Disclaimer: Disclaimer applied.
Advertencias: Ninguna.
Demashitaa: Kasai.
Ni una Noche de Paz
Miraba la caja que el día anterior, tras haber tenido que cerrarla por la batalla que se había desatado contra Taiga, su ―oh, sí, aunque ni el mismo terminaba de creerlo. ―padre. Su madre había salido de compras, y él había aprovechado para retomar su tarea de investigar todo aquello que podría haber en dicha caja, pero no se atrevía a abrirla.
En lugar de eso, prefirió leer de nuevo la carta, para así convencerse de que aquello no era una broma para la televisión.
"Si estás leyendo esto, es porque indudablemente, estoy muerto.
Y muy seguramente, he muerto a mano de tres chicas y tres traidores que creen que son la salvación del mundo. Podrás preguntarte porque llegué a ti, y porque he enviado esto. La razón es muy simple: Eres mi hijo.
¿Difícil de creer? Probablemente. Lo cierto es que tu madre me dejó cuando tú aun no habías nacido, no dispuesta a ayudarme en mis planes futuros, en mi misión de vida: salvar este mundo de su trágica oscuridad. Y para eso pasé toda mi vida ideando un plan, plan, que nadie creyó. Me tacharon de un loco y mi vida se hizo aún más patética por causa de esas tres PowerPuff Girls Z. Como seguramente ya todos sabrán, reclute a todos los villanos para que me apoyaran a crear un gobierno donde todos tuvieran lo que merecían: luz. Pero incluso ellos me traicionaron y por eso es la causa de mi muerte."
Ken siguió leyendo y leyendo los planes que su padre describía y la manera en que pensaba cumplirlos. De alguna manera, comenzaban a tener sentido dentro de él. Un mundo tomado por aquellos que fueron denigrados, un mundo creado por aquellos que conocieron el dolor profundo, haciendo pagar a todos aquellos que nunca creyeron en ellos. Justicia para todos. Cada quién lo que merece.
"Mi sangre corre por tus venas, tú, hijo mío, tienes mí mismo potencial. El potencial de ver más allá de todas las mentiras impuestas por esos gobernantes débiles, que creen que la paz para los civiles y cárcel para las mentes brillantes, que buscan la luz, es la solución.
Te hago entrega de todo lo que poseo. Termina lo que a mí no me permitieron.
Véngame."
Miró el vacío eternos segundos hasta que se decidió a abrir la caja. Encontró planos, libretas llenas de apuntes, dispositivos que no tenía ni idea de para que servían. Y un sobre con varias cuentas bancarias y un fideicomiso a su nombre. Incluso había una propiedad, aunque esa no estuviera en Tokyo. Ni siquiera en el continente.
Repaso mil veces cada cosa que tenía entre sus manos y que ahora era de su pertenencia con sorpresa, sin terminar de creer lo que tenía frente a él. Sin creer todo lo que el futuro y el destino le deparaba.
Miyako no terminaba de entender qué diablos estaba pasando. Todo había ocurrido muy rápido, y ya su día había sido bastante extraño –mucho más extraño de lo que las últimas dos semanas habían sido— Aun se sentía tensa por el hecho de que la ciudad desconfiara de los RowdyRuff Boys, y ahora pasaba esto, tan solo un par de horas después de la rueda de prensa.
Y todos parecían igual de contrariados por los últimos hechos ocurridos, tanto que ni siquiera estaba analizando el hecho de que viajaban en una nave súper genial que el profesor les había ocultado que había creado para ellos, para ocasiones especiales, como esta.
La cosa era gigante y volaba por el cielo como si fuera un avión privado, solo que… más compacto, hecho para ocho personas como mucho.
Sin embargo a nadie parecía importarle aquel hecho en eso momento. Miró hacia abajo las montañas, encontrándose de pronto con el mar azul. Algo explotó dentro de ella con rapidez. Miedo. Sus músculos se tensaron rápidamente. Intentó dirigir su vista a algo que no fuera toda aquella agua debajo de ella pero no había nada lo suficientemente fuerte para atraer su atención y hacerla olvidar aquel hecho. Brick y Blossom hablaban entre susurros serios y Butch permanecía sorprendentemente en silencio, al igual que Buttercup.
Quiso decirles –gritar —que tomaran otro camino, uno que no incluyera el océano –enorme, feo y profundo. —pero las palabras se atoraron en su garganta. Apretó el descansabrazos mientras intentaba recuperar el aire que comenzaba a faltarle, hasta que sintió una mano apretar su hombro y un peso que caía a su lado, en el asiento vacío.
── Así que, después de todo, nunca podremos tener un día tranquilo.
Miyako miró a Hotaru muda y algo temblorosa, mientras este le sonreía.
──Pero, por lo menos esta cosa tiene Wi-fi ── Him miró el techo y lo golpeó levemente. Nada ocurrió. ── Esta vez el profesor se lució, ¿No? Puede ir cuatro veces más rápido que yo.
──Sí. ──Salió como un suspiro aplastado, pero por lo menos logró sacar algo. Hotaru le miró unos segundos, sin saber exactamente qué hacer para sacar a la rubia de su momentáneo shock. Miró por la ventana, notando que no se divisaba ni un atisbo de tierra aún.
Fue su turno de suspirar con desanimo, sabiendo que ella tendría que aguantar todavía bastante.
──Venga, no pasa nada. ──Dijo, mientras subía el descansabrazos que se interponía entre ellos y cambiaba lugares con Miyako. La trajo hacia él.
Gotokuji asintió aplastando su rostro contra el pecho de Hotaru casi con necesidad. No quería ni ver por la ventana. Le apretó la mano al chico, intentando hacerle ver que estaba agradecida de que no la dejara sola en ese momento. Him se limitó a apretar el agarre sobre Miyako.
Ken y peach miraban el televisor casi con desesperación. Era tan frustrante tener que quedarse en Tokyo, sabiendo que no podrán hacer nada para ayudarles, totalmente consientes del desastre que se desataba allá afuera y del peligro que ellos corrían cada vez al salir del laboratorio.
Ken miró por el enorme ventanal a la ciudad tranquila, mientras pensaba en el pánico y la angustia que se desataba en, oh si, África. Y lo peor era que no había nadie en toda la ciudad que estuviera enterado de ello. Y no era como si sirviera de algo hacerlo saber, porque para el momento en que ellos pudieran hacer algo ya iba a ser demasiado tarde.
── Kuriko estaría preocupada. ── Murmuró, pensando que era mejor así. Si nadie se enteraba –por el momento- nadie estaría preocupado. Ni el alcalde, ni la señorita Bellum, ni Kuriko.
── ¿Dijiste algo, Ken?
── ¿Cómo? Eh… no, Peach. Solo pensaba.
Les quedaba simplemente esperar y confiar en que los chicos pudieran hacer algo.
En ese momento el teléfono sonó. Corrió a responder, siendo que era el único que podría hacerlo en ese momento.
── Laboratorio Utonium.
── Explícame que es toda esa basura que está apareciendo en televisión. Ahora.
Escuchar su voz fue tan repentino que sus ojos se abrieron grandes. Peach ladeó la cabeza.
── ¿Quién es, Ken?
── ¡Responde!
El chico parpadeó.
── ¿Kuriko? ── La cola de Peach se agitó velozmente con alegría.
── ¿Kuriko?
── Sí llamé, fue solo para saber qué diablos está pasando, así que no intentes desviar la conversación de ninguna manera.
── Sí… sí, vale, vale, pero es que no entiendo a qué te refieres. ── Se escuchó una risa sarcástica.
── ¿Entonces así serán las cosas, no? No sabía que te gustara hacerte el idiota.
Ken suspiró.
── Kuriko…
── Pero te vas a escapar. Por el canal de las noticias.
Aizawa le dio la orden al perro, quien voló hacia el control y aplicó le mando con la nariz. Era el canal de noticias global, y aparecían los RowdyRuff Boys y las PowerPuff Girls peleando contra Ken en, según el informe, en una ciudad de África.
── ¿Entonces no sabías?
Ella hablaba con sarcasmo, y Ken maldijo mentalmente.
── Sí… solo… no sabía que la noticia hubiera llegado aquí.
── ¿Qué? ¿A qué te refieres con eso? Sabes qué, no me interesa, solo quiero saber cómo está mi hermana.
── Kuriko… no sé si-
── ¡Es mi hermana! ¡Tengo derecho a saber también!
Aizawa se quedó en silencio, indeciso. Él estaba consciente de que ella tenía razón, pero Momoko no quería que ella se involucrara en nada.
── ¡Ken!
Suspiró.
── Vale, vale. Pero… es una larga historia-
── Entonces voy para allá. Y más te vale que me abras la puerta, o la tumbaré.
Colgó, sin darle oportunidad de réplica al chico, quién miró el teléfono con fastidio, como si fuera la misma castaña.
── ¿Qué dijo Ken? Luces molesto.
── Oh… no es nada. ── Gruñó. ── Kuriko viene para acá.
El semblante del perro se iluminó.
── ¿Sí?
── Sí. Pero oye, tienes que estar concentrado. Los dos. Los chicos nos necesitan.
── Claro. ¡Voy a vigilarlos, wan! ── Voló rápidamente hasta el televisor, con Ken caminando detrás de él con fuertes pisotones.
── Ni siquiera puede tumbar la puerta… ── Murmuró.
Tan solo ver la ciudad la hizo sentirse indudablemente mejor, pero tampoco tuvo mucho tiempo para componerse pues claramente, Kimura estaba presente en el lugar, que era un caos. Personas corrían y gritaban presas del pánico mientras los edificios se venían abajo. El olor a humo predominaba en el lugar. Una explosión algo lejana hizo volar escombros, automóviles y personas.
Sin siquiera hablar, todos volaron en aquella dirección, pero justo a lo que parecía la mitad del camino, Butch, Brick y Bubbles fueron atacados por el costado por una mujer con un casco que le cubría el rostro. Iba vestida completamente de negro. Sin esperar de nuevo volvió a atacarles. Bastó una mirada de Brick para que el resto entendiera su petición y siguieran camino hacia Ken.
Montones de escombros cayeron sobre ellos. Butch los hizo volar con un simple golpe, pero ya estaban llenos de polvo y algo adoloridos y golpeados. La dichosa mujer volaba con tranquilidad sobre ellos.
── Así que… Tú eres la secuaz del imbécil. ── Dijo Brick. ── Debo admitirlo, no pensé que hubiera otra mente tan retorcida como la de él además de la de su… bastardo padre. Hasta yo me di cuenta de eso.
Ella permaneció inerte en el aire. Butch escupió.
── Bueno, al menos tienes un buen trasero, nena. ── Brick rio. ── ¿Debido al duro entrenamiento?
── Butch. ── Le llamó la rubia. ── Eres un idiota.
── Joder hermano, no puedes coquetear con el enemigo.
── Oh, venga, ¿Por qué no?
Un rayo láser hizo que algo explotara cerca de ellos. Se levantaron rápidamente.
── Por eso. ── Le gruñó Bubbles mientras los tres iban a interceptarla.
Mientras volaban hacia la explosión que cada vez se hacía más cercana los gritos se hacían mucho más fuertes y desesperados. Blossom miró hacia abajo observando a toda la gente que corría y los veía con miedo, sin saber quiénes eran ellos realmente.
── Boomer. ── Le llamó. ── Ve y ayuda a todos los civiles que puedas, para este punto ya han de haber muerto demasiados, pero… si aún podemos impedirlo…
El rubio la miró con inseguridad.
── Tranquilo, Buttercup y yo estaremos bien, podemos con ese idiota. ── Aseguró.
── Jo, claro que sí. Me encargaré de golpearlo tanto que le dolerá hasta la consciencia. Si es que el bastardo tiene.
── Vale. Regresaré tan rápido como pueda. ── Y, haciendo gala de su pseudónimo, desapareció como un relámpago azulado entre las calles de Asmara, capital del país.
Les tomó pocos segundos localizar a Kimura. Levitaba observando la ciudad, con el entrecejo fruncido y semblante pensativo.
Kaoru sonrió como una niña pequeña a punto de hacer una travesura y lo golpeó con su martillo fuertemente, haciendo que se estrellara contra en crudo suelo desde las alturas. Sonriente se lo colocó en el hombro mientras Blossom llegaba hacia ella.
── Buen golpe.
── Gracias. El primero de todos los que le faltan. ── Luego se tornó seria.
── Estaba levitando. Ya usó la sustancia.
── Lo sé. ── Blossom suspiró. ── Aunque, creo que todos ya lo veíamos venir. Era obvio que la iba a utilizar tan rápido como pudiera.
De entre el polvo levantado la sombra del chico ascendiendo hacia ellas se hizo presente, y pronto lo tenían frente a ellas lleno de polvo y aruños.
── Vaya, vaya… ── Rio. ── Pero que agradable sorpresa.
── Me alegro que te haya gustado mi saludo. ── Kaoru sonrió con falsa alegría, lo cual Ken ignoró. Les dio la espalda y extendió los brazos al paisaje.
── ¿Lo ven? ¿Pueden verlo?
── ¿El caos que has causado? ── Le gruñó la pelirroja. ── Sí, lo vemos, estúpido.
── No. El poder. ── Sonrió. ── Pronto todos lo conocerán.
Buttercup volvió a escucharlo por sorpresa.
── Decidí que no quiero escucharte.
── Buena elección. ── Blossom envió su moño como un boomerang hacia el mismo lugar donde había caído el chico y las dos volaron rápidamente hacia él. El boomerang volvió a ella, pero cuando llegaron al lugar Ken no estaba.
Escucharon un ruido de algo rompiéndose y detrás de ellas vieron un edificio derrumbándose listo para hacerlas puré. Blossom apenas logró detenerlo con su aliento de hielo.
── Había olvidado ese pequeño detalle. ──La voz de Ken resonó en el aire. Instantáneamente Kaoru golpeó los escombros congelados en dirección al villano, quien los destruyó con rayos laser y no dudo en dirigir un par hacia ellas.
Ellas volaron en cirulos, evitando en ataque.
── Kaoru, atrápalo.
── No tenías que decirlo. ── Murmuró, desviándose de la dirección en que volaban, mientras Blossom servía de conejillo de indias.
Buttercup golpeó el suelo haciendo aparecer un tornado que pronto consumió a Ken por la fuerza que el aire emanaba. Blossom comenzó a congelar los edificios cercanos, y la pelinegra pronto captó la indirecta. Los golpeó en dirección hacia el tornado, siendo consumidos también.
Se unieron jadeantes.
──Ojalá se haga papilla.
Un par de rayos eléctricos fueron añadidos y Boomer apareció junto a ellas.
── ¿Llegué a tiempo?
── Eso parece.
En ese momento el tornado explotó lanzándolos a ellos a diferentes direcciones. Algo desubicados se reunieron en el cielo, en busca de Ken.
── Maldito, no sé cómo lo ha hecho. ── Gruñó Buttercup. Nunca alguien había osado en explotar alguno de sus tornados.
La pelinegra se tomaba el brazo, lastimado. Los tres, en el aire, intentaban encontrar a Ken, que parecía haber desaparecido de la nada.
── ¿Dónde se ha metido? ── Gruñó Blossom, mirando a todos lados. El polvo levantado por todo el desastre no ayudaba demasiado.
── Diablos. Es la quinta vez que mi chaqueta se destroza. ── El rubio miraba con lastima la prenda hecha trizas ante la cólera de la pelirroja.
── ¡Boomer!
Asustado, él la miró con los ojos abiertos y parpadeante.
── ¿Qué?
── ¡Concéntrate, idiota! ¡Sí Ken se escapa-
── Oh, relájate. ── Dijo, con calma. ── Brick nos dijo a Butch y a mí que probablemente aún no tiene el control suficiente sobre sus poderes, por lo que haber explotado el tornado debe haberlo dejado sin reservas. Debe andar deambulando por las calles.
Blossom parpadeó asombrada.
── Claro…── Murmuró, entrecerró la mirada sobre él. ── ¿Y Brick les dijo eso?
── ¿No es tan idiota, eh? Yo pensé lo mismo.
En ese momento, cuatro figuras aparecieron volando rápidamente y pasaron de largo. Butch, Brick y Bubbles seguían a una chica a toda velocidad.
── Buscaré a Ken, vayan tras ellos.
Las dos chicas asintieron.
Lo que no supieron al momento de separarse y se dieron cuenta cuando llegaron con el resto era que esa misma chica iba tras el magullado Ken. Rápidamente lo alzó en vuelo junto a ella. La alarma resonó dentro de los héroes.
── ¡Joder! ¡Alcáncenla! ──Brick bramó la orden al tiempo que se lanzaba sobre ella, pero la chica estaba al parecer en muy buen estado.
Aprovechó la humareda que la enorme explosión había dejado y redujo a cenizas tantos edificios como pudo en el camino, levantando el polvo y la oscuridad provocada por el humo negro de los intensos incendios. Pronto la habían perdido de vista, y su obligación por salvar a los civiles afectados por los derrumbes se convirtió en su prioridad.
Había pasado cerca de media hora cuando Blossom notó una estela negra perderse entre el humo que no se reducía y no dudó en seguirla. Brick levitaba sobre aquel nubarrón negro mirando a la distancia con el semblante lleno de ira. Esa mirada que le recordaba quien había sido en el pasado y que a tantos tanto miedo le daba.
Guardó distancia.
── Brick…
── Los perdimos otra vez. Y fue una soberana estupidez. Ni siquiera se esforzaron. ── Masculló.
── No fue culpa de nadie, Brick. ── Intentó hacerle ver. ──Los encontraremos. Fallar en ocasiones es parte de esto.
Le miró sin remordimientos, con esa mirada que paralizaba.
── Lo que digas.
Y se volvió a perder entre la penumbra y los gritos de la gente.
Lo primero que su mente pensó al verla ahí, sentada en el sofá junto a Peach, fue en reñirla como nunca antes. ¿Qué demonios hacía ahí? ¿Qué no le había quedado claro que era peligroso para ella? Incluso le recriminó con la mirada a Ken, haciendo que el adolescente desviara los ojos de los de ella apenado.
Bubbles le miró mal.
── Bloss, cálmate. Ella debió estar preocupada por ti.
Hubo una leve batalla de miradas entre las hermanas.
── ¿Mamá sabe que has venido?
── Claro.
── Vale.
Suspiró y enterregada y cansada, igual que los demás, por fin se miraron entre ellos, abatidos. El camino de regreso había sido completamente en silencio. La única que había hablado era Bubbles y solo para pedir un cambio en la ruta. Una que no incluyera el océano.
── Volvió a escapar. ── Murmuró el rubio.
Brick gruñó.
── Los quiero a todos entrenando día y noche si es necesario. No puede volver a pasar.
Y a pisotones se alejó del lugar.
Blossom suspiró por segunda vez en ese momento.
── Ya me encargo yo. ── Y a paso cansado desapareció detrás de su contraparte.
Los demás se quedaron en silencio hasta que la curiosa voz de Kuriko resonó en el lugar.
── ¿Qué hacía Ken en Egipto?
── Parece que tú estás dispuesta a ignorar la petición de tu hermana de no involucrarte en esto, verdad renacuaja? ── Cuestionó Butch divertido.
── Sea como sea, es una buena pregunta. ── Se entrometió Bubbles.
Y fue ahí cuando todos miraron al profesor, quien se rasco la nuca.
── Miren chicos, a mí me tomó tan desprevenido como a ustedes. No sé qué esté buscando Ken en Egipto. Habrá que iniciar una investigación sobre ello. ── Dijo, mirando a Ken, quien le miró abrumado.
── ¿Investigación? ¿Y cómo haremos eso? ¿Qué pruebas, qué…
── Es verdad que no tenemos mucha información.
── No tenemos nada de información.
── Pero. ── Le interrumpió. ── Nada perdemos, y no tenemos otra opción. No podemos hacer nada más por el momento. Bueno, nosotros, sí. Le seguiremos el rastro. Lo único que ustedes pueden hacer es descansar. Vamos, Ken.
El muchachito siguió a su padre en un suspiró, mientras el resto los miraban alejarse.
── Hombres…
Blossom miraba con resignación a un enfurruñado Brick presionar botones de aquella enorme capsula de entrenamiento que ella aún no había tenido oportunidad de probar y que al parecer, él ya tenía bastante medida. Bajó la escalerilla con lentitud escuchando los pisotones del chico dirigirse a área de entrenamiento ya programada. Se aseguró de colgarse bien el maletín de primeros auxilias que llevaba para que no se le cayera.
── Ni siquiera lo pienses. ── Le gruñó, cuando la escuchó acercarse al programador del entrenamiento. Pero fue completamente ignorado. ──Blossom… ¡Blossom!
La pelirroja apagó el aparato ante la furia del chico, que voló hacia ella y la tomó del brazo.
── ¡Te dije que-
── ¡Te escuché, no estoy sorda!
Permanecieron mirándose retadoramente. Él la soltó.
── ¿Qué quieres? ── Espetó.
── Para empezar que dejes de hablarme así. Y en segunda que te calmes.
Sonrió con sarcasmo.
── Que me calme. Quieres que me calme. ¿Te parece que la situación este como para calmarme? ── Se giró haciendo movimientos con los brazos. ── ¿Qué no tú eras la heroína aquí? ¿No deberías preocuparte por tu bonita ciudad? ¿Tu bonito planeta?
Tomó la enterregada gorra roja y la tiró al suelo.
── Joder, que no te entiendo. Mira que venir a decirme que me calme. Tú, a mí.
── Yo también estoy preocupada. Pero con ponerte así no vas a solucionar nada. ¿A qué diablos vienes a entrenar? Estás hecho picadillo.
── No me retes.
── No te estoy retando. Te estoy diciendo la verdad. ¿Te has visto la espalda?
No había sido consiente del dolor hasta que ella le hizo dirigir su atención a su espalda. El ardor comenzó a aparecer al instante. Tocó y se llenó los dedos de sangre.
── Una más no es importante. ── Murmuró en un gruñido.
Ella rodó los ojos.
── Ven acá. ── Le tomó de la chaqueta hecha trizas, pero él se soltó enfurruñado.
── Deja. ── Volvió a intentarlo pero el volvió a hacer lo mismo varias veces hasta que ella le jaló con fuerza.
── ¡Deja de comportarte como un crío! ──Le frunció el ceño decidida. ──Cierra la boca, siéntate y quítate esa cosa.
Desvió la mirada murmurando algo sobre las mujeres y se sentó de golpe, de espadas a ella, obedeciendo la orden.
Ella, también presa de la momentánea furia, pasó con fuerza el algodón sobre la herida, haciendo que él soltara un quejido. Al instante se reprendió mentalmente.
── Lo siento. ── Murmuró, sin obtener respuesta, pasando el algodón como debía ser. Minutos después se dio cuenta que él debía darse un baño antes de desinfectar.
Señaló las regaderas.
── Ve a quitarte todo ese polvo.
Entre rezongos el chico obedeció, arrasatrando los pies. Bossom suspiró, mientras el cerraba la puerta de la ducha y se soltó el cabello, masajeando el cuero cabelludo. Estaba cansada, mucho. Pero por suerte el pelirrojo tardo escasos diez minutos, llegando con un pantalón de algodón negro, una camiseta blanca en la mano, y el cabello aun húmedo. Aún tenía el ceño fruncido, pero al parecer el baño le había relajado. Blossom se ató el cabello en una cola, mientras él se sentaba dándole l espalda.
Ahora con la herida limpia pudo darse cuenta que en realidad era algo profunda y tardaría días en cicatrizar.
── ¿Cómo es que no te has dado cuenta de esto?
Cuestionó. Makoto se encogió de hombros.
── Estaba enojado. ¿Tan mal está?
Ella soltó una risilla sarcástica.
── Creo que no está peor que tu control de enojo. Tardará algunos días en sanar supongo, pero no morirás, desgraciadamente.
Rodó los ojos.
── Que graciosa eres.
Después de pasar un par de algodones con alcohol y colocar una gasa sobre la herida ella suspiró.
── Ya está. Solo no hagas algo estúpido que haga que comiences a sangrar. Has cosas tranquilas. Cosas como descansar, idiota.
Gruñó, girándose para mirarle.
── ¿Estás queriendo molestarme, o vas enserio?
── Por Dios santo, Him, que no todo en la vida es matarte por entrenar. Ni siquiera cuando un loco psicópata anda suelto por el mundo amenazando con destruirlo. A veces hay que aligerar el paso.
── ¿Aligerar el paso? Es gracioso que seas precisamente tú la que me diga que afloje. Eres una matadita obsesiva para todo.
── Solo cuando es necesario. Ahora cállate y vayamos arriba. ── Dijo levantándose. ── Oh, y solo para que lo tengas en cuenta: Deja de asesinar a todo el mundo con la mirada, ¿Vale? Que nadie ha tenido la culpa de lo que paso. Mañana nos enfocaremos en solucionarlo.
Enfurruñado y murmurando un par de cosas nada bonitas le siguió, pero dispuesto a seguirle la corriente. Después de todo, tal vez tenía razón. Cuando subieron para encontrarse con los demás, había una acalorada charla, en la que pronto fueron envueltos.
― Los estábamos esperando.
Los rojos se miraron.
― ¿Ah si?
― El profesor perdió la cabeza.
Blossom levantó una ceja.
― Solo digo que es vez en cuando es bueno, es todo. Y a ustedes les falta bastante.
―Ha sido un día de lo peor. Y pinta para que mañana lo sea también.
― Por eso mismo lo digo.
― Yo no estoy en desacuerdo. ―Butch sonrió complacido, enseñando dientes de oreja a oreja. ―Venga, no sean amargados
―Si bueno, siendo tú… todo es posible. ― Murmuró Kaoru, rodando los ojos. ―Yo estoy muerta.
―No entiendo de qué carajos hablan. ―Se metió Brick, desesperándose.
Bubbles suspiró.
― El baile de primavera, ¿Lo recuerdan? Es hoy. Hemos estado tan enfocados en todo esto que lo había olvidado por completo. Si no hubiera sido porque Asami me ha enviado un mensaje para saber si iríamos, no lo hubiera recordado. Me siento terrible porque lo peor era que formábamos parte del comité.
― Solo porque tú nos metiste en eso, azulita. ―Gruñó Butch.
―Si bien, y eso que tiene que ver con nuestra pequeña charla. ―Interrumpió el rojo ante de que el tema se desviara por algún pleito.
―El profesor quiere que vayamos y tengamos algo de diversión. ―Terminó el azul, ante lo cual los rojos le miraron algo consternados.
― ¿Buena idea, no? ―Butch asintió alegre.
Brick espabilo rápidamente.
―Claro que no. Si hay algo que hacer es concentrarnos en encontrar a Ken. Por si no lo han notado, esto se está saliendo de control. El psicópata ya no solo está tras Tokio. Hoy tuvimos que viajar a Africa. Africa, joder.
― Mierda hermano, ya lo sé, es solo… ―Butch gruñó exasperado. ― ¡Boomer! ¿En qué momento se ha vuelto como un padre amargado?
Antes de que una disputa explotara por el comentario del verde, el profesor intervino.
― Escuchen.
―Tenemos muchas cosas que hacer. Cosas más importantes que ir a un estúpido baile. ―Interrumpió Him mayor sabiendo ya hacia donde iba Utonium, pero el adulto prosiguió.
―Eso es verdad ―Aceptó el profesor― Pero también lo necesitan. Si no liberan su cabeza de todas esas cosas, terminaran por enloquecer. Sé que es difícil y hasta imposible para ustedes, chicos. Pero por un par de horas, pueden intentar tener vidas normales. Comer, bailar, incluso beber todo el alcohol que quieran, les doy permiso, mientras no lleguen vomitando mi laboratorio. ―Dijo lo último dirigiéndose a los tres hermanos, que habitaban en el lugar como si fuera su casa propia. ―Solo hagan algo bueno por ustedes y estaré feliz.
Todos miraron a los rojos que al final tenían la última palabra. Blossom sonreía al parecer convencida por el pequeño discurso del profesor por lo que las miradas recayeron en el rojo.
―No.
― Venga, Brick, solo un par de horas.
― ¡Que no, joder!
― ¡Todo el alcohol que queramos!
― Dije que no y punto ¡NO!
Koiji bailoteaba por todos lados al ritmo de la música comiendo y bebiendo todo lo que podía. Miyako y Momoko bailaban junto a él y se reían de sus constantes estupideces mientras Kaoru y Hotaru asaltaban la barra de alimentos, muertos de hambre por el día tan cardíaco que habían tenido. Al final, habían logrado arrastrar consigo a Makoto.
Momoko se acercó al susodicho con un poco de sake entre las manos y se lo puso en la cara, ante lo cual, él le chasqueó la lengua.
― Quien te viera. ―Murmuró. Incluso ella se impactaba cuando Makoto tomaba esa actitud tan protectora ante la ciudad que apenas tres años atrás no hubiera dudado en destruir. ―Venga. ―Dijo, subiendo su tono de voz.
―No estoy de ánimos, joder. No sé cómo han logrado arrastrarme aquí.
― ¡Es porque hasta tu sabes que necesitas relajarte! ―Ante las constantes negativas del chico la pelirroja terminó obligándole a beber la copita, empapándole en el proceso. El me miró ofendido y corrió a la mesa de bebidas para derramas sobre su vestido una copa de sake. Rio con malicia.
― ¡Oye!
― ¡Te lo mereces, histérica!
― ¿Ah, así? ― Y pronto, los dos estaban enfrascados en una pequeña guerra de alcohol y comida mientras reían.
Ken miró esa enorme puerta con parsimonia. Luego cerró los ojos y frunció el ceño. Aun no entendía que demonios hacía ahí. Cuando todo el mundo se había ido a sus respectivos hogares para arreglarse para el dichoso baile que tanta polémica había causado en el laboratorio, el profesor le había dado la misma recomendación que a los héroes.
"Anda hijo. Tal vez tú seas el que más lo necesite"
A él no le insistió tanto como a ellos, pues sabía que era más como un ermitaño, más abnegado para esas cosas. Pero tras un par de horas comenzó a sentir un extraño impulso de escuchar a su progenitor, de obedecerle, aunque en ese momento no había descifrado que podía hacer él, si no estaba invitado al baile. Su más pronto pensamiento había sido que Kuriko tampoco estaba invitada. Y por eso ahora se encontraba parado en la puerta de su casa, con un nudo en el estómago y a punto de dar media vuelta y regresar derechito al laboratorio.
Tal vez lo hubiera hecho, tal vez hubiera podido huir de la escena si la madre de la chica no hubiera abierto la puerta para sacar una bolsa negra de basura. Tal vez si no le hubiera preguntado que se le ofrecía y él no le hubiera dicho que buscaba a Kuriko y que se llamaba Ken, hubiera habido posibilidades de que corriera al laboratorio de nuevo, con Peach, con el profesor, con sus experimentos.
Pero ahí estaba el, siendo dirigido por la madre de Kuriko a la sala, donde esperaría a que la chica bajara de su habitación para recibirle. Y bueno, no le sorprendió en lo absoluto la cara de sorpresa con la que lo miró al llegar la sala de estar.
― ¿Ken?
― Eh… Hola. ―Aquel hola había sonado una octava más arriba de lo normal en su voz, haciéndole sentir patética.
― ¿Qué haces aquí?
Eso quiero saber yo, pensó, tragando saliva sin quitarle la mirada a la chica de encima. Por alguna extraña razón las manos le comenzaron a sudar por lo que las entrelazo detrás de su espalda.
― ¿Hola? ¿Sigues ahí?
―Eh… yo… ― Espabiló. ―El profesor. La charla que nos dio en el laboratorio. ―Ella asintió, en señal de que recordaba. ―Pensaba que tal vez podríamos… hacer algo divertido.
Kuriko parpadeó sorprendida ante la oferta. Conociendo a Ken eso era implemente… inusual. Ya el simple hecho de que saliera del laboratorio era inusual.
― Algo divertido… ¿Cómo qué?
― No sé… tu eres la divertida aquí.
Ella le examinó para luego fruncir levemente el ceño y mirarlo con cierto rencor.
― No creas que estoy muy contenta contigo aun. Sigo odiándote por ocultarme… lo que tú ya sabes. ―Murmuró lo último.
Ken permaneció callado en su lugar, casi en trance. Kuriko le miró unos segundos para luego sonreír.
― Aunque si has venido hasta acá. Bueno, el simple hecho de que salieras del laboratorio es extraño, ya que eres un rarito.
― ¡Oye! ―Sonrió complacida ante su enojo.
― Tengo la idea perfecta.
—La estás mirando como si fuera el último vaso de agua en el desierto.
Hotaru miró a Sasaki y sonrió animado. Sentía que tenía mil años sin verlo. Le hizo un espacio junto a él, lugar que él aceptó gustoso.
—Lamento que los dejáramos solos con todo esto.
—Sí. Me debes una muy grande. —Him hizo una señal nada bonita con el dedo, provocando que riera.
—Yo no. Ella, te debe un gran favor. —Dijo, señalando a la rubia que charlaba amenamente con las demás chicas.
—Es tan hermosa. —Soltó en un suspiro idiota el castaño, ante lo cual el rubio le miró algo contrariado, y si, aunque no quisiera hacerlo notar, algo ofendido.
— ¿Disculpa?
Misaki le miró, y al notar los ojos de Hotaru juzgándole, se apresuró a corregirse.
— ¡Oh, demonios, no! ¡No me refería a ella! —Señalo de nuevo el lugar al que miraban anteriormente. —Vestido azul marino.
Hotaru regresó su vista a las chicas, notando que la portadora del vestido azul marino era Asami y no Miyako. Casi al instante, relajó la mirada. Misaki rio a carcajada limpia.
—Te di un buen susto, idiota.
—Cierra la boca. —Gruñó, para luego sonreír sínicamente. — ¿Asami, eh? Tenemos algún tiempo sin hablar.
Se encogió de hombros.
—Demasiado tarde para negarlo. —Murmuró, para luego los dos quedarse mirando al frente, específicamente, a las dos chicas correspondientes.
—Entonces, ¿La invitarás a bailar? —Rompió el hielo Misaki después de unos minutos.
Hotaru enrojeció levemente.
—Que dices.
Misaki rodó los ojos con diversión.
—Tú también le gustas, idiota.
Hotaru se desparramo en su lugar.
—No es eso.
— ¿Entonces porque mierda te has tardado tres años?
—Es… complicado.
Misaki le miró interrogante, pero el rubio solo rio quedamente. El castaño entendió que el tema estaba cerrado. En un suspiró se levantó.
—Pues yo si lo haré, capitán. —El castaño le golpeó amigablemente en la cabeza, y el rubio también intentó responderle de igual manera. —Ella no va a estar ahí para siempre, Hotaru. Por cierto, sería bueno verte más a menudo en los entrenamientos. El entrenador amenazó con quitarte el puerto de capitán del equipo.
Y entonces el chico se alejó en dirección a la castaña de ojos púrpura.
Hotaru le miró alejarse, agradeciendo internamente que Misaki respetara sus decisiones, por más idiotas que fueran. Miró a Miyako alejarse al jardín cuando Misaki sacó a bailar a la castaña y por instinto se tocó la bolsa del pantalón, sintiendo aquella cajita dentro. Le tomó cinco segundos decidirse, pero se levantó y caminó en dirección a la rubia que ya salía del recinto y seguramente caminaba por los pasillos.
Lo último que vio fue la mirada burlonamente divertida de Misaki, que le hizo sonrojar antes de salir del lugar detrás de la rubia.
La música casi hacía que le explotara los oídos. Las luces hacían que tuviera problemas para enfocar a la chica frente a él. Ken mirada todo a su alrededor con cierto grado psicosis. Intentaba seguir a Kuriko entre la multitud de adolescentes medio ebrios, medio sobrios sin morir en el intento. Todo aquello era completamente nuevo y abrumador para él.
No sabía porque no la había detenido cuando le había dicho cuál era su plan. Pero siempre supo que colarse en el baile de primavera de su hermana no era correcto. Cuando por fin llegaron a la mesa de postres Kuriko comenzó a parlotear de un montón de cosas que él no estaba escuchando mientras intentaba mitaba a todos lados para que no los vieran.
― ¡Relájate! ¡Nadie se dará cuenta! ―Le gritó para que pudiera escucharle por la música. ― ¿Has visto como están todos?
Sí que lo había visto. De hecho, no muy lejos de ahí podía ver a Koiji intentando besar a Kaoru, que intentaba quitárselo de encima por las malas. Muy malas.
― ¡No sé porque te seguí a esto! ¡Me voy!
―Ah, no, señor. ― La castañita lo pesco de la ata de laboratorio. ―Fue tu idea hacer algo divertido. Además, ¡Encajas perfectamente en el lugar!
―Es gracioso que califiques esto como divertido. ―Dijo, ignorando el sarcasmo del último comentario.
― Lo es. Ahora, deja de refunfuñar y camina, dijo arrastrándole.
―En lo que me meto. ―Murmuró, apresurando el paso. ―Si un profesor, o prefecto nos encuentra-
― Shhh. Si nos encuentran correremos y lo negaremos todo. ¿Ya has cogido tu comida?
― ¿Ken? ¿Kuriko?
La inconfundible voz de Kaoru les hizo girar el rostro hacia ella rápidamente. Se miraron varios segundos. Tenía a Butch abrazándole por la cintura, mientras ella intentaba quitárselo de encima.
― ¡Pequeños renacuajos! ―Ante el saludo del pelinegro los dos abrieron los ojos con miedo.
― ¡Corre! ―Ken no necesito que se lo dijera dos veces, la siguió hacia el jardín con su comida y bebida, que casi derrama por culpa del montón de salvajes adolescentes que había en el lugar.
Los dos chicos corrieron, ella riendo, y el algo temeroso. Cuando estuvieron lejos, terminó por reír junto a ella, intentando recuperar el aire perdido.
― Estás loca.
― Ya lo sé.
Iban a sentarse a la sombra de un árbol cuando vieron a Gotokuji y a Him menor caminar por los alrededores.
― Creo que hay que buscar otro lugar.
― Buena idea. Pero ya no hay que correr, que mi vaso ya va a la mitad.
Kuriko rio.
―Eres un llorón.
Cuando la alcanzó ella ya estaba en los jardines de la escuela, caminando distraídamente. Siguió el vestido tornasol sigilosamente. Vale, que ahora se llevaba mejor con Miyako, y hasta sentía cosas mucho más fuertes que una simple amistad hacia ella, pero como un buen RowdyRuff Boy que era, nunca desperdiciaba la oportunidad de sacarle un buen susto a la PowerPuff. Eso nunca cambiaría. Le resultaba de lo más divertido escuchar su vocecilla asustada que al darse cuenta que era el proseguía a mirarle con enojo y a golpearle inútilmente.
Y sí, sus risas se escucharon por todo el patio cuando ella chilló asustada y se giró para golpearle con coraje.
― ¡Tonto! ¡Casi me matas del susto!
―Era el punto, rubia.
― Que gracioso. ―Murmuró, más calmada. ―Uno que viene a relajarse, y termina muriendo del susto.
Rio más quedamente.
―Vale, vale. Lo siento. ―Comenzaron a caminar sin dirección alguna. ― ¿Qué haces aquí?
Ella se encogió de hombros.
― Estaba un poco agobiada por la música, así que salí a descansar de tanto ruido.
― Ya veo.
― ¿Tú? ― ¿Qué debía responderle?, ¿Qué había ido siguiéndola? ― Igual. Además, Misaki me dejó ahí a mi suerte, para irse a bailar con Asami.
Una sonrisa sincera surcó el rostro de su acompañante.
― ¿Quién lo diría, no? ―Murmuró. ― Siento que tengo años sin verlos, con todo lo que ha pasado…
―Creí que solo yo me sentía así.
― No. ― Respondió. Sin darse cuenta, ambos habían llegado a su árbol favorito. Aquel enorme árbol donde se sentaban en los recesos que ahora parecían lejanos. Aquel árbol donde comenzó todo. ― Creo que todos nos sentimos así. Y con todo lo que está pasando…
Él asintió pensativo.
― ¿Crees que Ken-
― Oye. ―Le interrumpió. ― Tranquila. Esta noche no hay que hablar de eso. Ese era el trato, ¿No?
Se ruborizó.
― Si, lo siento. Es solo que fue un día cansado y… horrible. ―Murmuró. ― Gracias por estar conmigo hace rato, ya sabes… mientras cruzábamos el océano para ir a enfrentar a Ken. Entré en pánico.
―Eh, tranquila. Es normal. ―Animó. ―Es cuestión de tiempo para que lo superes. Ya lo verás.
―Supongo.
Él de antemano sabía el conflicto que le causaba todo eso a la rubia. El miedo y el no poder superarlo. Y él siempre se sentía impotente por no poder ayudarle como ella necesitaba en esos momentos. Con un suspiró se metió la mano a la bolsa del pantalón y aprovechó que ella estaba distraída para posicionarse detrás de ella.
Miyako sintió algo frío posarse sobre su cuello, como si un copo de nieve fuera depositado en dicho lugar. Dirigió su mirada hacia abajó, saliendo de su ensimismamiento, encontrándose con un bonito colgante. Un precioso cristal en gota azul turquesa había sido colocado en su cuello.
── Feliz cumpleaños. ──El murmullo le hizo erizar los bellos de la nuca y sus mejillas se tiñeron de un color rosa. Con una sonrisa viró el rostro lo justo para mirarle detrás de ella.
── Lo recordaste.
──Oye, ¿Por quién me tomas?
Nadie, con todos los problemas que habían estado ocurriendo, había recordado su cumpleaños. O al menos eso había creído. Con una risilla cantarina terminó de girar el cuerpo para darle un abrazo aplastante. Él se separó lo justo.
── Sé que fue ayer, pero con todo lo que ha pasado… no había podido dártelo. ── Sintió el impulso de acariciarle el cabello. Se veía tan hermosa con los ojos brillantes y las mejillas rosas que no pudo resistirlo. ── Dicen que es mejor tarde que nunca.
Miyako asintió y le dio un beso en la mejilla.
── Gracias.
―Miyako, yo… yo-
Fue acallado por una alarma que sonó fuertemente en la lejanía y sirenas de patrullas. El mágico momento fue roto al instante. Se acercaron a la reja para intentar percatarse de algo más, y a los pocos minutos algunas personas que aún seguían sobrias salieron a ver que sucedía, entre ellas sus hermanos, Kaoru y Momoko. Debía admitir que estaba algo sorprendido de que Koiji aún no estuviera borracho.
― Así que aún no te has ahogado en alcohol.
― Esto apenas comenzaba hermanito. ― A pesar de que parecía una plática amena, sus miradas eran algo serias.
Después de varios disparos, y los gritos de los pubertos que corrieron al recinto, entendieron que esa era su señal, tenían que salir de ahí y ver que sucedía.
Al parecer un RowdyRuff Boy y una PowerPuff Girls no tienen derecho ni a una sola noche de paz.
¿Hay alguien por ahí?
Se que no debería tener la cara de plantarme aquí, después de una año, pero soy una descarada y aquí estoy xD
Vale lo siento, por eso. En verdad me apena haber tardado tanto tiempo en actualizar, no sé que me sucedía. Simplemente no podía continuar la historia, lo que escribía no me gustaba o peor aun, nada salía de mi estúpido cerebro. Al fin he podido traer algo que me llenó por lo menos en comparación con lo que estaba escribiendo. Espero puedan comprenderlo. Y me gustaría decirles que en dos semanas habrá actualización, pero no puedo prometer eso por el momento. Lo que si puedo prometer es que no abandonaré la historia.
En fin, espero que aun recuerden lo escencial del fic y no tengan conflictos en recordar e hilar este capi con lo anterior.
Bueno, si has llegado hasta aquí, muchas gracias, y lamento la espera.
¡Espero podamos leernos pronto!
Besos embarrados de Nutella pa' todos :)
