Disclaimer: Demashitaa! The PowerPuff Girls Z y sus personajes no me pertenecen.


Advertencias: Ninguna.


Demashitaa: Kasai.


Confusión


Kaoru miraba a sus amigas apática. No es que no le gustara pasar el tiempo con ellas. Le gustaban sus pijamadas. Miraban películas, comían dulces y toda clase de cosas deliciosas y charlaban de la gente que aborrecían. Pero simplemente en ese momento no quería estar con nadie más que con su amargura y soledad. Apreciaba el gesto para animarla, pero no tenía ánimos.

Suspiró, debió haberles cerrado la puerta cuando pudo.

Cuando Kaoru abrió la puerta tuvo el loco impulso de cerrarla tan rápido como la había abierto. Pero se contuvo, y soltando un suspiro se apresuró a hablar.

──Ni piensen que regresaré a ese lugar. No si Him está ahí.

──Pero si no hemos dicho nada aun. ── Gruñó la pelirroja.

Apenas habían pasado dos horas desde que había salido del laboratorio. Kaoru las miró con cautela pero terminó por abrir la puerta

── ¡Oh, no, no venimos contigo! Venimos a llevarte con nosotras.

── ¿Disculpa? ── Dijo, aun tomando el pomo de la puerta.

── ¡Anda! Hace mucho que no hacemos una pijamada.

Ella negó.

── No estoy de humor. ── Dijo. Ellas intercambiaron una mirada que no le agrado.

── Con mayor razón. ¡Anda, hemos rentado esa película horrible que te gusta! ¿Cómo se llama?...

Una chispa se encendió en su interior.

── ¿El Conjuro?

── ¡Esa, si!

Ella soltó un suspiró cansado.

── Oigan, de verdad lo agradezco, pero…

── Kaoru, anda, anda, apresúrate. La noche solo dura ocho horas.

── Miyako…

── ¡Anda ya, te esperaremos aquí! ── Dijeron ambas, pasando y sentándose en uno de los sillones.

Y solo porque no tenía ánimos de replicar, subió a su habitación por sus cosas y le pidió permiso a su padre de ausentarse esa noche.

── Vale. Han ganado. Vámonos antes de que me arrepienta.

Y he ahí, Kaoru estaba sentada en un enorme puff, escuchando a sus amigas reír. Ni siquiera había tocado esas enormes bolitas de chocolate que la abuela de Miyako solía hacer.

── ¡Kaoru!

── ¿Eh?

── Vaya, por un segundo creí que habías muerto. ── Dijo Momoko. ── ¿En qué piensas?

── Intentaba recordar porque no les cerré la puerta de mi casa cuando pude.

Ellas rodaron los ojos.

── Oh, vamos, ¿Tan mala anfitriona soy? ── Dijo Miyako, fingiendo estar ofendida.

── No es eso, solo no es mi día.

── Sí, bueno… ── Dijo Momoko, recordando el incidente con Koiji. ── ¿Qué pasa, entonces?

── Nada.

── Acabas de decir que no es tu día. ── Dijo Miyako.

── Si bueno, pero no es tan importante.

── Ni siquiera quieres estar con nosotras. –Dijo Momoko.

── ¡No es nada! ──Las otras dos suspiraron.

──Vale, pues entonces seré más directa. ──Dijo Gotokuji. ──¿Qué pasa con Koiji?

La pelinegra abrió los ojos.

── ¿Qué clase de pregunta es esa?

──La clase de pregunta que hace una amiga preocupada por otra. ── Respondió. ──Han estado muy… extraños últimamente.

──No sé porque lo dices. ──Negó, tercamente.

──Oh, tal vez porque hoy casi se matan el uno al otro, tal vez por eso, que sé yo. ──Dijo la pelirroja sarcásticamente.

──El empezó. ── Gruñó. ──Y no es su asunto.

Ellas permanecieron calladas.

──Ya lo sabemos, por eso no habíamos dicho nada, pero hoy cruzaron un poco la línea, ¿No crees?

──Chicas, ¿Quieren calmarse? Suenan como mi madre. Claro… si tuviera una. ──Dijo, molesta.

──Vale. Es solo que sabemos que es difícil para ti… ya sabes estás cosas. ──Dijo con cautela Miyako. Momoko miraba el suelo, sabía que Kaoru era bastante rehacía a hablar de esos temas.

── ¿Qué clase de cosas? ──Cuestionó mirándolas perspicazmente. ──Con un tono de voz claramente irritado.

──Chicos y… amor y…

── ¿Qué intentas decir con eso, Gotokuji?

El tono de voz amenazante hizo que ambas amigas tragaran saliva.

── Kaoru. ──Dijo Miyako, firmemente. ──Estás enamorada de Koiji.


Makoto daba vueltas por su habitación. Eran pasadas ya las dos de la madrugada y él aún no podía pegar le ojo. Con parsimonia, se dirigió a la sala, para recostarse en el sillón. Dormir ahí le ayudaba a descansar más, por alguna razón que no terminaba de comprender.

Todo ese día habían investigado cuanto pudieron, y no habían encontrado ningún indicio que les indicara lo que estaba sucediendo. Ni de Taiga, ni de Himeko, ni de nada. Estaban en cero, justo como cuando empezaron. Aquello solo le daba dolores de cabeza, y, aunque Blossom y Bubbles le habían advertido que descansara, él no podía.

Estaba comenzando a obsesionarse con aquello. No entendía el porqué. Ni siquiera dos años atrás, cando Taiga vivía –si es que no estaba vivo en ese momento – había sentido tal preocupación. ¿Tal vez porque ahora tenía más cosas buenas que perder que solo sus hermanos? ¿O acaso eso significaría que había alcanzado su total redención y por fin podía considerarse un héroe completamente?

Secretamente eso le atormentaba en cierta medida. Sus errores del pasado se encargaban de recordarle que no era merecedor de todo lo bueno que ahora tenía. Empezando por esa loca chica pelirroja y terminando por el estúpido perro que en ese momento dormía a sus pies, roncando tan ruidosamente como si fuera un humano. Tal vez su preocupación por proteger todo era causada por su deseo de ser perdonado. O tal vez ¿Perdonarse a sí mismo?

Era verdad que mientras vivieron solamente con su madre –entiéndase como chimpancé horrible con hedor a coladera y nombre ridículo. – sus misiones como villanos eran meras travesuras de críos. Pero una vez que comenzaron a vivir con Taiga la situación se tornó más oscura para todos los que estaba en el lugar. Mucho más para ellos tres. Era como si Taiga siempre hubiera sabido en el fondo que terminarían traicionándolo y se estaba cobrando su venganza por adelantado. O simplemente fue su oscura manera de prepararlos para lo que el consideraría su estúpido Reinado y todo esa basura psicótica que lo hacía parecerse al mismo Hitler en una versión barata y no muy creíble.

Como fuera, aquello limitaba al pelirrojo. Y al mismo tiempo potenciaba sus ansias de descubrir y detener lo que estaba pasando, antes de que fuera demasiado tarde. Porque estaba seguro que aquello era mucho más peligroso de lo que se estaban imaginando.

Suspiró, sintiendo como el sueño por fin comenzaba a adormecer sus pensamientos. Aunque no sabía si era buena idea. No quería dormir y que sus sueños terminaran convirtiéndose en locas visiones que amenazaran su seguridad y la de su equipo.


Ella pudo haber tenido muchas reacciones. Reír. Maldecir. Gritar. Irse del lugar. Indignarse. Pero contrario a ello, se quedó mirando a la rubia, intentando descifrar si le estaba tomando el pelo o iba enserio.

Momoko se mantuvo al margen, al parecer sorprendida de que ella no hubiera asesinado a Miyako por siquiera sugerir aquello. Por fin, Kaoru salió de su estupefacción.

── Haré como que no has dicho nada. Por tu bien, Miyako.

── ¡Kaoru, no hay nada de malo en ello!

── ¡Miyako, ya deja esa estupidez! ──Gruñó, levantándose. ── ¡Una cosa es que insistas en la falda y todo eso! ¡Pero no te sobrepases!

── Kaoru, de verdad. ── Dijo Momoko. ── Mientras no lo aceptes tu misma esta situación seguirá igual. Si estás enamorada de…

── Termina esa frase y no la cuentas.

── Vale.──Dijo, calmando con las manos. ── Solo te diré algo. Koiji también está enamorado de ti.

──Solo que ninguno de los dos se ha dado cuenta. ── Se apresuró Miyako.── Porque los dos son muy lentos, pero, no hay problema con ello.

── ¡Muy bien, basta ya, ustedes dos! ──Bramó, ya muy molesta. ── Koiji y yo no sentimos absolutamente nada de… ¡De lo que ustedes dicen! ¡Están locas! ¡Así que háganme el favor de dejarme en paz!

── Mira tú rostro, ¿Y aun así dices que mentimos?

──No es verdad. Nada de lo que dicen. ──Pero incluso para ella aquello sonó como si intentara de convencerse ella misma. ¿Acaso… de verdad ellas tenían razón? ¿Estaba…

No.

Simplemente no.

Negó rotundamente, ante lo que sus dos amigas asintieron.

──Si y sí. ──Dijo Miyako. ── Y a Koiji le pasa lo mismo, solo que ustedes dos, aunque no lo quieran son tan pareci…

── ¡Gotokuji, Akatsutsumi! ──Dijo está vez, con una mirada y un tono de voz que no había empleado en ellas nunca, muy parecido al que uso para atacar a Butch esa tarde. ── ¡Es la última vez que lo digo! ¡Si no quieren que me largue de aquí dejen de joderme la existencia! ¡Lo que deje o no de pasarme no es de su incumbencia! ¡Así que cierren la boca ya, amabas! ¡No se entrometan en mi vida, que no se los he pedido!

Ambas, rubia y pelirroja, la miraron con los ojos y la boca abiertos, con sorpresa. La observaron tomar una manta y tirarse con coraje hacia su futon, dispuesta a dormir de una vez por todas. La conversación quedó zanjada ahí, por lo menos por parte de la pelinegra, y ellas no insistirían más.

Apagaron la luz principal, dejando prendida solamente dos lámparas que alumbraban lo suficiente para verse entre ellas y se alejaron de Kaoru, dándole su espacio.

── ¿Crees que nos pasamos? ── Cuestionó Miyako, preocupada. Momoko negó.

── No. Ella tiene que arreglar eso. No puede vivir para siempre huyendo de lo que siente, por más raro que sea para ella. No digo que se case con Koiji. Simplemente tiene que saber que no es malo.

Miyako suspiró, sintiendo que los ojos comenzaban a pesarle. Eran casi las dos de la madrugada y no era fin de semana. Si quería levantarse para ir a la escuela, sería mejor dormir ya.

── Solo espero que no hayamos despertado a tú abuela.

Ella negó.

── No creo. Ya vez lo grande que es la casa. Y ella tiene un sueño algo pesado. ── Momoko asintió, le dedicó una última mirada a Kaoru y se talló los ojos.

── Pues a dormir entonces.

── Pero no apagues la luz. Esa película dejara estragos en mi de por vida.


Cuando se encontraron en el camino con las chicas, se sorprendió de ver que llegaban juntas y de que Kaoru llegara temprano. La morena iba lento en su patineta para ir al paso de las dos chicas, aunque no hablaba con ellas. Tampoco era tan usualmente temprano como solían llegar las otras dos, sino algún punto medio.

Algo dentro de él se revolvió al ver el semblante de ella. Parecía… deprimida. Y de alguna maldita manera, se sentía culpable. Por alguna estúpida razón no había podido dejar de pensar en lo sucedido el día anterior. En la bofetada que le había dado. Aunque, ni siquiera le había dolido, sus golpes comunes eran el doble de fuertes. Y aun así sus pensamientos rondaban en ese momento y en su mirada. Y ahora al verla ahí desganada, mirando a quien sabe dónde, era demasiado extraño.

── ¿Llegando temprano, chicas? ──Dijo Hotaru con burla, claramente dirigiéndose a la pelinegra. Pero esta solo paso de largo en su patineta a la misma pasmada velocidad.

Algo le decía que no iba así de lento precisamente por las chicas.

──Está molesta con nosotras. ── Explicó la pelirroja── Le hicimos pasar un mal rato anoche.

── ¿Anoche? ──Dijo Makoto. ── ¿Así que una fiesta y no invitan?

──No es eso ──Dijo Miyako. ──Tonto.

──Solo les advertimos que estará así por hoy. Hay que darle su espacio.

──Eso, o serán golpeados dignamente.

── ¿Ustedes la molestan y somos nosotros los que tenemos que pagar los platos rotos? ¡Eso es injusto!

Makoto rio. ── ¿Qué, le tienes miedo a nuestro pequeño monstruo verde? ──Se burló de él, comenzando a caminar.

── ¡No es eso, idiota! ¡Es solo que… que… ¡Y tú! ──Señaló al pelinegro, saliéndose por la tangente. ── ¿Tú no dices nada?

El solo siguió caminando indiferente, y claramente de malhumor.

── Otro amargado. ──Murmuró, pero todos lograron escucharlo. Koiji solo respiró, intentando no ahorcar al rubio ahí mismo.

Cuando llegaron al salón, Kaoru ya estaba en su pupitre, sentada con la barbilla sobre la mesa y esperando al profesor en silencio. Koiji pasó de largo, imitando las acciones de la pelinegra. Y de cierto modo todos se sentían un poco apagados, aunque intentaran aparentar que todo estaba bien y sonreír, sabían que todo en ese momento era complicado.

Hotaru seguía mirando a los verdes.

── Oigan, ¿Qué les pasa ahora? ¿Y Qué fue exactamente lo que le hicieron a Kaoru?

──Solo dejémoslos en paz, ¿Vale? ──Dijo Gotokuji. ── Y sí, eso va para ti, Hotaru.

── ¡Oye!

Ignorando la protesta, se dirigió cada quien a su lugar. El día había iniciado.


Por alguna razón, la tensión en el ambiente estaba demasiado alta. No era precisamente el receso más animado que había vivido en sus días praparatorianos. Koiji no se había aparecido por el lugar. Hotaru comía en silencio, por lo que Misaki hablaba con Asami. Makoto miraba algún punto frente a él que nadie estaba completamente seguro que era. Kaoru no había hablado en todo el día, no había comido nada hasta ahora y no parecía tener ganas de hacerlo. Momoko y Miyako hablaban entre susurros, preguntándose qué hacer para mejorar la situación.

Asami asentía débilmente a los comentarios de Misaki, quién terminó por mirarla interrogante. Jaló un mechón de su cabello para traerla de vuelta al mundo real.

── Oye, ¿También tú? ── Se quejó. ── No pases al lado oscuro con ellos. ──Chilló infantilmente.

── ¿Lado oscuro? ── Murmuró Hotaru, saliendo de su parsimonia un segundo, luego parpadeó. ──Oh, lo siento.

──Todo está muy raro, Misaki. ── Dijo la chica.

El suspiró. Eso ya lo sabía. Había intentado hablar con Hotaru y Makoto varias veces, pero parecían solo mandarlo a volar, dándole la razón en todo lo que decía. Hotaru había dicho que sí cuando le preguntó si se casaría con Miyako. Lo cual era un poco extraño, ya que el había estado más animado que el resto minutos atrás. Luego Makoto aceptó que amaba a Momoko. En ese momento entendía la gravedad del asunto.

Él, siendo un chico, lo dejó pasar. Después se les pasaría. Pero las chicas a veces son… entrometidas. Asami carraspeó.

── Chicos… eh. Los noto un poco tensos. ¿Sucede algo?

Todos la miraron. Makoto se recostó en el césped y se tapó la cara con la gorra. Hotaru siguió comiendo. Kaoru ni se inmutó. Momoko suspiró.

──No es nada Asami. Solo un poco de estrés, ya sabes. ── Ella asintió

──Ya veo. ── Dijo, pensativa. Los miró a todos, algo angustiada. Kaoru parecía hasta deprimida. Tal vez si…. Sonrió. ── Bueno, ¿Qué les parece si hacemos algo para relajarnos? ¡Cualquier cosa! ¡No está mal de vez en cuando! ¿No?

Las dos chicas, rubia y pelirroja la miraron un segundo, y un brillo de anhelo se instaló en sus ojos.

── ¡Hay un película el cine que quiero ver desde hace un par de semanas! ── Chilló la rubia. ── ¿Recuerdan, chicas?

── ¡Sí! ── Secundó la pelirroja. ── Y ahora que lo pienso, creo que realmente necesitamos relajarnos un poco, ¿No? ¡No estaría mal!

── ¡Aa! ¡Buena idea, Asami!

La chica asintió, y miró a los demás.

── ¿Qué dicen, chicos?

Misaki quería decir que no. De verdad quería. Ya podía imaginarse que clase de película querían ver Miyako y Momoko, y no le apetecía demasiado. Pero las tres le miraban expectantes.

── ¿Misaki? ── Cuestionó Asami. El suspiró.

── Vale.

── ¿Hotaru, Makoto, Kaoru? ── Cuestionó Momoko, sonriente.

──Paso. ──Se apresuró el pelirrojo. Hotaru asintió, secundándolo.

──No se ofendan. ── Dijo Hotaru. ── Pero no me apetece ir a ver na película escogida por ustedes.

── ¡Oye! ── Chillaron Momoko y Misaki al mismo tiempo.

── ¿Me dejaran solo con estás?

── ¡Oye! ── Chillaron esta vez todas.

En ese momento Kaoru se levantó.

──Nos vemos luego.

── ¡A-Ah, Kaoru! ── Se apresuró Miyako. ── ¿Vendrás con nosotras?

── Otro día.

── ¡Pero…

──Adiós.

Ellas se quedaron mirándola hasta que desapareció.

── ¿Qué le sucede a Kaoru? ── Cuestionó Asami.

──Complicado.

── ¿Tiene algo que ver con que no esté Koiji por aquí?

Ellas sonrieron levemente, lo cual fue suficiente respuesta para ella.

──Ya veo.


── ¿Te pasa algo?

Kaoru giró su mirada a la derecha, enfocando en su campo de visión a un chico un poco más alto que ella. Lo hubiera ignorado, pero al ver en su mirada sincera preocupación suspiró.

──Hola, Ren.

── Hola. ──Respondió.

El entrenamiento recién había terminado. A ella le había costado mucho más que otras veces concentrarse y hacer las cosas bien. Y al parecer su semblante no ayudaba mucho a que los demás ignorasen su inusual desanimo. Ahogó otro suspiró para no verse tan patética como se sentía. Nadie hasta ahora se lo había mencionado, pero tenía los ojos hinchados de tanto que había llorado la noche anterior después de que Momoko y Miyako se quedaran dormidas y trataba de rehuir la mirada la mayoría de las veces que podía para que no se notase.

Koiji y ella no habían siquiera cruzado miradas en todo el día. Lo que era realmente nada. Se rehuían como si tuvieran una enfermedad letalmente contagiosa. Y lo que ella quería en ese momento era solamente salir corriendo en dirección a su casa para evitar cualquier contacto con el chico. Y en realidad con cualquier persona.

── Estás algo apagada hoy.

Comentó de nuevo el chico, como quien no quiere la cosa. Ella negó.

── No es nada. ── Medio espetó, comenzando a caminar con el chico detrás.

Comenzaron a caminar, dirigiéndose a las gradas, donde Kaoru solía dejar sus cosas, lo que le permitió ver que el campo estaba ya solo.

── ¿Segura que estás bien? ── Ella no respondió, solo mostrándole una mirada iracunda. Por alguna razón que aún no entendía del todo, le permitía a ese chico acercarse demasiado a ella. Tratándose de cualquier otro probablemente ya lo habría golpeado. ── V-Vale… ── Murmuró nervioso ante la mirada de ira de la pelinegra. ── Cualquier cosa que necesitas solo puedes decírmelo.

El posó na mano sobre su hombro y ella parpadeó, y se quedaron unos cuantos segundos en esa posición.

Hasta que Kaoru sintió como de improvisto unas fuertes manos la tomaban de la cintura y la halaban hacia atrás, chocando con un cuerpo detrás de ella. Se sorprendió tanto de ver a Koiji pegado a ella, que se olvidó que le estaba huyendo desde hacía un par de semanas y que tenía que golpearlo por tratarla como si fuera de su propiedad. Se limitó a parpadear confusa.

── Largo, Imamura. ──Gruñó.

El menor frunció el ceño.

── ¿Cómo?

── ¿Qué estás sordo? ¡Largo!

Kaoru se removió del agarre del chico sin efecto alguno.

── Suéltame, Him. ── Espetó. Él solo afianzó el agarre en la cintura de la chica, pegándola más a su cuerpo. Kaoru intentó controlar el calor que sintió de repente subir a su rostro. La ira se apoderó de ella. ── ¡Suéltame! ──Le propinó codazo suficiente para librarse de su agarre, pero él la tomó del brazo.

──Te ha dicho que la dejes. ──Gruñó Imamura empujando a Him. Pasó tal vez un segundo en el que Koiji se dejó ir sobre el joven, claramente dispuesto a darle la golpiza de su vida.

Kaoru se petrificó un segundo. Ese chico era o muy idiota, o muy, muy valiente. Alcanzó a entrometerse entre los dos, encarando al verde, quien se detuvo lo suficiente para no darle el puñetazo que el estómago que originalmente iba dirigido al imbécil que Kaoru defendía. Resopló.

──Muévete. ──Le gruñó a la chica. Ella le desafió con la mirada. ── ¡Quítate del medio, Kaoru!

── ¡No le grites, idiota! ── Se entrometió Imamura, brincando a Kaoru que servía como muro entre los dos. Koiji por alguna razón, sentía demasiadas ganas de desmembrar a ese imbécil. Más que a cualquier otra persona. No tenía derecho a hablar por ella, ni a defenderla de él. Mucho menos a defenderla de él.

Esta vez Kaoru no fue tan rápida. Koiji alcanzó a propinarle un golpe en la mandíbula a Ren, quien se tambaleó unos cuantos metros lejos, suficientes para que la chica volviera a entrometerse, dándole la espalda a Him, dirigiéndose al castaño. Aquello solo hizo enfurecer al moreno más, quien volvió a jalar a la morena hacia él.

── ¡Suéltame!

── ¡Suéltala! ──Kaoru maldijo mentalmente. ¿En qué momento había pasado eso?

── Déjame sola con este… estúpido. ── Koiji gruñó ante el insulto. El castaño la miró inseguro.

──No te dejaré sola con…

── ¡Ren, por Dios, solo hazlo! ──Le gruñó, esta vez molesta con el chico. Ella no era una damisela en peligro. ── ¡Se cuidarme sola! ¡No te necesito para esto!

El chico apretó los puños.

── Tengo algunas cosas que dejarle en claro a este imbécil. ¡Y tú suéltame! ¡No te creas con el derecho de tocarme!

── Y que mierda, ¿Él sí puede? ¿Desde cuándo él sí puede y yo no?── Dijo, con desprecio, dejando libre a la de ojos esmeralda.

── ¡Largo Ren!

El chico no se movió.

── ¡Ya la escuchaste, soquete! ¡Mueve tu horrendo culo lo más lejos que puedas de aquí, antes de que me arrepienta y lo destroce! ¡Aunque no dudes que igual lo haré más tarde, cuando termine con esta chica!

El chico terminó por irse mirando con odio contenido al moreno. Tan solo perder de vista al chico Kaoru le encaró.

── ¿Pero qué mierda te pasa? ¿Quién te crees? ── Gruñó. ── ¿Cuál es tu maldito problema?

Él supo que no tenía respuesta alguna para esa pregunta. Más bien la tenía, pero no le beneficiaba a él. Se fue por la tangente.

── ¡Simplemente no sé qué mierda haces con ese idiota!

── ¡Eso a ti no te importa! ── Dijo apretando los puños. ── Ayer me lo dejaste bastante claro.

── ¿Yo? ¿A ti? ── Espetó, con sarcasmo y molestia en la voz. ── Según lo que recuerdo fue al revés, preciosa.

Ella se mordió el labio, y desvió la mirada.

Koiji ya lo había notado. Sus insultos y su fuerza misma estaban mermados, no se sentían igual. La había llamado de esa manera para provocarla, solo porque sabía que detestaba que la llamase así. No entendía por qué si era un cumplido, pero ella lo odiaba. Y no había reaccionado como comúnmente haría, gritándole. Se había limitado a desvíarle la mirada. Otra vez le evitaba la mirada. Sus ojos estaban enrojecidos y algo más pequeños de lo normal y había dos pequeños semicírculos violáceos debajo de ellos indicando que probablemente no había dormido nada.

Se sentía tan irreal esa imagen de Kaoru que le perturbaba. Suspiró.

── ¿Me vas a decir que mierda te pasa ya, Kaoru? Honestamente, esta vez no sé qué fue lo que hice. ── Dijo, bajando el tono de voz. ── Y me estoy realmente cansando de esto.

Kaoru deseó que no le hablara de esa manera, como si se sintiera preocupado por ella. Como si fueran algo más que solo amigos. Le hacía sentir que algo crecía dentro de su estómago, llenándola de cosquillas. Se alejó de él.

── ¡Solo déjame en paz! ¡Y no vuelvas a hablarme así!

Koiji soltó un bramido.

── ¡Bueno, entonces, ¿Qué quieres, maldita sea?! ──Ella comenzó a irse, pero el chico la volvió a parar. ── ¡Oh, no, preciosa, esta vez me escuchas! ── Gruñó. ── ¡¿Qué quieres?! Te hablo mal y me tratas como mierda, te hablo bien, y me tratas peor que la mierda.

La soltó.

── ¡Incluso dejé de salir con chicas, joder!

── ¿Y Oyuki que? ¿Es invisible, o es hombre? ¡Además, a mi no me importa!

── Cierra la boca, que bien que te importa. Si no, no estuvieras jodiendome diciendo que soy un mujeriego. ── Le espetó. ── Y además, ahora resulta que ese cabrón tiene derecho de…

── Dejemos a Ren fuera de esto. Es idiota que lo digas. ──Gruñó.

── ¡Y ahí está! ¡Lo vuelves a defender!

── ¡Bueno, y una mierda! ¿Eso a ti que te importa? ¡Es amigo mío no tuyo!

── ¡No seas estúpida! ──Gritó. ── ¡No necesitas tener el puto cerebro de Momoko para saber que el imbécil solo anda detrás de tu trasero, Kaoru!

── Él no es un pervertido como tú, Him.

── ¡Ni siquiera a me tratas como a él!

Ante aquel reclamo la morena no pudo evitar sorprenderse. La conversación quedó zanjada y ella desvió la mirada.

Mirarla ahí, tan callada le hacía sentirse extraño. Le rehuía la mirada. De nuevo. Esa no era Kaoru, no era. Apretó los puños y ella volvió a mirarle, esta vez con una mirada que le pareció cansada. Pasó de ser agresiva a tranquila.

Se miraron un largo rato, como esperando que algún santo bajara del cielo y hablara por ellos lo que no se atrevían a decir, y no sabían hablar, que por ende terminaba en insultos y reclamos. La joven suspiró y se sentó en las gradas, de frente al moreno. Koiji se sorprendió de que, después de lo del día de ayer y minutos antes había pasado, ella estuviera ahí, y no se hubiera ido corriendo. Que estuviera ahí cuando había pasado días ignorándole y huyendo de él.

── ¡Koiji! ── Aquella voz hizo que el moreno suspirara impotente. ¿Enserio? Le cuestionó al destino. Tal vez era su forma de cobrarse todo lo malo que había hecho en el pasado.

── Oyuki. ── Gruñó. La chica no notó su falta de tacto, y Kaoru se levantó, tomando sus cosas. Miró de soslayo.

── ¡Te había estado buscando, pero no te había visto los últimos días!

Koiji miraba a Kaoru, esperando que la llegada de Oyuki no echara a perder lo que casi sucedía después de casi mutilarse verbalmente. Según lo que recordaba, Kaoru al parecer odiaba a la chica. La castaña notó aquello, por lo que frunció el ceño. Carraspeó.

── Entonces… ¿Nos vamos? ── Oyuki tomó posesivamente del brazo al moreno, halándolo para que caminara. Claramente sabía de la estrecha relación que tenían ellos dos, porque no les quitaba la mirada de encima a ambos.

El cierre de la maleta de Kaoru se cerró.

Koiji se soltó del agarre. Oyuki frunció el ceño.

── Cielo…

── Ya te he dicho que no me llames así. Nos vemos luego. ── Dijo el moreno, ella volvió a tomarle del brazo.

── Pero si no nos hemos visto. Y siempre estás con ella. ── Dijo, en un tono, que hizo que Kaoru se parara y la mirara con amenaza. Oyuki se encogió en su lugar. Koiji alcanzó a detener a la morena, que se zafó del agarre, comenzando a irse.

── Además. ── Le dijo, Oyuki, apresurada. ── Soy yo la que es tú…

── Oyuki, tú y yo no somos nada y ya lo sabes. ── Gruñó, molesto. ── Así que vete.

Kaoru se detuvo un segundo.

── ¡Pero…

── ¡Vete, Oyuki! ── Gruñó. ── ¡Desde el primer momento que comenzaste con tus cursilerías te deje claro que lo nuestro no era nada enserio! ¡Ni siquiera había algo, hemos salido, ¿qué? ¿Dos veces?! ¡Déjame en paz!

── Eres un…

── Patán, imbécil, sí, sí, sí. Ahora largo. ── La castaña miró con odio a la morena y Kaoru al verla alejarse se preguntó porque todas las chicas que salían con Koiji, y básicamente todo su asqueroso e insoportable club de fans la miraban de la misma manera.

Koiji se giró a mirarla. Y así se quedaron los dos, buscando respuestas en la mirada del otro.

No estaba seguro de que era lo que debían decir, porque de hecho, ni siquiera estaba seguro de que había estado pasando con ellos. Pero su monólogo mental no duró mucho porque Kaoru comenzó a acercarse a él.

La morena, se acercó un paso. Luego otro, y luego otro, hasta que quedó muy cerca de Koiji. Him, le miraba sorprendido, intentando descifrar a que se debían sus acciones. Tras el primer paso que había dado, Koiji pensó que lo golpearía. Pero ahora, que solo había un paso de distancia entre ellos, y la morena no había hecho amago de agredirlo, se quedó perplejo. Lo que no sabía, era que ella misma intentaba encontrar la misma respuesta. ¿Qué estaba haciendo?

La mirada de ella era totalmente diferente.

No era que al chico le incomodara la poca distancia que había entre ellos. Muchas veces antes, entrenando, o simplemente peleando entre ellos habían quedado tan cerca como en ese momento, incluso en situaciones más comprometedoras. Por lo que no le molestaba. Pero ella nunca había depositado en él esa mirada tan… extraña.

Carraspeó.

── ¿Qué crees que…

Y fue entonces cuando pasó. Se inclinó hacia él, unió sus labios, interrumpiendo su oración.

Cabe destacar que el moreno abrió los ojos tanto que sintió como si se le fueran a salir de su lugar. Luego sintió los colores subir a su rostro –nada propio de él. –Y una sensación de cosquilleo llenarle los pulmones. –Tampoco nada propio de él. –No fue un contacto apasionado, brusco, ni siquiera demasiado profundo. Apenas y había sentido los labios de su contraparte como un aleteo de mariposas sobre los suyos. Tampoco fue nada largo. Tal vez tres o cuatro segundos. ¿Cómo diablos había sentido semejantes cosas en tres segundos?

Entonces, como alma que lleva el diablo, Kaoru salió corriendo, sin darle tiempo de nada. Sin darle una maldita explicación a lo que había pasado. Sin siquiera mirarle. El seguía petrificado, en su lugar, en la misma posición sorprendida. Fue tarde cuando dirigió su mirada a todos lados, porque no había rastro de la pelinegra. Y al parecer de nadie más.

Aun así, intentó ocultar su nerviosismo, sintiéndose extraño. ¿Desde cuándo él se avergonzaba al estar con una chica? ¿Desde cuándo el sentía esas cosas al estar con una chica? Era consciente de que para él Kaoru era diferente a todas las demás. Sentía algo más que simple atracción, eso lo sabía desde hacía mucho, pero…

Sintiendo aún ese cosquilleó en los labios, recargó su espalda en el tronco del árbol, pensando. Intentando calmarse. No supo cuánto tiempo se estuvo ahí, contra el árbol, intentando recordar su propio nombre.


Misaki se arrepentía. De verdad. En realidad, no por la película. Sorprendentemente era interesante. La cuestión, era que era el único varón presente, y las pláticas de sus féminas amigas, no le interesaban en lo más mínimo.

Ellas iban delante, y las miraba desde atrás, planeando como podría escapar de sus garras. Aunque no estaba seguro de si realmente importaba su presencia en el lugar, ya que parecían no percatarse de él. Encogiéndose de hombros, estuvo a punto de darse la vuelta, seguramente que ni siquiera repararían en su ausencia. Las chicas eran extrañas y cuando comenzaban a hablar de sus cosas incomprensibles, parecía que todo el mundo alrededor de ellas se esfumaba.

Ya después se disculparía y todo eso. Dio un paso hacia atrás y la voz dulzona de Miyako le detuvo.

── ¿Misaki? ¿A dónde vas?

El maldijo mentalmente.

──Al baño.

──Pero si fuiste hace poco.

── ¿O-Oh... si? ¡Pues quiero ir otra vez!

Ellas se miraron entre sí.

──No estarás planeando dejarnos, ¿No, Misaki? ── Cuestionó la pelirroja, ante lo cual el chico enmudeció. ── ¡Misaki!

── ¡Vale, Momoko, lo pensé! ── Ellas le miraron mal. ── ¡Pero no iba a hacerlo!

──Mentiroso. ── Refutó la pelirroja. Él se quedó pensando.

──Bueno, si era una mentira. Ya me iba.

──Misaki, tu no, por favor. ──Suplicó infantilmente Miyako. ── Quédate con nosotras.

Misaki hizo un gesto de desagrado.

── ¡Por favor! ¡Será divertido!

El negó, a punto de irse.

──Está vez ni siquiera tú y tu más amable tono me hará quedarme, Miyako. No soy como Hotaru, yo soy a prueba de tu dulzur…

──Serán solo dos horas. ── Pidió Asami, rápidamente. ── Además, la película no está tan mal, ¿No?

Él se detuvo. La miró.

──Pero… ──Se quejó, en un gruñido.

──Anda, ya casi llegamos. ──Dijo la chica. ── Solo dos horas.

Él se pasó la mano por el cabello y suspiró.

──Como comiencen a hablar de maquillaje o ropa, Takata…

── ¡No lo haremos! ¿Verdad?── Asami miró a las dos chicas que los miraban atentas, con suspicacia, y le sonrieron pícaramente. Ella comenzó a tartamudear.

──Que fácil te has dejado convencer, Misaki. Creí que eras a prueba de dulzura y esas cosas. ──Dijo la pelirroja, claramente intentando incomodar, pero al parecer el chico era un poco despistado porque pasó de ella.

──Sí, sí. Igual no puedo dejar a Asami sola con ustedes dos, locas. La van a corromper. Prefiero conservarla como llegó a Tokio.

Asami enrojeció, con las risas de Miyako detrás y la maliciosa sonrisa de Momoko a su lado. ¿Por qué Misaki era tan despistado? Aunque, prefería que no se enterara de nada. Sería vergonzoso.

──Entonces, ¿Prefieres conservarla? ¿Ahora es de tu propiedad?

──No digas… ──El chico paró en seco. Al parecer ya comenzaba a entender los comentarios chuscos de la del moño. ── ¡Oye, no digas tonterías!

Takata bajó la mirada, avergonzada. Misaki la desvió.

──Solo… caminen. ──Gruñó esta vez tomando él la delantera, con Miyako y Momoko riendo a carcajadas detrás de él y Asami, intentando respirar con normalidad. ──Vaya, pero que molestas son. Creo que ahora entiendo a ese trío de idiotas. ──Murmuró.


Koiji pensaba como psicópata en su habitación, tal solo llegar se encerró en ella sin dar aviso de nada, sin siquiera pasar por el refrigerador antes.

Kaoru había hecho de sus últimas semanas un circo. Tan solo un día atrás casi se matan y ahora… diablos. No podía pensarlo sin sentir la cara caliente. ¡Y mierda, él no era así! ¡JAMAS EN SU MALDITA VIDA SE HABÍA SONROJADO! ¡Eso era para tipos como Hotaru!

Pateó la maleta de Kaoru. En su fugaz desaparición la había dejado tirada junto a la suya y no había tenido opción más que de llevarla consigo hasta su apartamento.

Se sentó en la cama, apoyando los codos en las rodillas y sosteniendo la cabeza con sus manos. Esas cosas solo le pasaban a él. Por impulsivo. Si no hubiera ido a golpear a ese imbécil… pero no. No se arrepentía de ello. El imbécil de Ren Imamura se lo merecía, y aún le debía la golpiza que le iba a dar. Ese imbécil no podía tomarse esas atribuciones con la pelinegra.

Se cruzó de brazos y se acostó en la cama, mirando el techo. Sus pies aún seguían apoyados en el piso, por lo que los movía inquieto, mientras recordaba los reclamos de la chica horas atrás.

── ¿Pero qué mierda te pasa? ¿Quién te crees? ── Gruñó. ── ¿Cuál es tu maldito problema?

¿Cúal era su problema? ¡Su maldito problema era ella! Le hervía la sangre cada vez que ese idiota estaba cerca de ella. Cada vez que ella lo defendía cuando intentaba darle su merecido a ese entrometido. Odiaba que Imamura la tratara como una muñeca de cristal, siempre ayudándola. Sobre todo, le cabreaba que ella lo permitiera. ¿Por qué? Ella acaba de besarlo. A él. No a Imamura. Entonces, ¿Por qué mierda?

Esa maldita chica de preciosos ojos esmeralda siempre le daba dolores de cabeza. Los peores de todos. Kaoru con un simple roce de labios provocó en él lo que un montón de chicas no pudieron con los más fogosos besos de los que recordaba haber sido participe. Él ya se había dado cuenta de que ella era más que una simple chica para él. Por eso quería partirle la cara al idiota de Imamura cada vez que se le acercaba. Y ahora que lo había besado, no la dejaría escapar.

Acabaría de una vez por todas con ese maldito teatro que había montado en las últimas semanas. Ahora comprendía todo lo que estaba pasando con esa idiota. Y no se le iba a escapar esta vez. Porque ahora que sabía que ella sentía lo mismo, no la iba a dejar ir. Ya después se encargaría de quitar del camino a Ren Imamura.


Tocaron el timbre y en vista de que Makoto no iba a levantarse de su preciado sillón, tuvo que acercarse a abrir la puerta, con Rei detrás. El perro lucía sumamente emocionado, más que otras veces. Casi tan emocionado como cuando veía a su pelirrojo hermano. Su cola se movía frenéticamente y sus orejas estaban levantadas, por lo que se hacía una idea de a quién olía detrás de la puerta.

Las sonrientes caras de Miyako y Momoko les saludaron.

── Creí que estaban en el cine. ──Murmuró, mientras ellas saldaban al cachorro.

── Nos escapamos. ── Dijo la rubia, encogiéndose de hombros y adentrándose al lugar. ── Fue mi idea. ── Aclaró, con bastante orgullo, por lo que el rubio sonrió y levantó la ceja.

── ¿A sí? ── Cuestionó. ── ¿Y porque tan orgullosa, rubia?

Momoko rio.

── Dejamos a Misaki y a Asami solos.

Entonces fue el turno del Him menor de soltar una limpia carcajada.

── Maldita sea. ── Dijo, divertido. ── ¿Es que no pueden ser menos entrometidas, ustedes dos? Ayer Kaoru y hoy esos dos.

── ¡En la guerra y el amor todo se vale!

Él sonrió. No le importaba, en realidad. Tendría suficiente material para burlarse de Sasaki un buen rato y cobrarse todos los malos ratos que le había hecho pasar.

Se acercaron a Makoto, que seguía sentado en su sillón, frente al televisor. Momoko miró al rubio, quien se encogió de hombros.

── Ha estado así todo el día. En realidad toda la semana. ── Dijo. ── Y Koiji no se diga. Hace unas horas casi tira la puerta de un golpe cuando llegó. Lo cual quiere decir que soy la alegría de este hogar.

Ellas rieron.

── Anda alegría, tenemos que terminar los preparativos del baile de primavera. ── El rubio frunció el ceño. Momoko e incluso Makoto, sonrieron.

── Espera, espera. ¡Ahí tienes a dos sin hacer nada! ── Dijo, señalando a los rojos. ── ¿Por qué yo?

── ¡Dijiste que eras la alegría de este hogar! ── Se burló. ── ¡Necesito tu energía!

── ¡Oh, vamos! ¡Era una metáfora, rubia!

── Tú metáfora fue tan real que te creí. ──Rio. ── Anda, flojonazo.

Momoko los miró alejarse, sonriente, para después posar su mirada en el pelirrojo, que se veía algo cansado. Las ojeras debajo de sus ojos se lo indicaban. Torció el gesto en disconformidad.

── ¡Ah! ── Chilló adolorido, llevándose las manos a la coronilla. Ese golpe lo había tomado desprevenido. ── ¿Pero qué mierda pasa por tu cabeza?

Ella se cruzó de brazos, mirándole con el ceño fruncido.

── Te dije que descansaras.

── ¿Y quién dice que no lo he hecho? ── Gruñó, aun con las manos sobando el área afectada. ── Maldición. ¿Ese golpe por esa idiotez?

Ella estuvo a punto de darle otro, pero el rojo la detuvo.

── ¿Has visto tu semblante en los últimos días?

Él soltó su mano.

── ¿Y qué quieres que haga? ── Gruñó. ── ¿Es que soy el único que está preocupado por lo que está pasando? ¿No debería ser al revés? Yo era el chico malo, ¿Recuerdas?

Ella rodó los ojos.

── No seas dramático. Estamos preocupados, pero tienes que calmarte. De esa manera solo vas a lograr darte dolores de cabeza, y entonces correrás como niña pequeña al laboratorio del profesor para que te cure. Y yo le diré que no lo haga para que se te quite lo cabezota.

── ¡No correría como niña con el profesor! ── Se quejó. ── Me ofendes, ni que fuera tú, rosita.

Ella sonrió.

── Pero estoy hablando enserio, Brick. ── Aclaró. ── Debes despejarte. Cuando tu cabeza se obsesiona con algo no trabaja de la misma manera.

── Tampoco es como si pudiera. ── Dijo. ── Con esos animales que tengo por hermanos rondando por aquí…

Ella se rio.

── Bueno. Ahora está muy calmado todo. ──Él se quedó callado.

── Supongo que no estaría tan mal. ── Se recostó en las piernas de la chica, y se tapó el rostro con la gorra.

Ella se sobresaltó.

──O-Oye… pero que… ¿Qué haces?

── Relajarme. ── Murmuró. ── ¿Fue tu idea, recuerdas? ── Akatsutsumi tragó saliva. ── Así que anda, has algo bueno por mí una vez en tu vida.

Ella seguía quieta, nerviosa y sonrojada.

── ¿Sigues viva?

── ¡E-Eres un aprovechado! ──Gruñó.

── ¿Un aprovechado te daría el mando del televisor? ── Le entregó la cajita negra. Ella entrecerró a mirada sobre él aunque la gorra no le permitirá verlo a los ojos.

── ¿Piensas comprarme con esto?

── ¿Ha dado resultado? ── Ella lo pensó.

── Tal vez. ── Murmuró. Él se acomodó mejor en sus piernas.

── Vale.

Entonces sintió el corazón bombear rápido otra vez.

── ¿Y… que se supone que haga?

El gruñó.

── Ayudarme a dormir. Ya que según tú, no se hacerlo. ── Dijo. ── Así que enséñame, rosita. Y deja que joderme la existencia.

Ella tragó saliva y dirigió su mano temblorosa a la cabellera del pelirrojo, peinándola y rascando suavemente. Intentó tranquilizar a su corazón que latía como loco, desbocado. Cambió el canal del televisor a las noticias, intentando dirigir su abochornada mente a otro lugar. Al ver la mansión Shirogane en el televisor frunció el ceño. Fue suficiente para alejar su mente de Makoto acostado en su regazo, y centrarla en lo que tanto le importaba al pelirrojo en esos momentos. Aun recordaba que Boomer y Bubbles desconfiaban de ella. Ellos no tenían pruebas físicas, pero aun así, tenía miedo de desconfiar de los dos azules.

── Makoto. ── Llamó.

── ¿Mmm?

── ¿Crees que hicimos mal al desconfiar de Boomer y Bubbles? ¿Lo que nos dijeron sobre Himeko?

El rojo levantó su gorra lo suficiente para que ella pudiera verle a los ojos. Tenía una ceja levantada.

── ¿Así planeas relajarme?

Ella soltó una carcajada, contagiándosela un poco.

── Recuérdame no volver a pedirte un favor. ── Ella le golpeó la frente suavemente.

── Cállate.


Kaoru llegó apresurada a su habitación, y se tiró a la cama, con las mejillas arreboladas. Todo el trayecto, maldiciéndose de su estupidez, la cual, últimamente la caracterizaba. Tomó una almohada y enterró su cara en ella, para haber si el sentimiento disminuía, pero solo parecía acrecentarse en su pecho.

La escena se repetía en su cabeza una y otra vez.

Había besado a Koiji.

Si es que aquello contaba como un beso. Pero contara o no, había sido igual de vergonzoso. Ella había corrido tan pronto como cometió la acción, sin siquiera mirar al chico, presa del pánico.

Ni siquiera estaba segura de porque mierdas - ¿¡Por qué!? – Había hecho eso. Desde que sus dos pequeñas y molestas amigas, la noche anterior, habían atacado su mente con preguntas y estúpidas afirmaciones sobre su persona, no había hecho más que preguntarse sobre ellas. Le había costado muchísimo conciliar el sueño. Había pasado toda la mañana de malas. Y cuando llegó la hora de tener que enfrentarse a ese idiota en el entrenamiento –es decir, por más que intentara evitarlo, había un punto en el entrenamiento que tenían que enfrentarse. – Terminó haciendo… eso.

Ella no podría verlo a la cara. No después de eso. Había besado a Butch, a su contraparte. Al idiota de Koiji. Esperaba –realmente lo esperaba. – que nadie hubiera visto aquello. Después de que Koiji echara del lugar a Oyuki, aparentemente se habían quedado solos. Pero tal vez era su misma psicopatía del momento, pero ella se había sentido observada mientras corría a su casa. Como si la señalaran con el dedo por haber cometido alguna aberración.

Lo cual hiciste.

Gruñó contra la almohada.

Quería morir.

Sin saber porque, sintió la necesidad de hacer una llamada con urgencia.

── ¿Ren?


¡Es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora!

Jo, he intentado que los capis no sean tan largos como lo eran en No Hai, porque siento que era muy cansado y tedioso leerlos. En fin, este, ha sido muy divertido escribirlo 8) Me gusta hacer sufrir a mis chicos. Siento que ha habido un poco de OoC, por favor, si es el caso, díganmelo. Siempre intento mantener la personalidad original de los personajes, pero últimamente no se si lo estoy logrando como se debe.

Por cierto, ¡Felíz año nuevo! No tngo idea de si ya se los había dicho. Creo que sí... en fin xD.

¿Qué tal mis chicos? Hay van poco a poco avanzando con sus sentimientos. Aunque son un poco brutos, los idiotas. Hasta Misaki xD.

En fin, me voy. Actualicé antes de lo esperado, ¿Se fijaron? Me merezco un review por eso x)

¡Nos leemos,

Miss Nutella!