Disclaimer: Demashitaa! The PowerPuff Gilrs Z no me pertenecen.
Demashitaa: Kasai.
Oscuridad
Los nueve presentes miraron los papelitos arrugados en la mesa sin entender que sucedía. Makoto parecía menos fúrico y más pensativo, igual que el resto, pero sus puños seguían apretados como si tuviera un bichito que no debía dejar escapar.
-Esto es grave. –Dijo la pelirroja. –Si de verdad no es una broma, esto es muy grave.
Nadie respondió nada, lo tenían muy claro. Se suponía que sus identidades estaban resguardadas muy secretamente por sus identidades secretas y el mismo gobierno de Tokio, tenían muchísimo cuidado de no ser expuestos como lo que realmente eran, y lo que más importaba ahí, ¿Quién los vigilaba?.
Los dos rubios se lanzaron miradas cómplices que entendieron perfectamente. Todos ahí lo notaron, tensando más el ambiente.
Makoto que no estaba para bromas, ardió.
-¡Comiencen a Hablar! ¡Ya! –Rugió, apretando la mandíbula. Sabía que ellos no tenían la culpa, pero le era difícil contenerse.
Miyako tragó saliva.
-Pasa que… hemos tenido… una sensación bastante mala últimamente. –Dijo la rubia.
-¿Una sensación mala? –Cuestionó Koiji. –El otro día el pastel de Momoko no me causó un buen efecto y tuve muchas sensaciones malas.
Pero ni ese comentario chusco aligeró el ambiente. Todos seguían mirándolos inquisitivamente.
-Una sensación mala. –Repitió Momoko pidiendo más explicación. Miyako miró a todo el mundo intentando decir lo que fuera que quería decir, pero las palabras por alguna razón no salían. Hotaru se apresuró.
-Los mismos presentimientos que tuvimos durante la temporada que nos enfrentamos a Taiga. –Soltó el rubio al ver que la chica no sabía cómo soltarlo sin alarmarlos, pero simplemente, no había manera de no alarmarse ante eso, sobre todo teniendo esas notas del mal en la mesa.
-¿Y porque mierda no había dicho nada? –Cuestionó Koiji.
-No estábamos seguros de esto. –Se explicó el rubio. –Creímos que esa habilidad había desaparecido, no entendíamos como percibirla ahora, dos años después. Primero creímos que era producto de que actuamos con tanto recelo desde lo que sucedió con Taiga, ideas nuestras.
-Pues ya vieron que no. –Le espetó Makoto. Los dos rubios desviaron la mirada.
-Es verdad que debieron habernos dicho esto. –Dijo la pelirroja. –Pero tú tampoco habías dicho nada de esto. –Dijo, tomando un papelito en mano.
-¡Porque creí que era una broma de este par de zoquetes! –Dijo el chico.
-Bien, bien. –Tranquilizó. –Lo que es más serio es que… quien sea el que haya puesto esto en tu casillero, nos tiene vigilados, conoce nuestra vida normal. Y eso quiere decir que… bueno, no quiero adelantarme pero…
-Tiene un espía. –Dijo Kaoru. –No hay otra manera.
El ambiente tenso se hacía cada vez más pesado. Las suposiciones, alegatas y cuestiones comenzaron a alzarse en el ambiente, hasta Peach hablaba aludiendo a sabrá Dios que tantas cosas, pero Makoto permaneció callado y sin decir nada, y dejando a todos ahí, el pelirrojo salió de la sala de experimentos para ir a acostarse al sofá, abajo.
.
. .
.
"Los mismos presentimientos que tuvimos durante la temporada que nos enfrentamos a Taiga."
. .
.
Miró a Taiga caer al suelo, y el cayó de rodillas.
"Esto no ha terminado aquí"
Y después todo fue negro.
. .
.
Se talló la cara ahuyentando esos pensamientos. Era imposible. Él había estado presente en los últimos momentos de vida del asesino cuando murió a causa de sus propios poderes y su propia ambición. Ellos habían ido a reconocer el cuerpo a la morgue. Taiga estaba muerto. Siguió ahí, en el sillón blanco, pensando. Hasta que una vocecilla le sacó de su mundo.
-Llevas casi una hora aquí.
El chico respingó en su lugar, sentándose en el sofá. Momoko lo observaba curiosa. ¿Cuánto tiempo tenía la chica ahí?
-¿Enserio? No me di cuenta. –Dijo, por decir. El silencio se hizo presente, ella mirándolo a él, él mirando el techo y quedándose callado por unos minutos más.
Ella se dio cuenta de que tenía al menos cinco minutos ahí, y él seguía sin decir ningún comentario chusco hacia su persona. La actitud de los últimos días del pelirrojo comenzaba a tornarse preocupante.
-¿Hay algo que quieras decirme? –Animó la chica después de otros cinco minutos, pero el negó, como de costumbre. –Estás más alterado de lo que pensé que estarías.
-No. –Reiteró. La chica suspiró, claramente el chico no hablaría. Estaba comenzando a cansarse de pedirle que le dijera que diablos era lo que ellos ignoraban y él sabía.
-Siempre supiste que no era una broma, ¿Verdad? –Makoto se quitó la gorra y se revolvió el cabello, Momoko miró la acción. Eran contadas las ocasiones que Him mayor se quitaba su adorada gorra, y ella las pocas veces que lo había visto hacerlo, no podía evitar mirarlo todo el tiempo.
-No siempre. La primera vez creí que era una broma. –Dijo. –Pero mis hermanos no suelen hacer una broma dos veces si no cuela.
-Entonces no estabas enojado, precisamente. –Aclaró ella.
-Lo que importa es que ahora estaremos alerta. –Dijo evadiendo la conversación de la chica. Le costaba admitir que se preocupaba por los suyos.
-Claro. –Asintió Momoko, y tras unos segundos más de silencio, ella volvió a hablar, con una mirada bastante insistente. –Si supieras algo que yo no, y que realmente fuera importante, ¿Me lo dirías, cierto?
El chico no hizo notar su tensión ni su incomodidad.
-No seas torpe, niñata histérica. –Dijo él. –Claro que lo haría.
-Bien. –Estableció, no muy convencida. –Entonces será mejor subir con los demás, RowdyRuff.
La pelirorja se puso de pie, y el chico, observó la acción, indeciso. Comenzó a mover con inquietud la pierna. Sin embargo, suspiró y se colocó de nuevo la gorra en su lugar.
-En realidad, molestia. –Le llamó. –Hay un par de cosas que debes saber.
Akatsusumi detuvo su caminar un segundo, y se giró lentamente.
-Ignoraré que me llamaste molestia, idiota. –Dijo la chica, pero tomo asiento de nuevo. –Pero bien, ¿De qué se trata?
Cuando Makoto había dejado la sala, por alguna razón todos habían contenido el aire. No le agradaba admitirlo, pero sabía que en esos momentos debían andarse con cuidado en terrenos cercanos al pelirrojo. Cuando se molestaba, ni siquiera él o Koiji podían librarse de él. Por esa misma razón, nadie había ido tras él. Pero cuando pasaron cuarenta minutos, Momoko rompió el silencio, y se decidió a ir.
Él casi le deseo suerte.
Y, en cuanto Momoko desapareció por las escaleras, todos se dispersaron a lugares diferentes. Él se había quedado ahí, solo con Ken, hasta que el timbre del laboratorio resonó, revelando una voz chillona y dulzona. Kuriko había llegado. Ken había renegado en su lugar, negándose a abrir la puerta. Pero el timbre sonó una, y otra y otra vez.
-Ya vuelvo. –Gruñó, alejándose con Peach detrás, quedándose, ahora sí, completamente solo.
Tiempo que aprovecho para analizar todo lo que minutos atrás había sucedido. Las notas. El supuesto espía. Y sobre todo, aquellos presentimientos que había estado teniendo, últimamente, sobre todo el de la mañana. Con una mirada, Miyako le había indicado que no se preocupara. Le había costado un poco, pero lo había logrado. Incluso se olvidó de ese momento. Pero, desde que Makoto les había mostrado aquellas notitas, no había hecho más que pensar en ello.
Incluso, estuvo a punto de decirles a todos lo que había sucedido con Himeko en la mañana, pero se contuvo solo porque sabía que si agregaba algo más a las malas noticias, explotarían.
Además, aún tenía que hablarlo con la rubia. Cosa que aprovecharía ahora que Ken no estaba, Makoto estaba abajo con Momoko y Koiji, Kaoru y el profesor estaban sabrá Dios en dónde. Se apresuró a encontrar a la ojiazul, tarea que no fue muy difícil. Normalmente cuando Miyako estaba sola, estaba en la terraza. Y así fue.
-Miyako.
Ella se giró hacia él.
-¿Hotaru? ¿Qué pasa?
-Necesitamos hablar.
-¿Hablar? –Cuestionó. –Pero…
-Sobre lo que sucedió por la mañana, en el receso. –No le cuestionó si había sentido algo o no. Él había visto su reacción en el receso. Ella pareció entender.
-¿Qué pasa con eso?
Y era cierto. Ella no sabía que había ocurrido, estaba de espaldas, recordó el rubio. Probablemente ella solo había tenido ese presentimiento. Esa sensación de frío vacío y una oscuridad tremenda.
-Fue Himeko. –Se explicó. –Ella iba pasando detrás de ti, y cuando la vi fue cuando pasó todo. ¿Por qué lo sentiste, no?
Ella asintió, confundida.
-Pero… ¿Quién dice que fue por Himeko? ¿Por qué ella? Pudo haber sido cualquier otra cosa. Creo que nos estamos precipitando un poco.
Hotaru ya se había anticipado eso. Miyako solía intentar buscar el lado positivo de todo, todo el tiempo. Minimizar las cosas malas y encontrarle otra solución que sonara mucho mejor. Pero él lo sentía. Ya sentía algo venir sobre ellos. Estaba comenzando a pensar que su decisión, días atrás de guardar como un secreto todos sus presentimientos, había sido la peor que había tomado en los últimos días.
-No lo creo, Miyako. No es la primera vez que me pasa. ¿Recuerdas aquella vez que chocaste con ella en el corredor de la escuela hace cuatro días? Esa fue la primera vez. Es por eso que estoy seguro. Hizo que irradiara electricidad, cosa que no me ocurría hace mucho tiempo. –Explicó. –Y no es simplemente ella. Es todo.
Miyako se mordió el labio, nerviosa.
-Decir eso es muy comprometedor, Hotaru.
-Lo es. Pero es verdad. –Dijo. –Ya no podemos dejar pasar nada, Miyako. Ya vez lo que ha pasado con las notas. Seamos sinceros. –Dijo. –Acordamos callar todo esto no porque sintiéramos que eran suposiciones nuestras. Si no por todo lo contrario. Porque sabíamos que algo estaba realmente mal y tuvimos miedo de aceptar lo que realmente pasaba.
Ella suspiró.
-Tienes razón. –Aceptó, avergonzada. –No sé respecto a Himeko, aun creo que eso, si es una completa suposición. Pero por lo demás, tienes razón.
Hotaru se vio tentado a decirle a esa rubia que no fuera terca, y que él tenía razón sobre Himeko. Lo sentía, como una corazonada. Pero una parte de él sabía que podría estar equivocado, por lo que se mantuvo en silencio.
-Tenemos que decirles a los demás. –Dijo ella. – Ya vez como se puso Makoto hace rato, no le gusta que le ocultemos las cosas.
-Sí, sobre todo porque él sabe seguir muy bien esa regla. –Gruñó, molesto.
-Debió sentirse muy presionado. –Lo excusó. –Por alguna razón, creo que esto le está afectando más a él que a nosotros. Me refiero a… como si la oscuridad lo atacara más a él. En realidad, Hoaru… este tipo de cosas, creo suele afectarles más a ustedes.
Él odio el hecho de que realmente, la chica parecía tener razón. Pero hacía un buen tiempo qe había entendido eso. Ellos alguna vez fueron parte de la oscuridad. Incluso, aun conservaban cierta parte de rayos Z negros dentro de ellos. Se podía decir que la oscuridad se sentía atraída como un imán hacia ellos. Y eso, en cierta parte, era preocupante.
Si la oscuridad aún era parte de ellos –en mucho menor medida, pero lo era. - ¿Podrían siempre controlarlo?
Decidió no pensarlo demasiado.
-Si así fuera… no cambia mucho las cosas. –Murmuró. Ella asintió levemente.
Miyako miró la hora en su móvil, dándose cuenta que los minutos habían pasado rápidamente. Muy rápidamente, como siempre que había alguna situación alarmante. El sol ya se estaba ocultando, y las estrellas comenzaban a brillar en el oscuro cielo.
-Voy por los demás. –Dijo. –Nos vemos donde siempre.
Hotaru se quedó unos minutos más ahí, apretando entre sus manos el barandal que evitaba que el idiota de Koiji cayera hacia el suelo, y que en ese momento le servía a él para liberar tensiones, apretándolo como si la vida se le fuera en ello.
Él, de alguna manera, entendía a Makoto, el porque era reacio a hablar. Hablar de un problema era como aceptar que estaban sucediendo, que algo malo estaba pasando. Pero… era mejor aceptarlo y solucionarlo. Eventualmente, Makoto también lo hacía. Solo que… el idiota era demasiado complicado.
Cuando el sol terminó de ocultarse dejando solamente una estela rosa-naranja muy tenue, decidió que era tiempo de ir con los demás. Mientras más rápido terminara mejor. Un par de malas noticias más no iban a hacer que explotaran.
Esperaba.
Cuando Hotaru salió detrás de Miyako, Kaoru no pudo hacer otra cosa más que maldecir a su suerte. Se había quedado completamente sola con la última persona que deseaba hacerlo. Instantáneamente, ese sentimiento extraño, como un estúpido hormigueo se instaló en su estómago. De nuevo.
Se encogió en su lugar, incómoda, intentando no mirar al pelinegro frente a ella. Lo único que se interponía entre ellos era la mesa con las notas que recientemente Brick había mostrado al equipo. Instantáneamente, se sintió patética. Acababan de descubrir una realidad bastante perturbadora para ellos –y posiblemente para Tokio. –Y ella estaba ahí, encogida en su lugar, sintiéndose incomoda en presencia de Koiji. Esa… simplemente no era ella. Gruñó para sus adentros, molesta consigo misma, y con el moreno.
Por su parte, Koiji, frente a ella se mantuvo enfocado en las notas de la mesa, intentando entender que estaba por pasar. Por un momento del día logró ignorar el hecho de que Kaoru parecía realmente odiarle, como solía ser antes.
No entendía que sucedía. Ni como había pasado. Ni mucho menos, si había un maldito espía cerca de ellos, porque diablos no se habían dado cuenta. Era la segunda vez que les pasaba. La primera, había sido tres años atrás, cuando Taiga estaba vivo. Y ahora…
Eso era humillante. Después de haber pasado ya por eso, era humillante que se hubieran burlado de ellos frente a sus propias narices de nuevo.
Un pesado suspiró de la pelinegra frente a él le hizo regresar la mirada a ella. Tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido. Al parecer estaba realmente metida en sus pensamientos, pensando en algo realmente molesto. El frunció el ceño también. Estúpida peligra de ojos verdes. Al parecer estaba decidida a ignorarle. Y él durante el transcurso del día se había decidido a hacer lo mismo, pero maldición, le era difícil.
No era como si le importara que le hablara o no. Le daba igual. Pero… era extraño no escucharla soltando maldiciones contra él o algo por el estilo. No terminaba de acostumbrarse. Y él estaba aburrido. Carraspeó, aun con la mirada posada en su al parecer enojada acompañante. Aun no estaba seguro de que había hecho. Es decir, ellos siempre se insultaban. No podía haber sido eso.
Carraspeó de nuevo, pero, o lo estaba ignorando de nuevo –cosa que seguramente estaba haciendo. –O de verdad estaba pensando muy profundamente.
-¿Qué piensas? –Cuestionó, claramente aburrido y harto de ser ignorado. Lo hizo de buena gana, pero ella frunció más el ceño. Como si el simple hecho de que su voz le molestara.
Esa hormiguita de molestia comenzó a caminar en su pecho.
-Te estoy hablando. –Gruñó, pero ella simplemente abrió los ojos para mirarlo como si quisiera matarlo y se levantó, al parecer, dispuesta a irse.
Pero, esos no eran los planes del pelinegro.
Fue más rápido que ella y se apresuró a alcanzarla y tomarla del brazo, haciéndola volver.
-¡Suéltame!
Su voz en ese momento le sonó extraña, como si no la recordara. Como si tuviera días sin haberla escuchado –que así era– Apretó su agarre sobre ella, por si se le ocurría escapar.
-Vaya, creí que te habías quedado muda. –Dijo, mordaz. Ella se removió del agarre.
-Suéltame. –Gruñó, pero el hizo lo contrario.
-Te hice una pregunta.
-Que te importa saber lo que pienso, Him.
-Así que me estabas ignorando. –Espetó.
-¿Apenas te das cuenta?
Koiji endureció la mirada sobre ella. Kaoru aprovechó que aflojó el agarre para soltarse.
-¿Se puede saber que mierda te pasa?- Cuestionó claramente irritado. Pero Kaoru solo quería escapar de ahí, de su agarre, de estar tan peligrosamente cerca de él.
Era la segunda vez que el idiota hacia esa pregunta. Pero lo verdad era que ni siquiera ella tenía respuesta para ella.
-¡Responde, Mastsubara!
-¡¿Desde cuándo te importa lo que esté pensando?! –Cuestionó.
-¡No me importa! –Se apresuró. -¡Pero no es normal que me ignores!
Por alguna razón esa respuesta molestó más a Kaoru. ¿Qué era ella su objeto de diversión?
-¡Pues entérate! ¡No soy tu payaso, idiota!
-¡Si no he dicho eso, estúpida! –Gruñó, ya cabreado de que la chica se sintiera atacada por cualquier nimiedad. ¿Desde cuándo era así?
-¡Solo, déjame en paz, Him! –Ella se revolvió tanto que logró soltarse de nuevo y esta vez alcanzó a alejarse lo suficiente. -¡Estoy harta de tu estupidez!
Koiji apretó los puños, a punto de gritarle alguna palabrota a la morena, pero en ese momento, Miyako llegó al lugar. Los dos pelinegros se limitaron a mirarla con el ceño fruncido, aunque no estuvieran molestos con ella. Ella carraspeó, incómoda.
-¿Todo bien? –Cuestionó al sentir la tensión en el ambiente.
Nadie respondió.
-Bueno –Murmuró.- Eh… ¿Pueden ir a la sala? Hotaru y yo necesitamos decirles algo… es importante.
Los dos verdes se quedaron inmóviles, mirando a otro lado. Miyako suspiró para sus adentros.
-Ahora, chicos.
Kaoru miró a su amiga, y sin decir palabra alguna, se retiró del lugar, claramente irritada. Ella intentó preguntar qué había pasado, pero Koiji la siguió rápidamente, con el mismo semblante.
-Qué se le va a hacer. –Murmuró, caminando detrás de Him.
Por fin después de casi una hora, la chica había parado. Ken aun no entendía de donde aquella chica sacaba tanta energía, pero cuando por fin decidió sentarse a ver el televisor un rato, él había caído rendido en su cama.
Él no había querido llevarla a su habitación, pero, Kuriko había llegado en momentos críticos al laboratorio, y como de costumbre, él tenía que mantenerla alejada de las pláticas y hechos que pudieran ocurrir y de los cuales ella no tuviera que enterarse, que eran demasiado peligrosos para ella. Y seguramente en esos momentos, cualquier lugar en el laboratorio era de cuidado.
Los seis héroes no tendrían cuidado al hablar estando tan estresados, y no eran pláticas que se pudieran aplazar para cuando Kuriko no estuviera. Eran necesarias. Por eso ahora, la chica se encontraba en la alfombra de su habitación, rodeada de varios postres que había llevado a la habitación para ver una película.
Se preguntaba que estaba pasando allá afuera. Qué era lo que estaban haciendo, suponiendo. Él también se había quedado bastante preocupado e intrigado con todo lo que estaba pasando.
-¡Ken!
Kuriko le miraba atentamente. Él se sentó en la cama.
-¿Cómo?
-Te he preguntado que qué te ocurre.
-Oh… no es nada.
Ella le miró curiosa, para después bajar la mirada.
-Se trata sobre esas cosas que nunca me dicen, ¿Cierto?
Ken se sintió mal por Kuriko. A pesar de que se la pasara recitando que la chica era una molestia –que lo era. –había pasado demasiado tiempo con ella. Había sido su primera amiga fuera del laboratorio. Le tenía aprecio, y no le agradaba ocultarle tantas cosas como lo hacía.
-Ya te he dicho que no es nada. Últimamente he trabajado mucho con el profesor, es todo. –Ella pareció no inmutarse. –Pero oye, ¿Qué tienes ahí? –Cuestionó, señalando los postres para despistarla.
El semblante de la chica cambió rápidamente.
Kuriko se los mostró todos, emocionada.
-No puedo creer lo fabulosa que es esa máquina. ¡Tu papá es un genio! –Dijo la chica. –Puede hacer cualquier cosa, ¡cualquiera! Tiene todos los postres que le pido. ¡La próxima vez puedes decirme que es lo que quieres y lo pediré, y seguro esa máquina lo tendrá!
Ken la escuchó no pudiendo evitar una sonrisa. Era increíble con lo poco que Kuriko parecía ser feliz. Con lo poco que podía ser impresionada. Ella era así de sencilla, así de alegre.
Y Kitazawa, ahí sentado en la cama, observó a Kuriko sentada en el suelo, a sus pies y se permitió sonreír con más tranquilidad, mientras le pasaba algún panecillo con bastante Nutella en el.
Tal vez por eso en parte, era porque dejaban que ella entrara al laboratorio sin ser una superdotada en algún sentido. Era la única normal ahí. No con una enorme inteligencia o superpoderes. Tal vez para ellos era un recordatorio de que también podían tener una vida normal y feliz. Era la que contrarrestaba la pesadez y oscuridad que en ocasiones su vida tenía. Por lo menos la de él.
-Ken, tu habitación es demasiado aburrida. La próxima vez que venga te traeré flores del jardín de mamá.
Aunque a veces fuera un poco irritante.
-Entonces, ¿Dices que soñaste lo mismo que yo?
Makoto negó.
-Pues no tenía idea que era lo mismo, pero lo he soñado ya bastantes veces. No sé qué es lo que quiere decir, o porque lo estoy viendo aquello, pero estoy seguro que tiene que ver con todo lo que ha pasado.
-Yo igual. –Secundó. –No hay otra explicación. La última vez que tú y yo compartimos los mismos sueños…
No fue necesario que terminara. Él sabía a qué se refería. La última vez que habían compartido los mismos sueños Taiga se había levantado de la oscuridad más profunda y ellos habían casi muerto.
-Y no es todo. –Dijo Makoto. –Estoy seguro que conozco el lugar. No sé porque. Pero lo conozco, ya lo he visto antes.
-¿Qué? –Dijo ella, extrañada. -¿Cómo vas a conocerlo?
-Ya te dije que no sé, rosita. –Dijo, cabreado. –Pero ya lo he visto antes, lo conozco.
-Pero es imposible. –Dijo ella. –Mojo los creó hace seis años. El primero siendo una plaga molesta. Tres estuviste con Taiga. Los últimos dos con nosotras. Jamás has salido de Tokio.
-Yo tampoco lo entiendo, ¿Sí? No se explicarme como, pero lo conozco. Conozco esa isla. Aún no he podido recordar porque.
Momoko parecía rehacía a creer aquello, porque simplemente era imposible. No tenía lógica. ¿De dónde Makoto podía conocer aquella isla? Pudo haber seguido insistiendo en que era un error, que su mente había comenzado a jugarle malas pasadas, pero Kaoru bajó las escaleras, llegando con ellos a la planta baja.
-Miyako y Hotaru necesitan por alguna maldita razón decirnos algo, que suban. Quieren hablar con todos. Y al parecer no van a comenzar hasta que estén todos presentes.
Los dos líderes se miraron extrañados, pero asintieron. Siguieron a la pelinegra por las escaleras, que parecía mucho más molesta de lo que la recordaban una hora atrás.
-Por cierto. –Dijo Kaoru. –Tu hermana está aquí. No sé en que momento llegó, pero está con Ken.
-¿Qué está aquí? –Cuestionó. –Kuriko… el peor momento escogiste para venir.
Suspiró, abatida, pero continuó con su camino. Cuando llegaron, Hotaru y Koiji peleaban seguramente por una idiotez, mientras Miyako hablaba entre susurros con el profesor. Tal solo verlos llegar, callaron.
Makoto se cruzó de brazos. Al parecer todos habían optado por ignorar su arranque de enojo de minutos atrás. En ese momento le parecía divertido recordar sus caras al ver su furia. Pobres tontos.
Momoko Carraspeó.
-Bien, ¿Querían decirnos algo?
Miyako y Hotaru intercambiaron una mirada, y Hotaru asintió.
-Es sobre los presentimientos que hemos tenido. En realidad, más concretamente… de Himeko. –Dijo Hotaru. Fue en ese momento, que todos alzaron las cejas, sorprendidos.
-¿Qué tiene que hacer Himeko en nuestras conversaciones, perdón? –Gruñó la pelirroja.
-Concuerdo con ella. ¿Por qué hay que hablar de la cara de papa? –Dijo Kaoru.
-Es lo mismo que Hotaru y yo queremos entender. –La chica carraspeó. –Sé que suena algo sin sentido e idiota. Pero he tenido esa sensación incómoda cuando…
-Yo también tengo una sensación incómoda con tan solo verla. Y no quiere decir que Himeko esté planeando un complot contra nosotros. Sé que es insoportable, pero de ahí a…
-No, Makoto. Esto es serio. Yo me refiero a…
-Lo que Miyako quiere decir, es que es la misma sensación que sentíamos cuando Taiga estaba cerca. – Se apresuró Hotaru, sin dar rodeos al asunto. –Estoy seguro. Siento oscuridad emanar de ella.
Makoto rodo los ojos.
-¿Cómo vas a saber tu donde hay oscuridad, idiota?
-Por qué lo sé. Te lo dije hace rato. Creí que esa habilidad había desaparecido, pero últimamente he sentido que incrementa. Estoy incluso comenzando a controlarla, la habilidad, quiero decir. Y te estoy diciendo que siento oscuridad emanar de esa loca.
-Hotaru dice la verdad. No estaríamos hablando de esto si no. Además, ella tiene antecedentes. –Dijo, mirando a su líder, que la miraba con atención. Momoko entendió a qué se refería.
-Es…Es verdad. Himeko tiene rayos Z negros dentro de sí. –Comunicó.
-¡¿Cómo?! –Gritaron los tres varones. Ella parecía sorprendida.
-¿Cómo es que no lo sabían? ¡Eran del mismo bando!
-Bueno, pues te informo que no. Ella nunca fue tomada en cuenta por Taiga. Y se suponía que había reclutado a todos los infectados con rayos Z negros.
-Pues entérate que no. –Dijo Momoko. -Nosotras suponemos que nunca terminó de contactar a todos los infectados con rayos Z negros, era algo demasiado difícil. Además, Himeko tiene en menor medida que los demás, es realmente casi nada, lo cual posiblemente dificultó que Taiga supiera de ella. Los rayos Z negros solamente entran en acción cuando ella está realmente muy alterada y al igual se transforma en alguien mucho más oscuro. Pero contrario a nosotros, ella no puede controlarlo. La última vez que luchamos contra ella fue hace casi cinco años, y siempre, después de ser poseída por los rayos Z negros, pierde la conciencia y olvida todo lo que sucedió. El profesor la tiene monitoreada para cuidar de los rayos Z negros.
Los tres chicos parecían sorprendidos.
-Pero como sea. –Dijo Momoko. –Como dije ella tiene realmente muy pocos rayos Z negros dentro de ella. Tan pocos, que parece demasiado improbable, Miyako.
-Momoko… -Suplicó la chica.
Momoko se talló los ojos. Estaba cansada. Había sido un día bastante largo.
-No podemos atacarla así como así. Pero podemos vigilarla de cerca. Todos manténganse al tanto de ella y todo lo que hace. Si lo que Miyako y Hotaru dicen resulta ser cierto…
-Como siempre es… -Murmuró el rubio. Momoko le miró mal.
-Debemos estar listos para lo que sea.
-Pero. –Se metió el moreno. –Yo no creo que esa chica loca sea capaz de tramar algo lo suficientemente grande como para alarmarnos. Es verdad que tiene incluso más dinero que él vejete del alcalde, y eso la hace muy poderosa, pero de ahí a ser igual que lo fue Taiga, es distinto.
-Es verdad. No es una mente tan brillante, que digamos. –Dijo Makoto. –Si en cualquier remoto caso es verdad, necesita ayuda para ello.
Kaoru abrió los ojos, grandes. Apretó los puños.
-Esa estúpida.
Todos la miraron.
-¿Qué pasa? –Cuestionó Momoko, mirando a la pelinegra apretar lo puños.
-Las notas. El espía. Fue ella. –Gruñó. –Esa estúpida está confabulando en nuestra contra, con ayuda de alguien.
-Espera, alto ahí. –Dijo Momoko. –Están comenzando a confirmar cosas que pueden no ser ciertas. Y que lo más probable es que no sean ciertas.
-No, no. ¡No! ¡No hay otra explicación!
-Kaoru yo también detesto a Himeko. Me ha hecho la vida imposible los últimos tres años. Es peor que soportar… ¡De hecho ni siquiera hay algo peor que ella! Es verdad que en los últimos años se ha vuelto más… extraña, pero… esto es una locura.
Kaoru rodó los ojos, claramente no convencida. Pero prefirió permanecer callada. Incluso ella parecía demasiado exhausta como para alegar algo siquiera, por su semblante, la chica no estaba de humor. Momoko agradeció eso.
-Estoy harto. –Dijo Koiji. Por alguna razón, se veía más irritado de lo normal. –Necesito mi cama ahora mismo.
-Yo igual. –Murmuró la rubia. –Ha sido un día muy largo.
-Pues entonces nos vemos mañana temprano aquí. –Dijo Makoto. –No hay otra opción. –Dijo, mirando más que nada a la amante de la escuela y el aprendizaje, Momoko. –Creo que por el día de mañana, tenemos cosas más importantes que hacer que ir a la escuela.
Nadie refutó aquello. Había demasiadas cosas sobre ellos de las que tenían que tomar cartas en el asunto. Todos comenzaron a caminar fuera del lugar, sin decir nada. Momoko llamó a Kuriko, y sin despedirse, todos partieron a su respectivo hogar.
Tan solo llegar al departamento, Makoto no había dicho ni una sola palabra, simplemente se había dirigido a su habitación, y se había tumbado en su cama. Rei, el cachorro, había corrido detrás de él como si él fuera el ser que lo trajo al mundo, moviendo su cola, y soltando saliva. Sin pedir permiso, el chucho había trepado a su cama y ahora estaba acostado a su lado, lamiéndose las patas delanteras.
Él estaba tan irritado que ni siquiera tenía ánimos de mandar a volar al chucho sarnoso. Su única intención había sido dormir. Dormir y no despertar, de ser posible, hasta que se resolviera todo lo que se tenía que resolver en sus vidas. Pero sabía que eso no era posible, y se conformaba con por lo menos, no tener ningún mal sueño esa noche.
Pero la mente es una maldita, y justo cuando su cabeza tocó su almohada, los pensamientos, teorías y recuerdos del pasado comenzaron a inundarle de nuevo. Él tenía ya una teoría de lo que podría estar pasando, a que se podían deber los últimos sucesos, y era muy loca, y desagradable. Pero al mismo tiempo era muy poco probable.
Y por otro lado, estaban esos sueños. Esa Isla, y ese Yelmo. Esa sensación de conocerlos, de haberlos visto en algún lugar. No entendía cómo era posible. El jamás había puesto un pie fuera de Tokio. No era posible.
Sintió un impuso de apretujar su gorra, confundido. Todo estaba comenzando a tomar un rumbo que no le agradaba. Comenzó a recordar partes de su pasado, intentando entender su presente, y fue entonces, cuando un recuerdo le cortó la respiración unos segundos.
. . .
. .
.
Las risas de sus hermanos y el resto de las PowerPuff se escuchaban detrás de ellos, y Makoto pudo identifircar fácilmente que dos pelirrojos, precisamente, Momoko y él mismo estaban sentados en la terraza del que ahora era su departamento.
Era el día en que habían sido dados de alta del hospital después de la difícil batalla contra Taiga. Blossom le hablaba con tranquilidad.
-Te propongo algo. –Dijo ella.
-¿Qué?
-Yo mantendré al alcalde, al profesor y a la señorita Bellum lo suficientemente distraídos para que no te encaren para que les des una respuesta sobre tu decisión, porque está claro que tienes que tomar una respecto a lo que tú y tus hermanos harán a partir de ya. No puedes ser un héroe y un villano al mismo tiempo. Cuando estés listo, solo dímelo.
El chico sonrió.
-En reducidas palabras. –Dijo. –Me estás dando la oportunidad de volver a patearte el trasero y destruir esta ciudad sin pedir nada a cambio. –El asintió. –Muy inteligente de tu parte, PowerPuff.
La chica sonrió.
-Es más inteligente de lo que te imaginas, RowdyRuff.
Los dos chicos quedaron en silencio y Makoto pensó que tal vez no era necesario darle tiempo para pensar las cosas, porque no tenía demasiado que pensar. Escuchó detrás de él las risas descontroladas de sus hermanos y los reclamos de Kaoru, y sintió la brisa revolverle el cabello. Solo necesitaba hablar con ese par de idiotas.
Pero él sabía que ahí no acababa aquello. Tal vez era una tregua, un espacio de tranquilidad. Porque aunque ese mismo día, sus visiones se habían visto descubiertas y confirmadas así como las de Blossom, otras tantas, como aquella de la extraña Isla, y el dichoso Yelmo negro no habían tenido ninguna solución.
. . .
. .
.
Makoto se sentó en la cama rápidamente.
De pronto, comprendió todo. Ya sabía porque tenía esa sensación de conocer esa isla. Porque el mal presentimiento, porque la sospecha y porque no podía dormir. No era la primera vez que soñaba con esa isla y ese yelmo.
Dos años atrás, cuando sus hermanos y él aún vivían en el edificio con los demás villanos, y Taiga, él había soñado varias veces con aquellas dos cosas. Habían sido una de esas pesadillas que al igual que las de Blossom, nunca se habían completado. Nunca habían sucedido. Nunca las entendieron.
¿Por qué llegaban ahora? ¡Taiga estaba muerto! Esas visiones habían sucedido dos años atrás, cuando Taiga estaba vivo. No tenía lógica que se presentaran ahora, dos años después, cuando todo estaba tranquilo y sin problemas y no había ninguna amenaza aparente.
Pero no podía encontrar ninguna otra explicación a todo eso. Todo estaba conectado. De alguna maldita manera que él no entendía. Miró el reloj en su buró, y se sorprendió al darse cuenta que había pasado más de una hora pensando y recordando, intentando comprender que sucedía. Lo peor, era que aún faltaban muchas horas para que el sol saliera de nuevo, y él necesitaba ya, decirle a la loca de su contraparte lo que había recordado.
Pero, él no era precisamente un chico que siguiera las reglas, que le importase. No le importaba la hora que fuera, necesitaba hablar con Momoko, aun si tenía que despertarla y soportar su mal genio por haberlo hecho.
Así que, sin poder soportar mucho tiempo más, abrió la ventana de su habitación, y ante la mirada de Rei, se transformó en Brick, y salió volando en dirección hacia la casa de la pelirroja del moño rojo.
Lo último que escuchó antes de salir volando fueron los ladridos del cachorro.
Él sabía que era la una de la madrugada, y que probablemente la chica estaría dormida, pero, de verdad, no le importaba. No podía simplemente dormirse con ese pensamiento sobre su cabeza, suficiente había tenido por la tarde, y con todo lo que eso conllevaba como para callarse aquello. Momoko tenía mucho más templanza que él. Él estaba a punto de buscar a su madre e ir a golpearlo solo para desquitar su maldito estrés.
Cuando llegó, como supuso, la chica estaba completamente dormida. Pero como también se había dicho a sí mismo, no le intereso, y abriendo la ventana, se adentró a la habitación de la chica. La tomó por el hombro y le sacudió para despertarla. Y lo primero que ella hizo al abrir los ojos fue soltar un chillido asustado. El corrió a taparle la boca, hasta que ella reaccionó y vio su rostro.
Le dio un golpe, que debió admitir, le causó dolor en el brazo.
-¡¿Pero qué diablos te pasa, idiota?! –Gruñó, exaltada, lanzándole una almohada fuertemente. El la esquivó. -¡¿Qué haces a esta hora en mi casa?! ¡Es la una de la madrugada!
Él se reacomodó la gorra.
-Cierra la boca o te van a escuchar, histérica. –Murmuró lo suficientemente alto para que la escuchara, ella seguía matándole con la mirada, y exaltada. Salió de las cobijas, y encendió la luz.
-Se puede saber… ¿Qué diablos haces aquí? A esta hora, ¿Brick? –Dijo Cruzándose de brazos. –¡Casi, me matas del susto, idiota!
El apaciguó con las manos.
-Ya sé, ya sé. No creas que me muero por visitarte de madrugada. Ni que fueras Megan Fox. –Ella gruñó un par de insultos. –Necesito decirte algo, es importante, no estaría aquí sino.
Ella le miró unos segundos aun con el ceño fruncido, pero terminó suspirando, preguntándose si debía estrangular al chico en ese instante.
-Habla ya antes de que te corte la cabeza y te saque a patadas de aquí, Him.
-Como si pudieras hacerlo. –Dijo, él, rodando los ojos. –Pero, he venido a algo importante. Creo que he descubierto algo.
Ella frunció el ceño, pero esta vez, lleno de curiosidad.
-¿Descubierto algo? Sobre… -Murmuró, imaginándose ya a que venía. De pronto la molestia se disipó y fue remplazada por una curiosidad inmensa. El chico se reacomodó la gorra, aunque ya estaba en su lugar.
-Es sobre ese sueño.
Momoko sintió la tensión crecer dentro de su pecho.
-Ya he soñado antes con esa isla, y con ese yelmo, antes. Hace dos años. Cuando Taiga vivía. Fueron aquellas visiones que nunca se completaron, que nunca sucedieron. Y que nunca entendimos.
Ella instantáneamente, recordó. Tuvo un súbito recuerdo de ella levantándose en medio de la noche al igual que días atrás, solo que claramente menor que ahora, de dieciséis años. Se sentó en su cama, comenzando a sudar.
-¿Estás seguro?
-¿No lo recuerdas?
Ella no quería hacerlo, pero asintió. Asintió, estando de acuerdo. Ella era bastante inteligente, y Brick lo agradeció internamente. Entendía ya lo que estaba pasando por su mente.
-Brick… -Murmuró ella. -¿Entiendes lo que ello significa?
Y el que esta vez asintió, fue él.
Se miraron largos segundos, hasta que ella bajó la mirada, abatida.
Momoko no podía creerlo. No podía estar pasando aquello. Porque al igual que Brick, no encontraba otra explicación. Todo aquello estaba conectado. Aquellas visiones no habían sido una advertencia para el pasado, sino para el futuro. Es decir, no para su presente en aquel momento, sino para su futuro, que ahora era su presente. Pero… Taiga ya estaba muerto. ¿La única y verdadera amenaza que habían tenido ya no existía? ¿A qué se debía todo aquello?
¡Siiii! Lo logré! Logré actualiza! Un poco tarde, pero lo logré ;)
Bien, ¿Que les pareció? En lo personal, me gustó escribir este capitulo cuando lo hice. No se porque, pero me gustó mucho. ¿Que tal?, parece que Taiga está vivo. Los recuerdos de Brick y todo lo que últimamente sucede. Recordemos que ese hombre tenía muchos medios para salirse por la tangente, y tal vez no lo recuerden, pero, Taiga tenía un plan B por si las cosas no salían como quería. ¿Lo recuerdan? Bueno, se los recuerdo XD. Como sea, pronto sabremos que pasa.
Y, la mitad del equipo sospecha de Himeko. La otra mitad la cree inocente. ¿Qué piensan ustedes? ¿Es realmente tan mala?
Y, solo diré que amo a Ken y a Kuriko.
Y me voy.
Besos, Miss Nutella :)
