignorarle. Sin embargo, sentía esa necesidad de seguir espetándole toda la frustración que le había hecho acumular. Hotaru los miró incómodo.
-Eh… ¡Makoto, Miyako!
La tensión acumulada se deshizo, Kaoru volvió a su estado inicial –ignorar a Koiji. –Y se alejó junto con Hotaru.
La frustración regresó a él rápidamente. Maldita chica.
A los pocos minutos regresaron junto con Makoto, dispuestos a irse al departamento a descansar. Miyako se había ido por su propio camino, dispuesta a preparar más cosas para el baile de primavera. Él estaba feliz de que no viniera con ellos.
Tan solo llegar al departamento, Rei saltó encima de ellos, saludándolos ante las quejas de Makoto. Kaoru pronto entró a la cocina, hurgando entre la alacena y refrigerador.
-Saldré a hacer una llamada. –Gruñó el de gorra. –No quiero que este chucho siga acosándome ni invadiendo mi espacio personal. Me largo.
Hotaru, que jugaba amigablemente con Rei les miró.
-Llevaré a este chico a dar un paseo. –Tomó la pelota de Rei. Aunque se detuvo un segundo, preguntándose si hacía lo correcto al dejar a ese par a solas, pero después de todo, a él que le importaba. No era como si fueran a matarse. Además no deseaba estar entre esos dos en este momento, que al parecer estaban más molestos de lo normal. Al final terminarían golpeándolo a él. –No tardo. Intenten no incendiar el departamento, ¿Quieren?
-Sí, mamá. –Dijo, con sarcasmo el moreno. –Ya vete, Hotaru.
El rubio obedeció de malos modos, y salió con Rei pisándole los talones, jadeando ruidosamente y soltando baba por todos lados.
Koiji miró a la pelinegra que salía con una enorme –de verdad enorme –bandeja entre las manos de la cocina.
Para ese punto del día no quería verla ni en pintura, lo que hizo su mal humor crecer al doble.
Maldita suerte tenía.
Makoto se talló los ojos con cansancio. Tenía algunos días sin poder conciliar bien el sueño, lo cual hacía que durante el día estuviera muy cansado. Se levantaba de madrugada sin poder volver a cerrar los ojos hasta pasadas dos horas, y aun no encontraba razón alguna a ello. Como sea, estaba comenzando a acabar con la ya poca –muy poca –atención que ponía en clases.
Normalmente a él no le importaría en lo absoluto. Para nada. La cuestión era, que al alcalde sí. Y ustedes dirán, ¿Y desde cuando mierda, Makoto, a ti te importa lo que el viejo alcalde de Tokio diga? Bueno, es aquí cuando el responde: Desde que el anciano lo tiene amenazado, a él y a sus hermanos. El trato es: Ellos sacan buenas calificaciones en la escuela y él les sigue dando la misma cantidad de dinero que necesitan para sobrevivir en su vida diaria mes con mes. Si las calificaciones bajan, el dinero disminuye.
Y señores, Makoto Him, ama tener la buena vida que tiene. Odia las reglas del alcalde, pero ama la buena vida que tiene. Y, si él no puede concentrarse en clase, no puede sacar las notas que el alcalde considera "buenas" para seguir manteniéndolo. Odiaba admitirlo, pero el hombrecillo, por más tonto y despistado que fuera se había terminado convirtiendo en un abuelo muy molesto para él y sus hermanos. Y como todo nieto molesto y castigado, tenía que… tenía que… no, no lo diría, ni lo pensaría. Obedecer no estaba en su vocabulario.
Como sea, aquella situación lo había sobrepasado. Y odiaba admitirlo pero… tendría que recurrir a otros medios que el normalmente tampoco usaría.
Se sentó en el barandal de la terraza de la azotea, mirando hacia el laboratorio. De esa distancia se veía como una casita. Tomó su móvil y antes de que se arrepintiera marcó un número que ya conocía bien.
El tintineante sonido de espera se escuchó cuatro veces, hasta que la voz del otro lado de la línea le respondió.
-¿Makoto?
-¿Que hay, adicta? –Saludó. -¿Has ingerido tu ración diaria de azúcar?
-¡Idiota! ¿A eso me has llamado?
Makoto rio.
-Diablos, histérica. Que solo era una pregunta.
-Serás…
Makoto carraspeó. Casi al instante cambió su tonó, sin darse cuenta.
-Pero a en realidad no llamaba para eso…
-Mhmm. No te he de conocer, Him.
-¡Oye, hablo enserio!
Momoko pareció considerarlo, en silencio.
-Bien. ¿De qué se trata entonces, delincuente?
El chico suspiró.
-Pues resulta que… -Suspiró. – Necesito un favor, histérica...
Koiji miraba irritado a la pelinegra, que no hacía más que ignorarlo como si fuera una pared más en el amplio cuarto. Hotaru al parecer había notado la tensión entre ellos porque había salido casi al instante del lugar.
La pelinegra tenía el mando del televisor y un tazón con palomitas de maíz, que ya iba por la mitad. Koiji frunció el ceño. Esa era su casa, y esa chica no podía llegar, tomar el mando del televisor, comer su comida e ignorarle como si no estuviera ahí. No podía y no iba a hacerlo.
-No quiero ver eso. –Gruñó, mirándola. Ella se encogió de hombros.
-No me importa. –Dijo. Koiji apretó los puños. Por lo menos le había respondido algo. Cerró los ojos. "Solo no vayas a matarla" Se repitió varias veces. Estiró el brazo para coger palomitas pero la chica le arrebato el contenedor, aun sin siquiera mirarle. Clara señal de volver a ignorarle.
Estiro más el brazo, pero ella lo volvió a alejar. Koiji de verdad estaba empezando a molestarse.
-Kaoru.
Kaoru cambió el canal sin prestarle atención.
-Kaoru. –Gruñó. Ella masticó un puñado de palomitas. – Ka-o-ru. –La chica se removió en el sillón intentando encontrar una posición cómoda. Koiji intentó tomar de nuevo el contenedor, esta vez más por llamar la atención de la chica que por otra cosa. Ella por fin, le miró furiosa, pero el claramente no se iba a amedrentar.
-¡Dámelo!
-¡Quita! –Chilló ella, y para pronto, eso se convirtió en una batalla personal. El dichoso contenedor verde ya ni siquiera era tomado en cuenta. Pronto estaban en el suelo, gritando palabrotas y comentarios como los que solían decirse entre ellos, solo que esta vez parecían ser dichos con todo el sentimiento e intención de herir al contrario.
Koiji, harto, aplicó el doble de fuerza, y terminó sentado sobre ella, poniéndole los brazos detrás de la nuca, inmovilizándola.
-¡¿Pero que mierda te pasa ahora?! –Gruñó. Ella, intentando no hacer notar su sonrojo por tal posición, se revolvió bajo él. -¡Llevas todo el maldito día de ese modo!
-¡Quítate!
-¡No hasta que me contestes! –Gritó. -¿Ahora que mierda pasa, Matsubara?
Porque sí. Esta vez no había habido alguna razón para que ella se comportara así. El simplemente actuaba como siempre.
-¡Déjame!
-¡Contesta!
La puerta del departamento se abrió, dejando ver a Makoto que llegaba con Hotaru detrás. Rei pronto corrió por el pasillo con una pelota de tenis en el hocico.
Los recién llegados miraron a los dos morenos en el suelo y gruñéndose mil maldiciones.
-¿Qué diablos…? –Cuestionó Hotaru.
Kaoru murmuró un "Quítate de encima, imbécil" y esta vez y de mala gana, no pudo evitar obedecer. La pelinegra se levantó como alma que lleva el diablo y salió del lugar sin mirar a los otros dos hermanos, dando un fuerte portazo.
-¿Qué le has hecho? –Cuestionó el pelirrojo. Koiji soltó un bramido.
-¿Por qué tendría yo que hacerle algo? ¡Ella fue la que empezó! –El mayor rodó los ojos.
-Ya, ya. Solo parecía que eras un violador, por eso la pregunta. –Comentó. Koiji, de mala gana gruñó algo que no entendieron y dando una última mirada por la ventana, donde Kaoru caminaba endiablada sabrá Dios a donde, se dirigió a su habitación. Un sonoro portazo les indicó que estaban solos en la cocina.
Makoto se dirigió a su habitación y tomó un par de libretas.
-Vuelvo luego. –Anunció al aire, sin saber si Hotaru le había escuchado. Solo había ido a casa a recoger unas cosas que necesitaba, para… estudiar. Hasta a él le causaba repugnancia aquello, pero no tenía opción. El vejete del alcalde los tenía amenazados. Buenas calificaciones o su dinero mensual dismuiría. Y señores, él quería seguir viviendo bien.
Bajó por el ascensor, y suspiró.
Y últimamente estaba muy distraído, y no había podido poner suficiente atención en clase. Tenía muchas cosas en que pensar –lo cual era sorprendente. –Estúpida escuela.
Himeko miró a través de la ventana de su habitación, pensativa. Simplemente no podía creerlo. Todo lo que le había estado pasando los últimos días. Desde la aparición inesperada de su nuevo… ¿Aliado, debía llamarlo? ¿Amigo? No sabía.
Estaba sorprendida de él. Estaba sorprendido del poder que tenía, de como lo había obtenido. Estaba sorprendida de todo lo que sabía.
Todo lo que le había revelado sobre la vida de ese sexteto de idiotas que habían hecho su existencia miserable los últimos tres años.
Los odiaba porque ellos habían hecho su vida miserable y ellos tenían una vida perfecta. Y Toda aquella información que ahora tenía le sería útil en algún momento, para ahora vengarse ella de las tantas veces que la habían humillado. Ella también tenía poder, y tenía dinero. Y con esos dos elementos combinados con su recién encontrado aliado –que odiaba de igual manera a esos seis idiotas. –terminaría por completar una venganza increíblemente perfecta.
No podía esperar a emplear el plan que habían creado para deshacerse de los Him y sus tres amiguitas inútiles. Pero, como él le había dicho, tenía que tener paciencia.
Por el momento ella haría su parte del plan, y cuando llegara el momento, juntos, los acabarían. Pagarían por el daño que le habían hecho a ambos.
Cuando Miyako llegó a su departamento cargada de papeles pensó que venía a hacer algún proyecto de la escuela. Él no se imaginó que venía a hacer todo ese rollo del baile de primavera.
Él estaba aburrido, y no se molestaba en ocultar su ceño fruncido, a ver si la chica captaba que no quería escuchar ni un pío de su parte, pero, o no se había dado cuenta, o le estaba ignorando, porque seguía con su cháchara, preguntando si le parecía bonito el color, si era buena idea la decoración, que sería bueno ofrecer como cena, que si sería fiesta de disfraces, que si sería una fiesta de gala y bla, bla bla.
Él estaba a punto de tomar el montón de papeles, y romperlos en mil pedacitos.
Koiji había salido de su habitación, al parecer más calmado del último suceso con Matsubara, pero tan solo el escuchar el monólogo de la rubia, y ver su cara de molestia, había regresado derechito a su habitación.
-Entonces, ¿Fiesta de gala, o disfraces? Una fiesta de disfraces sería algo muy original, los bailes de primavera siempre son muy tradicionales, nunca algo alocado como una fiesta de disfraces. Todo el mundo la recordaría para siempre.
Hotaru respiró hondo.
-Miyako. –Comenzó. –Eso realmente, ¿Qué importa? ¡Igual todo el mundo va a ir! ¡Haz lo que cueste menos dinero!
-¡No seas tacaño! –Chilló ella.
-¡No seas complicada!
-¡No soy complicada! –Hotaru gruñó y ella rodó los ojos. –Hombres…
Se quedaron en silencio, él maldiciendo su suerte, ella pensando.
-En realidad… no tengo tantos ánimos de una fiesta de disfraces. –Murmuró. –Creo que será de gala, sí… aunque no rompa con lo tradicional de cada año.
Hotaru sabía que su última fiesta de disfraces había sido algo dura, por lo que no le cuestionó nada. Al fin y al cabo, Miyako terminaría haciendo lo que le viniera en gana. Esperanzado de que la chica se quedara callada unos segundos, se relajó, pero Miyako pronto volvió a hablar.
-Entonces tendremos que cambiar algunas cosas, ya que será algo muy formal.
-Miyako, nadie va a prestar atención a esas cosas insignificantes. –Musitó el chico. –Nadie se fija, solo van a comer y ya.
-¡No es verdad!
-¡Que sí!-Gruñó él chico, tomándose la cabeza. –Diablos, vas a hacer que mi cerebro se sobre caliente y haga cortocircuito.
-Ni siquiera puedes hacer eso. –Renegó ella. –Como sea. Cambiaré la decoración. Debe ser algo mucho más elegante.
-Como sea.
-Ahora, ya sabemos cuáles son los colores primaverales, solo necesito que me des tu opinión sobre…
Hotaru sintió una pequeña corriente eléctrica corría de arriba hacia abajo en su cuerpo, desesperado. No podía ser. Estaba llegando a su límite.
-Miyako. –Dijo, en un suspiro, intentando calmarse. -¿Por qué diablos no le pides consejos a Momoko? ¡Yo no sé nada de malditos colores!
Ella negó con la cabeza y siguió hablando, cuestionándole cual tono de azul era más adecuado. El veía el mismo color por todos lados. Sintiendo un arranque de desesperación tomó su móvil, y le envió un mensaje a su hermano mediano, que se encontraba en su habitación, seguramente, haciendo cualquier cosa mejor que escuchar a Miyako planear el baile de primavera.
Por favor, sácame de aquí y te daré diez dólares.
Momoko se había sorprendido bastante cuando Makoto le había pedido que fuera al laboratorio a explicarle un problema de matemáticas que no entendía. No sabía que le sorprendía más, que se hubiera tragado su orgullo y le pidiera ayuda, o que el muchacho no comprendía el problema matemático.
Le costaba admitirlo, pero sorprendentemente, Makoto no solo había obtenido de su ADN su cabello pelirrojo. Se había llevado consigo algo de inteligencia, y le parecía extraño que le pidiera que le explicara algo para lo que había demostrado tener habilidad.
Y ahí estaban, el sillón del recibidor, en la planta baja, con la mesa llena de hojas, lápices, borradores y calculadoras.
-¿Entendiste?
Pero el pelirrojo, miraba atento la libreta con los números en ella, claramente, distraído.
Ella, normalmente se hubiera molestado porque le hubiera hecho salir de su casa para explicarle algo y que ahora no le estuviera poniendo atención, pero la cuestión era, que la manera de distraerse del Him era ruidosa. Se levantaba de su asiento, iniciaba guerras de papeles. Pero ahora parecía tan concentrado en sus pensamientos que sintió un escalofrío.
Eso no era normal en él.
-Makoto. –Dijo más fuerte, captando su atención. -¿Entendiste?
Él la miró unos segundos, resopló.
-Claro que lo he hecho, ¿Quién crees que soy, eh?
Para ella era obvio que no había entendido nada. Era la tercera vez que lo explicaba, y él seguía sin entender, porque terminaba pensando en otras cosas. Lo cual era preocupante. Era Makoto Him. Él no pensaba. Y lo que le causaba más conflicto a la chica, era que lo había notado distraído desde el día de anterior, cuando después de que Boomer saliera del campo de entrenamiento, le había cedido su lugar a Butch y a Buttercup, y se había retirado, cuando minutos atrás había casi explotado a su propio hermano con tal de ser el primero en usarla.
Momoko carraspeó.
-Vale. –Dijo Momoko. –No has entendido nada. Pero pon atención que será la última que lo explique.
El gruñó algo que sonó como "Me da igual", pero terminó aceptando.
Y como de costumbre, durante el inicio de la explicación, el prestaba atención y asentía varias veces, pero conforme avanzaban, comenzaba a perder la mirada, como en su mundo. Momoko, esta vez sí, frunció el ceño.
- Muy bien, ya basta. –Dijo la chica, poniendo una mano sobre la mesa, para captar la atención del pelirrojo, que dio un leve salto en su lugar. -¿Qué pasa?
Makoto la miró extrañado.
-Nada.
-Estás distraído desde ayer. Ni siquiera te molestaste en que Koiji y Kaoru usaran primero la capsula de entrenamiento. Y no has hecho nada más que estar ahí sentado y eso es… terrorífico. Deberías estar molestándome y gritando y corriendo y…
-¿Me estás pidiendo que te moleste, adicta?
-Sí, ¡No!... yo… ¡Tú sabes a lo que me refiero!
El chico se carcajeó en su cara, divertido. Probablemente la primera risa que se permitía en las últimas 24 horas.
-No te burles idiota, que me has hecho venir aquí solo para explicarte y ahora pareces un espectro.
Makoto, muy a su pesar estuvo de acuerdo, pero no lo admitió, se levantó de su lugar.
-Estoy cansado, creo que no me concentraré hoy.
-¿Cansado? ¡Si eres un holgazán!
-¡Ja! ¡Eso desearías! –Dijo, levantando su libreta. –Nos vemos luego, adicta. –Dijo. Ella le miró, indignada.
-¡Oye! ¡Me has hecho venir para nada! Y ¿No me has dicho que diablos te pas…
-¡Sueña conmigo!
-¡Makoto! –chilló, mirándolo alejarse. – ¡Ush! Este idiota… -Murmuró. Ya le sacaría después la información… o al menos eso esperaba. El chico era demasiado terco.
Pero, de algo estaba segura.
Makoto estaba comportándose de una manera muy extraña.
Cuando el timbre de su casa sonó, ella realmente no había tenido la intención de levantarse. Pero su padre no estaba en casa, y su hermano, era el doble de holgazán que ella. La puerta ya había sonado cuatro veces y ninguno se había levantado. Suspiró, levantándose de un salto, y bajó las escaleras trotando.
Mientras más rápido terminara con ello, mejor.
Justo cuando por quinta vez, y esta vez con mucho más fuerza, azotaron la puerta, ella abrió, encontrándose con unos ojos verdes y dos cejas fruncidas, claramente molesto de esperar. Ella no pudo evitar fruncir el ceño también. Después de su enfrentamiento en el entrenamiento y su última pelea en casa del chico, no tenía ánimos de verle la cara, y mucho menos se había esperado verlo por ahí.
La tensión se hizo presente en el ambiente.
-Si vienes a…
-¿Quién dijo que he venido contigo, Mastubara?
Entonces, de detrás del chico, salió una cabellera rubia.
-¿Souta? –Cuestionó el rubio sonriente. Kaoru suspiró, ese maldito rubio. No sabía cómo lo hacía, pero le era difícil gritarle con esa cara de niño bueno, que no rompe ni un plato. Tal vez era a propósito y era un maldito controlador de personas. Como fuera, se calmó.
-Está arriba, holgazaneando. –Le respondió. –Ya deberías de saberlo.
El rubio, sin pedir permiso, se adentró en la casa, con Koiji detrás. No hizo falta mucha atención para darse cuenta de que faltaba algo.
-¿Makoto? –El rubio se encogió de hombros.
-No ha llegado a casa aún. Tal vez está en el laboratorio. –Dijo.
Koiji, por su parte, aun fruncía el ceño, molesto. Esos dos le estaban ignorando olímpicamente. No era como si necesitara la atención del idiota de su hermano. Ni tampoco la de Kaoru. Pero le cabreaba que ella actuara como si no existiera y fuera un cero a la izquierda.
-¡He escuchado dos voces conocidas! –Masturbara mayor llegó al salón de un salto. Solo entonces, se permitió relajarse. -¡Hombre, tiempo sin vernos! –Les saludo a los dos. -¿A qué se debela inesperada visita?
-Miyako me estaba volviendo loco con todo ese asunto de que está organizando el baile de primavera, y quería escapar de ahí.
-Por cierto, me debes diez dólares. –Recordó Koiji.
Kaoru no podía creer la mala suerte que tenía. Su hogar estaba a punto de convertirse en un campo de batalla. Los tres varones comenzaron a hablar de un montón de idioteces que para ella no tenían sentido, incluso siendo como era, menos femenina que la mayoría. Pronto comenzó a sentir que sobraba.
-¿Y bien? –Dijo, alzándole las cejas sugestivamente al mediano. –Esté idiota siempre estará detrás de Miyako. –Dijo, señalando al rubio, que negó frenéticamente y lo maldijo con palabras nada bonitas, pero le ignoro. –Pero, ¿Quién es la nueva chica?
Kaoru, rodó los ojos, e inexplicablemente, un sentimiento amargo creció en su pecho. Ni siquiera le dio tiempo al Him de hablar, porque se dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras.
-¡Oe, hermanita! –Le llamó Souta. -¡Haremos unas cuantas cosas divertidas! ¿No vienes?
Ella gruñó. Miró a Koiiji y luego a su hermano, después se dio media vuelta, y sin responder, se dispuso a seguir subiendo escaleras. Souta le miró suspicaz.
-¿Qué ha…
-No le he hecho nada, si es lo que estás pensando. –Gruñó el moreno, comenzando a molestarse de nuevo. Souta era un tipo relajado y divertido, pero tenía un extraño lado un poco sobreprotector hacia su hermana. Aunque Kaoru no lo sabía. Normalmente no actuaba así delante de ella.
-Es verdad. –Se apresuró Hotaru.
-Hemos peleado, como normalmente, es todo, Souta. –Odiaba –de verdad, lo odiaba. – Rendirle cuentas a Matsubara mayor sobre Kaoru –Como si fuera su estúpido novio. –, pero al parecer Souta sabía que en su tiempo, su relación con Kaoru había sido más estrecha de lo normal. Incluso le había advertido que, teniendo la fama de mujeriego que tenía, no se le ocurriera tocar a su hermana. Él le había mandado a freír espárragos, diciéndole que siempre estaban riñéndose el uno al otro y que era completamente imposible que algo pasara.
Souta miró las escaleras, por donde se había ido Kaoru, y terminó encogiéndose de hombros, estando de acuerdo.
-¡Vale, entonces, larguémonos a hacer de las nuestras!
. . .
. .
.
Cuando escuchó la puerta de su casa cerrarse, se apresuró a ir hacia la ventana de su cuarto, la que daba hacia la calle, y observó a los tres chicos alejarse mientras reían, seguramente planeando que harían esta vez.
Apretó los puños, sintiéndose repentinamente frustrada. No sabía que había comenzado a sucederle. Cada vez tenía más ganas de golpear a Koiji en su perfecta cara. Como lo que había pasado el día anterior en su departamento, sin pensar. Pero luego, terminaba sintiendo las mejillas calientes.
Y es que simplemente no podía… No. No y no. Es decir, ¡Era Koiji! ¡El que le hacía la vida imposible! ¡El que salía con una y otra, y otra! Debía admitir que este último año se había comportado un poco más, pero… ¡Ahora estaba esa Oyuki! Además, ese idiota no tomaba enserio a nadie. Varias veces entre broma y broma el idiota intentaba sobrepasarse, incluso con ella. Y ahora resultaba que salía dos veces con la misma chica.
Y simplemente, no era solo eso. Era todo. Ella era Kaoru Matsubara. La chica ruda, la chica de los deportes. La chica desarreglada, la chica que no le importaba el amor y todas esas idioteces. No sabía porque comenzaba a sentir tantas cosas al mismo tiempo, como si fuera una de esas estúpidas chicas enamoradizas y debiluchas. Pero no quería. Ella…
Suspiró abatida, dejándose caer en la cama.
¿Así de patético era como se sentían todas las estúpidas chicas? Ya lo había dicho, ella no usaba maquillaje, o faldas y vestidos. Ni siquiera se molestaba mucho en peinarse. Bastaba con cepillarse el cabello. Tal vez lucía como un chico. Pero oh, cruel realidad, no sentía como uno. Por lo menos, a partir de ahora, había dejado de hacerlo, porque sentía algo estrujarse dentro de sí cada vez que veía a través de esos ojos verdes tan parecidos a los suyos.
Era increíble como el imbécil podía hacerle sentir tantas cosas contradictorias. Porque al mismo tiempo lo detestaba, e intentaba alejarlo de sí misma siendo brusca y demás. Sentía miedo. Miedo. Una palabra que ella no utilizaba mucho en su vocabulario. Miedo a ser lastimada por ese chico. Miedo por ser rechazada.
Negó con la cabeza, deteniéndose.
Wow, ¿Rechazada? ¿En qué momento eso llego a ser importante? ¿Desde cuándo, siquiera, había pensado en ser rechazada por el idiota de Koiji? Negó abatida.
Ella era Kaoru Matsubara señores. Y eso no podía tumbarla.
Kaoru había tomado una decisión, hasta que el idiota de Butch dejara de provocarle tantos altibajos, le ignoraría. Le ignoraría hasta que ella no se sintiera tan extraña en su presencia.
-Pero esto, no puede continuar así.
Todo a su alrededor era borroso, pero podía identificar voces a su alrededor, voces que eran conocidas para ella, pero que no podía terminar de identificar. Intentó enfocar más su visión, y frente a ella, vio a un hombre con un yelmo negro, completamente negro, que le impedía ver en realidad quien era. Tenía una capa del mismo color y una extraña… ¿Armadura? Metálica, como si estuviera preparado para una guerra.
Su aire era imponente y hacía que la piel se le erizara de tan solo verle frente a ella.
Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en un enorme cuarto blanco, con rejas en las ventanas, y una enorme puerta de metal. Un frío viento se colaba en el ambiente, aunque no entendía el porqué, si estaba completamente cerrado.
Su visión volvió a hacerse borrosa, pero las voces comenzaron a hacerse imponentes en su cabeza, cada vez con más sentido.
-Púdrete. –Dijo, una voz, y estaba segura que era ella misma. –Nunca nos ganarás.
-¿A no? –Sonrió. –Cada movimiento que ustedes hacen yo lo conozco y ya tengo un plan para contrarrestarlo.
-No nos vas a meter miedo con tus estupideces. –Dijo alguien cerca de ella. –Así que vete preparando.
El hombre rio fuertemente.
-Pero sí que son estúpidos. – Se acercó a una mesita de caoba que estaba en la esquina y tomo un control remoto. Tras presionar algunos botones una pantalla de plasma bajó de algún lugar mostrando en ella algo que no alcanzó a vislumbrar completamente. –Como les dije completamente vigilados.
Sin embargo, aunque ella no comprendió que era lo que había en la pantalla, sintió un enorme miedo apoderarse de ella.
Lo último que escucho fue una risa burlesca.
.
. .
. . .
Momoko se levantó precipitada, sudando frío y con una sensación de malestar, que muy a su pesar, ya había sentido unas cuantas veces en su pasado, lo cual la hizo que el miedo dentro de ella se acrecentara un poco más.
Miró hacia la ventana en su habitación y se dio cuenta que el cielo aún era de un azul oscuro, lo que indicaba que era de noche. Miró hacia su reloj en la mesita a su lado, y si en efecto, comprobó, que aún le quedaban bastantes horas de sueño, pero el sueño se le había disipado.
Se limpió el sudor de la frente, y se llevó las manos a la cabeza, rememorando aquella pesadilla.
No podía ser que esto le estuviera pasando de nuevo. No podía, porque eso, solo significaba el comienzo de algo muy malo.
Hola! Que tal, chicos?
Bien, personalmente, me he divertido mucho escribiendo sobre los verdes. Amo que Butch niegue completamente sus obvios celos. Y sobre Kaoru. Siento que a ella le afecta más todo este rollo de enamorarse. De hecho, en este momento de su vida no se ha dado cuenta de que se está enamorando del tarado de Koiji/Butch xD, así como él tampoco lo sabe. Solo sienten cosas extrañas que no logran entender. En fin todo esto es porque Kaoru no es la típica chica enamoradiza y fangirl -como todas nosotras que amamos a estos tres idiotas y otros tantos personajes ficticios - sino que es ruda y hardcore. Ya saben. Ella es complicada. Por lo que, al ser esto completamente nuevo para ella, no sabe como reaccionar ante ello, y su única defensa es ser más ruda xD
En fin, sigo amándolos.
Pronto habrá más de las otras parejas, solo sean pacientes. Sé que mis fic no tienen demasiado romance, pero es porque trato de que todo sea lo más real posible. Las sensaciones, sentimientos y acciones de todos ellos. Aún así, este fic tendrá muchos más romance que No Hai. Lo prometo. Solo sean pacientes. De hecho, hay muchas escenas muy cursis que ya he escrito xD. Bueno, tan cursis como yo puedo escribir,no se me da tanto la cursilería.
Bueno, creo que por el momento no hay mucho más, solo agradecer los reviews :)
Nos leemos, y besos embarrados de Nutella para todos!
Miss Nutella :)
