Disclaimer: Demashitaa! PowerPuff Girls Z no me pertenecen.
Aclaraciones
Identidades secretas de los chicos:
Brick Him: Makoto Him.
Butch Him: Koiji Him.
Boomer Him: Hotaru Him.
Demashitaa: Kasai.
Rueda de Prensa
Estaba acostado boca arriba en su cama, encerrado en su habitación, evitando a su madre, ya que no la soportaba. Eso hacía normalmente, encerrarse en su habitación y fingir que solo existía él en esa casa. Su madre siempre se ponía molesta e intentaba por todos los medios sacarlo de su habitación, pero él la mandaba tan lejos como podía.
En ese momento la paz reinaba en el lugar. Al parecer la estúpida mujer se había cansado de insistir y él podía estar tranquilo, pensando en lo patética que consideraba su vida. Lo único interesante que hasta ahora le había ocurrido era la repentina aparición de ese hombre, Taiga, que al parecer mostraba demasiado interés en él. Le había dicho que tenía potencial para sus propósitos. Él no entendía nada, pero era consolador saber que alguien veía potencial en él para algo, lo que fuera.
Se sentía como Miguel Ángel, siendo acogido por los Médici.
En ese momento, se levantó de la cama y se dirigió hacia su escritorio para contemplar esa extraña caja que el ayudante de Taiga le había dado. Había intentado abrirla pero simplemente era imposible. No se podía, y aun así, cuando la agitaba podía escuchar dentro cosas. Recordó las palabras que el hombre le dijo:
"Esta caja no se puede abrir aún. Se abrirá sola en el momento necesario. Ruega porque ese momento nunca llegue"
La contempló unos segundos como cada tarde, con curiosidad. ¿En qué momento se abriría? ¿Por qué debía temer? ¿Por qué Taiga se la entregaba?
En ese momento una enorme explosión retumbó en Tokio, seguido del llanto y gritos de las personas. El humo comenzó a hacerse presente por las calles. Vio a Bubbles volando a toda velocidad, mientras evacuaba a los civiles, sorprendentemente, junto a Boomer, que hasta ahora había sido un villano para Tokio. Una neblina negra comenzó a hacerse presente en el cielo, comenzando a ennegrecer todo a su paso.
Su madre aporreó la puerta con fuerza. Mucha fuerza.
── ¡Ken, hijo, sal de ahí por favor! Su madre suplicaba. Bajemos al sótano, ahí estaremos a salvo.
Frente a su departamento una explosión acabo por destruir gran parte del edificio frente a él. El joven tomo la caja entre sus manos y corrió hacia la puerta, y posteriormente al sótano.
Habían pasado tres días desde que esa batalla había acabado. Por las noticias se había enterado de la muerte de Taiga, que había resultado ser el atacante de Tokio. Dentro de él, sentía decepción. Tal vez hubiera sido un tirano que casi asesina a todo el mundo. Pero ese tirano tenía poder. Mucho. Y le había dicho que tenía potencial. ¡Tal vez para ser igual de poderoso que él? Ahora nunca lo sabría. Y lo peor, esa estúpida caja seguía sin abrirse. Ahora que Taiga había muerto, ¿Que pasaría?
Permanecía encerrado en su habitación, como siempre, observando la caja blanca, como siempre. Con un resoplido molesto giró sobre sus talones. Entonces, una luz roja llenó su habitación por un segundo. Él se volvió a girar y encontró la caja abierta, de par en par. Atónito la miró sin creerlo unos segundos. Pronto se acercó, mirando en el interior. Habían un montón de papeles y sobres todos de color blanco. Pero el que más le llamo la atención fue un sobre amarillo que no tardó en tomar entre sus manos para abrirlo, encontrando una carta.
Antes de disponerse a leerla miró con cautela todo, pensando que debía hacer. Pero no se debatió mucho. Asegurándose de que la puerta estaba con seguro, se dedicó a leer la carta.
Apretó el papel amarillento con fuerza mientras sus ojos recorrían las letras escritas en él.
Voló tan rápido como pudo, maldiciendo a los cuatro vientos. La noche anterior había llegado bastante tarde de su guardia por la ciudad y se había quedado dormido, casi olvidaba el mensaje que le habían enviado dos de las féminas del equipo la noche anterior.
"Mañana media hora antes de que inicien las clases, en el aula de inglés. Haremos que Kaoru esté ahí. NO se te ocurra llegar tarde o no funcionara nada"
Miyako y Momoko probablemente lo asesinarían a sangre fría.
Una vez que divisó el enorme recinto, aterrizó en la azotea y transformándose corrió escaleras abajo, hasta el aula de inglés. Gruñó. Las cosas que terminaba haciendo por la estúpida ojiverde. A los pocos minutos logro divisar a Momoko y a Miyako que con todas sus fuerzas intentaban contener la puerta del aula, que era golpeada fuertemente. Se acercó lentamente.
── ¡Que me dejen salir, joder!
Por el cristal de arriba logró ver a Kaoru, con el ceño fruncido, forzando la puerta a abrirse. Sus miradas se encontraron y la de ella se llenó de pánico.
── ¿T-Tú? ── Aporreó más fuerte la puerta. ── ¡Son un par de traidoras! ¡No, no! ¡Soy su amiga, no me hagan esto!
Gotokuji y Akatsutsumi levantaron la mirada hacia él, que intentaba aguantar la risa.
── ¡Idiota! ── Chilló la del moño. ── ¡Te dijimos que no te tardaras! ¡Nos ha costado una vida mantenerla ahí dentro!
── ¿Cómo han hecho para que este tan temprano aquí?
── ¡Eso no importa! ── Chilló ahora Miyako mirando dentro del lugar. ── ¡se va a salir por la ventana!
Él corrió.
── ¿Qué? ── ¡Pero es que esa chica estaba loca de remate! Las empujó. ── ¡Muévanse, muévanse!
── Espero que no mueras ahí dentro. ──Murmuró la pelirroja y la rubia asintió solemnemente. Después corrieron lejos del lugar. Al instante él se adentró en el aula y alcanzó a tomarla del brazo antes de que saltara como una loca por el precipicio.
── ¿A dónde crees que vas, nena?
Kaoru se volteó, rehuyéndole la mirada. Logró soltarse y correr a la puerta.
── Tú no sales de aquí, preciosa. ── La chica se vio detenida por el brazo del pelinegro, que la miraba ceñudo.
── Suéltame. ── Dijo jalando su brazo, y corriendo tan rápido como pudo a la puerta, pero dentro de sí, supo que fue inútil pues el chico era mucho más fuerte y rápido que ella. Lo comprobó cuando justo cuando estuvo a punto de abrir la puerta, el brazo de Koiji salió detrás de ella, impidiéndole la acción y cerrando la puerta de nuevo.
── Dije que tú no vas a ningún lado, Matsubara.
Ella cerró los ojos con fuerza, intentando tranquilizarse. Sentía la respiración del moreno sobre ella. Fue entonces, cuando con su brazo libre, la volteó de un tirón, estampando su espalda contra la puerta. Ella no se quejó.
── Me debes muchas explicaciones, preciosa.
── Yo no te…
── ¡Deja de darme estúpidas evasivas y empieza a hablar! ── Gritó, sacando la frustración de casi una semana entera que le había hecho ir detrás de ella como loco. ── ¿Quién te crees para primero tratarme como la misma mierda, besarme de la nada y luego ignorarme como si fuera un idiota?
Kaoru se removió y logró escaparse, caminando hacia el otro lado del aula, huyendo de la mirada irritada de Koiji. De verdad estaba molesto. Muy molesto.
── Quítate de mi camino. ── Dijo encarándolo. Koiji bufó, recargándose en la puerta. Al parecer no era una opción para él. Kaoru se sintió amenazada realmente. Apretó la quijada. ── ¡Quítate de la puerta! ¡O saltaré por la ventana!
── Sabes que te alcanzaré.
── ¡Quítate!
── ¡Tu no sales de aquí hasta que me des una puta explicación! ¿Qué mierda hacías en un internado de Yoga? ¿Por qué estas armando tanto drama solo por un beso?
── ¡No lo digas! ── Se tapó los oídos infantilmente.
── Estás actuando como una niña de cinco años. ── Gruñó. ── Manda cojones que tenga que ser yo precisamente el que te lo tenga que decir, se supone que ese es mi papel.
Ella gruño, en desesperación. Apoyó sus brazos en la silla más cercana, mirándose los zapatos.
── Tu no entiendes… solo… ¡Sólo quítate de la maldita puerta y déjame salir!
── ¡Solo te estoy…
── ¡Tu no entiendes!
El gruñó, cabreado.
── ¡¿Qué no entiendo maldita sea?!
── ¡Que te odio! ¡Te odio, maldito imbécil!
Koiji pidió a todos los dioses habidos y por haber que se apiadaran de él y le dieran paciencia para tratar con esta terca chica. Si no fuera porque realmente quiero a esta estúpida…
── Si me odias. ── Comenzó de nuevo. ── Por qué. Maldita. Razón. Me Besaste.
Ella suspiró desesperada.
── ¡¿Por qué, Kaoru?!
── Porque…yo... Porque tú… ¡Porque me gustas!
El pelinegro intentó acercarse pero ella, retrocedió tres pasos enormes. Muy enormes.
── Vale. Vale. ¡Eres una loca desquiciada! Así que me odias, pero te gusto. Claro.
── ¡Ves! ¡Tengo problemas! ¿Entiendes porque estaba internada con mi tía? ¡Necesitaba dejar mi mente en blanco para… para volver a ser yo. Porque yo no puedo… ── Negó. ── Déjame salir.
── ¿A que le tienes miedo? ── Cuestionó tranquilamente, intentando hacerle notar que estaba intentando entablar una conversación seria con ella, pero Matsubara no estaba en sus cabales.
── ¡No estoy asustada!
── ¿Entonces porque huyes de mí?
── No estoy huyendo. ── Espetó.
── Está bien, entonces, solo quédate ahí mientras yo…
── ¡No te acerques, Him!
── ¿Pero porque? ── Cuestionó ya, con un tono más desesperado que de enojo.
── Porque no, tu solo… mantente ahí, alejado. ── Dijo más tranquila, señalándolo con el dedo. ── Escucha bien. Vamos a hacer como que esto nunca pasó. Yo nunca te besé. Yo nunca dije esto. Y esto nunca pasó.
── Lo lamento, Matsubara, no es una opción para mí.
── ¡Por supuesto que no lo es! ── Gritó. ── ¡Porque lo único que a ti te importa es tirarte a todas y cada una de las chicas que te pasen por enfrente!
── ¡Pero si hace meses que no salgo con nadie!
── ¡Mentira! ¡Tú… no creas que no sé lo que tramas!
── Kaoru.
── ¡No soy estúpida! ¡Te he visto hacerlo un millón de veces!
── Ka-o-ru.
── ¡A todas y cada una de las chicas que has…
── ¡CIERRA LA BOCA!
Ella cayó, sorprendida. Koiji maldijo en voz baja y luego volvió a mirarla. Se quedaron en silencio hasta que Kaoru soltó el aire que no se dio cuenta que había contenido.
── ¿Me vas a escuchar ahora? ── Cuestionó irritado. ── Esto no se trata solo de ti, verdecita. Mira… Ya sé que soy un tipo muy atractivo y rudo. ── Kaoru rodó los ojos. ── Y tal vez sea sorprendente, pero… está estúpida situación no me es tan indiferente como tú piensas. He pasado los últimos cinco días buscándote como idiota. ¡Pero claro qué tú no sabes porque estabas en un jodido internado de Yoga para estabilizar tu estúpida locura! ¡Locura, que nunca va a desaparecer!
El semblante de Kaoru cambió completamente, a uno más escéptico. Él aprovecho para acercarse poco a poco.
── ¿Te has preguntado porque no he salido con nadie ultimamente, idiota? ── Kaoru se limitó a mirarlo incluso, ignorando el insulto.
── Pero…
── Oyuki no cuenta. ── Se apresuró. Ella volvió a fruncir el ceño.
── ¡Ves! ¡Sólo te interesa salir con cualquier cosa que tenga una falda de por medio y luego las desechas!
── ¿Puedes escucharme? ¡Estoy intentando hablar algo serio contigo! ¡Además, tu ni siquiera usas faldas!
── ¡Pues no parece! ── Ella volvió a alejarse, dirigiéndose a la puerta. ── Y no tenemos nada que hablar. Ya te dije que fue un error mío…
Koiji la interrumpió, tomándola del brazo y acorralándola contra la pared.
── Detente. ── Ordenó ella, intentando apartarlo de sí sin éxito.
── ¡No fue un error, joder! ¡Entiende que lo que tú me haces sentir va más allá de lo que yo había…
── ¿Realmente me crees idiota, verdad? Un día dices todas esas estupideces que me estás diciendo ahora y el otro vas diciendo que fuiste creado para deshacerte de…
── ¡Yo dije eso solo porque estaba harto de soportar tu estúpida actitud infantil y rehacía! !Y Sobre todo de no recibir ninguna maldita explicación! ¡Es verdad que siempre estamos riñéndonos, pero tú comenzaste a pasar incluso nuestros propios límites!
── ¡Yo, no…
── ¡Además esta ese idiota! ── Gruñó el verde, ya alterado. ── ¡Y tú no hacías nada para quitártelo de encima! ¡Como si el idiota no supiera que eres mía…
Ella frunció el ceño aún más, estupefacta ante aquella afirmación.
── ¿Disculpa?
── …y tú siempre llegabas a salvarle el pellejo al estúpido cobarde!
De un empujón ella lo apartó.
── Número uno: Yo no soy propiedad de nadie, y número dos: ¿A ti, que te importa, Him? ¡Déjame en paz y lárgate con Oyuki!
── Ese es el maldito problema. ── Desesperó, tomándola de los hombros con brusquedad. ── Tú crees que no me importa. ¡Pero no es así! ¡Te amo, idiota! ¡Te amo! Y… ¡Maldita sea, no creí que algún día pasaría! ¡Pero ha pasado!
Kaoru guardó silencio.
── Sé que piensas que eres un juego para mí. Y no te culpo por pensarlo, pero, ¿Crees que si lo fueras, no me hubiera divertido contigo ya? Convivo contigo todos los días, podría haberte besado ya un millón de veces, soy el doble de fuerte que tú. Si solo me interesara besarte un rato lo haría y punto. Pero… es diferente.
── Para empezar tú no eres tan fuerte, pero… ── Desvió la mirada y murmuró ── … Y… ¿Y Oyuki?
── ¿Qué tiene Oyuki? ── Él levantó una ceja.
── No pongas esa estúpida cara, como si no supieras de lo que hablo. Además te vi ser un patán con ella. Y con muchas otras ¿Qué habría de diferente entre ellas y yo?
El suspiró.
── Es verdad. Fui un imbécil con ella. ── Aceptó, refiriéndose a Oyuki. ── Pero a ella no le dije lo que te estoy diciendo a ti. Y a ella jamás podría decirle lo que te estoy diciendo a ti, porque ella no eres tú.
── Pero…
── Maldita sea, Kaoru. No podía dejar de pensar en ti. Y tú simplemente me odiabas. Quiero decir… me odiabas más de lo normal. Necesitaba olvidarte. ¡Y mira nada más! ¡Me estás haciendo comportarme como el idiota de Boomer! ¿Cuándo diablos me habías visto hacer esto por una de las chicas con las que había salido? ¿Perseguirte como loco y decir todo lo que te he dicho solo para que me creas?
Kaoru se sentía mareada, pero el pelinegro endureció la mirada.
── Ahora, Matsubara, quiero explicaciones. Nadie me maltrata como lo has hecho y sale bien librado de ello. Ni siquiera tú.
Pero el rostro de Kaoru se tornó verde. Todo eso era tan nuevo para ella. Esas sensaciones, sentirse débil frente al moreno, la voz que no le salía. Se sentía patética. Parpadeó pálida.
── Yo… necesito tiempo. ── El frunció el ceño.
── Habla ahora mismo. ── Gruñó, no aceptando la petición. ── ¡Me merezco una explicación y hasta tú, con toda tu terquedad lo sabes!
Se atrevió a mirarlo unos segundos, para luego suspirar y mirar el suelo.
── Yo… ── Tragó saliva, nerviosa. ── ¡Ya te lo he dicho, bruto! ¡Tú.. tú me…
── ¿Imamura? ── Ella levantó la mirada y rodo los ojos.
── Es un chico idiota de primero. ── Espetó. ── Lo llame a él para que me ayudara porque no podía decírselo a Momoko y a Miyako ¡Mira lo que me han hecho! ¡Me han encerrado aquí solo para que hablara contigo! ── Gruñó. Ya luego se encargaría de esas traidoras. ── Yo… no quería que nadie supiera nada, ¿Sí? ¿Y cuál es el jodido problema Him? ¡Esto es extraño para mí! ¡Se siente… se siente…
── ¿Bien?
── ¡No! ── Espetó. ── ¡Me siento estúpida!
Él sonrió levemente. Estaba asustada aunque no lo admitiera.
── Necesito tiempo. ── Y esta vez no estaba solo anunciándolo, estaba dándolo por hecho y no habría marcha atrás.
El tardó un poco pero aceptó y al final sonrió con tranquilidad. Como si logrará entender lo que le sucedía y no quisiera decírselo.
── He soportado tres años, puedo hacerlo un poco más. ── Dijo. ── Pero no creas, Kaoru, que se me va a olvidar lo que pasó este día.
Ella soltó el aire contenido.
── Y sobre lo que te dije hace un momento. ── Recordó, cambiando su semblante a uno que le dio escalofríos a la pelinegra. ── Nadie me trata de esa manera y sale bien librado de eso. Y quiero mi recompensa.
Sus labios se pegaron a los suyos salvajemente, arrancándole un chillido, haciendo que intentara apartar al moreno de ella.
── Maldición, Kaoru. ── Gruñó, separándose, pero aun rozando sus labios. ── Solo disfruta del momento y después volvemos a jodernos la existencia si quieres.
Y está vez ella lo permitió, provocando que el sonriera con orgullo. Sus labios llevaron el compás lenta y profundamente para no asustarla, acariciando los de su contraparte casi con necesidad. El moreno intentó no dejar que la llama que sentía dentro de sí ─ Por primera vez con una chica. ─ tomase el control de aquel beso porque si no, ellos dos arderían. Y Kaoru al parecer aún no estaba lista para arder junto a él. Minutos atrás le había dicho la verdad; él la esperaría y no a presionaría. Pero no soportaría más tiempo sin besarla. Esperaba que al menos ese beso fuera suficiente para esperar a que ella estuviera lista. Se separó de ella lentamente.
Sus frentes estuvieron juntas unos segundos, mientras acompasaban sus respiraciones.
── Ten por seguro que seguiré haciendo tu vida imposible, Matsubara. ──Dijo jadeante. ── Y no olvides que tenemos asuntos pendientes.
Y salió, soltándole y dejándola sola en el aula.
Llegó a su casa tan rápido como pudo. Esta vez no iría al laboratorio. Tenía cosas que arreglar con Kuriko. Era verdad que ellas dos siempre estaban discutiendo, pero eran hermanas, y sentía pésimo que la menor no le dirigiera la palabra. Abrió la puerta de su casa y se adentró en el lugar.
Olía a Tonkatsu y a té de jazmín. Se adentró un poco más y en la sala de estar pudo ver a su padre con la televisión encendida pero leyendo el periódico. En la primera plana se podían ver las imágenes del centro de Tokyo completamente destruido. Soltó un suspiro recordando que no habían podido localizar a Kimura por ningún lado, y eso significaba más problemas para ellos. Causa eso, Makoto había estado sumido en sus pensamientos con un semblante que atemorizaba a cualquiera que pasaba cerca de él, a excepción de sus hermanos, ella y las chicas, claro. Cuando sus ojos se encontraron con los de su padre, rápidamente le sonrió.
── ¿Qué tal la escuela?
── Todo bien. ── Respondió mirando a todos lados, dejando de lado sus pensamientos. ── ¿Y Kuriko?
── En su habitación. ── Dijo, volviendo su mirada al papel. ── A penas llegó hace unos minutos.
── Ya veo. ── Murmuró. ── Ya vuelvo.
Momoko se dirigió a la habitación de su hermana, pasando por la suya propia en el proceso y aventando de malos modos su mochila al suelo. Llegó a la habitación de la menor y abrió con cuidado. Kuriko levantó la mirada con una sonrisilla infantil, pero en el momento en que sus ojos chocaron esta desapareció. Regresó su mirada al ordenador sin ánimos, colocando su mentón sobre su mano mientras navegaba en internet.
Akatsutsumi mayor reprimió un suspiro y se adentró a la habitación de su hermana echando un vistazo antes de cerrar la puerta para asegurarse de que sus padres no estaban cerca. Se acercó a Kuriko lentamente.
── ¿Necesitas algo?
Momoko detuvo su andar y observó a su hermana que seguía mirando el ordenador sin pestañear.
── Hablar contigo. ── Dijo. ── De lo que pasó ayer.
── No tengo nada más que saber. ── Murmuró. ── Nos has estado engañando todo este tiempo con algo tan delicado e importante como eso.
Momoko sabía que esta vez ella no tenía derecho de siquiera molestarse. Por lo que su tono de voz sonó igual que antes ante el reclamo.
── Ya lo sé, pero…
── Sí, sí. Para protegernos. ── Interrumpió. ── Lo que sea. Ken ya me contó esa estúpida historia. Otro mentiroso. ¿Disfrutaban todos ustedes de mi ignorancia? Debo admitir que fui bastante tonta. ¿Cómo diablos no me di cuenta de lo que pasaba? Era tan obvio. Nadie logra entrar en un laboratorio tan importante solo por buenas notas. Y pensar que durante todas las batallas de la ciudad tú nunca estás en casa. Vaya que debieron divertirse conmigo.
── Ya te dije que no es eso. ── Gruñó. ── Te estás comportando como una niña de seis años Kuriko. Y estás malinterpretando las cosas. Nosotros nunca nos burlaríamos de ti con algo tan serio. ── Se acercó a ella y la giró del hombro, haciendo que la mirara. ── Mucho menos yo. O Ken.
Kuriko desvió la mirada a su ordenador.
── ¿Algo más?
── ¡Por Dios santo, Kuriko! ¡Entiende! ── Espetó. ── ¡No es tan fácil como parece! ¿Tienes idea de cuantas malas personas están detrás de mi cabeza? ¡No son criminales comunes y corrientes! ¡Ni siquiera son personas normales! ¿Lo que viste ayer? ¡Esas son la clase de cosas a las que tengo que enfrentarme! ¡De las que tengo que mantenerlos alejados! ¿Tienes idea, que harían todos mis enemigos si supieran de mi vida privada? ¡Harían cualquier cosa por terminar con ustedes, porque saben que con eso me destruirían completamente!
Kuriko había dejado de teclear pero mantenía su mirada en el ordenador.
── No me importa que tan enojada estés conmigo, o si entiendes o no lo que te estoy diciendo. Tienes dos trabajos: Quejarte, y no dirigirme la palabra, o Entenderlo y sentar cabeza. Me da igual lo que elijas mientras te mantengas a salvo. Y para eso tienes que mantenerte en silencio y ser muy cuidadosa. En lo que estoy metida Kuriko, no es cualquier cosa. No es una película de aventuras en la que el protagonista sale ganando. ── Bajo su tono de voz. ── Y sí, ustedes están en peligro también, eso es la realidad. Pero mientras no sepan nada, pueden mantenerse a salvo. Así no tienen que preocuparse por mí, ni saltar como locos a la calle en mi ayuda cada vez que haya una batalla como la de ayer. Así mantienen su cordura, fingiendo que Blossom es simplemente cualquier persona y no parte de su vida.
Se apartó el flequillo de la frente con un suspiro.
── Sé que ahora es imposible que tú evadas la realidad, pero ahora debes ser el doble de cuidadosa. Espero que poco a poco entiendas porque oculte la verdad.
La voz de su madre las alertó a ambas.
── ¡A comer, niñas, rápido!
Permanecieron en silencio unos segundos, Momoko parada a su lado y Kuriko sentada, mirando la pantalla de su computadora. La menor se levantó y se dirigió a la puerta.
── Y por cierto. ── Se apresuró Momoko, antes de que Kuriko saliera. ── Te aseguro que ayer, Ken estaba igual de asustado que tú, y aun así, fue muy valiente protegiéndote. Él no tiene nada que ver en nuestras peleas de hermanas o el hecho de que yo te ocultara esto. No creo que alguien que se burle de ti a tus espaldas, arriesgue su vida para cuidar de ti y darte seguridad en una situación como esa.
Solo en ese momento, Kuriko le miró.
── Piensa eso. ── Y la mayor salió de la habitación.
── No ha venido Kuriko, wan. ── Ken dirigió su mirada al perro. Se encontraba mirando por la ventana hacia la calle, balanceando su cola. Dirigió su mirada a los papeles que analizaba.
── Mhmm. ── Murmuró, solo por no quedarse callado.
── Es extraño. ── Dijo. ── Me gustaría verla, wan. Es la única divertida en este lugar últimamente.
── Pues en realidad no tan extraño. ─ Suspiró.
── ¿Por qué, wan? ── Ken no respondió. En ese momento sentía un pinchazo en el pecho cuando le mencionaban a la chica. ── ¿De verdad está enojada con nosotros?
── Ya se le pasará, solo es cuestión de que lo entienda. ── Informó, aunque sonaba más como si quisiera convencerse a sí mismo.
── Pero, ¿Y si no lo hace, wan? ── La voz del animalillo se tornó preocupada. ── ¡Yo no quiero que se vaya! ¡Me trae muchos de esos artefactos con los que se sujeta el cabello! ¿Cómo se llamaban?...
── Pasadores.
── ¡Sí, son deliciosos! ¡Y ella juega conmigo, wan! ── Peach lloriqueó. ── Ya sé que a ti no te agrada…
── No digas eso. ── Gruñó el adolescente, molesto de repente.
── ¿Qué, wan? ¡Yo si la extraño, Ken!
── No me refería a eso.
── ¿Entonces?
Ken que comenzaba a exasperarse, le miró.
── Peach, Kuriko no se ha ido a ningún lado. Solo está algo dolida por lo que ha descubierto, pero te aseguro que pronto volverá. Ya sabes, aquí puede encontrar cualquier comida chatarra que se le ocurra. Y además estás tú.
El perrillo se calmó.
── Sí… tienes razón, wan. ── Se quedaron en silencio hasta que el perro ladeó la cabeza. ── ¿Tú no la extrañas, Ken?
Ken boqueó como un pez.
── ¡Hemos llegado!
Cuatro cabezas se asomaron por la puerta. Los Him y Kaoru habían llegado. Sorprendentemente era Koiji el que parecía más alegre. Makoto tenía cara de pocos amigos y Hotaru simplemente se veía distraído.
Ken, salvado por la campana, se levantó como un resorte.
── ¡Han llegado rápido!
── ¿Genial lo que se puede hacer cuando puedes volar, no? ── Ken asintió. ── Y bien, ¿Qué es eso tan importante de lo que hay que hablar?
── Debemos esperar a que lleguen Momoko y Miyako. Avisaré al profesor que han llegado.
── Vale. ── Aceptaron. Ellos venían de sus respectivos entrenamientos, la única que su momento no había terminado con lo suyo era Momoko y Miyako se había ofrecido a esperarla, por lo que ahora solo faltaban ellas dos.
Mientras Ken subía en busca del profesor, los chicos se dispersaron por el laboratorio. Un par de minutos después, para cuando Koiji había llegado de nuevo a la planta baja, Blossom y Bubbles llegaban volando y se transformaban para poder entrar como personas normales.
── Llegamos. ── Dijo apresurada la pelirroja. ── ¿De qué nos hemos perdido?
── Relájate, no seas histérica. ── Dijo el chico. ── Nosotros llegamos apenas hace un minuto. Ken fue a avisar al profesor.
Akatsutsumi, tranquila de saber que no había llegado tan tarde, se dejó caer con la rubia en uno de los sillones grandes.
── Que bueno. Me apresuré lo más que pude.
── Te dije que no era para tanto, Momoko. ── Le hizo ver su amiga.
Koiji sonrió y rodó los ojos. Acto seguido, abrió su mochila con poco cuidado y se acercó a ellas.
── Muy bien. ── Anunció. ── Esto es para ti. ── Koiji puso frente a la pelirroja dos cajas de bombones de chocolate. ── Y esto para ti. ── Una caja de lápices de dibujo se depositó en las piernas de la rubia. ── Hotaru dijo que eran esos. Si no te sirven, golpéalo a él.
Ellas miraron emocionadas el inesperado regalo. Sobre todo tomando en cuenta que venía del pelinegro. Momoko abrió la caja con los ojos brillantes y luego lo miró, igual que la rubia.
── ¿Debo suponer que ha ido todo bien? ── Cuestionó la rubia. Los otros dos supieron que se refería a cierta pelinegra y la sonrisa arrogante de Him se los confirmó.
── Por el momento. Pero, no malentiendan las cosas, no ha pasado a mayores. ── Aceptó el chico. Luego miró la caja en las manos de la pelirroja. ── Y ahora, ya que no puedo comer lápices, dame unos cuantos. ── Estiró la mano hacia la caja de bombones, mano que fue apartada de un manotazo por la pelirroja. ── ¡Oye, se agradecida! ¡Te los acabo de regalar!
── ¡Por eso, sínico! ── Dijo, protegiendo sus cajas de bombones. ── ¡No puedes comerte el regalo de la persona a la que se los acabas de regalar!
── ¡Oh, dame solo unos cuantos! ¡Te pondrás como una vaca!
Miyako rio alegre, mirando sus nuevos lápices. No podía esperar para llegar a su casa y usarlos todos y cada uno.
── ¡Quita esas manazas, Him! ── Blossom se levantó de su cómodo lugar para comenzar a correr en busca de un escondite. Koji corría cerca de ella gritando improperios al aire que declaraban su "corazón poco agradecido para con un chico tan guapo como lo era él", palabras textuales.
Pero, como es bien sabido, aunque los chicos eran más fuertes que ellas –exceptuando en algunos casos a Kaoru –, las tres féminas eran mucho más ágiles y escurridizas, por lo que pronto Momoko logró escaparse del pelinegro. En el segundo piso logró encontrar a Hotaru acostado sobre el sillón de la terraza, y sin dudarlo corrió a esconderse debajo del blanco mueble, sacándole un susto al rubio, que se sentó de una.
── ¿Pero qué…
── No estoy para nadie. ── Murmuró rápidamente mientras se metía debajo del sillón. Segundos después Koiji se asomó agitado por las escaleras.
── ¿Dónde está Momoko?
Un pellizco en su pantorrilla hizo que el rubio se quejara. Kojij lo miró extrañado.
── Esta arriba. ── Gruñó, sobándose el lugar afectado. Him mayor corrió escaleras arriba mientras Momoko salía de su escondite y permanecía sentada en el suelo, aun siento solo visible para Hotaru que le miraba con el ceño fruncido.
── Se puede saber, ¿qué haces? ── La pelirroja escondía entre sus brazos una caja de bombones.
── Me escondo del troglodita de tu hermano. ── Hotaru la miró expectante.
── Si, me di cuenta. Por cierto, no era necesario el maldito pellizco. ── Ella se encogió de hombros sonriente. ── Ahora me debes uno de esos.
── ¿Qué ustedes tres no pueden pensar en algo que no sea comida? ── Gruñó con recelo. Hotaru se encogió de hombros y tras pensarlo un segundo decidió que prefería regalar sus preciados bombones al bueno de Hotaru.
A regañadientes abrió la caja y le entregó un par que el chico devoró rápidamente. Ella permaneció sentada en el suelo escuchando los pasos del verde en el piso de arriba. Hotaru suspiró con satisfacción.
── Buenos chocolates.
── Mhhm… ── Murmuró ella degustándolos también.
── Dame más.
── ¡No! ── Chilló, ocultando la caja. ── Confórmate.
El chasqueó la lengua y tras unos segundos de quedarse en silencio Hotaru suspiró con tranquilidad y volvió a hablar, mientras se acostaba de nuevo en el sillón.
── ¿Cómo está Kuriko?
Momoko tosió levemente para pasar el pedazo de bombón que se atoró en su garganta.
── ¿Debo suponer que eso es un "mal"? ── Momoko cerró la caja medio vacía y reprimió un suspiro.
── Algo así. ── Aceptó. ── Digamos que no entiende mi punto. Ya sabes, quiere correr a contárselo a mis padres y todo eso. Y esta algo molesta conmigo por ocultárselo.
Hotaru puso sus brazos detrás de su nuca, como una almohada.
── ¿Y qué hay de malo en eso?
Ella le miró mal.
── No seas idiota.
── ¿Por qué idiota? ── Cuestionó frunciendo el ceño.
── Sabes bien que correrían peligro si se enteran. Si piensan que Blossom es cualquier persona no desearan intervenir en nada. Nuestros enemigos no tendrían que sospechar de ellos. Así es más fácil mantenerlos alejados de todo esto.
── ¿Y no están en peligro ya?
Ella le miró.
── ¿Me dirás que Ken no conoce nuestras identidades secretas, y nuestra vida privada? ¿O que Taiga no lo hacía? Taiga fue el que nos brindó su información personal cuando nos infiltramos a la escuela. En realidad, el gobierno solo nos protege de quienes no debe protegernos del todo, los ciudadanos y los villanos idiotas que solo cometen crímenes para fastidiarnos la tarde. Pero no de quienes realmente debería, porque ellos son nuestro trabajo.
Momoko parpadeó mirando con algo de incredulidad al rubio. El chico siempre terminaba sorprendiéndola con su capacidad reflexiva. (Aunque fuera un idiota despistado en la mayoría de las ocasiones)
── Como sea, es algo que ya se los hemos dicho a las tres. Pero, al fin y al cabo, es su decisión. Solo digo que Kuriko tiene un buen punto a su favor.
Los dos quedaron en silencio, Momoko pensando en lo que el rubio le había dicho, hasta que los pasos del pelinegro resonaron de nuevo en el lugar, pero esta vez acompañado de todos los demás. Al verla la fulminó con la mirada, pero al parecer, ya sin ánimos de quitarle su preciado regalo. Ella sonrió con suficiencia. Fue entonces cuando le dio un vistazo a sus compañeros.
Kaoru parecía bastante normal en comparación con el pelinegro, como si no hubiera armado un terrible drama nada propio de ella. Miyako había corrido hacia Hotaru a mostrarle los lápices que recién había obtenido mientras él se reincorporaba para verlos con una sonrisa. Ken parecía algo distraído caminando detrás del profesor que aún tenía el brazo y torso vendados y parecía más cansado que nunca, y por último, Makoto caminaba con las manos dentro de las bolsas del pantalón, con un semblante que dejaba en claro que no tenía ánimos de estar con nadie.
Los últimos días era la única mirada que encontraba en el chico y eso se resentía en el ánimo del grupo.
Utonium, con un suspiro cansado se sentó junto a Hotaru y Miyako, que habían dejado de mirar los lápices de la rubia.
── ¿Malas noticias? ── Cuestionó Gotokuji, a lo que el profesor se llevó los dedos al puente de la nariz.
── No en realidad. ── Dijo. ── Pero tampoco las encuentro muy agradables. ── Dijo en un suspiro. ── El alcalde llamo hoy por la mañana. Organizó una rueda de prensa en la alcaldía que será transmitida por varias televisoras de Tokyo.
── Una… rueda de prensa. ── Murmuró Momoko. ── ¿Y eso porque es importante para nosotros?
── Es sobre Ken. Quiere, al parecer, apaciguar el miedo de la ciudad de alguna manera y piensa que ustedes pueden hacerles sentir seguros.
Momoko sintió jaqueca de inmediato. Miró a Makoto, que si antes tenía cara de mal augurio, ahora parecía querer matar a alguien. El, más que todos odiaba todas esas entrevistas que el alcalde organizaba. Detestaba hablar en público para animar a las personas. No podía imaginar del todo que tanto aborrecía el hecho de hablar sobre Ken, estando vinculado a algo de su pasado.
── Supongo que no hay opción. ── Murmuró ella, abatida. Normalmente a ella no le molestaban ese tipo de cosas. Estaba acostumbrada e incluso le agradaba, poder inspirar a las personas a ser mejores y a sentirse seguras. Pero… no le apetecía hablar sobre Ken. Mucho menos sabiendo que realidad, no había ninguna buena noticia, sino al contrario.
── Pero entonces, ¿Qué es lo que les diremos? ── Cuestionó Miyako. ── No podemos decirles la verdad. Entraran en pánico.
── No lo haremos.
Miraron a Makoto.
── Pero entonces…
── Tendremos que mentirles. ── Sus hermanos se encogieron de hombros, pero ellas le miraron reprobatoriamente.
── No podemos hacer eso.
── Ah, perfecto, tienes toda la razón, listilla. ── Gruñó. ── Hay que decirles que Taiga tiene un hijo, que robó nuestro almacén de sustancias y ahora tiene bajo su poder los rayos z negros. Puedes decirles también que no pudimos seguirle el rastro, ya que estamos confesando verdades. Oh, y que no tenemos idea de donde está, me faltó ese detalle.
Hotaru y Koiji rieron sin preocuparse ante el sarcasmo bien empleado de su hermano mayor, pero Momoko frunció el ceño.
── Que gracioso. Muy gracioso. ── Espetó. ──Pero no creo que…
── Mira, doña perfecta. ── Momoko afiló la mirada sobre él. ── El vejete organizó esa estúpida cosa para calmar a la ciudad que se le está viniendo encima, y tú, quieres ir y arruinarles aquello con tú estúpida honestidad que de nada te va a servir en este preciso momento.
── ¡Cierra la boca! ── Gruñó. ── ¡Tampoco planeaba ir y decirles todo así como así! ¡Y lo sabes! ¡Pero tampoco podemos e ir y decirles que todo va de maravilla!
── ¿Ah sí? ── Fingió sorpresa. ── Bueno, anda, dime, ¿Qué diablos planeabas hacer? Olvidaba que tus planes son perfectos y maravillosos. Igualitos a ti. ── Ante el sarcasmo de la última palabra de pelirroja avanzó hacia él molesta.
── ¡No es mi problema que tengas un humor de perros! ¡Deja de desquitarte conmigo! Últimamente solo pareces ser el antiguo Makoto.
Ante la mirada asesina que le dedico el chico Utonium intervino rápidamente.
── Chicos, chicos, por favor cálmense. ── Se apresuró. ── Yo sé que las últimas dos semanas han sido bastante difíciles y todo se ha venido de golpe, pero por favor, lo último que necesitamos son peleas entre nosotros, ¿bien?
Makoto permaneció inmutable, con el ceño fruncido y mirándolo retadoramente. Claramente aún no estaba del todo acostumbrado a recibir órdenes y regaños. Momoko desvió la mirada con el ceño fruncido, pero asintiendo levemente.
── Y lo que haremos está en el punto medio de sus ideas. No les diremos ni la verdad, ni una mentira. Responderemos con evasivas, pero, si hay que dejar claro que la situación es difícil y complicada y no se creen falsas ideas y sean conscientes de lo que pueda pasar.
Makoto bufó y se retiró, a lo más alejado del lugar. Momoko hizo lo mismo, tomando el lado contrario que su contraparte. Todos se miraron con incomodidad.
── Bueno. ── Carraspeó Kaoru. ── ¡No puedo esperar a mañana!
Todos la miraron con una gota sobre la cabeza. El profesor sonrió más calmado, y tras anunciar que se iba a trabajar, los dejó solos. La pelinegra caminó hacia la pantalla enorme, sintiendo que tenía mil años que no la veía.
── Hotaru, ¿Juegas Smash Bros? ── Cuestionó. El ambiente comenzaba a volver a ser el mismo.
Hotaru la miró arrogante.
── Así que, vuelves a retarme, Matsubara.
── ¿Sí o no, rubito?
── Pido a Rosalina.
── ¡Prepárate para morir, oxigenado inépto! ¡Diddy Kong va a asesinarte!
En la lejanía, Makoto sonrió de medio lado. Buttercup volvía a ser la misma chica extraña de siempre y eso ayudaba a amenizar el ambiente. Una chispa de alegría se coló en su interior. Después de convivir con esas chicas tres años les había tomado cierto aprecio.
── ¡Oh, como en los viejos tiempo! ── Él pelinegro miró a los dos chicos jugar apasionadamente. ── ¡Quiero jugar! ¡Voy contra el que pierda!
── ¡Prepárate a perder contra mí, entonces, idiota!
── ¡En tus sueños Matsubara!
Hotaru frunció el ceño.
── ¿Por qué todos dan por sentado que seré yo el que… ── Rosalina en ese momento murió y Hotaru berreó abatido mientras Koiji le arrebataba el control de wii.
── ¡Dame a Diddy Kong! ── Exigió a la morena, lanzándose bruscamente sobre el sillón.
── ¡Estás loco, Diddy Kong es mío! ── Él le frunció el ceño.
── ¿Disculpa? ¿Desde cuándo es tu propiedad, niña?
── ¡Siempre juego con el, bruto!
── ¿Sí? Bueno, desapareciste casi una semana, perdiste el derecho, ahora es mío. ¡Dámelo!
── ¡Eres un soquete, no lo haré, Him!
── ¡Maldición nena, déjame usarlo!
── ¡Que no!
Todos ahí, incluso Hotaru que acababa de ser vencido, sonrieron levemente. Era bueno volverlos a ver pelear amistosamente. Solo en esos momentos habían descubierto lo importante que era el estado de ánimo de los verdes para todos.
Momoko sonrió aunque se sintiera algo molesta tras la reciente pelea con el líder de los Rowdys, si su equipo estaba bien, ella también lo estaba. Tras analizarlos a cada uno, su mirada se cruzo con la del pelirrojo, que parecía también más calmado, pero al mirarla, su ceño volvió a fruncirse levemente, y desvió la mirada.
Ella imitó el gesto suspirando.
Ken miraba la pantalla del ordenador ansioso. Tenía así todo lo que iba del día y de alguna manera se sentía extraño consigo mismo. Desde ayer por la tarde que Kuriko se había ido del laboratorio tras lo sucedido, no había vuelto a ponerse en contacto con él para nada, y eso simplemente, no era normal. Miró en su lista de contactos de Facebook la fotografía con el rostro sonriente de Kuriko con un nudo en el estómago que realmente, realmente, no deseaba tener.
Se sentía bastante incómodo tener esa sensación de culpabilidad dentro de él. Solamente recordaba haberla sentido una vez, cuando había peleado con el profesor por su madre. Le había reclamado a él el hecho de que ella estuviera todo el tiempo en expediciones en el espacio que le tomaban tantos años y que no pudiera verla. Después le había pedido perdón porque ese nudo en el estómago le estaba matando.
Ahora, en ese momento, no sabía que debía hacer, ¿Pedirle perdón? Negó. ¡Pero no era su culpa! Era verdad que era partícipe de ocultarle la verdad pero esa no era una decisión que el hubiera podido tomar. Entonces, ¿Por qué se sentía así de… extraño por dentro?
── Que incómodo es esto…
Murmuró, abatido.
Hola! Me alegro de poder actualizar!
Por fin se arreglaron las cosas entre los verdes, aunque Kaoru haya pedido tiempo. En lo personal me parece que a ella le cuesta más trabajo entregarse al amor, hablando de las chicas. Y bueno, espero que haya sido de su agrado. Brick sigue de un humor de perros xD y ya ha comenzado a descargarlo con sus personas más cercanas, que, es lo que ocurre cuando tendemos a guardarnos las cosas.
Y Ken, tan pequeño y lindo xD Hablamos de nuestro Ken bueno, no del idiota de Kimura, claro está. Ya pronto se volverá a saber de él.
Oh, y quería hacer un pequeño anuncio: Cambiaré el Rating del fic a T, ya que últimamente he estado escribiendo cosas más subidas de tono -hablando de próximos capítulos. -, que en realidad ni son tan intensas ni nada, pero, más vale prevenir que lamentar, he conocido personas que no les agrada del todo situaciones demasiado ?¿eróticas? porque son penosas y eso. En fin.
Como sea, me alegra haber actualizado. Lamento que aun no he subido la apariencia de Ken a fb, pero, mi estúpidoo photoshop es un mediocre. No sirve, he tenido que formatear mi computadora para poder volver a instalarlo y bla blah, blah. Lo maldigo. Pero en fin, ya està instalado y espero poder encargarme de eso pronto.
No sé si se me ha pasado algo. Sólo me queda agradecerles por sus comentarios y sus consejos, me sirven mucho, aunque últimamente no tenga tiempo de responder a sus reviews, créanme que se los agradezco de corazón. Tomaré en cuenta todos y cada uno de ellos.
Besos embarrados de Nutella para todos!
Miss Nutella:)
