Disclaimer: Demashitaa PowerPuff Girls Z y sus personajes no me pertenecen.
¿Está… Vivo?
-¿Pero cómo podemos estar seguros?
Y he ahí el problema. Ellos podían tener mil teorías, pero, ¿Cómo saber si no estaban equivocados? Suponer aquello era demasiado arriesgado.
-Tal vez no está conectado con el pasado.
Brick realmente quería creerlo, pero no estaba seguro.
-Momoko, estas visiones solo aparecen cuando la oscuridad que nos rodea es demasiada. Tanta que se mete en nuestros propios sueños. Nadie ha sido capaz de despertar tanta oscuridad a nuestro alrededor como Taiga. Y son precisamente los mismos sueños de hace dos años.
-Pero él está muerto, Brick. Nosotros mismos fuimos a reconocer el cuerpo. Es imposible que esté vivo. Debe haber otra explicación.
-Muy bien, ¿Y cuál es?
-Brick, yo no tengo todas las respuestas. No lo sé. Entiendo esto tanto como tú.
El chico se paseó por la habitación de su amiga como si fuera la suya propia.
No podía creerlo lo mucho que las cosas habían cambiado en tan solo un par de semanas. Una semana atrás vivían tranquilamente. Ahora, habían comenzado a tener esas estúpidas visiones de nuevo, Hotaru y Miyako afirmaban que sentían oscuridad avecinarse a ellos y habían altas probabilidades de que alguien los mantenía vigilados y sabía sus identidades.
.
. .
-Esto… n-no se ha quedado así…
. .
.
-Sobrevivió. –Gruñó él, transformándose, y sentándose en el suelo, a un lado de la chica, que estaba sentada en la cama. –Él sobrevivió, estoy seguro.
-Makoto. –Dijo ella, sentándose en el suelo alfombrado, junto a él. –Estás entrando en pánico. Estas comenzando a pensar cosas que no son…
-¡Te digo que no!
-¡Shhh! –Le cayó. –Mis padres.
-¡Al diablo con tus padres! –Gruñó. – Momoko, el sobrevivió. No hay otra explicación. –Dijo. –No lo hay. Nadie más conoce nuestras identidades. Nadie más ha sido capaz de despertar tanta oscuridad de repente. Nadie ha podido provocar esto más que él.
-Debe haber otra…
-No la hay. –Dijo. –Debí haberlo imaginado. Conocí a Taiga de primera mano, debí saber que sobreviviría. Él me lo advirtió.
Momoko entrecerró la mirada sobre él.
- ¿Cómo? ¿Porque dices eso?
Él se quedó en silencio, reprendiéndose mentalmente.
-Porque lo sé.
Momoko no pudo evitar sorprenderse de la angustia en la voz del chico, pues nunca antes le había escuchado angustiado, ni con temor. Es decir, era el temible líder de los RowdyRuff Boy Z, él era el causaba temor. Y estaba ahí, sentado a la una de la madrugada en su habitación, asegurando que su peor pesadilla estaba viva. Y ella no tenía nada con que refutar su teoría.
-Dijiste… dijiste que te lo había advertido. ¿Qué querías decir?
El negó.
-Fue solo un decir. –Mintió. Ella le miró insegura, pero asintió.
-Como sea esto solo es una teoría. No quiere decir que sea cierto, Brick.
Miró su reloj, y se dio cuenta que era cerca de la una cuarenta. El tiempo se había ido volando.
-Será mejor que regreses a casa. –Dijo ella. Sabía que probablemente ninguno de los dos volviera a dormir en toda la noche, pero si su madre encontraba a Brick en su habitación ería muy peligroso. –Ve a descansar y mañana hablaremos esto con más calma, ¿Sí?
Makoto tardó en reaccionar unos segundos, pero al final se puso de pie, estando de acuerdo.
-Vale. Entonces, nos vemos rosita. –Se transformó y se paró en el umbral de la ventana. –Mañana enviaré a Boomer a inspeccionar el perímetro del bosque, área donde estaba el edificio. Incluso la cabaña de fuzzy. Necesitamos comprobar que Taiga...
-Lo está, Brick. No creo que…
-Sé de lo que estoy hablando, Momoko. Aún no he enloquecido lo suficiente. Yo conocía a ese tipo mucho mejor que tú. Sé de lo que hablo.
Ella no quería confiar en él, porque eso significaba que podría tener razón. Y si tenía razón, estaban en grandes problemas, pero terminó asintiendo.
-Está bien. Si lo crees necesario, hazlo. Solo tengan cuidado, recuerda que el perímetro del lugar está custodiado desde entonces, no tendrán problema en acercarse, pero no des sospechas de que algo está pasando, por lo menos no hasta estar seguros.
-Claro, niña, no soy idiota. –Dijo. –Entonces, arreglaremos esto mañana.
-Sí. Mañana. –Murmuró. Brick sabía que probablemente Momoko ya no pegaría el ojo en un buen rato, e incluso lamentó ser el causante de aquello, pero era necesario, o él hubiera explotado.
A la mañana siguiente cuando el profesor se había levantado los tres hermanos Him ya estaban en el laboratorio, como muchas otras mañanas antes de asistir a la escuela –aunque sabía perfectamente que ese día no asistirían. –La única diferencia era que su mirada usualmente pícara y divertida había sido remplazada por una de decisión y seriedad. Por lo menos la de Brick, que, contrario a sus hermanos, no estaba dándole guerra a Ken de alguna manera. Estaba sentado en la barra de la cocina, callado.
Lo cual, era un poco alarmante.
La próxima en llegar fue Momoko, que al igual que Makoto su usual mirada chispeante y alegre, venía opacada por una mirada de seriedad y cierta preocupación. Utonium sabía de primera mano lo mucho que la chica detestaba no entender las cosas o conocer la solución para algún problema. Parecía que había pasado una mala noche.
-Buenos días profesor. –Le saludó, tomando asiento con los cuatro chicos. -¿Le están dando mucha guerra estos críos?
El hombre rio.
-Solo la normal. –El hombre se levantó de su asiento. –Chicos, hagan lo que tengan que hacer. Yo iré a hacer unas llamadas a la escuela para reportar su falta.
-¡Yo voy contigo! –Chilló Ken, en un intento de zafarse de los dos hermanos Him. –Iré a encender los ordenadores mientras usted hace eso.
El niño corrió, dejando ahora sí, a los cuatro jóvenes en la sala. Koiji se acostó en el suelo.
Todos se quedaron unos minutos en silencio, cada quien metido en sus pensamientos. Todo lo que habían hablado la noche anterior les resonaba en la cabeza una y otra vez. La huida de Ken les había dejado en silencio, sin muchas más opciones que hacer. La realidad pronto volvió a apoderarse de ellos. Estaban ahí para intentar encontrar alguna razón a todo lo extraño que de un momento a otro había comenzado a suceder a su alrededor.
Unos pasos resonaron en el pasillo, haciendo que todos dirigieran su mirada al lugar. El rubio cabello de Miyako y su habitualmente amable sonrisa aparecieron en el lugar. Un par de ojeras adornaban su rostro, pero nadie dijo nada. No hacía falta.
-Hola. –Saludó.
-Rubia. –Respondió Koiji, aun desparramado en el suelo.
Y fue todo. El silencio volvió a reinar en el lugar. Makoto, harto ya de la situación, y sintiendo que era hora de levantarse y hacer algo, aprovechó que estaba sentado a lado de la pelirroja y con un movimiento muy lento y cuidadoso, suficiente para pasar desapercibido, escabulló su mano hacia la de la pelirroja y le dio un apretón.
Momoko, tal vez si no hubiera estado perdida en sus pensamientos hubiera brincado del susto, pero simplemente desvió la mirada hacia la presión ejercida en su mano, sonrojándose levemente al notar la mano de Makoto sobre la de ella. Después, el chico, sin notar nada, se levantó del sillón.
Solo cuando él se hubo ido, levantó la mirada, entendiendo el rápido mensaje. Se reprendió mentalmente al ser tan tonta y haberse avergonzado, Brick solo había intentado comunicarle algo.
Esperó unos minutos más, y excusándose se levantó de su lugar, dirigiéndose a la azotea del laboratorio, sabía de antemano que así como hotaru prefería la terraza, Makoto la azotea. Llegó al lugar y él le miró con mala cara.
-Vaya, tardaste tanto que creí que tu cerebro no había captado el mensaje, rosita.
El gruñó y le dio un golpe en la cabeza.
-¡Idiota, pues necesitaba pasar desapercibida!
El rodó los ojos.
-Eso no tenía importancia. –Gruñó. Un tic apareció en su ojo derecho.
-¿Y porque diablos tanto drama para pedirme que viniera hasta aquí, entonces? ¿No podías simplemente decirlo?
El rodó los ojos.
-Ya olvídalo. –Murmuró. -Como sea, me largo. No planeo quedarme sentado ahí más tiempo. Me llevaré a Hotaru conmigo, Koiji es demasiado atrabancado.
-Mira quién habla… -murmuró, pero ante la mirada del chico carraspeó. -Vale. –Simplificó. –Sigo sin entender porque tanto misterio. Pudiste haberlo dicho allá abajo.
-¡No quería que sospecharan!
-¿Y qué le dirás a Hotaru, entonces?
-Se los diremos, solo… quiero asegurarme antes de decir algo.
Ella suspiró. –Vale. Andando.
Las chicas y yo iremos a investigar a Himeko, para asegurarnos de que lo que dice Miyako no es verdad. O eso espero.
-Bajemos entonces.
Los dos chicos estaban sentados bajo el árbol en silencio. Misaki, como pocas veces lo hacía se sentía algo nervioso. Era verdad que Asami estaba en su mismo salón de clases, pero la chica apenas había llegado tres días atrás, y tampoco ayudaba mucho que fuera tan callada, por lo que se encontraban en un silencio un poco incómodo. Tampoco ayudaba mucho que tuviera unos exóticos y enormes ojos morados que le hacían desviar la mirada.
Maldijo mentalmente a los tres hermanos Him, a Momoko, Miyako y Kaoru por haber faltado todos juntos el mismo día, a la escuela. Normalmente las que más hablaban con Asami eran Miyako, Momoko y Kaoru. A veces Hotaru y Koiji. Él no tenía idea de que hablar con ella. Por alguna razón que no entendía, su lengua se trababa y su mente dejaba de trabajar.
-Qué raro que hayan faltado, todos, ¿No?
Él estaba tan ensimismado pensando en lo incómodo que se sentía, que la voz de su acompañante le resultó demasiado sorpresiva. Se le quedó mirando como intentando descifrar si había sido ella la que había hablado. Lo cual era estúpido ya que no había nadie más por ahí, y él no había sido.
-¿Eh?… ah, sí. Es muy raro. –Asintió. –No tanto de Kaoru y Koiji, pero sí de los demás. Sobre todo de Momoko.
-¿Kaoru y Koiji faltan seguido a la escuela?
-No, pero son demasiado holgazanes. No me sorprende que de vez en cuando no asistan a la escuela. Aunque…tal vez Koiji, Makoto y Hotaru están enfermos.
-Pero, ¿Y las chicas? –Preguntó. –Es muy extraño, ¿No? Tal vez pasó algo.
Misaki alzó las cejas.
-¿Crees que están juntos? –Ella asintió. -¡Nah, nos habrían dicho!
Asami no parecía convencida, pero asintió.
-Debe haber alguna razón. –Repitió. –Ya te digo, esos tres chicos deben estar enfermos, debieron haber comido cualquier cosa que les hizo daño. Con eso de que viven solos, comen lo que quieren cuando quieren y como quieren. Es genial.
Ella abrió los ojos, aún más grandes.
-Pero, ¿Y sus padres? –Cuestionó.
Misaki le explico la situación de los chicos. Asami se sorprendió de aquella información, no tenía idea de que eran huérfanos.
-Mañana le sacaré la sopa a Hotaru, puede ser que los tres hayan querido ser unos holgazanes hoy. Qué se yo.
-Conoces mejor a Hotaru. –Afirmó la chica, el asintió sonriente.
-Si. Lo conocí hace dos años, en el equipo de baloncesto, cuando aún éramos unos novatos. Aunque él siempre fue demasiado talentoso para ser verdad. Ahora, ya vez, es el capitán del equipo.
-Tú también juegas muy bien… -Le dijo, ante lo que se sonrojo. –Eh, porque… Miyako me ha dicho. –Se apresuró a corregir. Misaki se rio, que chica tan vergonzosa.
-Supongo.
Los dos se quedaron en silencio, comiendo. Asami al parecer se sentía cómoda con el chico, porque comenzó a hablar por ella misma, sin necesidad de que le hicieran preguntas, como era normalmente.
-Tokio es demasiado grande. La última ciudad donde viví era mucho más pequeña. Ya sabes, Uji es… bastante pequeño comparado con Tokio.
Misaki recordó lo que Miyako les había dicho, que a su padre lo transferían muy seguido de ciudad.
-Entonces conoces muchos lugares. –Ella asintió.
-Osaka, Odaiba, Kobe, Nara, Kioto, Fukuoka, Seúl, Nagasaki. –Suspiró. –Y ahora Tokio.
Los ojos de Misaki se habían abierto grandes, impresionado.
-Eso… son… son bastantes ciudades. –Murmuró. –Yo toda mi vida he vivido en Tokio. Debió ser difícil, ¿No?
-Pues… solo un poco en realidad. Terminas por acostumbrarte. Hace muchos años que transfieren a mi papá de ciudad. Creo desde hace unos diez años. –Se encogió de hombros. –Lo más difícil es no poder hacer amigos. O hacer amigos, y después dejarlos. O no ver a mi familia, ya sabes, abuelos, primos…
El asintió. Eso explicaba por qué la chica siempre estaba callada. Debió ser difícil aprender a desenvolverse.
-Entonces, Uji fue la última, ¿Eh? –Dijo, arqueando una ceja. –Eso está un poco lejos de aquí.
Ella suspiró.
-Ni me digas. –Dijo, en lo más parecido que ella podía hacer un gruñido. –El vuelo se canceló y tuvimos que viajar en automóvil. Por alguna razón papá no quiso esperar el vuelo del día siguiente. Ideas locas de él.
Terminaron su almuerzo en silencio, Misaki sintiéndose mucho más cómodo en presencia de la chica que en un principio, encontrando ahora sus ojos, mucho más bonitos que la primera vez que la vio, cuando chocaron por accidente en los jardines de la escuela.
Tal vez ella se dio cuenta que estaba mirándola porque sus mejillas se tornaron rosadas y desvió la mirada. El carraspeó.
-Eh… lo siento, es que… tus ojos muy llamativos. –Se dio cuenta que el comentario empeoró la situación de sus mejillas y evito reírse. Le causaba mucha gracia. –Vale, tus ojos son horribles.
Ella le miró, esta vez sorprendida, pero terminó riéndose, al igual que él.
-Lo siento. –Dijo el chico. Ella negó.
-Descuida.
-Por cierto. –Habló Misaki. –Nunca me disculpé por chocar contigo. No me fijé.
Ella sonrió.
-Si lo hiciste, pero no importa. –Sonrió. –Yo tampoco me di cuenta por donde iba.
-Eh, no es por querer colmarte la paciencia –Dijo el chico, aunque en el fondo, si tenía unas cuantas ganas de joder a su hermano. –Pero, ¿Qué estamos haciendo aquí?
Boomer miró la entrada al bosque de Tokio, precisamente, una parte ubicada hacia el norte. Una parte que ellos bien conocían. De hecho el perímetro estaba cercado con alambre de púas eléctrico. Podía sentir la energía eléctrica correr a través de la malla. El bosque parecía tranquilo. Al verlo Boomer no pudo evitar recordar recuerdos del pasado, y sobre todo volver a preguntarse qué diablos hacían ahí, en la entrada del bosque que estaba más cerca del edificio de Taiga.
Cuando Brick había llegado a la sala donde estaba todo y le había dicho que iría a una misión no pudo evitar sentirse intrigado y preguntar a donde iban. Él le había dicho que no fuera entrometido. Boomer lo ignoró. Durante el camino el siguió preguntando y preguntando hasta que Brick le golpeó en la cabeza y le dijo que se callara.
Y la última vez, fue minutos atrás, cuando recién llegaron. Brick esta vez se había quedado callado, mirando la profundidad del bosque. No pudo culparlo. Los recuerdos era muchos.
Se acercó a la malla y él le detuvo.
-Es eléctrica.
Brick se soltó del agarre.
-Estás demente.
-Es eléctrica, puedo sentir los voltios corriendo a través de la malla.
El pelirrojo rodó los ojos.
-Boomer, ¿Desde cuándo puedes sentir…
Boomer lanzó una ramita a la dichosa malla, que terminó quemándose.
-Creo que mejor volamos. –Dijo el rojo.
El rubio asintió y los dos se alzaron en vuelo, Boomer siguiendo al mayor, aunque ya se hacía una idea de a donde iban. Tan solo alcanzar una buena altura, no fue difícil encontrar las ruinas del edificio. Boomer frunció el ceño. No esperaba volver a ese lugar.
-Brick. –Llamó, esta vez más serio, no en plan de joderle la existencia al mayor siendo infantil. -¿A que venimos?
Tal vez fue el tono empleado, o que realmente lo había sacado de sus casillas, pero el mayor gruñó, esta vez decidiéndose a responder. Se detuvieron justo arriba del lugar. El perímetro estaba rodeado de la guardia nacional.
-Solamente venimos a hacer un chequeo.
-¿Por qué?
Brick descendió sin responder a aquella pregunta. Boomer era inteligente, era por eso que lo había traído. Probablemente ya sabía sus sospechas. Lo podía notar por el semblante en su rostro. Cuando aterrizaron los guardias se acercaron con cautela, hasta que les reconocieron y bajaron sus armas.
-¿Los RowdyRuff Boys Z?
Ellos les miraron extrañados, Brick y Boomer se encogieron de hombros.
-Solamente veníamos a asegurarnos que todo está bien. –Dijo el rubio.
Los hombres asintieron.
-Todo está tranquilo, como siempre.
Brick asintió.
-¿Podemos entrar?
Los hombres se incomodaron ante la pregunta, sin embargo, segundos después, tras comunicarse con miradas asintieron. Después de todo, aunque hubieran vivido ahí, eran los héroes de la ciudad.
Boomer notó el recelo, y una vez que estuvieron un poco lejos murmuró.
-Tal vez debieron venir Miyako… o Momoko. Incluso Kaoru siendo tan atropellada. Son eh… más confiables estando aquí. –Brick gruñó.
-Si somos confiables o no al estar aquí no me importa. Ellas no conocen este lugar como nosotros.
Boomer estuvo de acuerdo en silencio. Los dos, antes de entrar se quedaron mirando el lugar.
Había un enorme agujero en el suelo que conducía al laboratorio que fue de Taiga y en el que una vez los encerró en celdas. Ahí fácilmente podía entrar un camión, el pozo era enorme. Una parte del edificio estaba destruida, precisamente la que conectaba con el laboratorio. La mitad del primer y segundo piso estaba destruidas, podían verse las escaleras y la cocina –o lo que quedó de ella – y una parte destruida del segundo piso. Increíblemente el resto del edificio, el tercer cuarto y quinto piso seguían conservándose –tan horribles como siempre, pero lo hacían.
El lugar parecía una de esas torres que se hacen con el juego de tabloncitos de madera, Jenga, solo que después de haberle quitado la mitad de los tablones de abajo.
-Asegúrate de que no haya ninguna anormalidad.
Brick se adelantó y entró. Si es que se le podía llamar así, ya que gran parte estaba destruida. Observó a su hermano hasta que desapareció y algo se instaló en su interior. Algo extraño. Boomer sabía que Brick sospechaba algo. Tenían dos años sin pisar el lugar y de repente quería visitarlo. Justo cuando las cosas comenzaban a marchar mal. Con un suspiro, y metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón bajó al laboratorio con desgane.
No tardaron realmente mucho. Cuando se volvieron a reunir encontraron las mismas respuestas.
Nada.
Brick suspiró, pensando que tal vez, como Momoko había dicho estaba adelantándose a las cosas. Era imposible que Taiga estuviera vivo.
-Parece que todo está bajo control. –Dijo el rubio, observando a su hermano. Brick sabía que el menor intentaba leerle la mirada, pero, como siempre, no lo lograría. Se limitó a asentir.
-Pues vámonos.
El profesor se sentó soltando un pesado suspiro. Ya había llamado a la escuela para reportar la falta de los tres chicos y gracias al cielo, todo había salido bien. Ahora, con Ken un poco alejado, junto a Peach, podía permitirse mostrar un poco de estrés.
Estando frente a los chicos, el intentaba mantenerse tranquilo y sereno para ellos. Intentaba apoyarlos en todo lo que pudiera, puesto que, si la situación se tornaba… difícil serían ellos los que terminarían haciéndose cargo, como la última vez, con Taiga. Y el necesitaría estar ahí para ellos.
Lo cual no significara que no tuviera los nervios de punta. Era por eso que en ese momento, talló sus ojos hasta el punto de dejarlos rojos y contuvo la respiración para tranquilizarse.
Soltó el aire contenido y poco a poco, su preocupación se fue diluyendo.
Más concentrado, encendió su ordenador, y Abrió su corrió para ver si algún científico amigo había respondido a sus correos. Se dedicó a analizar lo que llevaba días investigando, el dichoso triángulo de las bermudas.
Desgraciadamente, sus colegas coincidían en lo mismo, o algunas cosas ni siquiera las habían tomado en cuenta. Pero él no quería dejarlo de lado. Había algo que no cuadraba para él, que no quería dejar de investigar.
Se quedó sentado, pensando.
No tenía caso repetir lo mismo que había estado haciendo los últimos días. Obtendría los mismos resultados. Necesitaba nuevas cosas, necesitaba buscar algo nuevo. Ken parecía que pasaba por el mismo problema.
Movió su silla hasta la pantalla que monitoreaba satelitalmente el lugar. El mismo tipo de radiación seguía emanando de ahí.
No supo muy bien cuanto tiempo paso, pudieron haber sido minutos u horas, pero de pronto un punto rojo comenzó a brillar. Los circuitos de Peach se encendieron rápidamente. Un punto rojo que tanto Ken, como Peach y él mismo habían visto ya.
Frunció el ceño completamente sorprendido. Reinició el aparato, tal vez había sido un error. Las máquinas solían hacer cosas estúpidas cuando se sobrecalentaban. Pero el punto rojo volvió a aparecer. Y Peach volvió a emitir ese sonido tan característico.
Ken, se acercó, no pudiendo evitar hacer el mismo gesto. Peach ladeó la cabeza, como si fuera un can real.
-Profesor… no es la primera vez que pasa. –Dijo, recordando que eso ya había pasado na vez, cuando Peach se había descontrolado.
-No sé qué significa Ken. –Se apresuró. –Me parece muy extraño. Pero… debemos averiguarlo.
Ken no quiso decir nada, pero con todo lo que había pasado el día anterior. Eso solo le preocupaba más. Además, su padre era muy inteligente. Mucho más que él. Seguramente ya tenía en mente la misma idea que él.
-No nos apresuremos, Ken. –Habló el hombre, al parecer leyéndole la mirada. –Esto puede significar todo y nada.
Ken asintió. Tenía razón, debían aclarar algunas cosas.
Después verían.
Koiji vagaba por el laboratorio sin mucho que hacer. Cuando Brick y Boomer salieron del edificio y Momoko se fue con el profesor y Kaoru sabrá a Dios donde –lo cual no le importaba, claro. – se había quedado hablando con Miyako hasta que Momoko llegó de nuevo al lugar exigiendo la ayuda de la chica. Entonces él había comenzado a rayonear una revista científica del profesor –seguramente lo mataría por eso, pero, hey, estaba muy aburrido. – pero se detuvo en el momento en que se dio cuenta que varios de los garabatos que había trazado eran esos estúpidos números de nuevo. 30, 31, 75, 12.
No le dio importancia. Eran simples números, y a él no le gustaban los números.
En ese momento, cerró la revista y la escondió entre los pliegues del sillón de cuero blanco para que ni el Profesor o Ken descubrieran que había rayado un de sus preciadas revistas.
Y ahora se encontraba vagando por ahí. Y como de costumbre cuando no hacía nada, su apetito se hizo presente. Con parsimonia caminó hasta la cocina encontrándose con alguien que por lo menos en ese momento, no deseaba ver.
La pelinegra cabeza de Kaoru resaltaba en el blanco y pulcro lugar. Había olvidado que compartían ese hábito de comer cuando su cuerpo estaba inactivo y aburrido. Una vez cuando habían ido a casa de Miyako a hacer un trabajo y nadie los dejó hacer nada para el trabajo por miedo a que lo hicieran explotar, ellos habían ido a la cocina de la casa y habían comido gran parte de las cosas que se encontraron en el lugar. Miyako se había puesto pálida en un segundo.
Soltó una risa al recordar aquello. Instantáneamente Kaoru le miró. Fue ahí cuando todo se fue, literalmente, a la mierda.
Ella le miró y como si no estuviera ahí cerró el refrigerador.
Koiji ya no se sorprendió, se esperaba eso. Pero no pudo evitar volver – ¡Sí, maldición, de nuevo! – a preguntarse qué diablos pasaba con ella. Estaba comenzando a… maldición, ni siquiera quería pensarlo. Era embarazoso. Pero esa maldita estúpida le hacía preocuparse. ¡Él no le había hecho nada, joder!
Normalmente cuando se la encontraba en la cocina no tardaba en parlotear y comentarle que era lo que ahora estaba haciendo, enseguida, él se unía a su experimentación y terminaban comiendo un montón de porquerías. Instantáneamente se preguntó que comida asquerosa estaría haciendo y se dio cuenta de que habían pasado largos días en los que no habían experimentado con sus alimentos juntos.
El sonido de cubiertos moviéndose le llamó la atención. Había algo en el microondas. ¿Qué era? Se acercó detrás, olvidando que la chica parecía estar completamente enojada con él, sintiendo el estómago rugir fuertemente.
-¿Qué haces?
Ella saltó en su lugar. Había esperado que con la mirada que le dirigió no se le acercara. Gruñó.
-No te importa.
-Pues mi estómago reclama por comida, así que sí, me importa.
Ella no contestó. El timbre del microondas resonó en el lugar y ella se giró sin prestarle atención. Kioji pidió paciencia, ya estando molesto. ¡Ese no era su estilo! Ser paciente y amable. ¡Joder, no era Hotaru! ¡Y esa loca, estaba haciendo que comenzara a molestarse de verdad! El intentó meter mano al plato, pero ella fue más rápida.
-¡No me toques, idiota!
Koiji ya cabreado de todo lo que había sucedido los últimos días, sintió la cólera llegar a su punto máximo cuando ella le grito. La tomó por el brazo con brusquedad y la estampó contra la pared más cercana. El plato voló a algún lugar de la cocina.
-¡Suéltame!
-¡Cállate! –Gruñó, apretando el agarre. Por más que ella pataleara y por más fuerza que tuviera, él tenía el doble. –Ahora mismo me dices que mierda te pasa.
Ella se revolvió inútilmente.
-No tengo porque darte explicaciones de nada. ¡Suéltame!
-Oh, claro que tienes. –Gruñó. – ¡Ya deja de moverte! –Ella hizo caso omiso. –Dame una maldita explicación de que sucede o no respondo, Matsubara.
Ella rio burlesca.
-Que miedo te tengo, Him. –Dijo con sarcasmo bien marcado. –Yo no tengo nada que hablar contigo.
Hubo una batalla de miradas.
-Un día de estos provocaras que te mate, Kaoru.
Ella inhaló, conteniendo el aire, pero por alguna razón, no pudo. Aquel comentario, le había provocado recordar viejos tiempos entre ellos, cuando realmente aquel era su objetivo. Que se lo dijera ahora había hecho que dentro de ella se removiera algo. Muy dentro de ella, sabía que era solo para joderla, pero no le importó. Explotó.
-¿Ah, sí? ¡¿Eso quiere decir que me matarías, idiota?! –Bramó colérica la chica. El verde chasqueó la lengua. Sabía que si lo decía no habría retorno, pero en ese momento no le importó.
-Para eso me crearon. –Dijo, sin remordimiento o cualquier ápice de broma en su voz. Fue un comentario dicho con toda la intención de causar daño. Y Kaoru no supo porque pero un sentimiento de indignación, molestia y… dolor, atravesó su pecho.
Se transformó rápidamente y le atacó. Koiji se tardó unos segundos más, pero alcanzó a transformarse antes de que fuera demasiado tarde, porque los ataque de Kaoru eran repartidos con más fuerza de lo normal. No pudo evitar sorprenderse. Había esperado su molestia, pero no aquello.
Los ruidos pronto llegaron arriba, por lo que los restantes del lugar corrieron a ver que sucedía, encontrándose con la batalla de los verdes. Se tardaron varios segundos en identificar si era una simple pelea como las habituales o realmente estaban moliéndose a golpes.
Pero cuando Buttercup soltó su bate y abofeteó a Butch, Momoko y Miyako supieron que la cosa iba enserio. Kaoru no abofeteaba. Eso era propio de una chica. Y no es que ella no lo fuera. Simplemente, ella golpeaba como si fuera un varón. Eso era totalmente impropio de ella. Un íntimo acto de desesperación. De una chica. Al parecer Butch también se sorprendió porque la pelea paró unos segundos, en que los verdes se quedaron jadeantes y ellos pudieron transformarse y llegar volando al lugar.
-¿Qué pasa aquí? –Gruñó la pelirroja, mirando como Buttercup parecía totalmente ofendida, aunque sabía muy bien ocultarlo.
Pero ninguno respondió. Buttercup ignoró a Blossom, e intentó seguir atestando golpes contra el chico, pero fue detenida por Bubbles. Ante la intervención de Blossom, Butch se detuvo, ya no teniendo ánimos de seguir luchando contra su contraparte.
-¡Suéltame! ¡Mataré a este estúpido! –Chilló la chica revolviéndose entre el agarre de la rubia. –¡Me las vas a pagar, idiota!
-¡Pero si tú has empezado!
Eso pareció solo encender más a la fiera.
-¡Fuiste tú el que dijo que me mataría primero a mí!
-¡Basta ya! –Chilló Bubbles. – ¿No ven todo lo que está pasando? ¡Lo último que necesitamos es pelearnos entre nosotros y crear más problemas! ¡Así que dejen de insultarse y mejor pónganse a cooperar!
Buttercup se soltó por fin del agarre de la rubia, y sin mirar a nadie, se dirigió a la salida del laboratorio.
-¡Buttercup!
-¡Me largo! –Dijo, sin detener el paso. -¡O se larga él, o me largo yo!
Las otras dos chicas se vieron entre la espada y la pared, ¿Cómo las ponía a elegir entre ella y Butch? ¡Ambos eran del equipo, ambos eran sus amigos!
-¡Buttercup, regresa acá, esto es estúpido! –Pero la morena ya estaba bajando las escaleras. Y no hubo poder humano que la detuviera, porque con paso airoso, salió del laboratorio y azotó la puerta. A los pocos segundos una estela verde era vista por el claro cielo de Tokio. Las dos chicas se giraron al moreno, que apretaba los puños de coraje.
-¿Pero que ha sido eso? –Cuestionó la pelirroja. –Es verdad que siempre se están riñendo, pero nunca van enserio. ¡Acaban de intentar hacerse daño de verdad! ¿Qué creen que…
-¡No tengo ni puta idea de que le sucede, ¿Sí?! ¡Así que averígüenlo ustedes! –Gruñó, como un león molesto, y comenzó a caminar al lado contrario donde lo había hecho Buttercup.
-¡Oye, ¿A dónde vas?!
-¡A entrenar! ¡O a golpear lo primero que encuentre! ¡Y no intenten detenerme!
Las dos chicas se quedaron ahí, reviviendo en su cabeza la escena anterior. Bubbles se llevó una mano a la cabeza.
-¿Qué está pasando con esos dos? –Murmuró Blossom. Bubbles suspiró.
-¿De verdad no lo sabes?
Blossom cerró los ojos. Vaya que lo sabía.
-Tenemos que hablar con Buttercup. Esto se está tornando cada vez peor.
Cuando llegó, le sorprendió que todo estuviera en santa paz. Pero poco le importo. Tenía demasiada hambre, así que entrando por la terraza, se dispuso a dirigirse a la cocina, con Brick detrás.
-Todo esta muy tranquilo. –Asimiló el pelirrojo.
-Mejor así.
Caminaron, dirigiéndose a la cocina, pasando por la sala de estar de la segunda planta, el baño y el laboratorio del profesor. Brick se asomó por las escaleras a la planta baja, encontrándose con Miyako y Momoko hablando de sabrá Dios que cosas.
-Hola, amargadas.
Ellas le miraron.
-¿Cómo ha ido todo?
-Ninguna anomalía. –Dijo el rubio. –Yo tengo hambre.
-Por cierto. –Dijo Brick. –Todo está demasiado tranquilo para ser real. –Entonces se dio cuenta que el televisor estaba apagado. -¿Dónde están Koiji y Kaoru? –Cuestionó el pelirrojo.
-Buttercup se ha ido. Butch está… yo espero que entrenando.
-¿Se ha ido? –Cuestionó le de gorra. -¿Cómo que se ha ido?
Boomer se rascó la nuca.
-Saben, muero de hambre. Mientras ustedes hablan de ellos, yo iré a comer algo, ¿Vale?
Y Miyako que tampoco tenía ánimos de seguir hablando de la pelea de los verdes, siguió a Boomer detrás, hasta la concina, donde Butch estaba sudado y terminándose una botella de agua.
Boomer saludó con la mano, e hizo la pregunta prohibida, a la persona menos indicada. Pero así era Boomer, a veces algo despistado para algunas cosas.
-¿Dónde está Kaoru, idiota?
Butch apretó la botella de agua en su mano, haciendo que el crujido sonara en el lugar. Boomer no lo notó, al parecer.
-Se largó. –Gruñó en tono bajo Butch, claramente aun molesto.
-¿Por qué?
-Porque está loca. Y deja de preguntar, ¿Sí?
-Vale, no pregunto. –Dijo el rubio, dirigiéndose al refrigerador.
-¡Mira, oxigenado, no fue mi culpa! –Boomer se detuvo de una, impactado por el grito. -¡Ella empezó con ese rollo de ignorarme! ¡Tenía que hacer algo para que dejara de actuar como una cría!
-Ah… vale. ¿Quieres un sándwich?
-¡Y ya, se lo dije! –Despotricó.
-¿O un cereal?
-¡Le dije que no dudaría en volver a deshacerme de ella como antes! ¡Qué para eso me habían creado! ¡Se lo ganó!
Entonces Boomer le miró perplejo. No entendía muy bien que había sucedido, pero entendía perfectamente que su hermano la había cagado.
-¿Que le dijiste qué? –Cuestionó el rubio al verde, terminando con un suspiro cansado. Butch era un cabezota. –La estás embarrando por todos lados, ¿Sabes?
-¡Ella empezó a joderme la existencia, Boomer, fue su culpa!
-Pero dijiste que ni siquiera te estaba prestando atención.
-¡Por eso, maldición! –Gruñó- ¡¿Quién se cree que es para ignorarme, y luego insultarme y luego volver a ignorarme?!
Boomer siguió con su camino al refrigerador, tenía hambre y no tenía tiempo de lidiar con el mal carácter de su hermano.
-Como sea. –Y comenzó a hacerse un sándwich. Miyako, que había escuchado la conversación –Si se le podía llamar así. –Se entremetió.
-Creí que sabías que era lo que sucedía con Kaoru. Es bastante obvio. –Dijo la chica. El moreno había estado tan ofuscado en gritarle a Boomer, que no había notado su presencia. -Deberías hablar con ella y dejar las cosas en claro. Ya sabes, lo que sientes. Y tal vez ella también lo haga. Fin del problema. Es claro que es lo que sucede.
El moreno se fue de espaldas, hacia atrás.
-¡Estás retrasada mental! ¡Yo no siento nada!
-Oh, bueno. –Dijo la rubia, rodando los ojos. –O puedes seguir en negación, al igual que aquella terca. –Dejó a Butch renegando del asunto y se acercó a Boomer.
-¿Encontraron algo en su inspección?
El chico negó, untando mayonesa al pan.
-Nada. –Dijo. –Y no sentí nada extraño. Todo parecía normal, nada fuera de lo común. Lo que no me agrada es que a Brick le haya dado por investigar el lugar de repente.
-A mí tampoco me agrada. –Concordó la chica. -¿Crees que sepa algo que nosotros no?
-Tal vez tiene sospechas de algo. O que se yo. Es demasiado difícil entender a Brick. –Restó importancia el chico.
–Pero si fuera algo grave, nos lo diría. –Dijo Miyako.
-¿Así como nos ocultó las notas?
-Vale, buen punto. –Asintió.
–Por cierto, ¿Qué pasa con esos dos? –Dijo, señalando a Butch, que salía ofuscado de la cocina del laboratorio. Miyako suspiró y se dedicó a contarle lo sucedido. Cuando terminó Boomer ya había terminado de hacer sus sadwich, y lo miraba como si fuera arte pura.
-Esos dos están cada vez peor –Dijo la rubia. –Aunque bueno, solo es cuestión de que Butch se de cuenta que pasa con Kaoru.
El rubio le miró.
-¿Y que es lo que pasa con Kaoru?
-¿De verdad que no se dan cuenta? –Chilló bajito, ante lo cual, Boomer negó. –Hombres… -Murmuró. –Olvídalo. Anda ya, deberías transformarte y no cansarte sin razón.
Justo cuando el se transformaba, los dos rojos entraron a la cocina, también transformados.
-¿Qué le han hecho a aquel zoquete? –Cuestionó le rojo. –Parece más endiablado de lo normal.
-Discutió con Kaoru. –Dijo Momoko. –Solo… no le hagas preguntas que puedan…
-Oh, es tarde para eso. Aquí este despistado ya lo ha hecho. Tiene suerte que no lo haya golpeado.
-Yo hubiera ganado la pelea.
Las dos chicas rodaron los ojos.
-Como sea. Tornando a otros temas màs importantes. Le decía a Brick que Miyako y yo no encontramos nada anormal en Himeko. Su vida sigue siendo tan hermosa como siempre, llena de kujos y todo eso. Tal vez solo opacada por su hermana, pero…
Hotaru suspiró.
-Te dije, enano, que ella no tiene nada que ver con esto.
-Solo… no hay que dejar de vigilarla. –Murmuró. Y en eso, el resto sí estuvieron de acuerdo.
-Vale, pues tengo hambre. –Dijo Brick. –Me merezco un banquete después de todo esto.
Kaoru llegó a su casa de malas. Sin embargo, no de la misma manera que solía hacerlo. Cuando salió del laboratorio, sentía la sangre hervir dentro de ella, pero conforme fue a su casa, aquel fuego comenzó a apagarse, hasta tornarse en una pequeña llama. Una muy pequeña, casi desesperanzadora.
Cuando por fin llegó, no se molestó en usar la puerta. Entró por la ventana, no tenía ánimos de ser atacada con preguntas por su padre o su hermano. Solo quería llegar y tirase en la cama el resto del día, y no despertar hasta el día siguiente.
Se sentía como una montaña rusa. Ella no estaba acostumbrada a sentir eso, y no quería que siguiera pasándole, era desesperante. Se sentía vulnerable.
Pero es que simplemente, ignorar a Koiji no estaba dando resultado. No el que ella esperaba. Eso solo había acrecentado la ira de él, y el revuelo de sus propias emociones. Miró el techo, y en su desesperación sintió las lágrimas agolparse en sus ojos. Una pequeña lágrima se derramó, dando paso a otra y a otra, y a otra.
Aquello fue lo último que quedó de su ira, sintió como la llama se reducía a cenizas.
Eh, ok. Hace unas horas me dije: ¡Oh, no he revisado si tengo reviews! Y después pensé: ¿Pero quien diablos va a dejarte un review si ni siquiera has actualizado, menuda idiota?
Con todo esto de navidad, y que me estoy integrando a otros fandoms, olvidé actualizar n.ñ Lo lamento tanto. Les recompensaré, lo prometo. Por lo pronto, subiré el próximo capitulo en los próximos días, para no hacer tan larga la espera. Lo peor es que ya estaba preparando un fic navideño. No sé que diablos le pasó a mi cerebro. Pero en fin, juro recompensarles.
Y pasando a otros temas, se que probablemente la última escena no suena mucho como Kaoru, pero siento que, por su personalidad ruda y forma de ser, esto le afecta más que a las otras chicas, ya que no conoce nada parecido y no le agrada. Pero tranquilos, en algún momento nuestra Kaoru volverá a ser la misma. Solo dejen que se enfrente a ella misma xD ¿No les ha pasado? Cuando uno se enfrenta a uno mismo y escarba cosas que le dan miedo se vuelve un manojo de lágrimas. Hasta los más fuertes caen jaja. Es el turno de Kaoru.
Y Asami y Misaki 3 Los amo, jo.
Por cierto, como dije, el próximo capitulo, les gustará (O eso espero), ya que habrá una pequeña escenita entre los verdes. Una buena, lo prometo.
En fin, me despido. Espero que estén disfrutando estas fechas con sus seres queridos, les deseo lo mejor. Regalen Nutella para dar felicidad a las personas xD
Miss Nutella :)
