Disclaimer: Demashitaa! The PowerPuff Girls Z no me pertenecen.
Demashitaa: Kasai.
Una Realidad Inesperada
Los brazos le dolían, sus piernas estaban entumidas y su frente estaba empapada en sudor, pero no podía parar. Necesitaba cansar su cuerpo para poder regresar a la cama. Tenía probablemente media hora que había llegado a esa parte del bosque, donde entrenaban para no destruir el laboratorio del profesor.
Aunque ahora usarían el nuevo campo de entrenamiento creado por el científico. Le hubiera gustado usarlo, pero tomando en cuenta que eran las 3 de la mañana, Brick optó por ir a su campo de entrenamiento en el bosque.
Pensó con disgusto que los últimos días eso se estaba volviendo un mal hábito. Un muy mal hábito que él ya había creído que estaba en el olvido. Bajó del aire para recargar sus brazos en el tronco de un árbol despedazado, que al verse partido por su fuerza, ahora le llegaba un poco más abajo del pecho. Agachó la cabeza recuperando el aire, haciendo que al mantener su cabeza tranquila, los recuerdos llegaran a él rápidamente.
El estúpido yelmo.
Ese estúpido casco negro con el que soñaba, y que, por más estúpido que le pareciera, le despertaba en las penumbras de la noche, sudando. No entendía el porqué de ello. Era la única estúpida imagen que veía mientras dormía. Nada más, nada menos. Y eso le molestaba. Porque esa maldita imagen no podía quitarle el sueño. Pero ahí estaba él, a mitad de la noche, entrenando como un desquiciado para evitar pensar en ello.
Y lo peor era que… no era nuevo.
Tenía un vago recuerdo de dos años atrás, de ese estúpido casco, el mismo sueño.
-No esperaba encontrar a nadie aquí. –El joven levantó la cabeza. –Menos a esta hora.
-Lo mismo digo, rosita. –Dijo, reincorporándose, y alzándole una ceja, claramente interrogándole.
La chica no había tenido en sus planes que al no poder dormir en la noche habría optado por ir a entrenar para ver si el cansancio hacía mella en ella y se encontrara al mayor de los Him entrenando, al parecer, en su misma situación. No tenía ninguna explicación coherente que ocultara su verdadera razón para ir a su antiguo campo de entrenamiento a esas altas horas de la madrugada.
Se tardó un poco en responder, pero al final lo hizo.
-No podía dormir. –Aceptó. -¿Tu?
El chico se encogió de hombros.
-Igual. –En ese momento un sentimiento de tensión se introdujo en el pecho de ambos, como si pudieran ver la verdad en esa verdad a medias.
-Entonces. –Dijo el chico, elevándose en el aire. –No creo que vinieras a cortar hojas de los árboles. Seme útil para algo y apresúrate, niña. Entrenémos.
Ella se cruzó de brazos.
-¿No me enviaras a casa?
-¿Quién soy yo acaso? –Gruñó el chico, cabreado. -¿Tu padre? No seas molesta y apresúrate, ¿Quieres?
-Tan caballeroso como siempre. –Murmuró la chica, pero se elevó en el aire también. –No creas que te la pondré fácil, Him.
-Lo mismo digo, Akatsutsumi.
Y comenzó. Era la primera vez en mucho tiempo que luchaban el uno contra el otro. Durante los entrenamientos solían entrenarse no solo con sus contrapartes, sino, todos juntos, como un equipo. Había pasado mucho tiempo en el que no se enfrentaban entre sí. Brick contra Blossom.
Instintivamente la rivalidad creció entre ellos.
Pasaron minutos y minutos hasta que probablemente fueron horas. No estaban seguros, pero ellos seguían en el aire, luchando, y contrarrestando los ataques del otro. La camiseta de Brick estaba ahora hecha jirones, casi despedazada. El sudor corría por sus frentes como si se acabaran de dar un baño.
Probablemente unos años atrás Blossom habría sido del tipo de chica que hubiera odiado el trabajo duro, el sudor, y cualquier otra cosa que resultara poco femenina. Pero haber sido impactada por los rayos Z blancos le había cambiado totalmente la vida. La había hecho más fuerte y menos tonta y estúpida como cualquier otra chica de preparatoria, de las cuales su preocupación más grande era tener ropa con estilo y oler bien todo el tiempo. Ahora no podía incluso reconocerse a sí misma, llena de tierra, sudor, y la ropa rota. Y aun así, no le molestaba.
Los dos pelirrojos cayeron al suelo agotados y jadeantes. Después de unos minutos Brick se sentó, y se arrancó lo poco que le quedaba de tela de la camiseta. Blossom seguía recuperando su respiración, recostada en el suelo. El moño rojo había desaparecido en algún lugar del campo de entrenamiento, al igual que su chaleco.
-Va-ya. –Silbó el chico. –Debo admitir que me lo has puesto algo difícil. Has mejorado. –Dijo el chico. –Pero solo un poco. –Continuó arrogante.
Ella le imitó sentándose, dispuesta a dirigirle un comentario chusco para molestarle, pero las palabras murieron en su garganta al mirarle sin camiseta. ¿Por qué diablos se la había quitado?
Tragó saliva y desvió la mirada.
-¡P-Pues claro, idiota! ¿Qué esperabas?
-Pues eres una debilucha, ¿Qué podía esperar de ti, loca? –Ella, aun algo acalorada porque el bruto de Brick se había quitado la camiseta –o lo que quedaba de ella. –le arrojo una piedrilla que estaba a su alcance.
-Eres un malagradecido. –Gruñó. –Aparte de que te brido mi poder para entrenar, y así me tratas, ególatra. –El chico rio con sorna, y después se quedaron en silencio unos minutos, donde solo se escucharon sus respiración y el cantar de uno que otro animalillo.
-¿Cansada? –Cuestionó él, ante lo que ella negó.
-Ni un poco. –Y Blossom pudo percibir, que por el semblante del chico, estaba en las mismas.
Y fue entonces cuando ya estando más acostumbrada a la falta de prendas del chico, que le observó el abdomen –Sí, lo observó, ¿Y que? – y se percató de algo que le perturbó bastante.
-¿Cómo te has hecho eso?
Olvidando cualquier rastro de vergüenza, se acercó precipitadamente al pelirrojo que observaba el cielo, intentando divisar alguna estrella, que por la gran contaminación de Tokio era imposible ver. Brick se sobresaltó un poco al observar a la chica precipitarse como un caballo hasta él.
-¡Ah! ¿Qué te pasa loca? –La chica le dio un suave golpe en el hombro.
-¿Cómo te has hecho eso? –Reiteró, mirando una cicatriz que bajaba desde su pecho, hasta un poco más debajo de su ombligo, en diagonal. Estaba caso difuminada, pero aún era visible. Y eso fue lo que le preocupó.
Los rayos Z que el chico poseía, hacían que todas sus heridas sanaran mucho mejor y más rápido de lo normal. Era por eso que ellos no tenían ninguna cicatriz de ninguna batalla. Si los rayos Z que corrían por sus venas no habían sido capaces de eliminar esa herida era porque realmente había sido muy grave.
Brick miró su herida como si de repente fuera lo más interesante del mundo. Aunque recordaba aquel día que la había obtenido, el cómo, por qué y el causante de ello. No sabía si debía darle explicaciones a Blossom de aquello, pero la chica le miraba expectante y con la cara cubierta de preocupación.
-Fue hace mucho, Blossom. No te pongas de histérica. –Dijo, restándole importancia pero ella le frunció el ceño, y siguió mirándole de esa manera. El rodó los ojos y tras unos segundos suspiró, a sabiendas de que la chica era más terca que una mula y no se quedaría tranquila hasta que se lo aclarara. –Fue Taiga.
Una perfecta "O" fue formada en los labios de su acompañante, al igual que sus ojos se abrieron levemente.
-Te digo, fue hace ya mucho. –Murmuró, tumbándose en el césped de nuevo. –Así que no comiences a ponerte loca, porque te dejare inconsciente para no escucharte.
Su tono fue gracioso, pero ella le miró ahí tumbado en el césped casi con tristeza. Se dejó caer a su lado, a una distancia prudente de él sin comentar o decir nada, accediendo a la petición del chico. Se quedaron en silencio hasta que ella decidió hablar de una vez por todas.
Blossom conocía a Brick aunque este se negara a admitirlo, y ambos sabían que cosas extrañas estaban sucediendo a su alrededor. De no ser así, no estarían de madrugada, en un bosque, entrenando arduamente, todo, con tal de no estar en casa bajo sus cobijas soñando sabrá Dios que perturbadoras cosas que para ellos no tenían sentido.
Además, ella estaba segura de que le estaba ocultando algo. Durante todos esos días lo había notado mucho más pensativo que de costumbre.
Pero también sabía que Brick no iba a abrirse con ella así como así. No era un chico que mostrara sus inquietudes al mundo. Por eso, se decidió a dar el primer paso.
-He comenzado a tener sueños. –Dijo la chica de pronto, a lo que Brick abrió los ojos repentinamente.
Silencio.
La tensión en el ambiente creció un poco más. No es que Brick no lo supiera. No por nada era su contraparte. ¿Qué otra razón había para que Blossom estuviera a altas horas de la madrugada entrenando en un bosque desolado? Pero que ella lo hubiera dicho en voz alta, era clara señal de que quería hablarlo. Y hablarlo era como aceptar que era un hecho. Cerró los ojos de nuevo.
Al ver que él no articulo palabra alguna, continuó.
-En realidad, no fue un sueño, sino… bueno, el profesor las llamó visiones. –Recordó tiempo atrás. –Aún no he podido ver nada, solo escucho voces, y veo borrones. No tienen sentido para mí. –Suspiró. – Pero lo que escucho no me tiene tranquila y… estoy comenzando a despertar a mitad de la noche sin poder volver a conciliar el sueño, como aquella vez. Es por eso que estoy segura que no son simples sueños.
Silencio.
-Miyako y Hotaru parecen estar tranquilos así que no había querido preocuparme, pero cada vez ha sido más frecuente y ya no estoy tan tranquila. Además, sé que tú también lo sabes, te has estado comportando diferente.
Silencio.
Blossom frunció el ceño y se reincorporó, acostándose de lado, y observando con el ceño fruncido al chico a su lado, con los ojos cerrados.
-¿Estás siquiera escuchándome? –Gruñó. Pero el chico siguió inerte, con los ojos cerrados y los brazos detrás de la nuca. – ¡Te estoy hablando de algo serio, idiota! ¡Y tú solo estás ahí, acostado tan tranquilo como si nada pasara! ¡Como si todo estuviera marchando de manera normal! ¡Y ni siquiera me dices nada de lo que pasa por tu cabeza! ¡Y…
-¡Diablos cierra la boca! –Gruñó, levantándose de golpe, quedando a su altura, con su cara muy cerca de la sya y el ceño fruncido. -¡Intento concentrarme!
Blossom enmudeció. Brick regresó a su lugar en el césped con los ojos cerrados.
-Que molesta eres. –Gruñó, haciendo que la chica soltara el aire contenido.
-Es tu culpa, idiota… -Dijo, más calmada. –Pero sabes perfectamente lo que sucedió la última vez que comenzaron a pasarnos estás cosas.
El chico abrió los ojos.
-Ya lo sé. –Murmuró. –Yo también he vuelto a tener esos sueños. Aunque no sirve de mucho. –Gruño, recordando el estúpido yelmo negro.
-Algo malo va a pasar. –Susurró, y aunque sonó como un simple comentario, sabía que era la afirmación de un futuro tormentoso. Pero él no tenía ningún comentario. Por lo menos no uno que les sirviera de algo. La única persona que había logrado perturbarlos de esa manera ya estaba muerta.
No tenía ni teorías, ni idea de que estaba por venir. Solo sabía que no estaba en sus manos. Además, había algo que no le estaba contando a la chica y eran esas estúpidas notas que habían llegado a su casillero y a su libreta. Aunque el aun trataba de convencerse de que era una simple broma estúpida de sus hermanos.
-¿No piensas decir nada, no?
Él suspiró.
-No tengo idea de que pasa, Blossom. No tengo ninguna teoría, ni idea de porque…
-No seas idiota, yo tampoco. No hablo de eso. –Le cortó. –Hay algo que me estás ocultando.
Él ocultó muy bien su sorpresa al verse descubierto ante la chica.
-Estás imaginando cosas, loca.
-Como sea. –Dijo, recostándose en el césped. –Ya hablarás. Pero más te vale que no sea demasiado tarde, retrasado.
Ante ese comentario, tuvo un instintivo impulso de hablar, de contarle sobre las notas de su casillero y libreta, pero se reprendió.
Debe haber otra explicación para ello. Y la encontraré y lo resolveré. Punto. Se dijo mentalmente.
Ninguno volvió a decir nada más, no necesitaban hacerlo. Sabían que las cosas habían cambiado de manera repentina, tomado un rumbo inesperado y que no pintaba para absolutamente nada bueno, y también sabían que probablemente no estaban preparados para ello, considerando que ni siquiera sabían que era lo que estaba ocurriendo.
Pero se quedaron mucho más tiempo en silencio, en el césped hasta que los parpados, esta vez sí, comenzaron a pesarles.
El fresco viento comenzó a quitarles el calor que habían tenido por haber entrenado tanto, y el ulular de un búho comenzó a hacer de canción de cuna para los pelirrojos.
-Nos vamos a quedar dormidos… -Murmuró la chica realmente más dormida que despierta, y Brick fue vagamente consciente de ese murmullo, pero al igual que ella, estaba casi completamente en el mundo de Morfeo.
Intento responder un: Larguémonos de aquí ya. Pero nunca salió de su garganta. Sus sentidos estaban adormecidos por fin, por el cansancio.
Ni siquiera fue consciente de en qué momento terminó de cerrar los ojos.
Esa irritante, orgullosa y creída chica estaba realmente sacándole de sus casillas. Estaba ignorándole. Completamente, como a un idiota. La muy desgraciada había llegado, había saludado a Miyako y a su hermano y había pasado de él como si fuera un cero a la izquierda. No había dicho ningún que hay idiota, o algún, hola, bastardo. Nada.
Ya era la segunda hora de clase, y ella no se había dignado a reparar en él.
Tenía semanas enteras portándose como si ella realmente, le odiara. Es decir, de verdad. Como si no soportara ni estar cerca de él.
Él claramente no se quedaba atrás. Si ella le daba guerra, él no se doblegaría por nada del mundo. Al principio, cuando las cosas comenzaron a tornarse más rudas entre ellos, le había parecido divertido, Kaoru le resultaba todo un poema cuando estaba de mal humor. Pero con el paso de los días comenzó a molestarse. ¿Qué diablos le había hecho a esa loca? ¡Nada! Y parecía que volvía a tenerle el mismo rencor de tres años atrás. De hecho, él podía decir que se estaba comportando mucho más decentemente.
Incluso había dejado de tener tantas citas con tantas chicas. La razón era algo complicada, pero él no tenía por qué darle explicaciones a nadie, él podía hacer lo que le viniera en gana, ¿No? Así que, si, por más extraño que pareciera, Koiji Him había reducido considerablemente el número de citas que tenía, limitándose en ese momento a Oyuki. Kaoru siempre se había quejado de que era un mujeriego, pero después parecía que le molestaba que no tuviera citas con cuantas chicas pudiera.
Y ahora que salía con Oyuki, ella parecía más endiablada de lo normal. Ni siquiera le hablaba. ¿Pero qué diablos era lo que esa chica quería?
Lo que fuera no le importaba. –Sí, claro, como si fuera cierto. –Además, él tenía sus propias cosas en que pensar, como por ejemplo, que diablos había sucedido con Makoto que no había aparecido en la mañana ni en casa ni en la escuela. Hotaru y él estaban seguros de que lo habían visto por la noche en su departamento, en su habitación, y ahora, no había asistido a la escuela. De hecho, no estaba en casa cuando se levantaron.
Hotaru y el habían compartido una mirada confundida, pero lo habían dejado pasar.
Otra cosa extraña era que la perfecta Momoko Akatsutsumi tampoco estaba por ningún lado.
Entre sus pensamientos se vio a si mismo garabateando distraídamente un montón de rayones en su libreta. Cuando hubo salido de ensimismamiento se dio cuenta de que no eran precisamente rayones. Era el mismo patrón de números una y otra vez. El moreno se extrañó demasiado. Era la segundo ocasión que le sucedía, y estaba casi seguro de que eran los mismos números que había garabateado la última vez, 30, 31, 75, 12.
-30, 31, 75, 12. –Pensó, intentando encontrarle alguna razón a aquello, pero terminó restándole importancia. Tampoco hubiera tenido mucho tiempo de estar pensando en aquello, porque la pelirroja Akatsutsumi llegó al salón agitada. El profesor al igual que la mayoría, le miró extrañado, pero le permitió pasar, recibiendo el pase de entrada que le había dado la directora.
La chica, claramente nerviosa por todas las miradas posadas en ella, caminó derecho a su lugar, sin hablar o mirar lo que fuera.
Tampoco le dio mucha importancia a aquello. Lo que seguía causándole intriga era donde estaba metido Makoto, y supo que la misma duda pasaba por la cabeza de su rubio hermano cuando sus miradas se cruzaron un segundo.
El moreno bajó la mirada a su libreta, con los números 30, 31, 75 y 12 escritos una y otra vez, una y otra vez en línea consecutiva. Arrancó la hoja, la arrugó, y la metió sin cuidado a su mochila, para recostarse sobre su pupitre.
Hubo un mísero segundo que pensó que Makoto pudo estar con Momoko, pero la chica había llegado completamente sola. Kaoru ya hablaba con ella, seguramente preguntándole porque había llegado tan tarde a clase, o molestándole porque la perfecta Momoko había llegado tarde. Debido a sus risas y a la mala cara de su acompañante, seguramente era la segunda opción.
Cuando abrió los ojos por la mañana, no fue debido a que había descansado lo suficiente y sentía la necesidad de despertarse. Algo le había dado un fuerte golpe en el costado que le hizo retorcerse de dolor. Solo cuando logró enfocar bien se había dado cuenta de que no era un algo, sino un alguien, y era precisamente en ese momento, Blossom la que le miraba fúrica y le había dado un fuerte codazo en el costado.
Al parecer se habían quedado dormidos en su campo de entrenamiento, tal como ella le había advertido, y al parecer por los rayos del sol, tan fuertes, era bastante tarde, y la molestia de Blossom era que llegarían tarde a la escuela. Por él, mejor.
Después de pelearse un buen rato discutiendo quien era el culpable, habían salido volando, ella a su casa, y él al laboratorio, donde se dio un baño, se cambió, y desayunó con tranquilidad junto a Ken, como si no tuviera que asistir a la escuela. Eran las nueve y media de la mañana y él ya había decidido que ni de chiste asistiría. No le apetecía. Pero, el profesor se había encargado de joderle la existencia las pocas horas que estuvo ahí, diciéndole que debía ser responsable y bla, bla bla, y terminó obligándolo a ir a la escuela de malas maneras.
Había llegado a la hora del receso. Normalmente no dejaban entrar a ningún alumno después del toque de entrada, pero el profesor había llamado a la directora y había arreglado el asunto.
Así que ahora, Makoto Him, se encontraba caminando entre los jardines de la escuela, buscando el árbol que servía de punto de reunión de sus hermanos y amigos. No pudo evitar sonreír con arrogancia y sentirse como una estrella de cine cuando Misaki lo señaló y todos giraron su cabeza a verlo rápidamente, sorprendidos. Los primeros en atacar fueron sus hermanos.
-¿Dónde estabas?
-¿Has traído comida?
Él les miró mal. –No, imbécil. Y estaba en casa de nuestro tío. –Dijo, sentándose junto al resto, para su sorpresa la chica nueva, Asami, estaba ahí. Frente a Misaki y Asami no podía decir nada del laboratorio, por lo que esa había sido su palabra clave, lo cual los demás entendieron.
Y tan solo sentarse, se dio cuenta de que Momoko le miraba con irritación, como si hubiera sido culpa suya que ella se quedara dormida. ¡No era su despertador personal!
-Llegaste en un mal momento. –Dijo la pelinegra. –Miyako ya se ha puesto a hablar como loca del baile de primavera.
Makoto maldijo mentalmente al profesor por obligar a asistir a la escuela. Miyako le miró ofendida.
-¡Pareciera que soy a la única que le importa!
-¡Así es! –Gritó la mayoría, pero la chica, aunque frunció el ceño, les ignoró y siguió compartiendo los detalles que tenía planeados.
-El baile será a finales de Abril. El 24, así que tenemos mucho que hacer, faltan dos semanas. Mañana vamos a empezar a hacer toda la decoración, y yo me encargaré de hacer las llamadas para organizar el banquete y…
-Miyako. –Interrumpió Misaki. –Por favor, ya no sigas más. Va a darme un dolor de cabeza terrible.
-Relájate, Miyako. –Dijo suavemente, Asami, lo que causó la atención de todos, ya que ella era muy callada. –Todo saldrá bien.
Miyako suspiró.
-Bueno. –Aceptó. – ¡Pero no quiero que nadie falte mañana! ¡Tenemos mucho que hacer!
Makoto gruñó.
-Habrase visto. Yo. El gran Makoto. Siguiendo órdenes de esta niña. –Murmuró. –Como sea. –Aceptó, tumbándose en el césped.
Miyako ignoro el comentario, y le miró curiosa.
-Y entonces. –Dijo Miyako. -¿Dónde estabas Makoto?
El pelirrojo se encogió de hombros. –En casa de nuestro tío, ya les dije.
Koiji y Hotaru sonrieron con malicia.
-Vaya. Yo creí que estabas con Momoko. Ella también ha llegado tarde hoy.
El pelirrojo se sentó de golpe. Cruzó una rápida mirada con la pelirroja y supo que ella no les había dicho nada de lo sucedido la noche anterior. O más bien horas atrás. No era que a ellos les gustara ocultarles cosas a los demás miembros del esquipo, pero aun no querían alarmar a nadie. Y explicarles lo que había sucedido y porque no habían llegado incluía hablar de Taiga y aun no querían levantar falsas alarmas, por más convencidos que estuvieran.
-Pues claro que no, para de idiotas.
-¡Jo, ya lo creo, Hotaru! –Rio Koiji. -¡Con eso de que no dormiste en casa! ¡Cuando no los vimos llegar supusimos que estaban, ya sabes, juntos~!
Hotaru se carcajeó al ver la cara de la pelirroja. Todos los demás se unieron a su contagiosa risa.
-¡Cierra la boca imbécil! ¡Cómo se te ocurre esa estupidez! ¡Como vuelvas a decir algo así, será tu pequeño amigo el que pague tus idioteces!
-¡Tienen aire en la cabeza ustedes dos! –Chilló Momoko, sonrojada.
-¡Oye, mi amigo NO es pequeño!
Pero todos seguían haciendo bullas, y molestándoles sin cesar. Incluso Asami, reía quedamente. Pronto, los tres hermanos se enfrascaron en una infantil pelea, soltando golpes e insultos por todos lados.
En medio de la pelea, Hotaru divisó una cabellera alborotada y pelirroja, que caminaba con sus amigas lejos del lugar. Sintió como cuando se rompe un cable y la electricidad sale chisporroteando hacia todos lados, pero en su interior. Luego, una helada corriente eléctrica recorrió toda su columna vertebral, dejándole una sensación como de un vacío.
Entonces Himeko Shirogane se perdió entre el tumulto de gente.
Accidentalmente, Hotaru y Miyako cruzaron una mirada. Y aunque la rubia estaba de espaldas, tenía una expresión de seriedad, como si acabara de sentir lo mismo que él, incluso sin ver a Himeko, ni tener idea de que había sucedido detrás de ella.
Tras unos segundos, la rubia sonrió y negó, como diciéndole. Relajate, después hablamos de esto.
Pero él no se quedó tranquilo. No después de todo lo que últimamente había sentido.
-¡Oye Hotaru, deja de hacer el idiota y ayúdame! –Gritó Koiji, que intentaba no ser golpeado por el pelirrojo.
El rubio despertó de su ensimismamiento, y no tuvo otra opción más que seguir el consejo de Miyako. Dejar para después el asunto de Himeko, que comenzaba a darle mucho que pensar.
No quería comenzar a alterarse, pero las cosas habían comenzado a cambiar mucho los últimos días. Tanto que comenzaba a sentir el ambiente mucho más diferente, provocando que él estuviera mucho más a la defensiva de lo que normalmente estaba.
Miyako y él habían llegado a un acuerdo: no hablar hasta que estuvieran seguros de que todo aquello iba enserio.
Y él lo lamentaba, pero era hora de romper esa promesa, porque él estaba cada vez más seguro, que todo aquello, era demasiado, demasiado enserio.
Demasiado para su propio bien.
Desde que Makoto había salido –desde que lo había obligado a irse, más bien. – a la escuela, él no había hecho algo diferente.
Sentarse en su silla y mirar el ordenador, fascinado.
No entendía como no se había dado cuenta de esto antes. Tal vez eso significara la respuesta a lo que tantos científicos habían buscado durante muchísimos años.
Había ciertos puntos de la tierra en los que durante muchos años habían ocurrido catástrofes misteriosas, como las desapariciones de barcos y buques de guerra, la existencia de criaturas extrañas, como el mounstro del lago nes. El hombre de las nieves. Algunas personas creían que eran mitos, otras personas creían que era verdad, y los científicos se dedicaban a investigar la realidad que había detrás de aquello.
El comenzaba a creer que había encontrado el porqué. Aunque fuera completamente loco que esto le estuviera pasando a él.
Todo había comenzado cuando días atrás había encontrado una cierta radioactividad –o al menos el suponía que era eso. – en el Triángulo de las bermudas. Era una especie de energía que se emanaba del lugar que no había en ningún otro lugar de la tierra.
Después, intrigado se había dedicado a investigar más a fondo, casi sin descanso, junto a Ken y Peach, y había descubierto que había otros lugares en la tierra que emanaban ese tipo de… energía, radioactividad, lo que fuera. Y casualmente, en esos sitios también habían ocurrido desgracias, pérdidas de transportes marítimos, aéreos, sucesos extraños.
¿A qué se debía?
¿Qué era esa radioactividad tan extraña que se emanaba de esos lugares? ¿Era la que ocasionaba todo aquello de lo que nadie era capaz de encontrar una explicación lógica? ¿O simplemente no tenía nada que ver con aquello? ¿Algún otro científico había identificado ya aquella energía en esos lugares?
Rápidamente, comenzó a escribir a unos cuantos científicos amigos suyos –que eran bastantes. – en un intento de intercambio de información. Cuestionándoles si ellos habían encontrado alguna anomalía a esos lugares de la tierra. No estaba seguro de que esperar de aquello, pero era su única fuente de información sobre aquello. Estaba entrando en terreno desconocido. Nadie tenía mucha información sobre aquellos lugares.
Él ya se había enfrascado en eso y quería terminarlo, entender las razones de las anomalías que había encontrado. Tal vez hiciera un nuevo descubrimiento. Tal vez encontraran una solución a ese problema. Aunque… muchos científicos mucho más experimentado que él habían desperdiciado su vida en aquello. ¿Quién decía que él podría hacerlo? Ya estaba en sus treintas, pero para ser un científico era demasiado joven.
Aun así, decidió no dejarlo de lado.
No importaba si fracasaba, de eso se trataba ser un científico. Probar, indagar, investigar aun si se fracasaba en el intento, pero nunca, nunca rendirse. Siempre todo servía de algo, si fallaba, aprendería algo nuevo.
Con un suspiro algo cansado se talló los ojos. De tanto ver el ordenador y hacer anotaciones sus ojos escocían. Se levantó como en un letargo, lentamente. Tenía que comenzar a preparar la comida. Pronto esos chicos llegarían a asaltar su laboratorio y tenía que estar preparado para ello.
Utonium hizo una anotación mental: Hacer un robot que preparara los alimentos.
Cuando eran solo Ken y él era muy fácil. Pero ahora…
Si no fuera porque les tenía aprecio a esos chicos, no sabría que habría hecho ya.
Por fin la hora de regresar a sus correspondientes hogares había llegado –aunque él y sus hermanos irían al laboratorio, claro. –Y él estaba deseoso de largarse de ahí e ir a comer algo delicioso. Aunque, el profesor últimamente les había prohibido usar en exceso la maquina especial de comida que había en el laboratorio porque según el, solo lo usaban para comer porquerías que destruían sus intestinos.
Ahora el hombre tenía meses enteros preparando sus alimentos. En fin, el igual comía lo que fuera. Y, el igual usaba todo lo que quisiera esa máquina, con o sin el permiso del profesor.
Salió corriendo con sus hermanos detrás de él, las chicas ya habían salido - ¿En qué momento? – topándose con ellas en el corredor.
-Iremos al laboratorio. –Anunció Momoko.
-Nos alcanzan allá. –Dijo Kaoru. –Tortugas lentas.
-¡Adiós! –Chilló Miyako, y las que ahora comenzaron a correr fueron ellas, alejándose rápidamente.
-¡Maldición, estas tres chicas! –Gruñó Koiji. -¡Vámonos ya, no pueden ganar!
-¡Rápido! –Rubio y moreno comenzaron a apresurar el paso, pero Makoto se desvió un segundo dirigiéndose a su casillero.
-¡Oye! –Gritó Koiji. – ¡Apresúrate, estúpido!
Pero Makoto siguió su propio rumbo.
-¡Adelántense, los alcanzo! –Dijo Makoto, haciendo que los dos emprendieran camino al laboratorio.
Makoto corrió a su casillero. Aun necesitaba entender esos estúpidos problemas de la clase de cálculo, no quería que el alcalde le diera menos dinero del que estaba acostumbrado a recibir por bajar su promedio. Era ridículo. Él. El gran Makoto. Siguiendo las órdenes del vejete del alcalde.
El pelirrojo abrió su casillero, y comenzó a tomar lo que necesitaba cuando un papelito cayó de la parte de arriba de su casillero. Se quedó unos minutos mirando el papel que había caído al suelo. Instantáneamente supo de qué se trataba. Se quedó ahí unos segundos, con el tumulto de estudiantes pasando detrás de él y chocando con su espalda, aun sin recoger el papelito, no estaba seguro de querer abrirlo.
Pero igual lo tomó y lo desenvolvió, dándose cuenta al instante que no era uno, sino dos.
Tu tiempo se agota, Brick.
El pelirrojo desenvolvió el papel, sintiendo la sangre bombear cada vez más rápido.
¿Cuánta oscuridad es capaz de soportar tu equipo, Brick?
El pelirrojo releyó los papeles una vez más, y, sintiendo algo crecer en su pecho, frunció el ceño, y arrugó los papelitos en su puño, cerrándolo sin cuidado y con fuerza. Era todo. Su paciencia se había agotado.
Había soportado cuatro veces la misma infantil y estúpida jugarreta de villanos disfrazados. Entendía que de vez en cuando desearan romper las reglas y gillipolladas de esas, pero se estaban pasando. Más bien, estaban pasando su límite de paciencia. Sobre todo porque de verdad parecían no tener ni idea de ninguna de esas notas que recurrentemente comenzaba a encontrar en su casillero, delatando su identidad y poniendo en riesgo la seguridad de todos.
O de verdad actuaban muy bien, dote que por lo menos a Hotaru hasta ahora no le había encontrado o simplemente aquello… aquello era…
Como un demonio, cerró su casillero, se arremangó la mochila y salió detrás de sus hermanos, que probablemente ya estaban en el laboratorio con las chicas.
Chocó varias veces con alguno que otro despistado chico que no había visto su expresión de furia y no se quitaba del camino. No fueron demasiados, la mayoría se apartaba de su camino al verlo correr con el ceño fruncido. Él sabía que tenía fama de ser peligroso cuando estaba enojado, lo cual era cierto. Esos idiotas sabían en lo que se meterían si se entrometían en su camino.
No aminoró el paso, siguió corriendo tan rápido como le dieron las piernas, y cuando estuvo a mitad de camino, completamente seguro de que nadie lo veía, voló tan rápido como pudo. Cuando llegó, justo como supuso ya estaban todos ahí, incluyendo a las chicas. Parecían tan felices armando sus típicos alborotos, esperando seguramente que el profesor tuviera listo lo que sea que fueran a comer.
No se dieron cuenta de que había llegado hasta que el ruido de su mochila cayendo brusca y ruidosamente al suelo les hizo girarse a verlo. Al parecer su buen humor del momento no les hizo notar su cara de molestia.
Koiji fue el primero en acercarse.
-¡Hey, te has tar… -No le dio tiempo de terminar, porque tomó a su hermano mediano de la camisa y lo estampó en la pared.
Las risas terminaron y fueron remplazadas por un ambiente de tensión al instante. Hotaru se acercó rápidamente, pero una mirada del rojo bastó para que el chico se quedara en su lugar.
-¡Hey ¿Que mierda te pasa?! –Dijo, enojado el moreno. Aquella acción dejó a cada presente boquiabierto.
Era verdad que los tres comúnmente peleaban entre ellos, y que Makoto tuviera poca paciencia, pero no era tan común ver a Makoto tan molesto sin una razón aparente. Sobre todo cuando minutos atrás en la escuela parecía todo como normalmente solía ser.
Makoto apretó el agarre en su camiseta.
-¿Quién de los dos fue? –Cuestionó el de gorra, furibundo.
-¿De qué hablas? –Se quejó Koiji, removiéndose. -¡Suelta!
-¡Habla!
-¡Maldición no sé de qué me hablas, Makoto! –El chico gruñó y miró al rubio que parpadeó en su lugar y tragó saliva. Soltó al pelinegro y se dirigió al menor de los tres.
-Makoto, cálmate, ¿Qué sucede? –Intervino Momoko, claramente confundida, él la apartó del camino. Un claro no te entrometas.
El pelirrojo siguió su camino hacia Hotaru que le miraba, al igual que todos sin entender.
Makoto vio la transparente mirada de Hotaru que mostraba estupefacción y confusión. Definitivamente, él no puede mentir de esa manera. Es como el agua. Y precisamente, eso fue lo que le preocupó más, lo que avivó su enojo.
-Tu. –Le espetó. –Tú no me puedes mentir. –El rubio alzó la ceja. –Dime. Quien. Jodidos. Fue.
Hotaru sabía que no debía preguntar o haría explotar al chico, Koiji y él conocían mejor que nadie el temperamento que se cargaba su hermano mayor, pero no entendía nada de lo que el pelirrojo hermano suyo lo acusaba.
Así que simplemente carraspeó, intranquilo.
-¿Quién fue qué?
-¡¿Quién fue?!
-¡¿Quién fue que, joder?!
-¡Las notas! ¡Las estúpidas notas que han estado poniendo tú y el idiota ese –Señaló a Koiji. –En mi casillero! ¡Es la última vez que les pregunto! ¡¿Quién jodidos fue?!
Koiji frunció el entrecejo, acercándose peligrosamente a su hermano mayor.
-¿Me estás diciendo que estás armando este jaleo por unas putas notas? –Cuestionó molesto el pelinegro. Makoto le recriminó con la mirada duramente.
-Makoto. –Llamó el ojiazul. –Koiji tiene razón, cálmate, maldición, que no tenemos ni idea que hablas.
-Más les vale que empiecen a hablar. ¡Ahora!
-Makoto. –Le llamó Hotaru, con una mirada serena y confundida. –No sabemos de estás hablando, enserio hombre. No tenemos ni idea.
Definitivamente, Hotaru no mentía. Se dirigió a la pelinegra.
-Entonces fuiste tú. –La acusó. Ella se sobresaltó.
-¡Óyeme, no me metas en tus problemas! –Koiji le tomó a Brick del brazo, halándolo hacia atrás antes de que amenazara con acercarse peligrosamente a la chica.
-Tiene razón, Makoto, tranquilízate. – Makoto entendió de una vez por todas, que si Koiji le daba la razón a Kaoru en algo con la seriedad que lo hizo, era porque de verdad, no tenían ni idea.
En ese momento el profesor llegó al lugar. De haber sido otra la situación, se hubiera carcajeado divertido. El hombre iba con un delantal rosa con lunares negros, y una espátula en la mano. Pero la situación no estaba como para reí ni mucho menos.
-¿Qué sucede? –Preguntó Utonium curioso, había escuchado un griterío en el lugar, lo cual era normal, pero parecía un griterío diferente, lo suficiente para que se alertara. -¿Qué les pasa a ustedes seis?
-Pasa que alguien me ha estado jugando estúpidas bromas y mi paciencia se agotó. –Dijo el chico con el ceño bien fruncido y claramente molesto. –Alguien explíqueme esto. –Tiró las notas a una mesa cercana, haciendo que todos se acercaran a leerlas.– No pudo haber sido nadie más que uno de ustedes cinco. Y saben perfectamente porque.
Los cinco analizaron las exactamente, cinco notas y se miraron a los ojos. Había quedado claro que ninguno de los hermanos había sido, y era mucho más claro que Miyako o Momoko no harían esa clase de bromas. Los ojos se dirigieron a Kaoru.
-¿Fuiste tú, Kaoru? –Cuestionó el profesor a lo que la chica gruñó.
-¡Que no! ¿Qué ganaría yo haciendo esto? –Señaló los papeles. –Además, si lo estás tomando como una broma ¿Porque carajos estás armando semejante jaleo?
El chico se cruzó de brazos y desvió la mirada para que no notaran que se sintió descubierto.
-Solo respondan, maldición.
-Makoto. –Dijo Ken. –Creo que todos están diciendo la verdad. Nadie de nosotros ha sido.
El chico apretó los puños tanto que los nudillos se le pusieron blancos. Y ahí entendieron que no era precisamente enojo, sino otra sensación que el pelirrojo no sabía expresar muy bien. Preocupación. Pero nadie dijo nada porque sabían que no les convenía meterse con el rojo y además porque compartieron la misma sensación preocupante en ese momento.
Si no había sido ninguno de ellos… ¿Quién había sido? Pero sobre todo… ¿Qué significaba aquello?
Chanchanchan...
Bueno, creo que esto ya lo veían venir, ¿No?, pero aun así, ¿Que les ha parecido? Ya se empieza a tornar más seria la situación. Y Butch y Kaoru comenzaran a entrar en una etapa muy dificil, jo. En lo personal, yo disfruté mucho de escribir la escena de Brick y Blossom. Tenía un tiempo que no escribía de ellos cuando escribí esa escena.
En fin, no hay mucho que decir hoy. Creo... así que me retiro. Cualquier duda o comentario es bienvenido.
¡Le invito a dejar un review con sus sospechosos sobre las notas que le han dejado a Makoto! Veamos que tan intuitivos y analíticos son xD
En fin, nos leemos. ¡Hasta la próxima!
Miss Nutella.
