Disclaimer: Demashitaa! The PowerPuff Gilrs Z y sus personajes no me pertenecen.
Advertencias: Como en todos los capítulos, lenguaje vulgar.
Identidades secretas de los chicos:
Brick Him: Makoto Him.
Boomer Him: Hotaru Him.
Butch Him: Koiji Him.
El recuerdo del principio y uno de los sueños de Brick son escenas de mi fic anterior, Demashitaa: No Hai.
Demashitaa: Kasai.
El Inicio de la Guerra
Taiga, en su laboratorio y recuperado de la resaca del día anterior, esperaba pacientemente a Gotokoshi con una pequeña caja de madera en sus manos. Era de suma importancia que se ejecutara aquello que deseaba por si algo no salía como él lo esperaba.
Por el momento, sus días estarían bastante tranquilos y monótonos. No tenía planeado subir a ver al montón de inútiles villanos que siempre eran derrotados por aquellas mocosas de pacotilla que había echado su plan a perder una vez más, provocando que lo modificara de nuevo. Y Ahora que había modificado el ADN de aquellos tres con una nueva sustancia solo quedaba esperar los efectos que causaría en ellos, para lo cual, necesitaba tiempo.
Ya Gotokoshi se encargaría de vigilarlos y reportarle sus avances.
Abrió la caja e inspeccionó que todo lo necesario estuviera dentro.
En cuestión de pocos minutos, el tan esperado hombre hizo acto de aparición, levantándose la capucha negra.
── Buen día, Taiga-sama. ── Taiga se levantó de su asiento.
── Escucha bien, Gotokoshi. ── Dijo amenazante el hombre. ── Es de gran importancia que esto se efectúe de la manera que te dije. Él tiene que recibirlo. Es nuestro plan B.
── No se preocupe, mi señor, todo esto bajo mi custodia.
── Eso espero. ── Advirtió. ── Nadie más que él debe darse cuenta de este movimiento, nadie cercano a él puede saberlo. Debes dejárselo muy en claro.
── Lo hare, mi señor.
── Asegúrate de contarle toda la historia al pie de la letra. –Reiteró. –Debe entender cada parte. ── Gotokoshi asintió una vez más, tomando entre sus manos aquella caja, algo pesada.
── Cuente con ello. ── Asintió. ── Como siempre, puede confiar en mí.
── Bien, entonces, vete. Asegúrate de hacer bien tu trabajo. ── Dijo, sentándose de nuevo. Gotokoshi asintió, y guardándose la caja y recolocando su capucha, tan rápido como entró, salió a hacer su cometido.
Era vital para el futuro si algo salía mal en el presente.
Voló incansablemente, tan rápido como pudo tras salir del laboratorio. Estaba harto de que Kaoru huyera de él, cuando había sido ella la que lo había besado. No la había querido ir a buscar directamente porque seguramente tendría el mismo resultado que hasta ahora: Huiría. O lo golpearía. Pero, ya no le importaba. Le valía una reverenda y soberana mierda del tamaño del mundo. Si tenía que atarla de pies y manos, pues lo haría.
Ella tenía que saber que no era tan indiferente a lo que había hecho cuatro días atrás, pero si se la pasaba escondiéndose y huyendo de él, no llegarían a ningún maldito lado. Llegó en cuestión de segundos a su casa, esperando encontrarla ahí, aunque, algo le decía que no tendría éxito.
Una vez transformado, Koiji, jadeante, tocó la puerta. Cuando tocó tres veces y a la cuarta nadie abrió la puerta, se dio cuenta de que Kaoru no estaba en casa. Ella solía abrir siempre cuando aporreaba por tercera vez. Tocó por lo menos cinco veces más, cada vez más fuerte, hasta que el rostro de Souta le recibió en la entrada.
── Hombre, ¿Planeas dejarme sin puerta?
── Kaoru… ── Jadeó, intentando recuperar el aire. Souta arrugó la naríz.
── Sí, estoy bien. ¿Tú? ── Dijo, empleando el mismo sarcasmo que solía usar Kaoru para hablarle.
Koiji le empujó y se adentró en la casa. Subió las escaleras, escuchando como Souta le llamaba desde atrás. Llegó a la habitación de la chica y abrió la puerta sin llamar, aun sabiendo que no encontraría a nadie. Y sí, estaba vacío.
── ¡Oye! ── Le bramó Matsubara, alcanzándolo. ── ¿Qué diablos te…
── ¿Tu hermana? ── Gruñó. ── ¿Dónde está tu hermana?
Souta, agitado por subir las escaleras corriendo, alzó las cejas y se recargó en el marco de la puerta, recuperando el aliento.
── ¿No sabes dónde está? Eso sí que es nuevo. ── Dijo. Koiji gruñó, exasperándose. Acababa de dejarle en claro que no tenía idea donde estaba metida la morena.
── No. ── Espetó. ── Y necesito encontrarla. Ahora.
── ¿Para qué? ── Koiji, esta vez sí, bufó exasperado.
── ¡Maldición Souta! ¡No voy a violarla o qué sé yo!
── Eso no responde a mi pregunta. ── Apretó la quijada con molestia.
── ¡Necesito hablar con ella! ── Gruñó. ── Ahora.
Souta no entendía la actitud tan extraña y la urgencia de hablar con Kaoru precisamente en ese instante, pero se encogió de hombros.
── No está aquí ahora, creí que lo sabías. Pero, ¿Tan importante es que no puedes esperar a mañana? La verás en la escuela…
── Mira, Souta. ── Dijo, el moreno. ── Creo que el que necesita enterarse de algunas cosas eres tú. La… loca de tu hermana, ha faltado cuatro días a la escuela. La he llamado a su móvil un millón de veces ya, y no responde. Miyako y Momoko no saben dónde está. Nadie la ha visto en tres días. Yo creí que estaba aquí y no había venido porque… ── Se cayó un segundo. ── ¡No importa porque no había venido a buscarla! El punto es que esto ya se salió de control y necesito encontrar a esa terca chica ahora.
El hermano mayor de la susodicha estaba perplejo. Era demasiada información de repente.
── ¿Cómo dices? ¿Momoko y Miyako no saben dónde está? ¿Ha faltado a la escuela?
Koji resopló.
── ¿Qué no me has escuchado? ── Luego frunció el ceño. ── ¿Cómo diablos es posible que no te dieras cuenta que no ha salido de tu casa en cuatro días?
── ¡Porque ella no está aquí! ── Dijo el chico, ahora con un semblante preocupado. ── ¡Ella le pidió permiso a papá para irse unos días a casa de Momoko!
Entonces, Koiji enmudeció.
── Mierda. ── Murmuró. Así que nadie tenía idea de donde estaba.
Souta se llevó las manos a la cabeza, paranoico.
── ¡Mi hermana huyo de casa!
Koiji pateó la puerta del cuarto de Kaoru. Kaoru Matsubara había sobrepasado incluso sus propios límites de locura.
── Todo por un maldito beso. ── Murmuró cabreado, olvidándose que estaba a lado del extrañamente sobreprotector hermano de Kaoru.
Souta que había estado hablando solo, dirigió su mirada a su acompañante.
── ¿Qué has dicho?
── Nada. ── Se apresuró. Lo último que necesitaba era lidiar con Souta. ──Lo que importa es que tu pequeña hermana, claramente, se volvió completamente loca. De remate, como una cabra. Esto se salió de control. Nadie sabe dónde se metió, ni que pasa por su cabeza.
Souta suspiró y tras algunos minutos de silencio en los que Koiji caminó como animal enjaulado, intentando que no se le notara la angustia que comenzaba a aflorar dentro de sí. Realmente estaba preocupado por esa atrabancada y estúpida pelinegra. No tuvo idea de que tan fuerte era lo que le hacía sentir hasta que se dieron cuenta que nadie sabía de su paradero y al parecer no tenía intenciones de regresar. Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Nadie sabía nada de ella. Se había encargado de que nadie supiera de su paradero, ni el porqué de su ausencia –aunque él conocía bien la causa. –nadie a excepción de Ren Imamura al parecer sabía nada de la chica.
La sangre comenzó a burbujear dentro de él como cuando se pone el agua a hervir. Ese imbécil. ¿Por qué Kaoru había decidido que precisamente él, formara parte de todo su estúpido teatrito? En sus intentos por contactar con la chica, había tenido que cruzar palabra con el idiota y, había aprovechado para cumplir su amenaza de que, en cuanto lo volviera a tener de frente, lo golpearía por meterse con lo que era suyo. Pero ni siquiera eso fue suficiente para hacerle decir donde diablos estaba ella.
Se dejó caer de malas maneras en la cama de la dueña de su molestia.
── Bueno, pues hay que calmarnos. ── Escuchó la voz de Souta.── Creo que sé dónde puede estar. Un lugar en el que nadie ha buscado y seguramente estará. No tiene a donde más ir.
Miró hacia él horizonte con una sonrisa de satisfacción en su rostro. La ciudad permanecía tranquila, alumbrada solamente por la luz de la luna y los faroles de la misma ciudad. El viento era súbitamente helado en ese lugar a pesar de que se encontraban en la segunda semana de Abril y comenzaba a hacer calor. La nieve caía a torrentes. Se imaginó la escena que se produciría mañana por la mañana y su sonrisa creció aún más.
── ¿Lo estás deseando, verdad?
La voz femenina se escuchó a su espalda y él se giró a mirarla.
── Por fin mañana podré cobrar lo que me arrebataron. ── Himeko sonrió. ── No tendré piedad. Así como ellos no tuvieron piedad con nosotros.
── Yo te apoyaré. ── Prometió. ── Tú me mostraste el gran poder que no sabía que tenía. Y que ellas me ocultaron.
── Y también vengaré por ti. ── Dijo. ── Haz hecho bien tu trabajo.
Los dos permanecieron en silencio.
── Me gustaría estar contigo mañana.
── Ya te he dicho que no. ── Dijo con enojo. ── Es mejor así por el momento. Aún no es posible que se enteren. Mientras estés trabajando en lo oculto serás un arma de doble filo. Además, tú tienes un trabajo que hacer mientras yo esté haciendo mi parte. Si fallas, no te lo perdonaré.
Suspiró.
── Lo entiendo. ── Dijo. ── Y no me trates como una inútil ¿Te he fallado hasta ahora?
Él no respondió y ella hizo un mohín.
── Quita esa cara. A partir de mañana, todo cambiará para nosotros.
Los dos dirigieron la mirada hacia la ciudad, alumbrada tenuemente por la luna.
Hotaru y Miyako encontraban en la parte favorita de los tres hermanos: La cocina. Miyako, recién había bajado del despacho del profesor. Había subido con la intención de ayudarle en lo que pudiera, pero el hombre estaba tan ofuscado que apenas y se enteró que ella estaba ahí, por lo que prefirió regresar con sus amigos, encontrándose a medio camino al rubio en la cocina. Terminó sentándose junto a él en la barra, mirando como comía lo que sea que estuviera comiendo.
Estaban a tan solo unos metros de la terraza, donde se encontraba sus líderes, pero no alcanzaba a saber que estaban haciendo, aunque en ese momento, no era como si le importase mucho. No podía quitarse de la cabeza el hecho de que el profesor hubiera encontrado una persona con rayos Z negros justo en el momento en que alguien los amenazaba de muerte. Algo ahí no andaba bien, estaba segura.
Miró al rubio de reojo, que parecía bastante tranquilo, con el estómago lleno y satisfecho. No quería interrumpir su momento de paz con sus ideas locas, por lo que prefirió permanecer en silencio.
── ¿Qué pasa?
Ella parpadeó.
── ¿De qué?
── Estás mirándome muy extraño.
Ella inhaló y exhaló. Se debatió un segundo antes de hablar.
──Siento algo extraño desde que el profesor mencionó esa nueva persona con rayos Z negros. Tal vez sea parte de los nervios de la noticia, ¿No? ── Murmuró la rubia. Him la miró un par de segundos para luego volver su mirada al suelo.
Hacía unos cinco días que tanto los presentimientos de Miyako como el habían estado bastante calmados –omitiendo el asunto de las notas –pero tras la reciente novedad él había vuelto a sentir que algo se oprimía dentro de su pecho. Y no eran precisamente nervios. Era algo que no podía explicar.
── La primera vez que el profesor nos comentó del Triángulo deduje que todo eso detonaría algo malo. Pero en aquel momento las cosas estaban bastante calmadas y creí que estaba haciendo conjeturas antes de tiempo. De eso hace diez díaz.
Ella asintió.
── Ahora no estoy tan seguro de eso. Desde la antigüedad ha sido causante de muchas cosas que difícilmente se pueden considerar como simples anomalías. Ese lugar simplemente es demasiado oscuro. El mismo profesor lo dijo cuándo nos confesó que trabajaba en ese proyecto.
── ¿Entonces crees que realmente tiene que ver con lo que está pasando? ¿Qué el nuevo infectado con rayos Z negros está detrás de todo esto?
── No sé si él esté detrás de esto pero…
Se despeinó y llevó sus manos a la cara, apoyando los codos en las rodillas.
Miyako le abrazó la espalda y colocó su barbilla en su hombro.
── No hay que pensar en eso por ahora. ── Dijo, intentando que su comentario penetrara en su mente propia, arrepintiéndose de haber roto su momentánea tranquilidad. ── Mejor bajemos con Makoto y Momoko. Así podemos ver que hacer para localizar a Kaoru. Tiene que enterarse de todo esto.
Aunque él no quería dejar de sentir el agradable peso de la chica sobre su espalda y su dulce aroma colarse por su nariz, asintió. Sabía que en ese momento era lo mejor para despejar su mente, por lo que se levantaron y caminaron hasta llegar al sofá de la terraza, donde los dos rojos estaban sentados, tal como los habían dejado, solo que parecían más serios que un par de horas atrás.
── ¿Pasa algo? ── Se aventuró la rubia, mirándoles, ante lo cual, ellos relajaron el ceño y Momoko esbozó una leve sonrisa.
── No es nada. Todo este asunto nos tiene un poco alterados a todos, ¿Eh? ── Dijo con una risa nerviosa la pelirroja. Miyako le acompañó, imitando su risa.
Hotaru se dejó caer como un peso muerto junto a su hermano en el sofá, recibiendo una colleja por parte del pelirrojo.
── ¡Ah! ¿Pero a que ha venido eso?
Brick se encogió de hombros.
── Me apetecía. ── El rubio refunfuñó unas cuantas cosas de malas maneras, mientras unos pasos apresurados resonaron en las escaleras. Ken apareció con aire agitado por el corredor de la cocina hasta llegar a ellos.
── Que hay enano, Peach. ── Saludó Hotaru. Se sentía especialmente mayor llamando a Ken enano, puesto que normalmente era él quien era apodado así.
── ¡Hola, wan!
── Que hay. ── Saludó. ── Tengo noticias.
Todos resoplaron, algunos con angustia, algunos con molestia. ¿Qué las malas noticias no terminaban nunca?
── Diablos, mocoso. ── Se apresuró el pelirrojo. ── Ya hemos tenido suficiente los últimos días, ¿Vale? Mejor llama a tu novia, la pequeña tragadulces y…
── ¡Kuriko no es mi novia! ── Espetó, enrojeciendo rápidamente. ── Y no es sobre eso. Es sobre Kaoru.
Ellos cambiaron su semblante a uno más interesado.
── ¿Enserio? ── Cuestionaron. El chico asintió.
── Peach y yo estuvimos pensando en cómo contactarla sin que ella se dé cuenta, ya que al parecer huyó por su propia cuenta.
── ¿Y bien?
── ¡Podemos rastrearla! ── Dijo, alegre. ── ¡Así como encontramos a esta persona en el triángulo! El profesor lo hace todo el tiempo con los chicos para saber dónde se meten.
── ¡Chicos! ¡Eso es brillante! ── La pelirroja se golpeó la frente. ── ¡No sé cómo no se nos ocurrió antes!
── En realidad se le ha ocurrido a Peach.
── Así es, wan. Yo también estaba preocupado por Kaoru, así que recordé que el profesor siempre los está rastrando con sus computadoras y mis datos de reconocimiento, wan.
Pero los hermanos solo habían escuchado una parte de la información.
── Espera, espera, renacuajo. ── Dijo el pelirrojo, levantándose de su asiento. ── ¿Dices que el profesor nos espía todo el tiempo?
── ¡No es justo! ¡Ya somos mayores! ── Reclamó el rubio infantilmente.
── Bueno, desde que en la última junta de padres los profesores le dijeron que habían faltado a algunas clases decidió seguirles la pista.
── ¡Hombre, eso es ilegal! ¡Acoso a menores!
──Eh… Acabas de decir que ya eres mayor. ── Le hizo ver el adolescente, con una gota en la frente.
── ¡Bueno… yo! ¡Sabes a lo que me refiero!
── Chicos, chicos. ── Dijo la rubia. ── ¿Les importa si luego discutimos que tan mayores son para ser espiados? ¡Por fin vamos a encontrar a Kaoru!
── Así, es. ¡Así que vamos! ¡Ken, Peach, muéstrennos!
El chico asintió, y con todos detrás –los dos Him un poco menos entusiasmados ya. –los dirigió a la sala donde el profesor y el veían las batallas de los chicos. Con ayuda de Peach prendió la pantalla y una pantalla mucho más pequeña situada a la derecha. Un mapa en color completamente verde que abarcaba la pantalla más pequeña apareció. Estaba lleno de líneas blancas, indicando las calles, locales, edificios e instituciones que había en Tokio.
Rápidamente ellos pudieron ubicar el laboratorio, debido a que cuatro puntos blancos estaban situados ahí.
── ¡Eh, somos nosotros! ── Dijo con los ojos brillosos el rubio.
── Claramente yo soy el punto más grande. ── Dijo Makoto, con arrogancia.
Los tres restantes rodaron los ojos. Desde que eran villanos, esos tres chicos siempre se sintieron atraídos por los robots y aparatejos enormes. Tal vez vivir con Mojo jojo sí que les había afectado más de lo que ellos admitían. Después de todo era su padre/creador. –Aunque este se proclamara como su madre.
── Muy bien. ── Dijo Ken, interrumpiendo las alucinaciones de los chicos. ── Ahora solo hay que buscar a Kaoru en el mapa.
Aizawa comenzó a mover el cursor por toda la pantalla viajando rápidamente a distintos lugares de Tokio. No tardaron en encontrar no muy lejos un quinto punto blanco que se movía rápidamente.
── ¿Cómo sabemos si es ella?
Ken dio un click e hizo aparecer los nombres debajo de los puntos. Fue fácil leer Butch/Koiji, Sin sorprenderse. El punto viajaba rápidamente hacia el laboratorio, y considerando que la morena les estaba huyendo, era casi imposible que fuera ella.
── Parece que el animal ya va llegando.
── ¿Habrá tenido éxito? ── Cuestionó la rubia. ── ¡Busca la dirección de Kaoru! ── El chico obedeció moviendo el cursor rápidamente, pero al llegar al cuadrito blanco que indicaba la casa de la morena, no encontraron nada.
── Mierda, significa que tendremos que soportar al idiota más tiempo.
El chico ignoró comentario de Hotaru para seguir buscando el sexto punto en el mapa. Esta vez tardó mucho más pues no estaba en ningún lugar dentro de Tokio, sino en las afueras de la ciudad.
── ¡Ahí esta! ── Chilló Momoko. ── ¡Dale click, dale click, dale click!
── ¡Diablos, ya voy, ya voy, Kuriko!
Todos callaron un segundo, intentando entrever si era una broma, pero tomando en cuenta que al chico no se le daban muy bien rieron a carcajada limpia.
── Al parecer eres igual de molesta que tu hermanita. ──Se burló el de gorra.
── ¡Cállate, imbécil! ── Espetó avergonzada. ── Anda solo acerca la pantalla.
El joven, también avergonzado por la confusión, obedeció. Acercó la pantalla hasta que se pudo ubicar un pequeño rectángulo alrededor del círculo blanco. Unas letras comenzaron a aparecer.
── ¿Internado y Centro de Arte del Yoga: Heiwa? ── Citó la rubia, contrariada.
── ¿Está en un jodido internado de Yoga? ¿Pero hace ahí?
Se quedaron en silencio un segundo, y pronto unos pasos bastante fuertes resonaron en el lugar. Al parecer Koiji había llegado. Pero su semblante ya no era de mal humor, sino de frustración. Parecía más calmado. Siguió de largo sin prestarles atención.
── ¡La hemos encontrado! ── Gritó Peach, llamando su atención.
El rodó los ojos.
── A buena hora. ── Murmuró.
── ¿También tú? ── Cuestionó Miyako, sorprendida.
El chasqueó la lengua.
── Algo así. ── Iba a seguir con su camino, pero paró en seco.
── ¿Cómo la encontraron ustedes?
── ¡La hemos rastreado! ¡Gracias a los rayos Z blancos!── Dijo el perrillo emocionado. Pero el rostro del moreno se volvió a enfurecer.
── ¿Y porque hasta ahora, cuatro días después, se les ocurre hacer eso, eh, Perro? ── Gruñó y rodó los ojos. ── Me largo a entrenar.
Al menos desquitaría su furia con la capsula de entrenamiento.
Ellos dirigieron su mirada de nuevo a la pantalla, donde el punto palpitaba.
── ¿No hay alguna manera de ver lo que está haciendo? Como cuando el profesor y ustedes nos ven en batalla.
El asintió, conectando la pantalla del mapa y la pantalla más grande. Le dio dos click al punto blanco y pronto Kaoru apareció en la pantalla grande, haciendo estiramientos de Yoga con tranquilidad.
── Esta estúpida. ── Dijo Makoto. ── Todo el mundo buscándola y ella haciendo yoga.
── Bueno. Al menos sabemos dónde está. ── Murmuró con optimismo Hotaru. ── ¡Ahora solo hay que ir por ella!
── No creo que sea buena idea. ── Se apresuró Momoko. ── Koiji dijo que sabía dónde estaba y aun así no ha ido a enfrentarla al parecer.
── Es un cobarde. ── Dijeron ambos hermanos riendo.
── O tal vez tiene otra razón. Si se fijaron, se veía mucho menos furioso que hace rato.
── Además, dijo que quería que nadie se metiera. No creo que quieran el puño de él sobre su rostro.
Makoto se cruzó de brazos.
── ¡Bucth me la pela!
── ¡A mí también! ── Ambos hermanos levantaron los brazos al aire. Las chicas rodaron los ojos con diversión.
Ken y Peach los miraron confundidos.
── ¿Qué significa eso, wan?
── ¡Nada! ──Momoko los empujó a la salida. ── Mejor salgamos ya de aquí.
El pelinegro cayó al suelo rendido. Había terminado su entrenamiento en el nivel 8. Se quitó el sudor satisfecho. Apenas diez días atrás, cuando el profesor había terminado su nueva capsula de entrenamiento, él había comenzado en el nivel 3. En diez días había logrado superar cinco niveles más. Les rompería el orgullo a sus hermanos. Aunque él creía que en parte la furia contenida de los últimos cuatro días había ayudado a que superara dos niveles más.
Ahora, después de haber entrenado y descargado todo lo que sentía dentro, se sentía incluso más liviano.
Instantáneamente, llevó su mente a un par de horas atrás, cuando se encontraba en la casa de Souta.
── ¿El internado de Yoga de tu tía? ¿Pero qué mierda va a hacer ella ahí?
Souta se encogió de hombros.
── ¡Te digo que no sé! ¡Puedo esperar cualquier cosa de ella! ¡Además, no tiene a donde más ir!Alzo las manos al cielo. Y si en verdad no está ahí, entonces si habrá que preocuparse. Por ahora lo que haré es… no quiero decirle a papá. Se volverá loco. Iré yo mismo a sacarla de ahí.
Koiji se levantó de la cama.
── Voy contigo.
── No, no vas. Se apresuró, ante lo cual el pelinegro le miró asesinamente. Souta tragó saliva. Him era tres años menor que él y más bajo en estatura, pero joder, esa mirada y ese tono intimidaban.
── Llevo cuatro malditos días buscando a tu hermana. Voy a ir quieras, o no.
── ¿Para qué?
── ¡Eso no importa!
── ¡Tengo derecho a saber! ¡Cuando la encuentre encontraré la respuesta de todo este rollo!
── Créeme, no creo que lo hagas. Espetó. Y tengo más derecho que tú a saber.
── Mira. Le dijo. No tengo idea de que está pasando. Pero si ella ha estado ignorándote, no creo que sea conveniente que vengas. Nos asesinará a los dos.
── Tal vez a ti.
── ¡Iré yo! ¡Es mi hermana, joder! ── Koiji sabía que no podía hacer nada contra aquella afirmación. Ya te dije que no sé qué diablos les sucede. Pero hombre, me encargaré de que mañana mismo vaya a la escuela, y entonces hablaras con ella, o lo que sea.
Koiji sintió ganas de golpearlo, pero, si hacía eso, Kaoru seguramente terminaría por esta vez sí, odiarlo.
Terminó saliendo de malas maneras del lugar.
Se sentía más tranquilo de saber dónde estaba, pero aún se preguntaba si Souta cumpliría su promesa. Kaoru era muy terca. Almacenó todo el aire que pudo en sus pulmones y lo dejó salir de golpe.
── Todo por un puto beso.
Ken subía las escaleras del sótano, donde se encontraba el campo de entrenamiento de los chicos. Se había sorprendido de ver que se hubieran quedado dormidos en el lugar. Esa cosa sí que les había gustado bastante. Una vez de regreso a la primera planta del laboratorio, no pudo evitar notar que todo estaba calmado, como hacía mucho tiempo no estaba.
Los chicos recién se habían ido a la escuela y su papá estaba durmiendo a pierna suelta después de haber pasado varios días en vela a causar de su proyecto. Tenía todo el laboratorio para él y Peach.
── ¿Qué haremos Ken?
Ken soltó un suspiro relajado.
── No lo sé. ¿Quieres comer algo?
Pero entonces el timbre sonó, haciendo que el chico fuera a atender. Llegó a la puerta y le picó al altavoz de la bocina.
── Laboratorio Utonium.
── ¡Hola, Ken!
El chico soltó una maldición. Ahora no podría fingir que no estaba en casa. Aunque sería algo estúpido porque siempre estaba.
── Kuriko. ── Murmuró.
── ¿No vas a abrir la puerta? ── Él se sintió tentado a decirle, "¡No, Lárgate!", pero terminó abriendo la puerta con desgane. Adiós tranquilidad.
── ¿No deberías estar en la escuela?
Ella entró sin permiso.
── Es obvio que no. Creí que tú eras el inteligente. ── Él gruñó.
── Me refiero a porque no estás ahí.
── Oh, eso no importa. ── Se acercó al perrito parlante. ── ¡Hola, Peach! Te he traído esto. ── Sacó de su mochila un puñado de pasadores para el cabello. Todos ellos metálicos.
── ¡Gracias Kuriko, wan! ── El perrillo le miró con ojos de amor mientras tomaba entre sus patas los artefactos. Por alguna razón, le encantaba comerlos.
Peach, a diferencia de él, adoraba a Kuriko con cada tuerca de su mecanismo. Suspiró cerrando la puerta, al parecer, Kuriko ya estaba más que instalada, y con Peach entre ellos, ya eran dos contra uno. Él era la minoría.
── Y bien. ¿Qué hacían?
── Ser felices. ── Murmuró.
── ¡Descansábamos! ¡El profesor está dormido y tenemos el laboratorio para nosotros, wan! ── Ken asintió. ── ¡Justo íbamos a comer algo!
── ¿Algo como un postre?
Ken intentó que no se le notará la sonrisilla que se escapó. Kuriko era igualita a su hermana, pero con cabello color miel.
── Sí, algo como un postre, Kuriko. ── Ella lo tomó de la bata de científico y lo arrastró con ella.
── ¡Pues vamos!
Hotaru intentaba permanecer despierto durante la clase. La noche anterior, cuando Bucth había salido del campo de entrenamiento, los había mirado con su característica mirada arrogante y les había anunciado que había llegado al nivel ocho en el rango de entrenamiento. Ellos habían brincado de sus lugares para transformarse y correr rápidamente hacia el sótano donde se ubicaba el reciente invento del profesor. Si Bucth podía, ellos también. Y así habían pasado hasta altas horas de la madrugada entrenando, intentando pasar a siguientes niveles. Hasta ese momento ellos habían estado empatados, pero con el avance de Butch aquel número se había desequilibrado.
Al final Brick había quedado en el nivel 7 y él seguía en el nivel 6, lo que había causado las burlas de sus hermanos. Bostezó sin disimulo y los miró. El mediano se veía cansado, pero su buen humor de la noche anterior parecía haberse esfumado. Seguramente el hecho de que Kaoru aún no se dignara a aparecer tenía mucho que ver. Brick ni siquiera intentaba disimularlo, estaba cara abajo en su pupitre, dejando sus babas por todos lados. Le pareció demasiado tentador hacerlo, y ya lo había intentado, pero algo dentro de él latía fuertemente a pesar del sueño que sentía.
Cada cinco minutos se encontraba mirando hacia la ventana, en el centro de la ciudad. Y cada vez que lo hacía, comenzaba a sentir el calor acumularse en las palmas de sus manos, como cuando la electricidad salía disparada de su cuerpo sin poderlo contener.
Además otra cosa extraña había sucedido esa mañana, que no tenía nada que ver con sus presentimientos –esperaba. –Himeko, mientras caminaban por el corredor hacia su respectiva clase, les había sonreído. No precisamente de una manera agradable. Aunque no sabía que podría haber sido más tétrico: Que les hubiera sonreído agradablemente o de la manera tan retorcida en como lo hizo.
Se talló la cara, volviendo a bostezar. Miyako, frente a él, aún no había articulado palabra alguna. Ni un saludo. Desde el día anterior, que le había confesado sentir que algo andaba mal –es decir, más de lo que ellos creían. –no había vuelvo a sonreír sinceramente. Él podía notarlo, estaba intentándolo, de verdad, por el bien del grupo, para no preocupar a nadie. Pero las sonrisas no le llegaban a los ojos. Sino que tenían ese leve tinte de preocupación opacándolos.
Tomó su lápiz y escribió con la parte del borrador en su espalda ¿Todo bien?
Ella asintió imperceptiblemente. Pero ambos sabían que era mentira y que algo pasaba.
Miyako, por su parte, había conseguido dormir solo un par de horas, pero por razones muy diferentes a las de los tres hermanos. Ella había estado angustiada sin entender porque. Desde el momento en que lo confesó, ese sentimiento comenzó a crecer cada vez más y más, oprimiendo su pecho. Ni siquiera la noticia de que sabían dónde se había metido la pelinegra ayudaba en algo. Era superior a ella.
Esa opresión en su pecho le hacía sentir como aquella vez que Taiga los había encerrado en celdas debajo de su laboratorio subterráneo. Incluso se sentía igual que aquel día que lo vieron por primera vez, que lucharon. Cuando descubrieron quienes eran realmente los hermanos Him. Una sensación que se atoraba en su garganta, impidiéndole respirar del todo bien.
La sensación se acrecentó cuando su comunicador, en su cinturón, comenzó a vibrar.
── ¡Explosión Maximus!
Sintió el ataque chocar contra el acero tan fuertemente, que rompió el concreto debajo de él. Escuchó un gruñido de Taiga y la luz cegadora lo hizo irremediablemente cerrar los ojos, sin saber cuánto tiempo, si fueron minutos o segundos u horas las que cerró los ojos ante la increíble luz a su alrededor. Y al abrirlo lo último que vio fue el cuerpo inerte de Taiga sobre el suelo, a su lado.
El chico se levantó de su lugar, y se alejó de Blososm lo suficiente para ver a Taiga boca abajo y pálido como una hoja de papel. Desconocía las propiedades de ese ataque, pero parecía como si hubiera absorbido todo de él. Hasta su aliento.
Cayó hincado, sintiendo por fin el peso del mundo caer de sus hombros, cayendo de rodillas al suelo. El dolor del brazo dejó de ser tan tortuoso y dejó de sentir la sangre correr por su cuerpo.
Cayó al suelo, rendido por el cansancio.
Lo último que escuchó fue un susurro casi inaudible.
── Esto… n-no se ha quedado así…
Después, todo fue negro.
. . .
. .
.
Veía todo borroso, y las voces a su alrededor estaban algo distorsionadas. Poco a poco su visión fue aclarándose, a tal punto en el que pudo distinguir a Blossom y a Boomer, el último con una cara de enojo que pocas veces le había visto. La conversación comenzó a tomar más forma, siendo más clara en sus oídos. La voz de Blossom resonó a su lado.
── Has dicho que puedes ayudarnos.
── Así es. ── Una voz que no identificaba resonó en el lugar.
── ¿Has visto nuestro futuro? ── Cuestionó lo Blossom.
── No precisamente. ── Dijo la segunda voz. ── Puedo darles una profecía.
Makoto intentó buscar a la voz de la chica que no conocía y que no identificaba, pero por alguna razón no la encontraba. Todo comenzó a hacerse borroso de nuevo.
── Bueno y… ¿Eso significa?
── Una gran guerra viene en camino para cobrar venganza de algo cometido. Estoy segura que son ustedes los que están destinados a detenerla.
Las voces se distorsionaron un poco, pero intentó concentrarse hasta que pudo escucharlas claramente.
── ¿Dónde?
── La tierra de donde nadie encuentra retorno. ── Dijo. ── Es ahí donde deben ir.
. . .
. .
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Brick se despertó de golpe, alterado. Enfocó mejor el lugar en el que estaba, costándole un poco de trabajo por estar adormilado. Segundos después se dio cuenta que estaba en la escuela. Se limpió la saliva que accidentalmente había dejado caer en su pupitre y suspiró, acompasando su respiración.
── Him, ¿Estás bien? ── Alguien detrás de él murmuró. El solo asintió, sin saber quién era la persona que le preguntaba aquello. Tenía mejores cosas de que preocuparse.
Dirigió su mirada a sus hermanos y luego a las dos chicas. Se desparramó en su pupitre, acomodándose la gorra. No entendía porque había vuelto a soñar con la última batalla contra Taiga. Cada vez que la soñaba le hacía sentir que él hombre estaba vivo. Él se lo había advertido. Nadie más conocía sus identidades secretas. Nadie más podía estar detrás de aquello. Incluso, el mismo se había inyectado Rayos Z negros para obtener poderes sobrenaturales.
Y da la casualidad que el profesor había encontrado Rayos Z negros en el estúpido Triangulo de las Bermudas.
Por otro lado tampoco entendía porque había vuelto a ver aquella especie de… sueño. Momoko las llamaba visiones, pero a él no le agradaba llamarlas de esa manera, se refería a ellas como horribles pesadillas.
Odiaba recordar a ese bastardo que se atrevió a hacer de su vida un calvario por tres años. Sobre todo odiaba no poder controlarlo del todo. Y más aún detestaba soñar cosas que no entendía de dónde venían. Cuando tenía sueños del pasado siquiera sabía porque y que había pasado. Pero soñar cosas sin sentido le cabreaba aún más.
Sobre todo en ese momento no podía borrar de su mente la voz de la otra chica que no podía identificar. "Una gran guerra viene en camino para cobrar venganza de algo cometido"
Él aún no había dicho nada sobre aquel sueño, porque primero intentaría descifrarlo él. Pero no había mucho que descifrar. Una gran guerra, había dicho. Sin embargo no quería apresurarse a nada. Antes, todas esas pesadillas se habían cumplido, pero en ese presente no habían pasado a nada más que eso: Simples pesadillas que perturbaban sus sueños. Y por él estaba bien si continuaba de esa manera.
Fue entonces cuando su cinturón comenzó a vibrar. Instantáneamente se levantaron al mismo tiempo, pero al parecer, esta vez el profesor estaba cansado de las intromisiones a su clase tan constantemente debido a esos jovencitos. Se volteó con el ceño fruncido y no les dejó hablar.
── ¡Alto ahí! ── Dijo, ceñudo. ── Ustedes cinco no van a ningún lado.
Se miraron de reojo entre ellos, preocupados.
── Pero… de verdad me siento mal. ── Akatsutsumi puso su mejor cara de enfermedad, esperando que fuera suficiente, pero no pudo amedrentar al hombre, que negó.
── Qué casualidad que siempre, se enferman al mismo tiempo, los seis.
Ellos tragaron saliva.
── Profesor, es que, de verdad necesito ir al baño. ── Se apresuró la rubia. El hombre pareció dudar un poco, pero luego negó.
── Lo siento. ── Dijo. ── Si tanto necesitan salir, pues será por turnos.
── Pero…
── En todo caso, de dos en dos. ── Estableció. ── No hay más. Señorita Gotokuji, puede ir al baño, Akatsutsumi, vaya a la enfermería. Las quiero de vuelta rápido.
El profesor giró sobre sus talones, y ellos se miraron rápidamente, casi hablando telepáticamente. Sin más, las dos chicas se apresuraron a salir del salón, Miyako intercambiando una rápida mirada con el rubio y dejando a los demás miembros del equipo ahí dentro, tomando su lugar. Todos miraron a la ventana, donde a los pocos minutos, en el cielo, las estelas rosa y azul emprendían camino a donde fuera que Ken y Peach hubieran indicado.
Hotaru no puedo evitar sentir que esa sensación explotaba en su pecho, instándole a salir corriendo hacia donde quiera que las chicas iban. Bufó para sí mismo, tenía que calmarse. Miyako y él ya habían acordado mantenerse calmados, incluso con la noticia de las notitas que habían llegado a Makoto y con la noticia anterior, pero tras la mirada que le dio la rubia, supo que ella también pensaba lo mismo.
Algo muy grave estaba a punto de pasar.
Escondió sus manos dentro de su pantalón, empezando a sentir como emitían chispas ante su nerviosismo.
Por su parte, Koiji se dedicó a rayar distraídamente su libreta para aplacar su ansiedad. Él también había visto la mirada de alerta en los dos más más pequeños del grupo y no pudo evitar mirar con cierto nerviosismo a la distancia. Sobre todo porque en la última semana, desde que habían descubierto las notas, las cosas se habían ido a pique.
Bajó su mirada a la libreta para cambiar de hoja, pero su mirada se detuvo a analizar los rayones, que al final habían resultado no ser simples rayones, sino números. Otra vez.
30, 31, 75, 12.
Los números se encontraban en todas direcciones y tamaños en la hoja blanca. Con el ceño fruncido, arrancó la hoja y la tiró al suelo.
Makoto miró a Hotaru, en la fila de a lado, y varios lugares delante de él. Tal vez nadie lo había notado, pero claramente vio como sus manos hicieron corto circuito antes de que las metiera en las bolsas de su pantalón. Movió con impaciencia el pie, resistiendo las ganas de noquear al maestro y salir por la ventana con los demás.
Negó con la cabeza. Ellas pueden. Los villanos de la ciudad no son rivales para nosotros. Pensó, intentando calmarse. Pero desde que recibía esos constantes mensajes no podía evitar ponerse irritable con todo y todos. Tampoco ayudaba que Hotaru se comportara de manera tan extraña.
Tras unos segundos, logró calmarse y sentar cabeza. Incluso, casi puso atención en clase, pero cuando pasaron quince minutos y las chicas no aparecían por el salón de nuevo, comenzó a sentirse ansioso otra vez. ¿Cuánto tiempo podían tardar en deshacerse del simio? ¿O los ameba? ¡Incluso pelear con la banda gangrena era relativamente rápido, aunque ellos fueran cinco!
Cuando pasaron cinco minutos más, y una explosión que hizo que humo negro llenara el cielo azul de Tokio se hizo presente a lo lejos, se paró al instante. Otra explosión resonó, sacando más humo del centro de la ciudad. Debajo de ellos el suelo comenzó a moverse. Todos comenzaron a alterarse y gritar.
Brick se levantó.
── Es suficiente, nosotros nos vamos de aquí. ── Anunció a voz alta. Los demás estaban tan aturdidos por lo ocurrido a distancia, que tal vez ni siquiera escucharon la voz del pelirrojo, pero a diferencia de ellos, Koiji, y Hotaru, estaban alerta de lo que sucedía, sobre todo de cualquier orden que dictara el único líder presente, ante la ausencia de la rosa.
No hizo falta decir nada más, los tres salieron tan rápido como pudieron del lugar, y las malas sensaciones de Hotaru se vieron confirmadas con la insistente vibración de su cinturón. Nunca habían sonado dos veces, ni siquiera cuando se separaban, como ahora.
Makoto lo destapó rápidamente.
── ¿Dónde están? Las chicas los necesitan, no pudieron escoger peor momento para separar…
── ¿Siguen en el centro de la ciudad? ── Interrumpió, apresurado, Ken se vio algo perplejo por la intromisión. ── ¡Rápido!
── Sí, sí, ahí, siguen, pero deben saber que…
Makoto cerró el círculo rojo, y se transformó rápidamente, con los demás pisándole los talones, lanzándose al aire rápidamente. Iban tan rápido como podían, y para pronto, aunque él iba a la delantera, Boomer comenzó a ganarle terreno, como de costumbre cuando se necesitaba volar rápidamente.
── Boomer, espera. ── Le llamó. El rubio bajo su nivel de velocidad solo un poco.
── ¿No puedes esperar a decírmelo más tarde? Puedo llegar más rápido, ellas necesitan refuerzos.
── Dime que tan grave es.
El pareció no entender.
── ¿Qué?
── Eso. ── Dijo. ── Lo que estás sintiendo, ¿Qué tan grave es? ── Boomer pareció entender ahora a que se refería. El rubio no creyó que Brick se hubiera dado cuenta. Se quedó callado unos segundos, considerando si decirle la verdad. Luego miró al frente.
── Bastante grave. No estoy seguro del porqué, pero es lo más parecido que sentido desde Taiga. La primera vez que luchamos contra él.
Brick se mantuvo sereno.
── Apresúrate entonces. ── Le dijo, y el rubio no necesitó más para emprender vuelo y los pocos segundos desaparecer de su vista. Maldijo mentalmente, si Boomer tenía razón, la situación era más grave de lo que unos días atrás en el laboratorio habían pensado. Y para su puta suerte, no estaban completos. Al no estar Buttercup entre ellos el equipo estaba incompleto. ── Mierda.
Cuando Boomer llegó al lugar, apenas y podía ver por el humo de las explosiones recientes. Buscó con la mirada una cabellera rubia o pelirroja, pero no logró encontrar nada. Alguien lo jaló de la chaqueta, justo cuando un tipo de energía negra iba a explotar contra él. Una risa le recibió de llenó
── Vaya, vaya. ── Dijo una voz masculina con sorna. ── Parece que ha llegado el rubito idiota. Cuánto tiempo sin vernos.
Las penumbras en las que se encontraban no podía identificar al dueño de la voz, pero si el aroma de Bubbles. Ella lo condujo hasta donde estaba Blossom, cubiertas por los escombros de los enormes edificios.
── ¿Qué está pasando? ── Cuestionó tan solo llegar. ── ¿De qué me conoce y porque diablos se esconden en lugar de…
── ¡Shht! ── Lo cayó la líder. ── E-Era lo mejor que podíamos hacer hasta que ustedes llegaran. Él… el poder que tiene… nosotras no podíamos con él.
Boomer miró con aturdimiento la actitud de la líder. Blossom era la chica más valiente que recordaba. No entendía porque estaba escondida y con las manos temblorosas. Miró a Bubbles. El humo se había disipado. Ella solo parecía angustiada, no paranoicamente en shock.
── C-Creí que… que jamás lo volvería a ver.
── ¿Volverlo a ver? ── Miró a la rubia, que apretó los labios y los puños. ── ¿Acaso…
Taiga estaba vivo? Terminó en su mente lo que no se atrevió a articular.
En ese momento sus hermanos llegaron al lugar. Brick les miró con el ceño fruncido.
── ¿Qué está pasando? ¿Por qué están aquí como idiotas perdiendo el tiem…
── Brick… ── La voz quebrada de Blossom le cayó. ── Es… él.
Algo dentro de él recordó el sueño que tuvo minutos atrás en clase.
── ¿Él? ¿A qué te refieres?
── ¡Pero si ha llegado el líder de pacotilla! ── Brick se giró a verlo y enmudeció. ── Volvemos a vernos.
Aquello no podía estar pasando.
¡Hola!
¿Qué pronto he actualizado, no? En realidad este capitulo era mucho más extenso, y tuve que dividirlo en dos capítulos porque eran casi 40 páginas de word n.ñ' es por eso que Kaoru aun no aparece aún ¡Pero ya sabemos donde está! Se fue a un internado de Yoga :O
Y apareció el villano (Inserte risa malvada aquí) ya veremos más de sus planes el próximo capitulo. Por cierto, amo a Ken y a Kuriko. Son como... demasiado tiernos para mi, no sé. Y siempre he sentido que Ken tiene debilidad por Kuriko. Bueno, en mi loca cabeza, ya que en realidad se supone que solo son amigos, creo.
En fin, nos leemos el próximo capítulo, espero poder actualizar así de pronto!
¡Besos embarrados de Nutella para todos!
23/01/16
